Segundo cap.

decir solo que como muy bien me apuntasteis Chekov en la primera parte me quedó muy tímido. Soy consciente de que el Chekov de la serie original está mucho más loco (de echo es el que la lia con Scotty) pero realmente en el nuevo universo tiene solo 17 años...no sé...veo normal que en temas de amor sea algo más tímido.

En fin. A ver que os parece este segundo ^^ Muchos besos a todas


Faltaba algo más de media hora para que Pavel terminase su turno y el teniente Sulu aprovechaba la tranquilidad para entrenar a un par de reclutas recién llegados que habían mostrado interés por la disciplina de la espada.
Había pasado sus años de aprendizaje pensando que el viejo maestro de aquel dojo californiano que le había enseñado a defenderse había sido demasiado estricto con él.
Ahora, Hikaru Sulu era casi peor; porque ya había visto batallas, porque sabía que ser condescendiente con aquellos muchachos no les salvaría la vida y no quería llevar a nadie sobre su conciencia.
Corrigió la postura del más joven, casi tan flaco como el alférez haciéndole relajar los hombros.
Ni siquiera habían empuñado una espada de verdad. Pesaban el doble.
Pensó en que les dejaría usar la suya en cuanto sus golpes fuesen limpios para que pudiesen sentir la diferencia.
La madera no era metal. Parecía una afirmación estúpida pero a él le costó años aprenderlo.
La madera era cálida, flexible, orgánica, tosca y contundente.
El metal era frío y olía a muerte y agua
Y silbaba; como si el aire se quejase cuando lo cortaban.

El teniente recordaba a menudo la primera vez que atravesó a alguien con el metal. No era un enemigo y no le mató.
Era un compañero de la escuela con el que quiso jugar. Eran casi niños y los bokens parecían para estúpidos. Se la hundió en el hombro sin ni notarlo.
El cuerpo humano le pareció hecho de mantequilla.
Y al volver los ojos allí estaba él, sentado en uno de los bancos del gimnasio esperando pacientemente a que terminase con una sonrisa.

Desde un encuentro furtivo en el invernadero y una noche de borrachera y besos ambos estaban en una ¿relación?
Ni lo sabía.
Pero que carajo importaba.
Le hizo un gesto para informarle de que terminaban en un momento y le vió asentir.
Se sentía bien por primera vez en años y no deseaba otra cosa que pasar cuanto más tiempo pudiese con el artillero rubio que le sonreía junto a la entrada.

Al despedirse de sus estudiantes trató de no parecer nervioso; pero lo cierto era que lo estaba.
Nada le desestabilizaba más que aquellos ojos claros y su forma de entrecerrarse al meditar cualquier cosa.
- Eres un profesor muy estricto.
-Los romulanos o los klingons serán algo más duros que yo- se secó la cara con una toalla antes de dar un trago de agua- ¿me arreglo y bajamos al área de descanso?
El artificiero asintió pero desde luego el área de descanso no era lo que el mayor tenía en mente desde hacía ya una semana.
Pasaban allí prácticamente todos sus ratos libres; jugando al ajedrez, intercambiando libros de física o simplemente oyendo al joven ruso hablar sobre su patria, el tiempo en la academia o quejándose de sus compañeros de cuarto. Lo pasaba bien, pero siempre había demasiada gente.
Quería la alférez para él, solo para él durante un rato pero temía el momento en que ambos se quedasen de nuevo a solas.

Tenía 17 años y eso seguía clavado en su cerebro. 17 malditos años.
Él era el mayor, el responsable y había cosas que desde luego ni pensaba en hacerle hasta estar seguro de que era lo que Pavel quería.
Por eso buscaba los sitios con gente; los lugares en que no pudiesen pasar de los besos o los juegos con las manos.
Porque era tan niño que le asustaba y no quería estropear todo aquello.

Por eso le lanzó una mirada de extrañez cuando comenzó a caminar a su lado comentando la calibración de la nave que había hecho aquella mañana con Scoty.
Le había dicho que iba a cambiarse y irían a la sala de descanso. ¿Pensaba acompañarle a su habitación?
¿No lo esperaría en la sala de recreo?
Tal vez no había sido lo bastante claro.
Mierda.
Bueno. Una ducha rápida, vestirse y salir de la cuarto tan rápido como pudiese.
Pasó el resto del camino recordándose todo lo que suponía tener 17 años y rezando para que alguno de sus otros dos compañeros no estuviese de servicio.
Hacía sólo dos semanas que habían estado allí a solas regalándose besos y caricias y había tenido que parar por las dudas del menor.
Eran demasiadas aunque no dijese nada. Y desde entonces se sentía morir.

