II

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Sakura

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Parecían cascadas rosadas cayendo sobre su rostro, sobre sus hombros y sobre su espalda. Cada mechón normalmente libreraba un destello de vitalidad y sutileza como las flores de cerezo en primavera, pero esta vez, la mayoría estaban perdiendo su tono de siempre. Los sujetadores seguían en su cabeza, no los había quitado para nada a tal grado que no soportaron el peso del peinado y cedieron dejándola con la apariencia de una mujer indigente. Sumandole el hecho de que le hacía falta un baño.

Sin embargo no quería salir. No quería abandonar la poco modesta habitación a la que había sido promovida desde aquél día. El miedo de volver a encontrarse con aquéllos ojos de tono rojo brillante amenazaba con apoderarse de ella cada vez que una parte de su cuerpo quería animarla a girar la perilla. Se algomeraba torpemente en su garganta para no dejarla tragar bien, incluso no tenía ganas de comer… aunque estuviera muriendo de hambre.

Su faldón interior se encontraba en una de las sillas junto a la gran cama de invitados (se volvió demasiado voluminoso como para traerlo encima), su peinado ya no tenía salvación, las líneas de maquillaje ahora resbalaban como manchones secos por sus párpados inferiores y desató su corsé para descansar la espalda mientras estuviera sentada… que al parecer sería por mucho tiempo. No había dormido muy bien, había acostado su cuerpo por un par de horas en la noche para después abrirlos de par en par con la amenaza de que su cuerpo ya no estuviera con vida… estaba hecha un desastre.

Unos suaves golpecitos llamaron a la puerta.

Su espalda se enderezó en un segundo y estuvo a punto de preguntar quién llamaba cuando una voz habló por fuera.

–Soy yo, Señora. –Dijo la tenue voz de la criada.

La criada… La hermosa chica de ojos extrañamente encantadores que le traía el desayuno cada mañana, la merienda cada tarde y la cena cada noche, y que una y otra vez Sakura rechazaba. No lo hacía por que haya intentado hacerle algún daño, más bien por que no quería confiar en nadie dentro de esa casa embrujada. Ella sabía desde el momento en el que observó a sus habitantes que había algo que no era natural ahí dentro, y al confirmarlo hace unas tres noches, juzgó a todos por igual incluso a la criada. Sabía que era extraño desde un principio que una mansión tan grande y lujosa como ésta solo contara con una persona de servidumbre. Sin jardineros, sin cocineros, sin lava-losas… sólo una linda mujer que al parecer lo hacía todo.

No le había visto la cara desde entonces.

Aquella no era la bienvenida que Sakura esperaba y mucho menos que ésta significara que no podría marcharse de ahí con vida hasta que Sasuke lo decidiera así. Maldita sea la curiosidad demencial de los seres humanos que los hace perder su juicio e incluso su libertad. Su frustración se mostraba como gruesas lágrimas resbalando por sus mejillas manchando sus guantes rosa pastel y que seguían cayendo a pesar de que el Monstruo ya se había marchado y la había dejado ahí.

Unos pasos apresurados a lo lejos fue lo único que alcanzó a escuchar entre sus propios sollozos. Una mano que se deslizaba por debajo de su brazo e intentaba eduacadamente levantarla del suelo, sin palabra, agresividad ni advertencia. Sakura reaccionó bruscamente alejándose de aquellas blancas manos con unas uñas cortas y gastadas por el agua y el jabón.

–No me toques. –Le dijo a la criada.

–Lo lamento. –Se disculpó la joven con preocupación en los ojos. –Permítame que la ayude.

–No quiero tu ayuda. No quiero ninguna ayuda, consejo o palabra de nadie en esta casa. Yo solo… déjame en paz bestia. –Le gritó.

Los ojos de la sirvienta se ciñeron con algo parecido a la tristeza, pero la chica comprendía el estado emocional de aquella mujer en el suelo del salón principal. Se fijó en las gotas oscuras que derramaban su maquillaje por sus pómulos y lentamente sacó un pañuelo del bolsillo de su delantal, se agachó al suelo y con toda la delicadeza del mundo lo dejó ahí para darle una última mirada de preocupación y marcharse.

Era seda, algo gastada y un poco arrugada, pero seguía siendo seda de un color perfectamente blanco ahora manchado de maquillaje arrancado de ojos hinchados. Era suave y tenía un olor que parecía calmarla. No de algún perfume caro o casero, sino el olor peculiar de alguna persona, y supuso que era el olor a su dueña original, que se encontraba en silencio después de aquellos golpecitos en la madera, esperando la aprobación de Sakura para poder entrar.

