Alohaaa, llego con la continuación de este ficccccccc. Un placer dejarselo a sus pupilas fgjds

Disclaimer (saben? no recordaba como se decía esto así que puse advertencia el capítulo pasado gkfdjhl): Ni Hetalia ni sus personajes me pertenecen, sino al mangaka Hidekaz Himaruya.

Advertencias: Seguramente errores históricos con comportamiento y economía de la época, además de un lenguaje subido de tono.

Idea 2: Segunda Guerra Mundial. (Gracias madre por tu original idea dsghuksg pero me sirvió mucho ;w;)


"Amor: Importante perfeccionamiento de otras formas de guerra" — Judith Vioerst

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Las aguas, del color acuarela cerúleo, mezcladas con las infinitas líneas rojas y borrones amarillos de los hogares cercanos a la playa en Bélgica, dan un toque coqueto y sentimental al lugar. ¿Qué hora es, Antonio? pregunta mi abuela, porque tengo reloj. Es la hora donde el sol está ardiendo, abue, le respondo, son las dos menos veinte. Susurra que el sol siempre está ardiendo.

Mi abuelo, bajo el quitasol, leyendo el periódico, derrochando esa aura de comodidad que ha caracterizado a nuestra familia, me pregunta que edad tengo, nuevamente. Le respondo que tengo dieciséis años. Pues si es así, dice, ve y flirtea con alguna belga, yo a tu edad ya esperaba ser padre.

La precocidad siempre ha sido el sustento en esta familia, al parecer. Pero en fin, son los felices años veinte, qué más daría si yo también me adelanto un poco. Capto, como un tigre, siempre dice mi padre, por las damas que están en mi periferia. Bronceándose, bañándose, conversando, comiendo. Hay una que capta más mi atención, así que me levanto y voy a hablar con ella.

Le pregunto si sabe inglés o francés, puesto que apesto en el neerlandés. Sí, me responde. ¿Sabes español?, y me sorprende que me responda en español. No sé mucho, me dice la rubia de mi estatura, de ojos como aquella acuarela de colores en el mar, en el cielo y en los edificios, construcciones y casas, son verdes, sin embargo, pero abarcan toda esa gama de colores con un simple guiño.

¿Vienes a coquetear conmigo? me pregunta, y siempre me han enseñado a decir la verdad. Pues claro, estás para comerte, y ¿cuál es tu nombre? Belle Janssens, me responde. Un gusto Belle Janssens.

Y así paso, en este año 1926, todo mi verano con la bella Belle Janssens, y cómo no, sigo los instintos familiares. Le pido que sea mi novia, y mis padres planean mudarse a esta ciudad, por lo que estoy atado a esta bella, y sin problemas me haría nudos que no puedan desenredarse para seguir a su lado.

Con el calor del próximo verano consumamos la pasión, y seguimos en la relación. Terminamos por un tiempo, para experimentar con más parejas, pero siempre volvíamos a los brazos del otro. Éramos la mejor pareja de toda Europa.

Cuando la crisis económica que empezó en Estados Unidos comienza, su familia y la mía nos dirigimos hacia Escocia, donde su familia tiene terrenos y nos alojan. Obviamente no les agrada mucho dejarme en la misma habitación que mi novia, por lo que me dejan en la otra ala de la mansión. Eso no quita que nos escabullamos en las noches y nos amemos. Las frías noches en Escocia, el desenfoque que el blanco da a los edificios, el gris de las nieblas y la tinta de los soles apagados nos protejen.

Cuando nos enteramos que seremos padres, es hora de casarnos, porque ya hemos pasado 5 años de noviazgo, y ambos somos católicos, así que nuestra mayor prueba de amor es demostrándoselo a Dios mismo. Prometo que la cuidare en su enfermedad, que la protegeré, que nunca le alzaré mano, que ella será mi vida, claro está, junto a los hijos que tendremos. Ninguno de los invitados, más que nuestras familias y algunos amigos, saben que Belle, debajo de ese vestido blanco, que no debería ser blanco para ella ya, está gestando al primogénito.

Es cuando, en 1942, después de cuatro meses de haber tenido a nuestro quinto hijo, manteniéndose esculturalmente bella y relajada, sin demasiadas preocupaciones frente a los hijos, a pesar de la angustia en estos años treinta, debe volver a su país natal, específicamente al lugar de su nacimiento, Mortsel, porque una amiga suya de la infancia está esperando un hijo, y lo van a celebrar.

Pero Belle, el clima de hoy en día en Europa, y especialmente en Bélgica, es muy frágil, no puedes ir, tienes a tus hijos aquí, a mí, le digo. Toni, voy a estar bien, me besa, Dios me cuida, y mis seis ángeles protectores, ¿qué me podría pasar?

Me siento vacío al no tener a mi amante, a mi gran amor a mi lado, en los días y en las noches, en los momentos de risa y en los momentos de necesidad. Mis hijos callan, el ambiente que perciben en los noticiarios antes de que sus abuelos apaguen las radios y los televisores, los deja con un gruñido en el estómago, me dicen. Esperan, expectantes, a su madre, que los tranquiliza con esa mirada que no ha cambiado, que combina, en una extraña paleta de colores, todos los colores en verde. Los cinco dormimos juntos, y a veces el sexto integrante se une, en la cabecera de la cama, rodeado de almohadones.

Pero luego la noticia nos inunda, Belle ha quedado atrapada en Mortsel, porque es cercano a Amberes, uno de los núcleos principales de Bélgica, peligroso por los nazis que hay, un objetivo para los aliados.

Quiero que venga, que me acompañe, que salga de ahí.

Pero ya es 1943, y escucho que hubo un bombardeo en Mortsel. Estoy casi muerto, porque no me puedo morir y dejar cinco niños por el capricho de ir a buscar a mi mujer desde los 15 años. Las cartas de cada día paran de súbito, la última que llegó fue el mismo día de la noticia. Belle no volvió, y mi alma pende de un hilo.

"Cariño, hay muchos bombardeos. Hay mucho peligro, pero volveré.

No te preocupes, ya les haré waffles a ustedes seis y a mis padres y suegros.

Los amo a todos."


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