Hola amigos y amigas. Aquí les traigo este nuevo capítulo para su entretenimiento.
Algo que se me olvidó mencionar es que los hechos al comienzo del primer capítulo suceden inmediatamente después del capítulo 08 de Diary of Flames (se los recomiendo). Bueno, sin más que decir: "Adelante"


Capítulo 02: Atracción De Opuestos

Las estrellas y el brillo de la luna iluminaban el bello prado en el que me encontraba esta noche. Sentía como la brisa acariciaba suavemente cada parte de mi cuerpo, sintiendo el bello aroma del césped inundar mi olfato. A lo lejos, mientras mi corazón latía más rápidamente, veía como se acercaba él a mí y me comenzaba a acariciar mi rostro con ternura. Mi mirada se quedaba fija en sus bellos ojos amarillos. Él empezó a darme besos en mis mejillas, causando que mi respiración aumentara por esa extraña sensación que recorría mi cuerpo. Una sensación que me hacía sentir feliz, y que deseaba más. Siento como deja de besarme las mejillas y acerca sus labios a los míos. Yo me acerco lentamente a él para poder correspond…


Desperté abruptamente de mi sueño (pesadilla). Vi la hora que mostraba el reloj, de mi mesa de noche. Mis ojos se abrieron como platos al ver que eran las 2 am.

- Es la tercera vez, en esta semana. Es que no podré dormir tranquilamente. – Dije en voz baja, sintiendo como una rabia recorría mis venas, por pensar en esos locos sueños que habían comenzado a los pocos días de ese incidente. – ¿Por qué a mí? ¿Por qué sueño con esto? – Me dije a mi misma, mientras cerraba mis parpados para volver a conciliar el sueño perdido.

Mis parpados se abrían, mientras bostezaba un poco. Luego de mucho tiempo al fin sentía que mi cuerpo había descansado más de lo normal. Pero esta sensación de tranquilidad no dura mucho al ver la hora del reloj. Lo cogí y trataba de negar con mi cabeza lo que me mostraba.

- No puede ser. No puede ser. – Decía una y otra vez, abriendo las cortinas de mi habitación, viendo como los rayos del sol atravesaban la ventana. Mi mente no podía creer que eran las 8 am. No podía creer que me había quedado dormida hasta tarde a mitad de semana. Rápidamente me bañe y me organicé, lista para ayudar en la cafetería. Al bajar, veo que mi madre se encuentra afuera de la cocina, hablando con un cliente.

- Discúlpame, Mom. No sé porqué no sonó el despertador. – Dije, mientras la veía de espalda.

- Tranquila, cariño. Has estudiado mucho estas semanas. Además, tú lindo amigo me ha dicho el esfuerzo que haces. – dijo ella, apartándose del medio, mostrándome con quien hablaba. Mi cuerpo se pasma, excepto por mis piernas que tiembla, al verlo. Vi como me sonreía, mientras le daba un sorbo a su café.

- Hola Sweetness. ¿Me extrañaste? Aunque la respuesta obvia es "no" ya que me vistes ayer; y antes de ayer; y antes, de antes, de ayer… y así sucesivamente. – Decía de manera chistosa. Vi como mi madre reía ante su comentario. Después de ese incidente, que me dejó aterrada, los días siguientes rezaba para que no viniera más. Lamentablemente, él venía, y lo peor es que se quedaba durante horas. "¿Porqué pensé en una zona de estudio?" me maldecía (de buena manera) al haberle dado esa idea a mi padre. Sé que atrajo a muchos jóvenes, pero ahora era mi malestar verlo quedarse allí… ¡Observándome!

- Hola Milton, ¿De qué tanto hablan? – Dije entre los dientes, mientras él no dejaba de sonreír.

- Oh, de nada. Solo de lo buena estudiante que eres. De cómo te esfuerzas arduamente y…– Se detuvo por un segundo, guiñándome un ojo. –… de cómo quedamos ayer en que yo te llevaría a la universidad, ya que el autobús ha comenzado a retrasarte. Me dolería que perdieras la beca. – Dijo, terminándose su café.

- No es maravilloso cariño. Es todo un caballero. – dijo ella, mostrando su bella sonrisa. Yo quedé impactada ante las palabras dichas por Milton. No quería saber de qué otras cosas habrá charlado con mi madre, convenciéndola de algo de lo que no era.

- Sí, es todo un caballero. Milton, ¿Podemos hablar afuera, "en privado"? – Dije, mientras salía de la barra y lo cogía de la mano.

