Este fic lo tengo abandonado hace mucho tiempo, pero ahora le subo este nuevo capítulo, que me salió de la fugaz, pero siempre bienvenida inspiración. En fin, les deseo una grata lectura y que disfruten muchísimo el capítulo.

Disclaimer: 'Hora de Aventura' NO me pertenece a mí, sino que a Cartoon Network y asociados.

Duda

Capítulo II

Por E. Waters

Los ojos rojizos de Marshall estaban posados de forma insistente sobre mi mirada, de tal manera que sencillamente no podía desviar mi atención de ellos, cómo si él estuviese obligándome a verlos.

Pero no, él no me había obligado a nada… Marcilne, en verdad y en cierta manera, sí lo había hecho al besarme ayer sobre el césped, sí lo había hecho cuando me había llevado a rastras hacia al baño de chicas el día de hoy.

—¿Y qué dices, Bonnie? — insistió entonces el muchacho.

Sin embargo, debía de admitir algo; Marceline pudo haberme besado a la 'fuerza', pero eso no había quitado que me hubiese…

¿Gustado?

Todo era demasiado confuso para mí. Por una parte, una gran e influyente parte de mí, que correspondía a mi razón, me decía clara y a gritos que debía de aceptar a Marshall, que no me convenía estar con Mareline, porque ambas éramos chicas y eso estaba mal.

Mal, muy mal..

—Está bien, Marshall, vamos a cenar.

—¡Bien! — el rostro de él se iluminó enseguida, y cuando sonrió me recordó a esa sonrisa, que su propia hermana me había mostrado hace escasos minutos atrás —. Te recojo a las siete, Bonnie.

No sé muy cómo, pero la cosa es que había logrado ignorar y pasar de Marceline todo el período de clases, pero evidentemente yo no me encontraba del todo bien.

Y cómo hacía cada vez que me sentía sobrepasada con mi vida social, me refugié en mis estudios, en mis experimentos científicos y cosas de la misma índole. Yo quería olvidar, olvidar ese extraño sentir, olvidar todo lo que, ¡por favor!, mi mejor amiga me había provocado.

—Piensa en Marshall, piensa en Marshall— era lo que mi lógica pensamiento me repetía de forma constante.

Sin embargo, tampoco era que reemplazase a Marceline por su hermano gemelo…

Porque, al fin y al cabo, Marshall Abadeer me gustaba, es más hasta hace un día atrás yo tenía clarísimo en mi cabeza que era él la persona que más me gustaba, esa persona a la cual le entregaría mi primer beso.

Casi, si no es que era ya un hecho, como si fuese él mi primer amor.

Un amor el cual ni yo misma sabía si ahora era tan real, no después de esos besos que me di con ella.

Pero, y siempre guiada por mi cabeza, yo ya en cierta forma me había decantado por Marhsall.

¿Qué le diría entonces a Marceline, cuando tuviese que verle la cara nuevamente?

Traté de fijar toda mi atención en mis estudios, pero cuando leía los efectos corrosivos del dióxido en ciertas reacciones químicas, a la cabeza me venían las reacciones que mi amiga había provocado en mí.

Estaba a punto de tirar la toalla, por decirlo de alguna forma, cuando alguien abrió la puerta de mi habitación.

—Mamá, te dije que…

—Soy yo, princesa.

Mis ojos se abrieron mucho. Sólo una persona me hablaba así, y esa persona era precisamente Marceline Abadeer.

—M-Marceline— dije titubeando, poniéndome muy nerviosa en el acto, a la vez que me sonrojaba de forma furiosa. Mi corazón también reaccionó, latiendo más rápido que nunca.

No esperaba encontrármela ahora, no cuando en menos de una hora saldría justamente su mismo gemelo… no ahora, que no había planeado nada que qué decirle.

—Tu mamá me dejó entrar— seguidamente, ella se sentó en la orilla de mi cama, posando esos intensos ojos rojos en los míos —. No fuiste —y tras decir eso, se cruzó de brazos.

—Nunca dije que fuese— sentí cómo mi tono de voz temblaba de forma evidente.

—¿Es acaso que no te gusto? — dijo ella sin rodeo alguno, con un tono de voz que me hizo estremecerme un poco — porque cómo reaccionaste, todo parecía indicar…

—¡Tú me gustas! —solté sin pensarlo, sólo actuando de forma impulsivo, algo raro en mí, que hizo que mi amiga alzara ambas cejas —. Digo, no me desagradas, digo, yo… —y un molesto tartamudeo vino a mí.

Era una situación horrible, estaba comenzando a perder el control, y esa sensación me desagradaba en extremo.

—Sé clara, princesa —y Marceline se levantó de la cama, y comenzó a acercarse a mí—. ¿Te gusto o no te gusto?

Su rostro estaba muy cerca del mío y eso sólo hizo que me pusiera aún más nerviosa de lo habitual, cómo si mi tartamudeo y falta de control no fuesen suficientes.

—Saldré con Marshall.

—Eso no responde a mi pregunta.

