Título: Our Bloody and Deadly Love

Pareja: JoKer o UsUk OwO + otras parejitas

Capítulos: (de nuevo este dilema -.-u) Bueno será pasional e intenso, así que estipulo unos 10 capítulos.

Acompañamiento: Blue foundation – Eyes on Fire le da un buen toque durante el 'encierro' de Arthur ;D

Disclaimer: Hetalia no me pertenece Dx

By Ray H. Kirkland

Our Bloody and Deadly Love

...

Probablemente no me esperaba la violencia del impacto de ese aroma tan espléndido e inimaginable...

Tampoco me esperaba que mis instintos me dominaran por primera vez...

¿Quién era él? Que daba la vuelta a mí ya tranquilo y estable mundo...

Que lo alteraba con una simple mirada, con un simple suspiro...con su simple existencia...

Sabiendo que me estaba condenando a mí mismo, me aferré a esa nueva forma de vida, y logré hallar la tan anhelada felicidad...pero siempre amenazaban con quitármela...

Y ahora, veía como estaban a punto de arrebatármela sin piedad alguna... y en el momento que desapareciera, mi vida también lo haría... estaba condenado a ella después de todo...

...

Procuro no tener demasiada pasión.

La pasión es dejarse ir, transformarse en un sujeto pasivo.

-Emilio Alarcos Llorach-

...

Chapter Two

Inevitably Chained

Ya hace unos meses, 5 meses con 2 semanas y 3 días para ser exactos, que Tino había anticipado todo. Anunció que habría un ataque contundente en el pequeño y tranquilo Castle Combe a solo unos 10 kilómetros de su guarida, un ataque brutal y caótico que provocaría a la Armada, por consiguiente los pondría en riesgo de ser perseguidos de nuevo.

Al parecer el líder de la horda de vampiros que atacaría el pueblo con saña, QUERÍA desesperadamente a un muchacho que había vuelto al pueblo. Lo deseaba a tal grado que causaría semejante alboroto, poniendo a más de la mitad de la Armada en alerta. Tino aun no había visto muy bien el porque, pero el asesinato de ese muchacho haría que la Armada se pusiera en movimiento de inmediato, dispuesta a hacer rodar cuantas más cabezas de vampiros pudiera.

Alfred, que se autoproclamaba el líder de aquel pacífico y anónimo grupo, no podía permitir tal riesgo para su 'familia' y tampoco dejar que suceda una masacre de humanos frente a sus narices, al menos no mientras pudiera hacer algo para evitarlo. Pero intervenir para ayudar, podría también costarles, podían rebelar su escondite y hacer que los persiguieran de nuevo. Sin embargo Alfred se decidió, después de meditarlo y concordar con el resto, evitarían poner en alerta a la Armada, evitarían que se pierdan tantas vidas e interferirían en los planes del grupo enemigo.

Pero el líder ese, un tal Hanz, se las hizo difícil. Era todo un maestro en el arte de desaparecer y esconderse. No podían seguirles el paso, puesto que se mantenían en constante movimiento, siempre dentro de un perímetro de 3 kilómetros del pueblo. Tino predijo el ataque final a solo una semana antes de que ocurriera. Se mostrarían en un pueblo que estaba lejos, del otro lado del río, armarían un alboroto, saquearían y luego se esfumarían. De esa forma atraerían a un teniente de alto rango que estaba en Castle Combe junto con un séquito de guardias para hacer indagaciones del alboroto, dejando a Castle Combe con muy poca protección.

El grupo de Alfred, intento evitar el ataque al pueblo ese, pero lastimosamente algo salió mal, algo que Tino no pudo prevenir a tiempo. Repentinamente una de ellos atacó a un niño y el alboroto se armó antes de la hora programada. Llegaron tarde y el escándalo ya estaba hecho, junto con una víctima. Y para empeorar una persona logró ver a Alfred y a la vampiresa esa, dando su descripción a los guardias, que la esparcieron para tener a todos alertas.

De esa forma solo les quedaba evitar el ataque en Castle Combe, que se llevaría acabo ni bien se aseguraran de que el Teniente ese y su séquito estuvieran lo suficientemente ocupados como para no volver rápidamente. El plan general era sacar al muchacho del pueblo antes de que atacaran así los atraerían, alejándolos del pueblo. Una vez lejos atacarían al grupo enemigo, mientras Francis se llevaba al muchacho a un lugar seguro y alejado. Una vez vencido el grupo enemigo, que era casi seguro puesto que ellos tenían más destreza y experiencia en las batallas, enviarían al muchacho de vuelta al pueblo, le cambiarían la memoria con la habilidad de Matthew y ¡listo! Simple, sin bajas humanas, y sin provocar a la Armada. Soltarían después a los vencidos, aturdidos y sin recuerdo de la pelea, cerca de donde estaba concentrada la Armada y dejarían que ellos se hagan cargo de ellos.

Cuando llegó la hora de poner en marcha el plan, enviaron a un pequeño grupo que pasaría inadvertido a buscar y a capturar al muchacho. Como habían reconocido a Alfred el tendría que esperara en un claro junto a los otros, donde atraerían al enemigo. Pero... Inexplicablemente alteraron su perfecto plan, como esa mañana... Tino vio le repentino cambio unos segundos antes, atacaron antes de que hayan logrado encontrar y capturar al muchacho. El resto que esperaba en el pueblo tuvo que ir a ayudar de inmediato, dejando a Alfred, no podían arriesgarse a que lo reconozcan otra vez, e iniciarían su búsqueda después. Alfred trató de oponerse, pero al final se quedó ahí esperando.

Nada molestaba más a ese irritante e hiperactivo vampiro que estar lejos de la 'acción'. Mientras todos peleaban y ayudaban, el estaba ahí, en un claro sin hacer absolutamente nada. No paraba de lanzar improperios la vampiresa castaña esa, que por su culpa el plan de esa mañana había salido mal, por su culpa lo habían reconocido, por su maldita culpa estaba ahí de inútil.

Estaba atento a todo lo que oía del pueblo; escuchaba el escándalo en las calles del pueblito, al parecer habían iniciado un incendio por le centro y los guardias iban de aquí a allá sin saber que hacer exactamente, su superior no estaba. Probablemente no lograrían salvar al muchacho, y al final la Armada estaría en movimiento de nuevo, pero al menos podrían salvar cuanta gente sea posible, corriendo el riesgo de ser atrapados por la Armada. Después tendrían que escapar otra vez y esconderse en un país lejano... tal vez podrían ir hasta el país natal de Kiku...

Ahí estaba, paseándose impacientemente por el pequeño claro, esperando noticias de su grupo, ya era de noche y las nubes tapaban la luz de la refulgente luna llena, cuando escuchó unos pasos acercándose. Se puso en guardia de inmediato, listo para pelear, pero al escuchar los pasos, supuso que se trataba de un humano. Los lentos y torpes pasos se fueron acercando cada vez más hasta que se toparon con la pared de ramas y enredaderas. Una figura entonces entró al claro...

A pesar de la poca luz pudo verlo con claridad. Era un chico de cabello rubio, de piel pálida, medianamente alto, tenía los ojos cerrados seguramente por haber cruzado tan bruscamente esa pared de ramas punzantes y hojas.

¿Qué debería hacer? ¿Esfumarse antes de que pudiera abrir sus ojos? ¿Dejarlo e ir a ayudar al resto?...pero antes que nada... ¿Quién diablos era él? ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Era del pueblo?... ¿Era él a quién debían sacar? ¿Se lo habrían enviado?

Alfred ciertamente no sabía que hacer; se le vino una idea. Podría intentar algo como: 'Hola, soy Alfred ¿Tú también te perdiste en el bosque tratando de huir? ¡Qué problema! ¿Qué tal si buscamos juntos el camino de vuelta al pueblo? Estoy preocupado por mi madre' ¡Perfecto! Lo llevaría de vuelta al pueblo 'por suerte', lo dejaría seguro con algunos guardias e iría a ayuda la resto ¡a un reverendo diablo si lo reconocían! Igual tendrían que escapar de nuevo, y evitaría que cualquier humano lo viera por más de un milisegundo, de esa forma nadie lo reconocería. Solo sería un borrón moviéndose de ahí a allá.

Habían pasado apenas unos segundos desde que el chico había entrado en el claro, ya había abierto los ojos, cuyo color no podía identificar muy bien del todo era ¿Verde o azul?, mirando a su alrededor, desorientado, y luego mirando a Alfred con miedo. Alfred ya se disponía a poner en marcha su plan y poner una sonrisa convincente –que le salía de bien- cuando una fuerte brisa sacudió todo a su alrededor... Los árboles se mecieron dejando caer sus ya amarillentas hojas por todas partes. El flujo de aire se alteró de tal forma que envió el aroma del chico hacia Alfred golpeándolo de lleno en la cara...

Apenas Alfred lo percibió, el tiempo y el mundo a su alrededor se detuvo...

El aroma de la sangre que corría, bajo la delicada piel, por el frágil cuerpo de ese chico despertó en Alfred una serie de sensaciones que jamás había sentido antes y de una manera abrumante. Lo fascinó, lo excitó, lo enloqueció, lo adormeció, lo deslumbró...

