Aún no estoy segura de que estoy haciendo con esta historia, pero tengo un punto (según yo) y una inminente intención de usar saltos de tiempo bruscos en los próximos capítulos... voy advirtiendo eso.

Actualizaré principalmente en fines de semana, pero si es posible, espero poder subir otros capítulos para que tanto ustedes como yo podamos ser libres jajaja

¡Reviews en el prólogo! MIL GRACIAS A OhHollyHolly y a Forever MK NH, sus comentarios me motivaron a actualizar un poco antes.

Me disculpo si este capítulo es un poco raro... apenas vamos iniciando y poco a poco se va cambiando el ritmo y respondiendo preguntas, pero mientras tanto, disfruten el primer capítulo de "Dos años"


Capítulo 1 "Redención"

"Un puntada aquí, coserlo un poco por acá… Sí, ¡listo!" mencionaba la chica que se pasaba un mechón suelto de pelo negro detrás de su oreja para alejarse y ver el vestido listo. Las tardes libres no eran la definición propia de libres, se ahogaba en compromisos, trabajos y salidas para no pasar momentos de soledad que la llevaran a recordar.

Hoy se había propuesto terminar un vestido que tenía un tema doloroso, esperando que al terminarlo de alguna forma pudiera enfrentarse a su pasado. El vestido no tenía entre sus detalles ni costuras la respuesta a su dolor, sólo era un recordatorio de lo que había pasado, como meses anteriores, el vestido terminó cortado en distintos trozos regados por el suelo. Sus lágrimas comenzaron a caer, la tela roja le recordaba las manchas de sangre, los detalles negros sólo empeoraban su imagen mental.

La que alguna vez había sido Ladybug corrió hacia el baño para deshacerse de la poca comida que había consumido. Tikki la veía sin poder decirle nada mientras con sus pequeños brazos hacía círculos en la espalda de la joven. Era su rutina cada 4 meses, ver a Marinette armar el vestido con tema de Ladybug sólo para destrozarlo y volver a entrar en un estado de depresión que duraba el resto de la semana.

Esos días hacían que la kwami se preguntara si alguna vez la joven volvería a ser la sonriente y amable chica que había sido escogida hacía tanto tiempo.

Habían pasado dos años desde que Ladybug desapareció por completo de París.

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Nooroo observaba desde el marco de la ventana a su elegido, a pesar de los malos momentos ahora estaban en una tregua que les permitía trabajar para salvar París en ausencia de los otros dos héroes. La ironía de la vida, pensaba el pequeño de color lila.

Gabriel checaba las hojas en su escritorio, leyendo párrafos llenos de burocracia y renglones que no parecían tener sentido, dejando que de vez en cuando su vista se perdiera en un punto fijo de la habitación.

El kwami no quería admitirlo, pero sentía pena por el hombre, quería sentirse enojado por haber sido usado para el mal, quería abandonarlo para buscar a alguien que siempre usara sus poderes para el bien. Pero cuando lo veía, las ganas de irse se perdían.

Esos días hacían que Nooroo se preguntara cómo sería el hombre, que sentado en su escritorio cubría con sus manos sus ojos para detener las lágrimas que amenazaban con caer, si su amada esposa no hubiera desaparecido y si años más tardes no hubiera perdido a su único hijo.

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Alya caminaba a casa de su amiga, hace unos meses había tenido que viajar al extranjero y cubrir una entrevista importante, el periódico para el que trabajaba estaba entusiasta con la recepción de la entrevista de aquella ocasión y habían decidido que de nueva cuenta fuera a entrevistar a una figura política y otra del mundo del espectáculo fuera del país. La joven ajustó sus lentes, estaba agradecida, de verdad lo estaba, pero cuando había regresado la última vez encontró a su mejor amiga en medio de telas rotas y lágrimas. Tenía miedo de que Marinette volviera a tener una decaída y ella no estuviera ahí para ayudarla a ponerse de pie. Así que caminando sacó su celular y marcó un número.

"Soy yo, voy a ir a verla." Escuchó una voz que le reclamaba no haberle avisado antes. "Sí, pero hay un problema. Me asignaron otro trabajo en el extranjero." La línea se quedó en silencio. "Te espero allá" y Alya colgó. Sabía que aunque no hubiera recibido una respuesta estaría bien. Ella como la súper periodista contaba con un apoyo que muy pocos podían calificar de insuficiente.

Su siguiente llamada fue a Nino, que contento por ella y la gran oportunidad que le esperaba, le aseguró que estaría al pendiente. La joven guardó su celular y se dispuso a abrir la puerta de la panadería de los Dupain-Cheng, que la recibieron con un cálido saludo y le permitieron el paso en lo que atendían a los clientes.

