"La vida es un instinto de desarrollo, de supervivencia, de acumulación de fuerzas, de poder"

Nietzsche


Nadie dijo que ser una sobreviviente sería fácil, con la adrenalina que recorría su cuerpo, apenas si notaba el cansancio o el hambre, lo único que la mantenía en pie era el deseo latente de ver un nuevo amanecer, cualquier otra persona se hubiera dado por vencida tras ser capturada por el General Ayato Sakamaki, sin olvidar todo lo que sufrió en sus manos, tan sólo de recordarlo buscó calor en sus propios brazos.

El General Ayato tenía un cierto fetiche por las vírgenes, que se hizo latente ante la presencia cuando descubrió que era la sacerdotisa del templo que había sido saqueado y quemado hasta las cenizas.

Un cielo nocturno enmarcado por las llamas que se avivaban, gritos desgarradores propios de las pesadillas de los niños destrozaban los oídos de una rubia que yacía en el templo, una sacerdotisa, había jurado sus votos solo un par de años atrás, era bastante joven pero sabía lo que hacía, tenía una melena rubia que cautivaba a todos lo que la veían pasar y esos extraños ojos rosas que irradiaban bondad y pureza no importa el lugar que miraran, así era la sacerdotisa Yui Komori, hasta que el ejército Sakamaki atacó, y convirtió el pueblo que ella llamaba hogar a cenizas.

En unos segundos la vida cambia, Yui lo sabía mejor que nadie, su vida era servir a las personas, y lo haría hasta el final, si su Dios la estaba poniendo a prueba, ella acudiría a su llamado, sin dudarlo dos veces salió del templo en dirección al pueblo que estaba siendo devastado, una escena que doblegaría a cualquiera pero no a ella. En medio de la calle yacía un niño postrado de dolor, ella lo reconoció al instante, él siempre acudía a rezar al templo y pedía por la salud de su madre, inmediatamente se postró a sus pies buscando la manera de detener la hemorragia en su abdomen, con sus manos ejercía presión sobre la herida que borboteaba sangre, pero era muy tarde la vida de ese niño se había escapado en un suspiro, acunando al niño como si de un bebé se tratará se despidió de él con un "Ahora estás en un mejor lugar", una lágrima resbaló por su mejilla, pero por dentro su alma lloraba todo un río. Ella no se había percatado de la otra presencia que se encontraba cerca de ella, un soldado la miraba expectante, por instinto desenvainó su espada, una ligera brisa con olor a hierro se posó sobre la mejilla de la rubia, Yui por instinto dirigió su mirada al arma que se encontraba empapada de sangre, de ahí el olor, poco a poco subió la mirada hasta encararse con los ojos del soldado, se sorprendió al encontrar no encontrar emociones en ellos, era como observar a la nada, o una voluntad sometida.

-¿Podría divertirme un poco, antes de destrozar tu cuerpo?- sonrió con malicia

Yui retrocedió torpemente al escuchar sus intenciones, el soldado se agachó a la altura de la rubia y tomó uno de sus largos mechones de cabello, inspiró su olor que este emanaba y un escalofrío recorrió la columna de ella, su respiración era agitada sabía lo que le esperaba, pero entonces por qué su cuerpo no reaccionaba, el miedo la había paralizado por completo, cerró sus ojos con fuerza como si al hacerlo todo fuese a desaparecer, rezó para sus adentros, una mano sujetaba con fuerza su cuello, una lengua áspera recorrió su mejilla, el tacto la llenó de asco, su otra mano se abría camino bajo su chihaya, en ese momento supo que todo había acabado.

De pronto el peso que la aprisionaba contra el suelo desapareció, sorprendida abrió los ojos, y entre los dos, una melena roja ondulaba al compás de las llamas, él la había salvado.

-¿Qué es lo que pretendes inútil?- la voz del pellirrojo reverberaba por todo el lugar, parecía que conocía a su atacante

-Lo siento, General Ayato-sama- el soldado se encontraba de rodillas suplicando clemencia.