Era la sangre más exquisita y dulce que había percibido jamás en sus dos siglos de existencia.

Exquisita, era como si fuera un perfume, el más maravilloso que uno pueda crear, cuyos efectos lo sumieran en una ensoñación; y una felicidad y paz acogedoras lo dominaran, aislándolo de cualquier perturbación, un perfume divino... De repente se percató de que no había nada más real, y nada más importante que aquel aroma, aquella fragancia.

¿Cómo podía existir siquiera un aroma como ese? De solo habérsele pasado por la cabeza que existiera... ¡Lo habría buscado hasta dar con él! No podía imaginarse cómo había vivido hasta entonces sin aquel embriagante aroma, no lograba concebirlo... Su anterior vida parecía ridícula, sin sentido, sin aquel aroma, sin aquel chico...

Sin embargo había otro sentimiento que crecía dentro del vampiro...

La dulce sangre había despertado una arrolladora sed dentro de Alfred. Había percibido todo tipo de sangre, algunos más apetitosos que otros, pero esa era por excelencia la más dulce que había olido. De solo aspirar su aroma, su paladar le cosquilleaba y su garganta llameaba, podía imaginarse su apetitoso sabor, su calidez... Su garganta se achicharraba por la tremenda sed que lo azotó, simplemente tenía que beber su sangre...era imposible no hacerlo...

Ambos, la sed y la adoración, se debatían para ver cual tomaba control de Alfred, que se había convertido en una estatua mirando a aquel chico, causante de todo ese remolino...

El chico, que lo miraba con pánico y horror, temblaba ligeramente, cerró sus ojos con temor y cerró sus puños con ira. Escuchó con toda claridad como el corazón del chico latía más rápido ¿Por el miedo? ¿Acaso sabía que pronto llegaría su muerte? ¿Sabía que en cualquier momento Alfred se lanzaría encima de él para beber hasta la última gota de su deliciosa sangre? La sed creció...

Espera... ¿Lo iba a matar? Matar a aquel chico cuyo aroma era lo más espléndido que jamás había sentido...matarlo...para no volver a aspirar aquel aroma celestial...

"NO" –pensó molesto consigo mismo. ¿En qué pensaba? ¿Acaso el no estaba en contra de matar humanos por simple deseo? ¿Qué no se supone que había decidido no dejar que sus instintos lo guiaran? ¡¿Cómo ahora estaba apunto de perder la batalla? ¡No podía matarlo! ¡Él no era así! Ese chico no tenía la culpa de nada, no tenía la culpa de que su condenado aroma sea tan...hipnotizante, tan tentador... No lo mataría...tomo aire decidido...y su garganta volvió a achicharrarse de sed...no podría resistirse...tenía que irse pero YA...

El chico había vuelto a abrir sus misteriosos ojos y miró hacia el bosque, probablemente iba a huir, y Alfred DEBÍA dejarlo irse, con todas su fuerza de voluntad se quedaría ahí, a esperar a los demás y lo dejaría irse...para no beber su sangre y no matarlo, una parte de él gruñó, para no volver a sentir esa esencia, otra parte de él en entristeció...

Entonces finalmente la luna alumbró el claro, el chico le lanzó una mirada que pretendía ser rápida, pero cuando lo vio se quedo tieso sin poder moverse. Seguramente se había percatado de su 'belleza inhumana'... ¡¿Por qué no corría? Solo aumentaba sus propias posibilidades de morir ahí mismo...

Pero Alfred también se quedo tieso al ver aquellos ojos, que resultaron ser de un impactante verde esmeralda, unos ojos que lo miraban con estupor y contrariedad... Alfred mismo se encontró a si mismo admirando esa belleza que tenía frente a él, su piel parecía perlada bajo la luz de la luna y sus ojos resplandecían como dos joyas, su boca semiabierta, sus labios...por unos segundos Alfred quedó petrificado mirándolo...la adoración crecía ganándole a la sed... pero el chico tragó saliva y suspiró... El cálido aliento de ese chico revoloteó hasta llegar a Alfred junto con su aroma... Eso hizo que la sed y sus instintos le ganaran y avanzó hacia el chico...

Este no corrió, seguía perplejo mirándolo. Se acercó y tocó su delicada mejilla, y un tentador rubor apareció. La parte que ansiaba su sangre se sacudió queriendo probarla ya, y la otra parte vio ese rubor con adoración, se veía precioso... El pulso del chico aceleró más y podía oler aquel delicioso aroma más cerca que nunca... el chico soltó de nuevo otro suspiro, al mismo tiempo que Alfred pasaba su brazo por la delicada cintura del otro.

Era tan delgado y frágil...

Su aliento delicioso rozó su rostro...

Una parte dentro de él veía al chico como algo para saciar su sed, nada más, y le gritaba que bebiera su sangre, que se saciara de ese sabor tan delicioso. Mientras la otra parte veía al chico como un tesoro, su nueva razón de vivir...

Pero la sed y los instintos ya habían tomado control de él. Lo atrajo lo más que pudo, sintiendo su tibieza. Ahora esas esmeraldas mostraban temor, pero aun estupor...aspiró de nuevo aquel delicioso aroma, ansiando probarlo... Alfred se inclinó, echando la cabeza del chico para atrás, dejando libre su cuello, la tersa y perlada piel parecía incitarlo a profanarla. Se inclinó hacia ella, tratando de detenerse por dentro buscando fuerzas para no hacerlo, pero ya era imposible...

El chico se tensó, recapacitando, volviendo a ver la realidad...su triste realidad...ya era demasiado tarde.

"¡Espe...AH!" –pero el chico no pudo terminar, Alfred ya estaba mordiéndolo.

Apenas su cálida y dulce sangre tocó su lengua, quedo petrificado, comenzó a beberla frenéticamente, como si no hubiera un mañana, era tan deliciosa que cada vez quería más. En su vida había probado algo tan dulce y delicioso, sentía como si cada parte de su cuerpo cobrara vida por primera vez. Aferró más al chico, que se retorcía de placer y trataba –inútilmente- de apartarlo a golpes, pero sus puñetazos no eran más que caricias para Alfred.

Esos pocos segundos en que bebía sin piedad la sangre del chico, estuvo sumido en un trance donde no existía nada más que aquel empalagoso y adictivo sabor, si muy adictivo, era como una droga para él...cada gota que bebía lo condenaba de por vida...no volvería a ser como antes... Pero no sabía que por su sed frenética le estaba quitando la vida a aquel que era la fuente de aquel elixir...

Vio entonces una lágrima, que resbalaba por la antes sonrosada mejilla del chico. Cuando vio aquella lágrima cargada de ira y tristeza despertó de aquel trance...

¡¿Qué estaba haciendo? ¡Estaba asesinando a ese ser mortalmente perfecto que le había causado tantas sensaciones agradables en unos pocos segundos! Sensaciones que no había sentido nunca antes, ese ser cuya belleza y fragancia le hicieron sentir que estaba a punto de alcanzar la felicidad...no volvería a sentir aquella felicidad jamás.

Hizo retroceder la sed y sus instintos con toda su fuerza, y dejó de beber su sangre. Se separó y miró al chico que ya había perdido la conciencia. Era la primera fase de conversión...

"¡NO!" –jadeó, se limpió con rapidez sus labios. Había solo UNA forma de detener los efectos de la ponzoña de un vampiro y era con su propia sangre. Alfred se mordió su propia muñeca tomando su propia sangre, que encontró insípida e comparación con la que había bebido antes. Una vez tomó suficiente sangre, se inclinó sobre el chico y unió sus labios con los de él que comenzaban a ponerse fríos. Le dio de beber su sangre boca a boca con desesperación. Tenía que ser rápido, la segunda fase era la más desagradable y no quería verlo a él sufrir...no por su culpa.

Entonces para su santo alivio, escuchó como el corazón volvía a latir vigorosamente y su respiración volvía a la normalidad, sintió como esos labios que seguía besando volvían a recuperar su temperatura y su color. Abrió los ojos con sorpresa, esas esmeraldas se clavaron en Alfred que se separó justo cuando el chico echó para tras su cabeza para separarse igualmente y para tomar aire. Movió su cuello y se estremeció de dolor...la herida... Alfred hizo una mueca y decidió enmendar el daño, se relamió los labios y se inclinó sobre la herida, el chico trató de apartarlo pero Alfred logró besar la herida y con su saliva curarla. El chico gimió. Alfred sintió una oleada acalorada al escuchar ese agudo y tan sensual gemido y se sonrojó. Pero en seguida recordó el porqué había tenido esa herida...

Alfred se enderezó mirando al chico con angustia y escondido, odio a sí mismo pro haberse dejado llevar, este le devolvió la mirada con la confusión grabada en su pálido rostro. Estaba cansado seguramente, tanta tensión en un solo día, era humano después de todo. Pronto caería dormido, entonces Alfred sintió la urgente necesidad de preguntar:

"¿Tu nombre?" –preguntó en un susurro, no lo dejaría dormir hasta que se lo dijera.