- Ella sabe lo que quiere… Y soy yo. – Dijo, haciendo que mi madre se riera. Sentí pena ante lo dicho, porque era como si "yo" afirmara que sentía algo por él. Ya estando afuera, y alejado de la cafetería, lo veo fulminantemente.

- ¿Porqué me haces esto? ¿Qué quieres de mí? – Le pregunté seriamente, viéndolo fijo a los ojos.

- No lo sé. – Dijo sin rodeos ante mi pregunta.

- What? ¿A qué te refieres con "no lo sé"? – Le dije, sin poder creer en su respuesta vaga. En eso, veo como mira a los lados y me agarra de mis brazos. Sentí miedo, ya que no sabía que quería hacerme. Noté como acercaba su rostro al mío.

- Me refiero a que no… lo… sé. – dijo, entrecortando la oración. En ello, me comenzó a besar de una manera apasionada. Traté de zafarme de sus manos pero fue inútil, ya que era más fuerte que yo. Aun cuando sentía asco por lo que me hacía, sentí como mi cuerpo se dejaba llevar por esa situación, a tal punto que dejé de luchar. Cuando él se separó de mí pude ver sus ojos y, sin creerlo, notar que en su alma yacía algo de bondad. – La verdad es que no lo sé. No sé por qué me atraes tanto desde el día que te vi. Cuando te vi, hace ocho meses, quedé fascinado con tu belleza. Algo en mí me obligó a que te siguiera, y descubriera quien eras. Te he visto sin que lo sepas, ya que permanecía oculto ante las sombras. Pero ahora, después de todo este tiempo, quisiera tenerte mi lado. – terminó de decirme, de una manera dulce y cariñosa. Vi como me sonreía, acercándose a mi oído. – Además, ¿Qué piensas decirle a tú madre luego de esto? – dijo de manera maliciosa. En eso, veo en dirección a la cafetería y me aterro al ver a mi madre viéndonos por la ventana, con una sonrisa. Veo a Milton, quien suelta unas carcajadas, para después volver a ver a mi madre y negarle con la cabeza lo sucedido. Sin embargo, mi madre solo sigue sonriendo. En ello, corro de vuelta a la cafetería y la tomo de los brazos.

- ¡No es lo que piensas! – Grité, mientras veía a mi madre sorprendida. En eso, me doy cuenta de que todos me están observando fijamente, haciéndome sentir pena por mi comportamiento. Veo a mi madre señalarme la cocina, mientras fruncía el seño. Yo le obedezco, ya que no quería hacerla enojar. Ya adentro de la concina veo como mi madre me mira de una manera decepcionada.

- Cariño, no es malo que tengas un novio. De hecho, me parece muy agradable. Pero me duele que lo trates así. – dijo, denotándose triste.

- ¡Él no es mi novio! ¡Él no es nada para mí! – Dije, alzando la voz. En eso, sentí como mi madre me daba una cachetada, sintiendo dolor. Pero rápidamente mi madre me abraza, mientras escucho unos sollozos provenientes de ella, al mismo tiempo que de mis ojos unas lágrimas brotaban lentamente.

- Como puedes decir eso. Como puedes decir esas cosas después de que él te salvó. – Escuché decir por detrás de nosotras. Al voltearme veo a mi padre, quien me mira enojado.

- What? No sé a qué te refieres. – Dije, ya que no entendía lo que pasaba.

- ¡Ya no mientas más! Milton nos lo ha dicho todo. Nos dijo como tú perdiste el bus de camino a casa y casi te atacan unos pandilleros. Si no hubiera sido por que él pasaba por el lugar… quien sabe que te hubiera pasado. – dijo abrazándome, junto con mi madre. – Eres lo que más queremos en la vida. Nos moriríamos si algo te pasara. – Me lo dijo al oído, de una manera tierna. En eso, mi madre me coge del brazo y me comienza a llevar a devuelta al interior de la cafetería. En eso, veo que Milton está sentado en unas de las sillas de la barra. Noto como Milton ve a mi madre con una expresión triste.

- Milton, hoy pediste que te permitiera una cita con mi hija. Yo no tengo ese derecho, pero como sé que ella no querrá ir por el trabajo que tiene aquí…– En eso, lo deja de ver y me mira. –… Cariño, te doy el resto del día para que lo pases con él. Te lo has ganado. – Dijo, esbozando una sonrisa.

