Hola a todos otra vez! =D
Les pido MILLONES de disculpas por la tardanza, =S muchas cosas en casa. Pero aquí les dejo el siguiente capítulo de esta historia.

Espero que puedan disfrutar este capítulo a pesar de las fuertes cosas que ocurren. Créanme cuando les figo que ESPERO este sea el único capítulo TAN fuerte. Pero si o si tienen que leerlo para entender los demás; es muy importante.
Aquí también está lo que le pasó a Susan, por si querían saber =D jajaja

ADVERTENCIA: Hay un par de palabras fuertes! El que advierte no traiciona!

La canción que le voy a dedicar a este capítulo va a ser "Make Up" de Avril Lavinge. En su momento había ido al concierto y estaba todavía excitada XD jajaja.


Susan acababa de terminar su clase de literatura y se estaba dirigiendo hacia la puerta.

Sin embargo, ella no había estado prestando atención a lo que su profesor decía, ella solo había estado pensando en una cosa… O mejor dicho, una persona.

Caspian Décimo: Su único e imposible amor.

Él se apropió de su corazón como si ya fuera suyo por naturaleza. No que a ella le importara mucho. Ella se lo regaló en bandeja de plata y con moño. Fue tan fácil para ella enamorarse de él… Su espíritu libre, su seguridad, su bondad, su honestidad, su humildad, su cabello, sus ojos, su boca, todo. No podía sacárselo de la cabeza.

Y eso le trajo problemas.

—Señorita Pevensie, ¿podría venir, por favor? —Su profesor, un alto pero delgado hombre de cabello castaño, la llamó.

—Sí, ¿señor Johnson?

—¿Qué le ocurre hoy? Apenas prestó atención a la clase. ¿Sucede algo? —Otra vez la misma pregunta… Y la misma respuesta.

—Lo siento mucho, señor Johnson. Tuve una fuerte discusión con mi hermano y estoy un poco distraída —En teoría, no estaba mintiendo.

—No se preocupe, señorita Pevensie. Todo se solucionará pronto.

—Gracias, señor Johnson —Ella respondió con una sonrisa falsa antes de dirigirse a la puerta otra vez.

—¡Susan! —su mejor amiga (o mejor dicho "ex-mejor-amiga"), Allen, la detuvo. —. ¿Qué está sucediendo contigo? Te comportas tan raro… Y nunca te pones así cuando tienes una discusión con Peter.

—Tuvimos una anoche, pero esta vez involucraba a toda la familia. Mi hermano quiso ahogar sus penas en vino pero lo detuvimos —había sido su mejor amiga; tenía que contarle.

—¿Peter con alcohol? ¡Eso es imposible! Él nunca ha tomado —dijo ella con incredulidad.

—Oh… sí lo hizo. Tantas veces que no puedo ni contar.

—Entonces, ¿por qué no me lo dijo?

—No eres ni su novia ni su amiga, Allen. ¡No eres nadie para él! Asique no tienes por qué saber todo lo que hace o no —Susan contestó casi gritando. Esa es la razón por la que tiró su amistad por la borda: por su arrogancia y egoísmo entre otras cosas.

—Estás demasiado histérica hoy. Sal de mi vista —dijo, empujando a Susan y saliendo del salón junto con el profesor.

Ahora estaba totalmente sola en el aula, maldiciendo en su interior todo por lo que había pasado. Solo dos días y todo era un infierno. Cuando estaba por dirigirse a la puerta una vez más, ocurrió lo peor que podría haber ocurrido.

—Miren quién está aquí, chicos… La hermosa Susan Pevensie se siente muy sola. Quizás podríamos hacerle algo de compañía, ¿no lo creen?

—Déjame en paz, James. No estoy de humor para soportarte a ti y a tus amigos.

—No quiero molestarte, amor. Solo quiero pasar algo de tiempo contigo —dijo él, acercándose.

—Aléjate de mí. Y no me llames "amor".

—Oh, vamos. De todos modos, tendrás que hacer lo que yo quiera. Ninguno de tus hermanos está aquí para "protegerte" —con un rápido movimiento, la tomó de la cintura y presionó su cuerpo contra el de ella. Pero ella reaccionó rápido y lo abofeteó.

