N/A: Hey! Se acuerdan de Myriam? Volvió! Y en forma de fichas! :D
No, ya, en serio... no me peguen tengo lentes ;m; (?) Sí, sí, me tardé 3849857 años. Sí, sí, la actualización quedó re corta. Y sí, al final no tuvo lemmon. Mátenme (?) Para la próxima no me tardaré tanto, estoy segura... pero con este estuvo muy jodido umu como sea, dejemos eso por ahora.
Por otra parte, he visto entre los comentarios a alguien que decía que algo no le quedaba claro. Chic s, siempre que no sea importante en la historia, pregúntenme lo que quieran y les responderé, o por inbox o por aquí, en caso de que sean anon. Nada más que decir, así que... enjoy!
Disclaimer: Los personajes de Corazón de Melón le pertenecen a ChiNoMiKo, a ella y a nadie más. Lo único mío es... bueno, las palabras aquí y gran parte de la trama. La idea de que Nathaniel trabajara en un gloryhole pertenece a Sinnaegrell, y tengo su permiso expreso de escribir esto con su idea. Lo aclaro por las dudas (?)
"Corre… corre… —Sus propios pensamientos, una respiración agitada y el sonido de los zapatos al chocar contra el cemento eran lo único que Nathaniel oía en ese momento. Lamentablemente, Educación Física nunca había sido lo suyo, y menos ahora que ya no era una asignatura obligatoria para él—. Corre más rápido, imbécil". Bueno, no era como si no intentara seguir esta orden mental, después de todo. Pero seguía yendo muy lento, y el tiempo no se apiadaba de él, pasando con rapidez como si nada.
Cuando llegó a la puerta, tenía el dorado cabello completamente desordenado, y mientras se recargaba en sus propias rodillas para regular la respiración notó que el cielo se tornaba grisáceo. "Nada como un buen baño al salir del trabajo, ¿eh?" pensó con sarcasmo mientras miraba las nubes frunciendo el ceño. Maldito Tláloc.
Tocó, y al reconocerle, el hombre al otro lado de la mirilla lo dejó pasar sin hacer preguntas. Nathaniel no pasó por alto que este prácticamente lo desnudaba con la mirada, pero como no parecía ir a intentar nada, rápidamente decidió no darle importancia a esa figura repetida en su vida. Subió los escalones de dos en dos, y al llegar al final de la escalera, en lugar de pasar por la puerta frente a sí entró a una a su derecha. Para su suerte, Jackson no había llegado.
Con un suspiro de alivio caminó entre sus compañeros, algunos le miraban con indiferencia y otros con curiosidad. Allí podías ver de todo, lo que incluía chicas con extravagantes vestidos lolita al estilo barroco, chicas ataviadas más bien con ropa victoriana, góticas y góticos, gente vestida de forma perfectamente normal y hombres cuyo sexo era difícil de definir. Hasta "Barbies musculosas" (nombre dado a cierto fenómeno y que, a su parecer, era bastante cómico, que básicamente consistía en hombres musculosos y fornidos que, bueno… eran tan pasivos que hasta Nathaniel habría ido arriba.)
El jefe llegó, y se hizo un silencio sepulcral donde antes habían murmullos constantes y risas disimuladas. Cuando les sonrió cálidamente, el ambiente pareció relajarse, pero seguía habiendo tensión mientras él "pasaba lista".
— ¿Amatista?
— Aquí.
— ¿Esmeralda?
— ¡Aquí!
No prestó atención a los nombres, después de todo, el suyo estaba al final, por lo que se dedicó a desvariar un poco. Acerca de la lluvia, acerca de su trabajo, acerca de cómo había llegado a trabajar allí… Pensó en su hermana, en lo mucho que había cambiado desde lo de la enfermedad. Pensó en su madre, en su alergia a los gatos y en el suave abrazo que le había dado al llegar a casa después del arduo tratamiento. Hasta dirigió un pensamiento a su padre, pero luego llegaron a su mente las marcas que le había dejado y rápidamente lo alejó de su mente. Había cosas en las que era mejor no pensar.
