Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Himaruya. Esta awesone historia a Locked Up. La imagen de portada es creación de la fabulosa Zeemo. Lo único mío es la traducción.
OXOXOXO
Capitulo dos: Odio la escuela.
En cuanto dejó la escuela, Alfred sacó su móvil y lo abrió otra vez. Marcó un número que conocía muy bien mientras empezaba a andar hacia la acera, esperando el tono que sonó una vez, dos veces, tres veces.
Un clic.
—¿Hola?
Alfred sonrió.
—Hey, Kiku! ¿Puedo ir más tarde? ¡Tengo algo realmente awesome qué mostrarte!
—¿Es sobre las notas?
—Yeah, un poco. Entonces… ¿Estás libre?
—Siempre estoy libre —respondió Kiku —, puedes venir.
Alfred impulsó su puño al aire, sonriendo.
—Okay, ¡estaré allí en un segundo!
Y realmente fue en sólo un segundo. Dio vuelta en la esquina y entró a la calle de Kiku. El chico más pequeño vivía maravillosamente cerca de la escuela, así que él y Alfred caminaban a casa juntos muy a menudo. Su casa era la más grande en todo, diseñada para que todo su extensa familia cupiera. Parecía que todos venían de Asia, así que todos le daban una respuesta diferente cada vez con respecto al origen de la familia. La respuesta que más obtenía era "Corea. Todo se origina en Corea".
Recorrió el corto camino hasta su puerta. Este estaba flanqueado por varias de las flores que la mamá de Kiku había plantado y que cada vez le gustaba más. La mayoría de ellas eran de color rosa o blanco.
Golpeó la puerta tres veces en una rápida sucesión, esperando en el escalón de la entrada hasta que escuchó los pasos familiares venir desde adentro. Había estado tantas veces en la casa de su amigo que ya se sabía el sonido del piso cuando alguien se acercaba a la puerta. Después de un momento la puerta se abrió, revelando a joven coreano. Era el hermano de Kiku, Im Yong Soo, que había llegado recientemente a la casa por vacaciones de la universidad.
—Hey, Alfie —saludó el universitario, sonriendo —, Kiku está en su cuarto. Bajará en un segundo.
Alfred entró al recinto y Yong Soo cerró la puerta tras él.
—Hey! ¡Yao! ¡Alfred está aquí! —le llamó, metiendo las manos en sus bolsillos y yéndose a la cocina. Esta estaba justo al frente a la derecha de la gran sala.
—¡Alfred! —Yao era el tío de Kiku, el hermano de su madre. Salió de la cocina, limpiándose las manos en el delantal que llevaba puesto. Su largo cabello negro estaba recogido en una cola de caballo —. ¡Hola! ¡No viniste ayer!
—Estaba cansado —explicó el norteamericano —. Tenía que dormir.
—Eso está bien —dijo Yao con una sonrisa —. Diviértete.
Alfred le agradeció y empezó a subir las escaleras. La habitación de Kiku era la primera a la izquierda y la única señal de que era esta se debía al negro atrapa sueños colgado en la puerta. El americano siempre se preguntó el por qué lo tenía, pero imaginó que no era lo suficientemente importante como para preguntar.
Llamó a la puerta, la otra mano cerrada alrededor de la correa de su mochila. Hubo una pausa antes de que se escucharan una serie de clics y la puerta se abrió. Alfred sonrió, el móvil aun estaba en su mano. Tenía que enseñarle a Kiku la foto.
El chico más pequeño estaba en la puerta, su habitual y agradable sonrisa estaba afectada como siempre. Él había dejado últimamente crecer su cabello, permitiendo a su largo flequillo colgar de un lado. Hoy era uno de esos días en los que no llevaba delineador de ojos (Alfred había protestado por el maquillaje al principio, hasta que por fin se dio cuenta de que no podía hacer nada al respecto). Las largas mangas de la sudadera blanca y negra con capucha que llevaba puesta le cubrían las manos y tenía puestos otros jeans de color purpura.
—Hola, Alfred —saludó casualmente pero Alfred negó con la cabeza.
