Disclaimer: A huge thanks to thatwritr for her permission to do this translation. Y muchas gracias a Lilia por permitirme usar los capítulos ya traducidos, por ahora solo me adjudico el beteo.

Capítulo Dos

Afligida, Bella tira de su cabello y su rostro, y su grito ha sobresaltado a la policía y a los paramédicos; sin embargo, ellos están acostumbrados a gente entrando en pánico. Uno de los paramédicos en una chaqueta fluorescente se aparta del grupo y se acerca, arrodillándose en frente de ella y sujetándola de las manos con fuerza para que no se lastime a sí misma.

—Cálmese, señorita. ¿Vive aquí?

—¿Qué pasó? —demanda Bella, su voz saliendo casi en un chillido mientras intenta ver detrás del paramédico. Sus compañeros están sacando a una figura sobre una camilla cubierta con una sábana blanca.

cubiertocon una sábana blanca. Pero puede ver una mano oscura colgando fuera de la camilla. Los hombres no están apurados tampoco. Ya no es una emergencia.

—No, no, no, no… —susurra, sacudiendo su cabeza y tratando de liberar sus manos de las del paramédico—. ¿QUÉ PASÓ?

—Hubo un accidente...

—¡EN SERIO! ¡DIME QUÉ DEMONIOS PASÓ! —Sabe que está gritando y actuando irracionalmente, pero no le importa.

—Por favor, señorita…

—¡ES MI ESPOSO!

Bella empieza a empujarlo de nuevo tratando de rodear al hombre, pero él la detiene fácilmente.

—Espere aquí…

—¡ES MI ESPOSO!

—Shh, señorita. Por favor. Necesita retroceder un…

—¡QUÍTATE DE MI CAMINO!

Dos policías corren hacia ellos. Bella los odia a todos por la fácil manera en la que se mueven.

—¿Es familiar? —pregunta uno, el hombre.

—Dice que es su esposa —explica el paramédico. Y a pesar de que Bella está en un estado de terror en el que siente su corazón en la garganta, el escepticismo de estos hombres no le pasa desapercibido. Sin embargo, está acostumbrada al escepticismo ahora, especialmente en esta ciudad pequeña de Georgia incluso en tiempos modernos. Cuando menciona a su esposo, la gente espera a un hombre blanco. Cuando Mark menciona a su esposa, la gente espera una mujer de color.

La policía se recupera rápidamente y la mujer se acerca a ella, rodeándole los hombros con un brazo para voltear su silla y para que no vea a los médicos metiendo la camilla a la parte trasera de la ambulancia. Bella trata de luchar, pero está llorando y temblando tan fuerte que no puede hacerlo.

—Mi nombre es Megan Owens, señorita. ¿Es usted la esposa de Mark Jackson?

—Sí. Isabella Jackson. Soy Isabella Jackson. —Intenta sacar su identificación del bolso que se encuentra detrás de su silla, pero la mujer policía sacude la cabeza y pone una mano sobre la de Bella.

—Está bien, señora Jackson —le dice la oficial Owens—. Hubo un accidente. No estamos seguros de qué fue lo que pasó exactamente, pero su vecina, la señora Wreith, lo escuchó caer, o eso dijo cuando la interrogamos. Nos llegó una alerta del dispositivo de emergencias de su esposo al mismo tiempo, aparentemente. ¿Su brazalete dice que es epiléptico? —Bella asiente—. Debió haber sentido el ataque aproximándose…

—Mark reconoce las señales… —Bella susurra.

—Al parecer se golpeó la cabeza en la barra de la cocina al caer. Cuando la ambulancia llegó… —La voz de la oficial se rompe—. Me temo que no se pudo hacer nada.

Las palabras llegan y pasan a Bella. Las oye, pero no las escucha.

—¿Mark está muerto?

Owens no la puede mirar a los ojos por un instante.

—Lo siento, pero sí.

Pero Bella pregunta de nuevo.

—¿Mark está muerto? —Como si no pudiera aceptar que "sí" es la respuesta. Su tremor ha incrementado y no puede sentir los dedos de sus manos… ni los de los pies, pero ella no ha sentido esos por diez años así que en realidad no cuentan.

