Disclaimer: Todos los personajes (excepto los originales) pertenecen a Mitsuro Kubo-san. Bendita sea. Sin fines de lucro. Sólo para diversión de los fans.

Nota: Esta historia es tambien publicada en AO3, bajo mi cuenta: Fangirl_BB8, por si las dudas. Crucen los dedos, y disfruten.

Recomendación: Tener preparada la canción de Pink Floyd "Wish you were here"


Capitulo 2

«Acuerdo»

O la decisión de Yuuri.

Esta era la situación:

Primero, Celestino Cialdini representante y productor de Eros (Idol del momento de todo Japón) estaba ocupando una de las habitaciones en Yu-Topia. Y no sólo ocupando un espacio, estaba con seguridad planeando atentar con la salud mental de Yuuri Katsuki. Inocente y puro Yuuri, que lo único que quería en la vida era tener un poco de paz como shinsoku(*) y lidiar con los típicos problemas de ser demasiado bueno con sus maliciosas alumnas de ballet. Y comer todos los tazones de cerdo que su buena madre le preparara. Una vida sencilla, la verdad.

Segundo, la familia Katsuki estaba teniendo una conferencia de carácter urgente. Y con urgente implicaba que sea realizada a las dos de la madrugada. El señor Katsuki apenas podía hablar, debido a que todo le resultaba extraordinario. Por su parte, Hiroko planeaba a futuro con una nuera que cayera bajo los encantos de su pequeño convertido al fin en lo que siempre debió ser: una brillante estrella. Mari por otro lado, se encogía de hombros entre la comodidad de la estufa y la ventana de la cocina, sonriendo al oír que es lo que tendría que hacer exactamente su hermano, para cumplir con la propuesta de Cialdini.

Y tercero, no menos importante, Yuuri se encontraba al borde de un ataque de nervios.

Pura angustia en sus ojos café. Si no se había enrollado él mismo en una manta y escondido en el agujero más profundo de la tierra, era simplemente porque se negaba a que su dignidad se comprara con una sonrisa bronceada y artimañas de un productor de música pop.

Definitivamente era muy entretenido.

O eso dijo Mari.

-¡Acepta Yuu-chan! Podrías conocer más lugares, tú dijiste que te gustaría viajar por todo el país.

-¡Mamá!

- Mamá tiene razón Yuuri, sería bueno que vieras más que aguas termales.

El pobre Yuuri no tenía idea que estaba cruzando por la cabeza de su padre. ¿Dónde estaba el sentido común, cuando se lo necesitaba? Ni hablar de su madre. Kami-sama sabia que la amaba, pero las miradas soñadoras que le lanzaba riendo sobre lo que podría logar, hacían que quisiera huir a las montañas por siempre.

-Eros necesita tu ayuda. Ya sabes, no todos los días encuentras al doble adecuado y a un buen precio.

Mari lo mortificaba justo en lo más bajo de todo eso.

Él se parecía a Eros. Un poco. Algo, quizás. Lo suficiente para que su productor le buscara y propusiera semejante locura. Si alguien opinara objetivamente, encontraría que ambos tenían el mismo color de cabello, los mismos ojos... aunque Eros parecía tener la mirada más oscura y filosa. Podrían poseer más o menos la misma estatura, esos rasgos superficiales los hacían similares. Siempre y cuando quien lo contemplara tuviera miopía y algo de alcohol en su sangre.

La diferencia era radical en lo todo demás.

Yuuri sí había investigado. Mucho antes de la reunión de emergencia, luego de pasar el shock inicial. No bien el italiano y las dos asistentes desaparecieron de la sala común. Celestino ocupó el cuarto número tres, solicitando como máxima prioridad la contraseña del wi-fi. La asistente de cabello negro aludió que haría guardia en el hospital, mientras la otra, una mujer madura con ojos verdes, llamaría a la familia de Eros desde su habitación.

Hasta entonces Yuuri espero pacientemente. En la soledad de su habitación, decidió dejar de ignorar el gran elefante en esa situación. Un poco de cultura general debía ser actualizada para él. Internet era una fuente inagotable de información. Youtube un templo en honor al número uno en Japón.

Sólo vio tres minutos con cuarenta y tres segundos de un recital en Kioto. Supo entonces todo lo que necesitaba saber, sin recurrir a pericias psicológicas ni informes de la prensa amarilla. Ni siquiera hizo clic en wikipedia.