La joven subió las escaleras y pronto estuvo en la habitación de su mejor amiga. Entró en pánico cuando vio las telas destrozadas, sin entender porqué siempre que Marinette se dejaba caer en desesperación era por el color rojo y negro, la periodista jamás había tenido el valor de preguntarle directamente qué era lo que la hacía despreciar tanto esa combinación. Alguna vez lo había intentado con una pregunta elusiva y disfrazada, los resultados fueron peor de lo que pensaba y la chica de pelo ondulado había evitado cualquier cosa relacionado a ello, incluso en su mente, asustada de que sus pensamientos en algún momento la traicionaran y le preguntara a la chica de ojos azules "¿Qué te hizo Ladybug?".

Por ahora estaba a salvo, escuchaba el sonido del agua correr y se dispuso a tocar la puerta del baño de la habitación. 15 minutos más tarde, Alya ya había controlado la situación, Marinette estaba acostada abrazando su almohada y lucía tranquila a como la había encontrado en un inicio, 2 tazas de té más tarde todo parecía volver a la normalidad. La chica de pelo negro cerró los ojos y Alya se deshizo de la tela aprovechando la distracción de la joven.

"¿Pasó algo?" Marinette se había levantado y tallaba sus ojos, bajo sus manos cuando su amiga le recriminó que no los tallara o empeoraría el enrojecimiento, mientras caminaba nerviosa por la habitación.

"Sí, algo así" La periodista no era de esas personas que dudaban en contar las cosas, pero esto era un problema, no era ausentarse por pocas horas o pocos días. Si todo salía de acuerdo a lo planeado no estaría por un periodo de dos semanas. Se quedó parada frente a la cama de la joven, viéndola con incertidumbre.

"Puedes decírmelo" La chica de ojos oscuros sonrió, ahí estaba la chica decidida de siempre, a veces costaba creer que era así, que la tímida joven que había conocido demostraba ese lado determinado cuando se volvía a alzar de su derrumbe emocional.

"Hay una oportunidad en el trabajo." Susurró con miedo de asustarla. "Aún no la he aceptado."

"Tienes miedo" Dijo sin titubear. "No por ti, por mí. ¡Alya! Estaré bien. Es una grandiosa oportunidad." Se detuvo un momento para respirar. "Sé que hace un rato parecía que no, pero lo estoy superando, estoy aprendiendo a vivir con esto. Dos años parecen mucho desde que…" Se detuvo, aquejumbrada por el suceso que no quería recordar y por no poder contarle a su mejor amiga la verdad de su dolor. "Estaré bien, no volveré a crear ese vestido. No volveré a ver la tela roja con puntos negros, así que no te preocupes." Levantó sus ojos que habían estado en su regazo viendo como sus manos se entrelazaban nerviosas y dejó que sus ojos azules reflejaran su decisión. "No dejes que tu miedo por mí te detenga en la búsqueda de tus sueños. Estaré bien, porque necesito seguir, necesito alcanzar esa redención que en este momento no creo merecer."

Alya estaba por decir algo, pero fue interrumpida.

"Hablando de redención ¿eh? Creo que yo soy la experta en el tema, Dejaste la puerta entreabierta Alya. ¿Cómo te va Marinette?" La persona que había hablado desde abajo empezó a subir las escaleras con calma y las otras dos chicas que estaban en la habitación la vieron con fijeza, no creían que apenas hubiera llegado. "¿Por qué esas miradas?" Preguntó la rubia mientras le daba una bolsa a cada una y se sentaba en la cama junto a Marinette. "Sí, sé los detalles." Dijo con una sonrisa de autosuficiencia, que a veces lograba hacer que las otras dos se preguntarán cómo se habían convertido en amigas luego de todos los conflictos que habían pasado.

Si años antes las personas les hubieran dicho que su peor pesadilla de la escuela, acá Chloé Bourgeois, se convertiría en una de sus mejores amigas, Marinette habría olvidado su decencia por un instante para burlarse de semejante atrocidad. Ahora sentadas las 3 juntas en la cama admirando los prendedores y chocolates que la chica rubia les había obsequiado mientras distraía sus mentes con pláticas acerca de las nuevas tendencias y movimientos políticos, Marinette y Alya recordaban que sí, Chloé era de esas personas que conocían bien el término de redención, sabía romperse para volver a alzarse más fuerte. Pero ahora sí se rompía, no estaba sola, las tres podrían resquebrajarse y entre las tres juntaban sus piezas para ir forjando el futuro que querían.

Alya sonrió cuando se despidió de las otras dos, feliz del plan improvisado de la rubia que no había dudado en usar todas sus técnicas para convencer a la joven de pelo negro de aceptar sus ideas. Dejando que Chloé terminara de ayudar a Marinette a empacar para que se fuera a vivir dos semanas con ella a su apartamento, prometiendo dramáticamente que cuidaría de su amiga sacrificando sus vacaciones con la mera condición de que disfrutarían de toda una serie de actividades que tenía agendadas, Alya se fue tranquila, aún preocupada pero con la seguridad de que al menos, sus mejores amigas se tendrían la una a la otra.

La última llamada que la periodista hizo ese día fue a su trabajo, confirmando que tomaría la oportunidad.

Todos necesitaban un poco de redención, incluso un gatito negro de ojos verdes que veía la torre Eiffel de nuevo después de tantos años.