"...Ar...thur..." –y se quedo dormido.

"Arthur" –Alfred repitió su nombre dentro de su cabeza, para memorizarlo, para no olvidarlo por siempre, era parte de su vida ahora.

Lo miró bajo la luz de la luna, dormido, con un muy ligero sonrojo en sus mejillas, pálidas casi como la tiza ¿acaso había bebido demasiada sangre? Sacudió la cabeza tratando de olvidar la desagradable sensación que había sentido cuando había tomado su sangre a la fuerza...aunque Arthur no había puesto mucha resistencia que digamos. Culpa de su 'belleza inhumana'. Alfred sonrió con satisfacción, y luego se inclinó sobre Arthur para oler su esencia, como si fuera un perfume...

Mala idea...la sed lo golpeó de nuevo. Alfred se resistió con todas sus fuerzas pero el recuerdo del delicioso sabor de la sangre de Arthur lo apremió y trato de dominarlo para obligarlo a beber su sangre de nuevo, esta vez sin interrupciones...

"¡NO!" –bramó resistiéndose.

"¿Alfred-san?" –dijo una voz de entre los árboles. Una sensación de alivio lo invadió cuando vio a su grupo que había vuelto. Todos los miraban con sorpresa y luego miraban al chico que tenía en brazos, inconsciente.

"Alfred...tu...no..." –Elizabeta parecía más que sorprendida.

"Alfred..." –Matthew y Francis eran los más cercanos, Matthew lo miraba en silencio, sabía que estaría haciendo, mejor así no tendría que dar explicaciones. Francis lo escrutaba con la mirada. Kiku que había sido el que lo había llamado miraba a Arthur contrariado.

Alfred ignoró esas y las demás miradas y se acercó con impaciencia a Francis, dejó en sus brazos a Arthur que seguía inconsciente, se dio la vuelta sintiendo como si dejara una parte de él mismo atrás y corrió hacia los bosques.

"¡¿Alfred a dónde vas?" –gritó Den.

"no puedo estar cerca...iré de caza" –dijo Alfred sin subir el tono de voz, todos le escucharon igual. Alfred se metió en el bosque en busca de presas para saciar la sed que crecía dentro de él.

Todos clavaron de inmediato las confusas miradas en el chico, humano, que estaba en los brazos de Francis. Él era la clave de todo, del ataque hace no mucho y de la escena que habían visto, por no olvidar el extraño comportamiento de Alfred. Francis lo miró con severidad y luego esbozó una de sus típicas sonrisas, miró a Matthew.

"¿Sabes qué pasó?" –pensó.

"Si, sé que ha pasado...lo vi en la mente de Alfred..." –dijo Matthew en un hilo de voz.

"¿qué pasó?" –inquirió Elizabeta molesta.

"bueno..." –iba a decir Matthew pero Francis lo interrumpió.

"no creo que sea ni el momento ni el lugar...mejor volvamos a casa" –dijo con tono autoritario. Si Alfred no estaba él tomaba las decisiones, y en esos momentos Alfred estaba quién sabe donde.

"Pero...y ¿el?" –preguntó Kiku confuso.

"Lo llevaremos también...corre peligro aun" –dijo una chica de cabello negro que no quitaba sus ojos ambarinos de Arthur.

"Si...será lo mejor" –concordó Francis.

Y como si fueran sombras, se desplazaron por el bosque en dirección de su hogar, exhaustos por la pelea que habían dado, y todavía confusos, tenían tantas dudas y la clave de todas era el humano que Francis cargaba en brazos...

Arthur estuvo dormido por unas buenas horas, cuando por fin empezó a despertar. Sus sueños se habían limitado a borrones y cosas sin sentido. Había visto el pueblo en llamas, gente corriendo, a él mis corriendo entre el follaje del bosque, luego en un lugar que parecía n paraíso nocturno con alguien más...alguien que no logró identificar. Se sentía muy cansado, débil y aturdido. Sentía que el abrir los ojos de por sí era una gran tarea, estuvo echado ahí con los ojos cerrados, con el tiempo su oído se fue agudizando captando los sonidos de su alrededor. Escuchó el susurro de las ramas meciéndose con el viento, una brisa suave que recorría la habitación, el aleteo suave de algunos pájaros y su canto, los sonidos naturales del bosque tan cerca... ¿Estaba echado en medio del bosque o qué?

Arthur palpó con ligereza el lugar donde estaba recostado, un suave y mullido colchón, y una capa de sábanas y mantas lo cubría con delicadeza. Estaba en una cama, bastante cómoda, pero ¿Estaba la ventana abierta de par en par entonces? Una brisa suave que acarició su rostro lo comprobó. Arthur sintió entonces un aroma a hojas secas, madera, flores, rosas... Entonces decidió que era hora de abrir sus ojos de una vez. Con pesadez los abrió y miró el techo de un blanco como la nieve, movió su cuello ligeramente, sintió una ligera punzada de dolor y vio que estaba echado en una cama con dosel, cuatro postes y cortinas de seda. No reconoció la elegante habitación con muebles finos y antiguos, la ventana a su derecha estaba abierta y la brisa otoñal entraba moviendo las cortinas blancas. Casi todo era blanco...

La excesiva blancura lo encegueció y mientras cerraba los ojos, se preguntó algo que debió peguntarse desde que despertó:

¿Dónde diablos estaba?

Estaba por echar otro vistazo a la pulcra y blanca habitación cuando la puerta se abrió escuchó unos ligeros pasos y cuando entreabrió los ojos vio una figura a su lado. La muchacha de cabello negro, piel blanca como la tiza y ojos ámbar lo miraba con curiosidad y entusiasmo, era linda. ¿Quién era?

"Finalmente...has despertado..." –dijo con voz cantarina.

"Eh..." –se limitó a decir Arthur.

"¿Por qué te fuiste así nada más? –preguntó un chico jovial, de piel clara, rubio y de ojos violáceos que entró con gracia, su mirada se detuvo en Arthur y sonrió más ampliamente- ¡Ha despertado!"

"¿Cómo te sientes?" –preguntó la chica.

"Les avisaré a los demás –dijo el chico- llévalo abajo" –y salió con la misma gracia.

"¿Cómo te sientes?" –volvió a preguntar la chica con paciencia.

"...cansado..." –solo dijo Arthur, era la verdad.

"Es normal estuviste bajo mucha presión, corriste bastante y...está también eso" –dijo con tono algo incómodo. ¿Presión? ¿Correr? ¿ESO? En el nombre de lo más sagrado ¿qué estaba pasando?

"disculpa –Arthur trató de ser lo más caballeroso posible- pero...no sé de qué me hablas...y no se que hago aquí tampoco...y tampoco sé quien eres"

"En orden –dijo ella con calma- me refiero a lo que paso ayer, en Castle Combe, el ataque. Estás aquí porque te trajimos; corrías peligro si te devolvíamos al pueblo, y yo soy Antonieta" –dijo ella con fluidez y calma. Arthur parpadeó confuso por el torrente de información que le había dado la chica. Entonces se hizo clic en su cabeza y recordó todo.

El ataque al pueblo, había corrido por su madre, había descubierto que estaban tras él, lo habían perseguido, había logrado huir al bosque por arte de magia, había corrido por los árboles escapando, se había encontrado con... Recodar el encuentro con el vampiro hizo que una ráfaga de sensaciones extrañas lo dominaran y un rubor apareciera en sus mejillas.

"Algo de color –dijo al chica- eso es buena señal...significa que no perdiste tanta sangre, eso es bueno" –dijo como si nada.

"Perdona pero..." –Arthur estaba tan contrariado que no sabía que preguntar...

"Puedes preguntar lo que quieras abajo, debes de estar hambriento" –dijo la chica. Arthur iba a negarlo, pero sintió un hambre voraz.

"Si...gracias..." –Arthur se levantó de la cómoda cama con algo de dificultad, la chica lo ayudó en todo momento, le ayudó a ponerse una bata y lo guió fuera de aquella excesivamente blanca habitación.

Lo guió por unos pasillos donde había cuadros elegantes y antiguos, muebles igualmente finos, el piso de madera crujía ligeramente con lo pasos de Arthur, pero no con los de ella, que mantenía su expresión con una ligera sonrisa.

Arthur no entendía donde estaba, cómo había llegado a ese lugar, quién era ella, que decía llamarse Antonieta, qué había sido del pueblo, de su hermano, de su madre, de la gente del pueblo... ¡Tantas preguntas! Pero de cierta forma agradeció su suerte, quienes sean que eran, lo habían acogido en su elegante casa, debían ser muy ricos pensó Arthur. Seguramente estaban en una mansión de algún pueblo cercano, podría pedirles que lo lleven de vuelta a Castle Combe para esa tarde y volvería con su familia. Bajaron por unas escaleras elegantes y llegaron luego a un comedor, donde todo esperaban a Arthur.