- Mom, yo no pue…– Traté de terminar, pero mi madre negaba con la cabeza.

- Se que quieres ayudarnos lo más que puedas pero… no puedo permitir que sacrifiques tu vida. Tienes esta semana libre de los estudios, pero solo lo has utilizado para trabajar. Ahora, te ordeno que salgas con él. – Dijo, señalando a Milton. Yo no podía creer lo que estaba pasando.

- ¿Ella puede irse conmigo de una vez? Me gustaría aprovechar cada minuto. – Dijo de manera cortes. Veo como mi madre piensa en lo que dijo y me mira.

- Vanilla, Vete a cambiar. Disfruta del día con tú novio. – Me dijo con una sonrisa, pero viéndome firmemente. Yo no quería hacer nada de eso. Quería gritar todo lo que en verdad pasaba, para evitar cualquier problema. Pero sabía que no podía hacerlo. Sabia cuales podían ser las consecuencias de mis actos. "Sé dónde vives, con quien vives y otras cosas más que no creerías". Eran las palabras usadas por él para amenazarme, que retumbaban en mi cabeza.

- De acuerdo. – Dije, marchándome rápidamente a mi habitación. Tenía ganas de llorar, gritar y destruir todo al mismo tiempo. Me cambié rápidamente, poniéndome un vestido rojo carmesí con un chaleco azul celeste. Me dirijo al baño pensativa, por no saber lo que Milton planeaba. – ¿Qué querrá? – Me decía a mí misma frente al espejo. Ya, sin más que dudar, acepto lo que sea que vaya a pasar. Me dirijo de vuelta a la cafetería y noto como Milton se queda viéndome boquiabierto.

- Te ves hermosa, Sweetness. – Dijo con sorpresa. Sentía un poco de pena de que me viera así, ya que yo casi nunca me consideraba hermosa. En eso, él se para de la silla y comienza a irse fuera de la cafetería, a subirse a su moto. Yo comienzo a caminar cuando, sin aviso, soy detenida por mi madre.

- Cariño, solo quiero decirte que, hagas lo que hagas, te cuides muy bien. Eres joven pero no quiero que cometas errores que puedan afectar tu vida. – dijo, mostrándome su sonrisa. Yo, sin embargo, me sentí aun más apenada que antes por la insinuación de mi madre, sintiendo que me sonrojaba.

- Mom, no es lo que piensas. – Le dije, casi en susurro.

- Cariño, yo también fui joven. Nos vemos. – terminó de decir, dándome un beso en la frente. En eso, escuché el sonido de la bocina, proveniente de la moto de Milton.

- Corre. A nosotros, los chicos, no nos gustan que nos hagan esperar. – dijo mi padre dentro de la cocina. Sin más remedio corrí a fuera de cafetería y me subí a su moto. Para mi sorpresa, él me entrega un casco.

- La seguridad es primero. – dijo, colocándose su casco. En ello, acelera su moto y nos marchamos del lugar. No sabía a dónde iba, ni que esperar. Lo único que deseaba era que no me pasara nada malo al estar con él.

A pesar de sentir miedo, también sentía placer ante todo este miedo. Sentía una parte de mí que jamás había experimentado. "Una parte de mí que tal vez quiero explorar" pensé, mientras sentía el viento rozar mi pelaje. En eso, negué con la cabeza. No podía aceptar que esos pensamientos insanos fueran deseos ocultos de lo más profundo de mi alma. Sin darme cuenta, por estar en trance, veo que llegamos a una especie de edificio abandonado.

- Bueno, ya llegamos Sweetness. – Dijo Milton, quien detenía la moto. – ¡Mi amor, ya llegamos! – gritó (como un loco) mientras nos bajábamos de la moto. En eso, vi como esas tres personas aparecieron rápidamente.

- Miren quien está aquí. Nuestra cena perdida de esa noche. – dijo el toro, acercándose a mí rápidamente.

- Atrás, Dekker. No querrás que te castre. – Dijo Milton, poniéndose en enfrente del toro, viéndolo amenazantemente. Noté como él se alejó, viendo con rabia hacia el suelo.

- Es bueno verte de nuevo. – Me dijo la hiena al oído, abrazándome por la espalda; mientras me apretaba los pechos con sus manos, haciéndome sentir incomoda.

- Déjala Dagmar. Ella es mía. – Le dijo a la hiena, que me soltó inmediatamente. – Aun no puedo creer que tu nombre signifique día feliz. – Dijo de manera burlona.