Cuando levantó su cabeza, lo único que pudo ver fue ira, pero mantuvo su cabeza alta como la Reina que era y dijo:

—Ponme un dedo encima otra vez y te juro que te vas a arrepentir —Su voz firme y sus ojos llenos de seriedad.

—¡Tú, perra! ¿Cómo te atreves? —y sin esperar un segundo más, se tiró sobre Susan. Ella logró esquivarlo, pero algo inesperado pasó.

Él tenía una navaja.

Agarró a Susan con fuerza, apretó su espalda contra el pecho de él y puso el cuchillo en su cuello. Por supuesto que ella tenía miedo, pero era tan fuerte y valiente como su hermana. Mantuvo su cabeza en alto como lo había hecho antes pero, cuando iba a habla, el sólo rió y empezó a tocarle el cuerpo. El pánico empezó a apoderarse de ella. Forcejeó un poco, pero él la agarró más fuerte y siguió tocándola. Su risa y la de sus amigos se hicieron aún más fuertes. Tratando de que su voz no la traicione, dijo:

—Sigo diciendo que te vas a arrepentir. ¡Detente!

—Tú serás la que se arrepienta por haberme rechazado todo este tiempo, amor.

—Te dije que no me llamaras así.

—¿O qué? ¿Vas a matarme? —él jugó.

—Podría hacerlo. Solo con un simple movimiento.

—Ja —rió—. Inténtalo —sonrió.

Mal. Muy mal.

Porque ella tomó el brazo en que él sostenía la navaja y se deslizó bajó sus brazos, para así ella estar detrás de él. Puso el arma en su cuello y sostuvo sus extremidades con firmeza, ya que no podía darse el riesgo de subestimarlo.

—Puedo matarte con solo moviendo mi mano. ¿De verdad quieres que lo haga?

—Tú, perra- —Pero no dijo nada más cuando ella puso más presión en su cuello.

—No me subestimes. Es lo peor que puedes hacer en este momento —se dio vuelta con él en sus brazos y luego lo empujó contra la pared que estaba junto a la ventana con tal fuerza que lo dejó anonadado. Era bastante fuerte para ser una mujer. Parece estar entrenada. Pensó.

Y lo que hizo después casi le dio un infarto.

Le lanzó la navaja como si fuera una daga y la clavó exactamente en el hombro de su camisa pero sin tocar la piel. Ella pudo ver el pánico, el enojo y el miedo en sus ojos mientras su cuerpo temblaba. Sus amigos estaban viendo la escena horrorizados.

—Si hubiera querido, hubiera bajado mi puntería un poco, o quizás bastante. No me hagas hacerlo, porque si vuelves a tocarme, juro que lo haré." Ella siempre había sido bastante convincente cuando se trataba de amenazas, pero esta fue una especie de excepción: Sus seguidores salieron corriendo del aula de inmediato, pero cuando ella se disponía a darse vuelta para irse, él se sacó el arma de la ropa y atacó a Susan otra vez. Ella volvió a esquivar, lo lanzó contra la misma pared, y lanzó la daga nuevamente, a diferencia de antes, ahora rozando su cabello, cortando unos pocos mechones. Esta vez, no había ira en su mirada.

—Créeme cuando digo que lo haré, James.

—¿Qué está sucediendo aquí? —La profesora de arte apareció justo cuando Susan había retirado el afilado objeto de la pared.

—Señora Taylor, ¡un chico del instituto de enfrente vino y trató de forzarme! —ella le respondió, señalando al chico mientras discretamente arrojaba el arma por la ventana.

—¡¿Cómo dices?! Señor McCoy, ¿otra vez? Esta es la tercera vez esta semana. Vaya con el director, ahora. Tú, Susan, querida, ven conmigo y así podrás calmarte.

—Sí, señora Taylor —abrazó a su profesora fingiendo estar asustada. Pero antes de irse, miró al chico a los ojos por última vez y le articuló: "Te lo advertí".


—¡Hijo de puta! —Peter gritó cuando su hermana terminó de contar la historia—. ¡Lo voy a matar!

