¡Hola, holita! Sé que iba a publicar hace una semana por lo menos, pero entre unas cosas y otras me ha sido imposible. Espero que sepáis perdonármelo. En fin, aquí estamos con otro capi nuevo de este fic... Y espero que también lo disfrutéis, quizá más que el anterior.
Es un poco diferente... Si en el primer capi teníamos el punto de vista de Emily, en este tenemos el de Hanna, así que ahora las cursivas son pensamientos de ella. ¡Disfrutadlo!
Disclaimer: Pretty Little Liars (Pequeñas Mentirosas) no me pertenece, y tampoco sus personajes. Ni quiero, que Marlene King ya hace un trabajo impresionante :P
Capítulo 2:
Nunca estarás sola
Hanna estaba tendida en el sofá, esperando a ver si se quedaba dormida, pero no podía. En la oscuridad y con ese ruidoso silencio que llenaba la habitación, tenía vía libre para pensar en algunas cosas. Por ejemplo, en esa tarde en la escuela, justo después de la hora de la comida.
Lo cierto es que no había llegado a ir a clase después de que Emily y ella decidieran ir al centro comercial. Y tampoco es que saliese pronto de clase para ir a donde estaba el coche de Em.
- ¡Han, espera! – Gritó Sean desde la otra punta del pasillo.
- ¿Qué?
- Aquí, ven. Por favor, hablemos.
- ¿Así que ahora quieres hablar? Después de más de una semana pasando de mí. Increíble, – dijo Hanna, mirándolo fijamente. – Eres increíble.
- ¿Entonces soy yo? Te envío un mensaje para que quedemos esta noche y en lugar de eso decides salir con tus amigas.
- No vamos a salir… Nos quedaremos en casa, – dijo Hanna, vacilante. – Iremos a casa de Aria.
- ¿Y prefieres eso a salir conmigo? – Preguntó Sean, sonando un poco molesto.
- Bueno, ¿y tú? Porque la última vez que lo comprobé, eras tú quien no quería salir. Pasé toda la semana pasada sola en casa, porque ni siquiera mi madre está. Y te llamo y… ¿qué? ¿No puedes? ¿Tienes entrenamiento? ¿Estás tan absorto en ti que ni siquiera quieres pasar tiempo conmigo? Ni siquiera un ratito entre clases. Así que, sí. Hoy prefiero salir con ellas en vez de contigo.
- Tú misma, entonces. – Dijo Sean.
- Y ahora te vas. Muy bonito por tu parte, Sean.
- ¿Qué quieres que haga, Han? Intento hablar contigo y me ignoras.
- No, no te ignoro. Estoy haciendo exactamente lo mismo que has hecho tú toda esta semana. "¿Quieres quedar?" "¡No, puedo, tengo planes!" – Dijo Hanna, imitando la voz de Sean en esa última frase.
- Mira, las cosas no han sido fáciles desde hace un par de semanas. No quería decírtelo porque sé que tienes tus problemas y no quería molestarte con los míos.
- ¿Ves? Ese es tu problema. Crees que me molestarás, crees que no te escucharé o que no podré ayudarte. Crees que tienes que ser un machote, ocupándote de todo... Pero, ¿sabes qué? A veces los machotes tienen que apoyarse en alguien.
- Lo sé, y lo siento. – Dijo Sean. –No sé en qué estaba pensando. Déjame compensártelo, por favor.
- Puedes empezar diciéndome qué te ha hecho estar tan absorto que ni siquiera querías pasar un rato conmigo. – Dijo Hanna.
- Bueno… No te lo iba a decir todavía, pero no quiero que estés enfadada conmigo, así que… – Dijo Sean. Estaba mirándola directamente, pero bajó la mirada antes de seguir hablando. – Mis padres se van a mudar fuera de la ciudad y quieren que me vaya con ellos.
- ¿Lo dices en serio? – Preguntó Hanna. No podía creerlo. – ¿Y no creíste que esto era lo suficientemente importante como para contármelo antes?
- Sí, pero quería intentar zafarme y quedarme aquí. No quería preocuparte sin necesidad. Supongo que eso ya no importa… ahora ya lo sabes y tendré que irme en algún momento.
- ¿Sabes siquiera dónde? ¿O cuándo?
- A Pittsburgh. Pero no sé cuándo. Intento convencerles de que me dejen quedarme al menos hasta que termine el curso, pero no me está dando resultado.