- Pues yo, en la cama, le doy un día feliz a cualquiera. – Dijo de manera lujuriosa.

- ¿Por qué trajiste a esta? – Le escuché decir al camaleón, que me miraba de arriba para abajo.

- Eso es sencillo Dunkel. – En eso, lo deja de mirar y me comienza a mirar maliciosamente. – Vanilla… quítate toda la ropa. – Me dijo, casi ordenándome.

- What?! – Grité sorprendida ante lo que me pedía.

- Lo que oíste. Quiero que te quites la ropa y nos muestres tu bello e inocente cuerpo, para poder contemplarlo. – Decía de manera aterradora. Vi como sus tres amigos me veían con morbosidad.

- No lo haré – Le dije firmemente, viéndolo a los ojos. Noté como él se empezó a buscar algo en su chaqueta. Y, con terror, vi como sacó un una pistola y me apuntaba con él.

- Hazlo de una vez. O… ¿quieres que mate a tus padres? – Me dijo, aterrándome. Dejándome una imagen mental devastadora.

- No voy a permitir que les hagas daño. Y si eso significa que debo…– No pude terminar esta frase, ya que me dolía hacerlo. Sin más opción, comencé a quitarme mi chaleco azul celeste. Escuchaba como se reían de esto. Tiré mi chaleco al suelo, viendo como el camaleón rojo lo cogía y lo empezaba a oler. Cogí la manga derecha de mi vestido rojo y comencé a bajármela lentamente.

- Arre. Él espectáculo está a punto de iniciar. – Dijo Dekker con entusiasmo. Yo me sentía mal por hacer esto. No me habían educado de esta manera. No era lo que mis padres querían. En eso, me detuve y los vi con rabia a todos. Rápidamente vuelvo a coger mi chaleco, quitándoselo de las manos del camaleón, y me lo pongo.

- ¿Qué haces? – Dijo enojado Milton, viéndome con ira. Yo le devolví la mirada y, empuñando mi mano derecha, le di un puñetazo.

- ¡Mis padres no me criaron para ceder ante basura como ustedes! ¡Mis padres me educaron para ser buena y mantener la frente en alto! ¡Ellos preferirían morir antes de que me arrodille y doblegarme a lo que ustedes me dicen! ¡Si me van a matar… no pierdan el tiempo! – Les terminé de decir, mientras alzaba los brazos y cerraba mis parpados. Esperaba alguna represalia por lo que había dicho. "Ha llegado el final" pensé en ese momento. Pero, para mi sorpresa, escuché unos aplausos. Abro mis parpados y la escena me deja confusa, ya que aplaudían.

- ¿No se los dije? Ven por qué me atrae tanto. Es fuerte y decidida. No se deja humillar por nadie. – Dijo Milton, guardando su arma y acercándose a mí. – Como te dije, hay algo en ti que me atrae tanto. – En eso, vi como rápidamente abrió su mano, dándome una cachetada. Sentí como una lágrima brotaba de mi ojo. – Aun así, no permitiré que me pongas la mano encima. ¿Oíste? – Me dijo amenazantemente. Yo asentí ante su pregunta, aun cuando sentía que quería darle otro puñetazo. – Bueno, la verdad es que no se qué hacer. No soy una persona "romántica". – Terminó de decir Milton.

- Es verdad. Toda chica que está con él es por placer. – Refuto el toro, viéndolo con una sonrisa de complicidad.

- Me quiero ir. – Dije, con voz baja pero firme.

- No Sweetness. Hoy tenemos una cita y te quedaras aquí todo el día. – Dijo él.

- ¿Para hacer qué? – Le pregunté.

- No lo sé… lavar los platos sucios; limpiar este lugar. – Decía, mientras sobaba su guante en unos de los muebles y quedaba sucio por el polvo. Yo no podía creer lo que me pedía, ya que parecía absurdo.

- ¿Ha esto llamas cita? Si quisiera trabajar me hubiera quedado en casa. – dije, sintiéndome un poco enojada. En eso, Milton empieza a reírse.

- Vaya, parece que también te atraigo. Te ha dado rabia porque no preparé nada romántico para ti. – Dijo con una sonrisa, mientras yo sentía un poco de pena por sus palabras. A tal punto de sentir que me sonrojaba. – Como te dije… ponte a trabajar; o prefieres trabajar… íntimamente conmigo. – Dijo, ordenándome de una manera amenazante. Sin más que hacer obedecí… lo primero.

