¡Buenas madrugadas! Mis queridos lectores, puesto que son las cuatro de la madrugada y parece que esta es la hora en la que mejor escribo, después de toda una tarde de inspirarme -porque esa perra a veces va y viene- y unas cuantas partidas de League of Legends, les traigo la continuación de esta pequeña historia. Escribir no es para nada sencillo... y lo peor es que mientras más leo, más me doy cuenta de lo insulsas que son mis historias todavía. Por otro lado dentro de una semana entraré de nuevo a la universidad y trataré de escribir y actualizar lo más que pueda, pero créanme que "tiempo" es lo que menos tendré.
Los invito a dejar un review o comentario/crítica, todo es aceptado -siempre y cuando sea constructiva y no ofensiva-
¡No sean lectores fantasma!
Como siempre, los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto, pero la historia es cien por ciento mía.
Naruto la tenía acorralada entre su cuerpo y el capó. No había podido aguantar las ganas si quiera de llegar a la habitación de la chica, fue un impulso, una idea, un pequeño capricho. Y quién sabe, tal vez acabaría siendo un fetiche, tal como ella había expresado hacía tan sólo unos segundos.
-Pues yo quiero respuestas ahora—musitó ella, viendo a Naruto de medio lado. ¿Cómo había podido él enterarse de aquello? De todas las personas que hay en el mundo, ¿por qué precisamente él? Nunca había sido obvia, ni con sus firmas, o sus dibujos. Ninguno hacía énfasis en algo que a ella pudiera ponerla en evidencia. Entonces ¿cómo?
-Vas a tener que ser paciente—él se acercó, posicionándose sobre ella, de manera que su boca pudiera quedar pegada al oído de la chica—porque no pienso soltarte en un rato.
Fue entonces que se separó de ella y la volteó, para quedar de nuevo boca arriba y que él se tumbara sobre ella a por sus labios, los cuales saboreó y relamió en ese beso. Esa mujer era exquisita, genuinamente atrayente y todo parecía destilarlo por propia naturaleza. Hinata apoyaba su peso en el antebrazo mientras que el otro había subido lenta y tortuosamente sobre el abdomen y el pecho del rubio, hasta quedarse enganchada en su nuca, donde enredó sus dedos en los pequeños mechones que ocupaban ese espacio. Naruto dejó sus labios y empezó a trazar un ardiente y fogoso camino de besos y mordidas desde su mentón, pasando por su cuello hasta llegar a sus senos, los cuales se moría por volver a saborear. Le quitó la blusa pudo apreciar que su sostén era negro y tenía un lindo conejo en la copa del seno derecho.
-Linda ropa interior—se burló él.
-Imagina que es el conejito de "playboy".
-No tientes a mi imaginación—él mordió sus pezones por encima de la prenda y sacó la lengua para humedecer esa zona. Hinata enredó las piernas hasta jalarlo hacía ella, lo cierto es que, por la altura de auto, sus sexos no alcanzaban a rozarse. Ella soltó un gruñido de irritación. Naruto rio ante su desesperación la tiró, algo brusco, completamente sobre el auto. Se puso encima de ella y por inercia Hinata enredó sus piernas alrededor de él, alzando su pelvis un poco en el proceso, pero consiguiendo al fin lo que quería. Antes de que él pudiera atacar de nuevo, la pelinegra le alzó la camiseta y se la sacó, pudiendo apreciar ese varonil y trabajado cuerpo. Sintió desfallecer al, esta vez, poder deleitarse con palpar lo duro de su cuerpo. Naruto quitó el sostén –que para su suerte de desabrochaba por delante– y dio pequeños lametones a su pezón, notando como lentamente este se endurecía. Pero ella no se quedó atrás, pasó sus uñas por toda la piel que él tenía expuesta y comenzó a moverse para sentir ese bulto que la enloquecía. Decidió dejarse de rodeos y succiono ese pezón como si su vida dependiera ello, se dejó caer completamente sobre ella, sin retener su peso más que con un brazo mientras el otro se habría paso entre su cintura, dirigiéndose peligrosamente a los botones de sus jeans, pasó al otro pezón mientras Hinata mordía su labio para no gemir—no quiero que vuelvas a usar una de estas cosas, ¿me oyes?—le advirtió—no quiero que nada impida meterte mano mientras te follo con mi boca.
-No me das ó-órdenes, Uzumaki…
-De ahora en adelante te vas a tener que acostumbrar a ello—se separó de ella y se incorporó nuevamente sobre el suelo, la tomó de los muslos y la orilló en el capó. Le quitó los jeans de un jalón y se inclinó hasta quedar a la altura de sus bragas, que al igual que sus sostén, exhibían un conejo—¿playboy también?—ella rodó los ojos y se deshizo de esa posición para poder besarle y meterle la lengua bien a fondo, lamió todo cuanto pudo y succionó el labio superior, luego el inferior para luego darle una mordida. Él se separó y le quitó las bragas de un tirón también, dejando a su merced esa húmeda y bien depilada vagina. Alzó su mirada y notó que ella evitaba la suya, divisó el rojo en sus mejillas y estaba seguro que no era por la agitación del momento. Fue entonces que pensó lo adorable que se veía así: excitada y pudorosa por lo que él le hacía y estaba a punto de hacerle. Puso una pierna en cada hombro y primero comenzó introduciendo un dedo.
