Disclaimer: Los personajes de South Park no me pertenecen, los uso sin fines de lucro y mero entretenimiento.


*Tres días antes*

Había reprobado... Reprobó su primer examen.

Se supone que lo había hecho bien, estudió toda la semana, ni siquiera Cartman se acercó a molestarle, le dieron la oportunidad de faltar toda la semana a los entrenamientos, era su examen más importante... Y estaba seguro que lo había reprobado. Intentó ser positivo, que quizás por un punto lo reprobaba... Pero no, a la mierda todo su positivismo, ahora tendría que buscar otra escuela, u otra beca, u otra ciudad.

- Hey, niño - Lo llamó el barman azotando las manos en la barra para ser notado - ¿No vas a pedir algo?

Stan suspiró, recargando su barbilla en su puño.

- Algo que me haga olvidar mis penas.

- Siempre lo mismo

Le sirvió algo ligero con hielos, algo que ellos llamaban "La Luna de Miel", por eso no lo sintió, había tomado desde los diez años y sabía que aquello no era fuerte -En ese entonces, cayó como alcohólico y depresivo que tuyo que entrar en rehabilitación por problemas-. Pidió más y el sujeto comenzó a aumentar el grado de alcohol en los vasos.

Comenzaba a marearse, pero no era suficiente para derribarlo.

Finalmente, ante su último trago, sintió la punzada de la madurez con su llamado White Russian y su tan famoso vodka como principal ingrediente.

Perdió la cuenta de cuántos había tomado, de cuánto tiempo llevaba en aquel lugar de mala muerte, no le preocupaba demasiado...por medio de chantajes, podría hacer que Cartman fuera por él a donde sea, al fin y al cabo, le prestaba su auto los fines de semana para llevar a Heidi de paseo, era un intercambio.

La música apenas era sonido, su visión se tornaba en puntos luminosos.

- ¿Tienes para pagar lo que te has tomado? - Le preguntó el tipo llamando su atención nuevamente azotando las manos

- Sí, sí... - Resbaló palabras buscando su cartera.

Se le resbaló de las manos y él la buscó con la mirada, sin embargo, su visión era demasiado borrosa para encontrarla en el suelo oscuro y la luz no ayudaba. Pronto, una mano se cruzó en su camino y al levantar la cabeza, se encontró con... Él...

- Hey, creo que esto es tuyo.

"Acabo de tirar más que mi cartera" - Pensó.

Tragó disculpándose por su distracción y torpeza mientras el otro se sentaba con él a su lado. Buscó el dinero y le retiró cien dólares, el hombre lució afortunado, apostaba a que el chico olvidaría su cambio. Ya estaba dispuesto a irse con tan afortunada victoria, hasta que el invitado indeseado dio un golpe en la barra con su mano llamando la atención del barman, frunciendo el ceño con dureza, respondió.

- Ni lo pienses. Dale su cambio

Chequeó la lengua y se alejó para cambiar el billete mientras otro atendía al recién llegado.

- ¿Problemas?

Stan se apoyó en la barra sujetando el vaso con su mano derecha, ladeó la cabeza para mirarlo y alzó la ceja. Era un chico pelirrojo de rizos que acomodaba con gel de manera extravagante, llevaba una chaqueta negra de cuero, una cadena de oro en el cuello, un par de brazaletes que apenas notaba en su muñeca izquierda, anillos en ambas manos y... Apenas lo veía bien, pero había algo que sabía de manera tan perfecta… era atractivo.

- ¿Es común para ti sentarte con extraños? – Preguntó

- Sólo si los veo muy jodidos.

Chasqueó la lengua y se levantó mientras el tipo llegaba con su cambio. Torpemente lo guardó en los bolsillos delanteros y mientras buscaba su celular, las cosas que tenía guardadas fueron cayéndose poco a poco.

Encontró su celular y marcó un número conocido pese a lo mareado que se encontraba.

- Hey, Cartman... - Hipó - Ven por mí

"¿Ah? ¡Estás loco! Es media noche. No pienso joder mi velada por ti".

- Te presto mi auto, así que hazlo

"Carajo... ¿Dónde mierda estás?"

- No sé... Encuentro la dirección y te vuelvo a marcar

Colgó mientras se tambaleaba en su propio lugar, sintió una mano en su hombro y se giró para encontrarse con el mismo desconocido, cargando sus cosas en sus manos.

- Tiraste esto

- Carajo...

- ¡Hey, Kyle! - Lo llamaron en la entrada - ¡Nos vamos al bar de la 42! ¿Vas a venir o no?

Stan lo vio alejarse y guardó sus cosas, al menos se lo quitó de encima. Era un desconocido bastante atractivo y su nombre era Kyle, tenía incluso un bonito nombre.

