Mi Don.

(Basado en la canción "Don", de Miranda!)

No sabes en lo que estás a punto de meterte y la verdad, te sientes como un verdadero tonto estando allí sentado con una hora de anticipación, pues sientes las miradas de varios de los presentes clavadas en ti. Y es que no es para menos, puesto que no has dejado de mirarte las manos, en las que sostienes un objeto pequeño y brillante al que miras fijamente, sin ponerle atención a nada más. Un joven de uniforme negro con camisa blanca y corbata de moño del mismo color, sosteniendo una libreta y un bolígrafo, se te acerca y te pregunta con amabilidad y extrañeza si deseas algo.

—Agua, por favor —le respondes distraídamente —Un vaso grande.

El joven se retira mirándote como lo hacen los demás, o sea, como si estuvieras completamente loco, y no lo culpas. Sigues contemplando el objeto en tus manos y te preguntas cómo es que decidiste a dar ese paso.

Quizá fue cuando la volviste a ver, luego de tantos años de vivir únicamente en el trabajo y cuando creíste que si la volvías a encontrar, ya no sentirías esa sacudida en el pecho que te provocaba su sola presencia. Pero te equivocaste rotundamente.

Quiero saber qué me pasa

Te pregunto que me pasa y no sabés

Qué contestarme

Porque claro,

De seguro que mareé

Estás casi seguro que cuando volvieron a encontrarse en ese ascensor del Ministerio, luego de que te disculpaste con ella sin saber todavía quién era, Hermione no supo qué decir. Por un momento creíste que iba a reclamarte todo ese tiempo que no le escribiste y que no te comunicaste con ella, pero no lo hizo. A cambio, lo único que dijo fue tu nombre, de forma tan asombrada que reconociste su voz enseguida. Era el mismo tono que usaba cuando pasaba algo que la sorprendía de manera extraña y fascinante.

Y te alegraste sinceramente de verla, porque como comprobaste en escasos segundos, tu fuerza de voluntad todos esos años no había bastado para olvidarla. La abrazaste y deseaste no tener que soltarla, pero como la sentiste totalmente turbada por el encuentro, procuraste no retenerla mucho. Se pusieron a conversar y así le dijiste que eras auror, al igual que su mejor amigo Ron, y bastaba ver que ella se quedaba con la boca abierta ante la noticia de tu profesión para que constataras que tu pelirrojo amigo no había roto su palabra. Le pediste que no le dijera a Hermione dónde estabas y qué hacías para que ella no te buscara, porque sentías que si la volvías a ver, la seguirías queriendo igual.

—Es algo ridículo —te dijo Ron entonces, cuando le pediste el favor, con cara de saber que tenía la razón —Pero en fin, es cosa tuya.

Y sí, era cosa tuya, por eso cuando Hermione dijo que podía verte un día de ésos, no pudiste negarte y le dijiste sonriente que la llamarías por teléfono. Pero en cuanto ella te preguntó cómo sabías que tenía teléfono sólo le sonreíste y la dejaste, sin responderle. Ya en tu escritorio, te diste de topes contra el mismo. Claro que sabías que tenía teléfono, y no solamente eso, sino que también sabías dónde vivía. Durante esos años lo averiguaste a través de Ron, quien te decía que la visitaras, pero nunca te decidiste.

Con mis idas y vueltas

Te cansé con mi cámara lenta

Y aunque trato

Nunca puedo

Apurar mi decisión

Y dos días después de encontrártela, te decidiste a llamarla. Te reíste un poco al oírla tartamudear al teléfono, pues nunca lo creíste posible en ella, ya que la conocías porque siempre mantenía la calma y coordinaba sus ideas. No tenías mucho tiempo, tenías una misión urgente, así que lo único que le preguntaste es si podías verla en una semana. Ella dijo que sí, que el viernes era su día libre y aceptó que te aparecieras cerca de tu casa como a las ocho de la noche. Y luego de quedar así, le colgaste bruscamente, porque habías metido la pata de nuevo. ¡Le habías dado a entender que sabías dónde vivía! Sí que eras idiota. Se pondría a sospechar que no habías querido visitarla años atrás por alguna razón y creías que no resistirías mucho y le confesarías lo que sentías.

Aquel viernes estabas solo, pues en cuanto llegaste a casa de Ron a pedirle un consejo sobre cómo comportarte con ella (lo cual no era del todo increíble si se consideraba que tu amigo tenía más citas en un mes que tú en un año) y lo hallaste colgando el teléfono muggle de su departamento, abrochándose una camisa azul claro a toda prisa y saliendo del lugar a toda carrera alegando algo de una cita con Luna. De inmediato recordaste que la única Luna a la que Ron conocía era Luna Lovegood, lo que te hizo soltar una carcajada. Sí, tal vez Luna era perfecta para Ron. Ambos estaban igual de chiflados. Aunque tu pelirrojo amigo nunca admitirá que está chiflado, claro, pero lo está.

