Segunda parte:
—Bien..., ¿y ahora que?
—¿Y ahora que?
Los tres rieron. Inuyasha había invitado a ambas amigas a un paseo al centro comercial después de la escuela. No quería volver a casa y sus clases ya habían terminado. Pero no pensó que el lugar estaría tan o más aburrido que su apartamento. Kikyo fue la primera en volver a hablar.
—Ya sé, Inuyasha, cómpranos un helado. –ordenó.
Él alzó una ceja.
—¿Yo tengo que ir?
—¡Si! –exclamaron al unísono.
Él bufó alto y camino hasta la heladería que no estaba lejos de allí. Kikyo en ese momento arrastró a Kagome a la primera banca desocupada.
—Dime ya, ¿que hiciste y porque no está encima de ti como siempre?
Kagome rió ante la pregunta de su amiga pero negó.
—No hice nada, solo le dije lo que hablamos. –explicó, era obvio.
—¿Y él lo tomó bien?, ¿y ya? –Kagome asintió.
Kikyo hizo una mueca no muy convencida. Kagome alzó una ceja, Kikyo quería decirle algo y...
—A ti te gusta Inuyasha. –aseguró.
Kagome hizo una mueca, otra vez con lo mismo.
—Claro que no.
—Claro que si, pero no quieres verlo porque... –hizo una pausa. –, no se porqué. Él es lindo, sexy, es atento contigo, te ha dicho que te ama en más ocasiones de las que puedo recordar... –enumeró pero Kagome hasta parecía aburrida.
—¿Y qué con eso? –preguntó, si, aburrida.
—¡Uy, eres una insensible! –casi gritó y Kagome puso una mano en su boca. Varias personas habían volteado a verlas.
—¿Quieres que todo el mundo te escuche? –ironizó.
Kikyo frunció el ceño, ella era cruel con Inuyasha. No tocó más el tema y se sumieron en un silencio un tanto incómodo. Kagome lo rompió cuando ya se le hizo insoportable.
—Ahora dime tú, ¿quieñén es Naraku?
A Kagome casi se le cae la mandíbula cuando Kikyo se sonrojó, por primera vez en la historia de su vida había visto a Kikyo sonrojada. Se acercó más a ella casi pegada a su espalda, evitaba el contacto visual y eso le dio más curiosidad.
—¿Acaso estas enamorada? –preguntó con burla.
—¿La bruja enamorada?, no lo creo. –Inuyasha llegó con tres helados en ese momento y ambas voltearon. –Y si lo estas, Kikyo, dime quien es el pobre...
—¡Inuyasha! –le reprocharon ambas a lo que él rió.
Miró a Kikyo y le guiño el ojo en señal de confianza, Kikyo le sonrió al saber que él le había sacado de encima el interrogatorio de Kagome. Lo agradeció mentalmente. Kagome tomó su helado de que era de deliciosa frutilla, Kikyo tomó el suyo que era de chocolate con nueces y tenía un sabor extra que era...
—¿Banana?
—Si –dijo Inuyasha tomando un poco de su helado de limón. –, necesitas dulce en tu vida a ver si se te quita lo amarga.
Kikyo le pegó con el puño en el antebrazo derecho y Kagome intervino.
—Oye, cálmate... no le pegues así, debe llevarme a casa. –todos rieron ante lo mencionado por ella.
—Entonces me quieres por eso, solo por interés. –expuso él inclinándose hacia ella y Kagome no supo diferenciar si seguían jugando o él hablaba en serio.
—Eso Kag, yo también quiero saber.
No contestó, solo embarró la punta de la nariz de Inuyasha con su helado de frutilla y musitó suavemente.
—Claro que no tonto.
Inuyasha hizo una mueca algo rara que no supo diferenciar. Pero no dijo más.
—Bien chicos, yo debo irme. –anuncio Kikyo, ellos asistieron y se despidieron.
Juntos caminaron hacia la salida entre bromas, Kagome agradecía que la confianza entre ellos no se hubiese roto. Inuyasha la empujó cuando ella le insinuó algo entre él y Kikyo; eso lo había hecho reír.
—Deja de decir estupideces. –en ese momento Kagome se prepara para las estupideces que él diría pero jamás llegaron, en cambio pregunto algo un tanto incómodo. –¿y como te esta llendo en tu espacio?