Hanna no sabía qué decir. Esperaba que sólo hubiera sido una mala semana en el instituto o con el equipo, pero eso no, para nada.
- Mira, dame algo de tiempo para pensar en esto, ¿vale? Llego muy tarde a clase. – Dijo Hanna, levantándose del banco en el que estaban los dos sentados, en el patio. – Hablaremos de esto más tarde. – Le dio un beso en la mejilla. Después de todo, estaba enfadada y triste y cabreada porque no sabía qué hacer.
Entró a la escuela, pero en lugar de dirigirse a clase entró en el baño de chicas, donde se sentó en el suelo. Era hora de clase así que estaba segura de que nadie entraría y la vería allí. Intentó pensar en alguna forma de ayudar a su novio, pero no le vino nada a la mente. Mientras más lo intentaba, menos ideas tenía. Estaba cansada de esperar. Incluso dejó caer alguna que otra lágrima, las que se secó rápidamente. Era casi la hora de reunirse con Emily en su coche, y no quería que ella notase que había estado llorando. Ni siquiera un poco.
Así que, sí. Mintió a Carolyn y Emily, y eso le hacía estar peor… porque no quería mentirles. Y tampoco a Spencer o Aria. Pero no le apetecía hablar de ello, y estuvo bien que nadie le preguntase… excepto Carolyn.
Hanna fue la última en dormirse y la primera en despertarse. Mientras las otras seguían durmiendo en el salón, se levantó y fue a la cocina a preparar el café para las cuatro. Ah, el silencio… pensó. Eran casi las 11 de la mañana y parecía que esas bellas durmientes podían seguir soñando durante una eternidad. Buscó cuatro tazas en los armarios de la cocina, y cuando los encontró sirvió el café, añadiendo la cantidad exacta de azúcar que quería cada una de las chicas. Su amistad era tan fuerte que todas sabían estas cosas de las demás.
- ¡Eh! ¡A despertarse! – Dijo mientras dejaba las tazas de café en la pequeña mesa que había entre Emily y Spencer. – ¡Vamos, dormilonas!
- ¿Qué…? ¿Qué pasa? – Dijo Aria, con la voz todavía dormida.
- ¿Has preparado café? – Preguntó Emily, todavía desperezándose.
- Sip. Como os gusta a todas.
- ¿Dos terrones de azúcar? – Preguntó Spencer.
- Sí, acabo de decirlo. Como os gusta a todas. – Contestó Hanna mientras encendía la tele. Estaban dando un documental sobre los leones de África, así que empezó a cambiar de canal para ver si daban algo mejor. No había nada. – Bueno, pues nos quedaremos con los leones africanos.
Estuvieron en silencio durante un rato, viendo la tele y tomándose el café. Aria trajo unas galletas y unos cupcakes, también, ya que Hanna no sabía dónde estaban guardadas.
- Bueno, no hemos hecho planes para hoy. ¿Qué queréis hacer? – Preguntó Aria.
- De hecho… – Dijo Hanna. – Tengo que ir a casa de Sean, que tenemos que hablar. Pero vosotras podéis quedaros o hacer lo que queráis sin mí.
- ¿Hablaste con él después de la hora de la comida de ayer? ¿Va todo bien? – Preguntó Spencer.
- Sí… Me crucé con él después de que os fuerais todos a clase y estuvimos hablando.
- No nos dijiste nada a Carolyn ni a mí. – Dijo Emily, pero no en plan reproche.
- Lo sé, lo siento. No quería molestaros. Necesitaba quitármelo de la mente y pude hacerlo gracias a las dos y después gracias a vosotras tres. Así que gracias. – Dijo Hanna, sonriendo.
- ¿Y…? – Dijo Aria, hablando por las tres. - ¿Qué ocurre?
- Tiene… tiene que irse de Rosewood y no podremos vernos.
- ¿Qué? ¿Por qué? – Preguntó Emily. No se esperaba eso. Hanna podía ver que estaba preocupada por ella, y odiaba cuando sus amigas se preocupaban así por ella.
- No lo sé. Sólo me dijo que sus padres se iban a Pittsburgh y que él tenía que ir con ellos. Nada más. Por eso tengo que ir a hablar con él. – Dijo Hanna. – Pero vosotras divertíos. Os llamo más tarde para ver si vuelvo con vosotras o qué.
- Oye, no, no te preocupes. Ve a hablar con él y quédate allí si lo necesitas. No nos importa si prefieres quedarte con él… Especialmente si se va pronto. – Dijo Spencer.
