Capitulo II.- Incondicional.
-¡Kagome despacio!.- lo grita Inuyasha observando como su pequeña comienza a correr hacia la salida, le había prometido llevarla a esquiar, y el resultado de ello una Kagome impaciente corriendo hacia la salida del hotel.
-¡Kagome!.- lo exclama al ver como aquella mujer choca de nuevo con alguien pero esta ocasión cae al suelo.
Por su parte Kagome siente como le duele la cabeza, ahora si había chocado con alguien sumamente duro que la había tumbado como el viento tumba a una hoja de papel.
-Discúlpeme.- escucha esa voz masculina, al sentir como unos brazos la levantan y la mantienen en el aire.
-Perdóneme a mí.- lo dice una Kagome aturdida.
-¿Se encuentra bien señorita?.- lo pregunta mostrándole una dulce sonrisa sin dejar a Kagome en el piso.
-Si…-
-Por dios cariño, ¿estas bien?.- lo pregunta un preocupado Inuyasha llevando al lugar donde esta su Kagome con ese individuo.
-Creo que solo se encuentra un poco atontada… pero es normal.- se lo hace saber aquel individuo sin soltar a Kagome.
-La llevare a descansar.- se lo informa secamente Inuyasha, un hombre tan alto como él y musculoso, lo único que los diferencia es el color de la piel y los ojos.
-Se la entrego, ¿señor…?.- lo pregunta al evaluar al hombre, un buen rival con una mujer hermosa e inocente.
-Taisho… Inuyasha Taisho.- lo contesta, tomando a su Kagome entre sus brazos, dejando que esta se acorruque automáticamente entre sus brazos.
-Si desea señor Taisho, puedo hacerle una revisión a su mujer, para asegurarnos de que no hay ningún tipo de lesión.- lo dice aquel hombre.
-¿Es medico?.- lo pregunta un desconfiado ojidorado
-Así es… vengo aquí por un seminario.- se lo hace saber al ver a la mujer que descansa entre los brazos de aquel hombre.
-¿Ese seminario no es para maestros?.- lo pregunta un confundido Inuyasha.
-Oh si… pero hay otro también para los doctores.- se lo informa.
¿Qué hacer?, le preocupa si Kagome tiene alguna lesión, ha escuchado que una mal caída puede ser peligrosa para los huesos.
-¿Puede acompañarme a la habitación?.- lo pregunta Inuyasha para ver a aquel hombre.
-Con gusto señor Taisho.- lo responde al seguirlo.
-.-
-¿Con que frecuencia se cae?.- lo pregunta Aoshi.
-Cada vez que choca con una persona.- se lo comunica, recordando las ocasiones frecuentes.
-¿No se supone que usted debe de estar al pendiente de ella?.- lo pregunta y reclama aquel hombre de ojos castaños.
-Si, pero como se dará cuenta… Kagome no hace ningún caso de mis indicaciones.- se lo dice al ver a su pequeña en la cama.
-Bien…- lo murmura suspirando, una mujer adorable, que parece que su aire de inocencia trae como imán a cualquier hombre, lastima que esta casada.
-¿Tengo que darle algo?.- lo pregunta el ojidorado.
-¿Esta embarazada?.- lo pregunta Aoshi observando a Inuyasha.
-No…- lo contesta secamente, al ver que aquel hombre esta algo interesado en Kagome.
-Bueno en ese caso solo estas vitaminas son para los huesos… y con que repose es suficiente.- se lo dice al dejarle un receta.
-Haré que descanse.- se lo hace saber, al conducir al hombre hacia la puerta del dormitorio.
-Adiós.- lo dice al cerrar la puerta.
¡Feh! ¿Qué se cree ese hombre, que puede venir aquí y decirle como cuidar de Kagome?... aparte para que pregunto si esta embarazada o no… pero aunque aquello no es una idea tan descabellada, el imaginarse a Kagome embarazada era algo que todavía la hace ver mas linda ante sus ojos.
