Una casa para tres
Encontrar a alguien en casa luego de las prácticas era algo tan usual desde hacia unos meses que acostumbrarse a que Ryuuzaki le diese la bienvenida fue fácil.
Si bien la primera noche se había sorprendido al verla sentada en la sala con Tooyama, hablando animadamente mientras Karupin dormía en el regazo de Ryuuzaki, para la segunda noche la novedad de la situación ya había desaparecido, por lo que ver la misma escena repitiéndose apenas lo hizo detenerse al entrar.
Y hoy, tres días después, ver a Ryuuzaki sola tampoco se sentía como algo inusual, quizás porque Ryuuzaki lucía tranquila y aunque estaba examinando con atención algo en la pantalla de su celular, apenas lo escuchó saludar le respondió con una cálida bienvenida carente de timidez.
—¿Cómo te fue en el entrenamiento, Ryoma-kun? —preguntó ella, dejando su teléfono sobre el sofá al tiempo que se puso de pie—. Imagino que debe ser más duro que el de Seigaku.
Ryoma se encogió de hombros.
Podía decir que nunca había tenido problemas con el menú de entrenamiento años atrás y el actual tampoco le daba verdaderos problemas. Por el contrario, tras recuperar su aliento en el trayecto a casa, siempre se sentía con suficiente energía como para jugar al menos un partido.
—No nos amenazan con jugos —comentó, consiguiendo que Ryuuzaki sonriese, luciendo divertida de compartir el recuerdo de los infames jugo vegetales de Inui—. ¿Y Tooyama? —cuestionó, agachándose para saludar a Karupin, quien había dejado un sillón cerca de la ventana para recibirlo.
Lo usual era que Tooyama regresase antes que él, no porque sus prácticas fuesen más cortas, sino porque usualmente comenzaban más temprano. Además, hasta ahora Tooyama había parecido con intenciones de pasar todo el tiempo posible con Ryuuzaki si ambos estaban allí, cosa que hacía más extraña su ausencia.
—Él acaba de ir a la cancha —dijo Ryuuzaki con un tono risueño—. Dijo que estaba seguro de que ya ibas a llegar.
—Él no se cansa —bufó Ryoma, mas de inmediato abrió su maleta para sacar una de sus raquetas.
Terminar el día con un partido se había convertido en tradición desde la primera noche que Tooyama había pasado en esa casa y era algo que, en el fondo. Ryoma agradecía.
Tener una cancha y no tener un buen oponente con quién usarla era frustrante, especialmente cuando deseaba jugar.
—Los llamaré cuando esté la comida.
A pesar del impulso de recordarle que no tenía siquiera que cocinar mientras estaba allí, Ryoma lo ignoró y en vez de eso, bajó un poco la visera de su gorra al tiempo que asintió.
—Gracias.
Ryuuzaki había reiterado el día anterior que era algo que quería hacer, por lo que aunque Ryoma temía que la abuela de la chica podría no estar contenta si llegaba a enterarse, él no planeaba decir nada más al respecto.
Tras despedirse de Karupin acariciando su cabeza y dejar su maleta en un rincón, Ryoma se dirigió a la puerta trasera, a la izquierda de la cocina, para dirigirse al corto camino de baldosa que llevaba hasta la cancha.
Tal como Ryuuzaki había dicho, Tooyama estaba allí, haciendo ejercicios de estiramiento con poco entusiasmo y los interrumpió en cuanto lo vio.
—¡Koshimae! —gritó, enderezándose de un salto y poniendo sus brazos en jarra—. ¿¡Por qué te demoraste tanto!?
Acostumbrado como estaba a las exageraciones de Tooyama, Ryoma lo ignoró y se dirigió a un extremo de la cancha, donde se detuvo para mirarlo por encima de su hombro.
—¿Vamos a jugar o no?
—Yo sirvo —afirmó Tooyama con un bufido, trotando hasta la línea de servicio del otro extremo de la cancha—. Me lo merezco por tener que esperarte.