Su estómago le amenazó con vomitar, pero eso jamás fue problema, era otra cosa lo que le devolvía el estómago.

Se tambaleó caminando a la salida, cuando antes de tropezar y caer, alguien lo sujetó de la cintura. Forzó su vista y se encontró con el desconocido de cabello rojo.

- ¿Quieres que te lleve a tu departamento?

- Alguien más lo hará, gracias

Aquel desconocido, Kyle, le traía mala espina. Algo le decía que era mejor huir, huir o terminaría arrepintiéndose.

Se sentía tan femenino... Normalmente, como actuaba el pelirrojo con él, lo hacía con las chicas.

- Entonces, ¿No tomamos algo mientras esperamos a tu amigo?

Stan le miró duramente por eternos segundos.

- Yo pago lo que tomes.

Y lo ganó por completo. Regresaron a la barra y le pidieron unos tragos más al mismo tipo...

Comenzaron a charlar como buenos amigos, como si se conocieran de toda la vida, se carcajearon de comentarios que soltaba el otro de vez en cuando, cantaron algunas canciones que sonaban en las bocinas del bar. Finalmente, la hora de despedirse llegó, pero, lo admitía, Stan no quería hacerlo.

Kyle le propuso pasar la noche en su departamento excusándose de que era tarde y peligroso vagar por las calles, Stan aceptó y gracias al enorme grado de alcohol en la sangre, al llegar a la puerta del departamento, se lanzó a devorar la boca del joven pelirrojo. Con sorpresa, pero deseándolo, el otro chico correspondió. Se devoraron ferozmente, mientras Kyle lo guiaba torpemente hacia su habitación sin dejar el contacto a la vez que Stan intentaba quitarle toda prenda de ropa estorbosa.

Sobre la cama del "desconocido", hubo jadeos y gimoteos que llevaban el nombre del contrario.

Todo lo demás... Eran recuerdos confusos.


Abrió los ojos gracias a la luz que golpeaba directamente en el rostro, bostezó y estiró los brazos hacia la cabecera de la cama hasta tocarla, seguidamente estiró las piernas y cuando una leve punzada apareció en su cadera... Fue cuando temió.

Se quitó la sábana de golpe, mientras su corazón latía fuertemente, podía presumir que lo escuchaba y le dolía el pecho. Ahogó un grito cuando se encontró desnudo, sobre una cama en una habitación que no era claramente suya. Pese al dolor en su cadera, se levantó de la cama buscando su ropa con desesperación y sus pertenencias materiales.

- Hey, Stan - Tocaron la puerta y él se tensó, se arrojó a la cama cubriéndose con la sábana en un rápido movimiento - El baño está al fondo del pasillo si quieres darte una ducha, el desayuno estará listo pronto.

¿Cuál era su nombre? ¿Kyle? Sí, ese...

Kyle se marchó y él se sorprendió del trato que le dio. ¿En serio se comportaba amable? No era un misterio saber qué sucedió la noche anterior, recordaba que platicaron un poco y ahí lo conoció más a fondo, platicaron y se encontraron cosas en común, rieron como mejores amigos... Hasta recordaba haberse vuelto meloso. Caminaron juntos hasta el edificio donde Kyle vivía, y gracias al alcohol en la sangre... Terminaron devorándose la boca en besos pasionales, ambos se dejaron marcas en el cuerpo -Stan tenía unas en el cuello bastante notorias-, y se revolcaron como animales en celo. No era la primera vez que se acostaba con un chico, ya se había acostado con el segundo al mando del equipo, Craig Tucker, sin embargo, fue más por tensión sexual acumulada -Y odio por parte de ambos. - Recibió y dio, pero esta vez... Había quedado a merced de un desconocido.

Bueno, tenía el buen saber que Kyle no lo había tratado como una conquista si le había ofrecido el baño y un desayuno... O quizás... Quizás así era con sus conquistas. Optó por comportarse como un buen amigo después de quedarse a dormir con otro, era lo mejor. Siquiera, Kyle le ofreció algo, Craig lo había corrido, literalmente, aunque de eso ya habían pasado tres años.

Levantó su ropa del suelo, cuando al alzar la vista, se encontró una fotografía encima de un ropero, más bien, eran varias fotografías. Sus pupilas se contrajeron al ver las imágenes. Esa ciudad, la gente que se hallaba lejanos a la cámara, los propios amigos del joven pelirrojo...

"Saludos desde New Jersey.

Para Ike".

No... No, no, no, no, ¡No!

¡Ahora captaba por qué vestía tan distinto el chico!

¡Definitivamente debía de huir!

