He decidido realizar una segunda parte del one-shot. Con este capítulo creo que tomaré un descanso durante un tiempo, pues estaré bastante ocupado. Volveré con nuevas historias de la pareja RH. Gracias por sus críticas, tanto a las positivas como a las negativas.
Han pasado 8 meses desde la misión en la que Hinata decidió acompañar a Naruto. La Hyuga y el rubio continuaron su relación, el rubio ignorante de lo ocurrido, de que el Raikage había probado el cuerpo de su novia, de que le había brindado más orgasmos de lo que él era capaz de hacer.
Hinata por su parte, siguió como kunoichi en activo, realizando misiones, pero nunca se acercaba a la Aldea de la Roca. Naruto continuó con su formación para llegar a ser Hokage, pero pasaría un tiempo hasta la proxima reunión de las grandes aldeas. La peliazul no tuvo la oportunidad de reencontrarse con A en todos estos meses, por fortuna para su noviazgo. Sin embargo, no todo pudo ser felicidad: un ninja renegado de la Hoja había realizado una matanza reciente cerca de la Roca. Había sido capturado al poco tiempo, e informaron que un séquito visitaría la Hoja para entregarlo. Hinata se tensó por la idea de la posible visita del Raikage, pero dudaba de que algo tan trivial hiciera que viajara.
Para su desmayo, a los días llegó el mensaje de que junto con el séquito del ninja renegado, viajaba el líder de Kumo. Supuestamente viajaba para negociar tratados que permitieran actuar a su aldea independientemente de la autoridad de la Hoja en los casos similares al ocurrido recientemente con el renegado. Hinata se refugió en su apartamento y en el residencial del clan Hyuga, pero los Ancianos del clan decidieron enviarla como representante de sus intereses para recibir a Kumo. Así que con todo su pesar, se dirigió a la torre Hokage. Mientras hablaba tranquilamente con la asistenta del Hokage, Shizune, llegaron los ninjas extranjeros. Un par de AMBUs se llevaron al ex-ninja de la Hoja, mientras que Kakashi recibía al Raikage.
Al levantar la mirada, lo vió. El Raikage seguía igual que la última vez, igual de alto, de musculoso, con el mismo peinado hacia atrás acompañado de un estilizado bigote, vestido con una simple camisa blanca y pantalones oscuros básicos. Daba una imagen de poder a pesar de ir vestido humildemente, y no sólo por su enorme presencia física. Hinata detuvo sus ojos en el pantalón. Si uno no se fijaba detenidamente, el contorno que formaba el pantalón podría confundirse con la musculatura de la pierna, o con pliegues ocasionales del tejido. Pero Hinata sabía realmente qué era eso, se bamboleaba ligeramente cada vez que el Raikage andaba, como si tuviera vida propia.
Aunque había pasado un tiempo, la ojiperla no había logrado quitarse ni un día de la cabeza el monstruo que tenía el ninja de Kumo por pene. Podía recordar la sensación de la longitud en su mano, el peso y calor que desprendía cuando lo masturbó, la dureza y potencia cuando penetraba su vagina haciéndola estallar de verdadero placer, la calidez de su semen inundándola por completo por dentro y luego chorreando cual río de lava. Desde aquella noche en el balneario, 8 meses atrás, Hinata se había masturbado diariamente pensando en ése pollón. Su vida sexual cambió radicalmente ese día, su novio era incapaz de satisfacerla, su pene le parecía un juguete de niño en comparación con el del Kage, era incapaz de perforar su vagina, de abrirla y expandir sus paredes, de llegar a los sitios más profundos. El único consuelo que le quedaba era tocarse ella misma, pensando en el miembro de A follándola, en fantasías en las que volvían a encontrarse, o perversiones en las que dejaba todo atrás y se marchaba de la aldea para ser su amante. Aunque su corazón seguía siendo de Naruto, su cuerpo había escogido un nuevo macho, un macho capaz de hacerla ver las más brillantes estrellas en la cama.
El mero hecho del contorno del pene del Raikage hacía que su vagina empezara a mojarse, la pobre tenía claro quién era su dueño, y lo tenía a pocos metros. Hinata frotó ligeramente sus piernas, para intentar aliviar la calentura que le estaba dando, pero sin éxito. Para su desmayo, el Kage giró la cabeza y vió que estaba allí. No hizo el gesto de acercarse, ni tampoco reconoció su presencia, el único gesto que hizo fue una sonrisita sarcástica. Terminó de hablar con Kakashi, y llamó a un subordinado, con el cual habló en susurros, y se marchó, sin todavía reconocer la presencia de la ojiperla. Hinata, confundida, contempló como se iba. Fue el mismo subordinado el que, un rato más tarde, cuando Hinata se iba de la torre del Hokage, la interceptó.