La ojirosa estaba abstraída de la conversación, sólo podía contemplar el abrigo negro de Ayato, daba la sensación de un ángel, ella lo imaginaba como un ángel que había enviado Dios a su rescate, cuando él volvió su mirada a ella, pudo apreciar los detalles de su rostro era un Adonis de carne y hueso, y sus ojos verdes, alguna vez le habían dicho que ese era el color de la esperanza, lo que sucedería a continuación corroboraría que era un ángel, sólo que no uno enviado por Dios.

-¿Eres la sacerdotisa de este lugar?- preguntó Ayato, Yui aún cautivada sólo asintió, él se acercó a ella tomándola por el mentón, con delicadeza buscó marcas en su cuello- ¿Te hizo algo?- su voz era autoritaria, lo que provocó que despertará de su ensoñación, pero en lugar de hablar sólo negó con la cabeza- ¡Desháganse de él!- en un abrir y cerrar de ojos aparecieron dos soldados detrás del infractor, con una gracia propia de los soldados cortaron su yugular-Nadie se mete con las pertenencias de Ore-sama- sonrió satisfecho con lo sucedido- Y a ella- señaló a Yui- Llévenla con las demás-

La imagen de un ángel salvador había desaparecido, era despiadado, la escena que había presenciado le provocó arcadas, los soldados la tomaron por los brazos y la llevaron con ellos, la fuerza seguía ausente de su cuerpo.

"¿Existe tanta maldad en este mundo?" se cuestionaba la rubia una y otra vez al ver el paisaje, una carnicería había sido, cerró los ojos para recordar cómo había sido todo antes de ese día, pero no podía alejar las desoladoras imágenes que acababa de presenciar.

Ayato Sakamaki no era su salvador, era todo lo contrario, él era uno de los demonios de Karl Heinz.

Arrojada contra el suelo frío de una camioneta, su mejilla se encontraba ligeramente raspada por el golpe, levantar la vista fue uno de sus primeros errores, no era la única en ese lugar, seis chicas que no rebasaban la edad de los 18 años o al menos eso aparentaban, se encontraban en peores condiciones que ella, cabello enmarañado y diversos moretones en todo su cuerpo, ninguna de las presentes cruzó ni una palabra o mirada con las demás, era un panorama desolador y no iba a mejorar.

Una larga espera hasta llegar a su destino, o al menos así lo sintió Yui, al tiempo que ellas iban bajando fueron encadenados una con otra y les pusieron unas esposas oxidadas, caminaron por un largo pasillos, tenía el aspecto de un laberinto, en todo momento estuvieron escoltadas por tres soldados, el silencio era abrumador, era un secreto a voces lo que les esperaba, se detuvieron frente a una puerta de hierro, al tiempo en el que pasaban iban siendo desencadenadas, solo entraba una cada vez que se abría la puerta, y al hacerlo era tragada por la oscuridad, tras cerrarse a sus espaldas era cuestión de segundos para que un grito ensordecedor apareciera, terror, agonía, dolor eran las sensaciones que recorrían la piel de cada chica, pero los soldados ni se inmutaban, cuando estos terminaban era el turno de la siguiente, seis veces ocurrió lo mismo antes de que fuera el turno de Yui, nada la había preparado para lo que ocurriría a continuación, las chicas que antes estaban con ella ahora yacían sin vida en el suelo con sus ropas desgarradas y en su rostro un último grito, tragó saliva con lo que le esperaba, la puerta se cerró a sus espaldas y con la poca luz que entraba por la puerta había perdido de vista a sus compañeras de infierno. Caminando hacia adelante pudo vislumbrar un par de ojos verdes en medio de la oscuridad, los cuáles poco a poco se tornaban rojos, no había salida, en su interior se rehusaba a creer que era el final, tal vez si resistía un poco alguien acudiría en su ayuda.

Trataba de alejarse lo más que podía de aquellos ojos diabólicos, pero tropezó con lo que creyó era un cuerpo, tristemente lo era, y lo comprobó al percibir el aroma a hierro impregnandose en su piel.

