Hija de la Luz

Capítulo 2: Cazador cazado

17 años después

Colina Cuerno

Los dos jinetes cabalgaban despacio, sigilosamente, adentrándose en el frondoso bosque. A su alrededor había diversos árboles reverdecidos y florecidos, síntoma de una intensa primavera. El sol primaveral se filtraba entre las ramas. Junto a los caballos, manteniendo el paso de estos, iba un enorme sabueso color fuego, con cabeza y papada arrugadas y enormes orejas colgantes.

─ ¿No nos hemos alejado demasiado? ─ preguntó el mayor, un delgado joven rubio veinteañero, que portaba un arco con su correspondiente carcaj en bandolera, en su pecho portaba un emblema: un cazador de gules en campo de sinople. Al preguntar volvió el rostro, a cierta distancia se podía observar una verde colina, sobre la que se elevaba un hermoso castillo de mármol blanco, con techos a dos aguas y puertas y ventanas redondeadas.

─ ¿Tienes miedo, Sam? ─ preguntó el otro, un adolescente alto y fornido. También portaba arco y carcaj en bandolera y también portaba en su pecho el emblema del arquero.

─ No es miedo, Jon. Es precaución. Si alguna bestia devora al heredero de la casa Tarly nuestros padres me matarán.

─ Debemos adentrarnos si queremos encontrar a ese monstruo que nos está matando el ganado, no creo que esperes que salga a recibirnos. Debe estar escondida en algún lugar. Aquí se complica el camino para los caballos, amarrémoslos a ese olmo y sigamos a pie. ─ respondió Jon

Se apearon de los caballos y los amarraron al olmo. De pie uno junto al otro se podía observar mejor la diferencia entre los hermanos. Jon, el más joven, que no debía tener más de 17 años le llevaba casi una cabeza al otro, era musculoso de pelo castaño y ojos oscuros; muchos decían que se parecía en mucho en porte y estatura a su difunto tío Dickon. Su hermano Sam, sin embargo, era delgado, rubio con ojos verdes.

─ Vamos, Bandido─ dijo Jon al perro, el cual lanzó un ligero ladrido al oír su nombre y siguió a su amo.

─ Si los cazadores no la han encontrado, dudo que nosotros podamos─ dijo Sam

─ Ninguno de los cazadores es mejor que yo, soy el heredero de la casa Tarly y hago honor a su emblema─ al decir esto, Jon, señaló el emblema del arquero.

─ Ojalá fueras tan bueno como dices, quizás algún día llegues a ser tan bueno como el mejor amigo de nuestro padre, Jon Snow, de quien llevas su nombre.

─ Jon Snow es historia─ respondió Jon

─ Jon, debemos conocer la historia, pues si no estamos condenados a repetirla. Yo tuve el honor de estar allí, en el momento de la Gran Batalla, yo tuve el honor de vivir la historia─ la voz de Sam se había emocionado mientras hablaba.

─ No eras más que un pequeñajo en esa época, no debes recordar mucho.

─ Yo era un pequeño sin importancia, sí. Pero estaba en Invernalia en el momento que se liberó la gran batalla contra la muerte. Y a pesar de haber sido un pequeño recuerdo a los señores y señoras de todas las grandes casas unidos en esa batalla. Recuerdo habérmele escapado a mamá y subirme en un árbol para ver mejor la llegada de Jon y la Reina Dragón, se veían imponentes juntos, cual, si fueran dioses, él vestido de negro, a pesar de su pequeña estatura tenía el porte noble e imponente de un rey. Ella, la mujer más hermosa que hubiera visto jamás, de blanco, con su cabello de plata cayendo sobre sus hombros. El enorme ejército de Inmaculados, los guerreros más poderosos de nuestro mundo, todos iguales y uniformes con sus enormes lanzas y escudos de acero. Los terribles dothrakis, con sus largas trenzas oscuras, en sus caballos gritando y blandiendo en el aire sus enormes arakhs. Entonces aparecieron los dragones, el terror sobrecogió a muchos que se agacharon por miedo a ser atacados por esas fantásticas bestias, pero yo permanecí inmóvil en mi rama, sabiendo que era testigo de la historia, viendo la magia que se mostraba ante mí.