—Él no vale la pena, Peter. Relájate. No me molestará más. Está demasiado asustado para hacerlo —Susan rió.

—Sí, hasta puedo imaginarme su cara. Su, ¿estás segura de que no le dio un infarto? —Edmund sonrió pícaramente.

—Creo que no, pero te aseguro que te estaba cerca. Luego, hablando con el director, el dijo toda la verdad pero no le creyeron: eso ocurre cuando subestiman a una mujer. Y se lo advertí.

—¡Oye! No te rías de las desgracias de otros. Algún día te volverá —Lucy los retó, pero era demasiado gracioso como para contenerse. Terminó riendo junto con los demás.

—¿De qué se están riendo? —Helen apareció en la puerta—. Chicos, en este momento no están en posición de hacerlo. El castigo que les daré durante la cena será lo suficientemente fuerte para que aprendan. Y Su, lo que te pasó hoy es muy serio, ¡Ese chico estaba forzándote!

—Lo sé, mamá. Es solo que no sabes toda la historia, así que sugiero que no hagas comentarios —Ed dijo.

—Ya sé lo que sucedió, Ed. Susan nos lo dijo.

—No te conté toda la historia, pero tampoco lo haré porque no me lo creerías.

—Han estado usando esa frase mucho últimamente. ¿Qué les sucede a todos ustedes? Soy su madre y necesito saber qué es lo que les pasa a mis hijos —ella les dijo molesta, pero también podía verse mucha tristeza.

—Puedo asegurarte que no quieres. ¿Pero sabes qué? Voy a contarte: Ese chico me amenazó con una navaja y terminó todo al revés, yo amenazándolo a él. ¿Tú qué crees? —Susan lanzó casi desesperada.

—Es lo más loco que jamás haya oído —su madre les dijo, ahora enojada.

—¿Lo ves, madre? Hay cosas que nunca entenderás —le respondió mirándola directamente a los ojos.

—¡No vuelvas a hablarme así, jovencita! ¡Soy tu madre! —le apuntó con el dedo.

—Lo sentimos, madre, pero por favor, solo vete antes de que esto termine peor —la más joven de los Pevensie rogó sabiamente.

La mujer se fue de mala gana de la habitación, pero ellos no se dieron cuenta de que iba a escuchar por detrás de la puerta. Otra vez.

—¡ARRG! —la mayor de los hermanos levantó sus brazos en desesperación— ¡Esto no sucedía en Narnia! ¿Por qué tiene que ocurrir aquí?

—Porque mamá no estaba allí para darnos órdenes —Ed señaló lo obvio.

—Desearía que no estuviera aquí. Tendríamos menos problemas.

—Nos guste o no, es nuestra madre, y no debemos hablarle o hablar de ella de esa manera.

—¡Al diablo con eso! Hemos pasado cosas que ni siquiera los más veteranos en Inglaterra hayan experimentado o siquiera pensado en solo varios años. Ni siquiera tendríamos porqué estar pensando en una madre que nos dijera lo que tenemos que hacer.

—Estoy de acuerdo en eso, Su. Pero tampoco podemos contarte toda la verdad y saber que ella se irá.

—¡ARRG! —estaba poniéndose cada vez más nerviosa—. Desearía que podamos volver, que todo pudiera ser normal.

—O lo más normal posible —Lucy rió, haciendo que su hermana se relaje un poco.