La primera impresión que tuvo fue de estupor, todos ahí, hombres y mujeres, gozaban de una belleza sobrecogedora. Todos de piel pálida como la de Antonieta. ¿Qué clase de familia perfecta era aquella? ¿No estaba imaginándose cosas? Se restregó los ojos con torpeza y los miró de nuevo. Todos seguían tan bellos como antes. Y todos seguían mirándolo fijamente. El chico que había dio antes, entró con una enorme bandeja de comida que dejó en un lugar en la mesa, le sonrió y se acercó.

"Mucho gusto mi nombre es Tino" –le saludó estrechándole la mano, Arthur lo encontró muy amable y cordial.

"M-mucho gusto...soy Arthur" –masculló.

"siéntate y come Arthur" –dijo mientras lo guiaba a su lugar en la mesa. Lo sentó frente a un hombre de cabello rubio, rizado hasta los hombros, ojos seductores azules y algo de barba en el mentón. Lo miraba con una sonrisa de complacencia. Arthur se ruborizó ligeramente y bajó la mirada.

"Ou...Arthur es algo tímido...que tierno" –dijo el otro con tono burlón. Arthur reaccionó.

"¡qué dices! ¡No me molestes!" –replicó con energía dejando de lado del rubor.

"Francis...no lo molestes" –dijo Antonieta.

"Mis disculpas mi preciosa Antoinette" –dijo con acento francés. Un chico sentado a la derecha de Francis suspiró. Era de cabello rubio igualmente, lacio y ondulado, sus ojos eran violetas, usaba gafas, tenía un rizo peculiar y parecía triste. Era como esas personas que siempre se las pasan lamentando de todo. Abrazaba un oso polar de peluche. Arthur se preguntó a sí mismo que le pasaría para suspirar de esa forma. El chico alzó la mirada hacia Arthur.

"N-no me pasa nada" –dijo apresuradamente. Arthur pestañeó sorprendido...acaso podía...-"Si...puedo leer los pensamientos" –dijo con voz suave y apaciguadora.

¡OK! Es ya era suficiente, tenía que preguntar y obtener respuestas, todo estaba empezando a desencajar y no tener ni pies ni cabeza ¡Oh god what was going on! La tonelada de preguntas se asomó por su cabeza, el chico de ojos violetas lo miraba concertándose.

"E-eh...te responderemos, pero primero tranquilízate un poco" –reclamó algo mareado.

"qué te parece si comes algo, debes de estar famélico" –dijo Francis con una sonrisa. Arthur lo fulminó con la mirada, ese tipo con sus sonrisas y su tono francés cada vez le caía menos. El 'lector de mentes' rió ligeramente. Arthur sin embargo comenzó a comer, sintiendo la mirada de todos sobre él, lo cual lo ponía nervioso.

"Dejen de mirarlo como si fuera una exhibición" –dijo 'el lector de mentes' con un hilo de voz ¿siempre hablaba con ese tono tan bajito? Sin embargo el resto le escuchó sin problemas y dejó de mirar a Arthur, que pudo comer con calma. De vez en cuando mirando a los que estaban ahí también.

Había una mujer de aspecto duro pero al mismo tiempo dulce, mirando por la ventana. Cabello castaño y ojos verdes. También estaba un muchacho de cabello rubio casi platinado y ojos apagados azules, tenía una mirada inexpresiva con los brazos cruzados. A su lado estaba un hombre alto, de cabello rubio y despeinado, de profundos ojos azules, que sonreía al chico de mirada inexpresiva. Arthur se dio cuenta de que entre ambos había un niño, de unos 14 o 15 años quizás, de cabello platinado y ojos violáceos, tenía una mirada seria y parecía incómodo por algo. Al otro lado de la sala estaban dos personas, uno alto y musculoso, de mirada somnolienta, ojos verdes y cabello marrón oscuro, tenía un pequeño gato en el hombro que dormía tranquilamente, a su lado, más bajo estaba un muchacho de cabello negro, ojos marrones y rasgos asiáticos, acariciaba un gato en sus brazos. Miró al inusual grupo de personas y no pudo encontrar parecido alguno (salvo la piel pálida), no podían ser familia.

Acabo de comer y Tino se acercó para llevarse la bandeja, lo siguió con la mirada y se percató del hombre que había estado detrás de él junto con Tino, era alto, rubio levemente castaño y ojos azules, tenía una mirada fría que casi daba miedo. Tino sonrió al hombre y salió de la sala para volver dentro de unos instantes.

"Bien... ¿Puedo preguntar ya?" –dijo Arthur mirando a Antonieta, era la única del grupo que no lo intimidaba tanto.

"Si...dispara" –dijo con una sonrisa.

"Bien...primero... ¿quiénes son ustedes?" –dijo mirando a todos.

"claro, será mejor que nos presentemos"

"yo soy Francis" –dijo el que lo molestaba tanto.

"Matthew" –dijo el chico que podía leer mentes.

"Elizabeta...solo Eli" –dijo con una sonrisa la mujer al lado de la ventana.

"Den –dijo el rubio despeinado con una sonrisa- y ellos son Nor y Ice" –dijo señalando a los dos de cabello platinado.

"Podemos presentarnos sin tu ayuda, idiota" –dijo con voz monocorde el que correspondía al nombre de Nor, Ice solo asintió levemente.

"Muchos gusto –dijo el de rasgos asiáticos con suma cortesía- mi nombre es Kiku" –dijo haciendo una reverencia.

"Heracles...mucho...gusto" –dijo el otro con lentitud.

"Soy Berwald" –dijo el alto de mirada fría. Arthur procuró recordar todos los nombres, y preparó la siguiente pregunta qué era una de las que más le preocupaba.

"¿Qué paso con el pueblo? –no pudo resistirse y comenzó a disparar preguntas- ¿atraparon al grupo de vampiros? ¿Hubo heridos? ¿Saben algo de mi familia? ¿Dónde estamos?"

"el pueblo está bien –dijo Eli- no hubo muchos heridos porque logramos hacer retroceder al grupo antes de que comenzaran a matar gente. El pueblo ya está tranquilo y la Armada ha redoblado la seguridad" –dijo con tono tranquilizador.

"En cuento al grupo de vampiros –dijo Den- están sueltos, logramos atrapar a algunos y...entregarlos a la Armada, pero la mayoría escapó" –dijo con molestia.

"Lo cual nos lleva a tu última pregunta –dijo Francis- no podemos decirte dónde te encuentras, puesto que corres peligro... no se si lo sabrás pero ellos están tras de ti"

"Lo sé –dijo Arthur con nerviosismo- los oí decirlo...por eso traté de escapar cuando vi que iban a por mi madre... ¡no han respondido acerca de mi familia! –antes de que pudieran responderle Arthur se dio cuenta de algo y preguntó antes- Esperen...ustedes... ¿son de la Armada? ¿Los envió mi padre a rescatarme y mantener a salvo o algo así?" –peguntó mirándolos con los ojos entrecerrados.

"¿tu padre? –jadeó Antonieta- con tu padre te refieres al Teniente Kirkland..."

"si él es mi padre" –dijo con sorpresa ¿no lo sabían ya?

"Eso explica porqué hubiera reaccionado de esa forma si te hubieran matado" –dijo Antonieta mirando a Tino.

"encaja perfectamente" –dijo Berwald con voz tosca y gruesa.

"¿D-de qué hablan? –replicó Arthur molesto, en vez de aclararle dudas, las multiplicaban- ¿Qué encaja? Y... dijeron que ustedes evitaron que hubieran muertes en el pueblo pero...no son de la Armada... ¿Quiénes son?" –todos se tensaron cuando preguntó eso, cada uno miró a su alrededor con nerviosismo. Arthur los desafió con la mirada, comenzaba a desconfiar de ellos.

"Me he equivocado –dijo Francis- eres mucho más observador de lo que esperaba en un humano -¿humano?- no se te ha escapado ni un detalle de lo que hemos dicho...bueno en ese caso –dijo parándose- no nos queda de otra que decirte la pura verdad...aunque no estoy seguro que te guste" –dijo con una sonrisa algo triste. Matthew suspiró y bajó la cabeza, Antonieta se mordió el labio, Eli volvió a mirar por la ventana, Den borró su sonrisa, ni Nor ni Ice se inmutaron, Heracles despertó atento y Kiku se acercó ligeramente más a él. Tino sonrió con tristeza y Berwald frunció el ceño ¿qué iba a revelarle que ponía así a todos? Nada bueno podía ser...

"Arthur... –titubeó Antonieta- nosotros no...bueno...no somos...no somos como tú"

"Arthur...nosotros no somos humanos...somos vampiros" –dijo Matthew con una leve sonrisa.

Arthur abrió sus ojos desmesuradamente y se quedo tieso. Un frió recorrió su espalda y estuvo listo para salir huyendo de ahí ¡Estaba rodeado de vampiros! ¡Era como una sentencia de muerte inminente! Aunque su cabeza le decía que debía salir corriendo de ahí, no se movió. Estaba petrificado del miedo. Matthew lo miró con una esperanza.