- ¡Gracias, chicas! – Dijo mientras iba hasta la puerta. – ¡Hasta luego!
Hanna tuvo suficiente tiempo para pensar. Como tenía el coche en casa, tuvo que caminar desde casa de Aria hasta la de Sean. Realmente no estaba muy lejos, pero se tomó su tiempo para llegar. Era sábado, y Hanna sabía que Sean siempre estaba en casa los sábados por la mañana, así que no tenía prisa. Cuando llegó, llamó a la puerta y el mismo Sean abrió.
- Hola, pasa. – Dijo Sean.
- ¿Están tus padres en casa? – Preguntó Hanna, quedándose en la puerta.
- Nop. No llegarán hasta dentro de un par de horas, creo.
Y entonces es cuando Hanna entró. Se dirigió al sofá, donde se sentó. Estaba acostumbrada a pasearse por esa casa como quería, y esta vez no tenía por qué ser diferente.
- Entonces… – Dijo Hanna.
- Entonces… me voy. Es definitivo. Ojalá no lo fuese, pero lo es. – Dijo Sean, y casi podías ver la tristeza en su cara, aunque intentaba con todas sus fuerzas no parecer triste delante de ella. Él sabía que ella se pondría a llorar si él mostraba algún tipo de tristeza o rabia. Sabía que tenía que ser fuerte por ella. – Nos iremos a Pittsburgh en tres días, el martes.
- ¿En tres días? – Dijo Hanna. Estaba triste, definitivamente. - ¿Cómo pueden siquiera hacerte ir con ellos? ¿En mitad del semestre? No es justo. – Tenía los ojos llorosos, pero intentaba no dejar caer ni una sola lágrima.
Ambos estuvieron en silencio durante un rato. Ninguno de los dos quería hablar sobre el siguiente tema en la lista: Ellos. Si estaban separados, ¿qué iba a pasar con ellos? Claro, Sean podía volver de visita algún fin de semana, y Hanna podía hacer lo mismo, pero ambos eran suficientemente inteligentes como para saber que eso no iba a durar.
- ¿Qué va a pasar con nosotros? – Hanna dijo finalmente en voz alta lo que ambos pensaban. Ni siquiera podía mirarlo a la cara. En su lugar, el suelo parecía mucho menos triste que toda la conversación que estaban teniendo. O no teniendo.
- No lo sé. Sólo sé que tenemos que aprovechar el tiempo que me queda aquí en Rosewood, pero tenemos que afrontar la realidad. No estaré aquí a esta hora el próximo sábado. Ni el miércoles.
Y con eso, a Hanna le cayó una lágrima por la mejilla, la cual secó rápidamente. Pero una tras otra, las lágrimas siguieron cayendo. Esto no es justo.
- Sí, bueno, es una mierda. – Hanna dijo, de nuevo diciendo en voz alta lo que ambos pensaban. – Es una mierda que tengas que irte, es una mierda que tus padres no te dejen quedarte al menos hasta el final del semestre, y es una mierda que me quedaré aquí sola, porque no estarás aquí.
- Oye, oye, oye, no estarás sola, ¡tienes a tus amigas! Mírame, - dijo Sean, agarrándole suavemente de la barbilla. – Soy yo quien se va, soy yo quien tendrá que empezar una vida nueva lejos de aquí, lejos de ti, sin conocer nada ni a nadie allí.
- Lo sé, pero… voy a echarte de menos.
- Yo también voy a echarte de menos, Han. – Dijo Sean. – Lo superaremos. – Esperó a que Hanna dijese algo, pero no lo hizo.
Hanna nunca pensó en tener una relación a distancia con un novio, aunque internet le había dado muchas amistades con las que hablar, cotillear y relajarse. Pero la amistad era una cosa, y una relación era una historia completamente diferente. No estoy lista para una relación a distancia. No puedo hacerlo. No podía pensar en otra cosa. Sean le ofreció unos pañuelos, y los usó para secarse las mejillas y los ojos, obviamente todavía llorosos.
- Por favor, no llores. – Dijo Sean.
- No quiero que te vayas.
Sean la miró sin saber qué decir. La besó suavemente al principio, y después un poco más fuerte. Después del beso, sus frentes todavía tocándose y sus ojos todavía cerrados, ambos dejaron escapar un suspiro.
- Será mejor que me vaya. Casi es la hora de comer y tus padres vendrán en cualquier momento, y realmente no quiero estar aquí cuando vengan. – Dijo Hanna.
