Habíamos estado allí un par de horas, Gary había insistido que debíamos ir para mostrarnos al mundo, y qué mejor mundo que el de la piscina en donde nuestros grandes amigos se refrescaban juguetonamente. Él estaba sumergido en el agua mientras que ella estaba en el borde tomando sol, salpicándole agua con una mano en forma de coqueteo. Qué inmaduro, pero debo admitir que los observaba como si quisiera tomar su lugar. Recobré la compostura para luego masajear mis sienes adoloridas. Traía un dolor de cabeza intenso desde el desvelo de anoche, algo necesario, ya que fue la instancia en donde pude conocer un poco más a mi acompañante, cosa importante para llevar a cabo nuestra pequeña farsa.

Pronto, Gary notó mi leve malestar y se me acercó en busca de respuestas, se incorporó y se hincó frente a mi silla para observar mejor mi estado, mis ojos o lo que sea que estuviese mirando. Tomó mi mentón para asegurarse de que mi cabeza no saliera disparada ante la desesperación de no poder controlar un sonrojo notorio. Ya le había dicho con antelación mis extrañas reacciones ante ese tipo de contacto, aunque omitiendo el pequeño detalle de que con él era todo más intenso, pues claro, él es de esas personas que saben de todo para conseguir a otra persona del sexo opuesto. No acostumbro alimentar el ego, menos el suyo.

— ¿Te sientes bien? — preguntó él al fin, no podía contener mis ganas de cambiar el tema. Asentí levemente para luego bajar la vista y retomar el párrafo del libro que estaba leyendo antes de caer presa por la curiosidad de las risitas perfectas de los de la piscina. —Debe ser el sol que te tiene así. —él parecía querer seguir con el asunto y me sobresalté, jamás habría acordado hacer esto si hubiese sabido que iba a tener que estar expuesta a tanta presión. Siento que me frió con el rose del aire.

Gary se sacó sus gafas oscuras y me las puso a mí, torpemente, ya que no lograba hacer coincidirlas con mis orejas, pronto se quejó de que mi cabeza estaba completamente desalineada y de que no lograría colocarlas en su debido lugar, reí, ahora me empezaba a parecer simpático y con cada comentario que daba para no quedar mal me provocaba continuos ataques de risa.

En su boca se dibujó una sonrisa que pecaba de lo burlona y cerró sus ojos como felicitándose a si mismo y su desempeño. Dudé de lo que gatilló su reacción y decidí mirar a nuestros objetivos a la lejanía. May estaba observándonos como entretenida y le comentaba algo a Ash, quién se interesó enseguida del suceso y se disponía a salir de la piscina. Era extraordinario, con toda su actuación había logrado que la feliz pareja se volteara a vernos. –Y así es como se hace. Tienes suerte de estar con Gary Oak.

Se recostó sobre su silla mientras que reposaba su cabeza sobre ambos brazos, estaba totalmente satisfecho y yo no podía ocultar la sonrisa que apareció en mi rostro al sentirme acompañada en todo este asunto. Gary permaneció en silencio mientras que disfrutaba del sol que se posaba sobre nosotros, y caí nuevamente en la curiosidad, aprovechándome de la oscuridad de las gafas, jamás sabrían que los espiaba con el rabillo del ojo. Mi sorpresa fue grande cuando no los vi en su lugar y, con el pánico, pude ubicarlos otra vez dirigiéndose hacia nosotros.

—Gary, vienen para acá—susurré histérica claro que sin perder la compostura, me expresaba con movimientos suaves y delicados que no reflejaban ni una gota de desesperación.

—Lo sé, esa es la idea.

—Pero nunca dijiste que tendríamos que hablar con ellos.

—Y de qué otra forma planeabas refregarles nuestra felicidad. —reparó él, incorporándose nuevamente sobre su silla, tomándome esta vez de la mejilla, posando levemente su manos contra mi piel, sonrojándola. Me susurró algo que no puedo recordar con exactitud pero que al fin y al cabo querían decir que me tranquilizara. Al asegurarse que ambos estuviesen cerca, finalizó diciendo: —Realmente eres hermosa —y mi corazón dejó de latir por unos segundos, congelándome no sólo a mí, sino que a la pareja que habíamos estado espiando hace horas.