La silueta que cantaba frente a un estadio de veinte mil personas. La misma que se movía de maneras que estaba seguro, eran ilegales por algún código de moralidad. Algún renglón no escrito de ética.Eros, oh Dios.

Leer los comentarios sólo logró aumentar su naciente pánico.

Ju-kawaii Hace 2 semanas

Si alguien me necesita estaré teniendo una hemorragia cerebral en el suelo. Gracias.

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Paquita_LadelBarrio Hace 2 semanas

¡¿Es que es legal estar tan bueno?!

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Pickachu-002 Hace 4 días

Quiero ser ese micrófono, cariño mio.

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Eros_is_Life Hace 4 dias

La chica que recibió esa nalgada, nunca volverá a sentarse.

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Ver las 8 respuestas v

Susan Granger Hace 2 dias

¿Dónde están las feministas cuando se las necesita? Cierto. Babeando.

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This-is-Jpop Hace 1 hora

Aquí está la prueba de que Dios existe. Y se llama Eros.

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Ese era al sujeto que debía reemplazar...

¡ÉL no podía convertirse en Eros! ¡Ni aunque los cerdos volaran!

-No, ni hablar.

Lo dijo sin contemplación, casi como arrojando las palabras cargadas de hierro ardiente. Una fortaleza ante la amenaza.

-Yuu-chan, por favor. Sabes que detrás de todo esto… el podría pagar todas las deudas que tenemos.

Quizás la forma en que Hiroko hizo que sonara no fue intencional, pero para él dolió profundamente. La sombra de la culpa apareciendo en el horizonte. Era bajo. Pero real, malditamente real. La pizarra haciéndose visible detrás de su padre, como una marca tenebrosa del posible futuro.

-Piénsalo, cariño. Sera sólo hasta que se recupere. Puedes hacerlo, Celestino-san prometió que se encargaría de que no se notara en lo más mínimo el cambio de voz en Eros- Su madre pareció divertida al añadir también:- Ya sabes, con todos esos adelantos tecnológicos, podrían hacerte oír como Pavaroti si quisieran.

Imposible.

Su mirada encontró consuelo en la extensa mesa de madera bajo sus dedos. Sobre ella, el móvil de su hermana y el suyo propio encendidos, con la pantalla brillando. Claro. No era una reunión de emergencia sin los miembros adicionales.

Desde uno de los móviles, la voz de Minako se escucho con claridad. Parecía que ella estuviera justo allí, a su lado.

-¿Quieres hacerlo?

-Sabes que no.

-¿Estás seguro de eso?

Ah. Ahí estaba. La voz de Yuuko apenas audible desde el teléfono de Mari, seguía presionando. Seguramente su amiga estuviera en la sala de su casa, oculta de las trillizas y de Takeshi. Aún así ella jamás renunciaría a la membrecía a la que se había apuntado con la familia Katsuki.

-Puedes. Yuuri, tu puedes hacerlo si quisieras. – La fina mano de su hermana se poso en su encorvada espalda.- Jamás creí que te rendirías ante un desafío. No es propio de un Katsuki.

¿Es que todos pensaban darle golpes bajo de esa manera? Era injusto. Total y completamente injusto que se pusiera en contra su mayor virtud.

Yuuri Katsuki era trabajador, entregado… apasionado.En un sentido pasivo-agresivo, que desconcertaba al propio Yuuri. Quizás por esa razón, su propio miedo era controlado bajo un velo de templos y aguas termales.

No era nada justo.

-Yo…- Su voz lo delataba, sin poder evitarlo. Tres pares de ojos y ocho pares de oídos atentos a su siguiente palabra. Su corazón latiendo con rapidez, las manos humedeciéndose ante el gran salto que estaba por realizar. Tan demente.

-Aunque lo quisiera, jamás conseguiría pasar por él. Y estoy hablando hipotéticamente porque algo así seria...-

-¡Ese es el espíritu!

La fuerte palmada en su espalda por poco le hace cambiar de parecer. No quería. No por todos los tazones de cerdo del mundo, claro que no. Y sin embargo, en el último rincón de su mente, sabía que era lo correcto. ¿Cómo inclinar la balanza con su egoísmo, cuando su familia estaba del otro lado? No era cuestión de cobardía, no ahora. La solución a las noches en que su padre se encerraba en su modesta oficina haciendo cuentas, estaba ahí. Justo ahí, bajo las brillantes letras de un idol del j-pop.

