hola chicas(os) gracias por su apoyo... por las demas historias no las he podido actualizar ya que ff no me lo permite y estoy tratando de ver que es lo que sucede :( bueno sin mas espero que les guste el cap. besos.
les recuerdo que lastimosamente no soy dueña de criminal minds ni de ninguno de sus personajes( claro excepto los creados por mi loca cabeza)
Capítulo 2
Lizzie POV
—Lizzie —escuché un grito que provenía de la pelinegra agente Prentiss.
¿Qué? —pregunté, realmente no entendía por qué grito.
—No puedes quitarte esas vendas —me dijo el agente Morgan con suma preocupación en su rostro.
—Lizzie —escuché una voz llamarme, deje de ver al agente Morgan encontrándome con dos bellas esmeraldas que pertenecían al angelito viéndome. —Por favor, no te quites las vendas —me pidió.
—Pero son muy incomodas —le dije viendo sus ojos.
—Por favor, es por tu bien —me suplicó viendo directo a mis ojos.
—Con una condición —le dije mordiendo mi labio inferior, a lo cual el asintió ¿cuál es tu nombre angelito? —le pregunté y un leve sonrojo apareció en su rostro.
—Dr. Spencer Reid,… quiero decir, Spencer.. Reid,… no debes decirme doctor —me dijo tartamudeando.
—Mucho gusto Dr. Spencer Reid…. —Reid ¿dónde he escuchado ese nombre?… —Diana Reid —dije sin pensar y él me quedo viendo extrañado.
—¿Conoces a mi madre? —me preguntó sorprendido.
—Sí, bueno, la última vez que la vi tenía tres años —le dije recordando aquella bella rubia que me contaba cuentos y leía poemas.— Ella me leía poemas, y me contaba cuentos, era una gran amiga de mi madre —le dije y una triste sonrisa apareció en sus labios.
¿Lizzie? —escuché una inconfundible voz llamándome.
Desvié la mirada para ver a mi mejor amigo Edward Delko, con su traje implacablemente blanco y una gabacha con su nombre bordado en él. Me quede contemplando a mi amigo, quien era muy blanco, de cabello cobrizo y de ojos color miel y muy inteligente.
—¿Qué tienes? —me preguntó acercándose a mi.— Reporte de los daños —me dijo sonando como un coronel.
Comencé a examinar mi cuerpo antes de contestar.
—Mmm, pues, al parecer unas veinte puñaladas en todo mi pecho, estomago, una leve contusión y una costilla rota, Teniente Eddie —dije tocando mi costado y con la otra haciendo un saludo militar y el siguiéndome el juego copió mi saludo.
—Y ¿por qué tienes la mitad de tus vendas en el suelo? —me preguntó muy serio.
—Sabes que detesto las vendas, son muy incomodas —le dije agachándome para recogerlas, pero en el instante que lo hice el agente Morgan las había recogido y Hotch me trataba de ayudar a levantarme con mucho cuidado.
—¿Estás bien? —me preguntó Hotch con una genuina preocupación
—No se preocupen que a ella no le duele —le contestó Delko.
—Veinte puñaladas, una contusión y una costilla rota ¿y dice que no le duele? —le preguntó Rossi.
¿David Rossi? —le preguntó mi amigo.— Soy un gran fan suyo —le dijo muy sonriente.
—Jajaja, ve por tus libros Eddie —le dije al ver lo emocionado que estaba— agentes él es el Dr. Edward Delko, él les dirá que me encuentro bien y que puedo irme de aquí —dije cruzando mis manos por mi pecho.
—Mucho gusto Dr. Delko, soy Jennifer Jareau, y ellos son Emily Prentiss, Aaron Hotchner, Derek Morgan, David Rossi y el Dr. Spencer Reid —dijo señalándolos en orden.
—¿Doctor? ¿Cuántos años tienes? —le preguntó asombrado Delko a Reid.
—Veinticuatro años —le contestó.