—Disculpen, no quisimos interrumpir. —dijo la castaña al estar a un lado de donde estábamos sentados, algo disminuida debo recalcar, puedo apostar que ella deseaba que alguien le dijera eso, si no lo habían hecho antes, y se imaginaba en mi lugar. Sonreí.

—No pasa nada. —dije de pronto, sentía como si mi sonrisa estuviese a punto de desbordar mi cara. Ash interrumpió enseguida, estaba envuelto en una toalla que absorbía el exceso de agua que traía a cuestas y que lo protegía del viento que podía erizar su piel.

— ¿Hace poco estaban acá? No los habíamos visto.

—Si—dije yo, pero escuché al unísono que Gary decía que no. ¿Qué era lo que estaba pasando? Es que acaso después de pasar toda la noche con él no parecíamos decidir bien lo que ambos queríamos. Lo miré dudosa y con la tentación de abrir la boca y escupir toda la verdad. Yo y Gary nos acabábamos de conocer.

—Lo que pasa —dijo él —, es que Misty se vino temprano a la piscina mientras que yo preferí dormir un rato más en el camarote. — respuesta asertiva, ya que según lo que vi, al moreno le saltó la duda del tipo de relación que llevaba con su antiguo rival y quiso preguntar, pero al no haber algo con qué preguntar sin ser totalmente indiscreto, prefirió callar. Dejándome a mi y a Gary totalmente satisfechos con lo que había sucedido.

— ¿Quieren almorzar con nosotros? — preguntó de pronto ella, sacando del apuro a Ash, realmente eran una pareja complementaria.

—Por su supuesto —dije yo, y no acabo de arrepentirme de lo que hice.

--

—No exageres, Misty —dijo él, estaba recostado a mi lado en mi cama, lo sé por que sentí cuando se echó algo disgustado. No quería más de esta farsa, mi cabeza estaba apunto de explotar por lo que me había colocado un trapo húmedo en mi frente, cosa que sacó de quicio al investigador. — ¿Sabes que es sólo ir a almorzar? Es fácil, cortas en pedacitos la comida y luego te la comes.

—Sabes perfectamente que no se trata de eso. —respondí yo, jamás había conocido a una persona tan irónica y tan entrometida como lo era él. Lo odio, lo odio, lo odio. Qué más quiere de mí, ya lo sabe todo sobre ésta humilde líder y servidora, y como es tan arrogante me entraban ganas de decirle que siguiera solo con esto, ya que al ser tan perfecto, podría jugar a ser la parejita del año solo. —Simplemente no tengo ganas de almorzar.

—Tú misma fuiste la que quiso almorzar con ellos, no me vengas con eso. —se levantó y se dirigió a la puerta, para luego abrirla continuando con la conversación. No habló amablemente. —Ahora, podrías hacerme el favor de salir, tenemos que comer.

— ¡No quiero! Entiéndelo.

— ¡Sal ahora! —gritó contrariado, cielos, no tiene paciencia. No imagino cómo trataría a sus hijos, cuando los tuviese. Quedé muda después de que el grito dejó de hacer eco en mi cabeza, me ofendí claramente, estaba dispuesta a comenzar a repartir gritos por todo el barco, pero algo detuvo a Gary. Juro que estaba horrorizado. —Ash, May. Qué por hacen acá.

—Sólo veníamos a buscarlos. Ya estaban retrasados. —dijo casi mudo Ash, estaba más que sorprendido. Me levanté de la cama y mecánicamente me dirigí a la puerta, no era para saludarlos ni nada por el estilo, estaba tan asustada que solo lo hice para cerrar la puerta y fingir que nada había ocurrido. Podríamos aparentar de que jamás habíamos hecho algo en el asunto e ignorarlos por lo que quedaba del trayecto. Estaba dispuesta a encerrarme en mi camarote hasta tocar tierra.