Solté una grosería en mi cabeza. ¿Por qué, Marceline, por qué tienes que ponerme las cosas tan, pero tan difíciles?

—Somos chicas, Marceline y…

—Eso tampoco responde a mi pregunta, princesa— habló ella, y esta vez lo hizo susurrándome al oído, lo que no hizo más que provocarme un prologando escalofrío, que cruzó por toda mi espalda.

Tragué con dificultad.

—Vamos, es muy simple…— continuó aún entre susurros, esos provocadores susurros—. ¿Te gusto o no te gusto?

Sentía como mi corazón latía con fuerza, tan fuerte como nunca antes lo había hecho, aún cuando en la práctica Marceline no había hecho nada como para que reaccionara de tal forma.

—Yo…

—¡Bonnibel! — la voz de mi madre inundó la habitación, a lo que yo le alejé de Marceline como si el contacto con ella quemase o algo así —. ¡Marshall ha llegado!

—Mierda —soltó Marceline y soltó un suspiro, y antes que ella pudiese hacer o decir algo, fue el propio Marhsall quien abrió la puerta.

—Hola, Bonnie — y Marhsall hizo ingreso a la habitación —.Toma, te raje esto…—el chico, con una de sus mejores sonrisas, me entregó una rosa muy roja, tan roja como sus ojos, esos ojos que también tenía Marceline.

—G-gracias

—¿Qué haces aquí, Marcie? — Marhsall seguía igual de sonriente —. Creí que ibas a ver a Ash, o algo así.

—¿Ash? — alcé curiosa una ceja —. ¿Quién es Ash?

—Un amigo —aclaró enseguida Marceline.

—¿Desde cuándo…? —pero antes que pudiese decir algo, fue Marhsall quién me interrumpió.

—¿Vamos, Bonnie?

Sentí cómo la intensa mirada de mi amiga se posaba sobre mí, y aunque algo muy dentro y profundo de mí me pedía a gritos que dejase a Marshall, que me quedase junto a ella y no con su hermano, yo hice todo lo contrario.

—Vamos, Marhsall.

Noté como el rostro de ella se desencajaba, aún cuando esa expresión sólo duró un breve instante, mostrándose al momento siguiente por una hastiada y fría.

—Bien, supongo que yo también me voy.

—Marceline, yo…

—Diviértanse—soltó, y aunque sé que Marhsall no lo notó, ella sonaba herida —. Dile a mamá que no me espere despierta.

Quise preguntarle a ella que por qué decía eso, que dónde iría, con quién se juntaría, pero lo reprimí, sabiendo perfectamente que no me concernía…

¿O tal vez sí?

—Cómo digas — y él me tomó de la muñeca —. ¿Bajamos?

Seguidamente, nos dirigimos hacia la primera planta de mi casa, y aunque yo miraba por el rabillo del ojo a Marceline, no pude descifrar del todo bien que cuál era la expresión que ahora predominaba en su cara.

Aunque tuve la intención de despedirme de forma adecuada de ella, Marhsall me llevó hacia el lado contrario de donde ella se encaminaba, cosa que me dejó con un nudo en la garganta.

Todo era horrible.

—¿Pizza, cierto?

—Sí. — le contesté aún meditabunda.

—¿Soy yo, o ustedes se pelearon?

—¡N-No!

—Ahm… —el chico se rascó la nuca —. Es que pensé que habían tenido algún problema, ambas estaban un poco raras…

Si soy completamente sincera, si bien en un principio en lo único que pude pensar eran en esa dolida expresión que tenía Marceline cuando vio cómo yo aceptaba la invitación de su hermano, pronto logré relajarme con la compañía de Marhsall.

Después de todo, lo correcto era estar con él, ¿no es así?

—Buenas noches, Bonnie — me dijo el muchacho, estacionando su auto en la acera que se encontraba al frente de mi casa —. Lo pasé muy bien hoy.

—Yo igual — y sonreí, sonreí de forma autentica, olvidando de pronto todo sobre Marceline.

Pero que antes que pudiese bajarme del auto, él posó de manera algo tentativa su mano sobre la mía, y cuando él me miró con esos ojos, esos ojos iguales a los de su hermana, yo de inmediato recodé todo sobre ella.

Todo.

Sintiéndome sumamente extraña, yo por mero impulso saqué mi mano de la suya y me bajé lo más rápido posible del auto.

—¡Nos vemos! —fue lo último que oí por parte de Marhsall, antes de cerrar la puerta de mi casa tras de mí.

Tenía la respiración ligeramente agitada, y tratando de no toparme con mi madre, puesto que sabía que comenzaría a hacerme preguntas incómodas, me dirigí lo más veloz que pude hacia mi habitación.

Sin embargo, esa noche sólo tuve extraños y embriagantes sueños, todos relacionados con un par de ojos rojos.

Un par de ojos rojos los cuales no sabía a quién pertenecían.

Aunque era sábado el día siguiente, mi despertador cómo día de colegio sonó prolijamente a las siete de la mañana.

