Disclaimer! Los personajes de The Twilight Saga pertenecen a Meyer. ¿Y yo? Esta historia.
Gracias a mi nueva Beta Darla Gilmore, por estar dándome algunos jalones de orejas cuando lo necesito. ¡Mi querida Beta, tengo tantas ideas que me mezclo! Y a Betas FanFiction por dármela. ¡Muchachas, ustedes me dieron un ángel del cielo!
Bella Traición
Capítulo 1:
Remember me.
«Hay silencio envuelto en agonía»
.
Forks.
Hacía mucho que no venía aquí, aproximadamente desde que tenía casi quince años.
Seguía igual que siempre, cosa que no debía sorprenderme. Un techo de nubes grises en el cielo, cubriéndolo todo a su alcance sin permitir que los rayos del sol se escurrieran para brindar un poco de color a toda la vegetación verde del lugar y los tonos grises del pequeño pueblo. No me molestaba en absoluto la falta de sol y sentir el aire frío y la humedad impregnada en el ambiente. Ya me había acostumbrado en la anterior estadía que tuve aquí, la cual duró cinco años. Cinco años que…. ¡Vamos Bella! No ahora.
Respiré profundamente durante un segundo y aparté mi vista de la calle, volteándome para observar el coche de policía perteneciente al sheriff Swan. Escuché como el playero de la gasolinera le decía el monto a pagar y vi a Charlie pagarle.
No me sentía cómoda estar aquí. Estaba nerviosa de cierta forma y necesitaba apoyo moral. Jacob ya me escucharía cuando lo viera. Sabía cuando difícil era para mí venir de nuevo aquí y el muy idiota no acompañó a Charlie para recibirme en el aeropuerto. Pero comprendí que estaría en la escuela de la reserva y tratando de ganar puntos extra con Billy por haberse ido un mes entero a Phoenix para estar conmigo y mi razón de vivir. Y no era el único que estaba enojado por la fuga sorpresiva de Jake sino que Sam y Leah también estaban molestos con él. Tal vez los comprendía porque yo también me había molestado cuando me contó que nadie sabía que había viajado solo y sin la autorización ni la compañía de alguien; y sonreí internamente al recordar la mirada de miedo cuando lo regañé por ello. Yo también hubiera querido que Sam o Leah lo acompañasen, sí ellos se llevaban tan bien con ella. Era demasiado fácil quererla.
—¡Eso no se vale, abuelo! — se quejó una voz cantarina perteneciente a una infante que amaba con toda mi alma.
Rodeé la parte delante del coche para poder ver a Charlie jugar con Reneesme, mi hija.
No pude contener una sonrisa al verla de puntitas de pie tratando de alcanzar una bolsa de galletas que Charlie sostenía en la mano a una altura de ella no alcanzaría. Me mordí el labio inferior tratando de no reírme.
—¡Abue! — rogó Reneesme dando pequeños saltos en vano, jamás alcanzaría. Adoré como sus risos se movía acompañando cada movimientos que hacía.
Sin hacer mucho ruido me acerqué hasta mi hija para tomarla por la espalda, alzándola, y ayudarla a alcanzarla la bolsa de galletas. Su cuerpo se tensó en un principio, pero al instante se relajó.
—¡Wow, creciste de pronto, Reneesme! — bromeó Charlie cuando las galletas fueron arrebatadas con brusquedad. Al instante tanto mi padre como Reneesme se echaron a reír. Yo sonreí, contenta.
Una vez que el depósito del auto estuvo lleno, nos subimos en el coche. Charlie en el asiento del conductor, yo en el del copiloto y Reneesme atrás con el cinturón de seguridad puesto, al igual que nosotros, viendo maravillada con sus ojos marrón chocolate las calles del pueblo de Forks pasar, una tras otras.
No se nos daba hablar mucho a mí y a Charlie, por lo cual íbamos callados pero cómodos con el silencio. Reneesme era de hablar un poco más pero estaba demasiado ocupada viendo por la ventanilla del auto el camino que hacíamos.
El semáforo indicó rojo y nos detuvimos.
Miré la gente pasar por enfrente del auto con paso lento. Un pueblo pequeño, sin mucho qué hacer.