"Psst, lady Hyuga"
Hinata se sobresaltó, el otro ninja se había acercado sigilosamente. Sin decirle nada más, le agarró la mano y dejó un papelillo envuelto. Cuando Hinata levantó la mirada para verle la cara, ya no estaba allí.
Que raro, pensó la peliazul. Curiosa, desenvolvió el papelito, que escrito a lápiz llevaba el siguiente mensaje: 22 horas, Hotel de la Hoja Verde, habitación 112. Ven para otro repaso, Hyuga.
El pulso de Hinata se disparó, el Raikage quería quedar esta noche con ella. En su cabeza se libraba una pelea, no podía traiccionar otra vez al pobre Naruto, pero por otro lado se moría de ganas de probar el pollón de A, era una sensación de impotencia, de no poder aguantarse, como si su cuerpo actuara por su cuenta y decidiera ir de modo propio. Quizás, si Naruto hubiera estado en la aldea en este momento, el verlo hubiera hecho que Hinata recapacite y declinara la oferta, pero el rubio se encontraba en una misión en el momento, a pocos días de distancia de Konoha. Tristemente, no fue así. Su cuerpo había ganado la batalla, iría al encuentro del Raikage.
Ya en casa, la ojiperla mató el tiempo hasta que se hizo de noche. Se probó delante del espejo diferentes modelitos para la ocasión, desde su ropa más conservadora, hasta un uniforme que no dejaba nada a la imaginación, o lencería debajo de un kimono. Ninguno la convenció, y se decidió por su uniforme ninja habitual, sin ropa interior. A se llevaría una buena sorpresa cuando le quitara la ropa. Satisfecha con su curvilínea imagen en el espejo, Hinata salió del hogar. Intentó llegar lo más disimuladamente posible al punto del encuentro, para evitar encontrarse con conocidos que se cuestionaran dónde iba, y para que no la vieran entrar al hotel, y menos quedando con un hombre.
La recepcionista del hotel le dedicó una mirada de complicidad a la Hyuga cuando ésta le preguntó por la habitación 112. La mujer, una joven poco mayor que Hinata, de pelo castaño y atractiva, le dijo que el Raikage se hospedaba en este hotel siempre que venía a la aldea, y que era habitual que trajera a su habitación a distintas mujeres. Le dijo que era una afortunada por tener la oportunidad de pasar la noche con A. Todo esto provocó que Hinata sintiera una fuerte punzada de celos. Sabía que el Kage de Kumo no estaba casado, y suponía que tendría una amante, pero al parecer era todo un seductor que llevaba una vida sexual intensa. Hinata creía que ella había sido de las pocas que habían catado el enorme pene, y que había dejado huella en A, pero nada más lejos de la realidad. ¡Era un picaflor!
"¡Maldito bastardo! Le demostraré que no soy una tonta más en su lista de conquistas" pensó para sus adentros la ojiperla.
Hinata se sorprendió cuando la recepcionista la llevó por una puerta oculta al final de un pasillo de habitaciones. Abriendo la puerta, llegaron a una sala diferente, más especial. Era una habitación lujosa, grande, con todas las comodidades. Al notar la visita, de una puerta salió el Raikage, que iba medio desnudo mostrando el amplio pecho, solo con sus pantalones. La chica del hotel se despidió, no sin antes mirar una última vez a Hinata, con la misma mirada cómplice de antes.
"Al final has venido, Hyuga. No es que dudara realmente de que lo hicieras, claro," sonrió A. "Todas acaban viniendo, siempre repiten"
"¿A cuantas mujeres te has tirado desde que... desde mí?"
El Raikage se rió. "A bastantes. ¿Por qué, estás celosa?"
"¡Bastardo mujeriego!"
"¿Eras tan inocente que creías que eras la única? Eso sí, tengo que reconocer que de todas, tú, Hyuga, eres la mejor que me he follado"
La alabanza calmó ligeramente a Hinata, que se pudo relajar y pensar con claridad. Estaban solos en la suite, y habían quedado para algo, no para discutir, sino porque quería repetir, volver a sentir lo que sintió aquella vez. Se le secó la boca al ver el pecho desnudo y musculoso del Raikage, el cabrón se conservaba muy bien pese a sacarle un par de décadas. Ya quisieran muchos de los jóvenes ninjas de la aldea estar la mitad de musculados que él.
"Es raro que no me hayas preguntado por qué está oculta la habitación". Ante el comentario de A, Hinata lo miró inquisitivamente.