Tal vez la juzgó mal desde el principio… tal vez algunos monstruos puedan llegar a ser amables.

–Adelante. –Dijo Sakura por fin y no pasaron más de dos segundos para que la puerta se abriera dejando pasar a la joven con una charola de plata y un juego de té, cubiertos y un plato rebosante de comida sobre ella.

La criada parecía algo nerviosa, apresurándose un poco a colocar la charola en la mesa del centro de la habitación sin decir palabra alguna. A Sakura le parecía raro que una criatura como ella pudiera llegar a verse alguna vez nerviosa de aquella manera, le parecía demasiado humano en comparación a sus otros dos anfitriones con su actitud alardeante, burlona, fría y distante.

–Gracias. –susurró Sakura.

–Es un placer, Señora. –Le sonrió la joven. –Necesita alimentarse. Lleva tres días sin comer.

–Si… –Escondió el pequeño pañuelo de seda entre sus manos, ocultando el delicado encaje con algo de pena. –¿Te ha recordado él que me alimentes?

–Nadie tiene por qué recordarme eso. Una mujer joven debe comer bien tres veces al día.

–Perdona por molestarte haciendo que cocines para mi, tal vez tienes otras cosas más importantes que hacer que mantener a una humana viva aquí dentro.

Unos segundos de silencio llenaron la sala.

–…N-no debería de decir ese tipo de cosas, my Laidy.

–No le veo el lado malo. De todos modos sé que moriré en esta casa en poco tiempo.

–Si me permite decirlo, no creo que lo haga. Pero por el momento hágame el favor de comer. –Comentó preparándole la mesa y sirviendole una taza de té humeante.

Era algo casi sorprendente. Hablaba con una serenidad magnífica, como si toda aquella conversación fuera de los más normal para ella, y tal vez lo era. Aun así no dejaba de prepararle la mesa, de invitarla a comer ni de dejar de ser cortés todo el tiempo y, por un momento, una idea cruzó la cabeza de Sakura "¿Por qué un vampiro serviría a otro vampiro?" Era inusual incluso para ella. Ser una criatura tan poderosa y temible como para pasar tus inmortales días de vida limpiando sangre de las sábanas y preparando platillos que nunca se comerán… Maldita sea la curiosidad.

–¿Cuál era tu nombre? –Preguntó.

–Llámeme Hinata. Cualquiera que sea su deseo puede pedírmelo, estoy completamente a su servicio. –Le dedicó una sonrisa y una pequeña reverencia.

–Te pediría que me devoraras antes de que tu amo lo hiciera. –Susurró Sakura. –Pero supongo que esa petición te traería algunos problemas.

Notó que Hinata reprimía una sonrisa.

–Podría comenzar por prepararle el cuarto de baño para ducharse.

Las mejillas de Sakura comenzaron a arder. Oh que vergüenza, no recordaba su aspecto hasta ese momento y hasta la criada vampiro de los malvados hermanos vampiro notó su suciedad y miseria corporal de humana. Bajó la vista a la taza de té, pero la criada le comentó algo más.

–Y le pido disculpas con todo mi ser, pero no sería capaz de cumplirle lo que me está pidiendo.

–¿Por qué no? –resopló Sakura decepcionada. –¿Acaso las vampiresas solo beben sangre de hombres jóvenes y bellos? …Pensé que no sería así.

Otra sonrisita reprimida salió de su boca antes de acercarse unos pasos a Sakura.

–Señorita Haruno, soy tan humana como usted. –dijo suavemente. –Su corazón no es el único que palpita dentro de esta casa… y no se preocupe, puede confiar en mí.

Su rostro no pudo disimular el asombro, no creía lo que había escuchado de la joven que era tan bella como para ser un vampiro. La boca del estómago se le retorció levemente en una sensación extraña, sin embargo no pudo descifrar en ese momento si era alivio o temor por la naturaleza de la chica.

Hinata se disponía a marcharse, pero al llegar al umbral de la puerta se giró de igual manera que hace alguien al olvidar decir alguna cosa. Le preguntó sobre la esencia de las burbujas del baño y Sakura respondió con el aroma a lavanda, la criada sonrió y cruzó la puerta hacia el otro lado.