¡Bah!, primero tendría que Kagome acostarse con alguien para poder tener un hijo, pero eso esta muy lejos de que Kagome tenga algo con alguien, ¡ja!... como si fuera a compartir esa mujer.
-.-
-¿Cómo te fue?.- lo pregunta Inuyasha al estar acostado en la cama.
-Bien… he conocido a muchas personas.- se lo dice Kagome entrando a la habitación al dejar su pequeña mochila color azul marino en la silla cercana- ¿Qué has hecho en mi ausencia?.- se lo pregunta al subirse en la cama dejando que sus zapatos se deslicen al suelo.
-Dormir…- se lo dice al recibir a Kagome entre sus brazos.
-Yo en cambio he estudiado.- lo reprocha – y tengo tarea.- se lo vuelve a decir en el mismo tono.
-Tu querías hacer este viaje, así que no se queje.- se lo dice un ojidorado sonriendo.
-Baka…- lo murmura Kagome, cerrando sus ojos al suspirar el aroma masculino del chico.
-.-
-¿A dónde vas con tanta prisa?.- lo pregunta Inuyasha al sentarse en la cama.
-Tomare el autobús que nos lleva al seminario y…. regresotardenomeesperes.- lo ultimo lo murmura rápidamente.
-¿¡Qué demonios!.- lo pregunta y exclama al levantarse de la cama.
-Quenomeesperes.- lo vuelve a decir rápidamente tomando su mochila para huir hacia la salida.
-¡Ven acá Kagome!.- lo grita al ver como está esta apunto de salir de la habitación
-¿Dónde demonios crees que vas a ir después del seminario?.- se lo pregunta al entender las palabras de la chica.
-A una cena.- se lo dice sin voltearse, imaginándose la cara de pocos amigos que debe de tener este, se siente entupida, como si todavía tuviera quince años y esta apunto de escaparse a una fiesta pero es atrapada por su hermano mayor.
-¿Con?.- lo pregunta, Inuyasha tratando de tener algún tipo de paciencia.
-¿Recuerdas a Aoshi…?- lo pregunta Kagome sin darse la vuelta aun
-¿Qué tiene que ver ese tipo con la cena?.- se lo pregunta enojado.
-Pues… él… él me invito.- lo concluye, cerrando sus ojos, esperando que la bomba estalle y el mundo acabe.
-¿Qué estas diciendo Sué?.- lo pregunta un furioso Inuyasha.
-Por favor Inuyasha, no te enojes.- se lo suplica al juntar el valor para darle la cara a su Inuyasha.
-¡¿Cómo me pides eso, cuando piensas salir con alguien así?.- lo exclama y pregunta como si aquello fuera algo lógico.
-Es que… le aclare… que eres solo mi amigo…- lo susurra débilmente, sin querer ver los ojos dorados de Inuyasha.
¡¿Qué había hecho que?, ¿acaso ese tipo le gusta a Kagome?.
-¿Te gusta?.- lo pregunta Inuyasha al ver a su pequeña.
-No es eso… es que solo quiero salir.- se lo dice simplemente viendo fijamente los ojos dorados de Inuyasha, y es la verdad… solo desea distraerse, pasar mucho tiempo con Inuyasha empieza a perturbarla de una manera sorprendente, y bueno tratar de sacar un poco del amor que siente por ese hombre no le vendría mal.
-Si ese es el problema yo puedo salir contigo.- se lo hace saber fácilmente.
-Inuyasha te estas comportando de manera infantil.- lo reprocha Kagome.
-¿Así?... pues dígame señorita por que dice eso.- se lo menciona cínicamente al cruzar sus brazos sobre su pecho.
