Capítulo I

El maravilloso trabajo de Bella.

"We always dreamed about this better life, this better life

We always thought we'd come in all along, yeah all along

We got the keys to open paradise, yeah paradise

Now let's go walking hand in hand

(...) We got the keys to open paradise, yeah paradise

It feels like...

We could do this all night. We could do this all night"

4:40 A.m.

30 de abril 2010

Bella se levantó cinco minutos antes de que la alarma sonara, Edward aún no se encontraba en casa, por lo que asumió que su turno se había extendido por alguna emergencia.

Media hora más tarde, mientras se encontraba sentada en la barra de la cocina con una tostada a medio comer en una de sus manos y una taza de café en la otra, la puerta se abrió y en unos segundos Edward apareció en la puerta de la cocina, él le regalo una sonrisa cansada y beso su frente con suavidad.

— ¿Estuvo pesado? —la chica se acercó a él, pasando sus manos por su cabello, despeinándolo un poco más de lo que ya estaba.

— Hasta las 3 de la mañana solo pasaron uno que otro corte y muy pocos con necesidad de sutura —el cobrizo suspiró y cerró los ojos cuando la mano de Bella rozó su mejilla—. Después todo se volvió un caos, un idiota ebrio golpeo un auto familiar, todos los que iban en este están graves.

— Como dijiste… Idiota —ella dejo un suave beso en sus labios y sonrío—. Ve y duerme un rato. Vuelvo a eso de las seis treinta para la cena.

El asintió besando su frente para luego girarse y caminar hacia el cuarto, a lo que Bella miró la hora, tomó su bolso y salió de casa.

(…)

— Jefe Swan, buenos días —la chica asintió hacia uno de los médicos que se paseaban por el piso de medicina interna, en donde Bella estaba recibiendo turno—. Me avisaron que anoche hubo un accidente bastante grave, ¿Sabe algo acerca de la familia afectada?

— Padres en fila para cirugía, los hijos mayores están en fila para el tomógrafo, y el menor esta fuera de peligro, aunque tenemos que hablar con servicios sociales para averiguar qué haremos con él.

El médico asintió antes de marcharse rápidamente, causando que Bella negara con su cabeza y susurrara con sorna.

— De nada, Doctor Williams.

(…)

A eso del medio día, Bella estaba agotada física y mentalmente, el idiota que Ed le había mencionado no paraba de gritar que le quitaran las esposas que la policía le había puesto después de atacar a una de sus enfermeras tirándole su historial clínico, a pesar de ese imprevisto, agradecía a las fuerzas místicas de las recuperaciones mágicas por el rápido avance de los diferentes pacientes que trataba, aunque muchos de sus "clientes frecuentes" no se encontraban en mejor forma, llegando a parecer que iban de mal en peor, pero ella se encargaba de mantenerlos felices y sin dolor.

Queriendo descansar un rato, Bella se apoyó en la estación de enfermeras y soltó un suspiro.

— ¿Todo bien jefa? ¿El día está pesado? —Bella asintió girando su cabeza hacia el chico, era Emmet, uno de sus compañeros, quien en el momento se encontraba actualizando un expediente—. Agradece que urgencias esta extrañamente vacía hoy.

Bella soltó una risa algo irónica, pero antes de poderle contestarle, su localizador sonó avisándole que uno de sus pacientes la llamaba con urgencia tres pisos más abajo, soltó un suspiro y se levantó sonriéndole en disculpas a Emmet.

— El deber llama, ¿no jefa?

— Como siempre. Nos vemos luego, Emm.

Ella alzó su mano en forma de despedida y él le devolvió el gesto con una sonrisa en su cara.

Durante el resto de la tarde, Bella estuvo de aquí para allá entre consultas, cirugías y un par de emergencias leves; para el final de esta, ella podía sentir el cansancio en todo su cuerpo, e incluso podía afirmar que hasta su pelo le dolía. Pero a pesar de esto, todo estaba bien, aquellos a quienes había atendido estaban recuperándose satisfactoriamente, el paciente de la 1428 ya tenía su alta y sería llevado a la comisaría, además, no hubo ningún incidente –o accidente- fuerte en emergencias. Fue un buen día de trabajo. Entregó turno casi a medio dormirse, fichó su salida y bajó lo más rápido que pudo para subirse al auto e irse a casa.

Eran casi las ocho cuando llegó a casa.

Luego de bajarse de su auto el cansancio volvió de golpe a ella, por lo que luchó contra la cerradura por casi tres minutos antes de que su novio tuviera piedad de ella y le abriera la puerta, a lo que ella le sonrió con cariño y se tiró en sus brazos siendo sujetada rápidamente por su pareja, quien entre risas la sostuvo y la llevó a la mesa, en donde la esperaba un plato de comida.

La cena fue rápida, Edward la mantuvo despierta lo suficiente para que no cayera de cara en su plato y quince minutos después ambos se encontraban en la cama, Bella en un estado catatónico de sueño acariciaba el pecho desnudo de su novio y este haciendo pequeños círculos con sus dedos en su cadera.

— Sabes, Ed… A pesar de que cada día termine tan cansada que ni siquiera pueda abrir la puerta de casa y que dure más de doce horas fuera de esta, que solo te vea media hora e incluso menos entre semana, a pesar de todo eso… Me siento bien, porque sé que lo hago por una buena causa. Porque después de esas doce horas varias personas dejan de tener dolor, dejan de sufrir, siguen enfrentando su vida con una sonrisa en la cara; porque aquellos que no van por donde deben ir enfrentan las consecuencias de su irresponsabilidad. Siento que, a pesar de todo, este es un trabajo maravilloso.

— Lo sé, Bells —el besó su frente y ella pauso las caricias soltando un amplio bostezo—. Al final del día todo mejora… Ahora duerme.

Su respuesta fue un suspiro, cuando él bajo su mirada, sus ojos ya se encontraban cerrados y su mano se aferraba a él. El cobrizo besó nuevamente su frente y cerró los ojos.