Un cuerpo ejercía presión contra ella, esa mirada la hizo temblar, al chasquear los dedos una luz ligeramente iluminó la habitación, no podía ver otra cosa que no fuera al General Ayato, este ya no lucía su uniforme al menos no su abrigo, debajo lucía una camisa y corbata mal arregladas.

-Quiero ver tu rostro cuando te vuelva mía- su mirada era atrayente pero peligrosa, Yui tragó saliva al sentir su cercanía, antes de ese día nunca había estado de esa manera con alguien del sexo opuesto, tomó su mentón para exponer su cuello, con su lengua lamió cierto punto sensible que se encontraba en su cuello, proporcionándole escalofríos-Al final la sacerdotisa no es tan estirada como pensé, voy a hacerte probar el infierno en carne propia- sin dudarlo dos veces clavó sus colmillos en su cuello desgarrando su piel, Yui trató de ahogar un grito.

Dolía demasiado, las lágrimas amenazaban con rodar por su mejilla, pero los sonidos que emitía Ayato al beber de ella resultaban eróticos.

-Déjame ver esa cara- susurró en su cuello enrojecido- Probemos en este lugar- rompió la parte superior de su chihaya, su pecho quedó expuesto- Chichinashi- susurró antes de volver a morderla, poco a poco estas fueron bajando hasta llegar a sus piernas- Esto es lo único rescatable- una vez más el dolor de ser mordida atravesó el rostro de Yui.

En cada mordida sentía que su vida se escapaba, sólo cuando sintió que un par de manos invadían su espacio personal puso resistencia, este acto sólo desató la furia del General Sakamaki, y sus manos fueron directo a su cuello- ¿Quién eres tú para resistirte al gran Ore-sama?- poco a poco fue perdiendo el conocimiento, en sus ensoñaciones creía haber escuchado que alguien llamaba a la puerta.

El cuerpo de Yui Komori pedía a gritos un descanso, tuvo que detenerse contra la maleza del árbol para no caerse, un ruido inusual en el bosque activo todos sus sentidos de nuevo, miró a su alrededor y no encontró nada, su corazón estaba agitado, tal vez la habían seguido era el pensamiento que daba mil vueltas en su mente, corrió con lo último de fuerza que le quedaban, pasos detrás de ella, cada vez más cerca, el miedo aumentaba la velocidad con la que corría, su respiración agitada le indicaba que era el final.

-Alto ahí, asqueroso Sakamaki- un disparo provocó que se detuviera en seco, en un movimiento veloz, se encontraba siendo levantada por el cuello, levantó su cabeza para mirarlo, esta acción provocó que el kepi se cayera, dejando a la vista su largo cabello rubio.-¿Qué demonios?- al encarar al atacante vio un chico de cabello castaño amarrado en una coleta y ojos a juego, poseedor de una gran altura, le resultaba intimidante, él también estaba sorprendido, esperaba que ella fuera otra persona-¿Quién eres tú y qué haces con el uniforme de uno de esos bastardos?¿Acaso eres..?- al notar que ella no podía hablar, simplemente la soltó.

Antes de hablar dio una gran bocanada de aire -No,yo huí- con mucho esfuerzo trataba de formular las palabras-Él quería matarme-

-Apestas a ellos- su rostro reflejaba ira-¡Demonios era demasiado bueno para ser cierto!- golpeo el árbol con tal fuerza que provocó que este crujiera- ¿Cómo escapaste?- se inclinó a su altura

-Un chico rubio de ojos azules me ayudó- después de toser una vez más vio como el rostro del chico de enfrente cambiaba, estaba sorprendido

-De seguro fue ese bastardo, al principio dudaba de su plan suicida- rió para sus adentros- Lo siento pero tengo que asegurarme- se abalanzó contra ella, metió sus manos en los bolsillos del abrigo- Bingo- en sus manos estaba un papel arrugado, Yui nunca lo había notado, el chico en cuestión lo abrió y lo leyó con detención-Yuma Mukami- le tendió la mano y la ayudó a levantarse