Así las cosas, llegaste a casa de ella listo para cenar, la admiraste pensando que se veía estupenda con esa ropa roja, le pediste disculpas por la demora y le ofreciste una botella de vino. Y deseas que ella capte que tu mirada dice algo más que un cumplido.

En el preciso momento

En que todo va cambiando para mí

En ese instante

Te aseguro

Que alguna señal te di

Ella se va a llevar la botella a la cocina y tu te fuiste a admirar su sala, sus fotografías que colgaban de las paredes. Ahí hay algunas donde apareces tú, pero las que más llaman tu atención son las de tu amiga con un joven de cabello oscuro, nariz ganchuda y cejas pobladas. Viktor Krum, un búlgaro al que llegaste a conocer en persona y de quien Hermione se hizo muy amiga. Cuando ella volvió y te encontró allí, señalaste la fotografía de Krum haciendo un comentario de que no se movía, y ella ni se fijó en que parecías un poco celoso. Simplemente te explicó porqué la foto no se movía y tú lo dejaste así.

Pero no me escuchaste

Tal vez sin intención de tu parte

Puede ser un poco débil

El sonido de mi voz

En la cena, ella te pregunta por tu trabajo y hablándole del mismo, te agradó hacerla reír. Ella no podía contar mucho de su trabajo, así que tú le contaste algunas cosas. Estaba encantada. Haciéndola reír, te sentías de una forma extraña, como si por fin vivieras sin la presión de ser… de ser quien eras. Y deseaste seguir haciéndola reír mucho más tiempo, porque no tenías intenciones de separarte de ella ahora que la habías reencontrado.

&&&

Y a partir de ese día, recuerdas, trataste de hacerle ver por todos los medios posibles que era importante para ti, muy importante. Se lo confesaste exactamente hace un año, en otro día de San Valentín, cuando por primera vez descubriste que sin ella a tu lado, ningún día de tu vida tenía sentido.

¡Oh! Una mañana te veré llegar…

y descubriré que yo

solo ya no estoy mejor

¡Y…! Te pediré que me acompañes

A dónde en verdad no sé

Dime que sí, miénteme.

Creías que ella nunca te correspondería cuando le dijiste que la amabas, así que se lo demostraste. La besaste y eso fue lo más maravilloso que has experimentado jamás, porque fue el primer beso que le diste. Pero cuando viste que ella se mantenía un tanto fría, no pudiste evitar derramar un par de lágrimas, te disculpaste y la dejaste. Regresaste a casa y te reprochaste una y otra vez por haberte atrevido a tanto. Ahora sí, era definitivo, la dejarías en paz y volverías a ser simplemente su amigo. No querías herirla por nada del mundo. Pero con lo que nunca contaste fue con que ella fuera a buscarte y que con sólo decirte que también te amaba, eliminaba toda tu tristeza y te impulsaba a abrazarla y besarla otra vez. Y esta vez fue diferente, porque ella te dio lo mismo que tú le dabas y al mirarse, únicamente había amor en sus ojos, como esperaba que hubiera en los tuyos para ella.

Podría ser que al final

Rompiste el cristal en mí

Podría pasar

Que me hagas hablar

Yo creo que tienes el don de curar este mal

Y desde entonces, has procurado que ella no se arrepienta de amarte. La has amado tanto como puedes y ella a ti también, con lo cual eres muy feliz. Lo que te lleva a recordar lo que haces en ese restaurante muggle tan caro en el centro de Londres, vestido tan elegantemente con un traje color verde botella, y todavía sosteniendo aquel objeto pequeño y brillante en las manos. El vaso de agua que te llevaron se acabó hace tiempo, pero no pides otro porque casi es hora de que ella llegue. Por eso aprovechas ese tiempo extra en preguntarte porqué no hiciste aquello antes y te respondes a ti mismo que porque tratabas de conocerte a ti mismo. Pero no lo lograste hasta que volviste a verla.

Siento que debo encontrarte

Y sin embargo, paso el tiempo yéndome

Hacia mí mismo

A mi centro

Que jamás encontraré

Y piensas que si no hubieran estado separados tanto tiempo, hubieras sido feliz desde hacía mucho tiempo. ¿Desde cuándo Hermione habría estado enamorada de ti y no lo habías notado? Y romper todo contacto con ella no fue precisamente lo justo.

Yo quisiera tenerte

Y tratarte de modo decente

Pero ves que

Ya no puedo

Despegar de mi papel

Ahora era diferente y quieres guardar la calma mientras esperas. Pero desde que dejaste de recordar lo que ha pasado entre ustedes, te sientes inquieto. Es así como te recuerdas que ella es la que sin quererlo, con un simple roce te hace sentir mejor.

Deberé tranquilizarme

Y jugar al juego que me proponés

Bajo la guardia

Te recibo

Y me abrigo en tu piel

¡Y vaya que tienes motivos para querer sentirte bien! Durante mucho tiempo fuiste una persona con una carga muy pesada y ahora, que todo está en paz, cargas con algo más alegre pero más fastidioso: la fama. Y la fama, aunque en ciertos casos es un beneficio, otras veces quisieras no poseerla.

