Derechos: Todos los personajes de esta historia son de Hiro Mashima. La historia por otra parte es mía.
Advertencia: Esta historia puede llegar a tener mucho contenido sexual (Lemon), insultos y/o situaciones que incomoden a la audiencia.
Conste, yo advertí. Sin nada más que decir... disfruten!
2
Nervios conduje hasta el departamento de Natsu. ¿Será posible que ahora si tenga tiempo para mí? Tamborilee mis dedos en el volante mientras esperaba a que el maldito semáforo se dignara a cambiar.
Una vez pasé por la puerta del departamento fui arrasada por un fuerza increíble hacia la pared más cercana, jadeé sorprendida.
Natsu sostuvo mi cabeza obligándome a alzar la vista y mirar sus ojos verdes brillar con intensidad y fervor. No me dio tiempo de decir nada cuando sus labios atacaron los mío con violencia, parpadeó sorprendida por su repentino arranque.
Abro mi boca cuidadosamente dándole permiso para que su lengua entre, al mismo instante, nuestras lenguas se encuentran creando un solo y único baile.
Enredó mis dedos entre su cabello, como tanto me gusta y jaló con un poco de fuerza haciéndolo gruñir en mi boca. Un sonido grave y sexy que logra explotar miles de sensaciones dentro de mí.
Su mano descendió desde mi rostro hasta mi cintura y de mi cintura hasta mi muslo, haciendo a un lado la tela de mi falda para hurgar sus dedos en la suave piel de mi pierna, la alzó y yo instantáneamente enredé mi pierna en su cadera, acercando más nuestros cuerpos.
Desesperación. Me sentía desesperada, acalorada. Quería más.
Natsu se aparta, jadeante y con los ojos brillantes de deseo. Tengo la boca entreabierta, intentando recuperar el aire que se me fue arrebatado de forma tan salvaje.
–¿Qué fue eso? –pregunté cuando tuve el suficiente aire en mi pulmones.
–Solo continúe con lo que dejaste esta tarde. –dijo sonriendo con malicia.
–Ohh… ¿Y vas a continuar? –pregunté juguetonamente.
Natsu rozó sus labios con los míos, dejándome sentir su fresco alientos a mentas. Tragué duro.
Una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.
–He hecho la cena. –dijo rápidamente, separándose de ese maravilloso momento. –Y quiero disfrutarla contigo.
Soltó mi muslo delicadamente, me sostuve contra la pared y lo miré con cara de pocos amigos. Él sonreía con tranquilidad y frescura, mientras yo estaba sudando y jadeando como loca.
–Dejarme así no es lindo, Natsu. –dije frunciendo el ceño.
–Te lo repondré más tarde. –dijo caminando directamente hacia la cocina.
Me quité las zapatillas, dejándolas en el lugar. Caminé siguiendo a Natsu y mientras lo hacía, fui quitándome prendas innecesarias. Mi chaqueta, mi blusa, mi falda, mis medias. Quedándome en la fresca y agradable ropa interior de color negro.
Natsu entrecerró los ojos en mi dirección. Lo ignoré mientras tomaba asiento en el comedor.
Sabía que estaba molesto por haberme desnudado. Pero si él juega sucio, le puedo enseñar que yo también puedo jugar sucio. Solté mi cabello dejando que cayera por mi espalda, repentinamente me sentí por mucho más relajada.
Natsu sirvió un delicioso platillo de solomillo con salsa bearnesa con papas fritas y verdura. Mi estómago casi gruñe con solo ver semejante platillo. Natsu me sirvió una buena copa de vino, rápidamente tomó asiento frente de mí con el mismo platillo.
–¿Tú cocinaste esto? –pregunté, asombrada.
–¿Lo dudas? –preguntó alzando una ceja.
Comí un bocado, degustando del perfecto sabor. Natsu miró con detenimiento cada uno de mis movimientos.
–Es demasiado bueno. –comenté con placer.
Natsu sonrió satisfecho mientras comía. Cada vez que le miro me parece sorprendente que este hombre recto y alineado haya sido alguna vez un niño revoltoso e hiperactivo. Su traje gris se cernía muy sobre ese cuerpo bien formado, su cabello seguía igual de rebelde y desalineado no importa cuanto lo peinara para que se viera decente. Su tono rosa se había vuelto más oscuro con el pasar del tiempo, un tono que resaltaba el brillo fantástico de sus ojos verde jade.
