Capítulo 1

Encuentros y felicitaciones

Los ojos de Misty brillaban con una mezcla de alegría y azoramiento. Todos los presentes en aquella fiesta dedicada a su triunfo como maestra pokémon, se peleaban por acercarse a ella y felicitarla.

Misty estaba contenta por su logro, pero nunca pensó que causaría tanta expectación, y eso la llenaba de orgullo.

Vestía con un pantalón corto de color negro, una camiseta rosa algo escotada, y unos zapatos de tacón alto con los que le dolían las puntas de los pies. Pero no le importaba; esa noche tenía que lucir la más bonita de todas. Y aquellos zapatos ayudaban a estilizar su delgada figura todavía más.

Pasaron varios minutos hasta que consiguió llegar hasta el recibidor y saludar a sus amigos, Tracey, Broc y Dawn. No obstante, apenas pudo entablar una pequeña conversación con ellos, cuando fue arrastrada por una marabunta de fans que la alejaron del lugar.

Tras firmar autógrafos y fotografiarse con una multitud de admiradores, consiguió escabullirse hacia la parte trasera del jardín. Una vez alejada de la masa de gente, suspiró aliviada. Recordaba haber estado en otra fiesta así tres años antes, la fiesta de proclamación de otro maestro pokémon.

Sí, la fiesta de Ash. Y recordaba como todas las chicas iban tras él, revoloteando como moscas, sonriendo con estupidez… Apretó los puños con fuerza y gruñó. Los celos le corroían como nunca. Porque sabía que ella era una simple entrenadora de pokémon acuáticos, la líder del gimnasio de Celeste. Pero eso no era nada comparado con ser un maestro pokémon. Desde entonces Ash ya nunca se fijaría en ella, ni siquiera como amiga. O al menos eso pensó Misty. Por ello ese día decidió que debía luchar por igualar a ese niñato, ese mocoso al que apenas veía una vez al año…Ese maldito Ash…

-¡Misty!—exclamó una voz masculina a sus espaldas—Menos mal que te he visto salir corriendo hacia aquí…

Ella se volteó y se encontró frente los ojos del mocoso. Se trataría de un niñato, pero topar con su mirada le hizo estremecer y sonrojarse. Hacía tres años que no le veía. Precisamente desde su fiesta de proclamación como maestro pokémon.

-¿Ash?-preguntó ella con sorpresa.

El chico había crecido algunos centímetros más desde la última vez que lo vio, y le sobrepasaba casi una cabeza entera. Vestía con un look casual: pantalones vaqueros desgastados, zapatillas deportivas y una camisa negra remangada… Misty se quedó sorprendida por la evolución de la musculatura de Ash. No era que se hubiera convertido en un cachas hiperhormonado, pero en los últimos años había definido bastante bien sus músculos, y el color moreno de su piel resaltaba más sus antebrazos.

Madre mía, cómo puede estar tan guapo…

Al darse cuenta de lo que estaba pensando, sacudió la cabeza con ímpetu y le miró de forma retadora, tratando de quitar la cara de tonta que se le había quedado. El corazón le latía con fuerza por la sorpresa y la alegría del encuentro.

Cuánto le he extrañado... y ahora está aquí…

Él, por su parte, observó a la muchacha de arriba abajo y se detuvo en los pies, que tenía descalzos. No pudo evitar sonreír.

-¿Es que te molestaban los zapatos?—preguntó, en tono burlón, disimulando la admiración que le causó encontrar a la chica con un atuendo tan diferente al que solía llevar—Normal, no puedes andar por ahí como una modelo cuando no lo eres…

Misty se sacó de la chistera su olvidado mazo característico y golpeó a Ash en la cabeza.

Guapo o no, sigue siendo el mismo idiota de siempre.

Ash protestó por el golpazo recibido, y en pocos segundos rememoró todas las ocasiones en las que Misty le había sacudido. Casi todas ellas sin razón, según él. Misty era como una olla express, sin capacidad de autocontrol.

¡!Cómo puede ser tan bruta!