—Pero no solo quieres volver allá por mamá, ¿no es cierto? —fue más una afirmación que una pregunta. Obviamente, Edmund siempre era el más observador de la familia—. No solo por el reino o los ciudadanos o nuestros amigos. Por él también —Se volteó y miró a su hermano con melancolía en sus ojos—. Nunca olvidarás tu primer amor, Susan. Mírame. Yanya nunca se fue de mi corazón. Ni siquiera sé por qué Aslan me permitió quedarme con mi collar —dijo mientras jugaba con el collar que colgaba delicadamente en su cuello. Lo recordaba como si fuera ayer: El amor de su vida, Yanya, era una sirvienta que había conocido cuando visitaron Galma por tercera vez debido a unas negociaciones. Él tenía casi veintisiete años. A ella le habían ordenado encargarse de la habitación de él, y cuando la vio, una hermosa mujer de casi su edad, ojos verdes, pelo negro hasta la cintura y piel un poco bronceada, gentil, divertida, honesta y dulce, inmediatamente se enamoró de ella. Luego, él había pedido "discretamente" si podían quedarse un poco más en la isla, y cuando su viaje terminó, le pidió que vaya a Narnia con él. El Rey de Galma no estaba muy contento de que uno de los reyes de Narnia estuviera cortejando una de sus sirvientas, pero no pudo hacer nada para prevenirlo después de la discusión que tuvo con los Pevensies. La pareja vivió en paz en Narnia; incluso él estaba planeando en proponerle matrimonio cuando volviera de la caza del ciervo blanco… Pero eso lo cambió todo. Ellos no volvieron y ella nunca supo lo que realmente pasó. Y eso era lo que a él más le dolía: que ella no supiera la verdad.

Pero bueno… esa es una larga historia del pasado y no tenía tanta relación con lo que estaba pasando.

Pero eso no significa que no tuviera algo en común: a su madre le dolía porque ella no sabía la verdad.

Ella quería una explicación, quería saber la verdad, sea creíble o no. Entonces abrió la puerta de un golpe, miró bien a todos sus hijos y caminó hacia Edmund, agarrando su collar sin sacárselo y lo inspeccionó. Y lo que vio la sorprendió.

—¿Esto es oro? —con un rápido movimiento, le sacó la joya de la mano y se alejó.

Ella se dio vuelta y los miró a todos.

—Quiero saber la verdad; creíble o no. Están hablando de sus "vidas" tal como si tuvieran sesenta años y no quince. Todo eso de Narnia, guerras, bosques y castillos, realeza, armas, torneos… ¿Qué es todo eso? ¡No entiendo ni una palabra de lo que hablan!

—¿Y desde cuando tienes la costumbre de escuchar detrás de las puertas, mamá? —le preguntó Peter, no pudiendo creer lo que su madre estaba haciendo—. ¿Dónde quedó el respeto por la privacidad?

—Mi casa, mis reglas. ¡Así que empiecen su maldita historia —nadie contestó—. AHORA.

—Este no es nuestro hogar —Susan dijo de repente, dejando a todos sorprendidos—. No sabes nada sobre la mitad de nuestras vidas porque vivimos en otro lugar; eso sin contar el tiempo que pasamos en la escuela. Lucy es una niña mucho más valiente de lo que puedas imaginarte. Edmund es mucho más justo de lo que tú crees. Yo soy mucho más gentil de cómo te estoy tratando ahora. Y Peter es alguien magnífico pero que no puedes apreciar. Tenemos a alguien que nos ama como un padre y ni siquiera es humano como el padre que nos crió. Hemos peleado contra miles de personas que ni siquiera conocimos. Hemos aprendido a sobrevivir en un contexto que se supone que debería estar casi olvidado. Realmente nos pasaron cosas inimaginables. Hicimos larguísimos viajes muchísimas veces. Tuvimos y tenemos amigos de todas las especies. Nos han respetado como si fuéramos realeza. Edmund y yo nos enamoramos de alguien en ese hogar a los que nunca veremos otra vez. Y lo más importante: en los buenos y en los malos momentos hemos aprendido a ser una familia. Algo que nunca comprenderás y que nosotros nunca vamos a volver a sentir. Esta no es la historia, sino algunas ideas lo que quieres saber. Y todas significan "déjanos en pez y no te metas en nuestras vidas otra vez".

Todos se quedaron sin palabras, incluso Susan estaba sorprendida de lo que había dicho. Sus hermanos la miraron admirados; su hermana se había hecho cargo del problema mayor por sí sola.

Pero su madre estaba hirviendo de ira y hasta le salía humo por las orejas. Su propia hija estaba tratándola tan mal. Imperdonable. No iba a tolerar semejante falta de respeto.