— ¿Zafiro? —Se sobresaltó y asintió, el tiempo había pasado muy rápido mientras él divagaba.
— Aquí, señor —todos suspiraron, lo que indicaba que esa tediosa parte había pasado, y el hombre se despidió amablemente de ellos. Así que, era hora del show…
Se desperezó suavemente mientras, paciente, esperaba a que quien quiera que fuera su cliente entrara allí, ya sin ser presa del miedo ni ninguna otra cosa. Suspiró, porque la espera era aburrida pero necesaria, y mientras tanto recorrió con la mirada su propio cuerpo. Viéndose, aunque fuera por encima de la ropa, era interesante hacerse una pregunta: ¿qué tenía, que lo hacía tan malditamente atractivo para las personas?
Porque, y eso lo admitía para sí mismo, Nathaniel era guapo. De piel nívea, rasgos suaves y unos ojos tan dorados como su cabello que, según le habían dicho, brillaban con intensidad cuando sonreía. Además, era alto. Sin llegar a serlo de manera exagerada, era más alto que la mayoría de las mujeres, lo cual bastaba. Pero eso no justificaba las múltiples cartas de amor durante la preparatoria, ni a las chicas más atrevidas lanzándole besos, mientras las más tímidas se sonrojaban y algunas hasta tartamudeaban al estar con él. Y, ah, sin duda no podía justificar de ninguna manera a los hombres que le silbaban en la calle, le daban flores, lo dejaban pasar cuando salía de algún lugar… Inclusive sus amigos, hasta los más heteros, le decían bromeando "por vos me hago gay" y cosas por el estilo. No, no era tan apuesto como para que todo eso estuviera justificado.
Aún estaba concentrándose en esto cuando el chirrido de la puerta lo sobresaltó, y logró ver el brillo de una cabellera roja como la sangre antes de volver a quedar en la profunda oscuridad.
Maldito, maldito y mil veces maldito fuera el imbécil de Armin. Castiel observó el cielo nublándose. Ah, mierda, por lo que el cielo dejaba adivinar llegaría empapado a su casa, y todo por culpa de ese idiota que tenía como amigo. A veces (léase: todo el tiempo excepto cuando estaba divirtiéndose con él) se preguntaba por qué seguía saliendo con el pelinegro, si todas las salidas a beber o inclusive a algo tan simple como la cafetería a la esquina de la universidad terminaban en desastre. Una vez una anciana le había lanzado su bolsa llena de compras porque pensó que le había dicho un insulto (maldita sorda) mientras Armin se meaba de risa; y otra vez, el ojiazul había recibido un balde de pintura que Castiel había dejado para que el profesor tuviera una agradable sorpresa. Las anécdotas continuaban, pero de alguna manera ellos siempre se las arreglaban para pasar un buen rato, bebiendo y a veces jugando videojuegos. Cosa que casi nunca hacían, porque Armin criticaba mucho su manera de jugar, Castiel le gruñía incoherencias mientras perdía una y otra vez, y al poco rato ambos se hartaban.
Vaya, entre pito y flauta no se había percatado de que ahora estaba frente a la puerta, y dio una profunda bocanada de aire para darse valor antes de tocar. Una gota de agua le corrió por el puño al hacerlo, y Castiel gruñó para sus adentros. Un hombre fornido y de mirada intimidante le abrió.
