Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pertenecen a Sir Arthur Conan Doley y a la BBC, los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro. Es puro entretenimiento.
Resumen: Sherlock Holmes es un reconocido cazador de brujas, vampiros, hombres lobos y demás, el cual junto con su asistente y amiga Molly Hooper, recorren toda Inglaterra buscando algún caso que le atraiga lo suficiente como para tomarlo. Un día, en medio de una cacería, se consiguen con este hombre lobo al cual deciden "adoptar". Fantasía AU. Johnlock. Esta historia participa en el Baker Slash Fest 2015.
N/A: Esta historia participa en el Baker Slash Fest 2015.
Beta: Lady Amoran :D
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Capitulo 2
—John… ¡No!— el grito desesperado de Sherlock retumbó por las paredes de aquel edificio abandonado. No era la primera vez que ocurría, y para Sherlock siempre era doloroso ver aquel brillo en los ojos de John, ese que le indicaba que todo comenzaba, que ya no se podía controlar, que el lobo que tenía dentro salía una vez más para protegerlo.
Los días se habían convertido en semanas desde el día en el que John aceptó quedarse con ellos. Habían recorrido todo el norte de Inglaterra, detrás la más mínima pista que les condujera hasta aquel ser. Tomaron una habitación de hotel en la ciudad de Carlisle que se transformó poco a poco en un verdadero centro de operaciones; cada nuevo dato disponible acababa en la pared, formando un extraño entrelazado que solo Sherlock era capaz de descifrar.
Sherlock hizo de la búsqueda de John la suya propia.
Molly nunca estuvo convencida de que aquella asociación fuera conveniente para ellos, pero había algo distinto en como Sherlock miraba a John, algo que ella no había visto en su compañero en todos los años que lo conocía. Cualquiera podía ver la complicidad que estaba naciendo entre ambos. Y las risas, jamás pensó en escuchar a Sherlock reírse de aquella manera, era maravilloso poder a su amigo reír sin restricción, parecía… feliz.
Molly no podía poner el más mínimo impedimento en ello, pese a quedar relegada a la pura investigación en la mayoría de casos que actualmente resolvían.
John se había ganado la confianza de ambos. Había resultado de gran ayuda en cada uno de los casos en los que se toparon en su búsqueda, con su gran capacidad de olfato era capaz de distinguir a cualquier ente antinatural, pese a estar a metros de distancia.
Pero no fue así en aquella ocasión. Ante él, John se transformaba en lobo una vez más, por su culpa. Aquel espectro había sido mucho más complicado de localizar que cualquier otra criatura. Los asesinatos se habían contado por decenas en aquella zona de North West, cercana al condado de Cumbria. Y pese a todos los datos que tenían, nada les había preparado para aquella estupidez.
Sherlock había manipulado a John para que en aquella ocasión no lo acompañara, era increíble la concepción del bien y el mal que tenía, para no ser humano. Nunca lo apoyaba en los casos en los que tuviera que infringir una pequeña ley, como la de la propiedad, y aquello era algo totalmente necesario en su trabajo. Se suponía que iba a ser algo rápido, entraría a la morgue, tomaría unos papeles que no les había permitido ver en la mañana y en menos de una hora se reunirían en la cafetería del centro.
Sherlock había entrado con facilidad, demasiada tal vez, y no fue hasta que tuvo aquellos papeles en la mano, que la certeza de una trampa se cernió sobre él. Aquello solo podía ser obra de un espectro, que podría ser cualquiera a sus ojos y únicamente el reflejo de su imagen podría darle la evidencia de quien era.
Un pequeño ruido a su espalda le hizo alzar los ojos justo a tiempo de ver el reflejo de su atacante en la superficie plateada de una lámpara cercana, estaba perdido… mientras caía en la inconsciencia solo podía pensar en que había fallado a John, le había fallado…
John lo había buscando por todas partes; desde el momento en que no apareció en la cafetería, ni contestaba al móvil, supo que algo iba mal. Su rastro inconfundible le llevó hasta la puerta del hospital, aquel idiota había ido allí sin él, había actuado a sus espaldas una vez más y ahora seguramente estaba en grave peligro.
John apenas si podía contenerse, todo su ser vibraba, incapaz de controlar su respiración mientras corría por aquel pueblo siguiendo el rastro de Sherlock, cada vez más fuerte, cada vez más cercano… tenía que llegar a tiempo, no podía perderlo.
Atravesó sin dificultad la enorme puerta de la entrada, y al hacerlo todos sus sentidos se alteraron, allí estaba Sherlock, pero no solo, un ser extraño estaba a su alrededor, algo sin aroma, algo no vivo… corrió hacia ellos, con la mirada fija en Sherlock, mientras todo su cuerpo cambiaba. Emitió un gran rugido, lleno de ira, que invadió la estancia haciendo que los latidos de Sherlock se aceleraran, él podía escucharlos claramente, sabía que sufría viéndolo transformarse pero John no lo podía evitar, Sherlock estaba en peligro.
Aquella criatura quedó hecha pedazos, los trozos de su cuerpo esparcidos por toda la estancia mientras el animal seguía profiriendo rugidos de ira y algo parecido al dolor.
—John… — la voz de Sherlock era apenas audible, aquel ser se había alimentado de su fuerza vital y ahora se arrastraba en dirección al enorme animal—. John para…ya está. Estoy bien… — pero el enorme lobo blanco continuaba destrozando lo poco que quedaba de aquel ser—. ¡John, mírame!
Sherlock se había acercado lo suficiente para alcanzar la cabeza del enorme animal y girarlo hacia él. No le tenía miedo, sabía que a él jamás lo dañaría. El lobo se dejó girar en su dirección y Sherlock pudo mirar directamente a los ojos de John, a esos de un color azul intenso, le pasó las manos por el cuello, acariciándolo mientras no paraba de murmurar "estoy bien, John… estoy bien… estoy bien".
