Mayu decide que no puede preguntar a los chicos de su salón de clases. Requiere de más energía de la que está dispuesto a gastar.
No quiere decir exactamente lo que sintió, pues si bien su pereza lo caracteriza, no así su poco entendimiento. Además, ha leído suficiente manga romántico para saber que lo que sintió, mirando a Mikoto, es exactamente lo que Suzuki siente cuando ve a Mamiko, o cuando Sakura mira a su hermano mayor.
Sin embargo cuando la pantalla de su teléfono móvil se ilumina, decide que su Mamiko, al ser una mujer mayor sabría entenderlo. Y de todos modos los mensajes que intercambia con ella son algo más largos cada vez.
"Creo que me he enamorado."
Teclea cuando se decide finalmente. La respuesta llega casi de inmediato y se da prisa en leer.
"¿Por qué dices eso?"
Y se apresura a describir lo que sintió al ver al amigo de su hermano mayor. Obviamente omite algunas partes, como el dibujo subido de tono que descansa en el fondo del escritorio de su cajón. No se atrevió a tirarlo a la basura.
"Parece que lo estás."
Recibe como respuesta. Muy corta para toda la confusión que Mayu siente en ese momento.
"Lo siento, no sé mucho de estas cosas."
Es el mensaje que llega unos segundos después.
Mayu decide que Mamiko, pese a ser mayor, es algo tonta.
Piensa entonces en acudir a su hermano mayor. Su hermano nunca le ha decepcionado y después de todo, parece entendido en el tema que le preocupa. Mayu podría dejarlo pasar, pero de todos modos ya está ahí, esperando paciente a que su hermano abra la puerta. Regresar a casa sin siquiera decirle hola sería energía gastada en vano.
La puerta se abre, pero no es Umetaro quien se encuentra al otro lado.
Mikoto es quien lo mira sorprendido.
Mayu no quiere ni pensar por qué siente el deseo de regresar corriendo a la estación quemándole en el pecho.
Pero es normal que Mikoto esté ahí ¿no? Es amigo de su hermano mayor después de todo.
Cuando se adentra en el departamento, no admitirá que siente alivio al ver a la pequeña Sakura sentada en la mesa baja, que es donde Mikoto también se sienta.
Nozaki está agachado frente a su escritorio mientras masculla cosas sobre el desarrollo de una relación tan complicada en la que un tal Seo está involucrado. Mayu se sienta en uno de los lados libres de la mesa.
Mira de reojo el trabajo que están haciendo los dos asistentes, pero no pasan más de dos minutos cuando consigue traer un almohadón de la habitación. Lo acomoda cerca de la mesa y se enrosca, abrazando sus piernas. En momentos como ese, se dice, es mejor dormir.
Cuando vuelve a abrir los ojos, Mikoto está mirando la televisión, bastante entretenido con un comercial sobre los animes que estarán de estreno para el verano. Se nota contento y Mayu se incorpora y mira a todos lados.
—Fueron a comprar ingredientes para la cena. —escucha que dice, mientras bebe un trago de su café de lata. Mikoto sabe de su usual haraganería, pues se acerca a gatas hasta donde Mayu permanece enroscado como un gato flojo. Le tiende una lata con una bebida que ya está fría, pero no le da importancia. La sonrisa de Mikoto, cuando toma la lata, provoca algo en Mayu, no sabe exactamente qué, pero siente como su brazo se estira y sujeta la muñeca de Mikoto, tirando de él.
Lo mira perder el equilibrio y caerle encima. Aprieta por un momento los párpados cuando siente el peso del otro golpearlo, pero no lo suelta y por el contrario su otro brazo sube hasta sujetarlo de un costado. El sonido de la lata golpeando el piso ahora lo recuerda lejano, quizá rodó hacia algún lado.
Mikoto, por supuesto, no esperaba que aquel muchacho se moviera con tanta rapidez, acostumbrado a su actitud más bien holgazana, piensa que todo es culpa de su más bien reciente torpeza.
—Mikoto… —masculla con aquel honorífico que le delata como alguien menor dirigiéndose a un mayor. Mikoshiba lo mira y un fuerte sonrojo comienza a colorear sus mejillas.
—Lo siento… —musita a su vez, entre cortado, nervioso, el rojo extendiéndose hasta la piel de su cuello.
Mayu decide que aquello le gusta. El calor. La excitación de la anticipación…
Los ojos de Mikoto atento a su rostro.
Y entonces la mano que estaba en un costado del mayor, sube hasta su nuca, empujándolo hacía abajo, Mikoshiba demasiado aturdido como para hacer otra cosa que mirar como Mayu se acercaba a su rostro al tiempo que cerraba sus párpados, se queda paralizado.
Nozaki y Sakura llegan y se encuentran a Mayu enroscado en la misma posición de cuando se marcharon. Mikoshiba no está por ningún lado, seguramente había tenido que irse sin llegar a despedirse de ellos.
Ambos se encogen de hombros.
Mayu no se movió de su lugar, ni siquiera cuando Sakura y Nozaki comienzan a comer, por lo que lo creen dormido, pero la verdad era que su corazón latía con mucha más fuerza que cuando entrena, y no siente la suficiente fuerza para poder mirar a nadie a la cara, no sin recordar el rostro sonrojado de Mikoshiba.
