Capítulo 2.
Hidan's POV.
Los rayos del sol entraron por la gran ventana de mi habitación haciendo que estos penetraran directamente hacia mi rostro haciéndome despertar casi inmediatamente. Con pesadez abrí mis ojos, realmente había dormido de maravilla como para querer despertarme, no recordaba lo cómoda que era mi cama. Reí para mis adentros, en serio se sentía bien estar de vuelta.
De un salto me paré de la cama y tomé mi toalla de baño de un perchero que tengo cerca de la puerta, hoy iba a ser un día ajetreado y lo mejor era comenzar desde temprano. Miré el reloj de la mesa de noche, señalaban las 6:32AM, ¿debería despertar al cerezo tan pronto? Mejor no, no se pone de buen humor si la despiertan tan temprano.
Entré al baño sin prisa, con pasos algo lentos, abrí el grifo de la tina para que el agua caliente llenara la bañera, quería un baño relajante, aún me siento algo cansado de toda la limpieza que hicimos ayer. Entré a la bañera y creó que demoré alrededor de treinta minutos ahí adentro pues al mirar mis manos, mi piel se encontraba ya algo arrugada.
Salí de la bañera y me puse la toalla en la cintura para tapar mi masculinidad, no fuere a ser que la otra entre al cuarto y me vea así. Al salir del baño fui a buscar algo de ropa, ¿qué debería ponerme? Quizá unos jeans negros ya algo gastados y una camisa roja sean la mejor opción.
Me vestí y salí del cuarto. Me quedé mirando fijamente la puerta del cuarto de mi pequeña hermana, en un impulso terminé por asomarme a la puerta a ver si aún estaba dormida. Entreabrí un poco la puerta lentamente intentando hacer el menor ruido posible y la vi ahí, profundamente dormida en la cama, sería un delito despertarla. Además se le ve muy feliz, hace rato que no dormía con una sonrisa en sus labios.
Recorrí su habitación con la mirada buscando un reloj y encontré uno digital guindado sobre la pared, 7:14AM. La vendré a despertar en un rato, bajaré a hacer el desayuno primero.
Bajé las escaleras principales con algo de prisa, se estaba haciendo algo tarde, a las ocho ya debemos salir, planeo llevarla de compras, a recorrer nuevamente la ciudad y debemos volver a inscribirnos en la secundaria. Entré a la cocina y abrí el refrigerado.
— Creo que también debemos ir al súper mercado, no podremos vivir de los pocos alimentos que trajimos de nuestro viaje. — solté una risa divertida mientras tomaba el paquete de panqueques y el bote de jugo de naranja.
— Quizá algo de café estaría bien, después de todo, es nuestra parte del desayuno favorito. — dije mientras sacaba la cafetera de la alacena y tomaba un envase que contenía granos de café en polvo.
Preparé panqueques, huevos fritos y tocinetas, con jugo de naranja y dos tazas de café expresso. De seguro le encantará, es muy amante de los desayunos americanizados, lo mejor será subir a despertarla, para que pueda desayunar y arreglarse antes de que sean pasadas las ocho.
Subí nuevamente hasta su cuarto y di toques en la puerta con delicadeza mientras me asomaba un poco a ver si me escucha, pero mis intentos fueron en vano, duerme como un oso en hibernación. Entré a su cuarto con pasos suaves sin hacer ruido hasta llegar a un costado de su cama.
— Cerezo, vamos, levántate, el desayuno está listo. —
Subió unas de sus manos para frotarse los ojos mientras despertaba, se ve extremadamente tierna cuando despierta así, siempre me ha parecido una pequeña gatita por este tipo de cosas. Abrió los ojos completamente de un tiro y una sonrisa si dibujó en sus labios cuando volteó a verme.
— ¿Qué hiciste de desayuno?
Sus ojos brillaban, llenos de vida, de ánimo y emoción. Realmente me agrada verla así.
— Panqueques, huevos fritos y tocinetas. Con juga de naranja y tu amado café expresso.
— ¡Que ricura!
De un saltó se paró de la cama y salió corriendo del cuarto cuan chiquilla en navidad al correr hacia el pino para poder abrir sus regalos. Bajé las escaleras nuevamente y entré a la cocina. Ya estaba sentada en el desayunador con su tenedor y cuchillo en mano, también había buscado el jarabe de miel de maple para echarle a su desayuno.