—Lo lamento, pero sí —repite Owens—. Ya había fallecido cuando la ambulancia llegó.

—Pero se supone que deben llegar rápido. Se supone que deben prevenir esto. Por eso ordenamos el servicio… —Su voz comienza a subir de tono de nuevo.

Owens frota círculos en los hombros de Bella por sobre el respaldo de la silla, tratando de hacerla sentir mejor.

—A veces… a veces los accidentes pasan. La ambulancia llegó unos cuantos minutos después de la alerta del dispositivo de emergencias. No fue el ataque el que lo mató, no parece serlo; fue la caída.

Bella pasa su mano sobre su cabello corto, jalándolo; probablemente despeinándolo.

—Pero Mark ha sido epiléptico por quince años. Él sabe exactamente qué hacer. ¡Incluso tiene un casco! ¿Por qué no tenía puesto su casco? —Ignora, por un momento, lo mucho que él odiaba el objeto. Le había hecho un alboroto más de una vez por no usarlo cuando estaba solo y en el baño o la cocina donde una caída podía ser especialmente peligrosa.

—No lo sé —dice Owens, tratando de no discutir, y frotando todavía los hombros de Bella—. ¿Puedo llamar a alguien por usted?

Apenas capaz de pensar, Bella jala de nuevo su cabello.

—Mi madre y la de Mark deben ser notificadas. Renée Dwyer. Esa es mi mamá; vive en Jacksonville, Florida, con su esposo Phil. 1-90-45-31-54-89. Y su madre, Martha Jackson. 1-90-43-46-23-57. Oh, Dios, ¿cómo voy a enfrentar a mamá? —No se refiere a Renée.

—Nos aseguraremos de contactar a sus padres. Aunque, ¿hay alguien local?

—¿Local…? —Bella se distrae de la situación por un momento. Debería tener alguien a quién llamar, pero no tiene. Sus compañeros de clases eran conocidos, no amigos. A pesar de llevar cuatro años viviendo en Dawsonville, Mark y ella se habían mantenido aislados. Parte de eso se debía a simple logística. La mayoría de sus compañeros no viven o frecuentan lugares fácilmente accesibles para una mujer en silla de ruedas. Otra parte se la atribuye al racismo. Duda que haya 100 afro-americanos en toda la ciudad, incluyendo el campus universitario; la mayoría vive en el cercano Connyville. Y una pareja interracial… bueno, Mark era visto como un engreído por casarse con una mujer blanca; de Bella se pensaba que se había rebajado; por estos lugares, solo pobretones de barrio se casaban con negros. Pero más allá de estos problemas, ninguno de los dos sintió nunca el ímpetu de echar raíz en esa ciudad; el mejor amigo de Bella siempre había sido Mark, y la de Mark, Bella. Vivir ahí no era permanente, sólo una parada en el camino de sus futuras carreras académicas. Ahora ella se da cuenta de lo tonta y ciega que ha sido su reclusión. Sin Mark, está completamente sola.

—Pues, eh, supongo que puede llamar a Lorraine Michaels —dice Bella ahora—. Es mi mentora académica. La doctora Lorraine Michaels, directora de la Facultad de Estudios Feministas, pero su departamento principal es Sociología y Antropología. Aunque no me sé su número telefónico… Y Jeffrey Simmons, de Filosofía y Religión. Él es el mentor de Mark.

La oficial Owens ha escrito todo esto y ahora levanta la mirada.

—Me aseguraré que alguien en la estación localice sus números telefónicos y los contacte.

—¡Mi departamento! —dice Bella de repente, recordando—. ¡Necesito apagar la estufa! Mark estaba cocinando la cena… —Empieza a mover su silla hacia el departamento.

La oficial la detiene.

—Ya nos hicimos cargo de eso, Sra. Jackson. Todo se ha apagado.

El ritmo cardíaco de Bella se normaliza de nuevo, pero nuevamente se le sube la adrenalina y sus manos que sostienen las ruedas de su silla comienzan a temblar.

—Aún debo… necesito… —Se detiene porque no sabe si en realidad quiere entrar. ¿Habrá sangre? ¿Podrá soportar ver el lugar donde se cayó, donde murió? Soltando las ruedas de la silla, esconde su rostro en sus manos—. ¿Ahora qué hago? —susurra entre sus manos—. No puedo… no puedo ni pensar.

