Ya lo tengo avanzado, así que esto va a ser rápido, lo tendré terminado muy pronto.
Eran cerca de las dos de la tarde cuando llegamos al edificio donde vivía Natalia Garrideb, Sherlock estaba más que enfurruñado.
Antes de salir le dije a Sherlock que, como ya me había jodido el almuerzo, quería ir a comer a un restaurante alemán que habían abierto algunas calles abajo, por supuesto que hizo mil y un berrinches pero no le hice el menor caso, él podía morirse de inanición si era su gusto, pero nadie se metía con el horario de comidas de John Watson.
Comí deliciosa y tranquilamente, no puedo negarlo, disfrutaba ver la impaciencia pintada en el rostro de Sherlock, degustaba la última salchicha cuando explotó la bomba.
- ¿Puedes apresurarte?, tardas demasiado y el caso nos espera-
- No, de hecho pensaba pedir un strudel de manzana…-
- ¡John!- bufó Sherlock, poniendo una graciosa cara - ¡por favor, me aburro!-
- Déjame terminar de comer en paz, Sherlock, ¡por Dios!-
Mi amigo lanzó otro bufido, se cruzó de brazos y desvió la mirada como un niño pequeño, sería mentir si les dijera que no se me escapó una sonrisa.
- ¿Qué sabes de Natalia Garrideb?- le pregunté, hacerle plática del caso lo tendría tranquilo.
- Por lo que leí en su mail y con lo que dijo Jane, parece que Natalia es una mujer solitaria y algo sosa, algo así como una mosca muerta-
- Sherlock…- le reprendí, apartando mi plato – no es manera de hablar de una mujer-
- Pero si es manera el mirarle las tetas todo el tiempo, ¿verdad?-
Me levanté del asiento y dejé un par de billetes en la mesa.
- Tú no sabes nada de mujeres- gruñí.
El viaje en taxi fue silencioso, cada uno sumido en sus pensamientos, el coche se detuvo en Little Ryder Street, más específicamente en el edificio 136, una construcción vieja y algo sombría, pero con el sol brillando por todo lo alto hasta se veía bonita.
El piso al que íbamos era el de abajo, apenas con dos ventanas para dejar entrar la luz, cubiertas por persianas completamente cerradas, Sherlock tocó la puerta un par de veces antes que recibiéramos un grito de "¡Ya voy!", a los pocos minutos la puerta se abrió.
- ¿Natalia Garrideb?- preguntó Sherlock.
- Sí, y usted debe ser el señor Sherlock Holmes, y el doctor Watson- la muchacha me dedicó una sonrisa – pasen, por favor, y disculpen el desorden, la señorita que me ayudaba con la limpieza está de vacaciones-
Natalia Garrideb era una mujer realmente pequeña, no sólo por su estatura (era más bajita que yo, y eso ya es decir mucho), sino por su complexión en general, unas pequeñas manos nos ofrecieron tazas de café, vestía sencillamente, de jeans, zapatos de piso y una blusa azul marino que contrastaba con el celeste casi transparente de sus ojos, unos ojos grandes tras anteojos de armazón negro, ojos muy tristes.
Tenía la piel blanquísima, el cabello largo hasta las pequeñas caderas, rubio y rizado, y una cara inocente, casi infantil, parecía una muñeca de porcelana, completamente ajena a lo que ocurría fuera de aquellas paredes.
Su casa era tan peculiar como ella, parecía un museo privado, había libreros repletos en todas partes, además de pilas de libros sobre mesas o en el suelo, algunos frascos con formol y especímenes raros, con placas doradas para nombrarlos, estantes con diferentes huesos, piedras y vasijas antiguas, detuve mi atención en un mostrador de vidrio donde descansaban distintas puntas de flechas y cuchillos de piedra oscura.
- Son de obsidiana- dijo la voz de Natalia, justo detrás de mí – los antiguos mexicas hacían sus armas de esta piedra, conocían la metalurgia pero sólo la usaban para hacer adornos y cosas hermosas, no tenían moneda, comerciaban con semillas de cacao-
- Interesante- dije, tratando de ser cortés, una sonrisa tímida y un sonrojo aparecieron en el rostro de la mujer.
- ¿Vive usted sola?- preguntó Holmes, entretenido en la observación de algunos cráneos de animales.
- Sí, así es- reconoció Natalia – pero vamos, sentémonos un momento, ah, si pudiera encontrar las sillas…-
Hubo que retirar vasijas, huesos y algunos libros para obtener tres asientos libres, nos sentamos con otra ronda de café en las manos, Natalia recogió su largo cabello en una coleta alta.