John consiguió calmarse mirando aquellos ojos aguamarina, su cuerpo dejó de vibrar par comenzar a temblar entre los brazos de Sherlock, quedando tendido a su lado. En cuanto John tomó su apariencia humana, Sherlock lo atrajo a sí, envolviéndolo en su abrigo en un abrazo protector, mientras le susurraba una y otra vez "estamos bien…"
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Tras meses de investigación, de entrelazar el más mínimo indicio, consiguieron esclarecer quien estaba en el centro de la tela de araña. El duque de Northumberland. Era un ser centenario, uno que no conforme con alimentarse de sangre de humanos, encontraba satisfacción en la de seres especiales, como si se tratara de un buen vino. Una cosecha selecta que únicamente alguien como él era capaz de conseguir. Tenía un verdadero imperio a su alrededor, con seguidores por toda Inglaterra.
Era misión imposible introducirse en aquel castillo y salir con vida. Si iban a hacer aquello, tendrían que buscar otra manera.
Sherlock se centró en el estudio de su conducta, encontrando un patrón que podrían utilizar en su beneficio, cada tres meses acudía al este del condado de Norfolck. Apenas sin escolta y permanecía allí exactamente tres días. No sabían la naturaleza de aquella pauta, pero existía y la aprovecharían para acabar con él responsable del dolor de su amigo.
Sorpresa y repugnancia invadió sus almas al visualizar lo que ocurría en aquel local, humanos y criaturas de toda índole maniatados a las paredes, completamente desnudos. Agonizantes. Presentaban mordidas por todas partes, pero claramente centradas en zonas erógenas, como si los hubieran mordido mientras tomaban sus cuerpos.
Aquella visión casi provoca que John se transformara inmediatamente, su hermana había desaparecido, y estaba seguro de que allí terminó su vida, como carnaza, ultrajada y devorada lentamente.
Tuvo que alejarse un momento, necesitaba respirar algo que no fuera sudor y sangre para calmarse, ya notaba como su cuerpo vibraba cuando unos brazos lo rodearon. Sherlock había descubierto con el paso del tiempo, que su olor tranquilizaba a John hasta el punto de evitar su transformación. Pasó una mano por la cabeza de su compañero y lo acercó a la curvatura de su cuello dejando que su aroma le apaciguara el alma, y en cuanto John pudo reaccionar permaneció mirándole a los ojos, rogándole porque no entrara ahí. Jamás se perdonaría que saliera dañado por su culpa, por una lucha que no era la suya.
—Ni lo digas John, no vas a evitar que entre.
Momentos después ambos entraban puñal en mano, eran apenas unas diez criaturas las que conformaban la escolta de aquel repugnante ser esos días. Y aunque fueran centenarias, y por lo tanto, poderosas. No fueron rival para los cazadores.
John había conseguido acabar con ellas, sin transformarse, hasta que atravesaron la última de las estancias, la que daba acceso al aposento principal de la villa, y en donde lo encontraron, ebrio del sabor de sus capturas, gozando de una de ellas en aquel preciso instante, ni los gritos agonizantes de sus escoltas habían conseguido que cesara en ello…como si la adicción que sentía fuera más grande que su propia existencia.
—John, ¡no! —el grito de Sherlock no pudo evitar que ocurriera, John se transformó por la ira, la repugnancia y el dolor que aquel ser le causaba, el mismo que no fue consciente del momento en que aquel hermoso animal acababa con su vida, arrancándole la cabeza, tan absorto como estaba en deleitarse en el sabor de su víctima.
Y por una vez desde que se asociaron, Sherlock no intentó pararlo, no intentó apaciguarlo. Dejó que su amigo dejara salir de él todo su dolor. Sherlock esperó fuera paciente mientras llegaban a él aullidos de lamentos y gruñidos de dolor…
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Sin ser conscientes del paso del tiempo, los meses se transformaron en años. Años de cacerías en las que sin que Sherlock pudiera evitarlo John había adoptado su forma de lobo en demasiadas ocasiones. Y aquello pasó una factura, la que Sherlock había temido desde un principio, John comenzó a tomar la forma de aquel hermoso lobo con más asiduidad. Al principio solo fue durante unas horas en las que era incapaz de mantener su forma humana, acudía al bosque y regresaba después.
Sherlock lo miraba, cuando pensaba que nadie se daba cuenta, lo observaba y analizaba, intentando retener en su mente cada uno de los detalles de su rostro, para poder recordarlo a la perfección el día en que ya no pudiera verlo más.
Molly podía ver en él el miedo a la perdida, y la desesperación. Jamás pensó en que aquello ocurriría. En que el corazón de su compañero estuviera sufriendo de aquella manera.
—Deberías decírselo—Sherlock la miró con aquellos ojos tristes— Deberías aprovechar cada minuto que te queda a su lado y no esperar hasta que ya sea tarde, ¿qué puedes perder?
—A John.
— ¡Ya lo estás perdiendo Sherlock!—una pequeña lágrima descendió por su anguloso rostro como única respuesta— ¿por qué crees que John sigue con nosotros? Hace meses que matamos a aquella sanguijuela—Molly estaba al borde de las lágrimas— ¿qué le retiene aquí? ¿por qué cada día regresa Sherlock? ¿por qué cada uno sus minutos de humano los pasa contigo?
Sherlock sabía que Molly tenía razón, estaba perdiendo a John y no podía hacer nada por evitarlo, y eso estaba acabando con él.
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N/A: Solo falta uno más… Ya saben esta es mi aportación al Baker Slash Fest 2015.
¡Lean, comenten y disfruten!
Besos Lord.