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Tuvo que pedirle ayuda a Hinata con el corsé, ya que Sakura no estaba acostumbrada a ajustarlos por su cuenta, además de que aquél era un corsé que ella no conocía, uno traído por petición del hermano mayor para su invitada. Al principio pensó negarse pero la verdad era que su antiguo vestuario necesitaba lavarse y no le quedó de otra más que aceptar la ropa nueva. Un conjunto color azul oscuro con algunos detalles en blanco, falda ligera y un par de botas en color marrón, muy elegante y sencillo, apto para andar de aquí para allá con comodidad.

Se atrevió a preguntarle a Hinata si podía observar la casa y ésta le contestó que de ahora en adelante, podría pasearse por donde quisiera, pedir lo que quisiera y gastar su tiempo en lo que quisiera. No supo qué pensar al respecto y decidió deambular por ahí con cuidado, sin meterse en los asuntos de ninguno de los dueños de la casa… de nuevo.

Comenzó por uno de los enormes jardines traseros, que era bellísimo lleno de árboles frutales, enredaderas que cubrían los muros y caminos repletos de arbustos de rosas que casi podrían formar un enredoso laberinto. Tardó horas recorriendo el jardín hasta que llegó la hora de la merienda, que la atenta Hinata le preparó un platillo de pollo exquisito, y decidió quedarse en el porche del patio trasero a comerlo.

–El pequeño pajarillo rosado decide salir y comer un poco. –Dijo un joven sentándose al otro lado de la mesa. –Casi comenzaba a preocuparme cuando te encerraste en tu habitación. Pensé que ya estabas muerta y casi le pido a Hinata que te sacara de ahí antes de que tu cuerpo apestara.

Sakura dejó el cubierto en el plato. Se le había escapado el apetito.

–Vamos, fue solo una broma. –Reclamó Naruto. –Pero le advierto que debe acostumbrarse al ambiente, Señorita Sakura.

–Será difícil con usted cerca. –Masculló ella.

–No lo será. Le aseguro que dentro de poco tiempo comenzará a amarme, igual que toda mujer que entra en esta casa.

Sus ojos azul profundo se desviaron por menos de un segundo hacia donde se encontraba Hinata (a espaldas de Sakura) para volver a los suyos en un santiamén, casi imperceptible. Él siguió con otro tema de conversación bastante normal y ella le siguió el paso durante todo el medio día, sentados hablando de la situación de la ciudad, su política, su dinero, las clases sociales, las injusticias, la prostitución, y muchos otros puntos más. El sol alto en el cielo era bloqueado totalmente hacia ellos por un techo grueso que se alzaba a cinco metros del suelo, haciendo notar a Sakura que había sido instalado justo con el propósito de bloquear la luz solar.

Recordó las historias de terror que su padre le contaba cuando era una niña, y algunas otras que leía en libros de terror en la librería de la casa del abuelo. Todos aquellos relatos destacaban la debilidad de aquellas pálidas criaturas para soportar la luz del sol, en algunos decían que se desintegraban al instante, otros decían que causaba heridas profundas en su piel y algunos otros decían que su belleza, juventud y poder se perdía entre más rozaran los rayos del sol. Ella no le había dado importancia a ese tema hasta aquél preciso instante, en el que la luz casi llegó a iluminar la punta de las botas de Naruto. Éste, con un movimiento casi elegante, se empujó a si mismo hacia atrás para apartarse más del resplandor.

Tal vez los vampiros eran tan siniestros como las historias lo decían. Pero por lo menos el rubio y menor de los hermanos podía mostrar un poco de actitud humana de vez en cuando, a pesar de sus comentarios y algunas pequeñas encrucijadas mentales. Y al parecer la mejor noticia de ese día había sido enterarse de que su corazón no era el único que palpitaba en aquella casa.

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En aquél salón de la mansión había infinidad de libros de todo tipo. Los estantes solo eran interrumpidos de tapizar las paredes gracias a algunos cuadros con paisajes preciosos, los sillones eran tan mullidos que Sakura pensó en no levantarse jamás de ahí. Tenía un libro en las manos, pero la pintura enorme de un paisaje que abarcaba toda la zona justo por encima de la chimenea no le permitía hojearlo. Una extensa pastura que terminaba en un bosque de pinos aún más extenso, acompañado de la silueta de un castillo de roca de hace dos siglos a la esquina del cuadro era lo que llamaba su atención. Muy peculiar el gusto por los cuadros de los hermanos Hatake, ninguno de ellos contenía personas, solo paisajes y rosales. Muchos cuadros de rosales de colores.

