Sam salió a mi encuentro pistola en mano.

-¿Qué pasa?- Preguntó.

Me agaché sobre el cadáver y le hice un gesto para que se acuclillara también.

-¿Crees que es lo mismo?- Cuestionó mientras examinaba el cadáver de la pobre recepcionista.

-No lo sé.- Me levanté.- Voy a mirar fuera.

-Sí, yo voy a ver si ha sido un espíritu.

Salí fuera, no había rastro de nada, ni azufre, ni electromagnetismo, ni nada... Volví a entrar y revisé la recepción de arriba a abajo dos veces, nada.

-De...Dean- La voz jadeante de Sam me llamaba desde la habitación.

Empuñé la pistola con el dedo ya en el gatillo y me aproxime a la habitación, reprimiendo el instinto de entrar corriendo, podía ser una trampa.

Entré al cuarto y encontré a Sam en el suelo con un hombro dislocado y una extraña herida en el pecho que manchaba su camisa a cuadros de sangre.

-¡Sammy!- Corrí a su lado.-¿Qué ha sido?

-No...No lo sé.- Susurró.- Pon me bien el brazo por dios.

Con un movimiento rápido le coloque el hombro en su sitio, él con cara de dolor gruñó por lo bajo.

Saqué el "maletín de primeros auxilios" de la bolsa y comencé a desinfectar y coser la herida del pecho de Sam que, gracias a Dios, había dejado de sangrar.

-¿Qué coño te ha hecho esto?- Pregunté mientras terminaba de coser.

-No lo sé, cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo con un hombro dislocado y esta "cosa" en el pecho.- Sam apretó los dientes cuando dí el ultimo punto.- Se sintió como un quemazón.

-Sea lo que sea, es lo que buscamos- Guarde la aguja.- Y ahora es personal.- Dije mientras me levantaba de la cama- Hay que prepararse.

Obligué a Sam a estar sentado en la cama mientras yo llenaba el cuarto de trampas y sal.

¿A qué nos enfrentábamos? Nunca había visto nada así.

Si fuera un espíritu vengativo habría dejado electromagnetismo, ademas las victimas habían muerto en distintos lugares.

¿Un demonio? Abría dejado azufre...¿Un ángel? Eso era descabellado.

Estaba cansado, seguro que a la mañana siguiente pensaría mejor, si seguíamos vivos.

¿Un vampiro? No, la herida era demasiado extraña. No podía dejar esto para mañana.

Tenía que descubrir que era eso.

-Dean.- Oí a Sam, que me saco de mis pensamientos.

-¡Calla Sam! Estaba pensando.- Tenía que saber que cazábamos antes de cazarlo.

-¡Dean!- Iba a mandarle callar otra vez pero no me dejo decir nada.- ¡Dejame hablar! Sé lo que es.

-¡¿Qué?!¡Por qué no lo has dicho antes!- Casi me tire encima suyo no sabía si pegarle o besarle.

-Porque no me dejabas hablar idiota.- Repuso él, fui a decir algo, pero no lo hice, a cambio hice un gesto de "touché".- Es un monstruo de la mitología griega, es algo así como un semi-semi dios.

-Bien, ¿Cómo se mata?- Pregunté yendo directo al grano.

-Palo santo y sangre de gato.-Hice una mueca de asco "¿Sangre de gato?"- Sí, lo sé. Los gatos representaban a la deidad Bastet, y por lo visto es la única que podía calmar al...

Sam siguió hablando por un rato pero yo ya estaba pensando en como conseguirlo, estaba seguro de una cosa, no conseguiríamos salir de ese pueblo, las carreteras estarían cortadas y no llegaríamos a pie ni a la tienda local.

-Igual Cas puede conseguirlo.- Murmure, Sam me oyó y paro de hablar. Noté una mueca de duda, o ¿asco? En su cara.- ¿Tenemos otra opción?

-No.- Respondió.- Esta bien, díselo o lo que sea.-Murmuro con la cabeza agachada.

Llamé a Cas, apareció al instante.

-Hola Dean.- Dijo, como de costumbre demasiado cerca mio.-Perdón.- Dio un paso atrás.

-Hola Cas.- Oí a Sam aún sentado en la cama, Castiel le saludo con la mano, Sam le sonrió, como diciendo "Gracias por olvidarte de mi." ¿Me había perdido algo?

-Necesitamos tu ayuda Cas.- Dije seriamente.

-Dime que necesitas.- Respondió ignorando, nuevamente, la presencia de Sam tanto en el cuarto como en la frase.

Le conté lo que pasaba, asintió y se "desvaneció"

-Adiós.- Dije irritado.- Debe ser alérgico a las despedidas, podría dejar de hacerse el misterioso.- Bostecé.

-Dean deberías dormirte, no podemos hacer nada ahora.- El tono de Sam parecía el de una madre.

-Me negué al principio, tenía que estar alerta por si esa semi-semi deidad volvía a aparecer, pero al final Sammy acabo convenciéndome.

-Solo voy a sentarme.- Dije ya sentado a su lado.- No creas que es fácil llevarme a la cama.- Sonreí y Sam lo hizo conmigo.

Después de unos segundos bostecé y los ojos se me cerraron, sin darme cuenta apoyé la cabeza en el hombro de Sam, pero no me quedé dormido, seguía alerta, como siempre.