Sonreí y tomé un plato para servirnos, busqué dos copas para poder servir ahí el jugo. Terminé de servir y puse los dos platos y las dos copas en la mesa, me senté al lado de ella y esperé a que diera el primer bocado, quería ver su reacción y saber si le gustaba.
— ¡Delicioso!
Puso las manos en sus mejillas como sintiendo como los sabores explotaban en su paladar.
Seguimos desayunando. Ella repitió el huevo y las tocinetas, era adicta a comer esas cosas, y normalmente no se lo permito, pero hoy, no sé, no soy capaz de negarle las cosas. Entre risas y algunas bromas mientras la molestaba que le estaban saliendo arrugas, a lo que ella respondió con un puchero. Que gracioso y divertido era hacerla enojar.
— Vete a duchar, debemos salir pronto. Yo fregaré esto. — le dije mientras tomaba los platos y los ponía en el lavaplatos.
— Está bien, volveré en menos de lo que canta un gallo.
Subió corriendo, solo escuché cuando cerró la puerta de su cuarto. Comencé a fregar los platos y las copas terminando unos siete minutos después.
Fin del Hidan's POV.
Se volvía a duchar con agua fría, quería tomar un baño en la tina con agua caliente, pero aún el sueño se estaba apoderando de ella y debía estar despierta y llena de ánimos para hoy, aunque ese café le dio algo de energía así que agradecía a Dios por haberle dado la idea a su hermano de preparar ese estilo de café.
Salió de la ducha rápido y se envolvió en la toalla mientras salía del cuarto de baño y se dirigía directamente a su closet.
Sacó unos jeans azules bastante ajustados y con basta de pitillo y una camisa de esas un tanto transparentes que están tan de moda en color crema. Pasó a una de las gavetas para sacar ropa interior de color blando para que no se viera tan atrevido con algún color chillón.
Se vistió a la velocidad de la luz, no quería que su hermano se molestara con ella por tardar una eternidad en arreglarse. Se sentó en el tocador y tomó un cepillo para comenzar a cepillar su cabello, se ató una trenza de fishtail, le encantaba peinarse así.
Regresó corriendo al baño para cepillarse los dientes y volvió a salir hacia el tocador al terminar. Tomó un gloss rosadito y lo aplicó en sus labios para darles algo de brillo. Se delineó los ojos y pasó el rímel por sus largas pestañas.
Terminó y tomó una mochila de cuero marrón. Metió su celular, su cartera (que aunque no tuviese nada de dinero, igual la cargaba consigo) y su gloss para poder retocar sus labios al sentirlos secos.
Salió del cuarto, cerró la puerta y bajo corriendo las escaleras para encontrar a su hermano en la puerta principal esperándola.
— Perdón por tardar. — dijo con pena mirando a su hermano.
— No tardaste mucho. De hecho, es la primera vez que terminas en 15 minutos. Nuevo record. — se burló a lo que su hermana respondió dándole un zape en la frente, molesta. Y el solo rió.
— Tonto.
— Mueve, vámonos.
Cerraron la puerta y salieron por el portón, caminaron por la acera hasta llegar a una parada, que para su suerte estaba vacía. Sakura extendió su mano al ver un taxi a lo lejos. Este se detuvo y ambos hermanos subieron a aquel transporta amarillo.
— A la universidad Todai, por favor. — Habló el mayor sorprendiendo al taxista, quien los miró por el retrovisor con los ojos abiertos de par en par.
— Han de ser muy inteligentes para lograr entrar.
La peli rosa dejó escapar una pequeña sonrisa llena de orgullo. No le gustaba hacer alarde de sus logros, pero se sentía bien de saber que ambos, tanto su hermano como ella habían logrado pasar el examen.
Ninguno de los dos respondió al comentario del chofer, solo se miraron con sonrisas complices y luego cada uno regresó a sus pensamientos.
Después de unos minutos llegaron a la universidad, ¡era enorme! O al menos eso pensó la menor al ver el gran edificio. Vivió toda su infancia en este lugar y había oído hablar sobre aquel lugar, pero jamás estuvo tan cerca de él como ahora.
