Bueno, ¿como empezó todo aquí...? Ah, sí, creo que ese día andaba despistada. Acababa de salir de Fallen Roses cuando casi le caigo encima a un chico, era como de pelo negro azulado, y por su olor noté que era un ghoul, igual que yo, aunque no recuerdo haber visto si el lo notó. Bueno, el chico me miró con cara de "¡Fijate donde vas, baka!". De todos modos, solo me disculpé y seguí, aunque él se me quedó viendo bastante rato. No lo sé, pero me sentí como que había descuidado algo y que estaba en peligro, por lo que apresuré el paso. Hace mucho que tengo ese "sexto sentido felino" que me indica cuando debo huir. ¡Ya recuerdo que era! Olía a que era de Aogiri no Ki... si bien casi no les temía, sí sabía que no podía ser demasiado confiada o terminaría mal... terriblemente mal.
Era el día después de aquella noche después del trabajo, alrededor de las 10:00 am. Estaba tan vacío que entre lo empleados que estabamos nos pusimos a jugar con la computadora. Kushiyama iba ganando el juego, cuando entró alguien. Era el chico de anoche. Se me puso la piel de gallina al ver que él también me reconoció, pero peor aún cuando Kushiyama me dijo que yo lo fuera a atender. Tragué saliva y me fui. El estómago lo tenía más retorcido que mis rizos... ¡yiaj! Porfin llegué a la mesa que había escogido, la mesa que estaba junto a los rosales morado oscuro que habíamos plantado para celebrar el aniversario de Fallen Roses. Creo que él y las rosas se veían muy bien juntos... ¡Un segundo! ¿Qué dije? Lo que sea... solo fui y le pregunté si podía tomarle la orden. -Una taza de café sin azúcar- me dijo mirando hacia los rosales, dificilmente haciendo contacto visual alguno conmigo. Me frustré un poco, pero mantuve la calma y me fui a dejar la orden. -Hmmmm... Yuragi, no creas que no te vi...- me dijo Kushiyama con una sonrisa pícara. Le hize un gesto de "¿Qué?" con la cara medio sonrojada. Medio sonrojada, osea... ay, lo que sea.
Kushiyama le llevó la orden a Suye, que estaba en la cocina, mientras yo me sentaba en la barra del café. El chico me miraba de vez en cuando con el rabillo del ojo, y yo, con el ceño fruncido y la cara sonrojada, alejaba la mirada. ¿Qué me miraba tanto? Me fijé en la camisa a ver si estaba enseñando mucho o si tenía alguna mancha, pero nada... entonces me di cuenta que me estaba mirando a los ojos. Me le quedé viendo mientras ponía mi cabeza sobre mi mano derecha y la izquierda empezaba a mover el dedo sobre la mesa. Miré mi mano ya impaciente. -Suye, ¿recibiste la orden?- dije desde mi asiento hacia la cocina, en eso salió Suye de la puerta con el café. -Aquí está, la máquina se atoró por eso duré tanto- me dijo. Me levanté y tomé la taza en mis manos, empezando a acercarme al chico. Él seguía ido en los rosales. - Aquí está su orden- dije, con el tono acantado y femenino que usaba para atender a los clientes. Me volvió a ver con el rabillo del ojo y entonces se giró y me miró a los ojos (¡por fin!). -Gracias, Yuragi- me dijo. Me sorprendió que supiera mi nombre, en Fallen Roses nunca usabamos broches con el nombre de nadie... -¿C-Como sabes mi nombre?- pregunté bastante sorprendida. -Ya nos hemos conocido, nada mas que no me reconoces- me dijo, entonces tomando un sorbo del café. ¿Que ya lo conocía? Tenía que ser una broma... de todos modos, no era un mensajero, así que no me preocupaba que sí me preocupaba era que era de Aogiri no Ki, y si sabía mi nombre no podía ser bueno. Lo miré desconfiada y me despedí, ya era mi hora de salida.
-Igual, es solo mi trabajo...- escuché esa voz a mis espaldas, era el chico, que había salido después de mi. -Ya en serio, ¿quién eres y como me conoces?- le dije volteandome. Se acercó a mi serio, completamente serio...- Kirishima Ayato, ya me conoces de hace mucho tiempo- me dijo mirandome serio a los ojos. Me sonrojé, siempre me sonrojo si me miran a los ojos. -Tú eres de Aogiri... dime, ¿qué diantres quieres ellos conmigo? ¿Porqué me persiguen?- pregunté dandole nula importancia a su identidad. -Como dije, es solo mi trabajo...- me dijo, bajando la vista. Me sentí acorralada y me eché atrás, comenzando por un trote despacio a correr desesperada. Me metí a un callejón, por aquello de cualquier lucha en la que tuviera que usar mi kaguna. Vi que no entraba el chico, sino tres hombres, todos ghouls. Solté mi kaguna, el ukaku de mi madre y el bikaku de mi padre, y seguí atrás. Uno se me lanzó, pero de un coletazo con el bikaku lo mandé lejos. Entonces, los dos restantes -Un bikaku y un rinkaku- se me lanzaron encima. Alcé vuelo con el ukaku, pero empezaron a cansarme. Si bien tengo la rapidez de un ukaku, mi resistencia es menor gracias a mi pesado bikaku. Me subí a un tejado, donde me siguieron persiguiendo. Lancé varios coletazos, pero solo le di al bikaku, que acto seguido me lanzó otro coletazo a las piernas, que esquivé de un salto alto con el ukaku, pero del cansancio solo me pude mantener un poco de tiempo. Susurré maldiciones por todo. En eso el chico, que era ukaku, apareció detrás mío y me tapó la boca con un pañuelo. -K-ku-z-zo...- dije mientras me adormilaba... ¿Qué diantres me pasó?