- ¿No sale mucho?- le preguntó Sherlock
- La verdad es que no, ya me ha llamado la atención el doctor varias veces, pero se dará cuenta que aquí tengo muchísimas cosas para estar entretenida, las investigaciones que hago me absorben por completo, lo más emocionante que me ha pasado en los últimos tres años fue la visita de Jane, ¡se imagina si llegáramos a encontrar a otra Garrideb!, tenía una prima pero falleció, una pena, desafortunadamente mis hermanos no califican por ser varones. Su fama y su reputación me hicieron consultarle, debo decirle que su blog es fascinante, lo de las cenizas del tabaco me encantó, ¿le importa si echo mano de su investigación?-
- Claro que no- dijo Sherlock, sonriendo, obviamente halagado por el interés de Natalia – fue un acierto el consultarme, ¿tan interesada está en conseguir propiedades y locales en Estados Unidos?-
- La verdad no- admitió la mujer – a mí no me interesa nada de eso, Jane aseguró que me compraría mi parte, además está lo del dinero…hay muchas piezas, libros y demás cosas valiosas que completarían mis colecciones, no puedo permitírmelas aunque quisiera, pero con esto seguro que tendré dinero de sobra-
Sus ojos brillaron detrás de los lentes, obviamente emocionada por el asunto.
- Vine a visitarla porque me gusta tratar con mis clientes de persona a persona- le dijo Sherlock – sólo quiero preguntarle un par de cosas, Natalia, según su mail, conoció apenas esta semana a Jane Garrideb-
- Sí, me llamó hace dos días y vino a verme-
- ¿Le contó de nuestra plática de hoy por la mañana?-
- Sí, vino justo después de verlo, señor Holmes, parecía algo molesta, me preguntó si desconfiaba de ella, le dije que no, que me había parecido buena idea pedirle ayuda, se fue más tranquila-
- ¿Preguntó por…dinero o alguna otra cosa suya, Natalia?-
- No, señor, como ve, todo mi dinero lo he invertido en estas cosas, poseo lo suficiente para vivir frugalmente, mi único lujo es la laptop y mi celular-
- ¿Entonces, entre su colección, hay alguna cosa de gran valor?-
- No- cedió Natalia, con una sonrisa triste – es una colección que ha costado más esfuerzo que dinero-
- No le teme a los ladrones, debo suponer-
- Para nada-
- ¿Hace cuanto tiempo que vive aquí?-
- Cinco años, más o menos-
Yo escuchaba con interés, aunque paseando la vista por todo el lugar, fue así como me di cuenta del ramo de rosas, las señalé.
- Esas parecen frescas- dije, Sherlock volvió la vista hacia las flores, se levantó del asiento y fue a verlas, lo seguí.
- Me las envió mi hermano- dijo ella, sonrojándose, acercándose a nosotros.
Junto al ramillete de flores rosa pálido, había dos fotografías, puestas en marcos negros y sencillos, por la calidad de la imagen era obvio que eran fotos de estudio, en la primera se veía a Natalia junto a un hombre mucho más alto que ella, de cabello castaño y ojos verdes, la abrazaba por la cintura y sonreían a la cámara, la segunda foto era del mismo hombre, mostrando una sonrisa enorme.
- ¿Quién es?- pregunté enseguida.
- Era- dijo Natalia – era mi prometido, murió-
- Lo siento muchísimo- me disculpé, avergonzado por mi indiscreción.
La soledad y aislamiento de Natalia Garrideb me resultó entendible, escapando de la realidad y sumida en sus investigaciones, probablemente estaba más deprimida de lo que podría admitir.
Varios golpes en la puerta hicieron reaccionar a Natalia, fue corriendo a abrir, dejando el paso a la espectacular Jane Garrideb, ahora usando un vestido rosa a medio muslo, con tacones altos, varias bolsas de distintas tiendas colgando de sus antebrazos, su cabello rojo en una coleta alta perfecta.
- ¡La encontré!- gritó la mujer, agitando una tarjeta en su mano derecha – hoy, tras ir de compras, me detuve en un salón de belleza para hacerme la manicura, al salir tomé una tarjeta y, ¡La dueña es una Garrideb!, mira-
Jane mostró una tarjeta pequeña, donde se leía:
"Haley Garrideb, salón de belleza y spa.