Mis ojos viajaron viendo cada aspecto familiar de los habitantes y me detuve viendo a una pareja, casi de la misma edad que yo, abrazándose. Los observé durante un momento sintiendo melancolía por un pasado maravilloso al cual no podía volver. No sé si la expresión de mi cara hubiera mostrado indicio de dolor pero mi mente me traicionó, haciéndome viajar a la época en la cual tenía catorce años.
—"Bella, no seas así. No fue mi intención. ¿Me perdonas? — el tono de suplica en su voz aterciopelada no lo conseguiría esta vez, no haría que cayera a sus pies —. Bueno, sí tal vez fue mi intención hacerte esperar un poco de tiempo pero valió la pena. Me gusta cuando te enojas, te ves más hermosa — rió musicalmente.
Lo ignoré, mirando para otro lado con los brazos cruzados a la altura de mi pecho. No le vi la gracia, ni tampoco vi el chiste en ello. Observé por el rabillo del ojo su impaciencia por mi respuesta, pero esta vez no caería aunque me mirase con esa penetrante y hermosa mirada esmeralda que perforaba hasta el alma. Mis mejillas comenzaron a encenderse mientras me perdí a en sus ojos. Sentí que de a poco el enojo se iba.
Sonrió tratando de ocultar su risa pero sabía que lo conocía lo bastante como para que no me diera cuenta. Apreté los dientes molesta y bajé la mirada al piso. Agradecí que mi pelo suelto me tapara la cara en ese momento, mis ojos comenzaron a arder fuertemente. No iba a parpadear aunque mi mirada se cristalizaba. Eso no lo podía impedir.
—Bella… —me llamó en un suspiro mientras sus brazos me abrazaban atrayéndome hacia él. Escondí mi rostro entre su cazadora abierta con los ojos apretados y sentí cómo las lágrimas bajaban lentamente por mis mejillas. Él apoyó sus labios en mis cabellos — ¿Estás llorando?
Esperó unos segundos, tratando de que le nudo de mi garganta me permitiese hablar. Su respiración acompasada acariciaba mi cabeza.
—¿Me prometes no volverme a asustar así? — no pude conseguir hablar con el tono molesto que pretendí usar, sonó a súplica y me resultó patético cuando mi voz se quebró dramáticamente —. Pensé que te había pasado algo. Llamé a tu casa y Esme me dijo que te habías ido hacía un rato largo. Luego telefoneé a Alice y me contestó que no sabía nada de ti porque te habías olvidado el móvil en tu casa.
Levanté la cabeza para observarlo. Me estaba mirando con una sonrisa y con una mirada llena de dulzura ante lo que había dicho. ¡Dios! Creo que me voy a desmayar. No quería híper ventilar tan pronto. Tenía que controlarme, pero resultaba difícil con su mano secando mis lágrimas.
—Siento tanto haberte asustado, prometo que no lo volveré hacer — prometió, mientras acercaba su rostro al mío, ansioso.
No me negué a imitarle sin importarme el acelerado ritmo cardiaco de mí desbocado corazón. Cerré mis ojos y sentí sus labios sobre los míos, moviéndose dulcemente. Duré unos segundos antes de que colapsara por el vértigo que sentía. Híper ventile sin poder evitarlo.
—¿Bella? — me volvió a llamar cuando separé mi boca de la suya con un poco de brusquedad. La cabeza me daba vueltas. —¿Lo he vuelto hacer, verdad?
Sólo pude asentir suavemente, tomando bocanas de aire precipitadamente. Ya estaba al tanto de lo que generaba en mí.
—Lo siento — se disculpó apenado, asomando una sonrisa torcida en sus labios.
Sacudí la cabeza para no deslumbrarme nuevamente y le sonreí.
—Ya déjalo, eres demasiado bueno en todo. No es tu culpa — susurré, logrando que riera suavemente y me estrechó más fuerte en sus brazos.
Me aferré a él con todas mis fuerzas o con toda la que podía usar en el momento, sin dejar de sonreír.
—¿Edward? — lo miré y me devolvió la mirada —. Te amo.
Sonrió, pero esta vez mostrando sus perfectos dientes blancos y me plantó un beso en la frente.
—Yo también te amo, Bella – dijo con ferviente pasión en su tono de voz y dejé que su delicioso aliento me invadiese."