-¡Mierda!—soltó ella sin poder reprimirse—ah…
-Estás más húmeda de lo que deberías—Naruto introdujo otro dedo y tocó el clítoris de Hinata con la punta de la lengua, haciendo que ella jadeara y cerrara los ojos, se sentía abochornada, pero demasiado bien—podría ser que… ¿me desearas tanto o más que yo a ti?
-Na-Naruto…—mierda, se sentía en las nubes. Naruto la estaba haciendo tocar el cielo. Él aceleró el ritmo de sus dedos y empezó a succionar los pliegues de su vagina y de vez en cuando su clítoris, arrancándole a ella gemidos e incluso gritos. Sentía su polla atrapada en ese molesto pantalón, pero quería que se corriera en su boca primero. Ni en sus fantasías más osadas imagino que esa pequeña mujer supiera tan bien. Succionó esta vez con más rudeza y en un momento agarró ese puntito con los dientes, lo mordió levemente y lo estiró, haciéndola retorcer.
¡DEMONIOS! Quería correrse, el placer era demasiado atosigante, resultaba incluso doloroso poder aguantarlo consciente. No tenía de lo que sostenerse más que la superficie plana del vehículo que no le suministraba ningún alivio y la rubia cabellera de su amante. Se encontró a sí misma alentándolo y suplicándole que no se detuviera. La dulce tortura duró unos minutos más hasta que volvió a sentir como su ya hinchado clítoris era tensado de nuevo por los dientes de ese dios sexual. Sin poder controlarse sintió como el abrasador espasmo de placer la hizo correrse deliciosamente, echó la cabeza hacia atrás, gritando para encontrar un poco de consuelo.
Naruto la sintió temblar y echar la cabeza hacia atrás, arqueando su espalda en el proceso y, como tenía las manos en su cabello, empujándolo de lleno contra su vagina. Lamió todo el contenido derramado y se embelesó saboreando el dulce sabor del placer de Hinata.
Respiraba con dificultad, no supo cuánto tiempo llevaba con los ojos cerrados, pero cuando los abrió él la estaba mirando, con ese arrogante semblante y la actitud de mierda que parecía decir "soy el mejor en el sexo".
-He cumplido bien con mis palabras—vio que se metía el dedo corazón a la boca. ¡Santo Dios! Chupaba ese dedo a sabiendas de que estaba… lleno de sus fluidos. Ahogó un gemido, eso le pareció jodidamente erótico. Bajó la vista a su entrepierna y notó ese gran bulto. Se estaba volviendo a excitar, moría de ganas por tener ese duro y caliente miembro dentro de sí moviéndose frenéticamente. Naruto se inclinó y le metió el dedo índice, también empapado de sus fluidos—chupa—le ordenó. Ella obedeció y degustó su propio sabor. No le quitó la mirada mientras movía la lengua por todo el dedo, humedeciéndolo tal vez más de lo que ya estaba, él decidió retirarlo lentamente y antes de que lo alejara completamente, se lo mordió. Naruto gruño ante ese gesto y de inmediato supo que su polla se vería linda en esa boca.
-¿Y? que empiece lo bueno para poder obtener las respuestas que busco—Hinata se paró y se acercó lenta y sensualmente al rubio. Succionó el labio inferior de este y después lo lamió, él agarró su menuda cintura y la atrajo hacía sí. La besó enajenado, ardoroso y desesperado por poseerla una y mil veces más, bajó las manos hasta ese redondo y suave culo que tanto lo invitaba a agarrarlo, acariciarlo e incluso morderlo. Hinata dejó su boca y paseó la lengua por toda su garganta, tironeó de la piel haciéndole gruñir, cosa que aprovechaba para intensificar el agarre de su trasero.
-Quítame el resto de la ropa—su voz era increíblemente ronca y Hinata se dio cuenta de lo oscuros que se habían vuelto sus ojos por el deseo. ¡Uau! ¿De verdad ella causaba todo eso? Bajó las manos hasta desabrochar su pantalón y comenzó a deslizarlo, agachándose ella en ese proceso. Vio aún más claramente el bulto de sus bóxers y lo mordió—¿qué… qué coño crees que haces?—ella rió al separarse y luego deslizó también el último pedazo de tela que quedaba. Libero esa imponente erección y sintió su boca hacerse agua… quería degustarlo tal y como él hizo con ella.
Pero lo cierto es que lo siguiente fue muy rápido. Naruto la puso de nuevo contra el capó, boca abajo y tomó sus manos, llevando los brazos lejos de su cabeza y extendiéndolos completamente. Le abrió las piernas con las rodillas y metió de nuevo dos dedos, empezando a excitarla otra vez. Hinata gimió y después de que el rubio comprobara que estaba lo suficientemente húmeda, saco el pequeño paquete y lo rasgó con los dientes, se lo puso impaciente y rápidamente se empaló en ella.
-Oh Dios—gimió ella al verse llena enteramente, una vez más. Naruto inició aquel rito con certeras y salvajes embestidas, las cuales la hacían tener cierta fricción contra la superficie—ah… ahh… mierda—profirió un nuevo improperio cuando él la agarró de la cadera y arremetió con más fuerza, consiguiendo alcanzar un ritmo casi brutal, pero lejos de molestarla, la excitó de sobremanera.
-Dios, preciosa. ¡Me vuelves loco!—estaba perdiendo todo el control de sus acciones, no supo de donde sacaba tales fuerzas para estar penetrándola como un loco. Advirtió las paredes vaginales de Hinata apretar aún más su duro miembro—me fascina la estrechez de tu interior—ralentizó un poco el ritmo para recuperar el aliento.