–Y bien, Sr. Cascarrabias, ¿Ya se siente mejor? –pregunté cortando el silencio del lugar.
Natsu alzó la vista sin dejar de comer.
–Muy bien. –contestó limpiándose la boca con una servilleta.
Bajé la mirada hacia mi plato, me puse a jugar con un pedazo de papa. Natsu ladeó la cabeza.
–¿Por qué repentinamente te quedaste callada? –preguntó, curioso. –¿Te quedaste sin habla?
Sonreí.
–Todo lo que tenga relación a ti me deja sin habla. –comenté.
–Te he extrañado. –dijo repentinamente. –Estos días han sido… horribles.
Sí, yo también pensaba aquello. No hemos podido salir ni tener nuestros amados encuentros. Es… horrible.
Suspiré.
–¿Qué se la va hacer? Es tu trabajo. –dije tomando un sorbo de vino.
Natsu cabeceó, comprensivo.
–Lo siento. –dijo verdaderamente arrepentido. –Esta noche soy todo tuyo.
Casi me ahogo con mi vino cuando escuche aquello. Vino se había escurrido por mi mandíbula hasta mi cuello, pero aun así, reí a carcajadas. Natsu se apresuró a llegar hacia donde yo estaba, miré con curiosidad que es lo que planeaba.
Con lentitud su rostro se hundió en mi cuello, lamiendo lento y sensualmente el rastro de vino que se escurrió por mi piel. Dejé mi cabeza caer un poco hacia atrás, dejándole espacio abierto para que me dejara sentir la agradable sensación de su lengua.
Llegó hasta mi boca en donde cubrió mis labios con los suyos, no con tanta ferocidad como el beso anterior, pero si un lleno de pasión y deseo.
Envolví, impaciente, mis brazos en su cuello. Esto sirvió como una especie de afirmación para Natsu, ya que me tomó por la cintura, alzándome sin problemas, sé a dónde se dirigía y eso solo me hiso cerrar mis piernas en su cintura con fuerza.
Lo deseo. No hemos tenido sexo desde hace días y me estaba volviendo loca. Mi sexo palpitaba ansioso por su atención.
Natsu abrió la puerta a ciegas, sin dejar de besarme. Se dejó caer en la cama aun conmigo encima de él. Pasé mis manos por su traje, intentando desabrochar el saco y la camisa, necesitaba sentir su piel caliente sobre mis manos.
Las manos de Natsu estaban frotando con habilidad mis glúteos que solo estaban cubiertos por la fina tela de la bragas negras. Me separé de sus labios, necesitaba tenerlo dentro.
Le quité la corbata, desabotoné su camisa con rapidez, él me ayudó a sacársela y tirarla a un lugar completamente desconocido de la habitación. Podía ver su impaciencia en sus ojos.
Cuando estuvo desnudo de la cintura para arriaba, llevó sus manos hacia mis pechos, apretándolos con rudeza, logrando que gimiera con fuerza.
Tomé con fuerza sus labios.
–Te necesito dentro de mí, Natsu, por favor. –susurré en sus labios.
–¿Sin juegos previos? –preguntó Natsu, burlón.
–Sin juegos previos.
No tuve que rogar más. Natsu rodó en la cama, dejándome debajo de él. Natsu quitó mi sostén con rapidez, mientras que yo lo ayudaba a quitarse el cinturón y abría su pantalón.
Hundió su rostro en mi cuello mordisqueando y chupando la piel sensible. Arranca las bragas de un tirón y sin previo aviso me penetra con fuerza. Grité de placer, enterrando mis uñas en sus hombros. Él gruñe contra mi cuello, sus manos estaban fuertemente aferradas a mis caderas, controlando las penetraciones. Ambos estábamos tensos, cargados de sensaciones tan fuertes y poderosas.
La sensación de tenerlo dentro era sencillamente fantástica, cada leve desliz, afuera y adentro, era maravillosa. Todas las partes internas sensitivas estaban al máximo. Estábamos en un ritmo lento, pausado, dejando que nuestros cuerpos sintieran cada centímetro de piel sensible.
–Más… más fuerte, Natsu.
Natsu gimió con fuerza cuando las embestidas fueron más rápidas, agradecí en un fuerte grito cuando comenzó a moverse con rapidez y rudeza.