- Sí, lo entiendo. – Dijo Sean soltando una pequeña carcajada. - ¿Pero podemos vernos mañana? Déjame llamarte para darte los detalles.
- Claro. – Dijo Hanna, caminando hacia la puerta. – ¡Hasta luego!
Ambos llegaron a la puerta y Sean la abrió para ella. Justo antes de salir de la casa, ella sintió como una mano agarraba su brazo y le daba la vuelta. Cuando estaba de cara a él, la besó una vez más, justo antes de decir…
- Te quiero.
Hanna entró en su calle y llegó hasta su puerta. Puso la llave en la cerradura y entró en casa. Le pareció más grande de lo que era. Se sentía más grande. Dot, su pinscher miniatura vino a saludarla, pero además de ella, la casa estaba vacía. Su madre estaba de viaje de negocios y no podía hablar con ella sobre Sean, como siempre hacía. Necesitaba que su madre la abrazara después de hablar un rato y de que le dijese que todo iba a ir bien. Hanna echaba de menos a su madre. La necesitaba allí y no estaba, y no podía evitar sentirse miserable.
Abrió la nevera pero no había nada comestible dentro… Bueno, sí lo había, pero nada que le apeteciera comer, igualmente. Ni siquiera tenía hambre. En su lugar se tomó un vaso de agua. Tenía mucha sed.
Estaba lista para tirarse en el sofá por lo que quedaba de día, si tenía que hacerlo, pero justo cuando estaba a punto de sentarse, su teléfono sonó. Mensaje recibido, ponía en la pantalla. Era de Emily.
Vamos a comer con Aria y Spencer en el centro comercial.
¡Dinos si puedes y quieres venirte! Em.
Ah, qué diablos, al menos no me sentiré como una mierda, aquí sola todo el día de nuevo. Pulsó Responder y escribió "Claro, os veo allí" antes de pulsar Enviar.
Subió a su habitación para cambiarse de ropa y agarró lo primero que encontró en su armario. Todo el que conocía a Hanna de verdad sabía que tenía mucho cuidado con lo que vestía, siempre combinando bien las prendas y los accesorios. Pero hoy no, no le apetecía.
Cuando bajó al recibidor, agarró las llaves del coche y su bolso, donde metió su teléfono y las llaves de casa, y salió por la puerta. Entró en el coche, y sin ni siquiera encender la radio, empezó a conducir.
- ¡Han, aquí! – Gritó Aria.
Estaban en el mismo restaurante al que siempre iban cuando quedaban para comer o cenar en el centro comercial. Hanna dejó salir una sonrisa y se dirigió hacia allí.
- Sabía que estaríais aquí. – Dijo Hanna, sentándose al lado de Aria en el reservado, enfrente de Spencer y Emily. - ¿Ya habéis pedido?
- Nop. Estábamos esperándote. Igualmente acabamos de llegar… Hace cinco minutos. – Dijo Emily mientras agarraba el menú para ver cuál era el plato del día.
- Bueno, podríais haber pedido… no tengo mucha hambre. Pero os robaré de vuestros platos, si me dejáis. – Dijo Hanna con una sonrisilla. Siempre se robaban unas a otras la comida de los platos.
- Claro. – Dijo Aria, agarrándola de la mano después. – No queremos presionarte, pero… ¿estás bien?
- Sí… Sean y yo pasaremos el día de mañana juntos. Se irá a Pittsburgh el martes, es oficial. Pero no sé… Estaba en casa cuando recibí vuestro mensaje. Me fui de casa de Sean porque no quería ver a sus padres, y estaba claro que no quería quedarme a comer con ellos, como otras veces.
- Eso pensábamos… Como dijo Aria, no queríamos presionarte, pero te enviamos el mensaje por si acaso. – Dijo Spencer, con lo que Aria y Emily asintieron.
Hanna se puso a pensar en ellas. Eran las mejores amigas que una chica como ella podía tener. Siempre sabían cuando una de ellas estaba triste, y siempre intentaban hacerse sentir mejor. Sólo estar con ellas hacía que el tiempo pasara volando. Siempre podía contar con ellas para pasar un buen rato. Cualquier cosa sería mejor que su actual problema con Sean.
En ese momento, el camarero vino a apuntar su pedido, y una vez terminaron de pedir, el camarero se dirigió a la cocina. Parecía confuso cuando todas pidieron algo de comida pero Hanna sólo pidió una Coca-Cola Light. Era cierto, ese ratito con Sean le había hecho perder el apetito.