A pesar de todo, sus padres tuvieron la suficiente cautela para sonreírle con calidez y aprobación, sin soltar más comentarios densos. Yuuko y Minako-san, emitieron su total apoyo a su decisión y le pidieron que las mantuviera al corriente de cualquier cosa. En especial Minako-san, que dejaba saber bastante claro que el mundo del espectáculo era duro. Ella estaba dispuesta a cerrar la academia por una temporada, si Yuuri le pedía que lo acompañara.

Cerca de las tres y media de la madrugada, la reunión de emergencia levantaba la sesión. Los señores Katsuki besaron a sus hijos con más calma, los miembros a la distancia se despidieron con más ánimo. Al final Yuuri comenzaba a creer que la mesa de la cocina se veía apta para pasar la noche ahí.

-No es un gran error, ¿cierto?

Aquello fue para Mari, que parecía más silenciosa de lo normal.

-Puedes y debes hacerlo. – Ella se irguió en el umbral de la puerta, mientras sus ojos tan parecidos a los suyos lanzaban un brillo nostálgico.- Después de todo, mereces una oportunidad.

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Con primeros rayos del amanecer, la vista desde el templo era magnifica. El haiden(*) estaba en armonía con el despertar de las aves. Incluso el aire parecía susurrar plegarias de buenos días. El otoño colándose a pasos pequeños.

Yuuri se mantuvo de rodillas, orando. Tenía su fe, aunque no estaba seguro de hasta donde era capaz de ejercerla. A veces, pedía un poco más de fuerza, más ayuda. A veces se sentía como un bote a la deriva, con demasiado peso en el fondo y remolinos dirigiendo su curso. La sombra de su dolor le asaltaba durante días impensados, por lo que se habría aferrado aún más a visitar el templo.

Quizás, era un tiempo de prueba.

O una señal. O simplemente no había pegado un ojo en todo la noche.

-Espero que no llegue luego el diluvio universal, o no dejare que vuelvas a madrugar para hacer las tareas.

Obaa-san le miraba con una sonrisa tibia, casi como del color de sus curiosos ojos rubíes. Al parecer no esperaba que él estuviera allí, después de todo.

-Viene a disculparme. No podre estar aquí durante un tiempo.

Yuuri notaba como la temperatura había menguado y un imperceptible temblor se formaba en su voz, a causa de las corrientes de aire. Y del temor de ser regañado.

-Oh vaya.- Aunque al decirlo, la anciana no lucia para nada sorprendida.- Si es tu decisión la respetaré.

Los ojos castaños asintieron, sin ser conscientes de la determinación que trasmitían. Obba-san no necesitaba muchas explicaciones, porque en su mayoría las escuchaba luego de su nieta. Sin embargo en su interior una pequeña parte de ella, estaba intranquila.

-Ayudaras a Eros.- El aprendiz asintió algo temeroso. Esa mujer ni siquiera estaba preguntando.- Esta bien, eres un alma piadosa, Yuuri.

Fue su turno de removerse incomodo. Nunca fue un gran mentiroso. Ahora mismo pensó, que ni siquiera era tan solidario como creía. Pero antes de tuviera oportunidad de explicar cuál era realmente la razón de aceptar, el estridente tono de su móvil acabo con el ambiente.

-¡Yuuri, donde te has metido! ¡Tienes que regresar ya mismo! ¡Celestino-san está desesperado!

Su madre no contesto las preguntas y no tuvo más opción, que averiguar el mismo que está ocurriendo, dejando a Obba-san con una sonrisa escondida en el borde de sus labios.

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La emergencia resulto más grave que lo que Yuuri suponía. Y tampoco podían culparlo. Su madre alzaba la voz cada vez que su hermana fumaba más de cinco cigarrillos por días o cuando Minako-san pedía una segunda ronda de sake.

Quizás esta vez la señora Katsuki tenía razón.

"¿Eros internado?

¡Escándalo en Karatsu!

La fotografía del idol japonés, ha causado conmoción en el ambiente. No existe un comunicado oficial por parte de su producto y representante, Celestino Cialdini., tampoco se ha emitido algún comentario del círculo íntimo del cantante. Las imágenes fueron tomadas por una enfermera del hospital público de la ciudad de Karatsu, en la prefectura de Saga, donde aparentemente Eros habría sufrido un accidente y se encontraría internado desde hace un día.