Por su parte, Misty se sentía profundamente ofendida. Tanto que le había costado arreglarse para no recibir ni un cumplido por parte de Ash. Continuaba siendo el mismo despistado que la sacaba de quicio.

-¿Tres años sin verme y es eso lo primero que me dices?—exclamó ella.

-Oye, tu fuiste la que desapareció por más de dos años…—se excusó Ash, poniendo en evidencia cierto rencor hacia la decisión tomada por la chica.

-Tú ya habías desaparecido antes.

-No, yo volvía siempre al finalizar mi viaje.

-A un amigo no se le ve solo una vez al año.

-Hacía lo que podía, sabes que tenía que cumplir mi sueño.

-Y yo estaba como una tonta esperándote.

-Nadie te obligaba a ello.

-¡Idiota!

-¡Tú sí que eres idiota!

Un silencio reinó entre ambos. Las venas de las sienes se les hincharon a causa del enfado. Era evidente que los dos se habían echado de menos, pero no eran capaces de demostrarlo.

Misty se dio media vuelta y emprendió su camino hacia el interior de la estancia. Estaba tan molesta con Ash… Todos le habían repetido una y otra vez lo guapa que estaba, lo que había cambiado y lo bonito que tenía el pelo, tan largo y cuidado. Pero Ash ni una sola observación. Y lo que era peor, ni siquiera la había felicitado por su triunfo. Aunque, pensándolo bien, si había acudido a su fiesta era porque, en el fondo, quizá le importaba algo…

-¡Misty espera!—la llamó de pronto Ash.

Ella se giró de nuevo y miró al muchacho. ¿Por fin iba a decirle algo bueno? ¿Pensaba disculparse? Un halo de esperanza invadió a la chica.

-¿Ves como no te va lo de llevar zapatos de tacón?—le preguntó él, risueño. Misty estuvo a punto de caerse al suelo… ¿A qué venía eso?—Ni siquiera te has dado cuenta de que no los llevas puestos…

El muchacho se echó a reír, divertido por la situación. Cogió los zapatos con la mano y se los tendió a la chica. Ella se acercó, descalza, a grandes zancadas y se los arrebató de la mano.

-Eres un indeseable, Ash.

El chico se quedó ahí pasmado, sorprendido por la actitud de la chica. Él solo pretendía molestarla un poco, como en los viejos tiempos. Le encantaba verla enfadar. Pero el mal humor de Misty le había impedido llevar a cabo su verdadera intención desde el principio, que era darle la enhorabuena por su proclamación como maestra pokémon. Y pasar un tiempo con ella, que ya la echaba de menos… Pero no tuvo ocasión, la chica desapareció en la sala de fiestas antes de que él pudiera abrir de nuevo la bocaza.

Ash no pudo evitar sentir una mezcla de vacío y decepción por el encuentro. Hacía mucho tiempo que no veía a su amiga, y no comprendía por qué ella no había mostrada ninguna alegría al verle. Al igual que tampoco entendió por qué motivo ella había decidido marcharse a un viaje pokémon, sin tan siquiera avisarle ni despedirse. Era cierto que por esos tiempos él estaba muy ocupado con su reciente cargo como maestro pokémon, pero siempre que tenía tiempo le escribía un sms o un correo electrónico. Aunque quizá no los suficientes…

Con el resto de sus amigos había ocurrido algo similar, ya que poco a poco habían ido distanciándose, cada uno dedicado a sus obligaciones. Pero siempre encontraban algún momento de reunión, aunque fuera una vez al mes. De hecho, Ash seguía considerando como sus mejores amigos a Broc, Tracey, Dawn, May, Max y por supuesto Misty… Y les echaba de menos a todos ellos. Desde que se convirtió en maestro no había encontrado unos amigos tan buenos como aquellos. Les guardaba tanto cariño... Ojalá pudieran olvidarse de todas sus responsabilidades y hacer un viaje todos juntos… Pero eso era imposible. Ya no eran unos niños…

Además, por primera vez en su vida se encontraba solo. Ya no tenía a sus amigos, únicamente el fiel Pikachu y el resto de sus pokémon permanecían junto a él. Las personas que había conocido en su nuevo puesto eran meros compañeros de trabajo, con los que no había intimado. Y los números de teléfono que guardaba en su móvil eran de periodistas, fotógrafos y publicistas que le hacían seguimiento por su fama.