—¡SUSAN ANNA PEVENSIE! Con todo lo que te ocurrió hoy, pensé que nunca podría castigarte. Pero si no tengo opción lo haré. No saldrás con tus amigas por el resto del año —su madre dijo firme, pero no fue suficiente.

—¿Escuchas lo que dices mamá? —Susan preguntó—. ¿Cuándo me has visto salir con amigos este año? —Helen no supo que decir. Su hija tenía razón—. No tengo ni un amigo o amiga porque me di cuenta de que ninguno es lo suficientemente maduros para apreciar la vida tal como es y solamente piensan en maquillaje, chicos, chicas, dinero y poder —ella continuó, sus palabras claras como el agua—. ¿Me conoces, madre? ¿Sabes cuáles son las cosas que me gustan? ¿Si tengo amigos? ¿Mis notas en la escuela? ¿Realmente te sientes como una madre? —espetó—. ¿Qué clase de madre eres que no sabes sobre la vida de tus hijos? —y esa fue la gota que derramó el vaso: Helen abofeteó a Susan.

—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! —gritó, mientras los hermanos trataban de defender a Susan en caso que le de otro golpe—. Si tu padre supiera cómo me estás insultando…

—No te estoy insultando, madre. Solo te estos mostrando la realidad —le dijo sin duda alguna.

Sin decir nada más, Helen se retiró enfurecida y maldiciendo para sus adentros.

Después de eso, pasó las siguientes dos horas tratando de entender la conducta y las palabras de su hija, pero no pudo.

No podía negar que no era tan buena madre como todos hubieran querido, pero cualquiera podía ver que ella daba la vida por sus hijos. No tenían ninguna razón para tratarla de aquella manera.

Ellos estaban escondiendo algo. Tarde o temprano ella sabría que era.

Cuando estaba por terminar de prepararse para la fiesta de té que tenía con sus amigas, Lucy entró a la habitación.

—Madre, creo que has sido demasiado severa con Su. ¿Podrías por lo menos ir a disculparte?

—Tu hermana tiene que aprender a tener respeto por las personas adultas, Lucy. Ella no puede andar por la vida siendo irrespetuosa con todo el mundo —respondió sin voltear, pero mirando a su hija más pequeña a través del espejo.

—Ella no estaba—

—¡Cállate Lucy! —la mujer gritó, pegándole al vidrio que tenía frente a ella.

Y en ese momento es cuando la aventura comienza.

Las manos de Helen empezaron a desintegrarse en suaves pétalos blancos que se dirigieron directamente al espejo y desaparecieron. Luego, a Lucy le empezó a suceder exactamente lo mismo. Cuando sus manos desaparecieron por completo, Helen comenzó a gritar como poseída, lo que hizo que Lucy saliera de su transe.

—¡Chicos! ¡Vengan aquí, YA! —Justo en ese momento aparece Susan, quien se queda quieta en el marco de la puerta anonadada, pero rogando a Aslan que haya escuchado sus plegarias.

Peter y Edmund llegaron también y vieron la escena con la misma expresión, pero al contrario de su hermana, reaccionaron rápido y corrieron para tratar de calmar a su madre (obviamente sin éxito), quien ya no casi no tenía piernas. Pero a Peter lo detuvieron.

—Peter, nosotros no—

—¿No crees que en ese caso Él hubiera sido un poco más "discreto"? —él preguntó, casi afirmando, soltándose y apurándose para ir con los demás. Pero ahora, era su turno para que sus manos se evaporaran. Era como si cuando más cerca del espejo estabas, más rápido te deshacías. No pudieron evitar mirar a su hermana con comprensión. De repente, sus manos estaban desintegrándose también.

Todos los chicos desaparecían uno por uno: Edmund, Lucy, Peter, su madre… Y ahora ella estaba sola.

Aslan, si realmente estás dándome esta oportunidad, solo espero que me des una segunda para remediar mi más grande error. Fue lo último que pidió antes de no sentir absolutamente nada y después volver a sí en una caída interminable.


WOW. Demasiado?
Les gustó?

Sé que es bastante fuerte, pero si no escribía esto, los capítulos siguientes no van a tener ningún sentido =)

Voy a decir de nuevo, perdón por la demora!

Saludos a todos! =D