Caminaron hasta la entrada y se detuvieron antes de dar el último paso para entrar, aunque ninguno dijera nada, estaban nerviosos, hace mucho que no sabían cómo era socializarse con más personas que no fuesen ellos. Ella suspiró y respiró hondo y comenzó a caminar nuevamente a lo que su hermano la siguió.
Recorrían los pasillos a pasos elegantes, todos los estudiantes dentro de la facultad los observaba.
— Son como ángeles, hermosos. — se escuchó una voz femenina en un susurro.
— Parecen de la realeza. — susurró otro.
— Me parecen conocidos de algún lado. — dijeron unas jóvenes en su grupo de amigas.
Suspiraron cansados, odiaban que hablasen de ellos a sus espaldas, pero ni modo, no podían hacer nada. Con resignación al no encontrar la oficia para las inscripciones, la chica de ojos jade decidió preguntarle a algún estudiante para que pudiesen guiarse.
Se acercó a un joven de cabellos naranjas, con perforaciones en su rostro y un aura bastante pesada a su alrededor. Con su dedo índice tocó el hombro del muchacho logrando captar la atención de este que se dio vuelta para mirarla.
— ¿Quién eres? — preguntó con voz fría.
— Vaya, que humor. — dijo sarcástica con una sonrisa ladina. — ¿Podrías decirme donde podemos inscribirnos?
— En la oficina principal — rió con burla.
Lo miró mal, ¿cómo se atrevía a hablarle así? Suspiró en un intento de controlar sus impulsos de propinarle un golpe. Miró a otro de los chicos que se encontraban ahí. Dirigió la mirada a un peli rojo con semblante algo serio, pero se veía mucho más amigable que el anterior.
— Está al final de ese pasillo.
— Gracias. — le guiñó el ojo haciendo que el aludido se sonrojara levemente mientras se daba la vuelta para volver con su hermano que la esperaba recostado a una pared.
— Espera. — Habló un rubio de cabellera larga y una coleta haciendo que la chica parara en seco haciendo que esta volteara a verlo con una sonrisa.
— ¿Sí?
— Tu nombre. ¿Cómo te llamas?
— Sakura Haruno.
Le dedicó una última sonrisa y dio media vuelta para volver con su hermano para decirle la ubicación de la oficina y empezando a caminar nuevamente con pasos más rápidos, se les estaba haciendo tarde.
— Es muy hermosa, ¿no creen? — habló el rubio dirigiéndose a sus amigos con una sonrisa pícara.
— Deidara, no tendrías oportunidad con ella. Está fuera de tu alcance. — escupieron al unísono un pelinegro y aquel peli rojo que había cruzado palabras con ella.
— Itachi, Sasori… Ya cállense.
Aún caminaban por el pasillo, no era posible que ese pasillo fuese tan largo. Al llegar se detuvieron en seco frente a la puerta que anunciaba en grande "Oficinas de Inscripciones". El mayor abrió la puerta dejando que su hermana menor entrara primero y se encontraron con lo que parecía una secretaria con una señora algo mayor sentada detrás de un mostrador. Estaba tan concentrada frente al computador que ni siquiera se dio cuenta de la presencia de los jóvenes.
Hidan aclaró su garganta para llamar la atención de la anciana haciendo que esta alzara la mirada sobre sus grandes, redondos y anticuados anteojos.
— ¿Qué desean? — habló con pesadez la señora.
— Para inscribirnos, ya hemos presentado los exámenes de admisión y pues ya. Solo nos falta apuntarnos para comenzar las clases. — dijo el peli gris en tono amable mirando a la señora fijamente.
— ¿Nombres?
— Hidan y Sakura Haruno.
— ¡Oh! Ustedes son los Haruno, los estábamos esperando. Pensamos que no vendrían. Inmediatamente los pasaré al despacho de la rectora.
Firmó en unos papeles que según pensaron, eran los permisos para terminar la inscripción. Al terminar de escribir tomó el teléfono que tenía a un lado y marcó a marcación rápida.
— Lady Tsunade, los Haruno ya están acá.
Unos segundos después ya estaba colgando la llamada, miró a los hermanos y les sonrió amablemente volviendo a su trabajo frente al computador.