Durante gran parte del día me la pasé organizando todo el lugar. "Era una pocilga". Moho por unos lados y telarañas por otros. Cadáveres de roedores por aquí, jeringas y colillas de cigarrillos (si es que era eso) por allá.

- Ni cien años mi casa tendría toda esta suciedad. – Me dije a mí misma, sintiendo que jamás terminaría con toda esa labor. Lo que me daba rabia era que ellos, mientras barría la suciedad y el polvo del piso, lanzaran basura a donde yo ya había limpiado.

- Te faltó un lugar. – Dijo el camaleón, tirando una lata de cerveza al suelo, mojándolo.

- Acabo de limpiar eso. – Le dije, dejando caer los hombros sintiéndome inconforme.

- Oh, ¿y qué vas hacer, llorar? – Dijo riéndose y parándose de su asiento, mientras los demás le seguían la corriente. Yo, con rabia, cogí la escoba con fuerza y lo golpeé en el rostro. Vi como todos se quedaron pasmados al ver como Dunkel caía, mientras un hilo de sangre le brotaba de la nariz. Sentí miedo al ver como los ojos del camaleón me miraban con odio. Vi como sacaba una navaja y comenzaba a correr hacia mí.

- Eres una…– Dijo, mientras me agarraba del chaleco y su alzaba su mano, para poder apuñalarme. Cerré mis parpados, esperando a que el filo de la navaja atravesara mi piel. Sin embargo, ese ataque nunca llegó. En su lugar, sentía como unas gotas caían en mi frente, resbalándose por mi cara. Al abrir mis parpados, lentamente, veo de cerca la punta de la navaja cerca a mi frente. Pero lo que me hace quedar pasmada es ver como la mano de Milton había impedido el golpe. Ya que el filo del cuchillo había atravesado su mano, quedando incrustada.

- No vas a hacerle daño a... mi novia. – Dijo, tirando al camaleón al suelo, mientras se sacaba desclavaba la navaja de su mano, tratando de no mostrar unos gestos de dolor. Cuando terminó esto cogió de nuevo a Dunkel y le comenzó a darle puñetazos con la mano herida. No sabía si la sangre que rodeaba la cara del camaleón era la suya o la de Milton. Veo que nadie, ni el toro o la hiena, es capaz de pararle.

- ¡Basta! – Grité, llamando la atención de Milton. – ¡No ves que es suficiente! – Seguí gritando, ya que era la única manera de mantener su atención. Veo como lo suelta, dejándolo caer al suelo sin conciencia. El se acercó a mí, viéndome de una manera lunática.

- Yo no te entiendo. Te acabo de salvar la vida, de nuevo, y tienes misericordia por esta escoria. – Dijo, denotándose con un poco de rabia en su voz. Yo lo miro fijamente, viéndolo firme.

- Que él haya querido matarme no me da el derecho para permitir que le pase lo mismo. Tú, ni nadie, debería matarlo. Haga lo que haga. – Terminé de decir, manteniéndome firme, sin dejarme intimidar por Milton. Él expresa unos gestos con su rostro, ya que no comprendía mi idea. Noto como su mano aun sigue sangrando por la herida. – Deja que yo te limpie eso.

- No seas tonta. Yo lo haré. – Dijo, alejándose de mí. Sin embargo, yo no me sentía (de cierta manera) culpable por lo que pasaba.

- Tú no seas dumb (tonto). – Dije, corriendo hacia él, apretándole la mano herida. Veo como expresas gestos de dolor. – Yo te sanaré la herida. Es lo menos que puedo hacer… por salvarme de nuevo. – Le refuté, pero de manera tranquila.

- Has lo que quieras. – dijo, dándome a entender que aceptaba mi propuesta. Les pedí a sus "amigos" que me trajeran los utensilios de primeros auxilios. Limpié su herida, pasándole el algodón humectado de alcohol. Les sugerí que fuera a un hospital, ya que decir herida "profunda" era poco. Ellos no aceptaron, enojándose un poco por mi sugerencia. Sin más que hacer, seguí sanándole la herida.

- ¿Dónde aprendiste todo esto? – Preguntó Milton, mientras trataba de alcanzar una lata de cerveza.

- Soy una chica becada de la universidad privada de Carcer City. ¿Crees que no aprovecho todos los seminarios, estudios, clases de etiqueta u otras actividades gratuitas para los estudiantes? – Le dije, mientras cogía una aguja y se lo incrustaba en la herida. Vi como apretaba el otro puño, mientras en su rostro se denotaba dolor.