- En fin. – Dijo Hanna después de un rato. – La cosa es que no sé si seremos capaces de seguir saliendo una vez que se vaya. No estoy segura de estar preparada para una relación a distancia. – Las tres chicas estaban mirándola, atentas. – Va a ser diferente, eso está claro… Pero no sé exactamente cómo de diferente.
-Ese es el tema, Han. Nunca sabes este tipo de cosas. Pero no puedes ser pesimista. Sólo… Un pasito cada vez. – Dijo Spencer. – Aprovecha el día de mañana con él, y cuando ya no esté aquí… sólo tenéis que ver cómo va todo.
Hanna sonrió al escuchar eso. Spencer tenía razón. Tenían que ver cómo iba todo… No todo estaba ya perdido. No iba a rendirse todavía, no sin intentarlo antes, al menos. Tras un momento, Hanna finalmente asintió y sonriendo dijo:
- Sí, tienes razón. Gracias, chicas.
El camarero volvió con el pedido y lo puso sobre la mesa. Ensalada Cobb para Aria, macarrones con queso para Spencer y Fettuccini para Emily. Él volvió a la parte de atrás, y después trajo las bebidas para las chicas. Agua para todas excepto la Coca-Cola Light para Hanna.
- ¡Gracias! – Dijo Emily mientras él se marchaba.
- ¿Y qué habéis hecho hoy después de que me fuese? No os habréis quedado en casa durmiendo más, ¿no? – Dijo Hanna, bromeando.
- No, no. – Dijo Emily. – Bueno… más o menos. – Dijo sonriendo. – Estábamos cómodas en los sofás y pasamos la mañana viendo la tele y comentando la ropa de la gente y algunas cosas que decían.
- ¿Y me he perdido eso? ¡¿Por qué?! – Dijo Hanna, le encantaba hablar de moda (o la falta de ella) con cualquiera. Incluso con alguien que no supiera lo más mínimo de ropa o de combinaciones.
Las chicas rieron y empezaron a hablar de algunas de las cosas que habían visto en la tele esa mañana. Durante un rato, Hanna se olvidó de sus problemas. Las chicas tenían esa habilidad. Siempre. ¿Recordáis cuando el Sr. Marin salió por la puerta para no volver? Ellas estaban ahí. ¿Y cuando tuvieron que operar a Dot porque se comió algo raro? Ellas estaban ahí. Siempre habían estado ahí en los buenos tiempos y también en los malos.
- ¿Cuándo vuelve tu madre? – Preguntó Emily después de un rato.
- No lo sé, creo que vendrá el lunes, pero no lo sé seguro. ¿Por qué?
- Oh, nada. Estuve hablando antes con mi madre y resulta que ella y la tuya estuvieron hablando el otro día. – Dijo Emily, y Hanna se sorprendió. – En fin, mi madre quiere que sepas que te puedes venir a nuestra casa cuando lo necesites, estas noches que estés sola y eso. – Pausó por un momento. – Pero sólo si quieres, claro.
Incluso sus madres hablaban entre ellas.
- Claro, ¿por qué no? Al menos no estaré sola en casa. Es lo último que me apetece, ahora mismo. – Hanna notó como Aria estaba mirando a Emily, como si acabase de hacer algo importante, o algo, pero no le dio demasiada importancia. – Iré a mi casa a por algunas cosas y luego iré a la tuya.
- Claro, le diré a mi madre que vendrás, - dijo mientras sacaba su teléfono y se ponía a escribir un mensaje. – Sólo para que lo sepa.
Cuando terminaron de comer, Aria llevó a Emily y Spencer a sus casas, ya que las tres habían venido en el coche de Aria. Hanna tenía el suyo, así que se fue a casa a por algo de ropa para el día siguiente, cuando tenía que quedar con Sean. También se tomó un rato para ducharse… No quería abusar de la bondad de los Fields. Después de arreglarse por segunda vez ese día, bajó las escaleras y comprobó si había algún mensaje en el contestador, pero no había nada. ¿Quién sigue usando eso, igualmente? Así que se metió en el coche y condujo hasta casa de Emily. Cuando llegó, fue la Sra. Fields quien abrió.
- ¡Hola, Hanna! Entra. Emily está arriba. ¡Emily! ¡Hanna está aquí! – Dijo la Sra. Fields, llamando a su hija para que bajase.
