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II

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—Tal vez, solo tal vez — murmuró para sí mismo, sin apartar la mirada de los accesorios que contenían la gaveta. Su mirar estaba fija en un frasco en particular y, que según sus propios pensamientos, contenía un extraño elixir que lo hacía enloquecer. Casi tres semanas atrás, le había costado mucho trabajo controlarse durante la cena que había compartido con aquella testaruda chica. ¡Cómo le hubiera gustado perder los estribos por un solo momento!, pero si algo él sabía hacer, era ejercer autocontrol sobre sí mismo. Había sido una batalla muy difícil, pero había sido el vencedor.

Unos golpes en la puerta llamaron su atención y, bruscamente, cerró la gaveta con rapidez, como si hubiera sido descubierto haciendo algo indebido, y se apresuró a abrir la puerta.

—Ranma, no es posible, llevas más de una hora metido ahí — la voz enfadada de la joven, lo hicieron fruncir los labios en una sonrisa divertida.

— ¿Me estás tomando el tiempo, Akane? —preguntó sin apartarse de la entrada — No sabía que tenías particular interés en lo que ocupo cada minuto del día.

—No seas idiota — replicó ella, empujándolo a un lado — Llegaré tarde por tu culpa.

La vio abrir la misma gaveta que minutos antes él había estado mirando, y tomó entre sus manos el frasco esparciéndolo sobre sí misma. Su corta cabellara se movió de una manera que los dejó sin aliento, en el momento justo en que había ladeado la cabeza para poder esparcir adecuadamente el contenido por todo su cuello y, tuvo que reprimir el repentino impulso que lo abatió en esos momentos. Sus ojos se clavaron en ella y se quedó inmóvil, mirándola en silencio.

—Estoy segura que no soy la única que va a llegar tarde el día de hoy — le recordó ella, cuando se detuvo a mirarlo.

Parpadeó un par de veces antes de poder contestar y recobrar un poco de su perdida dignidad.

—Estoy a tiempo suficiente — dijo con arrogancia. Titubeó un momento, antes de expresar su interés de esa mañana, en el mismo tono de voz —…te dejaré de camino. Estoy seguro que una chica tan torpe como tú, no podría llegar a tiempo si no dependiera de mí.

—No dependo de ti, tarado — pasó junto a él, impregnándolo todo a su paso con aquel delicioso aroma que a él tanto le encantaba — Sinceramente, Ranma — suspiró la joven — no te entiendo.

—¿A qué te refieres? — preguntó intrigado, mientras atravesaban el pasillo y la sala, dirigiéndose hacia la salida.

—Llevamos casi tres años viviendo juntos y, a pesar de que a veces eres tan amable, tu actitud no ha mejorado mucho en todo ese tiempo.

—Explícate — exigió con frialdad y una seriedad que a ella le pareció graciosa.

—¡Sigues siendo un egocéntrico, orgulloso e inmaduro a tu edad! — le dijo sacándole la lengua.

—¡Oye…— se quejó deteniéndola del brazo y haciéndola darse la vuelta. Sus ojos se entraron y las palabras murieron en el proceso. Se quedaron mirándose fijamente, de la misma forma en que tantas veces les había sucedido desde que se conocieran. Se acercó a ella un poco más, sin detenerse a meditar su reacción, obedeciendo a aquella magnética sensación que lo obligaba a reaccionar de manera inesperada e hipnotizante, cuando de ella se trataba. El ruido de voces y pisadas por el estrecho corredor, los hizo apartar la vista y ella se adelantó continuando su recorrido hacia las escaleras. Él suspiró antes de seguirla en silencio.

Siempre es lo mismo, pensó con disgusto, pero sonrió al pensar que todo se debía más que nada a su propia actitud.

Se detuvieron frente a un edificio, el cual resaltaba por su gran colorido y motivos infantiles, y no pudo evitar fruncir el ceño. Su disgusto y los celos que lo invadían en ese momento, no tenían fundamento, pero para él era algo inevitable.

—Te recogeré a las seis — le dijo sin mirarla, a través del espejo de la motocicleta, pudo advertir la sorpresa en su rostro y sonrió.

—Creí que hoy trabajarías hasta tarde.

—Es tu cumpleaños, ¿lo olvidas? — agregó él, sin demostrar mayor importancia — te llevaré a cenar.

—No es necesario, prepararé algo apenas llegué a casa — replicó ella, adquiriendo la misma actitud de su prometido.

—Estaré aquí a las seis — le recordó, como si de una orden se tratara — No te retrases.

Sin darle tiempo a protestar se alejó de allí, dejándola con la palabra en la boca. Sonrió para sí mismo, ella no podía culparlo, ¡estaba actuando como un adulto! Sí ella quería que el madurara, claro que lo haría, pero estaba seguro que no de la forma que ella creía. ¿O tal vez sí?

Se encogió de hombros y se detuvo frente a una perfumería. Al menos, aunque no había logrado su objetivo esa mañana, cumpliría una de sus ambiciones: ella tendría aquella fragancia que a él tanto le gustaba, ¡pero como regalo de él! De nadie más que de él y eso era un logró que, estaba seguro, la haría recordarlo cada vez que abriera la gaveta para arreglarse antes de ir a trabajar. Y si alguien le preguntaba o admiraba aquel delicioso aroma, ella tendría que decir que era un regalo de su prometido.

—Tiene razón, soy muy egocéntrico — murmuró sonriente, pero satisfecho. No había más ambición que formar parte de ella de esa manera tan indirecta que, tal vez, sería un paso más para lograr lo que más ambicionaba.

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Ciao n_n

Sé que he andado algo desaparecida últimamente, y espero puedan perdonarme por ello. Lo cierto es que he estado muy ocupada, pero no me olvido de ustedes y de mis historias que estoy segura, están esperando que yo continúe.

Bueno, este es nuevamente el inicio. Trataré de estar de vuelta lo más pronto posible y retomar donde me he quedado. Al menos esta vez he logrado tomar un poquito de mi limitado tiempo y traerles este pequeño capitulo que espero les haya gustado.

Con todo mi cariño, reciban un saludo y mil disculpas por el abandono.