"Antes de que digas o hagas algo... –dijo con tono suplicante- déjanos explicarte todo" –Arthur estuvo en silencio unos instantes y algo, algo muy profundo en su cerebro, le dijo que asintiera y así lo hizo. Con un movimiento mecánico asintió y Matthew lo miró aliviado.

A continuación Francis comenzó a relatarle como habían previsto el ataque a Castle Combe gracias al don de ver el futuro de Tino, le contaron como habían intentado de prevenirlo, pero como sus planes habían fallado por un repentino cambio de decisión, el ataque al pueblo al lado del río, y luego como también habían planeado evitar el ataque secuestrando a Arthur...

"Pero como pasó en la mañana algo cambió a último instante –dijo Tino- el futuro es subjetivo cambia de acuerdo a las decisiones que uno toma. En el caso de ayer, alguien tomo la súbita decisión de atacar antes y eso arruino el plan"

"Matthew, Den, Antonieta y yo –dijo Eli- íbamos a secuestrarte una vez hayas dejado al niño, no queríamos implicar a nadie más y tampoco dejar testigos, así que esperamos a que lo dejaras en su casa, pero atacaron antes y cuando las calles se convirtieron en caos te perdimos"

"Nos costó bastante encontrarte puesto que la gente corría por todas partes, no pudimos seguir tu rastro entre tantas personas, ni oírte por el ruido, para apresurar las cosas nos separamos –explicó Antonieta- Eli fue la que logró encontrarte primero, estabas corriendo, solo, por una calle vacía, y un vampiro de ellos estaba por cogerte y ella interfirió –Arthur recordó haber escuchado un gruñido y luego ver dos sombras enfrentándose, seguramente una de ellas era Eli- después los demás estábamos dispersos, Den y Matthew lograron encontrarte no muy lejos, corrías por otras calles igualmente vacías, así corrías más peligro, pero no podíamos ignorar el incendio que había en el centro, lo habían provocado para distraer a los guardias"

"Así que ellos fueron a ayudar, y yo me quede contigo, siempre vigilándote a distancia tenía que esperar a que llegara el resto, no podía contra tantos" –dijo en tono de disculpa.

"Cuando el resto se percató de el fallo en el plan nos dirigimos al pueblo par ayudar al resto –dijo Francis- todos menos Alfred...a él lo habían reconocido, no podíamos correr el riesgo y lo dejamos en el claro, ahí atraeríamos al enemigo de ser posible" –Arthur sintió un estremecimiento al recordar lo ocurrido en el claro, las mejillas se le pusieron coloradas.

"Matthew continuó siguiéndote hasta que te acercaste a esa calle –continuó Francis mirando confundido el rubor en las mejillas de Arthur- en aquella calle habían puesto una permanente guardia, pero el grupo de vampiros se deshizo de ella en unos instantes y entró en una casa; precisamente la casa del teniente Kirkland, según nuestras investigaciones"

"Mi casa –aclaró Arthur, entonces algo se sacudió dentro de él- Y...mi madre... ¿Le hicieron algo?" –preguntó con miedo.

"Llegaste a tiempo –dijo Den- Hanz no logró hacerle nada a tu madre, al parecer no era su intención"

"Suponemos que estaba en la mansión porque sabía que usted irías directo ahí" –dijo Berwald.

"y acertó...fui ahí directamente" –dijo Arthur con voz apagada.

"Exactamente, estuve apunto de detenerte, pero –dijo Matthew- uno de ellos me interceptó antes y no pude hacerlo" –Arthur recordó aquella pelea silenciosa que había escuchado no muy lejos cuando ya se acercaba ¿Era Matthew tratando de seguirle el paso?

"Bueno...ya sabes que pasó ahí, fueron tras de ti en cuanto te vieron...y estuvieron a un pelo de atraparte pero logramos llegar a tiempo –dijo Francis- teníamos ventaja por ser más que ellos, pero Hanz estaba por atraparte y decidí hacerte desparecer" –dijo con simpleza. Arthur parpadeó confundido.

"Francis tiene un don bastante peculiar –explicó Matthew- puede 'teletransportarse' y a cualquiera a su gusto, él te transportó fuera de ahí" –Arthur recordó la melena ondeante y la risa burlona, en efecto encajaban con Francis.

"Pero ese Hanz se lanzó encima mío y me hizo desviar tu destino, la idea era dejarte en el claro, para que Alfred se hiciera cargo pero creo que te deje en medio del bosque" –dijo apenado.

"Si...aparecí repentinamente entre el bosque...y había alguien ahí...y me adentré tratando de escapar y encontré el lugar y..." –su voz se perdió la recordar lo ocurrido en el claro, de nuevo se ruborizó.

"Es en realidad una gran sorpresa que hayas dado con el lugar... ¡podrías haberte perdido!" –dijo Den con una sonrisa. Arthur se tensó preocupado de que le preguntaran lo que había sucedido en el claro, no quería hablar de eso. Matthew se enteró y desvió el tema.

"Y-y así, peleamos contra el grupo y logramos hacerlos retroceder hacia el bosque. Capturamos algunos inclusive e hicimos que la Armada los encontrase"

"Luego fuimos al claro y... –Antonieta dudo- te trajimos aquí..."

Arthur se quedó en silencio procesando la recién dada información. Todo encajaba perfectamente. Entonces después de meditarlo bien preguntó:

"¿Por qué lo hacen?... son vampiros ¿Por qué interfirieron?" –Den rió.

"No somos como el resto...somos pacíficos" –dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Arthur alzó una poblada ceja.

"Lo que el idiota quiere decir –dijo Nor- es que no atacamos a los humanos por gusto o por necesidad, podemos saciarnos con sangre de animales y estar tranquilos, sin meternos con los humanos"

"¿E-es es posible?" –preguntó Arthur sin darse cuenta. No podía creerlo.

"Si, no es lo mismo que con la sangre humana...pero nosotros nos hemos rehusado a vivir como...salvajes atacando a humanos sin razón alguna...así que hemos logrado abstenernos de la sangre humana y vivir decentemente" –dijo Francis.

"La verdad es que la sangre humana ya no nos atrae incluso...podemos vivir con humanos sin problemas –dijo Tino- son años de práctica" –puntualizó.

"Pero –titubeó Arthur sin saber si decirlo o no- uno de ustedes me...me mordió" –dijo tocando su cuello.

"Si...respecto a eso...bueno...has de saber que a veces, solo a veces –dijo Eli- el aroma de un humano puede atraer incontrolablemente a un vampiro"

"suponemos que pasó eso con ustedes" –dijo Nor.

"Tu aroma lo...conmocionó tanto que lo incitó a morderte...pero logró detenerse a tiempo antes de...desangrarte –dijo Matthew- y logró detener el proceso de conversión"

"¿Conversión?" –pensó sin entender.

"Bueno, los vampiros podemos convertir a humanos en vampiros –dijo Matthew- pero suele ser muy raro puesto que cuando uno prueba la sangre...se deja llevar y acaba matando al humano –dijo algo incómodo- Alfred logró detenerse y detener el proceso"

"¿Y cómo puede un vampiro detener el proceso?" –preguntó curioso.

"bueno solo hay una forma y es darle al humano la propia sangre del vampiro que lo ha mordido, solo su sangre detendrá los efectos de su veneno" –explicó Kiku.

Arthur buscó en su memoria el que haya hecho eso, que le haya dado de beber su sangre, pero seguramente fue cuando se había quedado inconsciente unos momentos. Recordó algo cálido y dulce recorrer su garganta ¿Era eso? Entonces recordó que al abrir sus ojos, Alfred estaba besándolo... acaso...

"¡¿Ese maldito desgraciado me dio su sangre a-así?" –Arthur se sonrojó a más no poder de solo recordarlo y maldijo por dentro a Alfred.

"Bueno...no hemos podido hablar con Alfred para que él nos explique precisamente qué paso" –dijo Eli mirando por la ventana,

"Después de que te dejó con nosotros fue a cazar...para saciar su sed...tal vez el impacto de tu aroma hizo que su sed disparara a los cielos" –dijo Antonieta.

"De todas formas...eso hablaremos más tarde cuando vuelva –dijo Francis- ¿Tienes algo más que preguntar?"

"Si... ¿Puedo volver a mi casa?" –preguntó algo incómodo, no es que no le gustara estar ahí, solo que no quería hacer preocupar a su madre demasiado.

"Mira Arthur –dijo Francis inclinándose ligeramente hacia él- no sabemos qué quieren ellos de ti, qué quiere Hanz de ti, pero es claro que si te dejamos en Castle Combe de nuevo volverán a atacarte. Así que lo mejor es que no vayas y te quedes aquí"

"Aquí estás más seguro que en cualquier lugar" –aseguró Den.

"no se atreverían a venir aquí sin un plan, los superamos en número" –aclaró Kiku.

"Y yo acabaré viendo su ataque" –dijo Tino.

"Estás más seguro aquí rodeado de tantos vampiros que de guardias de la Armada" –dijo Berwald.

"No se trata de mi –replicó Arthur- ¡Sino de mi familia! ¡Corren peligro!"