Escucharon como alguien abría una puerta más grande al final de la secretaria y dirigieron su mirada esperando a ver quién salía. Una mujer pelinegra, de unos veinte años de edad se asomó a la puerta y miró a los jóvenes que estaban de pie en medio de la secretaria.
— Lady Tsunade ya los atenderá, pasen, por favor.
Los jóvenes solo asintieron con la cabeza y caminaron mientras pasaban atreves de la gran puerta con diseños propios del siglo XVIII. La oficina detrás de esa gran puerta era sumamente grande comparada con la sala en la que estaban hacen unos segundos. La joven les ofreció té, a lo que ellos aceptaron gustosos y luego de darles sus tazas con té de canela les dijo que se sentaran en unas bancas frente al escritorio donde estaba una mujer rubia sentada leyendo unos escritos.
— Bienvenidos a Todai. — habló la rubia mientras bajaba los documentos que tenía en mano y posaba su mentón sobre las palmas de sus manos. — ¿Ustedes son los Haruno, verdad? — Cuestionó a lo que los hermanos solo respondieron con movimiento vertical de sus cabezas.
La mujer volvió a mirar los papeles nuevamente, por lo que pudieron ver, eran sus datos y los resultados de sus exámenes.
— Llegaron tres días después del inicio de las clases, por lo que no debería aceptar su inscripción. — volvió a pronunciar la rubia de escote pronunciado dejando frio a los hermanos. — Pero con las notas que sacaron en sus exámenes, no puedo perder la oportunidad de tener estudiantes tan bien dotados como parte de nuestro alumnado.
Al oír eso ambos sonrieron aliviados, tenían miedo de que no los aceptaran por su retraso. Tonto clima de Inglaterra que no permite vuelos y que los retrasó día y medio y casi hace que pierdan su oportunidad de volver a los estudios.
— Comenzaran mañana mismo. Ya pueden retirarse.
Dijo la mujer mientras le pasaba una lista con lo que necesitarían comprar. Pasaron la mirada de reojo y no vieron muchas cosas, sólo algunos libros y uno que otro material para las prácticas.
Ambos se despidieron y salieron de la oficina, se despidieron amablemente de la secretaria y salieron nuevamente al pasillo. Al menos recordaban por donde habían venido y no se perderían como al comienzo. Se cruzaron con el grupo de muchachos que habían hablado con Sakura hace un rato a lo que ella de despidió con un delicado movimiento de mano y una sonrisa causando sonrojes leves en el rubio, el peli rojo y el azabache.
Luego de unos minutos ya estaban nuevamente en una parada esperando un taxi para seguir con sus planes del día. Aún faltaba ir de compras, comprar las cosas para mañana y pasar al súper mercado para comprar comida y chucherías.
— ¿Y qué te pareció la universidad? ¿Estás emocionada?
— Es muy linda y su diseño es interesante, así que supongo que la gente también lo será. Y sí, creo que estoy algo emocionada.
Siguieron hablando durante un rato sobre sus planes dentro de la universidad. Él le comentó sobre conseguir un trabajo de medio tiempo para ganar más dinero a lo que ella sólo respondió que si él trabajaba, ella también lo haría. Su hermano suspiró con resignación ante su declaración, no iba a ganar una discusión con ella.
Llegaron a la plaza y compraron muchísimas prendas, ella era una adicta a las compras y ya llevaba unos 6 bolsos de diferentes tiendas. Decidieron que debían comprar un carro, o utilizar alguno de los dos que sus padres les dejaron. Luego de la plaza pasaron a comprar los libros que necesitaban para sus clases, unos tomos sobre el diseño gráfico y la publicidad para ella y libros de arquitectura para él. Regresaron a casa para descargar las cosas y volvieron a salir pues aún debían ir a comprar los suministros de comida.
Luego de una hora en el súper regresaron a casa, ya eran pasadas las 7:40 PM así que decidieron que lo mejor era descansar para comenzar el día de mañana con todo el ánimo del mundo. No querían que su primer día fuese malo, sino todo lo contrario, querían que fuese grandioso.
Hacer nuevas amistades, conocer gente y quién sabe, quizá podrían encontrar el amor dentro de ese enorme edificio.
