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Crónicas de un sicario.

La victima.

No sabía cómo había pasado esto. En la mañana, ella estaba desayunando con su «amado» esposo, conversando y haciendo planes para el futuro, cuando de repente en el transcurso de la tarde mientras salía de uno de los tantos centros comerciales de Tokyo, sintió que le faltaba el aire y todo se oscureció.

¡¿Qué había pasado?! Alguien, no sabía quién, le había puesto un pañuelo impregnado de alguna extraña sustancia que le hizo caer en un profundo estupor, recordó vagamente haberse levantado en el trayendo, notó que estaba siendo llevada fuera de la cuidad, forcejeo, alguien la golpeo y poco le importó su estado de gestación, ella sencillamente no tuvo ninguna opción.

Ahora despertaba con algo de dolor completamente aturdida, en un cuarto oscuro, con escasa luz y con ese hedor impregnado en el aire que sabía que era alguna clase de motel de mala muerte, pero esa no fue la peor parte, entendía que había sido secuestrada, la razón era obvia, querían dinero, no necesitaba ser un genio para adivinar eso, después de todo era una gran desventaja no solo ser la única heredera de un imperio textil japonés, sino que su esposo era un magnate ingles petrolero. Era el precio del dinero y de haber nacido en una cuna de oro, hablando metafóricamente.

Era inevitable no sollozar en una situación como está, sabía qué debía mantener la calma, pero qué hacer, estaba encinta de tres meses, ya se notaba su vientre abultado, no sabía por cuánto tiempo estaría en esa situación, no quería pensar ni siquiera que su vida estaba por terminar, todo menos eso. Internamente trataba de calmarse, pero era una situación tan adversa no podía serenarse.

La peor parte fue sentir abrirse la puerta de repente, en ese momento todo pensamiento o animo que se daba internamente quedaron de lado, para dar paso al temor, a la ansiedad, ella tenía miedo, por su vida, por su bebe, aquel hombre a pesar de la escasa luz se veía imponente, su lenguaje corporal gritaba «asesino» en toda la extensión de la palabra.

La primera parte de sus amenazas no las escucho porque sus sentidos la traicionaron, mientras el hombre hablaba ella miraba con atención aquel hombre que tenía en su mirada feroz una promesa de muerte, no era posible todo lo que estaba experimentado en ese momento, sus cabellos eran negros como la noche, su mirada no sabía si sus ojos eran azules u oscuro, pero con aquella expresión el color de sus pupilas perdió todo sentido, ni hablar de su rostro o su torso o sus piernas, eran fuerte, varonil, su cuerpo tenía un olor impregnado a tabaco, alcohol o nicotina, nos sabía cuál era y eso poco le importaba porque a pesar que su escasa barba era rasposa no desmerecían aquella belleza bruta masculina, ella nunca había visto un hombre así parecía ser un villano de esas historias eróticas que ella en su tiempo de ocio leía, pero aquella realidad estaba muy lejos de las fantasías que había experimentado por aquellos relatos.

Ella no era una doncella en peligro que iba ser recatada por un príncipe de armadura brillante, ella era una victima de un secuestro y no sabía hasta dónde era capaz de llegar aquel hombre, porque hasta su voz ronca sonaba tan excitante como macabra, no sabía en qué momento le quito las sogas que la amordazaban y le hacían daño menos aquel sucio pañuelo que había lastimado sus labios de color carmín, sus ojos se llenaron de aquel liquido cristalino que nublo su visión, no escucho ni siquiera la segunda parte de su amenaza al verse de pie frente a él, se sentía tan frágil como una muñeca de porcelana a punto de ser rota. Se sintió completamente abrumada por la estatura del hombre, el oxigeno le faltó porque del temor que experimento se desmayo en el momento.

No sabía qué iba pasar, pero tenía la certeza que aquel hombre la marcaría de por vida, su instinto de mujer lo sabía y tener esa certeza era terriblemente perturbador.

«Continuará» …