Jadeé desesperada, sentía mi vientre hirviendo. Me encantaba, arqueé mi pelvis para recibirlo con más profundidad, ambos gemimos al unísono.
Deseaba que esta sensación de plenitud durara siempre, pero a cómo iban las cosas, no iba a durar nada.
Mordí el hombro de Natsu reprimiendo un poderoso gemido de placer cuando llegué al climax. Apreté mis paredes sobre el miembro de Natsu logrando que este se corriera poco después que yo.
Natsu se derrumba sobre mí, sin aplastarme. Sentí su caliente respiración en mi cuello, ambos jadeábamos incapaces de tranquilizar nuestra respiración. Me sentía desorientada.
Natsu rodó por la cama hasta quedar aun lado de mí.
–Echaba de menos esto. –suspira Natsu a mi lado.
–Yo también. –dije aun desorientada. –La abstinencia no es lo nuestro.
Natsu negó con la cabeza.
–Te quiero de nuevo. –dijo.
Sonreí. Mordiéndome el labio. Era insaciable, de alguna manera, él me había hecho una completa ninfómana. Solo con él despertaba este deseo mordaz por follármelo cada vez que lo vea.
Sin darle tiempo de reaccionar, me subí encima de él. Una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.
Oh, sí. Todo mío.
El sonido del teléfono. Era irritante. Le di una pequeña patada a Natsu para que se despertara y contestara, que callara esa maldita maquina ruidosa. Natsu gruñó girándose.
Abrí los ojos pesadamente. Miré a mi lado, donde Natsu dormía pesadamente con un pequeño rastro de baba cayéndole por la comisura de la boca. Hice una mueca de asco y diversión.
Podría tomarle una foto ahora mismo. No, no soy tan cruel.
Me levanté. Mis piernas temblaban como si me las hubieran cambiado por gelatina. Volví a sentarme, sintiendo ese delicioso dolor en mi cadera que solo Natsu dejaba.
Un último intento. Esta vez logré caminar hacia el teléfono y contestar.
–¿Diga? –hablé somnolienta.
–¿Lucy? –preguntó Grandeeney del otro lado de la línea.
Rápidamente me erguí. La voz de Grandeeney logró volver a la realidad.
–Hola, mamá. –dije con voz más decente.
–Hola. –contestó mamá riendo levemente. –¿Acabas de despertar?
–Sí… ¿Querías hablar con Natsu? –pregunté cambiando mi peso de un pie a otro.
–De hecho, quería hablar con los dos. –contestó mamá. –Pero te llamé a tu celular y no contestabas, intenté con el de Natsu y tampoco. Así que decidí llamar al departamento.
Sentí mis mejillas enrojecer. ¿Cómo explicar que ninguno de los dos se dignó a contestar el maldito celular?
–Uhm… día pesado. –dije sin más ideas. –Natsu estaba súper irritado, se metió a su recamara encerrándose ahí y lo último que supe es que había caído como un tronco. –mamá suspiró asintiendo. –Y como era viernes por la noche, salí con Levy-chan. Perdón, debí prestar más atención.
–Oh, está bien. –dijo Grandeeney sin preocupación. –Ambos son adultos, cada quien es responsable de sus actos. Solo quería decirles, que me gustaría que nos reuniéramos para recibir a Wendy.
No sé porque, lo primero que dijo tuvo mucho más significado del que debería, pero le reste importancia cuando el nombre de Wendy entró en la conversación.
–Oh, ¿Enserio? –dije emocionada. –Despertaré a Natsu.
Corrí hacia la habitación con entusiasmo. Dejé el celular en la mesita de noche, me subí sobre Natsu que aún seguía dormido. Lentamente me acerqué a su oído, besando su oreja.
–Natsu…
–Mmm…
No parecía querer despertar. Pasé la punta de mi lengua por toda su oreja haciendo que Natsu se estremeciera pero no logró que abriera los ojos. Chupé su lóbulo con insistencia, Natsu gruñó.
–¿Qué…? –habló somnoliento.
–Despiertaaa. –murmuré, insistiendo. –Mamá está en la línea.
Rápidamente se despertó. Caí rodando por el colchón mientras lo veía estirarse hacia el teléfono y colocarlo en su oreja. Limpió con la base de su mano el pequeño rastro de baba y no pude evitar reírme. Me lanzó una mirada de pocos amigos.