-Nunca me dejas salir con otros hombres que no sean tu.- lo comienza a decir – no dejas que nadie se me acerque, no dejas que ningún hombre me diga nada bonito por que te pones como león acechando su presa.- lo reclama recordando las innumerables de veces que ese hombre hace una escena – y lo mas frustrante de todo es que dices que solo amas a Kikio… ¡te detesto!, ¡te odio!... ¡aborrezco que primero me ilusiones con cuidados y celos infantiles y después me dejes por que regresar con tu modelo!.- lo concluye una dolida Kagome, mostrándole aquella frustración, desesperación, desamor, tristeza en sus ojos cristalinos.
¿Qué puede decir?... es verdad cada una de las palabras que ha dicho Kagome, las mismas palabras que Kikio le dijo
Jajajaja, ¿y pretendes que te crea que esa mocosa la quieres como a tu hermana?, por favor Inuyasha mi prima no ha hecho otra cosa que estorbar en nuestra relación, cada vez que vamos ir a un lugar, lo cancelas para no dejar a Kagome sola, si tienes asuntos de negocios o una junta importante la dejas para después y te vas con ella… según tu para cuidarla… ¡la detesto!, ¡la detesto!, solo es una mocosa que no sabe que su "súper héroe" esta enamorado de ella…
Tal vez Kikio tiene razón… todos estos años ha estado… ha estado… enamorado de Kagome.
-Quiero que me trates como una mujer… no como una niña que tiene quince años.- se lo dice suavemente dejando que una pequeña lagrima se deslice por su mejilla.
-¡Oh Kagome!... he sido tan estupido.- se lo dice, con gran pesar… tratando de reponer o arreglar todo aquel sufrimiento.
-No claro que no… solo tratas de protegerme.- se lo dice Kagome, avanzando hacia él.
-Si… es cierto… pero he querido protegerte de mi.- lo informa causando un gran asombro ante Kagome.
-¿De ti?... pero tu nunca me harías daño.- lo dice, tratando de comprender las palabras de su amigo.
-¿Es que nunca lo has entendido verdad Kag?.- se lo pregunta con ternura.
-¿Qué?.-
-¡Oh Kami!...- es la única exclamación que se escucha en la habitación para después ver como Inuyasha se inclina hacia a delante jalando a Kagome hacia sus brazos y sellando sus labios con los de ella, causando un gran asombro en la pelinegra.
No sabe que es lo que sucede pero volver estar de ese modo con Inuyasha es como un sueño hecho realidad… tantas noches recordando su primer beso y el único con el ojidorado que ahora el segundo se hacía presente.
Lo único que le puede quedar es entregarse ante aquellos labios dejando que la guíen poco a poco ante la magia que comienza a creer entre ambos.
-¿Ahora lo comprendes?.- lo pregunta al parar sus labios encima de los de Kagome, sin abrir sus ojos.
-¿Qué?.- lo vuelve a preguntar atontada.
-Por kami, tendré que demostrártelo.- lo susurra, volviendo a tomar sus labios al mismo tiempo que la toma entre sus brazos.
Tú, la misma siempre tú,
Amistad, ternura que sé yo.
Tú, mi sombra has sido tú,
La historia de un amor
Que no fue nada.
La deposita suavemente en la cama, cubriendo su cuerpo con el suyo, sin dejar de besar, es tan exquisita como el mas dulce de los mangares que ha probado.
-Kagome…- lo susurra bajando sus manos hacia la cintura de la chica, para comenzar a desabrochar aquella playera que esta estorbándole.
Se desase de aquella prenda poco a poco, observando la piel desnuda de Kagome, incorporándose solo un poco para verla tendida debajo de sus brazos, tan exquisita, tan tierna, tan dulce…
Una historia de amor que con Kikio no fue nada, una historia de amor que con Kagome comienza a tener sentido…
¡La amas, admítelo!
De nuevo las palabras de Kikio, y en esos momentos agradece el haberle hecho abrir sus ojos.