—Qué hiciste. —dijo el investigador por lo bajo, yo no podía estar más en blanco.

—Cerrar la puerta. —le respondí de la misma forma, me miró como si tuviera aire dentro de la cabeza y se quejó lastimeramente. Claro, yo le había regalado tiempo para pensar en algo y ni me lo agradecía. Ahora ¡Piensa! No eras tú el grandioso Gary Oak, demuéstralo y sé mejor que Ash. Quise decirle tantas cosas pero solo una salió de mis labios. —Estamos perdidos, nos descubrieron.

—No nos han descubierto, todas las parejas pelean. —dijo enojado, siendo él el de la culpa. Yo no abrí la puerta y estoy segura que no había nadie más al lado de ella. —Tenemos que salir. Fingir que nada pasó. —quise protestar, estaba harta de fingir cosas horribles, pero él abrió nuevamente la puerta, dejándolos a la vista. Estaban extrañados por nuestro comportamiento. Quién no. —Vamos. —dijo él, arrastrándome hacia la perdición, había rodeado mi cintura con uno de sus brazos con tal fuerza que no pude quedarme en la seguridad de mi camarote.

— ¿Anda algo mal? —preguntó tímida May, mientras nos seguían el paso con inseguridad. Con nuestra bipolaridad podríamos entregarnos a la demencia y comenzar a matar a todos los que moraban el barco. Eso creo que fue lo que leí una vez en un libro y creo que los ojos de May decían lo mismo.

—Nada mal, ¿No es cierto, Mist? —Gary me había acabado de dar un sobrenombre y besaba mi cabeza como tratando de aligerar el ambiente. No pude darle una mirada amorosa o algún abrazo, ninguna señal de cariño residía mi cuerpo, sería distinto si fingiese con otra persona. ¡Gary Oak me asfixia!

—Es cierto, Gar.

Durante el almuerzo, May había con conseguido obviar el incidente del camarote y había llevado una conversación amena con ambos hombres de la mesa. En su plato habían cosas totalmente calóricas, y me pregunté a mi misma por qué no tenía problemas de peso serios. Digo, por qué tenía que ser tan perfecta en lo que hace y todo el mundo parece ayudarle para conseguirlo. Por qué habla fluidamente con Gary y Ash al mismo tiempo, yo ni podía mirar al campeón a los ojos, sin decirte que con Oak no quería nada. ¡Lo odio! Qué podía hacer yo para deshacerme de él.

Podría hacerle una escena ahora mismo, diciéndole que terminábamos nuestra relación por alguna razón ridícula que hiriese su orgullo hasta el fin de los tiempos. Si, eso me hace sonreír, pero no soy tan malvada para hacerlo frente a su antiguo rival. Tengo compasión, así que tengo que pensar en alguna otra cosa Tampoco soy tan buena como para seguir siendo maltratada por su ego, por lo que decidí seguirle su juego, agregándole un par de reglas al asunto.

—Gar, amor, no comas tanto postre, sabes que te hincha. —le hice ojitos y volví a mi propio postre, sonreía mentalmente por mi pequeña victoria, sé muy bien que su rostro se endureció y pareció apretar con fuerza el tenedor. Estaba enfurecido, Ash había comenzado a reír por lo bajo y May había soltado el servicio en forma de amenaza para el campeón, se había formado una atmósfera muy tensa en la mesa como para que alguien se atreviera hasta respirar.

—Lo sé, amor, lo tengo en cuenta. —me miró intensamente, pude notar el odio que sentía por mí, era como si tratase de fulminarme con su poder mental. No me hizo ni cosquillas. Ahora eres patético, Oak. —Lo que me preocupa es la porción que estás comiendo, es demasiado grande para una persona con tu contextura. —esta vez, Ash soltó el servicio, ahora sé que todavía recuerda cómo soy realmente. Lo había soltado por la bomba que estaba apunto de estallar.