Pese a su impaciencia, Tooyama no dijo nada mientras él calentó y se limitó a continuar en movimiento hasta que Ryoma estuvo listo.
Como de costumbre, intercambiaron una mirada y segundos después comenzaron a jugar.
Enfrentarse a Tooyama no dejaba de ser un reto sin importar cuántas veces se encontrasen con la red de por medio.
Cada ventaja que uno parecía tener, el otro la contrarrestaba en poco tiempo y como si eso no fuese suficiente, el destino parecía amar burlarse de ellos y las interrupciones durante sus partidos no oficiales nunca faltaban.
Era frustrante, en cierta forma, pero la incertidumbre ante el posible resultado siempre lograba motivarlo incluso mejor que cuando competía contra un nuevo oponente.
¿Esta vez lograría mantenerse adelante en el marcador? ¿Qué haría Tooyama para alcanzarlo e intentar superarlo?
—¿Qué crees que será hoy? —preguntó Tooyama de repente tras el tercer juego, enviando la bola a la esquina opuesta.
Sin perder su concentración a pesar de la charla, Ryoma corrió hacia ella, alcanzándola sin dificultad, y la golpeó.
—¿No pediste nada?
No era como si Tooyama hubiese sido tímido a la hora de decir qué le gustaría que Ryuuzaki preparase y hasta ahora, Ryuuzaki había parecido gustosa de complacer.
—Sakuno-chan sabe cómo sorprendernos —replicó Tooyama con sus ojos brillantes, respondiendo con un suave revés.
Ryoma no pudo contradecirlo; justo el día anterior había encontrado un desayuno de estilo japonés esperándolo en el mesón de la cocina, cosa que él ni siquiera había mencionado querer.
—Pescado a la parrilla —intentó adivinar, sintiendo cómo se le hacía agua la boca de solo pensarlo. Quizás, si no acertaba, valdría la pena imitar a Tooyama y mencionar ese plato en un futuro. No dudaba que Ryuuzaki lo prepararía con gusto.
—Soumen —rebatió Tooyama, enviando un inesperado globo.
El haber sido tomado por sorpresa no solo le impidió aprovechar la oportunidad para un smash, sino posicionarse para contestar de mejor manera, y terminó imitándolo con un globo carente de efecto.
—Pollo teriyaki —pronunció, irritado de haber cometido un error así.
—¡Yakitori! —exclamó Tooyama, golpeando la bola con fuerza para enviarla rápidamente fuera del alcance de Ryoma y consiguiendo así el punto y el juego. Dos a dos.
Ryoma apoyó la cabeza de su raqueta contra su hombro, alzó un poco la visera de su gorra con su mano derecha y miró fijamente a Tooyama, retándolo.
—Él que no acierte, barre la cancha mañana.
La amplia sonrisa emocionada de Tooyama le respondió antes de que el pelirrojo alzase su voz para asentir.
—¡Trato hecho!
Tras eso, reanudaron el partido, mas tras dos juegos más (tres a tres), Tooyama alzó su voz nuevamente:
—Debería dejar de buscar y quedarse.
Comprender a quién se refería no le tomó más que un segundo y Ryoma resopló al tiempo que devolvió la pelota con un rápido revés.
—Porque te gusta como cocina. —Y no era ningún secreto que la comida era el número dos en la lista de cosas favoritas de Tooyama, siendo solo superada por el tenis.
—¡No! —Tooyama lo fulminó con la mirada, usando sus dos manos para golpear con fuerza, mas envió la bola directamente hacia él—. Eso sería como decir que vivo aquí porque me gusta como juegas.
—¿No es porque Shiraishi-san te lo ordenó? —cuestionó Ryoma, contestando con dificultad el tiro, aunque si era sincero, tenía curiosidad.
Tooyama no parecía ser el tipo de persona que se aprovechaba conscientemente de los demás, por lo que dudaba que las ventajas de no tener que pagar renta fuesen su motivo; además, era un hecho que Shiraishi (con ayuda de Fuji) había sido el que había enviado a Tooyama a la residencia de los Echizen y Tooyama mismo había mencionado que Shiraishi lo había amenazado con que debía seguir exactamente sus instrucciones y no desviarse del camino o de lo contrario un mítico veneno lo haría sufrir.