Ella aún se sentía algo cohibida por aquel trato. Ella nunca se había enamorado y que él lo estuviera y ella no supiera que hacer era tonto. Pero lo bueno es que él se lo tomó en chiste como todas las cosas que hacía. A veces, se preguntaba que pasaría si alguno de los dos tuviera una pareja, hizo una mueca ante ese pensamiento. No quería pensar en ello así que contestó la pregunta.
—Bien, esta vez nadie me preguntó si eras novio y tengo nuevas amigas. –relato e Inuyasha la miró por el rabillo del ojo. –Todas quieren tu número y son demasiadas.
Él rió fuerte.
—Muy bien... –empezó. –, debes dárselos haber si con alguna de ellas puedo olvidarme de ti. –dijo distraídamente.
—Quieres..., ¿olvidarte de mi? –preguntó impresionada.
Llegaron a la acera donde estaba la moto y se detuvieron, Inuyasha no la miraba y tenía la cabeza gacha. Ella no pensó que se lo tomara de aquella manera tan severa por así decirlo. Y que Inuyasha le entregara su corazón a otra mujer...
—¿No era eso lo que querías?
Ella estaba a punto de contestar pero el chillido femenino la interrumpió.
—¡Inuyasha!
Una pelirroja chica estaba abrazada a Inuyasha desde el cuello y ambas piernas en la cintura. Era una posición bastante confianzuda como para que no la conociera.
—¿Ayame? –lo escuchó preguntar.
¿Ayame? ¿Quien era Ayame?. Quedó más impresionada cuando Inuyasha la abrazo casi con la misma efusividad con la que ella lo hacia.
—¿Como has estado?, no pensé que volvería a verte. –empezó entusiasmada la chica una vez que lo soltó. –Cuando tome el vuelo Sendai pensé que...
Se calló cuando se dio cuenta de que había alguien más con ellos cosa que molestó. Estaba a punto de interrumpir pero la chica habló primero.
—Oh, como lo siento. –se disculpó. –Yo no quería interrumpir... lo que sea que estaban haciendo. –dijo apenada.
—No... no hay problema. –dijo ella algo aturdida. –Hmm... –musitó mirando a Inuyasha.
—Claro, Kagome ella es Ayame Hook, una vieja novia de la secundaria.
Kagome no supo que contestar, ¿novia?, ¿Inuyasha había tenido novias?, ¿y no se lo había contado?. Entre cerro los ojos y lo miró severamente, luego hablarían, estaba a punto de contestar pero la nueva chica se le adelantó, otra vez interrumpiéndola. Eso la estaba cansando a decir verdad.
—Oye..., ¿tu eres la nueva pareja de él? –preguntó con cautela. –, si es así discúlpame yo...
Tuvo que admitir que esta vez no le molesto, es más, le dio gracia.
—No te disculpes. –interrumpió Inuyasha con una sonrisa. –, con Kagome solo somos amigos. –aclaró. –¿verdad?
—Claro..., casi hermanos. –completo y no supo como definir el sentimiento que la embargó en esos momentos.
—¡Genial! –exclamó ella. –¿te molesta si te lo robo por hoy?, es que tenemos que ponernos al día, ya sabes.
Ella asintió con algo de duda.
—No podemos. –interrumpió Inuyasha de nuevo. –Debo llevar a Kagome a casa, así que...
—Ve, Inuyasha. –le dijo ella. –Yo tengo que pasar por la librería de paso, Carl me aviso que ya había llegado el nuevonúmero de física II para la universidad.
—Te acompaño entonces. –ofreció y ella negó.
—Kikyo me espera allá, así que no hay problema.
Ayame había quedado fuera de la conversación pero observaba todo con atención, ella no quería que pelearán por su culpa.
—Oye..., creo que si te molesta puedo...
—No... –empezó. –... no me molesta, solo que Inuyasha es algo terco a veces. –explicó con una falsa sonrisa.
Gracias a una intervención casi divina su teléfono sonó, lo agarró rápidamente y sonrió a Inuyasha.
—Es Kikyo, te llamo cuando llegó a casa ¿si? –lo vio algo aturdido ante su actitud. –, fue un placer conocerte. –se despidió de Ayame y empezó a caminar.
Cruzó la esquina y atendió a la segunda llamada de su madre.
—Hola mamá, estoy llendo al apartamento ya. –le habló por el teléfono. –¿Inuyasha?, si y no, no viene conmigo.
Estúpida, esa fue la palabra que se dijo cuando estuvo en su casa de nuevo ya sola.
Lunes cinco de noviembre.