Caligrafía.
haruno/hyuuga
Capítulo II
De carácter educaciónal.
No había nada.
En el hospital, había poca gente ese día. No había más que unas pocas enfermeras circulando de vez en vez por el pasillo de la habitación 139 de Cuidados y Observación. Ni siquiera había algún atisbo de preocupación en el rostro de las empleadas públicas. Todas ellas pasaban caminando, hablando sobre trivialidades. Cómo suelen hacerlo las mujeres, cruzó por la cabeza de un pelinegro.
No había nada. Sólo una ventana, una brisa fresca, olor a medicamentos. Un techo blanco y mujeres que hablan trivialidades.
Un saludo de buenos días sonó en la habitación en la que él estaba 'hospitalizado'. Aquella voz sonó demasiado cantarina a sus oídos. No sabía de quién era. No le producía familiaridad alguna. Dejar de mirar el techo no se le antojaba en aquel momento. No podía relacionarla con ninguna voz de su entorno cercano. Ni de Hinata, ni de Lee, ni de Hanabi.
-Disculpa. Dije buenos días, ¿no?- el rostro de Sakura Haruno se interpuso entre la superficie de yeso y la visión perla. Ella sonrió. Él cerró los ojos un momento y los volvió a abrir como acto-reflejo. Haruno cursó la Academia con él. La recordaba vanamente. No se le había pasado ella por la mente cuando intentó relacionar la voz con alguien de su entorno. Ni cercano ni lejano.
-Supuse que ya te querrías ir. Así que vine a firmarte el alta. Perdón por no venir antes, es que olvidé que estabas aquí- la pelirosa tomó una planilla e hizo un garabato sobre ella con una pluma.
-Iré por otra birome. Esta parece no funcionar- añadió saliendo de la habitación que se había llenado de un aroma cítrico y floral. Jazmín y naranja. Y un toque de melón. Un toque de melón que hizo que algo en el cerebro del chico chispeara repentinamente, como si de un recuerdo celosamente guardado se tratase.
-En cuánto desees, puedes irte. Eso sí, por favor recuerda pasar por la oficina que tiene Tsunade aquí antes de hacerlo. Te recetaré ginseng para que bebas con el té, ¿sí?- la joven médico volvió presurosa a la habitación. Su voz seguía sonando cantarina. Pero probablemente ahora Neji podría reconocerla por su perfume. Ella le indicó la planilla y la receta sobre el pequeño escritorio del cuarto antes de despedirse de él con la mano.
Él optó por quedarse allí un rato más. Raro.
-Somos personas adultas ahora. Y creo que dejar pasar esto no sería adecuado- Tsunade hablaba con un tono cansino. -Me refiero a que leí el informe que me entregaron tus compañeros, y hubieron cuestiones que me desalentaron bastante. Neji, muchas de tus actitudes reflejan una carencia del sentido del trabajo en equipo- la rubia hizo las pausas adecuadas para darle énfasis a esto último.
-Aspecto primordial para cualquier ninja que haya estudiado en nuestra Academia- y a esto último también. Se cumplía una hora y cuarto desde que el Hyuuga hubiera entrado a la oficina de la Godaime.
Él no se esperaba una perorata de esa naturaleza por parte de la Hokage. Más bien, se esperaba algún planteo irracional acerca del cuidado de la propia salud y tal. Neji sabía sobremanera que a veces podía ser muy testarudo. No le importaba. Sin embargo, ahora, las estupideces que Tsunade decía eran como el marco surrealista de sus pensamientos. No la estaba escuchando atentamente. Dejó de escucharla cuando vio por la ventana a un colibrí revoleteando alrededor de una cufea. Entonces recordó haber leído, de pequeño, un libro sobre un niño y un colibrí. Un niño que, tratando de liberar al ave, arrancó un par de sus plumas. Qué vívidas se le volvían sus memorias. Plumas cobrizas. Recordó también que había intentado, durante semanas, escribir colibrí en kanji (hachidori - 蜂鳥). Nunca había logrado que quedara como él quería, por lo cual se había frustrado mucho. Su madre le ayudó a escribirlo. Su madre tenía un trazo perfecto. Las líneas de su caligrafía eran perfectas y armoniosas. Él, secretamente a sus 6 años, deseaba escribir como lo hacía su madre.