-Yui Komori- ella sujetó su mano

-¿Sabes lo qué esto significa? Kou lo logró está dentro, podría besarte en este momento- al escuchar esto Yui se sonrojó y giró para otro lado-Tranquila no lo haré- Yuma se lanzó contra ella, cubriéndola con su cuerpo, la rubia tembló debajo de su cuerpo , en su mente había pensado que tal vez aún seguía en su infierno, pero enseguida él se levantó, lo que permitió a Yui ver una flecha clavada en el árbol, la cual hubiera atravesado su corazón si Yuma no la hubiera protegido con su cuerpo

-Gracias- susurró pero este no pareció oírla, él miraba molesto a las copas de los árboles

-¡Mierda! Ichigo, casi nos vuelas la cabeza- gritó de repente

-¡No es mi culpa pensé que te habían derribado, nunca me diste la señal, maldito titán!- gritaron a manera de respuesta, pero Yui no veía a nadie

-Vamos pequeño monstruo baja de una vez- decía Yuma, este no lo había dicho enojado ni de manera despectiva, él sonreía como si fueran cómplices.

Las copas de los árboles se balanceaban de un lado a otro, por más que prestará atención no veía a nadie hasta que con gracia una figura menuda apareció frente a ella. A los ojos de Yui, él un chico demasiado joven, en su rostro no había rastros de ser mayor que ella, su cabello negro enmarcaba un par de ojos azules, ella se perdió en ellos, parecían zafiros pero inmediatamente se corrijió, sus ojos eran del color del mar profundo albergando una tormenta, por un momento este pensamiento la entristeció.

-¿Quién es ella?- incluso al hablar poseía la frialdad de aquella piedra, "Tal vez no es el mar"pensó Yui, pero su voz era diferente a la de Yuma, no era grave, era más sutil- Lleva el uniforme de esos bastardos, esto podría ser una trampa ¿Lo entiendes Yuma?, ¿Por qué tienes esa estúpida sonrisa?- Ichigo miraba interrogante a Yuma, pero no lo dudó dos veces al apuntar su arco al rostro de Yui

-Mira bien, monstrito, hay algo diferente- la mirada de Ichigo escrutaba a Yui

-Es una chica ¿y?- dijo sin bajar el arco- Sabes de primera mano, que ese no es un motivo para confiar

-Ten-Yuma le tendió a Ichigo el papel arrugado-Ella lo llevaba en su abrigo- Ichigo bajo su arco y leyó el contenido

-Esto es malo- dijo sin cambiar de expresión-Karl Heinz nunca ha reunido a todos sus hijos- sus ojos se hicieron ligeramente más grandes-Tenemos que avisarle a Ruki- atravesó el arco por encima del carcaj- Vámonos

-Hey Ichigo ¿entiendes lo que significa? Kou lo logró, se ha infiltrado- Yuma estaba feliz, pero Ichigo ya había comenzado a caminar

-Me alegro- Yui apenas si alcanzó a oír sus palabras, lo que más le extrañó fue esa pequeña sonrisa que se dibujaba en su rostro

"Luce más joven si sonríe"pensó Yui

-¿Puedes caminar?- Yuma se dirigió a Yui,ella trató de levantarse pero no podía, el gran esfuerzo que había hecho la noche anterior estaba cobrando su factura-Sube- Yuma puso de cuclillas e incitó a Yui a subir a su espalda, y así emprendieron el camino

-Es una mala idea llevarla al campamento- soltó Ichigo

-Podría ser de ayuda, y si Kou la salvó debe haber tenido sus razones, no podemos dejarla en medio del bosque-

-Tsk-

Yui iba recostada contra la espalda de Yuma, sin querer respiró su aroma, él olía a maleza, ella nunca supo en qué momento se quedó dormida.