- Gracias, Sra. Fields, por dejar que me quede aquí. – Dijo Hanna, entrando y dejando sus cosas al lado de la puerta por un momento.
- ¡Oh, por favor! Puedes llamarme Pam, ¡ya lo sabes!
- Gracias, Pam. – Contestó, sonriendo.
- Eso me gusta más. – Pam le guiñó el ojo y se fue a la cocina.
- ¡Hola! Sube. Trae tus cosas, si quieres. – Dijo Emily, bajando un par de escalones, y Hanna agarró sus cosas y subió a la habitación de Em. – Mi madre dijo que podías dormir en mi habitación, si querías. Si no quieres, puedes dormir en la de Carolyn. Como quieras.
- Oh, sí, claro. En la tuya está bien, ¡gracias! – Dijo Hanna.
- Genial, porque mi madre ya ha traído las cosas aquí. – Dijo Emily, sonriente.
Hanna entró en la habitación y vio lo que Emily acababa de decir. La Sra. Fields ya había hecho espacio para el colchón. Iba a dormir en un colchón en el suelo… pero eso era mucho mejor que dormir sola en casa, igualmente. Entre las dos terminaron de poner todo en su lugar y de hacer la cama, así no tenían que hacerlo más tarde. Todavía era pronto, así que se pusieron a hacer deberes… Emily era muy buena estudiante, siempre haciendo sus deberes a tiempo y todo eso. Hanna, por otro lado… No demasiado. Le gustaba procrastinar. Pero no tenía nada más que hacer y al día siguiente no estaría en casa, así que también se puso a hacer deberes.
- ¿Qué tenemos? – Preguntó.
- Química. – Contestó Emily, parecía que no lo había pensado. Debió darse cuenta, porque se sonrojó y rápidamente, añadió – Es decir, la Sra. Farabaugh nos puso deberes.
Hanna soltó una carcajada y Emily se rió también, mientras se miraban la una a la otra. Después de un momento, Emily miró hacia abajo y empezó a escribir. Hanna siguió mirándola. ¿Qué ha sido eso? No sabía si Emily lo había hecho a propósito o no. ¿Es posible que yo le guste? Pero… ¿Gustar, gustar? Nah, ¡no lo creo! Y si es así, ¿por qué no me ha dicho nada?
- ¡Oye, deberes! – Hanna escuchó decir a Emily. Hanna seguía empanada y se centró de nuevo rápidamente. - ¿Pero has empezado ya?
Nop. No había empezado. ¡Será mejor que empiece ahora mismo o me volverá a ladrar! Abrió el libro por la página 293 y leyó el primer ejercicio.
- Ugh, esto es aburrido. E inútil. En el futuro, ¡¿para qué tendría que saber la fórmula química del acetileno o del amoníaco?!
- Bueno, en el futuro no lo sé, - dijo Emily, mirándola, - pero por ahora, creo que te ayudará a aprobar el examen…
- Eres una aguafiestas. – Hanna dijo, bromeando.
- ¡No lo soy! Pero no quiero que suspendas, ¿sabes? – Dijo Emily, también en broma, aunque no lo parecía. – Además, es mejor para ti, y para mí… lo de estudiar en grupo. Es menos aburrido.
- Sí… pero sigue siendo aburrido.
- Lo sé, a mí tampoco me gusta. ¡Pero es lo que toca!
- Oh, vamos. Hablemos de otras cosas. ¿Dónde está Carolyn? – Preguntó Hanna.
- Ha salido, creo. Pero estará en casa para la hora de cenar.
En ese momento, el teléfono de Emily sonó. Lo agarró y leyó el mensaje que acababa de recibir.
- Uuuuhh, ¡te has puesto roja! ¿Quién es? ¿Algún interés amoroso? – Preguntó Hanna, entusiasmada, como siempre se ponía cuando hablaba de cosas que sí le interesaban.
- En realidad, no… - Dijo Emily, mirando hacia abajo, todavía sonrojada.
- ¡Vamos! Puedes decírmelo, ¿sabes?
Emily seguía mirando hacia abajo, pero no contestó. En su lugar, agarró el teléfono y contestó a quien quiera que le había escrito primero, pero no le dijo a Hanna quién era. Ambas siguieron haciendo deberes, viendo que ninguna de las dos iba a hablar sobre algo de lo que ambas estuvieran dispuestas a hablar.
Después de un rato, Hanna miró a Emily, y debió darse cuenta, porque ella miró hacia arriba, fijó la mirada en Hanna, y tras un breve momento, dijo:
- Todo va a ir bien con Sean, ¿de acuerdo?