Sonrió otra vez, "Está escondida e insonorizada para no molestar a los demás residentes del hotel. Ya sabes, para que no escuchen cómo chillas de placer, cómo gritas mi nombre mientras te corres como una loca. Sería malo para tu honor que alguien te descubriera".
Estas palabras le sacaron un sonrojo a Hinata, que sin saber de dónde, sacó valor y le respondió con picardía:
"O quizás serás tú el que diga el mío". El Raikage se quedó perplejo ante la respuesta de la peliazul. La chica había cambiado en este tiempo, o bien estaba intentando jugar con él. Bueno, quien juega con fuego se acaba quemando, pensó A.
"Já. Déjate de palabras y pasemos a la acción Hyuga".
Una vez dicho esto, el Raikage se abalanzó sobre la ojiperla, cual tigre atacando a su presa. Capturó sus suaves labios en un morreo salvaje, mientras con sus manos recorría el increíble cuerpo de la joven. Hinata no se quedó atrás, notaba como su interior ardía con un fuego indescriptible, y le metió la lengua, enzarzándose en un conflicto de dominio, de quién besaba más intenso. No podía dejar tampoco las manos quietas, y agarraba con fuerza del cabello al Kage, no queriendo dejarlo alejarse ni medio metro de ella.
A gemía, en verdad había echado de menos disfrutar el cuerpo de la Hyuga. Sus carnosos labios eran los más jugosos que había probado, normalmente él no se detenía en besos, pero ella era una excepción. Se estaba poniendo caliente, bajó las manos y agarró el trasero. Era perfecto, cabía justo en sus manos. Le quitó el pantalón para poder palparlo con mayor firmeza.
Por su parte, Hinata notaba la erección del Raikage tocar su barriga. Ya estaba ansiosa por tenerla otra vez en sus manos, comprobar que la enorme barra de carne seguía siendo real, y no un sueño suyo. Paró de besarlo, y puso una mano en su pectoral, deteniendo el asalto por el momento.
Arrollidándose, Hinata bajó el pantalón y reveló el objeto de sus fantasías. ¡Dios mío! Es increíble. Era tal y como lo recordaba, de unas dimensiones impensables. Con venas llenas de sangre, palpitantes, y un capullo puntiagudo, perfecto para penetrar como un cuchillo. Del miembro colgaban los dos testículos, de gran tamaño, sin pelo alguno.
Excitada por el largo pene, Hinata se ensalivó los labios. Intentó abarcarlo con sus pequeñas manos, pero no podía, era demasiado ancho para ella. Comenzó un intenso vaivén de arriba a abajo, masturbándolo, lo que arrancó un gruñido del Raikage. Rápidamente se llevó la cabeza del miembro a la boca, intentándo lubricarlo con saliva.
"Mmmhhhmm"
Estaba claro que no cabría entero en su garganta, pero aun así podía hacer un buen trabajo. Poco a poco se metió más y más centímetros en la boca, y al mismo tiempo masturbaba la base del miembro. Hinata quería darle la mejor mamada de su vida al ninja de Kumo, quería demostrarle que ella también podía darle un placer inimaginable.
"Haaaahh"
Aguantando el asalto, el Raikage disfrutó la mamada. La Hyuga metía y sacaba su pene de la boca, utilizaba la lengua para acariciarlo. No tenía una gran técnica, a fin de cuentas no tendría mucha experiencia, pero lo que le faltaba por ese lado lo suplía con ganas.
Hinata observaba, A estaba gozando, pero todavía podía dar más. Se sacó el miembro de la boca y se lo puso entre sus grandes pechos. Impuso un ritmo alto, quería que se corriera, que la bañara en su semen. Alternando lametones con la lengua con el trabajo de sus suaves pechos, Hinata vió como A hacía una mueca, y con un gran gruñido la bañó de esperma. Con cada bufido, un chorro salía del pene, acertándole en la cara, boca y pechos, durante un largo minuto se corrió sobre ella.
"Ah... No ha estado mal, putita. Creo que me toca devolverte el placer que me has dado"
El Raikage respiró hondo. Verdaderamente Hinata había hecho un gran trabajo, pero poseía una gran resistencia, su miembro no había perdido ni un ápice de dureza, apuntaba al techo de la habitación como una lanza, listo para el asalto.
A no se molestó en ir al dormitorio, la puso contra el suelo boca arriba, y colocándose encima de ella le separó las piernas. Tenía la vagina mojada, pero A decidió torturarla un poco. Metió su dedo índice por el conducto, y con la lengua lamió los labios externos, carnosos y húmedos. Hinata gemía y gemía, el Raikage era un amante dedicado, que sabía como hacer gozar a una mujer. Notaba como se aproximaba un orgasmo, y A lo notó también, decidiendo parar de jugar con la vagina.