─ La reina dragón y sus hijos deben haber estado radiantes cuando quemaron vivos a nuestro abuelo y tío.

─ Supongo, estaban en lugares opuestos en la batalla. Eran tiempos difíciles, en los cuales los bandos no estaban claros, aunque en la Gran Batalla, contra el rey de la Noche, múltiples enemigos crearon alianzas.

─ ¿Conociste a la salvadora?

─ ¿A Arya Stark? Sí, me crucé varias veces con ella por los pasillos del castillo de Invernalia. Era una chica pequeña que vestía como un joven caballero, siempre portaba en su cinturón a un costado una pequeña espada y en el otro una daga de hermosa empuñadura. Nunca olvidaré sus ojos grises con un cielo tormentoso, como el tiempo; tan bellos como temibles. Recuerdo que el día de la llegada de la reina, justo antes de subir al árbol, me miró y me sonrió. Estaba con el pueblo, cuando debería haber estado justo a Lady Stark en la entrada del castillo.

─ Claro, seguro fue el mejor momento de tu vida─ exclamó Jon medio en broma─ ¿O fue cuando los muertos trataron de devorarte en las criptas de Invernalia?

Las palabras de Jon ensombrecieron a Sam, que volvió el rostro. Sin embargo, al momento sonrió.

─ Por cierto, en mi última visita a Desembarco del Rey vi a tu viejo amigo Bryan, ya es más alto que su madre. Hace un extraño contraste con su tío Lord Tyrion, la Mano del rey, de quien nunca se separa.

Jon hizo una mueca. Evidentemente no tenía mucha simpatía por Bryan Lannister, hijo de Ser Brienne de Tarth, Lord Comandante de la guardia real.

─ Veo que no te has olvidado de la humillada que te dio en aquel torneo infantil en Desembarco del Rey. ─ dijo Sam.

─ Maldito bastardo. Tropecé y caí, me embriagó con su perfume de niña ─ respondió Jon

Sam lanzó una carcajada.

─ Ya no es un bastardo, recuerda que el rey lo legitimó al nacer. Está bien, Jon. Supongo que la próxima vez que lo enfrentes lo vencerás. ─ dijo Sam, aunque el tono de su voz se entristeció un poco.

Jon comprendió. Sam, a pesar de ser reconocido como hijo legítimo de Samwell Tarly, el gran maestre de Desembarco del Rey, siempre se sentiría un bastardo. Más ante el hecho que su hermano menor fuera nombrado heredero de Colina Cuerno.

─ Supongo que debo considerarme dichoso de haber nacido el año de la Gran Batalla─ dijo Jon cambiando el tema.

─ O de haber sobrevivido a la Gran epidemia invernal que se llevó a la mitad de los recién nacidos ese año. ─ respondió Sam

─ Supongo que haya sido por esto─ dijo Jon, sacando de su calzón su miembro viril.

─ Guarda esa cosa antes que hieras a alguien, o antes que te lo arranque de un flechazo y se lo de cena a Bandido─ respondió Sam, el perro se acercó a él al oírse nombrado─ Es cierto que todos los bebés que se llevó la epidemia eran niñas, algo que sigue extrañando a los maestres hasta hoy.

─ Los dioses a veces son crueles─ exclamó Jon─ Recuerdas la invasión de pájaros que asoló Dorne, o el terrible Kraken que destruyó la mitad de la flota de Las Islas de Hierro. Por eso hay que cortar de raíz el mal de raíz antes que prolifere. No me distraigas más con viejas historias y ayúdame a buscar ese maldito lobo.

Entonces, Jon pareció recordar algo.