-No… no t-te d-detengas—ella se quitó el flequillo sudado que ya se había pegado en su frente con la mano, volteó a verlo de medio lado y mordió su labio. Aquella vista era fantástica. Naruto le dio una palmada en el culo.
-No pensaba hacerlo—agarró ambas nalgas y las abrió, dejando a la vista como su pene entraba en ella—ábrete más para mí—ordenó, de nuevo obedeció y sintió que tocaba fondo.
-¡Sí… Naruto!—no hacía más que seguir gimiendo su nombre. ¿Había siquiera palabras para describir tales emociones? Se quedaba corta con cualquier cosa que hubiese intentado explicar. Simplemente indescriptible.
Sus manos dejaron el trasero de la pelinegra y acariciaron su espalda hasta posarse en sus hombros, inclinó su cuerpo y pegó el pecho a su espalda. Estaba sudoroso, excitado, abrumado, descontrolado, embelesado y todo lo que terminara en "ado" en cuanto explicara lo malditamente bien que se sentía probar por fin a Hinata a su antojo. La levantó lo suficiente para poder pasar los brazos por debajo de sus senos, abrazándola y preparándola para el final. Aumentó las penetraciones señalando un ritmo tan brutal, bravío e indómito como el anterior, o tal vez más.
-Libérate para mí, preciosa—le habló al oído—déjame ver cómo te corres una vez más.
-Dios… Dios… ¡Narutoooooooooo!
-Ahg, Hi-Hinata…— gruñó el antes de dejarse llevar por el mejor puto orgasmo de su maldita vida. Se dejó caer tratando de serenarse y volver a llenar de aire sus pulmones. Salió de ella y le permitió incorporarse. La besó dulcemente y se separó. La chica le sonrió y volvió a sentarse sobre el auto.
-Me duele el culo—comentó, cerrando los ojos—tú auto no es para nada cómodo.
-Entonces es hora de cambiar de escenario—Naruto la hizo pararse y la levantó para cargarla en su hombro—y dime, ¿cuál es la habitación de Neji?
Se la llevó con ella mientras pataleaba para que la bajara. Incursionaron en la habitación de Neji, en la suya, en las escaleras, en el comedor y por dos pasillos. Gemidos, gritos, gruñidos, jadeos y súplicas de escucharon por toda la casa. Ella sólo rogó al cielo porque sus vecinos no escucharan tremendo espectáculo que habían dado.
Era de noche cuando ambos estaban vestidos de nuevo, cenando comida china que habían pedido a domicilio.
-Creo que es momento de que respondas a mis preguntas—le dijo ella, estaba sentada en una silla con las piernas flexionadas sobre la misma—¿cómo te has enterado de que soy yo?
-Verás…—él se puso serio de repente y se acercó como si fuera a decirle un secreto—soy un acosador pervertido y ninfómano que asecha jovencitas e instala cámaras de vigilancia en sus casas para seguirlas y violarlas en la calle—había soltado todo tan deprisa que ni cuenta se dio de lo zafada que debía tener la tuerca Naruto. Dos segundos después ambos reían ante tal estupidez.
-Por lo menos es cierto la parte de "ninfómano"—le bromeó—pero ya en serio, ¿puedes decirme la verdad?
-Ya—esbozó una sonrisa—la verdad es que te vi pintando ayer. Vivo cerca de la calle en la que estabas pintando. Es el camino más corto hacia la farmacia y necesitaba ir por algo para el dolor de cabeza—la miró más intensamente—entonces divisé la sudadera que le había regalado a Neji hace unos años—Hinata abrió un poco los ojos, eso no lo sabía—admito que por un momento pensé que era él. Pero jamás pude ver a tu primo pintar tan siquiera una mísera casa algo decente, por eso descarté esa idea de inmediato—concluyó—además… la silueta era mucho más bajita.
-¿Y supiste inmediatamente que era yo? Ni siquiera sabía que notabas mi existencia.
-No—repuso él—te seguí para comprobarlo.
-Entonces ninfómano y acechador—enumeró con los dedos.
-Sólo porque me impresiona tu talento—Naruto entrelazó sus dedos a la altura de su barbilla—es una buena forma de criticar a la sociedad.
-Mi intención no es sólo hacer una crítica—señaló, sonrojada por su halago—es hacer tomar un poco más de conciencia… sabes, las personas tienden siempre a utilizar palabras para concientizar y mandar mensajes que terminan siendo doble-moralistas. Pero las palabras van y vienen, entran y salen de tu cabeza—hizo un movimiento de manos para hacerse entender—es más fácil traer algo grande en envase pequeño. ¿Qué preferirías… escuchar un largo y aburrido discurso o guardar el mensaje en tu memoria en una sola imagen?
-Es interesante tu punto—reiteró él—ciertamente no lo había considerado de esa forma—admitió asombrado por el rumbo de la conversación. Se sorprendió de lo fácil que era hablar con esa chica, era sencilla y al parecer tenía una inteligencia voraz—entonces, ¿por qué te ocultas? He escuchado ya varios rumores sobre ti y tus dibujos.
-En primer lugar, no es necesario que las personas conozcan quién dibuja—aclaró—lo importante es que capten el mensaje. Y en segundo, lo que hago es "ilegal"… porque no tengo permisos de la alcaldía para tomar los espacios que uso. Básicamente ahora soy algo así como una fugitiva—rio ante su propio comentario—es por eso que quisiera pedirte que mantuvieras el secreto.