Hinata se quejó, "¿Por qué paras?"
Nada más decirlo, sintió como la polla la penetraba, de un solo golpe la había metido hasta el fondo, perforando su estrecha vagina, pero que estaba perfectamente lubricada. Su visión se borró, la repentina penetración cuando estaba cerca de correrse había hecho que alcanzara el orgasmo. Hinata notó como los ojos se le ponían en blanco, mirando al techo en éxtasis. Tan potente fue el orgasmo que su boca quedó muda, no logró salir ningún sonido de su garganta.
El Raikage notó como la vagina se contraía, apretando su pene con fuerza, queriendo exprimirlo. Pero con la corrida reciente tenía mucho tiempo para seguir penetrando el vientre de la ojiperla antes de volver a eyacular. Aumentó la velocidad de movimiento de su cadera, ayudado por la lubricación extra del orgasmo que le acababa de arrancar. Se escuchaba por toda la habitación el impacto que daban sus testículos contra la entrada del sexo de la ojiperla. Chof chof chof.
"Ugghh. ¡Sigue así! ¡Sí! ¡Dame más, dame más!".
Para Hinata era un alivio, el sentir de nuevo el pollón dentro de ella, después de tanto soñar con él, todos estos meses se habían hecho muy largos. Nada podía compararse a esta sensación. Sentía como el largo pene profanaba su vagina una y otra vez, sin bajar el ritmo. Cada vez que entraba, una descarga eléctrica atravesaba su cuerpo, el roce contra sus paredes arrancaba cualquier lógica, le proporcionaba un gozo inmenso. Cada vez que salía, un sentimiento de vacío se apoderaba de ella, como si le faltara una pieza, pero era rápidamente olvidado por una nueva penetración.
"¡Ah! ¡Ah! ¡Otra vez! ¡Ah!"
Hinata estalló en un segundo orgasmo. Había entrado en un intenso ciclo, los orgasmos se acercaban cada pocos minutos sin parar. Respondía cada movimiento de cadera de A con uno propio, intentando ensartarse con más fuerza el grueso pene. A pesar del placer, Hinata quería más y más, no tenía suficiente. Su cuerpo estaba dominado por el gozo que le brindaba el monstruoso miembro del Raikage.
"¡MÁS FUERTE! ¡A, FÓLLAME MÁS FUERTE! ¡SÍ, AH SÍ!"
Hinata entendió ahora las palabras de antes del Raikage, menos mal que la habitación se encontraba aislada, porque seguramente en un cuarto normal, los vecinos estarían escuchando sus alaridos de placer. Gritaba el nombre del macho que la follaba, que le brindaba un orgasmo tras otro, animándole a continuar, que la hiciera suya.
"¡SOY TUYA! ¡OH DIOS, QUE BUENO! ¡DAME MÁS!"
Por su parte, A seguía a lo suyo. Gozaba como un niño del cálido vientre de la ojiperla, que lo agarraba como un guante de encaje. Gozaba de ver cómo botaban los pechos de la Hyuga al ritmo de las embestidas. Gozaba con el ligero movimiento que hacían las curvas de Hinata, de su barriga y caderas con cada impacto. Aunque pareciera que era ella la que se llevaba la mejor parte, de acuerdo con sus continuos chillidos de placer, el Raikage disfrutaba enormemente del sexo. Hinata era un auténtico espectáculo visual, la forma en la que su mirada se perdía con cada orgasmo, el sudor que hacía que su piel brillara, resaltando la palidez, las gotas cayéndole por el cuello, que hacían que A quisiera recoger de un lametón, el tinte de rojez que adornaba su piel... Era demasiado, su pene no podía estar más duro. Las diosas palidecían al lado de Hinata.
"¡ESO ES, SIGUE SÍ! ¡RÓMPEME! ¡NO PARES DE FOLLARME CON TU ENORME PENE!"
Hinata daba gracias a dios por la suerte que había tenido de haber bajado a los baños termales aquel día, de haberle dado al Raikage ese largo miembro. Sentía calambres en las piernas, no podía aguantar el ritmo de A, simplemente se dejaba hacer, que el pene la ensartara sin parar.
"¡AH! ¡SÍ¡ ¡UF! ¡ESTO ES INCREÍBLE! NO PUEDO PARAR, ¡ME CORRO!"