─ Sammy, ¿Recuerdas cuando me perdí de pequeño y estuvieron todo un día buscándome?

─ Claro, sí casi matas a mamá del susto, te buscamos por todas partes y apareciste al final del día como si nada─ respondió Sam

─ No me buscaron por todas partes, cerca del arroyo hay una pequeña elevación. En esta, oculta por la maleza, hay una pequeña cueva. Estaba en ella cuando me buscaban, de hecho, los sentí pasarme cerca. En un momento incluso pensé que me encontrarían porque uno de los perros, ¿te acuerdas de Laika?, comenzó a ladrar, pero el todo del viejo Edd no se dio por enterado y siguió de largo.

─ Nunca me he contaste eso Jon, he recorrido este bosque cientos de veces y no he visto ninguna cueva.

─ Por algo soy el mejor cazador. ¿O no? Vamos, doblemos a la derecha que estamos cerca. Vamos Bandido─ dijo dirigiéndose al perro mientras se agachaba y le acariciaba la arrugada cabeza, a lo que el animal respondió con un ladrido.

Mientras caminaban Bandido parecía inquietarse, aullando ligeramente y olfateando el suelo. Entonces, cuando habían caminado media milla, comenzó a ladrar.

─ SShhhhh, cállate Bandido. ─ dijo Jon tomando por el cuello al perro─ Es aquí.

Se encontraban ante un pequeño cerro, que se elevaba unos 200 codos de altura. Sobre este crecían varios olmos dispersos, así como gran cantidad de helechos arborescentes, que impedían ver el suelo y se elevaban algunos cuatro codos sobre el piso, superando la estatura de algunas personas.

Jon se agachó al lugar en el que Bandido olfateaba, entonces le hizo una seña a Sam para que se agachara. Ambos pudieron observar las huellas de las patas de lo que parecía ser un enorme perro.

─ Mira Sammy, está aquí. La cueva está veinte pasos hacia allá, vamos.

─ Espera, Jon─ respondió el otro preocupado─ Ese lobo debe ser enorme. De hecho, somos carnada fácil para él rodeados de helechos como estamos, no se puede ver nada.

El perro estaba cada vez más inquieto.

─ Jon, regresemos y busquemos a los cazadores.

─ Eso le dará tiempo de escapar, tenemos que atraparlo nosotros. ─ diciendo esto Jon se adentró en la maleza sigilosamente.

Entonces, Bandido se soltó y corrió hacia adentro de la maleza.

─ ¡Bandido, no! ─ gritó Jon, pero era demasiado tarde. Fue a seguir al perro, pero su hermano lo detuvo agarrándolo por la mano.

Ante ellos llegó el ruido de una feroz pelea de animales, así como los chillidos de un perro que sufría, unos pasos hacia adelante vieron volar sangre.

─ ¡Por todos los dioses, Bandido! ¡Suéltame! ─exclamó Jon haciendo a su hermano rodar por el suelo y lanzándose a la maleza.

Entonces, se hizo el silencio. Ese silencio incómodo que precede la tormenta. Jon se detuvo, montó una flecha en su arco y apuntó en la dirección que había visto la pelea, pero su instinto le decía que la bestia se movía a su alrededor, por lo que comenzó a girar suavemente también.

Mientras tanto Sam se puso de pie para seguir a su hermano, quería gritar, pero comprendió que no era prudente con la bestia cerca. Entonces, sintió una mano en su hombro que hizo brincar del susto.

Al volverse vio una esbelta y pequeña figura humana. Vestía ajustados pantalones, un jubón de mayas, sobre el cual traía un chaleco de piel con capucha que le cubría completamente el rostro, portaba a sus espaldas un arco con su correspondiente carcaj, así como una daga de hermosa empuñadura en su cinturón. De su cara apenas se podía ver sus labios, sobre los cuales puso un dedo en señal de silencio, y unos resplandecientes ojos grises como el cielo invernal, que por alguna razón lo intrigaron.