—Nuh! Tienes que decirlo en japonés, ¿recuerdas?
Kiku suspiró pero no estaba enojado.
—Konnichiwa —dijo, dejando que Alfred entrara a la habitación.
El chico más alto dejó su mochila en el suelo, bajándose la camiseta de la parte de atrás ya que esta se le había subido mucho.
—Konicchiwa —repitió Alfred —. Ahora di lo siguiente.
—Genki desu ka? —preguntó el japonés, con una pequeña sonrisa traicionando sus pensamientos.
—Eh… —el de anteojos se mordió el labio y miró hacia arriba, pensando —. Genki… desu… ¿verdad?
Kiku asintió, haciendo que su amigo sonriera. El primero le había enseñado un poco de japonés, algo que Alfred aceptó de todo corazón. Siempre había pensado que era cool, y era mucho mejor que el español que era obligado a llevar en la escuela.
—Entonces, ¿qué querías mostrarme? —preguntó, metiendo las manos en sus bolsillos.
Alfred pareció perdido durante un momento, pero recuperó rápidamente la línea del pensamiento.
—Okay, ¿supiste que en la última nota me dijo que fuera al gimnasio?
Kiku asintió.
—Bien, lo hice, y esto fue lo que vi en la pared —dijo mientras le daba el móvil a Kiku.
Al esperó un momento, los ojos brillantes. Kiku frunció el ceño, llevándose el móvil más cerca. Luego lo volteó hacia un lado, sin dejar de mirar la pantalla de forma confusa.
—¿Qué es?
La expresión ilusionada del americano se derrumbó.
—¿No puedes verlo? —preguntó, correteando detrás de Kiku para mirar. Reconoció los papeles en la pared, pero la pantalla era demasiado pequeña como ver lo que estaba escrito —. Awww… —gimió, recuperando su móvil —. Como sea, decía… —una pausa para causar el efecto —, "te amo, Alfred". ¿No es eso awesome?
Kiku asintió apreciativamente.
—Eso suena maravilloso.
—¡Lo digo en serio! Podemos regresar ahora y verlo si no me crees.
—No, te creo —dijo Kiku, levantando las cejas.
Alfred no podía dejar de sentir que eso fue un poco sarcástico, pero no insistió en ello. A menudo Kiku sonaba más sarcástico de lo que quería sonar. Al menos eso es lo que él dijo.
—Así que no sé qué hacer ahora. ¿Crees que habrá otra nota mañana? —preguntó el americano, aun tratando de manipular la imagen en su móvil para que esta se pudiera ver apropiadamente.
Ambos se sentaron en la cama del japonés, pero este se dejó caer hacia atrás, cubriéndose los ojos con un brazo.
—Depende. ¿De quién crees que sea?
Alfred se mordió el labio, entrecerrando los ojos hacia la pantalla, otra vez.
—No sé. Tal vez Claire o algo así. Ella es tímida, ¿no?
—Ella está en un nivel superior. Y tiene novio.
—Okay, entonces… ¿qué tal Lily? Ella está en nuestro nivel.
El dueño de la casa se sentó otra vez, volteando la cabeza para poner el cabello en su lugar. Alfred se preguntó por qué se lo dejaba tan largo si después se iba a quejar de cómo este se metía en su camino.
—Su hermano podría matarte. ¿Y cómo pudo ella llegar tan arriba de la pared?
Al se rindió con la imagen del celular, dejando caer la cabeza en su mano.
—No sé, ¿está bien? No conozco muchas chicas.
—Puede que sea alguna que no conozcas. Tal vez deberás esperar.
El estadounidense miró a Kiku con horror.
—¿Yo? ¿Esperar? ¿De dónde sacaste esa idea? —preguntó con incredulidad. Los ojos de Kiku se ensancharon.
Se quedaron de esa forma por un momento antes de estallar en carcajadas. La risa de Alfred era alta y bulliciosa. La de Kiku era más baja, menos pronunciada, pero Alfred podía asegurar que realmente se estaba riendo cuando cerraba los ojos y se balanceaba un poco hacia adelante. Esta vez no estaba haciendo eso, porque igual y esto no estaba siendo del todo divertido.