- ¡Auch!... Eso explica por qué sales tan tarde del campus. – Dijo, Respirando un poco agitado por los puntos que le ponía, para cerrar la herida.

- Pensé que sabias todo de mí. – Le dije de una manera burlona. El me miró, soltando una carcajada.

- Te gusta el helado de chocolate. A pesar del ritmo de vida que tienes, un poco agitado por el trabajo que tienes, prefieres la tranquilidad y la calma. Supongo que estudias mucho por qué quieres darle ese futuro a tu familia. Quieres que vivan en calma, sin preocupaciones. Eso es tan tierno en ti. – Dijo, mientras me acariciaba mi mejilla con su mano buena.

- Detente, por favor. – Le pedí, casi como un susurro, ya que me sentía apenada.

- ¿Porqué? ¿Te está gustando? – Dijo con una sonrisa. En eso, me agarró de la parte de atrás de mi cabeza, acercando mi rostro al suyo. – Mírame y dime "Milton, yo no te amo". Si lo dices yo jamás te volveré a molestar. Jamás tendrás que preocuparte por que te haga algo. Solo dilo y yo desapareceré de tu vida. – Dijo, de una manera triste y melancólica. "Es mi momento de quitar las cadenas que me atan a él" pensé al escuchar su propuesta.

- Milton, yo no…– Comencé a decir pero sentía, desde lo más profundo de mi ser, que algo me impedía terminar esa frase.

- Por favor, termina de una vez. Permíteme dejar de sufrir por ti. – Dijo Milton, notando que de sus ojos unas lágrimas brotaban, deslizándose por su rostro. Sentía culpa por esto, ya que esas palabras las decía sinceramente. "Casi del alma".

-… no quiero apartarme de tú lado. – Dije, sorprendiéndome. Vi como él se quedaba pasmado por mis palabras, hasta que una sonrisa era esbozada en su rostro. Sin aviso, empezó a besarme apasionadamente. "Se siente tan bien. Esto se siente tan especial" eran los pensamientos que inundaba mi mente en ese momento.

- No puedo creer que dijeras eso. – Me dijo al separarme de mí.

- Ni yo. – Le refuté, viéndolo tiernamente.

- Supongo que ahora… vamos a la cama, a divertirnos. – dijo él, de manera burlona. Sin embargo, a mi no me hace gracia ese comentario.

- Dilo de nuevo… – Le dije, mientras comenzaba a apretarle la mano herida. Noté sus expresiones de dolor, mientras me veía con un poco de miedo. –…Te reto. – Terminé de decir, mostrándole una sonrisa pero fulminándolo con la mirada.

- Ehh… mira la hora que es. Ya es tiempo de que vuelvas a casa. – dijo, para escapar del tema.

- Tengo manchas de sangre en algunas partes de mi vestido. ¿Cómo vas a explicarlo? – Le pregunté, imaginándome los gritos de mis padres al verme en este estado.

- Ya se me ocurrirá algo. – Me respondió él, mientras nos dirigíamos a la sala en donde se encontraba la moto.

- ¿Seguro que puedes manejar con una mano herida? – Le pregunté.

- Conducir con una mano herida es como conducir borracho. Algo que te puedo asegurar que yo ya he hecho. – Dijo, colocándose el casco.

- Eso no me dio confianza para nada. – Le dije, aunque noté que le importó poco. Sin más, comencé a colocarme el casco y a subirme a la moto. Él aceleró inmediatamente, haciendo que casi me cayera. A pesar de tener la mano herida sabía conducir muy bien. Miré hacia el cielo, ya que la verdad no le había prestado atención a cuantas horas había permanecido allí, y noté que estaba atardeciendo. Me recosté sobre su espalda, sintiendo sus latidos. "¿Por qué? ¿Por qué no pude decirle esa frase que me liberaría de él? ¿Por qué quiero estar a su lado?" escuchaba estas preguntas en mi mente pero les hacía caso omiso. No me importaba el "¿Por qué?" solo me importaba estar a su lado.

Luego de varios minutos llegamos a mi casa. Por la ventana de la cafetería noto que mi madre nos observa llegar. Veo como unos gestos de terror son expresados en su rostro, mientras corre saliendo del local.

- Cariño, Milton ¿Qué les pasó? – Dijo, mientras me sobaba la cabeza.