Tú mi eternamente tú,
Un hotel tu cuerpo y un adiós
Tú, mi oculta amiga tú,
Un golpe de pasión,
Amor de madrugada.
-Te deseo…- lo susurra al volverse a inclinar sobre los labios de Kagome, tomándolos por completo como si aquello le pudiera en claro a cualquier hombre que se acerque que aquella es suya… egoístamente suya.
Mueve sus manos lentamente, dejando que Kagome se acostumbre a aquellos tactos íntimos… que no se asuste con lo que tiene en mente, que se deje llevar.
No existe un lazo entre tú y yo
Nada de amores, nada de nada
¡Anda vete con esa mocosa y deja a tu prometida aquí pudrirse en el infierno!
Otras de las palabras de Kikio y después de ello rompió todo lazo con ella… ya no hay nada entre Kikio y él… nada…
Siente como sus manos se posan en el pecho de Inuyasha jugando con el bello del chico, enrolándolo suavemente entre sus dedos, escuchando como esté suspira ante la suave caricia, sonriendo entre el beso.
Tú, la misma de ayer,
La incondicional
La que no espera nada
Tú, la misma de ayer
La que no supe amar
No sé por qué.
¿¡Por que no puedes ser como Kagome!
Una vez se lo pregunto a Kikio, por una tonta discusión, y esta tan solo le contesto
Si tanto quieres a esa mocosa ve tras ella…
Y ahora es lo que hace, esta con su Kagome… tardo mucho tiempo en darse cuenta de ello.
Fija su rostro en aquella mujer pelinegra, tez blanca, ojos marrones que pueden iluminar cualquier habitación sin problemas… aquella mujer la misma de ayer y siempre, su Kagome… solo suya… la que no supo amar hasta ahora.
Tú, intensamente tú
Soledad, cariño yo que sé
Tú, mis horas bajas tú
Un cuerpo de mujer,
Un par de rosas blancas
Desliza suavemente con sus manos los pantalones de Kagome junto con aquellos calcetines dejándola en ropa intima ante el.
-¿Qué… que haces?...- lo murmura suavemente al quererse tapar.
-Sshh… no digas nada… solo se mía.- lo murmura al inclinarse de nuevo a besar sus labios, perdiendo la razón al tocar aquella suave piel.
No existe un lazo entre tú y yo
No hubo promesas
Ni juramentos nada de nada
-Kagome… mi Kagome…- lo susurra cerca de su oído al comenzar a besar aquella zona donde recibe como respuesta suspiros y el cuerpo inflamado de la pelinegra.
Desliza sus manos con cuidado tratando de desatar aquel estorboso trapo donde cubre los pechos de Kagome, donde comienzan sus labios a descender, besando primer el valle de uno de ellos para seguir con el otro escuchando como su nombre es susurrado entre jadeos.
Tú, la misma de ayer,
La incondicional
La que no espera nada
Tú, la misma de ayer
La que no supe amar
No sé por qué...
Suspira al sentir como los labios de Inuyasha se encuentran masajeando lentamente aquellas dos pequeñas montañas, es como si todo el calor estuviera en su cuerpo ardiendo a cuarenta grados centígrados… y pensar que afuera esta nevando.
Cierra sus ojos al tratar de abrirlos y enfocarlos hacía Inuyasha pero todo es tan inútil, sus manos están siendo deslizadas por la amplia espalda de Inuyasha, sintiendo como todos sus músculos se encuentran tensos.
Amiga…
-Vamos… vamos pequeña… sigue mi ritmo.- lo susurra tan sensual que Kagome tan solo siente como las manos siguen recorriendo su cuerpo…. Todo eso tan placentero.
Tú, la misma de ayer,
La incondicional
La que no espera nada
Tú, la misma de ayer
La que no supe amar
No sé por qué...
Se escucha un pequeño gritito salir de los labios de Kagome, siente como si Inuyasha hubiera mordido parte de su estomago, haciendo que sus ojos se abran por completo.