—¿Y qué si no me dan nada mañana? ¿Y si se rinden y zanjan todo el asunto? —preguntó, un poco preocupado.
Kiku suspiró de nuevo. Él hacía mucho eso.
—Alfred-kun —empezó. Él sólo usaba el nombre de su amigo cuando tenía que decir algo importante o completamente obvio —. Hicieron un banner gigante para usted. En la pared del gimnasio.
Alfred pestañeó.
—… ¿Entonces?
Kiku lo miró a los ojos, dándole una de esas miradas de "¿por qué eres tan denso?" que al parecer usaba mucho.
—Se rendirán cuando Yong So desista de violarnos.
Y como si fuera una señal, hubo un fuerte "¡Vete a la mierda bien lejos de mí!" desde debajo de las escaleras, seguido por un rápida frase en coreano que Kiku le había dicho a Alfred que significaba algo en el sentido de "¡Tus pechos son míos!" y que había escuchado tan a menudo que era la única frase en coreano que podía decir con cierto grado de precisión. Kiku dijo que era una mala señal.
—Así que probablemente tendré una nota mañana —dijo Alfred, entendiendo.
Kiku asintió antes de sostener un dedo frente a su rostro en señal de espera. Los gritos aun continuaban bajo las escaleras, probablemente era algo entre los primos de Kiku, Li y Yong Soo.
El de apellido Honda desapareció por la puerta y Alfred esperó. Él sabía por experiencia que estas cosas sólo tomaban unos pocos minutos. Hubieron más gritos y luego un gran ruido sordo. Todo quedó en silencio por un momento y luego Kiku volvió. Le sonrió amablemente a Alfred antes de volverse a sentar junto a él.
—¿Todo bien ahora? —preguntó Al. El japonés asintió. Se sentaron en silencio por un momento antes de que Alfred hablara otra vez —. ¿Crees aun que esto podría ser una broma?
Miró a Kiku con ojos vulnerables. El chico más pequeño abrió la boca como si fuera a hablar, recorriendo con la vista el rostro de su amigo. Luego dejó caer su mano sobre el hombro de Alfred.
—No creo que lo sea —replicó.
Alfred pareció pensar sobre esto por un segundo antes de que su expresión preocupada se desvaneciera, siendo remplazada por una sonrisa.
—Eres awesome —dijo palmeando la espalda de Kiku.
El más bajo casi es lanzado fuera de la cama, pero no dijo nada. Alfred se echó a reír.
—¡Alfred! —la voz de Yao sonó por toda la casa. Siempre había que gritar un poco en el lugar —. ¡¿Te quedas a cenar?!
—¡Claro! —le respondió. Entonces sus ojos captaron una pieza de plástico inclinada contra la mesita de noche. De inmediato supo lo que era —. Hey, ¿Kiku? ¿Estás listo para algo de Dissidia?
Y eso fue lo que hicieron.
OXOXO
Alfred supo que algo estaba pasando en la mañana. Todo comenzó cuando un chico que él no conocía tropezó con él en el pasillo, estrellándolo contra la pared. Eso no era raro, de verdad que no, pero por alguna razón se sintió diferente. Probablemente porque estaba acompañado por sonidos de besos y risas. Intentó ignorarlo, como siempre, hasta que llegó a su casillero.
Este estaba cubierto de post-it, algunos con corazones pero otros con dibujos juveniles de la anatomía masculina y mensajes obscenos. Su mano temblaba cuando alcanzó la combinación del candado.
—Hey, Alfie! ¡Te amoooo! —alguien gritó.
Sus ojos se agrandaron y congelaron con la mano apoyada en la puerta de su casillero abierto. Alguien se estaba riendo y él sacudió la cabeza, poniendo su mochila en el interior. Puso aparte su folder y un cuaderno. Y no había una nota adentro, por lo que supo. Alfred sólo se mordió el labio y cerró el casillero. Algunos de los post-it cayeron al suelo cuando se dirigió al pasillo.