El destino me ha dado

Corazones desequilibrados

Tu palabra

Me nivela

Y detiene mi caer

Y es cuando recuerdas que Hermione siempre sabe qué decirte para hacerte sentir bien, siempre ha sido así, desde que puedes recordar. Sólo que no te dabas cuenta.

Pero dejas eso de lado en el acto. Miras por enésima vez a la entrada del restaurante y con el corazón acelerado, guardas el objeto pequeño y brillante en un bolsillo, porque acabas de distinguirla, a la más hermosa de las mujeres, a luz de tu existencia. Por quien serías mejor persona todos los días de tu vida.

¡Oh! Una mañana te veré llegar…

y descubriré que yo

solo ya no estoy mejor

¡Y…! Te pediré que me acompañes

A dónde en verdad no sé

Dime que sí, miénteme.

Sí, le pedirás que te acompañe toda la vida. A donde quiera que vayas, con quien quiera que estés, quieres que ella esté presente en todas las formas posibles. Suena cursi incluso para ti, pero no puedes evitar pensar así mientras la admiras con ese vestido rojo, con el castaño cabello recogido elegantemente y aquel juego de alhajas que le regalaste en Navidad, que tiene corazones. Es como si presintiera lo que vas a decirle, pero justo ahora, que está ya a unos pasos de ti, te quedas sin decir palabra. Como congelado.

Podría ser que al final

Rompiste el cristal en mí

Podría pasar

Que me hagas hablar

Yo creo que tienes el don de curar este mal

Es un solo… ¡Es la guitarra de Lolo!

Una guitarra toca una delicada melodía de fondo en el restaurante y eso te vuelve repentinamente en la realidad. Por alguna razón, el sonido de las cuerdas, certero y armonioso, te recuerda a ella. Y es así como le sonríes, te pones de pie y la abrazas.

—Feliz San Valentín, Hermione —le dices.

—Feliz San Valentín, Harry —te contesta, y su sonrisa te llega al corazón.

Te apresuras a retirarle la silla como todo un caballero y en cuanto se sienta, lo haces tú también. La miras con nerviosismo, ella te regresa una mirada intrigada, que indica que quiere saber qué te propones y sin esperar más, sacas el objeto pequeño y brillante que tuviste entre tus dedos casi toda la hora anterior y se lo extiendes sin más ceremonia.

Podría ser que al final

Rompiste el cristal en mí…

Abriste mi piel que estaba tan mal

Quebraste el silencio que me hizo alejar

Quizá eres tú quien me hará regresar

Y tú ya te sabes la forma mejor

Y tienes el don que requiere curar este mal.

—¿Quieres casarte conmigo? —le preguntas.

No sabes cómo va a reaccionar o si va a aceptar. Pero definitivamente no esperas que ella, cuando casi alcanzaba el objeto que le tendías, se desplomara al suelo, desmayada.

Te asustas bastante y tú y el joven que te llevó tu vaso de agua de inmediato la auxilian. Aunque no fuera al caso, admites que incluso así, luce hermosa. Por fin logran reanimarla y le agradeces al joven apuradamente, pues quieres escuchar un susurro que sale de su suave boca.

—¿Qué pasa, cariño? —le preguntas, pues tienes la impresión de que se dirige a ti.

—Sí —dijo Hermione con voz un poco más alta.

—¿Qué? —te sorprendes tanto que por poco y la dejas caer, pero muy a tiempo recuerdas que es el amor de tu vida y la ayudas a ponerse de pie.

Ella, por toda respuesta, toma el objeto que le habías tendido minutos antes de la mesa y mostrándotelo, repite una y otra vez.

—Sí, sí, sí, sí —y asiente con la cabeza, sonriendo y llorando al mismo tiempo, entregándote el objeto en la mano antes de echarte los brazos al cuello.

Enseguida, tomas el objeto y lo sostienes adecuadamente.

—Pues desde hoy serás mi prometida, Hermione —declaras, radiante.

El objeto pequeño y brillante no era otra cosa que un anillo de oro, con un diamante deslumbrante y cristalino, tan cristalino como los ojos de Hermione en ese momento, observándote mientras deslizas el anillo por su anular izquierdo, escuchándote decir cómo quieres que sean las cosas, dónde quieres que sean y varios detalles más… pero siempre dejando bien claro que quieres que ella participe en todo eso.

Porque sabes perfectamente que Hermione Granger es tu mundo, Harry Potter. Lo es desde hace mucho tiempo y siempre lo será.

&&&

Hola a todos, aquí Bell Potter reportándose. Como prometí, la perspectiva de Harry de la misma situación que en el anterior... Es que no puedo llamarlo capítulo, porque en sí no lo es. Digamos que les muestro cómo vivió cada uno ese momento. Como dije en "Si pruebas una vez...", estos episodios están ligados con mi saga, "HHP", así que ojalá alguien me tome la palabra y la lea. Siempre es agradable tener nuevos(as) lectores(as). Cuídense mucho, disfruten la vida y nos leemos pronto.