Había algo en la manera en que lo dijo que hizo pensar a Hanna. Sonó como una amiga realmente preocupada, pero a la vez, no sonó para nada así. No sabía qué le pasaba. Solían contárselo todo… Eran mejores amigas, después de todo, pero últimamente Emily no estaba muy por la labor.
Acababa de darse cuenta de lo egoísta que había sido… Siempre hablando de Sean y ella, y no preguntándole nunca a Em cómo estaba o si había conocido a alguien. No habían hablado demasiado de ella, y ahora se sentía culpable. Se sentía culpable porque ella tenía que escuchar la mierda de las demás, pero nadie escuchaba la suya. Pero oye, ¡ella tampoco habla nunca de ello! No es sólo nuestra culpa. Finalmente decidió preguntarle… No en ese momento, pero más tarde, definitivamente lo haría. Quizá después de cenar.
La voz de Pam entró por la puerta desde el piso de abajo.
- ¡Chicas, la cena! ¡Bajad!
Emily cerró su libro y lo puso a un lado, levantándose de la cama donde estaba tendida, tan concentrada en sus deberes un momento antes. Hanna hizo lo mismo, aunque ella estaba sentada en el escritorio de Em. Ambas bajaron al salón, donde vieron a Carolyn de nuevo. Parecía que acababa de llegar.
- ¡Hola, Han! Me alegro de que decidieras venir. – Dijo Carolyn con una sonrisa.
- ¡Sí! Gracias, Care. – Dijo Hanna devolviéndole la sonrisa.
Las chicas se sentaron en la mesa una enfrente de la otra, y Carolyn al lado de Hanna. El Sr. y la Sra. Fields estaban también uno enfrente del otro, presidiendo la mesa. La radio estaba encendida, y todos comían en silencio, escuchando la música que salía de ella, hasta que el teléfono de Hanna empezó a sonar.
- Perdonad, sé que es de mala educación, pero de verdad necesito contestar. – Dijo mientras se levantaba y se iba a la otra habitación.
Escuchó a Emily decirle algo a su familia, que sonó a algo parecido a "Ese debe ser Sean…" y algo más que no entendió del todo. Cuando llegó al salón, pulsó Contestar y se acercó el teléfono a la oreja.
- ¿Sean?
- Sí, escucha. Iré a recogerte sobre el mediodía para poder comer fuera. Tengo que prepararlo todo para marcharnos, por la mañana… Porque el lunes no tendré tiempo con las clases y todo eso.
- Sí, claro, pero estoy en casa de Emily… La Sra. Fields me dijo que me podía quedar aquí hasta que mi madre volviese.
- Vale, no pasa nada. Iré a recogerte allí, entonces.
- ¡Vale! Oye, tengo que irme… has llamado en mitad de la cena y he tenido que salir a contestarte. ¡Nos vemos mañana!
- ¡Sí, ve, ve! Perdona. – Dijo Sean, y Hanna casi pudo escuchar como sonreía al otro lado del teléfono. – Nos vemos mañana. ¡Te quiero!
- Yo también te quiero. ¡Adiós!
Ambos colgaron y Hanna se quedó mirando la pantalla de su teléfono un momento. No sé qué estoy haciendo… Volvió a la mesa para seguir comiendo.
- Lo siento, sé que no debí haberme levantado. – Dijo Hanna, justificándose.
- No te preocupes, Hanna. Has dicho que era importante y te creemos. – Dijo la Sra. Fields con una sonrisa complaciente. Emily estaba mirándola, asintiendo.
- Gracias. Señora… - Dijo Hanna, pero la Sra. Fields la interrumpió con una tosecita. – Quiero decir, gracias, Pam.
Emily subió a su habitación antes que Hanna, quien se quedó ayudando a la señora Fields a limpiar, aunque parecía que era el turno de Carolyn, ya que se quedó también a ayudarla. Cuando terminó, subió arriba también, y vio que la puerta de la habitación de Emily estaba medio cerrada. En lugar de simplemente entrar, decidió llamar antes, aunque veía a Emily a través de la rendija. Estaba ahí echada, mirando al techo.
- ¡Sí, pasa! – Dijo Emily, levantándose un poco y apoyándose en el cabecero de la cama. – No hace falta que llames, puedes pasar cuando quieras.