Justo al pensar en una hermosa rosa de color rojo, el sonido de las puertas del salón le hicieron casi saltar. Contuvo la respiración al observar la silueta delgada de Sasuke entrar de una forma que daba el efecto de que casi volaba. No recordaba haber leído que los vampiros volaran o levitaran, pero los autores pudieron haber pasado eso por alto.

Al verlo dar pasos lentos hacia ella, la espalda se le enfriaba. Pensó en dejar el libro sobre la apagada chimenea y evitar su encuentro.

–Naruto me dijo que merodeabas. –Comentó él con voz rasposa. –Le sorprendió que salieras de tu habitación.

–No es mi habitación. –Murmuró ella con la seguridad de que al mirar sus ojos de color oscuro no intentara matarla… por lo menos por ahora; Sin embargo, la espalda no dejaba de estar helada. –No he pasado ni cinco días aquí.

–Y a pesar de eso ya te atreves a merodear libremente por la casa. ¿Es ese tu pasatiempo?

–Si desea, regresaré a mi habitación. –Dijo dejando el libro en el sofá y abriéndose camino hacia la puerta.

–Léelo. –Le pidió secamente Sasuke al momento que le tendía el libro frente a ella, justo entre la puerta y su cuerpo. El libro de pasta marrón se había trasladado del sofá a sus blancas manos.

–Voy de camino a mi habitación.

–Léelo. –Repitió.

No podía mirarlo a los ojos ahora. Podrían haber cambiado su naturaleza en aquél momento y podría estar enojado, mientras ella solo se limitaba a observar la pasta de cuero de aquél libro que tomó al azar y que no sabía de qué diablos trataba. Con duda, alargó sus manos y sintió el cuero seco, pasó las páginas rápidamente hasta detenerse en una.

–"Espinas me atraviesan cual ráfaga de viento en una tormenta. El fuego, que bien podría ser infernal o divino, quema hasta arder y se convierte en un dolor tan intenso y carmín como sus labios, que incluso si mi ser y mi miserable cuerpo se desintegran, la satisfacción de tocarlos y sentirlos será la que sobrepase aquél infinito martirio".

Se detuvo unos segundos, atemorizada por no saber si debía seguir o no. Su corazón latía rápidamente e intentaba controlar su respiración, pero algo en ese hombre no podía mantenerla quieta y tranquila. Sintió como se inclinó aquella figura sobre ella, acortando la distancia.

–Tu me temes. –le susurró él acercando su rostro al de ella,provocando que levantara la mirada, quedando muy, muy cerca.

–No te tengo miedo. –Respondió.

–Eso no es lo que me dice tu cuerpo. –Le advirtió Sasuke, haciendo que temblara.

–Y tu deseas beber mi sangre…

–No adelante conclusiones, Sakura. No quiero beber su sangre.

–Entonces déjeme ir. –Le dijo casi suplicando.

–Expliqué eso hace unos días, ¿Recuerdas? No te irás. –Planteó casi sonriendo.

–Si no quieres mi sangre y tampoco me dejarás ir, entonces… ¿Por qué estoy aquí?

–Tu… estás aquí por capricho mío, querida. –Murmuró con seguridad y unos ojos que comenzaban a teñirse de rojo.

Una pesadez llenó el pecho de la joven. Algo que muchos podrían llamar rabia. Era absurda la manera en que un endemoniado vampiro decidía su vida de ahora en adelante y era tan descarado como para decírselo en cara. Y ese hermoso y malvado rostro que parecía casi perfecto era lo que más la frustraba, el beneficio de tomar ventaja gracias a tu belleza física era algo muy injusto en una pelea con un ser como él, y más aun cuando tu oponente es una simple humana.

Apretó el libro entre sus manos y casi lo golpeó contra el pecho de Sasuke, entregándoselo de mala gana, de una manera casi automática.

–Me marcho a mi habitación, Señor. Tome su maldito libro. –dijo ella secamente soltando el objeto y posando su mano en la puerta, pero no pudo abrirla. Sasuke tomó su mano de la perilla y la sostuvo fuertemente, tanto que casi dolía.

–Me vuelves a hablar de esa manera y me aseguraré de que no quede ni siquiera una gota de sangre en tu cadáver. –Sus labios pegaban a la oreja de la chica. Helados como el invierno y terroríficos como se esperaba que fueran.