- Bueno, lo que pasó fue…– Dije, pero no sabía que decir. La verdad es que no se me había ocurrido ninguna excusa.

- Que un amigo mío trató de apuñalarla. – Terminó de decir Milton, aterrándome.

- What the…?! – Empezó a decir ella, pero Milton la detiene con un ademan.

- Lo que pasa es que mi amigo tiene unos problemas médicos y necesita unos medicamentos especiales. El problema fue que, por error, le entregaron los medicamentos equivocados. El enloqueció y empezó a atacarnos. Debo dar gracias a que su hermosa hija sabia de primeros auxilios. Si no, mi mano estaría destrozada. – Dijo Milton, mostrándole la venda de su mano.

- Esa es mi hija. Muchas gracias Milton. – Dijo mi madre, abrazándome.

- Bueno, Vanilla nos vemos mañana. Adiós, Sweetness – Dijo Milton, guiñándome el ojo, encendiendo la moto, acelerando y alejándose del lugar.

- ¿Como estuvo tu día, cariño? – Preguntó mi madre, mientras entrabamos a la casa, por la otra puerta.

- Estuvo muy… interesante. – Le dije, mostrándole una sonrisa.


Desde ese día en adelante yo comencé a salir con Milton. Aunque no podía decir que lo consideraba mi "novio" podía decir que ya era alguien especial en mi vida. Al comienzo no me gustaba que bebiera o fumara frente a mí. Sé que no lo podía cambiar de un día para otro, ya que era un poco orgulloso, pero al menos pude disiparlo un poco. Incluso les pedía a sus amigos que fumaran (o se drogaran, ya que los vi) en otra parte, alejados de mí. Me parecía tan tierno de su parte hacer eso por mí. Llego un momento en donde yo ya no lo vi como alguien al que me sentía atada u obligada a estar.

- ¡Vanilla! ¿Me estas prestando atención? – Dijo mi madre, sacándome del trance en el que me encontraba. – ¿No ves que los pedidos se están acumulando? –

- La verdad…–

- Me alegra que tengas novio pero no dejes que eso afecte tu vida. – Dijo ella, entregándome los pedidos de los clientes.

- Mom, no digas esas cosas. – Dije, sintiéndome apenada por su comentario.

- ¿Qué no las diga? Cada vez que viene él tú, como por arte de magia, caes bajo un hechizo de amor. – Refutó mi madre. Yo no quería aceptar su comentario, pero tampoco podía negarlo. Cada vez que mis ojos lo veían sentía una sensación recorrerme por el cuerpo, sintiendo que todo lo demás no importaba. Así como él no sabía por qué le atraía tanto, yo no sabía porque me atraía tanto igualmente. "Dos polos opuestos que se atraen mutuamente" era la respuesta más cercana que podía pensar ante mi duda.

- Mom, se que para mi cumpleaños solo será una cena entre nosotros y unos amigos. Pero puedo…– Dije, casi como si fuera un susurro.

- Oh, mi vida. No tienes que preguntármelo. Claro que puedes invitar a Milton. Sería un honor tenerlo aquí. – Terminó decir ella, dándome más pedidos para entregar.

- Ah, Mom. Para decirte que hoy salgo a las 5 Pm, pero quiero darle una sorpresa a Milton. ¿No te molesta que llegue un poco tarde? – Le pregunté, sin saber que respondería. Ella se queda mirándome seriamente durante unos segundos, antes de mostrarme una sonrisa.

- No hay problema, mientras no llegues muy tarde. Pero llévale algo. No es de buena educación ir con las manos vacías. – Decía ella, sin dejar de sonreír.

- De acuerdo. – Le dije a ella, devolviéndole la sonrisa.

Después de esto, ya habiendo terminado mi turno, veo como llega Milton en su moto a recogerme. Quería decirle que me buscara antes, para pasar un tiempo junto. Pero eso arruinaría la sorpresa que le había preparado.

- Vendré por ti a la misma hora, Sweetness. – Dijo él, dejándome frente a la entrada de la universidad.

- Por supuesto, Dumb. – Le dije, soltando una carcajada.

- Jaja, muy graciosa. – Dijo él, tomándome desprevenida y dándome un beso en los labios. – Nos vemos. – Terminó de decir, acelerando y marchándose. Vi como varias de mis amigas de acercaba a mí, preguntándome… cosas.

- No les pienso decir nada. – Les refutaba, mientras entrabamos al campus.