Naruto lo sopesó unos segundos, en realidad no tenía intenciones de revelar aquello porque no era de su incumbencia, estaba admirado, sí, sin embargo él fue quien se metió a fisgonear. Empero ahora tenía una excelente excusa para acercarse a ella cuando quisiera. Una idea brillante pasó por su mente.
-¿Y qué harás para comprar mi silencio?—la miró con curiosidad.
-¿Co-comprarlo?—eso no se lo esperaba, creyó que a él no le interesaría su secreto. Jamás pensaría que Naruto Uzumaki tuviera el más mínimo grado de respeto o interés por el arte, estaba cien por ciento segura que todo aquello lo encontraría aburrido.
-Sí, quiero que me propongas algo a cambio de mi silencio.
-¿No puedes hacerlo cómo un favor?
-De que puedo, puedo. Pero no, no quiero—Naruto alzó la vista al reloj de pared—Neji ha de llegar en cualquier momento y me va a matar por estar cerca de ti—ella hizo una mueca de no entender aquello—se creativa preciosa—él se levantó de su asiento y la besó antes de salir al garaje.
¿Qué había sido todo eso? Naruto la estaba chantajeando, ¿y qué demonios debía ofrecerle? Rayos, en que lío se había metido con ese rubio arrogante. Recogió todo de la mesa y lo tiró a la basura para dirigirse a su habitación. Decidió que lo mejor sería escuchar música en su celular.
Daban casi las doce cuando Neji llegó a casa, ella se hizo la dormida cuando pasó a avisarle que había llegado. Y es que todavía estaba dándole vueltas en la cabeza la idea de tener que ofrecerle algo a cambio, ¿no podía hacerlo como amigos? Pero un segundo… ¿ella y Naruto eran amigos? En su memoria no tenía ni un solo recuerdo de haber hecho alguna actividad de esa índole, su relación era estrictamente de "eres la prima de un buen amigo". ¿Qué coño eran ahora? ¿Amigos con derecho? ¿Novios? -Obvio esa no- ¿Amantes? No, porque para todo lo anterior debían tener tan siquiera una relación de amistad previa. Ellos eran simples conocidos que habían tenido sexo salvaje en su casa mientras Neji estaba ausente teniendo sexo con su novia en otra casa.
Entonces cayó en la cuenta de que se había convertido en lo que menos quería. Otra más de Uzumaki. Maldijo internamente, maldijo la existencia de ese rubio, maldijo sus ojos, maldijo sus labios, maldijo su lengua, maldijo su estúpido y bien dotado pene que la había hecho llegar hasta las nubes y se maldijo a sí misma por haber sucumbido ante él. Sólo bastó que él se acercara para poder tener lo que quería. Y el hecho de que él la deseara como mujer no era consuelo alguno, porque ella estaba enamorada.
Se mordió los labios en señal de querer mandarlo a la quinta porra. ¿Qué coño haría ahora? Más bien… ¿qué podía él querer de ella? Ya había follado hasta decir no más con ella, ¿hacerla sufrir? ¿Burlarse? Sólo se le ocurrió una cosa.
A la mañana siguiente todos los estudiantes del instituto Konoha high school recibían con orgullo a los jugadores del equipo de fútbol, felicitándoles por haber llegado a la final. Cada uno agradeció la atención y los cumplidos y luego se dirigieron a clase.
-¿Entonces sí la tiene grande?—comentaba Ino mientras ambas almorzaban juntas en un enorme jardín, bajo la sombra que les proporcionaba un gigantesco árbol.
-De todo lo que te he contado, ¿eso es lo único que te interesa saber?—la regañó la ojiperla. Le había relatado sin mucho detalle y omitiendo el chantaje lo que había pasado en su casa ayer.
-No, era curiosidad—rio ella—no entiendo por qué te quejas. ¿No habías querido tirarte a Naruto aunque fuera una vez? Y por lo que me has dicho no fueron menos de siete veces ¡en un día! Eres toda una fierecilla.
-La cosa—dijo Hinata abochornada de haberle contado cuántas veces fueron—es que pensé que mis locas fantasías acabarían con tener sexo con él… pero—calló un momento—me di cuenta que fue lo peor que pude haber hecho.
-¿A qué te refieres?—le miró tratando de entender—¿es porque lo tiene pequeño?—le tocó el hombro con ojos de madre preocupada por su hija.
-¡Ino ya deja eso!—le vociferó ya visiblemente exasperada de la obsesión de su amiga por conocer el tamaño de los penes—esto es serio. Me siento… terrible, porque sigo enamorada de él—confesó, sintiéndose más liviana por haberlo hecho—y verlo detrás de las faldas de cualquier otra haría estragos en mí.
-Hinata…—susurró su amiga, le dolía verla así. —Sé que podrá ser difícil, pero eres una persona fuerte y digna de alguien que te sepa valorar, así que no desesperes—ella sonrió y Hinata correspondió su sonrisa—oye, ni siquiera te he visto intentar conquistar a ese rubio idiota, ¿por qué no aprovechas la cercanía que tienen ahora? No pierdes nada con intentarlo.
-¿Conquistarlo? No lo sé Ino… no suena a algo que yo haría.