Así que el angelito era un año mayor que mí.
—Veinticuatro años ¿y eres doctor? —volvió a preguntar.
—Sí, tengo un coeficiente intelectual de 187, puedo leer 20000 palabras por minuto, y poseo memoria eidética —le explicó este.
—¡Vaya! Jamás pensé en conocer otro cerebrito como tú —me dijo sonriéndome y dándome un codazo.
Vi como todos me quedaron viendo muy sorprendidos ante su tacto tan brusco conmigo.
—Apresúrate que ya me quiero ir —le dije rodando mis ojos ante su burlona sonrisa.
—Esta bien, no te desesperes Lizzie —me dijo viéndome para luego voltear a ver a todos— Agentes, la señorita aquí presente —dijo señalándome— se encuentra perfectamente, y puede irse cuando ella lo decida. ¿Contenta? —me preguntó.
—No entiendo, estuvo al borde de la muerte ¿y ya puede irse? —dijo JJ— no tiene ni media hora de haber salido de cirugía.
Deje salir un gran suspiro antes de hablar.
—Lo que quiere decir mi inepto compañero aquí presente —dije señalándolo a lo cual este se lanzó a reír a carcajadas— cállate Delko —dije pegándole un codazo.— Estoy muy bien, no tengo ningún dolor —les dije para verlos muy confundidos— tengo una enfermedad llamada Insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis o CIPA, mejor dicho, soy inmune al dolor —les expliqué.
Todos me quedaron viendo muy sorprendidos ante mi revelación.
—¿Nada de dolor? —me preguntó JJ.
—No, nada de dolor, ni frio, ni mucho menos calor —le expliqué con una sonrisa.
—Sí, esta niña es muy especial, ya que es la quinta persona en el mundo con esta enfermedad, además que tiene un coeficiente intelectual de 186, puede leer muy rápido, memoria fotográfica y tiene dos especialidades con sus doctorados en el ámbito de la salu… Auch. —se quejó agarrándose el estómago.— ¿Por qué fue eso? —me preguntó muy molesto.
—Nadie te dijo que le dijeras a ellos mi vida —le recriminé fulminándolo con la mirada.
—Así que también eres una genio —dijo David Rossi— vaya, quien lo diría, dos genios en una misma habitación —dijo sonriendo.
—Bien, si eso es todo, con su permiso —dije intentando salir de la habitación.
—Lizzie- me llamo el agente Hotch —lo siento pero debe de responder unas preguntas, además que se le asignara custodia —me dijo seriamente.
—Según tengo entendido, puedo salir de aquí cuando yo quiera y segundo, es mi derecho si quiero o no responder a sus preguntas y tercero no quiero custodia —dije muy molesta.
—Lizzie compórtate —me regaño Delko.— Lo hacen por tu seguridad —me dijo seriamente.
—Yo sé cuidarme sola, y no me regañes o te despido —le dije muy seriamente.
—No te atreverías —me amenazó.
—Delko, ¿crees que por ser mi mejor amigo no te puedo despedir? —le pregunté.— Te recuerdo que también soy tu jefa.
—Y yo te recuerdo que soy el director del hospital y gran amigo de tus padres. —me amenazó con una sonrisa burlona.
—Y yo te recuerdo que soy la dueña del hospital —le dije sonriéndole.
—¿Eres la dueña del hospital? —preguntó una chica que vestía multicolor la cual su voz sonó como Garcia en el teléfono de JJ.
—Sí, Garcia —le respondí con mi más sincera sonrisa.— y volviendo a sus preguntas, las responderé con mucho gusto en mi casa —dije sacando de mi cartera, la cual gracias a Dios había traído, una tarjeta con mi dirección en ella.
Vi cómo se quedaban viendo entre ellos.
—Lizzie, lamento decirle que su casa es ahora una escena del crimen y esta clausurada. —me informó Rossi.
sugerencias, criticas o comentarios haganmelos saber.
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