Aun no se ha confirmado si el joven de la fotografía es verdaderamente Eros, existen antecedentes en la conducta del cantante que permiten sospechar que esta vez podría tratarse de un hecho verdadero. ¿Es momento de pedir por el incorregible Eros? ¿O es una treta más de su productor, para ganar publicidad con golpes bajos?"

-¿Cómo…?

El artículo del diario digital de Tokio, desapareció rápidamente a manos del único hombre con corbata a esa hora de la mañana.

-¡Esos desgraciados!

Celestino estaba echando fuego por los ojos.

Yuuri se encontró con un revuelo de maletas en la recepción, mientras los gritos en la sala y a su hermana mirando una revista en la cocina.

-Lo siento mucho Katsuki-san, pero tendremos que dar una conferencia antes de que esto llegue a mayores.

Toshiya-san asentía sin entender del todo, porque se disculpaba ni si era necesario caminar por toda la posada sosteniendo con rabia un móvil.

-Celestino, ya tenemos a la enfermera que tomó la fotografía. Es del área infantil.

Las asistentes de Cialdini estaban ocupadas: la morena llamada Karen hablaba por teléfono, mientras la otra tecleaba rudamente un e-mail al columnista del diario que había publicado la noticia. Ambas parecían a punto de incinerar las centrales de la compañía de telecomunicaciones si no retiraban esa nota amarillista.

-Bien. De acuerdo, será mejor si dejamos que lo sepan de una vez.- La expresión de Cialdini era de derrota, tomando aire antes de continuar.- Vuelvo a disculparme por todo Katsuki-san, es-

-¡Espere, espere! ¡Y-yo… yo acepto!

Pareció que el tiempo se detuvo. O quizás así fue.

-¿Disculpa?

-Acepto reemplazar a Eros.

A Yuuri le temblaban las rodillas, le dolía el pecho y creía que era lo más estúpido que podía hacer. Pero no quería darse por vencido, sin siquiera intentarlo. Eros necesitaba ayuda. Su familia necesitaba su ayuda. Él podía hacerlo.

-¡Maravilloso!

Celestino cambio drásticamente de humor, agitando las manos con nuevas señales para las mujeres y sonriéndole con satisfacción. Hablo con más serenidad, una vez Yuuri pidió que se redactara un contrato legal con todos los detalles, asegurando que para el lunes en la mañana los abogados lo tendrían listo.

Pero antes de que las felicitaciones llegaran, el chico elegido aún tenía algo que hacer.

-Quiero ir al hospital.

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Terapia intensiva tenía un horario estricto de visitas. Aunque considerando que uno de sus pacientes era internacionalmente famoso, cambiaba las reglas. Sobretodo después de un escándalo y una amenaza al mismo hospital por divulgar información. Celestino había dejado claro desde el primer momento, que nada de eso debía salir a los medios. Los médicos y demás personal habrían firmado acuerdos de confidencialidad. Ahora mismo todos parecían a una mirada de correr a proteger su empleo.

Yuuri fue conducido por la asistente de ojos verdes, quien se había presentado con más calma durante el camino como Sakura. Le explico, mientras abordaban el ascensor y bajo un tono ultra secreto, que la madre de Eros había llegado pasada las cinco de la mañana. El viaje desde Tokio había sido retrasado un par de horas, de modo que ahora la pobre mujer apenas había tenido tiempo de cambiar de atuendo. La reconocieron al instante.

-Tomizawa-san.

A Yuuri la mujer menuda y de cabello castaño, le recordó a un ave pequeña. Sus grandes ojos grises, la hacían lucir más joven de lo que era. Ella permaneció con la mirada clavada en su rostro, emocionada y sorprendida. Quizás el parecido si era genuino. Sakura-san le presento obviando algunos detalles, mientras tragaba duro a la espera. Se preparaba para lucir serio con todo eso, cuando Tomizawa-san se puso justo en frente de él, frunciendo el ceño.

-¡Kya~!- Sus mejillas no esperaban ese ataque, ni el grito. Pero era demasiado tarde como para retroceder, o entender que estaba sucediendo.- ¡Eres como una versión más suavecita de Rai-chan!