Cortes modernos y tintes, permanentes, luces y trasparencias; fasiales, masajes relajantes y venta de productos profesionales"
- Pude conseguir su teléfono, ya la llamé, vive en Birmingham, te arreglé una cita con ella-
- ¿Para un facial?-
- ¡Para que le cuentes bien nuestro asunto, tontita!- dijo Jane, riéndose – mira, hasta te compré un vestido- le tendió una de las bolsas a Natalia – en cuanto a usted, señor Holmes, me disculpo si le hicimos perder el tiempo, aunque sigo interesada en salir por el café-
- No me puedo poner esto- habló Natalia, angustiada, mostrando un vestido corto, negro y con puntitos blancos – no tengo zapatos para esto, además… ¿por qué yo?, sería mejor si tú hablas con ella, yo no podría-
- Ya lo arreglé todo, mañana a las cuatro te recibirá en su casa, te compré un boleto de tren, sólo tienes que ir a la estación y pedirlo, tienes unas botas que le quedan, vamos, Natie, ¿no tenías unos lentes de contacto?, todo saldrá excelente, un poco de aire fresco te hará muy bien-
- Pero…- Natalia suspiró - ¿Qué piensa usted, señor Holmes?-
- Pienso que debería ir, Natalia-
- Bien, si usted lo cree así…- la mujer volvió a mirar el vestido - ¿Se vería bien si uso medias debajo?-
- ¿Medias?, se trata de lucir las piernas, querida, tienes el cuerpo para usarlo, no quiero excusas, bueno, yo me voy, tengo que hacer algunas llamadas, ¡Somos ricas, Natie!, ¿no me acompaña, señor Holmes?, en fin, me voy, adiós, adiós-
Jane salió con una enorme sonrisa en el rostro, Natalia la observó hasta que se fue, sonriendo también ella.
- Bueno, entonces está concluido- habló Sherlock – y ya que no hablaremos más de negocios, quiero decirle que su colección me parece admirable, y quisiera poder verla mejor-
- Usted lo ha dicho, no tratamos más un negocio, por lo tanto me gustaría que me hablara de tú, usted también, doctor Watson-
- Entonces dime John- accedí.
- Claro, John, eh, ¿Sherlock…?-
- Sherlock está bien- cedió Holmes.
- Les puedo dar un recorrido por mi pequeño museo si tienen tiempo-
- Justo ahora no lo tenemos- continuó Sherlock – per mañana sí, ¿te molesta si venimos a dar un vistazo?-
- Para nada, hablaré con la señora Saunders, mi casera, para que les deje la llave del lugar, siéntanse libres de quedarse cuanto quieran-
- Una última cosa, ¿quién es tu agente inmobiliario?-
La pregunta sorprendió tanto a Natalia como a mí.
- Holloway y Steele, en Edgware Road- dijo Natalia - ¿pasa algo?-
- No, en absoluto- continuó Sherlock – nos vamos ahora, que tengas un buen día-
- Ustedes también, cuídense-
Salimos de la casa de Natalia, Sherlock con una sonrisa en el rostro, de nuevo la sonrisa, él comprendía el asunto, había resuelto el misterio otra vez y yo no estaba enterado de nada.
Fuimos a la inmobiliaria de Natalia y la encontramos cerrada, Sherlock hizo un nuevo berrinche pero no pasó a mayores, regresamos a Baker Street cerca de las cinco de la tarde.
Me senté en mi sillón favorito, con una taza de té y un par de galletitas de mantequilla, dispuesto a relajarme y ver la televisión largo tiempo cuando Sherlock apareció en la sala de nuevo con cara de i´m-going-on-an-adventure, suspiré con resignación al tiempo que me levantaba.
- No te molestes, iré solo-
Me dejé caer en el sillón, aunque debo admitir que no me gustaba que Sherlock me dejara fuera del asunto, se fue murmurándome un no me esperes despierto, cosa que obviamente no planeaba hacer.
El resto de la tarde lo dediqué a mirar programas y películas estúpidas, eran casi las doce cuando me fui a "dormir", sí, entre comillas, porque sólo me recosté en la cama, bajo las sábanas y con los ojos abiertos, dando vueltas sin conciliar el sueño, lo admito: me preocupaba que Sherlock no regresara, seguí en vela hasta las tres de la mañana, cuando escuché que la puerta se abría y Sherlock entraba a la sala a grandes trancos, una parte de mí (una parte muy insistente) me pedía que bajara a verlo y a preguntarle por qué mierdas llegaba a esa hora, sin embargo otra parte me indicó que no lo hiciera, que no le diera el gusto y bueno, debo decir que esa vez ganó el orgullo, así que me metí a la cama y me quedé dormido al poco rato.
Escuhé mucha música mientras escribía, whatever.
Traté de meterle algunas cosas al personaje de Natalia, quería que su soledad tuviera sentido, espero que no les parezca muy salido o algo así.
Lo que dice Natalia de los mexicas es cierto, no utilizaron el metal como arma, tampoco la rueda, eran unos antropófagos chingones xD
No sé si Jawn ya haya leído, si no, tanto mejor, démosle la sorpresa del fic terminado.
Perdónenme, ando muy ansiosa, les escribo esto tomándome un trago coqueto, casual, casual, jaja, saludotes.