Jon en ese momento escudriñaba con su vista de águila la tupida maleza de helechos, buscando la bestia que sentía que lo acechaba. Entonces, vio lo que buscaba, lo que parecían ser dos monedas de oro que resplandecían al sol, pero no lo eran, sino dos enormes ojos que parecían escudriñar los suyos.

El joven Tarly apuntó su flecha entre los dos ojos amarillos y disparó, pero algo lo golpeó por un costado haciendo la flecha desviarse de su camino. Antes que pudiera reaccionar estaba acostado bocarriba sobre la fría tierra y tenía una figura encapuchada sobre su pecho impidiendo todo movimiento, la cual tenía una daga en su cuello.

─ ¿Quién eres? ¿Cómo es posible que no te sintiera? Suéltame, esa bestia nos matará. ─ exclamó Jon al desconocido, pero era demasiado tarde, sintieron un movimiento en el matorral y alguien, o algo, que se acercaba velozmente. Jon trató de mirar en esa dirección y vio los dos ojos amarillos que se acercaban, los cuales de pronto se tornaron blancos por un momento.

Entonces, el ruido se detuvo, y Jon pudo observar por primera vez bien a la bestia que había estado cazando, pues la tenía a par de pasos de distancia. Era el lobo más grande que hubiera visto jamás, de pelambre gris y blanca. Mostraba unos enormes colmillos abiertos en una enorme boca llena de espuma y sangre, la sangre de Bandido, sus enormes ojos amarillos, que resplandecían como monedas de oro al sol, lo escudriñaban.

La bestia volvió sobre sus talones y desapareció en el matorral.

En ese mismo momento, a unos pasos de allí, Sam que se encontraba inmóvil junto a la encapuchada figura desconocida, observó que los ojos grises que vislumbraba bajo la capucha se tornaron blancos por un instante.

─ Vamos─ dijo entonces la figura con una voz femenina

A unos pasos de allí Sam descubrió una escena que lo asombró. Su enorme hermano estaba acostado bocarriba con una figura encapuchada, similar a la que estaba a su lado, sobre él inmovilizándolo.

─ Suéltalo, hija─ dijo la mujer que estaba junto a Sam y la otra se puso en pie, descubriendo su rostro, el cual era el de una bellísima adolescente de unos 16 años de ojos celestes y rizados cabellos, oscuros con una veta plateada en su lado izquierdo. Jon se quedó acostado en el suelo, sorprendido, primero por haber sido dominado tan fácilmente por una pequeña muchacha y en segundo lugar por la belleza de esta.

Entonces la compañera de Sam descubrió su rostro, mostrando el alargado rostro de una mujer de unos treinta cinco años, de pelo castaño y ojos grises como el tiempo, esos ojos grises que el joven recordaba de algún lugar, sin saber de dónde.

La muchacha extendió la mano a Jon, la cual este rechazó y se puso de pie por sí mismo.

─ ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué ayudaron a escapar a esa bestia? ─ preguntó Jon en alta voz.

─ Tenemos nuestras razones ─ respondió la mujer castaña─ Mi nombre es Nymeria West y ella es mi hija Alynna.

─ Yo soy Sam Tarly, y él es mi hermano Jon─ dijo Sam, extrañado por el nombre de la desconocida, pues conocía todos los apellidos de los Seis Reinos y el Reino del Norte y ese no lo había escuchado jamás, mientras seguía observando los ojos grises de la mujer, tratando de recordar donde los había visto antes.

Cerca de ellos se escuchó el aullido de un lobo.

Teniendo en cuenta que la historia de la saga Canción de Hielo y Fuego, y de nuestra querida serie Juego de tronos, comenzó con los hechos ocurridos varios años antes, así como el misterioso nacimiento de un niño, pensé que una secuela de la historia pudiera comenzar de la misma forma. Así surgió esta historia.

Espero que lo lean y sus comentarios, son mi alimento para continuar la historia.