Respiré hondamente y tuve que recurrir al penoso método de ir contando números hasta que el peligro pasara. Perdí la cuenta en el dos, no podía aguantarlo.

—Gracias, Gar. —pero tampoco podía empezar a pelear. — ¿Qué sería yo sin ti? —le tomé la mano que descansaba a un lado de su plato, cubriéndola con la mía. En un principio, se extrañó pero luego cayó en cuenta de la madurez con la que había actuado después del desastre que ocasioné. Como pequeño descargo, deslicé a un lado el postre con dimensiones aparentemente inadecuadas para mí, y le sonreí.

Él me respondió, tomando mi mano y besándola tiernamente sin quitarme la vista, le dedicó un momento a May, quién sé que estallaba por dentro. Gar siempre supo cómo hacerme sentir mejor.

--

Me pasó el café mientras se sentaba a mi lado, habíamos vuelto al lugar en donde el plan se formuló por primera vez. Aquel maldito lugar. Pero la reacción civilizada que tuvo Gary en el almuerzo me había enternecido por lo que la farsa no me parecía horrorosa en este momento, sólo era fea. Jamás habían hecho algo así por mí, sé que sabe que el asunto es más por ella que por Ash. Cubrí con mis manos la taza de cartón para que ésta las hiciera entrar en calor, era una noche realmente fresca y estaba totalmente entumecida. Por otro lado, no sabía muy bien qué era lo que estaba haciendo él, estaba junto a mí y creo que me miraba fijamente. De esas miradas intensas que sólo consiguen llamar tu atención de forma forzada.

—Qué pasa. —pregunté tímidamente y él dejó a su café sobre en el asiento, abandonándolo ahí finalmente. Tomó una vez mis manos y comenzó a calentarlas él mismo, haciendo que mi duda creciera mucho más, qué conseguía él, o más bien, qué era lo que quería hacer. —Qué ocurre. —continué y él sólo soltó sonrió de la forma más dulce que un Oak podría jamás. Dijo algo de queme tranquilizara y se acercó para besarme los labios. Fue gentil, mordisqueándome levemente el labio inferior, sin llegar a babearme entera.

Abrí los ojos en unos momentos, estaba embelezada con él, no me cabía en la cabeza que fuese el mismo que me gritó en el camarote horas atrás. Quise decir algo, pero mi atención se desvió pronto a un espectador anónimo que había presenciado toda la escena. Era Ash, posiblemente Gary se había apresurado en llegar con los cafés para que su antiguo rival viese todo eso. Por ello había sido todo el apuro y Oak seguía siendo ese cerdo del camarote.

Me ofendí, todo pasó en una fracción de segundos y Ash había recién había caído en cuenta de que mis ojos azules estaban puestos en él. Se sobresaltó y yo simplemente chasqueé la lengua para escabullirme y partir en dirección al camarote.

No me importó para nada las disculpas que el campeón me ofreció ni tampoco lo que decía el investigador, sólo me pedía explicaciones del por qué actuaba de esa forma. Nadie supo qué era lo que me había molestado. Ash pensó que me sentí invadida con su presencia, falta de privacidad o algo por el estilo y Gary no lograba maquinar alguna respuesta a las preguntas que me hacía. Me siguió por todo el camino, a veces callado y otras gritando por mi indiferencia.

— ¡Qué te pasa! —gritó él, al momento que buscaba las llaves de mi habitación, estaba a mi lado recargado sobre la pared de madera. Algo exasperado, algo confundido. Creo que no sé qué responderle.

— ¡Me utilizaste! —respondí yo y el me miró como si viera a una estúpida. — ¡Sólo me querías para que Ash no pensara que eres un pobre inútil!