-Hemos llegado- dijo Yuma- ¿Sabías que babeas cuando duermes?- el rostro de Yui se enrojeció por completo y se escondió en la espalda de Yuma-Era broma-

La resistencia había formado un ejército, ellos no iban a dejar que el mundo cayera a manos de los vampiros, la guerra era difícil pero no estaban dispuestos a perder, los pertenecientes a este ejército miraban a Yui con asombro y odio, la razón el uniforme de los Sakamaki, unos preparaban sus armas por si esta resultaba ser una espía.

-Te dije que no era una buena idea- al escuchar esto Yui volvió a cerrar los ojos

-La voy a llevar con Azusa y tú informarle a Ruki la situación- le dijo Yuma a Ichigo

-Sí, capitán- soltó el ojiazul cuando se estaba marchando

-Oe, te escuché monstrito- gritó Yuma, pero Ichigo seguía caminando- Te llevaré a que te revisen esas heridas- ambos se dirigieron a una carpa improvisada, que formaba parte de la enfermería, el castaño bajó a la ojirosa sobre una camilla

-¿Quién es?- salió un pelinegro con los brazos vendados-Yuma no sabía que la vigilancia había terminado pronto

-Azusa, tuvimos noticias de Kou, él lo logró, está dentro- al escuchar eso los ojos de Azusa se iluminaron- Ella es Yui Komori, la mensajera de Kou, tengo que ir a encontrarme con Ruki, luego vuelvo

-Soy Azusa Mukami- dijo este buscando los implementos para curar las heridas de Yui- Kou es nuestro hermano y tuvo el brillante plan de infiltrarse en las filas de los Sakamaki, hace tiempo que no teníamos noticias de él, ¿Cómo está?-

-Bien, creo-Yui asumió que era el chico que la había salvado- Gracias a él, yo sigo aquí, nunca voy a poder pagarle por todo lo que hizo- con el alcohol en las heridas de Yui le resultaba difícil no gritar, las mordidas que Ayato le había causado eran demasiado profundas

De repente Ichigo entró en la carpa con el ceño fruncido, lucía como un niño regañado, esto le provocó mucha gracia a Yui, intentó reprimir una risita

-Ven conmigo, te mostraré dónde te vas a quedar- y así como entró salió de la carpa, Azusa no dijo nada del comportamiento del pelinegro

-Gracias por todo- se levantó Yui y fue tras él

-Por fin vas a tener a alguien que te entienda, Ichigo- gritó Azusa detrás de él- Yui, tenle paciencia

Yui trataba de seguir de cerca los pasos de Ichigo, hasta que se detuvo y chocó con él, abrió las puertas de otra carpa, los ojos de Yui se abrieron había varias camas en ese lugar, ella se sonrojó ante la idea de dormir rodeada de hombres, porque hasta ese momento no había visto a ninguna mujer

-No te preocupes, los únicos que dormimos aquí somos Ruki, Yuma, Azusa y Kou, Kou no está, Ruki pasa todo el día en el cuartel, generalmente él se duerme ahí, Azusa tiene tanto trabajo que prefiere dormir en la enfermería, Yuma y yo ocasionalmente dormimos aquí , así que vas a estar prácticamente sola, antes este lugar solía estar lleno pero con las últimas bajas-encogió los hombros-Además eres la protegida de Ruki al menos hasta que seas útil- tragó saliva al escuchar lo último- Nadie va a intentar nada, además me pusieron a tu cuidado, así que no causes problemas- Ichigo se arrojó a la primera cama que vio, buscó debajo de su cama y le lanzó ropa a Yui- Cámbiate, tu olor comienza a ser una molestia, verás a Ruki a las 8000 horas- se giró en su cama y se acomodó en posición fetal para dormir.

-Gracias, Ichigo-kun-dijo Yui con cariño

-Tsk- fue lo único que escuchó del pelinegro, tal vez había hecho algo que lo molestara, pero ¿qué había sido?

A pesar de que Yui había dormido un poco, su cuerpo no había descansado, antes de cambiarse decidió acostarse en una cama, ella no podría hacerlo si Ichigo se quedaba en el mismo lugar que ella.