–¿Mamá? –preguntó Natsu, sorprendido.
No podía escuchar nada de lo que estaban hablando, pero estaba segura de que le estaba contando sobre lo de Wendy. Pronto, una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Natsu.
Después de un largo tiempo, Natsu colgó.
–¿Qué dijo? –pregunté, curiosa.
–Quiere que vayamos a cenar en casa. –dijo mientras se levantaba.
–¿Cuándo? –pregunté rodando en el colchón.
–Esta noche. –contestó mientras desaparecía en el baño.
Miré en dirección al baño donde Natsu se había metido. Me quede en silencio, sin pensar en nada específicamente, podía sentir el silencio que de repente se había tornado.
La cabeza de Natsu salió de entre la puerta del baño. Alcé una ceja, confundida.
–¿No vas a bañarte conmigo?
Sonreí con ternura.
–Ow, ¿Me estabas esperando? –pregunté con ternura.
Me levanté y caminé contoneando mis caderas hacia él. Natsu sonrió y cuando estuve en su rango, me atrapo en brazos, atrayendo mi cuerpo al suyo, uniendo nuestros labios en un mañanero beso.
Me separé antes de que las cosas tomaran otro rumbo.
–Solo bañarnos. –advertí.
Natsu hiso une mueca de disgusto. Reí entre dientes mientras me metía en la bañera disfrutando de la calidez del agua. Natsu podría pasarse horas mirando a la joven rubia, en definitiva, Lucy tenía la anatomía más divina que ninguna otra mujer. Su piel suave y cremosa era tan perfecta a la vista y al tacto, su cabello dorado, largo y sedoso, disfrutaba tanto pasar sus dedos por aquella suave melena y sus ojos, sus ojos eran dos perlas brillantes. Le encantaba ver cómo podrían brillar con intensidad y pasar a oscuros por el deseo.
El deseo que solo él puede darle.
Aunque Lucy había dicho que solo sería un baño, no pude evitar pasar mis manos por todas partes, disfrutando de la deslizante sensación del jabón. Me coloqué de tal manera que tenía a Lucy enfrente de mí, dándome la espalda, sintiendo su redondo trasero en la mejor parte.
Tomé una gran cantidad de jabón en mis manos y con mucho cuidado fui deslizando mis manos por su espalda, por sus brazos, por su cuello hasta llegar a sus pechos, los cuales les di la mejor atención posible. Los amase con algo de fuerza, sintiendo la suavidad y redondez de aquellos montículos que me volvían loco.
Lucy jadeó cuando apreté sus pequeños y rosados pezones, pero en ningún momento me pidió que me detuviera. Sonreí con malicia cuando sentí su estremecimiento, bajé mi mano por mi vientre hasta llegar a mi querido destino. Lucy ronroneó echando la cabeza hacia atrás para quedar en mi hombro.
Masajeé su sexo, abriendo sus labios internos y ronzando con delicadeza su clítoris ya hinchado. Tomé entre mis dedos su clítoris, jalándolo levemente sacando un esplendoroso gemido a Lucy. Sin previo aviso metí uno de mis dedos a su estrecha y caliente cavidad.
–Natsu…. –gimió Lucy.
–¿Si, Lucy? –pregunté bajando mi boca hacia su cuello y mordiéndolo. –¿Qué se te ofrece?
Aprovechando el leve silencio, metí el segundo dedo, Lucy se retorció con sensualidad sobre mí. Moví mis dedos dentro de ella de manera circular haciéndola sisear.
Lucy se mantenía fuertemente aferrada a los bordes de la tina y con los ojos cerrados. Saqué y metí ambos dedos con insistencia, en un pequeño vaivén frenético haciendo temblar ligeramente a Lucy. Podía hacer esto por horas, ahora mismo me estaba divirtiendo como nunca.
–¡Natsu! –fue el grito de Lucy cuando logró correrse.
–Bien hecho, Luce. –susurré con burla.
–Eres cruel. –murmuró con un puchero.
Después de aquel encuentro me concentré en asearme y no caer en las deliciosas tentaciones de Lucy. No podíamos estar todo el día en casa teniendo sexo…
O tal vez sí…
No.
Tendríamos que prepararnos para la cena de esta noche y encontrar un regalo para la pequeña Wendy. Y sé que Lucy quiere lo mismo, así que nada de provocaciones por el día de hoy.
Espero.