-¡Anímate mujer! Nunca habías hablado con el idiota ese y mira cómo se te ha lanzado, aprovecha esa repentina atracción—Ino la palmeo en la espalda y se levantó del suelo—tengo que irme, quedé de ver a Kiba en la cafetería. Nos vemos en clase ¿vale?—se despidió con la mano y se alejaba a pasos lentos—ah y piensa en lo que te dije.
Hinata suspiró en donde estaba. ¿Conquistar a Naruto? Eso era imposible para ella, aunque le encantaría que aquello fuese tan fácil como Ino hacía sonarlo. Se levantó y salió del jardín para ir a la biblioteca, mejor descartaba todas esas absurdas ideas y se distraía leyendo algo.
Un sonriente rubio abría los ojos después de unos minutos de haber estado asimilando las cosas de las que se había enterado. Recostado contra un enorme árbol Naruto descansaba bajo su sombra, fue así hasta que se vio perturbado por dos chicas con una ruidosa conversación. Decidido a levantarse en búsqueda de otro lugar, quedó pegado en su sitio al oírse nombrado en medio de aquel parloteo. Esa dulce voz era la de… ¿Hinata? Sí, era ella. Estaba contándole –de seguro a la rubia novia de su idiota amigo Kiba- todo sobre lo que había hecho con él ayer en su casa. Su ego creció cuando Hinata confesaba lo bien que había sido el sexo con él. Luego la rubia preguntó por el tamaño de su pene y trató de no soltar la risa tras el regaño de la ojiperla. Y entonces la conversación se puso más interesante…
Se enteró de que Hinata siempre había querido tener sexo con él, abrió los ojos en sorpresa y agudizó el oído. Ahora decía que fue lo peor que pudo haber hecho. Frunció el ceño, ¿quién la entiende? No sólo eso, alegó tener locas fantasías con él. Advirtió su polla empezar a despertarse de sólo imaginársela fantaseando con él. Pero entonces, llegó la confesión más grande. Hinata estaba… estaba… enamorada. ¡Enamorada de él! –omitiendo el hecho de que ahora lo habían llamado pene pequeño-. Dejó de escuchar por un momento lo que decían. No podía tragárselo entero. ¿Esa linda y dulce chica, deliciosamente atractiva, estaba enamorada de él? Oyó entonces que hablaba de conquistarlo. ¿Eso iba a hacer? Sonaba interesante. Sintió que Hinata se quedaba sola y la escuchó suspirar, esperó a que se fuera para soltar él también el aire que estaba conteniendo.
Comenzó a atar cabos: Hinata enamorada de él, ¿desde hace cuánto? Le interesaba saber todos los detalles de aquello. No podía negar que algo en su interior había hecho "click" y se había sentido bien al saberse querido. Y sería un mentiroso si decía que Hinata no le gustaba, le gustaba y mucho. Pero no podía evitar que le atrajeran también otras mujeres. El sexo era algo de lo que él disfrutaba, ¿podría dejar de ser un casanova y atarse a una sola mujer? Sabía que esa chica tenía cualidades únicas, era hermosa y también era exquisita, estaba ansioso por poseerla de nuevo y eso que sólo había pasado un día. Pero no sabía exactamente cómo iniciar con todo algo serio, no conocía el camino y nunca se había tenido que preocupar por conocerlo. ¿Se atrevería ella a conquistarlo más de lo que ya lo tenía? Decidió entonces que le daría el beneficio de la duda.
-Maldito Neji sobreprotector…
Las clases habían acabado por fin y Hinata no se había topado con Naruto en todo el día. Tal vez él se había olvidado de lo que pasó y decidió ignorarla. Todo volvería a ser como antes y aunque eso la haya decepcionado se convenció mentalmente de que era lo mejor. Él no es una buena persona.
Se había quedado un rato leyendo en la biblioteca puesto que no tenía ganas de volver a la realidad aún. Era la única que estaba en ese enorme lugar y el silencio y la tranquilidad la relajaban.
-¿Ya decidiste?
-¡AAAAAAAAHHHHHHH!—gritó Hinata yéndose de espalda hacia el piso, ni siquiera se había dado cuenta de cuándo se había sentado Naruto—¡¿Qué te pasa?!
-Calma, calma. No soy tan feo—se burló de ella, ayudándola a pararse. Llevaba ahí sentado como cinco minutos y ella no notaba su presencia—es que no alzabas la vista.
-¿Hace cuánto estás ahí?
-Desde que llegaste tú—le mintió—he visto cómo metías el dedo en tu nariz, come moco.
-Y-yo no hago eso—le miró feo—¿y tú qué haces aquí?
-Estaba buscándote—Naruto le arrebató el libro y lo cerró para leer la portada mientras se sentaba frente a ella—quiero saber tu propuesta.
-Ah eso…—se sentó nuevamente en la silla—pues… la verdad no se me ocurrió nada—se tocó el pelo el cual llevaba amarrado—pensé que podría apelar a tu bondad, que supongo debes tener en algún lado.
-Esperaba más de la gran Ojos de Luna—se mofó él—ofréceme algo interesante.
-No tengo nada, Uzumaki—frunció el ceño—dime qué quieres.
Naruto se levantó de la silla, se apoyó en la mesa y la tomó del mentón, sorprendiéndola por su repentino robo de espacio—a ti—le contestó antes de besarla con fiereza y pasión. Oh sí, había querido besarla todo el maldito día—para empezar… creo que… podríamos… ser… amigos con derecho—arrastró cada palabra tan lento, que ella no pudo más sino mantener la vista clavada en su boca.