Observé a la pareja cruzar apresurados la calle cuando el semáforo estaba por cambiar a verde. Seguí con su imagen en mi cabeza sintiendo como el estómago se me retorcía por el recuerdo.
—¿Bella? — me llamó Charlie con un tono preocupado cuando comenzó a avanzar por el asfalto. No le contesté —. ¡Bella!
Todavía un poco grogui, lo miré.
—¿Q-qué? – balbuceé tontamente, frunciendo el entrecejo al no entender.
—Te pregunté por Renée — contestó al parecer un poco molesto cuando parpadeé sorprendida — ¿Cómo está ella?
Me froté la frente con mi mano derecha, pensando.
—Bien, me dijo que acompañaría a Phil a unos entrenamientos en Florida — le contesté un poco cohibida ante su pregunta.
No me resultaba fácil hablar de Phil delante de Charlie. Me hacia sentir culpable en cierta forma, era algo inevitable.
Guardó silencio durante un minuto, en el cual parecía pensar muy bien lo que iba a decirme. Y yo me estaba poniendo impaciente. Jugué con mis dedos para no presionarlo.
—Y… — musitó, mirándome de reojo — ¿Estuvo de acuerdo así de fácil de que volvieras?
El aire se agolpeó en mis pulmones cuando estos se cerraron y con los ojos bien abiertos, lo miré incrédula. Las manos se me volvieron puños, sudorosos.
—¿P-por qué me lo…preguntas? — le interrogué aunque fue estúpido, porque ya sabía su respuesta. Me crucé de brazos cuando sus ojos se posaron en mi rostro. Suspiré tratando de calmar el aceleramiento brusco de mi corazón.
Un nudo en el medio de la garganta hizo que respirase entrecortadamente cuando pensé en la razón. Una agonía que no sentía desde hacía poco menos de cuatro años, se apoderaba de mí a toda prisa congelando la sangre de mis venas. Agaché levemente la cabeza.
Mi madre se había negado completamente a que viniera con Reneesme a Forks. Esa fue la peor discusión que tuve con Renée y una de las pocas. Sabía que se preocupaba pero aunque ella no lo entendía, estaba atada a este miserable pueblito poblado de un verde cansador y sofocante, para nuestro gusto. Yo simplemente quería estar aquí para sentirme un poco en casa. Tenía a mis amigas y amigos y a Charlie. Tal vez sí era un capricho volver. Lo admito. Sin embargo, Alice me extrañaba al igual que yo a ella, Rosalie, Esme, Carlisle, Charlie, Leah, Sam y Jacob… Jake no podía viajar cada vez que flaqueaba. Era demasiada generosidad y siendo sincera, en Phoenix me sentía incompleta.
No salía casi nunca, solo cuando notaba que Reneesme pasaba mucho tiempo dentro o no merecía estar allí viéndome sufrir; o cuando Alice o Jacob iban a visitarme.
Ya me había cansado de ser alguien que no era, una completa cobarde fui al irme de Forks. Y sí, hay momentos en los que me arrepiento, pero lo hice por una buena causa, por la única persona por la cual estaba completamente segura de entregar mi alma al mismísimo demonio. Persona que Reneesme jamás conocería, persona por la cual mi madre se había mostrado dura con mi regreso, persona por la cual Charlie me preguntó lo que preguntó.
—Bueno… — comenté dubitativamente, pensando en mentir —. Sí, aceptó fácilmente, además Reneesme quería pasar un tiempo contigo y Jacob.
Agradecí internamente que no preguntase más, ya demasiado difícil me resultaba controlarme a mí misma internamente tratando de no recordar nada más sobre aquel pasado. Cada vez que lo hacía, sentía que mis barreras bajaban abruptamente.
Cuando llegamos a casa de Charlie, me sentí en casa. Había extrañado todo acerca de ella, mi habitación, la cocina con sus pequeños armarios amarillos. Aquella casa jamás cambió y no lo haría nunca. Estaba segura de que Reneesme estaría contenta.
Y no me equivoqué. Apenas le abrí la puerta trasera del auto, saltó hacia afuera y corrió hacia la entrada de la casa. Casi reí al ver su cara iluminada por aquella sonrisa hermosa, llena de emoción. Ayudé a Charlie a sacar las maletas del baúl y nos dirigimos a la puerta de entrada.