Pero cómo era posible que el cabrón tuviera ese aguante, pensaba la maltrecha mente de la ojiperla. No se cansaba nunca, llevaba una hora follándola con todo, se estaba corriendo como una loca, gritaba, lloraba y aullaba como una loba con cada orgasmo, estaba exhausta, pero A no daba muestras de cansancio.
"Hm, eso es, disfruta como una perrita. ¿No tenías tantas ganas de mi polla? Pues aquí tienes, toma" A se burló.
"¡SÍÍÍÍ!"
El Raikage decidió que era el momento de cambiar de postura, tomó el cuerpo de Hinata por la cadera, y sin soltarla se tumbó. Ya acostado en el suelo, la volvió a clavar sobre su ancho miembro, resonando el golpe de caderas con un plaf.
"MMM, ¡AH!" se le nubló la vista a Hinata, el monstruoso pene había golpeado su cérvix, pidiendo paso en su vientre.
Sacando fuerzas de no sabe dónde, Hinata empezó a cabalgar al Raikage. Se apoyó con las manos en los hombros, haciendo movimientos secos de cadera. Subía la cadera hasta dejar sólo la punta del pene fuera, y bajaba bruscamente, una vez tras otra, ensartándose en la barra de carne con furia. Quería demostrarle a su macho que ella también participaba en el sexo. Hinata jugaba con la estrechez de su vagina, con cada cabalgada contraía los músculos, solo para relajarlos después.
Ahora era el Raikage el que gemía, las furiosas cabalgadas de la ojiperla lo succionaban. Hinata quería extraerle el semen, que se corriera dentro de ella, inundándola toda entera, sin embargo sus esfuerzos no tenían éxito. El cansancio hizo mella en ella, cada vez se ensartaba con menor potencia.
"Ah-uf. ¿Es que no te vas a correr nunca? ¡Me vas a matar!"
Esto pareció divertirle, aunque no respondió al comentario. A la cogió de las nalgas y la empezó a bajar con fuerza sobre su polla, mientras se metió un duro pezón en la boca. Lo succionaba suavemente, savoreándolo. El ataque sobre sus pechos provocó un nuevo orgasmo de la peliazul. El Raikage acababa de descubrir uno de los puntos débiles de Hinata, y es que sus pechos eran muy sensibles. Decidió seguir castigándolos, intentó succionar todo el pecho, pero eran demasiado grandes.
"¿Te gustan, ah, mis pechos? Lámelos todo lo que, ah, quieras, pero ¡no pares por favorahh!"
Hinata volvió a sumergirse en una oleada de orgasmos, ¡menudo repaso le estaba dando! Se había recostado sobre el pecho del Raikage, lo único que hacía ya era soportar la tormenta de placer a la que estaba sometida, la descomunal polla perforando sus entrañas. Después de un largo tiempo, A notaba que ya no podía retrasarlo más, iba a correrse. Comenzó a gruñir como un animal, golpeaba el culo de la ojiperla mientras la ensartaba con furia.
"¡SÍÍÍÍ! ¡SÍÍÍÍ! ¡DÁMELO TODO, BÁÑAME DE LECHE CON TU POLLÓN!"
Espoleado por los ánimos de Hinata, A eyaculó como un monstruo, chorros de semen llenaban el vientre de la Hyuga, ¡le llegaban hasta el útero! El espeso líquido bañaba cada rincón de la vagina, desbordándola, pasaban los segundos pero ¡seguía saliendo más y más!
"Todo, dámelo todo...", gimió Hinata.
Creyendo que habían acabado, Hinata cayó de lado al suelo, intentando controlar la respiración. Soltó un gritito cuando A la cogió de nuevo, y mientras la besaba, le dijo:
"La noche es larga, Hyuga, y esto solo acaba de empezar".
Hinata gimió con desesperación, estaba completamente exhausta. A se rió ante su expresión, la soltó sobre su cama, y se abalanzó otra vez sobre el cuerpo de la ojiperla. El chirrido de la cama botando, junto con más gritos de placer se escapaban del cuarto. Sin duda sería una larga noche para Hinata, seguramente estaría molida al día siguiente, pues no estaba acostumbrada a sesiones tan largas de sexo, pero sería una mentirosa si dijera que no iba a gozar como una loca. Su macho se encargaría a partir de ahora de satisfacerla con su gran polla. La había dominado por completo, el Raikage era ahora el dueño de su cuerpo. Hinata ni siquiera dirigió un pensamiento hacia su novio en toda la noche, su cabeza nublada por el Raikage. Quizás, y solo quizás, si se lo pidiera, abandonaría todo y se haría su amante, albergando sus hijos en su vientre.