"como dijimos...no irán tras de ellos, tu padre ha puesto una enorme guardia en su mansión, estoy seguro de que no los atacaran a menos que estén seguros de que eso te llevará a ellos de nuevo...y eso no pasará –dijo inclinándose hasta casi rozar su nariz con la de Arthur- porque no pensamos dejarte ir así nada más"

"En falta de una mejor palabra –dijo Ice hablando por primera vez- estás 'capturado' aquí" –dijo con tranquilidad. Arthur pestañeó sorprendido y miró con rabia a todos ahí presentes.

"Creí que no estaban interesados en humanos –dijo con una sonrisa cínica- y ahora me dicen que me están capturando... ¡Vaya vampiros pacíficos que son!" –Arthur realmente tenía miedo, pero no lo demostraría.

"No pienses mal –dijo Heracles también interfiriendo por primera vez- no es que te estemos reteniendo por gusto o algo así, es por tu seguridad y la del pueblo, a demás que no queremos que la Armada esté en alerta de nuevo" –dijo con tono serio.

"Es cierto Arthur –dijo Eli- si dejamos que te maten, la Armada reaccionará de tal forma que irá tras cada vampiro que haya cerca"

"Lo he visto" –dijo Tino.

"nosotros somos pacíficos –dijo Berwald- solo queremos convivir tranquilos con los humanos y no queremos que la Armada vuelva a estar tras nuestra pista"

"¿No te has percatado tal vez que desde hace ya muchos años que no ha habido ataques masivos aquí?" –preguntó Eli. Arthur pestañeó sin poder creérselo.

"Si, nosotros hemos estado alejando a los grupos de vampiros desde hace 20 años. Todo para mantener la Armada calmada. Y no vamos a dejar que ahora por un grupo de vampiros inestables lo arruine" –dijo Matthew.

"Vamos a deshacernos de ellos, y tu volverás a tu pueblo sano y salvo –dijo Francis- mientras...te quedarás aquí para no poner en peligro a otros humanos"

Arthur se sintió mal, era como si el fuera algo que causaría muerte y destrucción donde quiera que vaya. Matthew se acercó para tomar la mano de Arthur.

"No es eso...no es tu culpa...es la de ese tal Hanz que está tras de ti...cuando lo atrapemos podrás volver tranquilo" –dijo con una sonrisa, Arthur sonrió de vuelta y cuando iba a decir algo, Ice habló de nuevo.

"Ya viene –dijo con seriedad- está a unos dos kilómetros"

"Ya entró en el territorio" –dijo Eli nerviosa.

"Ok...lo esperaremos entonces" –dijo Matthew con tono serio. Arthur miró a todos sin saber de quién hablaban. Entonces pensó en Hanz ¡estaba atacando! Se paró temeroso sin saber qué hacer ¿Esconderse? ¿Pelear? ¿Hacer de señuelo? Si podía ayudarles para acabar más rápido con tod eso, lo haría. Pero aun si tenía miedo. Matthew lo miró confuso.

"¡n-no! No es Hanz –aclaró, Arthur respiró tranquilo y volvió a sentarse- es Alfred, finalmente ha venido" –esa respuesta no era del todo buena que digamos. Pensar en aquel atractivo vampiro que le había mordido la causaba un torbellino de sensaciones confusas...y ahora venía para acá. No se sentía mentalmente preparado para verlo ¿Cómo tratar con el vampiro que te mordió y de paso te hizo 'disfrutar' de aquello? No tuvo tiempo de pedir que lo llevaran a otro lado, porque escuchó el sonido de la puerta abrirse y luego unos pasos apresurados caminar directo hacia el comedor. Arthur parpadeó y ya había dos vampiros a cada lado de él. Den y Heracles estaban a su derecha y Eli y Berwald estaban del otro lado. Francis se había situado detrás de su silla. ¿Por protección?

"¿N-no pensarán que me atacará de nuevo no?" –pensó nervioso. Vio a Matthew asentir en silencio. Se le retorcieron las tripas.

Alfred entró al comedor entonces, con aire pensativo y nervioso. Caminó con la cabeza gacha hasta que estuvo cerca Miró a todos y se detuvo mirando a Arthur, que lo miraba con el corazón desbocado. Sus ojos se clavaron en Arthur mirándolo como si fuera lo más maravilloso que existía, respiró hondo y su garganta ardió. La sed despertó de nuevo.

"Maldita sea como puedo seguir teniendo sed...bebí hasta saciarme con sangre animal y ahora...no..." –dio un inconsciente paso hacia Arthur y todos se tensaron.

"Alfred..." –lo llamó Matthew con voz dudosa.

Arthur casi no era conciente de lo que ocurría ahí mismo, estaba conmocionado. Alfred estaba igual de atractivo que cuando lo había visto en e claro, pero ahora podía verlo con toda claridad. Era... Tragó saliva con nerviosismo, y sacudió su cabeza ligeramente sacándose esas ideas de la cabeza.

Alfred retrocedió, al sacudir su cabeza Arthur había enviado su aroma de forma brusca a Alfred que ni bien lo percibió, sintió su sed aumentar más, casi lastimándolo. La tentación de probar su sangre de nuevo...

"¡A-Alfred!" –dijo Matthew exasperado.

"Lo...siento... –dijo con voz entrecortada- ...y... ¿Ya decidieron...qué hacer?" –preguntó mirando a Francis.

"Si, hemos decidido enfrentarnos al grupo de Hanz" –dijo Francis.

"Genial..." –dijo Alfred con un tono que suponía ser entusiasta, pero sonó como s estuviera siendo ahogado.

"Y respecto a Arthur –Antonieta dudó cuando Alfred tensó sus músculos; pero prosiguió- hemos decidido que...lo mejor para él es que se quede aquí...en la mansión" –Alfred la miró como si acabara de sentenciar su muerte o la de Arthur. Y de cierta forma eso había hecho.

El que Arthur se quedara todo el tiempo ahí, era un boleto gratis hacia la muerte de uno de los dos. Significaba que tendría que sentir ese aroma y esa sed a cada momento, torturándolo constantemente, una agonía... Alfred se había prometido así mismo a no volver a beber la sangre de Arthur mientras cazaba, bajo ninguna circunstancia. Pensaba que lo devolverían a Castle Combe o a otro pueblo, y que el tendría que olvidarlo y resistir la sed que había despertado en él. Ahora que él conocía el aroma y el sabor delicioso de su sangre, Arthur corría peligro más que ningún otro humano. Corría peligro de morir por las manos de Alfred...

Pero ahora era muchísimo peor ¡Iba a tenerlo cerca todos los días! Cada hora, cada minuto, cada segundo ese delicioso aroma estaría ahí, incitándolo... De esa forma quedaban dos caminos: el primero que Alfred, de tanto resistirse, acabaría sufriendo y enloqueciendo... y el otro camino...Arthur acabaría muerto...

"¡N-no! –intervino Matthew escandalizado- te ayudaremos a superarlo"

"Por favor Alfred –suplicó Antonieta- es por el bien de los habitantes de esta zona y por le bien de Arthur, estará mejor protegido aquí que en cualquier otro sitio"

"Se puede vivir con ello mon ami" –susurró Francis mirando fijamente a Alfred. Arthur no logró escuchar aquello, Francis había usado un débil hilo de voz. Arthur estaba consternado, hasta donde entendía Alfred estaba totalmente disgustado con la idea de que él se quedara ahí. Eso le dolió muy en el fondo e hizo que agachara la cabeza tratando de ocultar su rostro de Alfred.

"No...no podré con él" –dijo con un leve tono despectivo dirigido a Arthur, este tembló ligeramente y sintió una acuchillada.

"Alfred no..."

"¡NO! ¡NO LO ENTIENDEN! ¡ES HORRIBLE!" –bramó con un tono de cólera y frustración y un gruñido. Arthur tembló de pies a cabeza y la acuchillada fría lo atravesó por completo, sintió como si invisibles lágrimas corrieran por su rostro, pero en esos momentos el mido que experimento al escuchar el tono tan colérico de Alfred era mayor que la tristeza...parecía tan peligroso...le urgió la necesidad de escapar lejos de él...

Matthew lanzó una mirada fugaz a Kiku y este dejó caer al gato, que bufó a Alfred, y se acercó con gracilidad a Arthur, el resto se hizo a un lado pero manteniendo la mirada clavada en Alfred que seguía colérico. Kiku, con una gran delicadeza y al mismo tiempo con gran velocidad, lo arrancó de su asiento para sacarlo rápidamente del lugar. Era demasiado arriesgado tener a Arthur en la misma habitación donde estaba Alfred cargado de rabia.

Arthur lanzó una última mirada a Alfred y antes de que la puerta se cerrara escuchó decir a Francis con una voz fría y cortante que le heló las venas:

"El se queda Alfred, así que o aprendes a resistirlo...o disfruta del martirio"

Kiku lo llevó de nuevo a la blanca habitación, Arthur se desplomó en la cama con aire perdido, Kiku dijo que le traería un té par calmarlo y Arthur asintió quedamente y luego se quedo solo...