Al entrar noté como todo seguía igual, eso me hizo sentir bien. Aunque mis ojos fueron a parar con pánico al ver las fotos mías encima del pequeño hogar del cuarto de estar. Esta vez tenía que convencer a Charlie de que las quitase de una buena vez.
—Reneesme — la llamé al ver como miraba entretenida todo a su alrededor cuanto sus ojos le permitiesen, y me miró sonriente —. Quédate aquí. Yo estaré arriba acomodando las cosas.
Asintió con sus mejillas sonrojadas y me dispuse a subir las escaleras, pisándole a Charlie los talones. Caminé hacia mi habitación, la cual tenía cara al oeste. Cuando entré a ella, todo encajaba tal y como la recordaba. El suelo de madera, las paredes pintadas de azul claro, el techo de dos aguas, me sorprendió ver que tenía cortinas nuevas con un encaje bellísimo y de color blanco como las nubes de Phoenix; el escritorio con el viejo ordenador con su fiel cable del módem grapado al suelo hasta la toma de teléfono próxima. Mi gran sorpresa fue que la cama que tenía antes había sido remplazada por una de dos plazas causando que el espacio libre de la habitación se redujera.
Volteé para mirar a Charlie con la boca abierta todavía y le hice un gesto con la cara de necesitar una respuesta.
—Pensé que como Reneesme está acostumbrada a dormir contigo, tendría que cambiar la cama porque sino no entrarían — me sonrió al ver como yo misma lo hacía en forma de agradecimiento. Charlie dejó las maletas en el suelo y llevó sus manos a su cintura —. Bueno… te dejo para que acomodes tranquila.
—Gracias, papá — dije sin dejar de sonreír y él sonrió una vez más, abochornado.
Entonces salió de la habitación agregando que volvería a la comisaría.
Contemplé un poco más la habitación contenta y sumida en mi alegría. Alegría la cual no duró mucho cuando me vi a mi misma tratando de no recordar cosas vividas. Mordí mi labio inferior mientras comencé a jugar con un mechón de mi pelo, peleando contra la agonía en la que me estaba sumiendo.
Se fuerte, Bella, tienes que estar bien por ella, me dije a mi misma escuchando la voz de Reneesme en la planta baja haciéndole preguntas a Charlie sobre las fotos.
Suspiré sonoramente y conseguí mover mi cuerpo para desempacar las cosas de las maletas. No me llevó mucho tiempo hacerlo, ya que la mayoría de mis cosas habían quedado aquí y la mayoría de las cosas eran de Reneesme, a las cuales encontré lugar con facilidad. Debía recordarme a mi misma, decirle a Alice que no le comprara tanta ropa a mi hija. Después de llevar algunas cosas de mi pequeña al baño, bajé las escaleras para ir a ver a Reneesme sentada en uno de los sillones de la sala de estar.
Al oírme giró su cabeza rápidamente hacia mí y me sonrió mostrándome los pequeños hoyuelos de sus mejillas.
—Mami, ¿puedes…? — dejó la pregunta incompleta mientras acercaba sus pequeñas manos nívea a la pequeña maletita que estaba al lado suyo y vi una pequeña radio móvil con reproductor de CD's, cortesía de Phil para su último cumpleaños.
Ya sabía a donde terminaría esto, escucharía mi nana nuevamente. Era una costumbre que tenía Reneesme de oírla todos los días como mínimo dos veces. Atiné a sonreírle forzosamente.
—Claro — asentí y me acerqué hasta el sillón para sentarme a su lado y estiré el brazo para agarrar la radio mientras ella rebuscaba dentro de su pequeña maletita.
—¡Te encontré! — exclamó victoriosa y se volteaba para mi extendiendo, emocionada, un CD.
Al agarrarlo, la agonía que había sentido momentos atrás volvió a apoderarse de mi pecho. Vacilé un instante antes de sacarlo de la cajita de cristal y lo coloqué en la radio. Pulse "play" y la melodía comenzó a sonar, hundiéndome en mi depresión.