-¿He?...- es la única palabra que sale e sus labios, observando a Inuyasha ponerse de pie y quitarse aquel pantalón, dejándose solo la ropa intima, da un pequeño trago de saliva para continuar que sus ojos sigan viendo aquel musculoso cuerpo… tan sensual… tan deseable… tan Inuyasha.
Tú, la misma de ayer,
La incondicional
La que no espera nada
Tú, la misma de ayer
La que no supe amar
No sé por qué...
Ve como Inuyasha de nuevo camina hacia ella y empieza a besar lentamente sus piernas, primero la izquierda y después la derecha… suavemente dejándola desear mas de lo que ya pide…
Sube poco a poco sus labios recorriendo toda parte del cuerpo de Kagome, llevando por debajo de aquellos dulces pechos besando cada uno para seguir subiendo hasta los labios, su único objetivo dejarlos rojos.
Tú, la misma de ayer… solo tú
La incondicional… solo tú
La que no espera nada
La que no espera nada
-¿Estas segura cariño?.- lo susurra con ternura fijando su vista en la de Kagome.
-Te amo.- se lo contesta demostrándole aquella sonrisa de felicidad.
-Eres mía… solo mía…- lo susurra al besar los labios de Kagome de nuevo, posando sus manos en la cintura de esta para darse una vuelta y quedar ahora él debajo suyo.
Kagome siente aquel movimiento lo cual ocasiona que su garganta protesto con un gemido, del cual sus labios se encuentran ocupados.
-Anda hazlo a tu ritmo…- lo susurra Inuyasha al separar sus labios de los de Kagome.
-¿Cómo…?- sin comprender bien que pasa, ¿acaso su primera vez no sería tradicional?.
-Anda…- la alienta Inuyasha.
-Pero…-
Siente como su cuerpo ya se encuentra desnudo y el de Inuyasha de igual forma, ahora comprende él quiere que mida el dolor de su primera vez…
Solo tú…
¡Oh kami!... esa mujer es una diosa, siente como poco a poco comienza a introducirse en su cuerpo dejando que las manos de Kagome se mantengan sujetas, de manera firme entre las suyas, tratando de escuchar y ver algún signo de dolor, pero parece que poco a poco el dolor no se hace presente.
Puede sentí algo romperse, y después el rostro de dolor de Kagome, como sus ojos comienzan a volverse cristalinos poco a poco.
Siente un dolor en su vientre, algo que hace que sus ojos empiecen a derramar pequeñas lágrimas, inclinándose hacia delante para que Inuyasha la sostenga entre sus brazos con una abrazo sin desprenderse de lo que los mantiene unidos.
-Muévete conmigo pequeña… y dejara que el dolor se pase…- se lo susurra Inuyasha en su oído al comenzar a moverse lentamente, los primeros movimientos fueron algo dolorosos pero los demás se vuelven dulces y placenteros, dejando que sus ojos se enfoquen con los de Inuyasha.
Solo tú…
Mantiene sus labios en movimiento de la misma manera que su cuerpo se encuentra deslizándose y volviendo a entrar en aquel lugar, siente como se contrae y se expande ante su presencia, aquellos gemidos que son música para sus oídos.
Los rayos solares se encuentran desde hace horas iluminando la habitación, siendo testigos de esa unión, apenas sujeta fuertemente aquel cuerpo sobre el suyo para apretar sus labios en un beso salvaje y dejar que su garganta produzca un sonido de la misma manera que sucede con Kagome, haciendo que sus cuerpos exploten ante todo ello.
Su cuerpo se relaja suavemente al igual que el de su compañera, lo siente y lo percibe, dejando que poco a poco esta susurre su nombre y caiga entre sus brazos y quedarse profundamente dormida.
La Incondicional…
Continuaraaaaa!
La canción la canta Luis Miguel, se llama Incondicional.
Se despide
Fesabi