Le soltó la mano con delicadeza, rozando con la punta de sus dedos la muñeca, caminando hacia lo profundo del salón para colocar el libro de vuelta en el estante. Sakura sólo miraba su mano pegada a la perilla, sin moverse. Ni siquiera temblaba. Se repetía mentalmente que debía marcharse, pero una pequeña parte de ella quería quedarse a discutir los términos de su aprehensión (aquella parte que le dio el trabajo en el banco). Era estúpido quedarse a reclamar, podría firmar su muerte en ese mismo salón, no quiso pensar en ello y cuando sus piernas respondieron cruzó la puerta camino al jardín de rosas… y se adentró en él esperando ahí hasta que se hiciera tarde.

De regreso, entró apresurada a su habitación para alejarse de todo y que nadie (o más bien nada) la molestara. Cerró bruscamente la puerta y, al girarse para tomar aire, su respiración se entrecortó al ver aquél que sería el segundo regalo del día. Tendido en la cama, a la luz de una vela, blanco como el mármol y tan suave como las rosas del plantío se encontraba un camisón para dormir que la esperaba. Y junto a él, un pequeño trozo de papel con una breve nota escrita justo en el centro:

"Buenas noches, Capricho".

Sus dedos arrugaron el pliego nomas al leer aquella perfecta letra cursiva hecha con tinta de la mejor calidad. El enojo era mucho en su pecho, no soportó ver la prenda mucho más y salió al balcón que le brindaba el cuarto para agarrarse fuertemente de la barandilla e intentar calmarse.

Cuando pudo hacerlo, pensó bien en toda la situación: Era un juego nada más, sólo eso. Nadie le daba la garantía de que no moriría en pocos días, ni siquiera Hinata podría asegurar eso, pero aún así no creía que ese hombre le arrebataría la sangre y la vida así sin más. Jugaría con ella antes de que eso ocurriera y desgraciadamente no tenía muchas posibilidades de escapatoria, así que lo único que le quedaba era el valioso tiempo que llegara a durar el juego. Mientras jugara Sasuke con ella a su antojo seguiría viva, mientras él no se aburriera de su juguete seguiría viva… y mientras Sakura le pudiera hacer ver que no le será tan fácil ganar seguiría la partida, y con eso su vida.

Apretujó una vez más la barandilla de roca antes de volver a la habitación. Estiró la hoja de papel en sus manos antes de colocarla justo por encima del fuego de la pequeña vela, y viendo como una chispa hacía arder por completo todo el contorno de la nota hasta reducirla a cenizas. Se deshizo de su corsé, de su falda y sus botas hasta quedar en ropa interior frente al espejo en la pared con marco de piedras preciosas; Podía verse completamente el cuerpo, los lugares en donde sus curvas se mostraban y en los lugares donde le ceñían las costuras de las prendas color blanco. Llevó sus dedos a su cintura y se quitó lentamente la última vestimenta que la ocultaba de sí misma, dejándola precavidamente sobre el sillón de terciopelo rojo.

Y se miró.

Pasó un par de minutos observando sus líneas de corporeidad. Notando que su complexión ya no solía ser tan delgada como lo era cuando tenía quince años, ahora era una mujer. Sus pechos, sus piernas y sus caderas eran proporcionales y eso transmitía cierto aire de belleza en un estado muy natural, además de la tenue luz de la vela combinada con la de la luna que se colaba entre las cortinas entreabiertas. Suspiró con confianza y tomó delicadamente el camisón para probárselo, comenzando por las largas mangas, el cuello y el pecho hasta dejarlo caer a la altura de sus caderas. Era la talla perfecta y podía sentir que parecía una Lady de la alta clase, sacándole una risita de su boca.

Sus ojos se encontraron con unos iguales en el espejo. Verdes con un tono profundo por la noche y con un poco de malicia que la incitaban a querer comenzar en aquél mismo instante, salir corriendo e intentar seducir al vampiro sin corazón al otro lado de la planta. Pero debía esperar, al menos hasta la mañana siguiente para planear todo mejor… incluso si de diera la oportunidad, improvisaría.

Tomó la vela en sus dedos y la llevó a su boca para soplar, esta se apagó y ella quedó a merced de la luna, que la dirigió a la cama para pasar su primera noche de sueño corrido y descansar como debía hacerlo desde que llegó a aquella inmensa casa.


Vengo reportandome con el capítulo dos. Me encantan juntos Sasuke y Sakura, me los imagino peleando y discutiendo por todo a lo largo del día pero con mucha pasión en ambos. Oh si... y no se preocupen, Hinata no se quedará atrás!
Espero lo disfruten y dejen review.

Que tengas buen día ;)

-AV-