Reneesme inclinó su cabeza para mi lado y la posó en mis piernas, suspirando armoniosamente. Llevé mis manos hasta su cabeza y con una de ellas, comencé a acariciar su largo cabello. Estuvimos allí un minuto escuchando una parte de la melodía, en nuestros mundos respectivamente.
Yo, personalmente, comencé a imaginarme el compositor de aquella magnifica pieza, interpretándola en un hermoso piano negro de cola. Su rostro sereno y hermoso de color níveo, parecía compenetrarse con cada nota de aquella dulce melodía. Las notas revoloteaban en la gran estancia gracias a sus magníficos dedos, los cuales las hacían sonar con un profundo sentimiento, tan profundo como el amor que nos teníamos. Sus ojos verdes me miraron con dulzura y yo comencé a notar las palabras ocultas en la melodía. Un sentir mutuo, nuestro sentir.
«Sí pudiese soñar, soñaría contigo una y otra vez. Sólo pídemelo, y mi alma sin reservas te entregaré».
Los ojos se me llenaron de las lágrimas mientras recordaba.
Edward, yo….
El timbre sonó y me costó un poco volver a la realidad. Limpié mis lágrimas y me levanté del sillón sin hacer despertar a Reneesme, que se había dormido no sé cuándo.
Corrí tratando de no tropezarme con mis propios pies y al abrir la puerta me encontré con Jacob.
—¡Bella! — exclamó Jake al ver y se abalanzó para abrazarme.
—Jacob… no pue-do… respirar… — me quejé tratando de tomar el suficiente aire para que mis pulmones no doliesen.
Riendo a carcajadas, se alejó de mí.
Le hice seña que pasase adentro y él se limitó a seguir mi indicación.
—¿Cómo estás, Bella? — me preguntó con las manos en los bolsillos de su vaquero desgastado — ¿Te sientes cómoda?
Lo miré con el entrecejo y mis labios fruncidos.
—Me siento bien — le contesté con frialdad. Odio cuando se ponen de esa forma. Decidí cambiar de tema al notar que estaba abriendo la boca para seguir con ello — ¿Y qué tal todo en la reserva, Jake?
—Bueno… todo está de maravilla. Nada fuera de lo común — contestó, carraspeando —. Ya sabes, escuela, trabajo, tarea, soportar a Leah con su malhumor. Lo de siempre. Aunque…
Se detuvo en la entrada de la sala de estar y calló repentinamente. Vi sus ojos posados en Reneesme. No era algo raro. Jacob la quería mucho y Reneesme siempre se le pegaba como garrapata cada vez que lo veía.
—¿Aunque? — lo incité a seguir, pero noté que su expresión había cambiado. Estaba molesto — ¿Jake?
Suspiró cansinamente.
—Bella… se sincera. ¿Estás cómoda aquí en Forks?
Supe a qué se refería cuando sus ojos llenos de preocupación miraron la radio reproduciendo la melodía y luego los posó en mí.
Desvíe mi mirada de él y la posé en mi hija. Pensar en ella, me hacía más fácil todo lo demás. Mis dedos se aferraron a los bordes de las mangas de mi blusa azul, súbitamente sudorosos. Dejé pasar un minuto en el cual esperé a que el nudo en mi garganta se deshiciera al menos un poco. Suspiré, notando mi respiración irregular.
—Reneesme quiso escucharla… sabes que le gusta mucho mi nana — le contesté pero al ver que esto no le convencía, tomé aire y lo miré con una sonrisa en mis labios —. Estoy bien Jake. De verdad.
Y sentí nuevamente lágrimas por mis mejillas.
¡Hola!
Ok, se que para las lectoras que siguen esta historia desde el comienzo es raro pero de verdad, era necesario editar todo el archivo. ¡Por eso, Bella Traición viene con trama absolutamente mejorada y sin errores! Los capítulos ya subidos, los colgaré cada dos semanas. Y mientras tanto iremos trabajando con mi Beta en los nuevos que de verdad, y siendo sincera, a la historia solo le faltaban unos siete más. En este primero, no hubo muchos cambios, solo dos. Así que no hay mucha diferencia.
Espero que les agrade y las lectoras de siempre, no se preocupen por no poder dejar reviews. Si quieren pueden hacerlo de forma anónima.
¡Gracias por su paciencia y que disfruten del capítulo!
~Poemusician.