Resulto ser la mujer más curiosa del universo. Y eso que lidiaba con tres niñas con instintos de agentes secretos. No se detuvo hasta saber cómo le habían tratado, que es lo que Celestino (o como ella le llamaba "ese idiota con mentón de trasero") le propuso y si él estaba bien con todo lo que planeaban.

-Acordamos firmar un contrato el lunes en la mañana. No se preocupe Tomizawa-san, nada va a afectar la carrera de su hijo.

-Bah, eso es lo de menos cariño.- Sus manos pequeñas le restaron importancia, encendiendo un poco las mejillas de Yuuri.- Lo importante aquí es que Rai-chan está mejorando, aunque cuando despierte ten por seguro que comenzara con sus caprichos.

El médico a cargo había retirado el respirador, esperando que Eros despertara por su cuenta en cualquier momento. En ese cuadro, tener una pierna rota y quemaduras leves, no sonaba tan horrible. Menos con la energía de su madre tiñendo el ambiente.

-Prometo hacer mi mejor esfuerzo.

Tenía que decirlo, aunque temblara por dentro. Ahora sabía que no sólo era por su familia.

-Yo sé que lo harás Yuuri-kun.- Le tomó de las manos con una sonrisa divertida.- ¡Eres el más indicado para el trabajo!

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-Sí Eros vuelve a mostrarse públicamente, los rumores se callaran de inmediato.- Celestino se paseaba de lado a lado en la sala de Yu-topia.- ¡Tenemos que ir a Osaka! Dejaremos que lo vean, armaremos un pequeño concierto.

- La clínica infantil necesita fondos, y es una buena propaganda.- La más joven de las asistentes Karen-san, parecía dispuesta a trazar toda una estrategia militar.- Eros tiene que estar allí.

-Exacto, exacto... aunque quizás sea demasiado pronto para Yuuri.- Se detuvo mirando a la morena que permanecía chequeando vuelos en su laptop.- ¿Sería arriesgado?

-Si perdemos más tiempo, tendremos a cualquier paparazzis en Karatsu antes de que puedas decir disco de oro.

Estaba decidido.

Celestino Cialdini ordenó poner en marcha todo. Y la familia Katsuki también se puso manos a la obra.

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Jamás había contemplado una carrera de atletas olímpicos en vivo. Pero seguramente se parecía a aquello.

Sus maletas habían estado listas y en orden antes de que pudiera preguntar porque tanta prisa. Mari se encargo de arrojar la ropa desde el armario y Yuuri se ocupo de que no luciera como si hubiera sido sacado debajo de un edificio derrumbado. Con suerte, tendría algo decente que ponerse sin arrugas. O con ellas en una forma disimulada.

Habían arreglado pasajes de avión para dentro de una hora, asegurando una ruta libre de reporteros o gente con cámaras. Clase turista, sin ceremonias en el aeropuerto de Saga. Yuuri pensaba que era muy pronto, aunque el recuerdo fresco de Tomizawa-san le impedía quejarse.

Además pensaba con ironía, que todo ese despliegue era innecesario.

Aun seguía siendo él mismo. Común y soluble en la multitud.

Celestino eligió unas gafas oscuras y un traje a rayas, ansioso de pasar desapercibido.

Al llegar la hora, el nudo que había ignorado hasta entonces, se volvió punzante. Yuuri odiaba despedirse. Era una sensación horrible, como si las personas que quedaban atrás se escaparan de sus recuerdos.

Y ahora debía embarcarse en un contrato escandaloso, con intenciones poco morales. Ser Eros. Ah, la vida tenía caminos extraños.

-¡Oh cariño te deseo un buen viaje! –Su madre repartió más besos de la cuenta, su padre más palmadas de las habituales.

-Llama si tienes problemas o necesitas hablar. – Mari le revolvió el cabello.

Por supuesto Hiroko-san había hecho correr la voz desde la posada, hasta el templo y la academia. Todos los miembros de la familia estaban allí para darle apoyo.

-¡Saca todas las fotos que puedas por nosotros Yuu-chan! – Las trillizas chillaban, incapaces de ser controladas por una llorosa Yuuko que le repetía que se cuidara.

-Si te ofrecen drogas, di que no.

-¡Takeshi!

- Si algo ocurre, incluso si no es nada muy grave… puedo ir a patearles el trasero. ¿Llama de acuerdo? Es una orden Yuuri.-Minako-san no iba a ponerse sentimental.