Estaba dolido, frustrado, molesto, furibundo y sobretodo...triste... Se acercó a la ventan para ver dónde se encontraba...en medio del profundo e inmenso bosque...iba ser imposible escapar de ahí, se perdería y lo atraparían antes de acercarse a cualquier pueblo vecino... Tal y como Ice había dicho...estaba capturado...

¿Cómo había acabado así?

...

El tiempo transcurría ahí con normalidad y tranquilidad, y por primera vez Arthur hubiera querido que este transcurriera más rápido, pero las manecillas del reloj avanzaban a paso normal sin hacer caso a sus peticiones.

Arthur se la pasaba casi todo el día en aquella blanca habitación, a la cual se acostumbró con el tiempo. Al principio sin deseo alguno de encontrarse con Alfred, no salía de ella y casi todo el día estaba durmiendo y echado en la cama sin hacer nada. La primera noche no pudo evitar derramar algunas lágrimas de melancolía y también de tristeza. Al principio no comía como correspondía y eso alertó a todos, pero Arthur decía que solo necesitaba dormí un poco...aunque ya dormía demasiado... Se sentía desdichado consigo mismo, a pesar de que Matthew le había dicho que no lo hiciera. De vez en cuando alguien lo visitaba, y le hacía compañía. Eli siempre iba con Antonieta, y le hablaban de una que otra cosa. Tino siempre iba acompañado de Berwald, y como era tan parlanchín distraía enormemente a Arthur. Kiku también lo visitaba, y cuando Arthur le dijo que le gustaban los libros le trajo algunos que pensó le gustarían y así fue. Matthew a veces también lo visitaba algunas veces, y casi siempre se disculpaba por la actitud de su hermano... Si, Alfred y Matthew eran hermanos mellizos, increíblemente, aunque físicamente era fácil de identificar el parentesco, incluso algunas veces cuando entró a la habitación Arthur se congelo pensando que era Alfred. Pero aparte de eso, eran muy distintos...hasta donde Arthur había visto...

Después de su segundo día de estadía ahí, adquirió la confianza necesaria para poder salir de su escondite e ir a otros lugares de la casa como la biblioteca, donde encontró una gran cantidad de libros, varios muy antiguos, y donde pasaba bastante tiempo sumido en la lectura. Francis al ver que comenzaba a abrirse más lo invitó al solario, un bello lugar en la parte trasera de la casa donde había una mesa y sillas para tomar té, con una linda vista a los exuberantes rosales que había afuera. El sol entraba de una forma tan agradable por los vidrios que Arthur disfrutaba tomar una taza de té ahí, o leer un libro.

Todos ahí lo trataban bien, salvo por los callados hermanos Nor y Ice (resultaron ser hermanos) que no el hablaban mucho, todos parecían nada incómodos con su estadía. Todos salvo uno...en quién Arthur evitaba pensar de ser posible...

En la primera semana que pasó ahí; logró acostumbrarse a su nueva forma de vida, siempre extrañando a su madre y de cierta forma su casa, que en comparación con esa donde estaba, se quedaba muy pequeña. La mansión era grande, y lujosa. Repleta de lujos por todas partes. Arthur se acostumbró rápidamente a todo eso, al trato excesivamente amable, a los lujos que disfrutaba cada día, a la idea de estar en una casa rodeada en medio de la nada, rodeado de vampiros...amables y pacíficos...

Pero solo había UNA cosa a la que no lograba acostumbrarse y era al trato que recibía de Alfred. Por más que intentara no pensar en él, Alfred se metía de una u otra forma a su cabeza. Recordaba su reacción tan violenta cuando le habían dicho que él se quedaría ahí, ese gruñido aterrador y ese tono cargado de odio y furia...y también pensaba en su primer encuentro...se sonrojaba cuando recordaba la sensación que había sentido al ser mordido por Alfred...la forma en que Alfred había detenido el proceso de conversión... muchas veces ya se había encontrado a sí mismo recordando esa noche en el claro...

Lo vio un par de veces...y cada vez era peor que la otra. Siempre recibía esa mirada cargada de profundo odio y desprecio que hacía que una y otra cuchillada fría lo atravesara, y que su corazón se estrujara de una oleada de sentimientos mezclados...siempre los mismos: frustración, enojo, molestia y tristeza...mucha tristeza... ¿Acaso quería que Alfred sea igual de amable con él como el resto? ¿Era mucho pedir?

Arthur una vez lo vio cuando salía del bosque y volvía a la casa acompañado de Den. Habían ido de caza, ese era el nuevo pasatiempo de Alfred, salir todo el día de caza, procuraba no estar demasiado tiempo en la casa. Esa vez Arthur estaba tomando una taza de té con Francis y Matthew en el solario cuando ellos salieron de entre los árboles. Arthur al principio no se percató de su presencia hasta que Den los saludó, y la mirada de Arthur se encontró con la de Alfred. Por un instante se miraron el uno al otro, ambos con sorpresa, pero enseguida Alfred se dio la vuelta no antes de lanzarle una mirada de desprecio, y volvió al bosque para no volver hasta ya muy tarde. Arthur perdió el apetito ese día y fue a dormirse casi sin tocar su cena, durmió profundamente, aunque sumido en sueños que siempre acababa olvidando al día siguiente. Y siempre despertaba con un ligero escalofrío y son la horrenda sensación de no haber estado solo, pero la ventana estaba igualmente cerrada como él la había dejado antes.

Cuando ya llevaba ahí una semana y dos días, todo dio un giro tremendo.

Ese día la mayoría iría a un pueblo cercano a reabastecer la cocina y de paso a comprarle nueva ropa a Arthur, que había estado usando ropa de Matthew y Kiku. La mayoría los dejó a él, Francis, Matthew y Ice. Ice tenía lo que podría llamarse un don, sentidos increíblemente sensibles. Podía escuchar a gran distancia y su vista era increíblemente aguda y certera. El era el encargado de sentir si alguien, vampiro o humano, entraba a su territorio y alertar a todos...

Él debía quedarse para enterarse si Hanz decidía atacar o no. De todas formas no lo sabrían porque Francis los teletransportaría hasta cercanías de un pueblo, ya determinada hora, los recogería. Así que no había mucho riesgo que correr.

Esa noche Arthur se sintió cansado y fue a su habitación a descansar, estuvo leyendo y estaba apunto de dormirse cuando decidió que mejor antes podría tomar una relajante taza de té. Al parecer eso curaba sus nervios y así podría dormir sin perturbaciones.

Pero cuando se acercaba a la cocina escuchó ruido en otra habitación. Sintió curiosidad y con mucho cuidado de no hacer crujir la madera se acercó hasta estar al lado de la puerta y escuchar todo con claridad, para su sorpresa Alfred estaba ahí.

"¡Ya para Francis! –decía Alfred con molestia- ¡Nada de lo que digas servirá! ¡Él es una maldición que ha caído sobre mi y nada más!" –dijo con desprecio. Arthur sintió como si su corazón se oprimiera dolorosamente y dejara de funcionar. Esas palabras lo perforaron hasta lo más profundo de su ser y lo dejaran vacío...

"no es cierto mon ami, y lo sabes" –desafió Francis.

"Sí, si lo es...desde que lo trajeron aquí...ha sido un martirio para mi" –dijo Alfred desdichado.

"¿Acaso crees que para mí no lo es?" –pensó con rabia Arthur, mientras las lágrimas de rabia y tristeza recorrían su rostro.

"¡Es que no te esfuerzas! –repuso Francis cansinamente- si tan solo intentaras..."

"¿qué? ¿Acercarme a él y hablarle como si nada? Acabaría matándolo –dijo con tono duro- si no estoy todo el día en la casa es porque no quiero hacerle nada...solo espero que se vaya de una vez por todas"

"yo también quiero irme idiota...no es que me guste ser una molestia"

"¿Así? Porque yo pensaba que estabas progresando cuando lo visi..."

"¡No! Claro que no...solo quiero que se vaya y así...así todo volverá a la normalidad...no es más que un estorbo" –dijo con tono cortante.

Arthur soltó un sollozó y se limpió las lágrimas con furia y entró en la habitación cargado de toda clase de sentimientos que lo llevarían a hacer estupideces. Ambos vampiros lo miraron atónitos. Alfred estaba apunto de salir, y Arthur decidió enfrentarlo de una vez por todas.

"¡ESCÚCHAME Y DEJA DE HUIR MALDITO IDIOTA! –gritó con todas sus fuerzas, la garganta le dolió del esfuerzo y Alfred se detuvo al instante dándole la espalda, Francis solo permaneció en silencio- mirando la escena con recelo- antes de que te sigas quejando como un maldito mocoso déjame decirte algo... ¡Estoy más que acostumbrado a este trato! –dijo con a voz temblándole- mi padre siempre me ha visto como la oveja negra y siempre me ha tratado con desprecio y rencor, mis hermanos también. Así que el que me consideres un estorbo o una maldición es...normal... –la voz se le quebró, estaba mintiendo- si tanto te molesta mi presencia...lo mejor... –la voz se le iba a quebrar en cualquier momento -¡Lo mejor es que me largue de aquí y así no volverás a verme y seguirás con tu jodida vida!" –gritó y se dio la vuelta para salir de la habitación con las lágrimas desbordando. Maldijo una vez más con todo s ser a ese maldito vampiro y salió disparado de la mansión por la puerta principal y sin escuchar a nada más se adentró en el bosque, con ninguna intención de volver.