- Hey, ¿Amaneciste bien? Hice algo ligero. - Pero no le respondió - ¿Stan?

Stan se acercó a la cocina del departamento, pero no demasiado, solamente retrocedió cuando Kyle había salido de ésta. Iba en pijama, pero ya estaba peinado como la noche anterior, con la misma joyería en el cuello y manos. Mierda... ¡¿Por qué no lo notó antes?!

- ¿De dónde eres? - Preguntó de repente

Kyle le miró sorprendido, alzando una de sus cejas.

- Ya te lo dije, de New Jersey. Aunque tengo un hermano menor adoptado de Canadá

Sus piernas le temblaron y él apretó los puños con molestia.

- ¿Stan?

El toque a su hombro le hizo volver a su realidad, retrocedió de golpe, negando con la cabeza y abriendo una brecha con sus manos al frente. Kyle no entendía del por qué la extraña actitud, la noche anterior, Stan le había hablado tan bien, sin inmutarse al saber de dónde provenía, pero claro, estaba ebrio, ahora estaba completamente en sus cinco sentidos.

- Olvida lo de anoche, tú nunca me conociste y yo nunca te conocí. Esto jamás ocurrió.

Terminó sus palabras y salió corriendo del departamento hacia los pasillos y bajando las escaleras con velocidad hasta casi tropezar y realizar una caída dramática de novela, huyó del edificio completamente; Al salir a la calle, detuvo a un taxi que inmediatamente lo llevó a su propio hogar, ni siquiera sabía dónde estaba.

Ahora se sentía sucio.

Quince minutos después, el taxi se detuvo en su edificio y él pagó con lo poco de cambio que llevaba en sus bolsillos, agradeció el trato y entró. Ni siquiera se detuvo a que le devolvieran el cambio, simplemente quería olvidarse del vergonzoso encuentro.

Subió las escaleras pesadamente hasta su propio piso, caminó hasta su puerta con declive la abrió gracias a la llave que tenía en su chaqueta.

- ¡Al fin apareces, estúpido marica! - Pronto recibió el saludo de su compañero de cuarto y amigo, Eric Cartman

Pero defectivamente, no se sentía bien como para regresar el saludo con la misma magnitud.

- Vaya, te ves mal... – Comentó con tacto - ¿La puta con la que te acostaste te infectó de algo?

- Cartman... - Le habló seriamente mirándole con pesadumbre - ¿Cuánto quieres para olvidar esto?

- ¿De qué hablas?

- ¿Cuánto quieres para olvidar que no llegué a dormir? ¿Doscientos dólares? ¿Una cena para ti y Heidi? Te presto mi auto todo el mes.

- ¿Qué mierda hiciste?

Pero Stan prefirió no contestar, a esto, Eric solamente se encogió de hombros. Siempre y cuando no le involucrara en su testimonio a la policía y siguiera pagando la renta del lugar, que hiciera lo que quisiera.

- Como sea, mi silencio cuesta, por ahora, tomaré tu auto.

- Todo tuyo... - Señaló las llaves encima de la mesa de centro

Cartman tomó las llaves y se retiró del departamento con una enorme sonrisa en la cara, por su parte, él fue directamente al baño desvistiéndose en el camino hasta llegar completamente desnudo a la ducha, abrió la llave del agua de la regadera, se miró al espejo notando las grandes marcas en su cuello y hombros, sus mejillas se colorearon con vergüenza mientras intentaba borrarlas con las manos dejando irritada la piel.

Entró a la ducha sin nivelar el calor haciendo que saliera fría, pero estuvo mejor. Se bañó largamente, borrando todo rastro del chico de Jersey en su cuerpo. Una hora y media dentro, poco le importaba el recibo del agua. Frotando sus brazos, sus piernas, su propio rostro; Lavándose el cabello varias veces, hasta asegurarse de que el tacto de las manos del otro se halla ido.

Tiró la ropa a la lavadora, con un ciclo de lavado pesado.

Se encerró en su habitación, con las luces apagadas y las cortinas abajo, mientras escuchaba a Kansas en su celular. Se envolvió en las cobijas, ignoró el llamado a su celular, intentó conciliar el sueño, pero solamente recordaba la mirada lasciva del otro, la voz que pronunciaba su nombre y el olor de su colonia.

¡Maldita sea! ¡Necesitaba mirarse unas buenas porno o tan siquiera, acostarse con una prostituta barata!

¿Por qué se sentía tan mal?

Kyle era de New Jersey y él... Odiaba a toda esa raza.


Tuve que reescribir el capítulo, por eso no se subió pronto, aunque me gusto más este que el anterior. Es oficial, actualizaré cada lunes sin falta. Así que…

¡Nos vemos!