-Es por eso que te encargaré que, junto con un compañero, organices la biblioteca de los Kages. Es una biblioteca un tanto antigua, de mucho valor, y actualmente está algo... descuidada. Ya casi nadie en esta aldea lee libros. Te desafectaré por un tiempo de tus deberes como chuunin para que puedas desempeñar bien tu tarea de... bueno, digamos... bibliotecario. No quiero que te enojes conmigo, Neji. Sabes, lo que necesito son ninjas altamente capacitados no sólo en el campo de batalla, sino también en valores. Entiendo que lo harás bien y que, si bien tienes una buena educación en valores desde tu ámbito familiar... Bueno, ... Por cierto, haré enterar a tu tío de este altercado. Podrá parecerte algo soso, pero este cástigo te servirá. Me conscierne la correcta educación de todos, y cada uno de los shinobi de la Aldea de La Hoja. Esa es la razón por la que pongo especial acento...- la rubia detuvo sus palabras, se había levantado de su asiento, y caminó hasta un estante que abarcaba toda una pared. Miró a Neji, parado a un lado de la silla, esperando una respuesta. Esperando alguna reacción, en realidad.
-¿Un compañero?- el Hyuuga no parecía afectado en lo más mínino, pero sí. Sentía que Tsunade le estaba tomando el pelo.
Tsunade no creía lo que oía. -Sí, bueno. Quizás dos. Es una biblioteca en verdad grande. Y trabajar en una biblioteca supone mucho más esfuerzo del que parece. No estoy negando tus aptitudes, Neji, pero lo que quiero es fomentar en tí el trabajo en equipo- Tsunade miró a los ojos al Hyuuga y le sonrió levemente. Una amabilidad inusitada. ¿Cínica tal vez?
Ahora más que nunca, Neji estaba seguro de que la Hokage le estaba tomando el pelo. Y que, además, se había desquiciado. ¿El único chuunin que faltaba por confirmarlo acaso? ¿Ese era el procedimiento habitual que se tenía con todos, y cada uno de los shinobi de la Aldea de La Hoja? ¿Ponerlos a trabajar en asuntos tediosos que nadie más quería resolver? ... ¿Qué?
En la cabeza de Neji, el recuerdo de su madre y su caligrafía.
-No discutiré nada contigo. Sólo quería informarte y darte mis razones para que no creas que es algo estúpido- el muchacho aún lo pensaba así.
-En estos días te enviaré los detalles y las expectativas de logro. Espero consideres esto como una misión de rango, ya que lo es- Tsunade ya estaba despidiendo al joven de su oficina. No podría soportar por mucho más la displicencia que Neji trataba de disimular. Y tenía ganas de beber un vaso de sake.
El ojiperla, por su parte, no soportaba tener que disimular su desdén. Se sentía algo insultado, y no podía evitar pensar en lo patético de la situación. ¿Desde cuándo se castiga a aquel que sufre una ligera descompensación luego de una misión? ¿Qué ha sido del sentido común en la Aldea de La Hoja? Neji había dejado de lado sus memorias de la infancia.
Una vez que el Hyuuga estuvo fuera de su oficina, Tsunade le habló a Shizune.
-Y tú que me decías que era una idiotez- sonriendo y sirviéndose sake de celebración. Celebración interna, por supuesto.
-Me va a decir que no es algo estúpido prescindir de un ninja como Neji por una apuesta- Shizune desaprobaba muchas acciones de su jefa. Apostar era una de ellas.
-Te lo digo: no, no lo es.
Continuará.
Gracias por leer hasta aquí. Buen día.