Hice mi serie de ejercicios matutinos, y una vez hechos me enfrasqué con mi proyecto personal de ciencias. Estaba tan concentrada en él, que incluso de forma momentánea olvidé todo lo relacionado con los hermanos Abadeer.

Estaba en eso, cuando mi celular comenzó a sonar, y cuando contesté escuché la clara voz de Finn hablarme.

—¡Hola, Bonnie!

—Hola, Finn… ¿qué tal?

—Todo bien, gracias, ¿qué tal tú? ¿Cómo te fue en tu cita? Marhsall me contó lo de ustedes…

—Oh, pues bastante bien.

—Genial —hizo una pequeña pausa —. Oye, ¿hoy es el concierto de la bando de Marcie, no?

Mis ojos se abrieron mucho… ¡Era cierto! Miré entonces el calendario que tenía en mi habitación, viendo como el día de hoy estaba ultra marcado con un rotulador rojo. Se suponía que yo era la representante de la banda de Marceline, se suponía que ahora debería estar en camino al bar donde tocarían, no en mi casa.

Me despedí lo más pronto de Finn, y me vestí lo mejor que pude, sólo para después encaminarme al bar más popular de Ooo.

—Pensé que no llegarías.

Alcé mi mirada, y me topé con Marceline, la cual estaba mirándome sumamente molesta con los brazos cruzados.

—Me atrasé media hora, Marceline.

—Tú nunca te atrasas… Bonnibel.

Mi mirada se ensanchó cuando la escuché llamarme por mi nombre de pila, y no 'princesa' cómo siempre lo hacía.

Estuve a punto de enfrentarla, pero la verdad de las cosas, era que no tenía las suficientes energías cómo para hacerlo. Además, no habíamos terminado la conversación que teníamos antes de que Marhsall llegase, lo que sólo incrementaba esa molesta tensión entre ambas.

Durante el trayecto del día, apenas sí hablamos y yo podía percibir cómo su mirada cuando chocaba con la mía, estaba más helada que nunca.

Yo no quería estar peleada con ella, mas a la vez sabía que la única forma de volver a hacer las paces era respondiéndole a esa pregunta, a esa pregunta a la cual yo aún no podía encontrarle respuesta.

De esta forma transcurrió el día, y cuando menos lo esperé llegó casi la hora que el concierto de la banda de Marceline se hiciese.

—¡Ash!

Cuando escuché aquel nombre, mi mirada rápidamente viajó desde donde estaba posada, hacia la entrada del bar, una media hora antes que se produjese el evento.

—Hola, Marcie.

Fruncí el ceño.

Aquel chico, aunque no era por qué ser un gesto necesariamente romántico posó su mano sobre los hombros del Marceline, y la saludó de forma afectuosa.

De una forma demasiado afectuosa y confianzuda para mi gusto.

—¿Pasa algo malo, Bonnie?

—Nada, Marshall— le respondí, habiendo él, llegando hace una hora atrás, para ayudarme a dar los últimos ajustes de la organización, para el concierto que se celebraría aquella noche.

Finalmente el concierto dio inicio, teniendo el bar totalmente atiborrado personas, todas fans de la banda de Marceline.

Yo me encontraba, como era de esperarse, en la primera fila sentada al lado de Marhsall, observando atenta cada movimiento de la que aún era, o al menos para mí, mi mejor amiga. Fue entonces, cuando sentía la mano del hermano de esta misma, sobre la mía.

Miré de reojo, y pude percibir en los ojos rojos de Marhsall, ese mismo brillo que ya había visto en los ojos de Marceline.

Aún así, no pasó nada más que eso, y la mano de él se mantuvo de forma suave posada sobre la mía durante todo el concierto.

Marhsall me gustaba, eso estaba claro, pero…

Pero Marceline también lo hacía.

El tema ahora era, ¿qué podía hacer yo ahora al respecto? No podía ir donde a Marceline y decirle que me gustaba, pero que me gustaba igual que su hermano gemelo. Sumamente confundida, mis ojos no se despegaron de la figura de ella, a la vez que sentía que la mirada de ella no se desprendía de mi silueta.

Como era de esperarse el concierto fue un total y rotundo éxito, y al terminar yo me dirigí hacia los camarines.

En vista que nunca lo hacía, entré sin tocar al camarín de Marceline, y cuando entré la vi muy, pero muy cerca de ese tal Ash, cosa que hizo que me molestara en seguida.

—¿Quieres algo, Bonnibel? — los ojos de ella estaban más intensos que nunca.

No podía soportar, soportar ver a ella en brazos de otra persona que no fuese yo.

Y entonces lo supe.

—Tengo que hablar algo en privado contigo.

—Ash, ¿me esperas cinco minutos?

El chico asintió y fue cuando, para mi total desagrado, posó un beso en la mejilla de ella. En cuanto se fue, me acerqué a Marceline, y la miré cómo no había mirada a nadie en mi vida, ni siquiera a Marhsall.

—Creo que me gustas, Marceline.

¡Eso! ¿Reviews? ¡Sería genial ^-^! Así me inspiro y continúo con la historia ;)