Ryoma había asumido que la razón de su estadía permanente venía de esas mismas "instrucciones", pero ahora, las palabras de Tooyama le habían dado la impresión de que el pelirrojo no había simplemente seguido la corriente a la que su ex-capitán lo había llevado.
—¿Y por qué tú no estás en los dormitorios? —rebatió Tooyama, todavía con el ceño fruncido, sin detener el rally.
—El viejo insistió. —Tal como Fuji había hecho al llamar sobre Tooyama y la entrenadora lo había hecho al ordenarle que cuidara a Ryuuzaki.
De no haber sido por Nanjirou, él no se habría opuesto a quedarse en los dormitorios de la academia, siempre y cuando también hubiese podido tener a Karupin con él.
—Koshimae —suspiró Tooyama de manera exagerada—, podrías aceptar... —Tooyama se acalló en el mismo instante en que se detuvo bruscamente, dejando pasar la bola a su lado y dándole el punto a Ryoma (quince a quince).
¿Por qué?
Ryoma obtuvo una respuesta casi de inmediato.
—¡Sakuno-chan! —No contento con subir su voz, Tooyama alzó su raqueta y la sacudió como si la estuviese usando como una extensión de su brazo para hacer un gesto de saludo.
Verse una vez más en medio de un empate era decepcionante, pero la exagerada emoción de Tooyama lo hizo poner sus ojos en blanco, menos exasperado de que el destino continuase llevándolos a un punto muerto de lo que debería.
—Espero no interrumpir... —dijo Ryuuzaki, sonando todavía lejos de la cancha.
—¡Claro que no!
—No realmente —replicó Ryoma, girando en sus talones para verla al tiempo que se encogió de hombros.
Ryuuzaki se había detenido antes de que se acabara el camino embaldosado, luciendo extrañamente titubeante.
—Ya está todo listo...
—¿Qué es? —cuestionó Ryoma de inmediato, queriendo al menos saber quién había ganado la apuesta que habían hecho minutos atrás.
—Hamburguesas —dijo Ryuuzaki, sonriente.
Ryoma intercambió una mirada con Tooyama, sintiéndose incrédulo.
¿Cómo era posible que un resultado definitivo los eludiese incluso en algo así?
—¿N-no les gustan? —balbuceó Ryuuzaki en ese momento—. Pensé...
—Estoy seguro que están deliciosas —intervino Tooyama, trotando hacia ella con una sonrisa—. Pero —añadió, girando para ver a Ryoma a la vez que siguió caminando en reversa— creo que no tenemos sino una escoba.
—Nos podemos turnar —sugirió Ryoma—. Mitad y mitad.
Eso sonaba mejor que ignorar el reto y continuar dejando esa labor en manos del que primero perdiese la paciencia al no poder simplemente empujar unas pocas hojas afuera para dejar la cancha lista para jugar en ella, como solían hacer.
—Será —aceptó Tooyama, resignado.
—¿Eh?
La confusión de la chica era obvia, mas no preguntó nada y Tooyama, de buen humor a pesar del resultado, pronto dirigió la conversación hacia Ryuuzaki.
La chica parecía gustosa de responder diversos interrogantes sobre cada cosa que se le ocurría preguntar a Tooyama, y pronto estuvieron sentados en la barra de la cocina hablando animadamente del día de la chica, que aparentemente había estado dividido entre hablar con algunos profesores sobre las clases que tomaría y una entrevista con una potencial compañera de habitación que había prometido "que la llamaría".
Tooyama hizo una mueca al escuchar eso, pero se limitó a asentir e interrogar más a Sakuno, esta vez sonsacándole sus opiniones de la ciudad.
A pesar de que Tooyama estaba dirigiendo la conversación, Ryoma se encontró interviniendo ocasionalmente, haciendo comentarios que siempre recibieron respuestas interesadas tanto de Ryuuzaki como de Tooyama, avivando más la conversación hasta que los platos quedaron vacíos. Tras eso, ambos le agradecieron a la chica por la deliciosa comida y se creó un cómodo y satisfecho silencio.