Abrió los ojos en sorpresa, ¿amigos con derecho? ¡Qué absurdo era eso! Pero terriblemente tentador…
-¿C-con derecho?—balbuceó.
-Sí—asintió—eres...—se mordió la lengua escogiendo bien sus palabras—una de las chicas que más me gustan—cuando lo que quería decir era "eres la primera que me gusta en serio"—entonces, ¿te parece?
-No pienso ser tu puta—dijo firmemente, aquello que ofreció, la tentaba, sí, pero lejos de alegrarla, la enfadó más—lo siento, pero tendrás que pedir otra cosa.
-¿Estás segura?—Naruto rodeó la mesa y se plantó frente a ella, la obligó a sentarse sobre la mesa y se pegó completamente a su cuerpo—sé que querrás entrar a una buena universidad al terminar la escuela—con la mano le soltó el cabello mientras que la otra se ocupaba de no permitirle alejarse—¿crees que ellos aceptarán a una chica que tiene problemas con la policía?
-¿Ah?—La estaba chantajeando. Naruto la estaba chantajeando de la forma más… ¿había palabras para decir lo ruin que era todo aquello? Se mordió el labio al verlo sonreír. En definitiva había estado en lo cierto: Naruto es todo un patán—así que ese es tu plan… ¿te gusta sentir el control sobre todo, no?—le espetó—bien, será como quieras. Pero que nadie se entere de esto.
-Me encanta tener secretos contigo—se mofó nuevamente de ella y la besó sin darle chance de respirar. No se separó de ella hasta que el maldito oxígeno le hizo falta a los dos. Se desabrochó los botones de la camisa blanca de su uniforme dejando su pecho y abdomen a su disposición, la recostó sobre la mesa y ella, alarmada, trató de resistirse.
-¿Se te murió la neurona que te queda? ¡Estamos en la biblioteca!—intentó quitárselo de encima una vez más.
-No hay nadie por aquí—desabrochó los de su blusa y dejó esos lindos senos envueltos en un encaje negro de nuevo—¿siempre vas a tentarme con esa ropa interior?
-Tentarte es lo que menos necesito ahora.
-Eres muy mala mintiendo, Hyuuga—se le tiró encima, quedando ambos en medio de la mesa, subió el sostén y dejó sus senos expuesto, los cuales comenzó a besar mientras ella tocaba su erección con los pies, que ahora apenas llevaban puestos las medias—más te vale que no tengas la intención de darme un patada—le mordió el pezón de forma dolorosamente placentera. Ella dejó sus manos vagar por ese cuerpo que le fascinaba y desabrochó sus pantalones, las introdujo por debajo del bóxer y tocó su ya duro pene—quédate quieta—gruñó mientras atacaba más salvajemente sus senos. Con la mano libre apartó las bragas y metió dos dedos de golpe el ella, haciéndola jadear.
-N-no vas a darme ó-órdenes—apretó el miembro masculino en sus manos, notando como se endurecía más.
Entonces a Naruto se le ocurrió una fantástica idea:
Volvió a tomarla en sus brazos para hacerla a un lado, mientras él se recostaba también pero en el sentido contrario. Hinata se preguntó qué rayos estaría pensando hacer ahora. De pronto él la jaló sobre sí y entonces comprendió todo. Naruto tenía su lindo trasero en toda la cara entretanto ella tenía la suya puesta en el bulto de su pantalón. Un perecto "69".
-Si haces que me corra primero te dejaré ir—sonrió—pero… si yo te hago correr antes, te follaré duro mientras me lees—ella no veía su cara, pero apostaría su virginidad –si la tuviera- a que él estaría sonriéndo muy arrogante. ¿Leer mientras tienen sexo? ¿Por qué Naruto tenía ideas tan… peculiares?—empecemos.
Hinata gritó cuando él atrapó el clítoris con sus dientes y le daba delicados lametones. Con las manos le abrió los pliegues de su vagina y metió un dedo de cada mano, palpando sus paredes internas. Haciendo el mayor esfuerzo, le bajó los bóxers e introdujo rápidamente ese duro y fantástico miembro en su boca, succionando lo más fuerte y rápido que pudiese, subiendo y bajando como si no hubiese nada más en el mundo que degustar ese sabor. Tomó la base con ambas manos e imitó el movimiento de su cabeza, pero apretando férreamente su mano. Lo escuchó pararse para gruñir y se percató del vaivén de sus caderas, incitándola a chupar más profundo. Como pudo, hincó el pene tan adentro, hasta su garganta, dándole una sensación de ahogo e imenso morbo, duró unos tantos segudos con el en la boca hasta sacarlo raspando los dientes. Le oyó gritar y sonrió para sí misma. Oh sí. Ya lo tenía.
La pelinegra no contó con la intrusa de Naruto acariciar sus adentros con movimientos circulares. Dedos y lengua hacían estragos en mantener su tarea de engullir el miembro para poder ganar aquel reto. Ni siquiera notó cuántos minutos llevaban en esa escena, sólo se sentía empapada y, para su desracia, sabía que pronto iba a llegar. Siguió metiéndolo lo más profundo que su garganta le permitía, repetidas veces, mordiéndolo en el proceso. Pero entonces, sintió perder el control y de un grito, se dejó vencer por la potente oleada de lava interna que se precipitó por todo el cuerpo.