La inocencia de Pavel le hizo sonreír, mientras éste contaba su discursión con Scoty por los cañones del ala derecha. Iba a meterse en la cueva del lobo sin darse ni cuenta, pero no...no podía hacerle nada.
No haría nada.
No pasaría nada.
Abrió la puerta para descubrir que sus compañeros estaban de servicio y dejó caer la bolsa con el material sobre la cama con gesto cansado.
-Pónte cómodo- tanteó los cajones un instante rebuscando ropa limpia- no tardaré...voy a...

La frase terminaba mentando una ducha y algo de una cena pero se cortó cuando los finos brazos del artillero le abrazaron desde atrás.
Al sentir su pecho contra la espalda y la boca cosquilleándole en la nuca.
Hikaru suspiró apoyándose en el armario cuando sus piernas flaquearon, cerrándo los ojos, incapaz de apartar aquellas manos que comenzaban a meterse entre su ropa. ¿Cuanto auto control podía tener un hombre?
Parecía que el menor quería averiguarlo cuando subió su camisa para besarle la espalda con tranquilidad, agarrándole de la cadera para morder y pegarse aún más a él.
Tenía que parar aquello...tenía 17 años...
Giró sobre sus talones para encararle, sin saber exactamente que era lo que quería decir, pero dio igual; el rubio atrapó su boca haciendo que la espalda le golpease contra el armario, con la misma desesperación que en el invernadero, la misma ansia y nervios, murmurando cuando sus labios se separaban en aquel idioma que el piloto no entendía pero que comenzaba a tener sobre él el mismo efecto que algún hechizo.
Basta.
Le tomó de los hombros para girar, para dejarlo a él contra el armario, para arrancar, romper, quitar o ni sabía su camiseta amarilla, morderle el cuello, el pecho y meterse entre sus piernas a empujar a sentir como se revolvía, a gemir su nombre entre suspiros.
Mierda ¿y el autocontrol?
Apretó sus rizos rubios para hacerle ladear cabeza y poder morder la piel con fuerza.
Ni siquiera en la noche de borrachera habían llegado tan lejos.
Su piel blanca.
Sus manos finas.
Sus largas piernas.
Podían volver loco a cualquiera.
Embistió de nuevo contra su cuerpo sin dejar de clavarle los dientes, haciéndo que la puerta del armario se resintiese con el peso de ambos y los jadeos de Pavel se conviertieron durante un instante en gemidos, en temblor, en un agarre a sus hombros como si temiese caer.
Después de un segundo el flaco cuerpo pareció perder la fuerza por completo y el mayor sonrió besando su cuello.
-¿que ha pasado?- claro que lo sabía, pero pensaba vengarse de él por haberle arrinconado de aquel modo.
-Mierda...lo siento- se tapó la cara enrojecida con la mano y tragó saliva- lo siento...io...-
Apoyó la cabeza en el hombro del piloto mas por esconderse que por buscar recuperar el aliento.
-Es normal si no tienes...- ante la incomodidad del mas joven Hikaru se aguantaba la risa-...experiencia. No te preocupes...he querido correr demasiado.- Ahora fue el alferez el que sonrió contra su piel- date una ducha y te presto ropa límpia.
Los ojos azules aun ligeramente vidriados se clavaron en los suyos.
-Pensaba que no ibas a tratarme mas como niño.
Le pareció ligeramente molesto esta vez; con el ceño fruncido y los ojos fijos.
-No queria sonar asi- mierda- es solo que...
-Tengo 17 anios...
-Quiero que estés bien.
Los ojos azules dudaron un segundo.
-Estoy bien- y las manos finas volvieron bajo su camisa para quitarla del todo esta vez y pasar los dedos sobre el pecho- tenía ganas de que dijaras de huir- se encogió de hombros antes de apartarle de un suave empujón.
Sulu siguió su fina figura con los ojos por la habitación y le vió quitar la bolsa de deporte de la cama.
-Pavel...
-Ven- sus piernas parecían mas largas en los pantalones negros del uniforme y su pecho era blanco y salpicado por pecas. Y el mayor fue, y se dejó tumbar en la cama entre besos y caricias; permitiéndole hacer con calma, sintiéndo como forcejeaba con sus zapatos y pantalones hasta que toda la ropa hubo desaparecido.
Nunca nadie había conseguído excitarle del modo en que lo hacía el alférez, nadie.
Relajó la cabeza en la almohada para dejarse acariciar por los largos dedos huesudos que se perdían en su pelo, su mentón, su cuello, su pecho.
La cama se hundió ligeramente cuando el menor subió; para quedarse un instante sobre su cuerpo hincado en manos y rodillas, separándole las piernas mientras le murmuraba en el oído.