Matthew y Ice que estaban en el segundo piso, vieron como salía disparado Arthur.

"¡A-Arthur!" –gritó Matthew asustado.

"Yo le seguiré, tu ve a averigua que ha sucedido" –dijo con seriedad Ice antes de saltar por la ventana para seguir a Arthur.

"¿q-que ha pasado?...y cómo no me di cuenta" –dijo mientras corría hacia donde escuchaba un torrente de pensamientos confusos y enredados. Y otro más calmado y apacible.

Arthur corría sin fijarse a donde iba, poco a poco se adentró en aquel tenebroso bosque, con sus ramas secas que resquebrajaban con el frío viento. Arthur no hizo caso al frío que sintió, ni al cansancio de sus piernas, ni a su propia razón que le decía que estaba haciendo una estupidez al meterse así e el bosque en plena noche.

Continuó corriendo hasta que se tropezó con algo y cayó de bruces al piso, golpeándose la cabeza con una raíz. La cabeza le dolió a horrores y todo le dio vueltas, se acurrucó en el frío piso tratando de dormir y dejar todo atrás...olvidar todo...las lágrimas se habían detenido, y solo su cabeza le dolía...deseaba dejar de sentir, dejar de pensar, dejar de recordar las dolorosas palabras de Alfred, cargadas de tanto odio y desprecio... ¿Cómo un idiota como ese podía causarle tanto dolor? ¿En qué momento había logrado entrar de esa forma en su mente, ocuparla? Se sentía débil y tonto...Se molestó consigo mismo y deseó...

"Quisiera que todo esto se acabe...desaparecer..." –dijo en un susurro.

"Puedo ayudarte si quieres" –dijo una voz áspera y maliciosa.

Arthur alzó la cabeza y se percató de que estaba rodeado de oscuras siluetas, y una más cerca que las otras lo miraban con malicia y una sonrisa desquiciada. Era un hombre joven, de piel pálida como la tiza y ojos grises...vacíos, sin vida... Recordó haber visto esos ojos antes...

"Hanz..." –murmuró. Y entonces la horrible realidad se le hizo presente...iba a morir esta vez definitivamente...

En un pueblo el resto estaba comprando comida en un mercadillo, Tino estaba junto a Berwald comprando algunas frutas, entonces Tino extendió la mano para recibir el cambio de dinero, y cuando iba a recibirlo, tembló y se echó para atrás dejando caer las monedas al piso. Berwald lo sujetó antes de que pudiera desplomarse. Tino tenía los ojos abiertos desmesuradamente y la boca entreabierta de sorpresa.

"¡Tino!" –Berwald lo llamó con urgencia.

"No...no..." –masculló este.

"¿qué sucede?"

"El...va a... va a...morir" –dijo con voz ahogada.

"¿Quién?" –preguntó Berwald con más urgencia.

"Arthur...Arthur va morir esta noche" –dijo aterrorizado.

No podría escaparse esta vez...no podrían salvarlo porque casi todos estaban lejos, y el enemigo superaba en número a los que estaban en la casa...prefirió que fuera así. No quería causarles más problemas a ellos, que habían sido tan amables con él y se habían preocupado por su bienestar y el de su pueblo...les debía un gran agradecimiento.

"Y bien...aun quieres desaparecer" –preguntó el otro con voz ansiosa. Arthur lo miró unos instantes, era e vampiro más desagradable que había visto jamás. Le dio asco pensar que moriría en manos de semejante criatura. Se enderezó y con la mirada perdida musitó.

"No me importa...solo causo problemas...será mejor si desaparezco" –estaba decidido a desaparecer para que todo ese martirio acabara, para que ellos pudieran volver a la normalidad, para que Alfred estuviera tranquilo de nuevo, para que el pueblo este fuera de peligro...

"si no hubiera vuelto..." –pensó con tristeza.

De no haber vuelto, NADA de eso estaría sucediendo, no habrían habido ataques, no habrían atacado al pueblo, no habría puesto en peligro a su madre o a su hermano menor, no les habría causad problemas a ellos, no los habría conocido...ni a Alfred...

Ese pensamiento retumbó en su cabeza y logró llega hasta su corazón oprimiéndolo...

"Entonces..." –Hanz se acercó con impaciencia hacia Arthur, y acarició su cuello, relamiéndose los labios. Arthur sintió un estremecimiento y olió un desagradable olor a sangre...Alfred no olía así...Alfred no hacía que se sintiera asqueado...para nada... Apartó la mano de Hanz con brusquedad y trató de escapar, un último intento. Pero alguien lo golpeó con tal fuerza que lo hizo volar hasta chocar contra un tronco, no gritó ni nada por el dolor solo jadeó, sin poder respirar por el violento golpe que se dio en la espalda, el solo inhalar aire provocaba mucho dolor y se quedo tieso a los pies del tronco, mirando como Hanz abofeteaba a una mujer de cabello castaño ensortijado, con excesivo maquillaje y ojos rojos.

"No te metas Claudia" –dijo Hanz con rabia.

"Lo siento..." –musitó la otra.

"Podrías haberlo matado...no te atrevas a tocarlo de nuevo" –dijo con voz cortante y fría.

"esta bien" –dijo ella conteniendo al rabia, lanzó a Arthur una mirada rencorosa y retrocedió. Hanz chasqueó la lengua y caminó hacia Arthur. Este seguía sin querer respirar pero estuvo obligado y dejó salir entre sus dientes un quejido de dolor. Hanz sonrió complacido y se inclinó hacia él, trató de tocarlo pero Arthur se armó de valor.

"N-no...me...toques" –le ordenó con rabia, pero el dolor era insoportable y la rabia se esfumó con una sonido lastimero.

"Te resistes...eso m excita más..." –entonces con un movimiento brusco que hizo a Arthur sufrir más, dejó el cuello de él libre y se inclinó hacia él con desesperación.

Arthur cerró los ojos sabiendo que moriría y aparecieron en su cabeza los rostros de su familia, su madre...su hermano menor...

"Los quiero... –pensó para ellos, luego aparecieron en su mente los rostros del grupo de vampiros que había cuidado de él la última semana-...los quiero...y...gracias... –por último pensó en Alfred y sin saber porque sonrió- ...te quiero..." –pensó y estuvo listo para morir...

Pero...

Un gruñido, cargado de odio y rabia, muy familiar lo obligó a abrir los ojos de golpe y buscar entre las siluetas con desesperación... alcanzó a ver como Hanz era lanzado varios metro lejos y chocaba con un árbol que por el impacto se quebró. Luego vio como Claudia era también lanzada lejos y las otras siluetas retrocedían...

"¡Arthur!" –el rostro de Alfred apareció frente al suyo, no había rastro alguno de aquel odio y desprecio que había visto antes, sino había preocupación, culpa y...cariño...un inmenso cariño hacia él... súbitamente se sintió contento, protegido y todo miedo se esfumó...

...

To be Continued...

...

Notas de Ray:

Ciao! Ya traje la continuación de este pasional y vampirico fic

Si, si, si, ya se...no hubo una 'escena excitante' como en el primer capítulo, para el siguiente, prometo una escena de lo más candente y pasional que pueda escribir sin sufrir un ataque en el intento xD

Bueno ya aparecen más personajes xD aparecerán otros después, paciencia, paciencia. En cuento a los personajes propios; Antonieta será la única que tendrá un papel importante, aparte de los enemigos, y los padres de Arthur, que estarán temporalmente olvidados n_nU

Perdón si es que he hecho sufrir a nuestra parejita, pero es que era necesario ù_ú para darle emoción a la historia...me gusta ponerle siempre algo de sufrimiento y drama, así la pareja se hace más fuerte =3

Bueno, estoy actualizando de mucho tiempo en la madrugada, en secreto ¬¬U Es que mañana...bueno hoy nos vamos de viaje con mi familia, y volveremos en último día de vacaciones, el próximo lunes vuelvo al colegio D= Así que no podré escribir mucho estoy últimos 5 días de vacaciones :'( Por eso mismo me dije a mi misma que debía actualizar algo por lo menos antes de irme, y decidí actualizar esta, para que así lo tres fics que tengo pendientes, estén parejos, cada uno con dos capítulos...lo sé...mi mente funciona de una horma rara xDU

He logrado acabar tal y como quería, y ahora voy a dormí un poco, dentro de unas horas vendrán a despertarme despiadadamente así que me voy rápido!

Espero que les hay gustado! Reviews!

Gracias a todos los que me ha comentado y puesto Fav. Les agradezco de todo corazón, me inspiran a continuar ^^

Prometo actualizar lo más pronto posible!

Me despido!

Ray H.K.

PS: respeto al pedido de SuizaxBelarús, lo tomare en cuenta ;D la verdad no tengo parejas definitivas para esos dos así que no me hago problema.