Naruto aprovechó esas milésimas de segundo mientras ella se dejaba llevar para levantar las caderas y meterse en su boca para correrse dentro de ella y parte de su cuello. Fueron sólo uso dos segundos de diferencia. Pero había perdido aquel estúpido reto, sabía exactamente que él no la dejaría ir.
Hinata llegó a su casa de mal humor, evitó las preguntas de Neji y se encerró en su habitación. Un baño, eso era lo que su cuerpo le pedía. Dos horas de relajación total, olvidando esos profundos ojos azul como el cielo, olvidando esos labios dulces pero firmes que le lograban quitar el aliento, olvidando sus manos gruesas y fuertes, olvidando… ¿qué estaba diciendo?
-¡Maldito Uzumaki!—chilló, hundiendo su cara hasta la nariz en el agua de la tina. ¿Por qué no podía quererla de la forma correcta? De la forma como ella le quería. No podía negarse ante su propuesta. No podía y no quería. ¿Por qué todo tendría que cambiar tan drásticamente en tan sólo un día y medio? Estaba más tranquila y se sentía menos sucia teniéndolo sólo en sus fantasías. Pero era una falsa si negaba que era maravilloso que él le deseara… ¡y ahora eran amigos con derechos! ¿Es que podía ser más extraño todo?
Flash back
Naruto y Hinata terminaban de acomodar sus uniformes. Había un silencio cómodo entre los dos, fuera de toda la tensión que sentía ella en su interior, estar con él era lo que su corazón más anhelaba y su mente le reprochaba. Después de sentirse abochornada por leer "La emperatriz de los etéreos" mientras montaba sobre él, sintió su vergüenza irse lejos cuando Naruto le afirmó que había sido maravilloso escucharla leer y que sin duda terminaría el libro. Hinata le prometió que leería de nuevo alguna vez, cuando él le aclaró que jamás y nunca en esa misma situación.
-¿Te acompaño a casa?—una vez vestido, él la ayudó a bajar de la mesa.
-No, gracias—de pronto él la abrazó y besó su cabeza.
-Prometo solemnemente que no te arrepentirás de esto, Hinata—ella abrió los ojos, ¿qué significaba aquello? Pero antes de poder contestarle él se le adelantó—esta noche duerme con la ventana abierta—la separó sólo para ver cómo le miraba sin entender—hay luna llena hoy—le explicó—es sólo para que puedas observar tus ojos en ella—le sonrió, con una sonrisa diferente a las que él, en el poco tiempo que llevaban con esto, le había dado—tus ojos… son la única forma en que la luna puede apreciarse de día. Aun cuando el sol esté en todo su esplendor.
-¿D-de v-verdad?—se había quedado embelesada ante tales palabras. Palabras que ella ya había oído salir de su boca aunque estaba segura que Naruto no lo recordaba.
-Así es—asintió él—no pudiste haber encontrado un mejor seudónimo que ese—le acarició tiernamente la mejilla lo que le provocó un fuerte cosquilleo en el cuerpo. Ahí estaba el Naruto que más la enamoraba—será mejor irnos.
-¿Ah?—Hinata salió de su trance—sí, es tarde.
Ambos salieron de la biblioteca, confusos con lo que acaba de pasar. Ella porque no entendía sus diferentes actitudes y él porque no tenía ni idea de dónde había sacado decir todo aquello.
-Por cierto—sacó un pequeño papel de sus pantalones—este es mi número. Aquí puedes contactarme cuando quieras que quedemos para… pues—buscó las palabras exactas—lo que necesites.
Ella sabía perfectamente a lo que se refería: sexo. Quiso darse contra la pared por haber caído nuevamente en sus encantos. Le odiaba. No. Odiaba no poder odiarlo.
-Claro—respondió lo más seca que pudo y siguió caminando con él hasta la entrada, donde se separaban sus caminos.
-No olvides lo de la ventana—le recordó. Ella no volvió su cuerpo para responderle y sólo lazó le brazo para enseñarle el pulgar arriba.
Fin del flash back
Desgraciados sentimientos. Sólo te joden la vida, te idiotizan, te hace sentir bien y luego ¡bam! Te estrellan de lleno contra el piso. Suspiró, todo lo que hacía por su arte –sí claro, como si no lo deseara-.
Salió del baño y terminó sus deberes a eso de las diez de la noche. Se puso una camiseta y se quedó en bragas, soltó su cabello y decidió escuchar música para dormir. Faltando poco para la media noche se quitó los audífonos y los dejó en su mesa de noche. Entonces miró por la ventana y observó la más hermosa luna llena. ¡No! Basta ya. Se reprendió mentalmente a sí misma. Cerró los ojos un momento y cuando los abrió tenía a Naruto en su ventana. Se tapó la boca para acallar su grito de horror.
-¡¿Qué demonios haces en mi habitación?!—le espetó bajito pero sin disimular su enojo.
-Veo que has sido obediente y dejaste la ventana abierta—le sonrió entrando por completo a su lugar más privado. Se alabó a sí misma por no ser una de esas que tienen su habitación llena de evidencias—buena chica.
-¿Qué-demonios-haces-en-mi-habitación?—volvió a preguntarle lentamente para ver si esta vez su cerebro captaba el mensaje.
-Necesito llevarte a un lugar—se sentó en el borde su cama—vístete.
-Estás de coña—le dijo sin creerse por completo la tontería que acababa de decirle. Él no cambió su postura—es media noche, Naruto.