- ¡Lo haré la próxima vez! – Contestó Hanna, sentándose al lado de Em en lugar de sentarse de nuevo en la silla junto al escritorio. – Y… ¿Cómo estás?
- Eh… Bien, ¿cómo iba a estar?
- Uh-uh, nop. Te conozco y sé que no estás bien. ¿Ocurre algo?
Em se deslizó y miró de nuevo hacia arriba, con la diferencia de que ahora Hanna estaba en su ángulo de visión. Hanna suspiró y esperó que dijese algo, pero no lo hizo.
- Vale, bueno. Pues no hablaremos de nada. – Dijo apoyándose en el cabecero.
- No ocurre nada. Sólo estaba pensando. – Dijo Emily finalmente.
- ¿Y qué ocupaba tu mente?
- Pues estaba pensando en ti, de hecho.
¿En…?
- ¿En mí? ¿Por qué? – Preguntó Hanna, sorprendida.
- No lo sé. – Dijo ella, todavía mirando al techo. – Es sólo que no quiero que estés triste o dolida cuando Sean se vaya.
Hanna no sabía qué decir. Pues claro que iba a estar triste. Pues claro que iba a estar dolida, mañana, cuando lo viese por última vez a solas… No contaba el lunes en la escuela. ¿Pero qué podría hacer ella? ¿Qué es posible que pudiese hacer ella?
- Creo que nadie te preguntó esto… ¿Pero cómo te sientes tú realmente sobre todo esto? – Preguntó Emily, finalmente mirándola.
Era cierto, nadie se lo había preguntado. Hanna también se deslizó y ahora estaba en la misma posición que Em, y también se puso a mirar el techo. Estuvo en silencio durante un rato, y Emily respetó ese silencio.
- No lo sé. Es decir… Sé que antes le dije a Spencer que tenía razón, que podríamos solucionarlo, pero lo cierto es… Lo cierto es que no quiero estar en una relación a distancia. Ni con Sean, ni con nadie. Es decir, le quiero y todo eso… pero no quiero pasar la adolescencia ahí colgada, ¿sabes?
Hanna paró de hablar por un momento, esperando a que Emily dijese algo, pero no lo hizo. En su lugar, estaba mirándola, escuchando atentamente.
- Pero tampoco quiero estar sola… - Continuó, aun a riesgo de parecer egoísta. – Y sé que suena egoísta, lo sé, pero paso la mayor parte del tiempo sola... en casa, en la escuela, en el centro comercial… en todas partes. Y es una mierda.
- Pero no estás sola. Nunca estarás sola. – Dijo Emily, incorporándose. – Aria y Spencer siempre estarán ahí. Yo siempre estaré ahí. – Dijo, poniendo el énfasis en el "yo".
¿Qué quiere decir con eso?
- Lo sé, pero no es lo mismo… Me encanta estar con vosotras, chicas, es el mejor momento del día, pero… - Pero no dijo nada más.
Emily se levantó y cerró la puerta que Hanna había dejado totalmente abierta cuando entró. ¿Qué…? Después de eso, se echó de nuevo en la cama, como antes.
- ¿Sabes el mensaje que recibí antes? – Emily preguntó y Hanna asintió. – Era de Aria. Quería saber cómo iba todo por aquí… y con por aquí se refería a ti por un lado, y a mí por el otro.
- Y te pusiste roja. ¿Por qué te pusiste roja?
Para Hanna, ahora todo empezaba a tener sentido. Emily la miró por un momento. Después miró al techo de nuevo. Volvía a estar sonrojada.
- ¿De verdad tengo que decirlo? – Preguntó.
- ¡Por favor…! – Dijo Hanna, poniéndole ojitos.
- Ugh, ¡no me mires así! – Dijo Emily.
Miró para otro lado, como preparándose para decir lo que iba a decir. Hanna estaba mirándola, a la espera, y Em la miró a directamente a los ojos antes de decir…
- Me gustas.
¡Y esto es todo por hoy! Nos vemos en el próximo capítulo ^^ Espero no tardar tanto en publicarlo... jajaja ¡Compártelo si te gusta! :D
Antes de irme... Muchas gracias a las Gemas (Rapsodyyy y LeFleur89) por leerlo! Sé que el esfuerzo es grande xDD También a Gabu por el review y a Syl de nuevo por el beteo y el review sobre el capi 1 y por todo eso que tú y yo sabemos =) Por último, gracias a esos followers anónimos de la historia! Aunque no comentéis, siempre anima que te sigan la historia! :D
Un saludo a todos :D