El día pasó más rápido de lo que esperaba. La verdad, es que ni siquiera me sentí cansada por los estudios. Tenía tantos ánimos de verlo, que prácticamente no caminaba si no que trotaba. Pero toda esta sensación se detuvo cuando lo vi… coqueteando con otras chicas. Allí estaba él, acariciando las caderas de una de las chicas, que era de especie ardilla voladora, mientras sonreía. Verlo así me daba rabia. No sentía dolor por esa traición, si no rabia pura recorriendo mis venas. Quería correr y golpearlo en donde más le dolía. Pero no iba a caer tan bajo. Comencé a caminar y pasé a su lado, notando como se quedó sorprendido de verme, soltando a la chica con la que estaba. Yo seguí caminando, dirigiéndome al edificio abandonado donde residían. Al llegar allí noté como Dunkel, Dekker y Dagmar se soprendieron de verme, igual que Milton. Rápidamente ellos apagaron los cigarrillos que estaban fumando.

- No sabíamos que venias. – Dijo Dunkel.

- Sí, supongo que para pasar tiempo con Milton debo hacer cita. – Dije, dejándolos un poco confusos por mi comentario. En eso, veo a Milton llegar en su moto. En ello, de mi moral, saco un pastel de queso crema y lo tiro sobre la mesa.

- Toma, te traje tu favorito. – Dije seriamente, denotándose rabia en mi voz.

- Me hubieras avisado que saldrías temprano. – Me dijo, viéndome con rabia.

- ¿Para qué? Para apurarte en divertirte con tus amiguitas. ¡Pensé que podías ser diferente pero veo que me equivoqué! –Le grité, mientras comenzaba a marcharme. En eso, sin siquiera prevenirlo, sentí como me cogían y me llevaban cargada en los hombros del toro. – ¡Bájame! – grité, mientras lo golpeaba en la espalda. Sin embargo, de nada sirvió eso. Él me cargo y me llevó a la habitación de Milton tirándome en la cama. Vi como Milton cerró la puerta, mientras me veia con una mirada de locura.

- ¡Déjame irme de aquí! – Le grité, parándome.

- ¡Tú no te vas a ningún lado! – Gritó fuertemente. – Te da rabia que ande con otras chicas, lo entiendo. Pero no tendría que estar con otras chicas si tú te entregaras más. ¿O es que acaso no me amas? – Preguntó. Cuando escuché esto, una rabia mayor creció dentro de mí.

- Entonces, para demostrarte que te amo debo abrir mis piernas para que tú te diviertas, ¿Eso es lo que crees? Yo no soy una cualquiera. Yo tengo honor y no pienso caer tan bajo con unas ideas tan machistas. – Le contesté. Noté como se quito su gorra y empezó a sobarse las manos sobre la cabeza. Después de eso, comenzó a buscar algo en su closet. Desde mi posición no pude ver que era, pero como se tardaba pensé en escapar. Caminé lentamente y traté de abrir la puerta, pero para mi suerte tenia seguro.

- ¡¿A dónde crees que vas?! – Escuché gritar por parte de Milton. Al voltearme, sentí como él me ponía un trapo en la nariz. En eso, perdí la movilidad de mi cuerpo. Veía un poco borroso todo, pero vi como Milton me arrastraba y me acostaba en su cama. – Siento hacerte esto. – Decía él, denotándose un poco loco en su tono de voz, mientras destrozaba mi vestido y me quitaba mi ropa intima.

- Detente. – supliqué, con una voz casi apagada. A pesar de no poder moverme, sentí terror al ver como Milton se quitaba sus, guantes, su camiseta y sus pantalones, quedándose en ropa interior. – Por favor, detente. – Le volví a suplicar, mientras mis lágrimas brotaban de mis ojos.

- Se que está mal. Pero te amo. Te amo mucho y quiero que ya seas una mujer. Mi mujer. Pero tranquila, no te dolerá. – Terminó de decir, colocándome ese trapo en la nariz, de nuevo. Todo volvía a verse borroso pero, con tristeza, pude vislumbrar los ojos de Milton y vi que no había cordura en él. Y me dolía más al pensar en cómo profanaría mi cuerpo con este acto. "No quiero que sea de este modo" fue lo último que pensé hasta que todo se oscureció.


Bueno, espero que les haya gustado. No olviden dejar sus Reviews (todo comentario será bien recibido).

Les deseo a todos un buen día (o noche. Dependiendo la hora en la que lea este Fanfic) y que todas sus metas se cumplan.