Se sentía abrumado. Siendo francos, si no estuvieran tan pendientes de él habría vomitado su pobre desayuno en los zapatos súper brillantes de Celestino.

-Es hora.

Tenía un pie fuera de la posada, cuando la nalgada que le propinó Obba-san hizo reír al equipo de Eros y avergonzar a Yuuko.

-¡Impresiónalos, pequeño!

Era tan fácil decirlo...

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El vuelo a Osaka partió a las diez en punto, sin alborotos ni ojos curiosos.

Era un pasajero más. Sus lentes, una campera café y zapatillas deportivas. Incluso el barbijo que acostumbraba usar los días en que su alergia le perseguía, estaba justo debajo de su barbilla. Nada extraordinario. Tenía su pequeño bolso de mano en la gaveta superior, y declaro sólo dos valijas medianas al abordar. Calculaba que si todo iba en el camino correcto, Eros se recuperaría antes aún con una pierna enyesada. Sí, en cuanto menos lo supiera estaría de vuelta.

Yuuri se relajo aceptando las sugerencias de escuchar música y algunos bocadillos de la azafata. Celestino se hallaba a tres asientos de distancia, mientras Sakura-san y Karen-san estaban del otro lado del pasillo recuperando energía.

Los pensamientos cubrieron su cabeza con lentitud. Decidió cerrar los ojos por un momento, así la imagen de la posada se volvería más nítida. Las voces familiares, el ánimo que infundían. Todo lucia irreal. Jamás imaginó que estaría de nuevo tan lejos de su hogar. No después de su fiasco en Kioto. Apartó esa idea de pensamiento.

Una melodía suave se fundió con su respiración.

Oh, esa canción.(1)

Debia ser el cansancio, el desvelo y la adrenalina de tomar decisiones suicidas. Debia ser eso, porque de otra manera, sus ojos habrian permanecido abiertos, oscilando entre las nubes y el hombre de la colonia barata que estaba sentado a su lado.

So...
So you think you can tell
Heaven from hell

"¿Por qué había ocurrido todo esto? ¿Cómo era posible, que de pronto se encontrara con el corazón latiendo tan fuerte, tan doloroso...? Hacia menos de un segundo, podría haber jurado que estaba entero. Perfecto. A salvo. Esa voz llamándolo. Esas manos bajo luces amarillas, bajo las sabanas. Su manera de mirarlo, esa intención de decir algo más. Algo más. ¿Qué es lo que nunca dijo?"

And did they get you to trade
Your heros for ghosts?

"¿Por qué sentía que faltaba el aire? ¿Dónde estaba él? ¡Prometió cuidarlo, prometió que jamás lo dejaría! ¡Lo prometió! Aún podía mantener su juramento. Tenía que sostenerlo. Eran las cinco de la madrugada, falta un poco solamente. Podía mantenerlo. Sólo un momento, un segundo y le perdonaría. El tiempo se volvía tan eterno, con cada fragmento que se precipitaba a estallar."

Year after year
Running over the same old ground
What have we found?
The same old fears
Wish you were here...

"Él simplemente lo había roto. Por completo, como un papel que contiene una plegaria inútil.

Apenas podía distinguirlo, su cara, sus ojos, su boca..."

La voz desde la cabina lo sobresaltó del sueño.

El aeropuerto de internacional de Osaka, se asomaba a su ventanilla.

xxx


Glosario(*)

Shinsoku: hombre que trabaja en un santuario y ofrece ceremonias religiosas.
Haiden: salón de oraciones, en un santuario.

Canciones:

(1) Wish you where here de Pink Floyd


¡Buenas polluelos! OH BIEN, DIOS. ¿Saben lo que luché con este capitulo? No estoy en mis mejores condiciones para escribir algo más agil y quedar contenta con ello. Digamos, que no fui muy positiva en toda la semana. Asi que espero, realmente, que les guste esto. (Sé ve como relleno y les juro que no lo es) Estoy puliendo ideas para el proximo, aunque tengo una peticion para ustedes: Me gustaria (y seria de gran ayuda) si comentan una cancion de J-POP o una cancion bonita que les fascina asi como a morir. No tengo mucha idea del Jpop, apenas sabia que existia el kpop... y ya ven(?)

En fin, estoy muy feliz y emocionada de que el fic sea tan bien recibido, ¡muchas gracias bellezas! :3 Son geniales ¿A que si?

¡Un beso a todos y muchas gracias por leer!