Sí, definitivamente estaba muy solo. Y había ansiado tanto el momento de volver a ver a Misty… Se había acostumbrado a no verla, pero en cuanto la tuvo delante, todos los recuerdos y sentimientos que le enlazaban a ella volvieron a su mente.

No entendía muy bien por qué Misty le producía aquellas sensaciones extrañas, desde siempre. Se trataba de una mezcla entre rivalidad, admiración y afecto, que no era capaz de controlar. A sus otros amigos les quería, pero lo que sentía con Misty era algo de mayor fuerza. Quizá por ello nunca se había fijado en ninguna de las múltiples mujeres que se acercaban a él, porque ninguna le hacía sentir como Misty. O quizá era simplemente porque notaba que todas ellas tenían intenciones amorosas y/o sexuales y él no estaba interesado en esos temas… aún.

Entretanto, Misty caminaba obcecada por el largo pasillo que conducía hacia el salón principal. Se sentía rabiosa y lo único que quería era encontrar a Dawn y contarle lo sucedido. En los últimos años Dawn se había convertido en una buena amiga, a pesar de los celos que le causaba cuando la conoció. Al principio pensaba que Ash podía estar interesado en ella, porque se trataba de una niña muy guapa y simpática, pero pasó el tiempo, dejaron de viajar juntos y Dawn se trasladó a vivir en Ciudad Celeste con su madre. Por ese motivo amabas muchachas tuvieron oportunidad de intimar más. Misty incluso llegó a preguntarle a Dawn en una ocasión si alguna vez Ash se le había declarado. Dawn se rió con ganas, y luego bajó la cabeza apenada. Reconoció que el chico le parecía muy guapo y sentía algo por él, pero nunca fue algo mutuo. En el tiempo que le conocía, no había estado interesado en mantener una relación amorosa con nadie. Misty suspiró aliviada, aunque se sintió culpable por no sincerarse con Dawn como ella había hecho.

Tan encenegaba caminaba, que no se percató de que chocaba bruscamente con alguien. Se detuvo por el impacto y se disculpó.

-No pasa nada—la tranquilizó el muchacho con quien había topado—Siempre es un placer encontrarte, Misty.

Ella observó al chico de cerca y sonrió. No lo había reconocido. Hacía cuatro o cinco años que no lo veía, y estaba más alto y fuerte.

-¡Gary!—exclamó, aun sin distinguir si era una sorpresa agradable o desagradable—Estás tan distinto… ¿y qué haces en mi fiesta?

-El otro día me encontré con tu hermana Daisy y me lo contó—explicó él, con una sonrisa encantadora—De verdad me alegré de que te hubieran proclamado maestra pokémon. Hay pocas chicas que se decidan a luchar por ese sueño, y además, siempre pensé que tú podrías hacerlo muy bien.

-¿De verdad?

-Claro, pero como siempre ibas con Ash, como su sombra, no pensaba que te interesaría esto…

-¿Su sombra?—Misty se sentía profundamente ofendida—Yo no soy sombra de nadie, le acompañaba porque era mi amigo, y me lo pasaba bien con él. Luego como sabrás, recuperé mi puesto de líder de gimnasio y me convertí en una gran entrenadora de pokémon de agua. Y ahora soy Maestra pokémon… así que mi currículum es mejor que el suyo…

Gary se echó a reír y trató de clamar a Misty. Seguía con el mismo genio de siempre.

-Venga, no te lo tomes a mal, nena—se disculpó él, poniéndole una mano sobre el hombro—Era solo una observación. De todas formas siempre he pensado que tú valías más que ese enano.

-¡Ja, claro que sí! A ver, está claro que Ash es un buen maestro, pero también es un cabezahueca, y sin mí nunca habría conseguido estar donde está.