No duró mucho, sin embargo, pues Tooyama bajó de un salto de la banqueta, corriendo el asiento con el descuidado movimiento y provocando un chirrido en el proceso.
—Déjanos el resto a nosotros —dijo, estirando un brazo para apoderarse del plato de Ryuuzaki—. ¿Cierto, Koshimae?
Captando de inmediato a qué se refería Tooyama, Ryoma alzó una ceja.
—¿No deberías ofrecerte a hacerlo solo?
Aun así, contrario a sus palabras, se puso de pie, perezoso, y apiló en su plato los tres vasos desocupados. Después de todo lo que Ryuuzaki había hecho, era lo menos que podían hacer y él no estaba seguro por qué los días anteriores habían optado por dejar a cada cual encargado de su propia loza en lugar de algo así.
—¡Eh! —El mohín de descontento de Tooyama era casi infantil, cosa que arruinó la mirada fulminante que le dirigió—. Eso no sería justo. Ambos comimos.
—¿Y?
—Es nuestro turno, obviamente. —Como queriendo probar su punto, Tooyama llevó los platos hasta el lavaplatos, donde dejó su carga antes de hacerle un gesto para que lo imitara.
—¿Desde cuándo nos turnamos en lavar? —rebatió Ryoma, siguiéndolo.
Nunca lo había considerado necesario, pues, en primer lugar, las cajas de cartón de la comida a domicilio siempre terminaban en la basura junto a los cubiertos plásticos; pero ahora que eso había cambiado, tenía sentido hacerlo, aunque podría ser mejor reparar el lavavajillas automático.
—Desde hoy y mañana —anunció Tooyama con una gran sonrisa, haciendo un ademán de arremangarse a pesar de que llevaba un top sin mangas.
—¿Al fin cuándo? —Ryoma no pudo evitar el comentario mientras colocó todo sobre los platos que Tooyama había llevado.
Tooyama hizo una nueva mueca y abrió su boca, mas en lugar de hablar, giró su cabeza cuando escuchó una suave risa.
Curioso, Ryoma lo imitó justo a tiempo para ver a Ryuuzaki cubriendo sus labios con sus manos, avergonzada.
—¿Cierto que estás de mi parte, Sakuno-chan? —cuestionó Tooyama, mirándola esperanzado.
Era una pregunta tonta, pero Ryoma no pudo evitar el impulso de unirse y no dejarse ganar.
—No, de la mía.
Ryuuzaki dejó caer sus manos y los observó a ambos, abochornada y obviamente dividida al no saber qué responder, mordiendo su labio inferior.
—Si quieren —replicó al fin, titubeante— puedo ayudarlos...
—Nop —interrumpió Tooyama, sacudiendo su cabeza de un lado a otro para reiterar lo dicho—, ya te dijimos que es nuestro turno.
Esta vez, Ryoma no dijo nada para contradecirlo.
Dudosa, Ryuuzaki asintió y solo fue cuando Tooyama insistió que ellos estarían bien que ella abandonó la cocina, dirigiéndose aparentemente hacia la sala seguida de cerca por Karupin, quien había comido al tiempo que ellos y se había quedado en el lugar después de terminar.
El felino parecía habituado y a gusto con la presencia de Ryuuzaki y ver eso le recordó a Ryoma la conversación que había tenido a la cancha con Tooyama.
No podía negar que la perspectiva de que Ryuuzaki se quedara por más que unos días era inesperadamente agradable.
—Tal vez —aceptó mientras se preparaban para comenzar a lavar.
No que eso dependiese de ellos y quizás Ryuuzaki misma estaría más cómoda en un lugar más cercano a su universidad, pero si ese no era el caso, si Ryuuzaki mencionaba querer quedarse, él no planeaba decir que no.
La expresión confusa de Tooyama dejó claro que no entendía a qué se refería y Ryoma no vio ninguna razón para explicarle.