-¿Y?—se encogió de hombros—no es como si fuera la primera vez que sales a estas horas.
-Es diferente—le aclaró—no lo hago en días de clase.
-Vamos, te va a encantar—hizo un adorable puchero—de verdad quiero llevarte.
Hinata gruñó en sus adentros. Odiaba los poderes que tenía sobre ella, suspiró un par de veces. Ya se arrepentiría de eso.
-Vale—dijo con fastidio—date vuelta.
-¿Es en serio?—le preguntó como si aquello fuera lo más absurdo del mundo—ya te he visto desnuda.
-Esto y aquello son dos cosas diferentes—se levantó de la cama y se dirigió a su closet—date vuelta.
Naruto así lo hizo y miró por la ventana—será mejor que lleves la sudadera de Neji y tus pinturas—advirtió lo que iba a preguntar y—sólo por si acaso.
La oyó sacarse la camiseta y no dudó el voltear, vio que ayudaba a buscar la ropa con la luz del celular. Se detuvo en sus bragas, blancas con conejos estampados.
-¿De nuevo conejos?—no pudo evitar soltar una risita.
-Te dije que te dieras vuelta—ella se puso fuera del alcance de la luz.
-Sabes, podría relacionar tu afición a los conejos con el hecho de que su nivel de reproducción es escandalosamente alto—explicó como si aquello viniera de una noticia científica—y entonces concluiría que en vez de parecer tierna e infantil luciendo esa ropa interior sólo quieres expresar que eres una destructora depredadora sexual.
Hinata se detuvo para pensar en lo tremendamente estúpido que sonaba aquello—otra de esas y te saco por la ventana de una patada en el culo—sentenció.
-Vale vale, se nota que no aprecias un buen comentario—se rio—date prisa o yo mismo te vestiré.
Ella se puso la ropa que normalmente usaba cuando salía a pintar. Cargó sus pinturas en la mochila y ambos salieron por la ventana. Caminaron unas cuantas cuadras hasta el auto de Naruto. Se sorprendió de lo bien planeado que tenía todo. Arrancó y condujo unos quince minutos en los cuales ambos se mantuvieron en silencio hasta llegar a lo que parecía un zoológico.
-¿Qué hacemos aquí?—le preguntó ella bajando del vehículo en el que hace dos días había tenido sexo con el rubio.
-Estuve pensando en lo que hablamos el domingo en tu casa –nótese que no es "ayer" porque ya es más de media noche- y me di cuenta de lo fácil que es llegar a las personas cuando utilizas el medio adecuado—el bajó también y se encaminó a la entrada.
-Entonces quieres que pinte algo aquí—concluyó ella, siguiéndolo de cerca.
-Así es—Naruto observó el lugar a través de la verja que en la parte superior señalaba "Bienvenidos al Konoha-Zoo" –nunca estuve de acuerdo con este tipo de lugares—esta vez él la tomó de la mano para que lo siguiera mientras rodeaba el lugar buscando el sitio por el cual entrarían—. Desde niño a mi mamá le gustaba llevarme a los zoológicos casi todos los meses. Sin embargo un día me di cuenta lo mal que la pasan los animales aquí. Los cuidan y reciben los alimentos necesarios, pero no son libres. No pueden jugar ni correr, no se desarrollan completamente—afirmó tristemente mientras la Hyuuga sólo escuchaba con atención—¿imaginas tener que estar en el mismo lugar todo el día, todos los días? Sin que te permitan salir a tomar el sol o probar cosas nuevas. Es sencillamente horrible—negó con la cabeza.
-Lo entiendo—estaba fascinada ante tal declaración—te hace pensar en… ¿quiénes somos nosotros para decidir sobre la vida de ellos?
-Exactamente—sonrió—no somos diferentes.
-Es lindo lo que piensas—confesó. Ese es el verdadero Naruto, el que se preocupa por dar siempre un paso en la dirección correcta.
-Entraremos por aquí—mostró un espacio, lo que parecía un acueducto o un canal—esto se utiliza para drenar el agua de los pingüinos, que es el área a la que llegaremos. Te advierto que hace frío en esa área, los tienen apartados con un enorme cristal, así que nosotros saldremos por la puerta que los cuidadores usan para darles la comida.
-¿Cómo sabes tanto de este lugar?
-Digamos que tal vez hace algún tiempo un pequeño de diez años se escapó de su casa y se metió aquí para tratar de liberar a todos los animales—ella no reprimió una carcajada—pero ese tonto no contó con que el frío jugara en su contra y terminó regañado y resfriado.
-Me agrada ese tonto.
-Y tú le agradas a él—notó como se sonrojaba—¿lista?—ella asintió—vamos.
Naruto se metió primero por el canal, era lo suficientemente ancho para poder pasarlo en cuatro. Hinata lo seguía de cerca tratando de detener su desbocado corazón. Se sentía como una tonta enamorada de un chico grandioso. Dios, era todo tan confuso. Pero ahí estaba ella, más que dispuesta a darlo todo por aquel rubio idiota que se había robado aún más su corazón con tales principios y convicciones. Se emocionó, después de todo Naruto no era muy diferente a ella.
Hasta aquí este cap :3 esperen el siguiente "Travesura en el zoológico" ¿a que es lindo Naruto? Aunque al igual que Hinata hay momentos en los que yo también lo odio. ¿Será que dejara de ser un idiota y le dirá a Hinata lo que realmente siente? O... ¿habrá que ponerlo un poco celoso?
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