En ese momento el susodicho apareció por detrás, y Misty se cruzó de brazos con enojo. No estaba segura de si el chico había llegado a tiempo para escuchar su última frase.

-¿Gary, qué haces aquí?—fue lo único que dijo Ash, sorprendido. Definitivamente no se había enterado de nada—Hace tiempo que no te veo, desde la última convención de maestros.

-Ya ves, Ash, yo también necesito tiempo libre y divertirme—replicó Gary, con cierto tono altivo—Aunque no suelo asistir a los actos de proclamación de nuevos maestros, en el caso de Misty no podía fallar.

La aludida se sintió importante. Pero no por el comentario de Gary, sino por la profunda mirada que le dedicó. Notó cómo el chico clavaba los ojos en ella, y recorría su cuerpo con agrado y admiración. Era la mirada que ansiaba del estúpido de Ash.

Pero el estúpido solo estaba preocupado por dejar a Gary en mal lugar, y no tenía argumentos para hacerlo. La realidad era que Gary había conseguido convertirse en maestro un año antes que él, y se trataba de uno de los más jóvenes y prestigiosos expertos que existía en Kanto. Siempre se le adelantaba…

Misty no quiso perder la oportunidad de coquetear con Gary, por el simple hecho de tener al niñato de Ash ahí delante.

-¿Así que te quedarás toda la noche?—le preguntó ella, tocándole ligeramente el pecho con las puntas de los dedos—Así podremos conversar más, y me puedes enseñar todo lo que sabes sobre el mundillo de los maestros. Como yo soy nueva…

Gary no era tonto y notó el cambio de actitud en Misty desde que Ash se había presenciado, pero no le importó. La chica le parecía guapísima y haría lo posible por pasar más rato con ella. No entendía cómo no se había fijado en su belleza mucho antes.

-Si quieres nos tomamos una copa y hablamos tranquilamente—sugirió él.

Misty miró a Ash de reojo antes de contestar. Tenía el ceño fruncido. Quizá estaba celoso. O quizá simplemente odiaba a Gary. De una forma un otra, marcharse con el chico a tomar un copa le iba a fastidiar de igual manera. Así que asintió y aceptó el brazo que Gary le tendía.

Ambos muchachos se acercaron al bar y pidieron dos copas, para luego sentarse en un sofá a charlar. Misty no le quitaba ojo a Ash, quien se había quedado como un pasmarote unos metros atrás. No soportaba la indiferencia del chico. Volver a verle le había traído tantos recuerdos… Y a él parecía no importarle. ¿Por qué no un abrazo cuando la vio? ¿O un simple "me alegro de verte"? Nada, solo sus burlas. Cómo podía ser tan tonto… Lo odiaba…

Y todavía lo odió más cuando lo vio acercarse a sus amigos, entre ellos Dawn, quien lucía muy elegante y atrevida en esa noche. Ash le tiró del pelo a la chica, sonriendo, y empezaron a jugar a tocarse, o golpearse, o pelearse… Sea como fuera, Misty sintió como le ardía el pecho. Y la conversación de Gary cada vez le resultaba más insulsa. No se estaba enterando de nada de lo que el chico le contaba. Ella solo asentía con la cabeza y fingía una sonrisa de vez en cuando.

Y Ash ahí divirtiéndose. Con Dawn. La misma que una vez le aseguró que Ash no le correspondía. Pero ahora estaba tan cerca de Ash, con su vestido corto y escotado, su sonrisa impecable y su carita de niña traviesa…

Odio a Ash, odio a Ash, odio a Ash… ¡Lo odio!

Aunque si realmente lo odiaba, ¿por qué le dolía tanto el corazón?

Espero que os haya gustado el primer capítulo…

Sofia, Nena y ELi: muchas gracias por vuestros comentarios, me alegra que os haya gustado aunque solo fuera el prólogo… Intentaré no tarda mucho en actualizar, pero me dará ánimo si tengo más reviews, porque es significará que os está gustando…

Salu2 a tods!