La oficial se arrodilla en frente de ella y la toma de las muñecas.

—Todo va a estar bien, querida. —Bella lo duda—. ¿Necesitas que te lleven al hospital? —Bella levanta la mirada para observar a Owens inspeccionando su silla—. ¿Eso… se dobla?

—Sí, el respaldo se dobla y las ruedas se sueltan, como una bicicleta de carreras. —Bella le muestra a Owens la palanca para soltar las ruedas y deja que la oficial la ayude a entrar al carro de policía y que ponga su silla en la cajuela. La pareja de la oficial se quedará en el departamento de Bella. Siendo la hija de un jefe de policía, Bella sabe que tienen que investigar la escena incluso si es evidente que fue un accidente. Formalidades y burocracia. Pero eso le hace recordar.

—Alguien debe llamar a mi padre también —dice cuando Owens sube al asiento del conductor y enciende el motor—. Charlie Swan. Es el jefe de policía de Forks, Washington. Querrá saber.

La oficial la mira y asiente, sacando su libreta para anotar el nombre de Charlie en la lista.

—¿Su padre es policía?

Solo entonces Bella se da cuenta de cómo ha de haber sonado su comentario: No intente nada; tengo conexiones.

—Lo siento, es que me di cuenta que le di el nombre y teléfono de mi mamá y el de la de Mark, pero no el de mi papá. Alguien debe avisarle también.

—Absolutamente. ¿El Sr. Jackson tiene… tenía… padre?

Y oh, hay tanta información en esa simple frase, muchas suposiciones acerca de los afroamericanos en el sur rural. Esto no es Atlanta, urbana y contemporánea, ni siquiera es Ashville con su vibra New Age.

—El padre de Mark murió cuando él era niño —Bella responde, tragándose su irritación—. Su madre nunca se volvió a casar. En cambio, se encargó de su iglesia. La mantiene ocupada.

—Oh. Bueno, claro, supongo que lo hace.

Bella siente que la mujer quiere preguntarle más, pero no lo hace, y Bella se siente agradecida. Por lo menos al principio. El hospital, en las afueras de Dawsonville, no está lejos, pero como había pensado en el autobús ese mismo día, ningún lugar está lejos en Dawsonville. Sin embargo, está lo suficientemente lejos como para que su mente adormecida despierte un poco y empiece a imaginar lo que pasó… y ahora desea que la distraigan.

Mark está muerto.

Su Markestá muerto.

Es demasiado final, demasiado absoluto para que ella lo procese. Recarga su cabeza en la ventana del coche y observa detenidamente el escenario del campo que pasa. La oscuridad ya es casi total… qué irónico. El sol se ha puesto sobre su felicidad una vez más.

¿Cuánto tiempo habrá estado Mark en el suelo, se pregunta, convulsionándose y sangrando por dentro? ¿Habrá sufrido? ¿O habrá muerto instantáneamente? ¿El morir habrá dolido? ¿O simplemente dejó de estar consciente del ataque, pues estuvo lo suficientemente consciente para activar la alerta en su brazalete, y se perdió en la nada, en la muerte?

Pero la muerte no es nada. Bella no cree que la muerte sea el final. Incluso si no está inscrita en ninguna asociación religiosa, a pesar de su suegra, ella cree en las almas. Ha visto demasiadas cosas inexplicables en la vida, ha conocido e interactuado con criaturas salidas de mitos, como para creerle a la ciencia cuando define al universo diciendo que los seres humanos son solo impulsos eléctricos que dan animación al agua y la materia. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña nuestra filosofía." Ella aún ama a Shakespeare. Y si los vampiros existen, si los metamorfos quileutes… si el vudú (Mark y su madre juran y perjuran que existe), entonces la existencia de las almas parece solamente una pequeña muestra de fe en comparación.

Así que el cuerpo de Mark puede estar muerto. Pero Mark… ella está segura que él sigue por ahí, su espíritu. Ella confía en eso.

—Ayúdame —le susurra, donde quiera que esté—. Sin ti me siento perdida.