En el cuartel general, frente a un gran mapa con las ubicaciones exactas de las tropas Sakamaki, se encontraba Ruki Mukami, el Teniente Coronel, a cargo de la resistencia contra los vampiros, frustrado golpeó la mesa, algo no estaba bien una tropa había caído a manos del General Reiji Sakamaki, esto era terrible, si alguno había quedado vivo, vivirían el infierno en carne propia antes de descansar, él disfrutaría hacerlos hablar pero si de algo estaba seguro era que estos no lo harían, sentía lástima por lo que sufrirían.

-Ruki-sama, tenemos noticias de la vigilancia- Ichigo se asoma por la entrada

-Entra- le indicó Ruki

-Hemos tenido noticias de Kou-kun, ha logrado infiltrarse exitosamente, él envió esto- le tendió la nota a Ruki-Los Sakamaki se han reunido, esto no es para nada algo bueno

-¿Cómo lo encontraron?- preguntaba Ruki al tiempo que leía la nota

-Rescató a su ganado- respondió Ichigo-Una chica que servía como alimento, Yuma la llevó con Azusa para que la revisará

-Necesito que la traigan- sentenció Ruki

-Ha pasado una mala noche, será mejor que la dejes descansar Ruki, tal vez pueda darnos mejores detalles sobre su estancia en ese lugar- Yuma hablaba al mismo tiempo que se abría paso hasta Ruki

-¿Te encariñaste con la rubia?- Ichigo estaba intrigado nunca había visto a Yuma preocupado por alguien no desde que era pequeño

-¿Acaso sientes celos?- Ichigo no esperaba esa respuesta, evadió su mirada- Admiro su fuerza, ella sola enmedio de la nada, cualquiera hubiera desistido de vivir, ¿no recuerdas a quién se parece, monstrito?

-Tsk-

-No es momento de discutir eso, estamos en problemas si ellos están reunidos algo malo se acerca- sentenció Ruki-Tenemos que buscar una manera de averiguar sus planes sin poner a Kou en peligro-

-Ruki, deberías descansar no haz dormido desde que Kou aceptó infiltrarse- Yuma se acercó a él, el cansancio se expresaba en su rostro mediante las prominentes ojeras que tenía

-Yuma tiene razón- dijo Ichigo-Un descanso y podremos planear algo

-Ichigo tú te encargarás de la chica-ganado, te puedes retirar- sentenció Ruki- Yuma, necesito hablar contigo

La molestia de Ichigo estaba presente en el rostro, pero no podía contradecir las órdenes de un superior, simplemente se retiró de la tienda.

-¿Qué sucede, Ruki?- Yuma miraba intrigado mientras se sentaba delante de él

-Dos cosas, esa mirada no es la misma que tenías cuando rescaste a Ichigo, no confundas los sentimientos, no confíes tan de repente en ella, puede ser una trampa, es todo- Ruki conocía a Yuma más de lo que él mismo lo hacía, sabía que admiraba la fuerza con la que se aferraban a la vida las personas, y podría ser un problema

-Estás imaginando cosas, Ruki, debe ser el cansancio, me voy para que duermas de una vez-

Yuma salió por la carpa.

"Ichigo no es paciente para cuidar a los demás, debería vigilarlos antes de que nuestro turno comience"


Gracias a los que se tomaron la molestia de leer este nuevo fic que estoy comenzando, al principio no estaba segura sobre hacerla con un Oc o con Yui, pero al final me decidí por Yui, aunque al principio me gusta la idea que tenga el cabello largo, al imaginarme el escenario de una guerra pensaba que esta debería ser un tanto oscura, al incluir a más personajes en la historia, la convierte en algo menos plano, cada intervención de un Oc tiene un objetivo en la historia, sin embargo la protagonista será Yui.

Espero que les guste el nuevo capítulo, y me dejen saber sus opiniones, originalmente el capítulo iba ser publicado el día de ayer por el cumpleaños del titán, pero se fue la luz, y no terminé de reescribir lo que tenía en mi libreta.

Las leo pronto