—Vengo con esto —dijo mientras levantaba una roja tarjeta que Armin le había dado, a lo que el hombretón abrió la puerta con unas manos fuertes y grandes ("manos de seme" habría dicho Alexy, aunque Castiel nunca entendió ni un poco de las expresiones que el chico usaba). Esperaba que, con esto, la parte más tediosa hubiera pasado…
Se equivocaba, se equivocaba, se equivocaba, se había equivocado horriblemente. No tardó en darse cuenta de esto mientras le daba un sorbo a su trago, tamborileando los dedos contra la barra. Llevó una mano a la cajetilla de cigarrillos que tenía en el bolsillo trasero, pero no se permitía fumar en ese lugar. Ah, un buen Malboro… nada le habría venido mejor que fumarse un buen Malboro en esos momentos. Pero solamente bufó, y le dio otro sorbo a su trago. Las reglas eran las reglas, aunque (o más aún si) fueran las de un establecimiento ilegal. Joder, ni siquiera estaba seguro de que la bebida en su vaso fuera legal. En una de esas, estaba prohibida en su país.
Ya había pasado un rato sufriendo la maldita espera en ese lugar de porquería cuando, repentinamente, le llegó la voz de alguien, y levantó la mirada para encontrarse con la de un hombre de unos 30 años y baja estatura. El mayor le dijo que las personas que atendían en el gloryhole ya estaban listas, y Castiel sintió como si un peso enorme se le saliera de encima. Ah, al menos ahora solamente le quedaba ir y meterla en la boca de un extraño. Capaz y lo terminaba disfrutando.
Caminó hasta la puerta, por donde entró, para luego darle una mirada al lugar. Más que "cubículo", el lugar era una habitación vacía, excepto por una especie de pared fina de madera que la dividía en dos, con un agujero a la altura de la pelvis de un hombre promedio. Para su suerte, pensó Castiel mientras cerraba tras de sí la puerta, él tenía la altura de un hombre promedio. Bien, nada malo por ahora. Solamente tendría que ir y… meterla en el agujero.
Ah, mierda, hasta en su mente eso sonaba fatal.
Un último gemido salió de sus labios, y la sustancia espesa que era su propio semen le llenó la mano. Luego de un poco más, ocurrió lo mismo con el esperma del extraño al otro lado del cubículo, llenándole la boca. Ya acostumbrado al sabor, tragó, y se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano. Bueno, no había estado tan mal, después de todo. Además, había sido el último de esa noche, así que en poco tiempo estaría en su casa, se tiraría en la cama y se haría bolita, como siempre. Luego se castigaría mentalmente como buen hijo de cristianos y fingiría que nada había pasado, puesto que en el fondo lo hacía por alguien que quería. La idea de que su madre estaría ahí, en casa, probablemente encerrada en su cuarto leyendo una novela, lo animó lo bastante como para limpiarse, colocarse la camiseta y ponerse en pie, en lugar de quedarse tirado como un imbécil, maldiciéndose a sí y a todo el santo mundo. Con un suspiro se despidió de todos y bajó la escalera, apresurado. Hizo un gesto de despedida hacia el guardia y abrió la puerta.
Y ahí estaba, el enemigo natural de Nathaniel. Casi le pareció verle reírse de sí mientras se quitaba el saco de cuero y lo usaba para cubrirse. Sin poder evitarlo, y teniendo en cuenta el día de mierda que había tenido, alzó el dedo mayor al cielo y gritó a todo pulmón.
— ¡Vete a la mierda, Tláloc!
N/A: ¿Y? ¿Qué les pareció? ¿De repente sienten que ya no merezco la muerte? ¿Piensan también que Tláloc puede llegar a ser un cabrón? ¿Les parece raro que ponga referencias a Tláloc cuando soy argentina? ¿Están hartos de que ponga puras preguntas? ¿Quieren otro capítulo? Todo eso y sus amenazas de muerte pueden ser dejados aquí, en los reviews :D (?)
Ah, y tengo buenas (o malas,yo qué sé (?)) noticias. El fic resultó que será algo más largo de lo que tenía planeado... Oh sí, alábenme (?)
Ya, ya, dejo el hueveo. Que tengan una linda tarde/noche/mañana/madrugada/horario de clase porque se metieron desde el cel (?)