— ¡Y qué esperabas! En eso habíamos quedado ¿recuerdas, Mist? —volvió a normalizar la voz, pero sólo para que sus ojos no salieran eyectados con toda la exaltación que iba adquiriendo cada vez que gritaba. Además, todo quién pasaba por el pasillo se impresionaba de la capacidad de nuestros pulmones. Hacíamos el ridículo. —No puedo creer que te hayas enojado por un simple beso.

Finalizó y yo me quedé muda, no sabía como responder, así que simplemente le dediqué una mirada intensa con la que esperaba que reventara la cabeza con mis inexistentes poderes mentales. Él me respondió de la misma forma, y quedamos en silencio por mucho tiempo, hasta que llegó a una conclusión que le sacó una carcajada. Con una sonrisa autosuficiente me aniquiló y la curiosidad me mató.

—Qué.

—No puede ser. —siguió alimentando mi curiosidad para luego decir. —Te gusto. Es por eso que te ofendiste tanto cuando te besé por que Ash se acercaba. Lo siento, Mist, no era mi intensión.

Grité, no dije nada, sólo grité. Lo corrí del lugar en donde estaba apoyado y lo dejé afuera. Había liberado en la bestia que se encuentra en mí y pronto pude escuchar como él gritaba desde el otro lado de la puerta, diciendo lo usual, que estaba loca. Decidí que lo mejor era hacerlo de la primera vez que lo dejé afuera, esperar a que perdiera el interés y se iría solo, pero cuando su garganta se cansó, comenzó a golpearme la puerta con fuerza. Sentí que la echaría abajo, así que tuve que abrirla antes de que me hiciera pagar los destrozos.

— ¡Estúpido! Estás loco, demente ¿Cómo se te ocurre hacer eso? —le dije y él tenía la cara tensa. Creo que algo había pasado. May estaba viendo la escena desde su propia puerta.

—Déjame entrar.

—No lo creo. —estaba dispuesta a cerrar la puerta nuevamente ¡Al diablo con May!

—Por favor.

—Interesante, Gary Oak diciendo por favor. Pero no me convences, eres demasiado cínico, Oak—intenté cerrar nuevamente la puerta pero él me detuvo, poniendo un pié entremedio. Me cansé y lo miré con desgano, ya no quería seguir peleando. —No sé qué es lo que quieres, Oak.

—Entrar. —insistió y yo solté la perilla y me dirigí a la cama, estaba molesta, y si dejarlo entrar me dejaría en paz, mejor dentro que afuera. Él entró como desquiciado y cerró tras de sí inmediatamente. Recobró la compostura al verme sentaba al borde de la cama y resguardó sus manos en los bolsillos del pantalón. —Bien, Misty, creo que tenemos que hablar. El plan consistía en…

—Fingir ser una pareja feliz pero no lo estamos consiguiendo.

—Exacto, por eso tenemos que —se pausó un tanto y continuó. Estaba harta de todo eso —improvisar ahora que nadie entiende qué es lo que pasa. Tenemos que darles una razón, podría ser estrés por el trabajo, mi investigación se fue a la ruina —puse los ojos en blanco y él siguió hablando. —Y también tenemos que hacer que estés cómoda respecto a esto.

—Eso es imposible.

—Dejemos de fingir, sé que eso es lo que te molesta. —quedé muda y no pude ver la forma de cómo lograríamos esa gran hazaña, sin aparentar ser esa parejita siendo la parejita. Él pronto comprendió y se echó a reír. —Es simple. Déjate llevar.


Notita: No sé si los personajes quedaron OOC, hace mucho tiempo vi la serie y tengo la noción que los fics me entregan. No sé en qué momento me gustó el Egoshipping pero me fascina y creo que la ficción es la responsable. Lo de May, me ofendí cuando la vi por primera vez, tomó de rehén el argumento de Misty y la reemplazó. Es por eso que la pongo de antagonista, pero más tarde supe que la reemplazaron a ella tambien. Pokemon debió terminar hace mucho... Eso, gracias a todos los que llegaron hasta aquí, y en especial a Jazz Blaz, E.s.k, Ragdoll Physics, rei kon 6665 y las Haddies