-¿Algún día me traducirás que es lo que dices?-sonrisa y negación con la cabeza- vamos...me estoy quedando quieto- los besos se detuvieron un instante y la boca se pegó al lobulo de su oreja de nuevo; al volver a hablar su tono de voz era ligeramente mas grave, detallando de forma lenta como se había excitado al verle corrigiendo a los dos chicos en el entrenamiento.
Bajó la mano hasta el estómago del piloto y la dejó allí sin dejar de describirle en tono bajo como le miraba cuando estaba a los mandos de la nave.
Como le imaginaba con su espada.
Como soñaba con él.
Y Sulu supo que hubiese sido mejor que todo aquello se quedase en ruso, como alguna de las frases que de vez en cuando aparecían como pedazos inconexos entre las descripciones del menor sobre las que ya no se atrevía a preguntar.
Los largos dedos siguieron bajando hasta atraparle, apretando ligeramente para sentir como se endurecía latiendo en su mano mientras aquella voz, aquel acento ruso que ya no era dulce ni gracioso seguía exponiéndole punto por punto todas las veces que había soñado con arrancárle la ropa como si estuviese recitando la lección de física.
Lento, seguro y grave
La mano no se movía y entre frase y frase el joven le besaba de forma distraída.
Se oía un jadeo sordo y bajo en la habitación; el asiático tardó unos segundos en darse cuenta de que eran suyos.
-¿Sigo pareciéndo un niño?
-Veo que te diviertes- la mano bajó de forma lenta, apretándo con el pulgar la carne maltratada por aquellas malditas palabras.
-Quería istar contigo- el tono volvió a ser el de siempre y subió la cabeza para regarle una sonrisa y clavar los ojos en los suyos.
Más abajo; Pavel quedó de rodillas entre sus piernas sin dejar de mirarle y comenzó a deslizar los dedos, resbalando en la piel.
Pese a todo estaba completamente rojo.
El mayor cerró los ojos, tratando desesperadamente de mantener las fuerzas y no terminar en aquellas caricias.
Ni siquiera le había quitado los pantalones, y le tenía allí, sentado como una maldita geisa entre sus piernas acariciandole de forma abandonada.
Lenta.
Cada poco una de las mano se perdía por sus muslos, apretándolos, buscando reacción, jadeos, o espasmos.
Sentía como le miraba pese a tener los ojos cerrados.
-¿Tu has pensado en mi?-Ahora si que el color comenzó a subir en la cara del mayor. No quiso comprobar en que estado estaba su voz, de modo que se limitó a sonreír y asentir ligeramente.
Maldito crí podía jugar con su cordura de ese modo...- confesión por confesión.

Las largas manos seguían regalándole caricias suaves. Le oyó sonreír.
Tomó aire y comezó a describir como le gustaba mirarle mientras trabajaba en las pantallas de triangulación, como le gustaba su olor, sus rizos. Como su boca le volvía loco.
Las manos no se detenían pero no era lo bastante rápido como para hacerle terminar.
Le contó que su fantasia mas recurrente era tenerle bajo la mesa del cuadro de control.
Rió.
Después maldijo a Russia por tenerle así. No en voz alta.
Nunca en voz alta.

Después iba a contar algo mas, pero los dedos bajaron a acariciarle casi en la base mientras un tímido contacto con la lengua casi le hace saltar de la cama.
Se incorporó sobre los hombros para mirarle y verle inclinado sobre él, comenzando a rodearle con la boca.
17 años, era la primera vez que hacía aquello y a Hikaru Sulu no le quedaba moral para pararle.
Algo estaba muy mal y probablemente se sentiría como un pervertidor de menores en cuanto tuviese alguna neurona que no estuviera absorta en recitar los manuales del cuadro de mando para evitar terminar allí mismo.
Los labios tantearon dudosos unos instantes, acostumbrándose al sabor amargo antes de resbalar hacia abajo y comenzar a moverse.
Aquello estaba definitivamente mal.
¿Que fue del "tomamos una copa en el área de descanso"?
Ah si.
Se había ido al carajo.
Joder, había imaginado aquello más veces de las que podía contar con los dedos.
Pero era mejor.
Incluso cuando los instantes de duda dejaban claro que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Sobretodo entonces.
Porque era la primera vez que le hacía aquello a alguien.
La primera que alguien le veía de aquel modo.
Definitivamente algo estaba muy mal.

Y las manos se agarraron a su cadera con fuerza como tantas veces habían hecho en sus sueños y el mayor se incorporó sobre los antebrazos para verle.
Avergonzado, excitado y con el pulso tan acelerado que se veía en el cuello a simple vista.
Recordó como había terminado contra el armario y que por tanto seguía empapado y sucio.
Un escalofrío le hizo saber que su cuerpo no aguantaba mas y le apartó como pudo, para jadear su nombre mientras se retorcía apretándole el cabello entre las manos.
Cayó agotado, y el menor se tumbó sobre él.
Ni siquiera le había quitado los patalones.

Rió un segundo en que el más joven le miró confundido.

17 años...17 malditos años...