Kiku tenía un montón de clases avanzadas así que no se podían ver mucho el uno al otro. El único momento en que eran capaces de reunirse era durante el almuerzo. Kiku era como una manta de seguridad a veces. Él era una de esas personas a las cuales les importaba una mierda lo que pensaban de ellos, y porque nunca reaccionó (y era absolutamente amado por cada profesor por el que pasó) a los bullies estos se rindieron y se fueron por una presa más fácil. Como Alfred.
Pasó por la oficina principal, fijándose en el número posteado en el muro que proclamaba el horario del día. Mientras lo hacía sintió su pecho oprimirse. Hoy tenía gimnasia en el primer periodo. Gimnasia. El banner. Se quedó paralizado. Oh…
Esa era la razón. Por eso había post-its en su casillero y por eso había sido más acosado de lo habitual. Entonces se dio cuenta, con un suspiro, que esto era una broma después de todo. Una realmente bien orquestada broma en la que había caído por completo. Mierda. Tragó pesadamente.
Tal vez podía fingir una lesión y salir del gimnasio. Podía fingir que estaba mal del estomago. O tal vez podía tener un dolor de cabeza o algo. Podía empezar a temblar y decir que tenía el azúcar en su sangre baja. De esa forma también podía obtener comida. La enfermería estaba justo al frente de la oficina principal.
Pero no. Él no podía hacer eso. No podía huir o jamás lo superaría. Alfred dejó escapar un tembloroso suspiro, manteniendo la cabeza gacha mientras se dirigía al gimnasio. Se preguntó si el banner aun estaría puesto. Si lo estaba, era probable que él tuviera un muy conveniente ataque o algo. No que eso fuera a ayudar a su reputación de alguna forma.
Deseaba con todas sus fuerzas que Kiku estuviera allí. Entonces tal vez tendría algún tipo de apoyo, aunque sólo fuera para sentirse seguro. Kiku siempre sabía qué decir en cualquier situación, y más cuando de hecho no debía decir nada. Ese era un arte desconocido para Alfred.
Pareció una eternidad antes de que alcanzara el gimnasio. Decidió que hoy sería uno de esos días en los que iba a llevar su ropa de calle y sacar la calificación más baja en vez de arriesgarse en los vestuarios. Porque ahí el abuso podía ser llevado a un nuevo nivel. Colocó su folder por fuera de las puertas del lugar en caso de que tuviera que escapar.
Se asomó, viendo a los primeros chicos con ropa de gimnasia y cestas de básquet. Esto era lo que ellos hacían hasta que la clase comenzaba, todos los chicos que practicaban deportes durante todo el año, los del equipo de futbol, los de básquetbol y los de baseball, todos en un solo grupo. Eran el tipo de chicos que Alfred prefería evitar.
Debieron haberlo visto llegar porque escuchó a alguien hablar en voz baja y luego reírse. Entró por la puerta opuesta de la que había usado el día anterior y para así ser capaz de ver si el banner seguía ahí sin tener que entrar. Se había ido, pero en una esquina había una pila de papel arrugado. Alfred se sintió enfermo del estomago.
—Yo, Alfie! —el apodo era común entre el rango de gente que no gustaban de Alfred—. ¿Dónde está tu amigo?
—Cállate —respondió de forma evidentemente débil. Se situó torpemente en la puerta hasta que sintió un empujón en la espalda. Se fue dando tumbos hacia adelante, cerca de caerse.
Otro de los tipos mayores fue hacia donde él estaba, fingiéndose preocupado.
—Hey, dude, ¿Estás bien? Pensé que tu novia podría atraparte —dijo el tipo.
Alfred cruzó los brazos de forma protectora, alejándose de las otras personas en la habitación. Sólo esperaba que el entrenador pudiera venir pronto para empezar la clase.
—¡Alfie! —gritó alguien.
A penas tuvo tiempo de reaccionar antes de que la pelota de baloncesto lo golpeara directo en el estomago. Se escucharon algunas risas.
—¡Se supone que debes atraparlo!
Él realmente, realmente no quería estar allí. La bola rebotó lejos, sólo para ser atrapada por alguien más. Ellos alzaron sus cejas hacia él, viendo cómo ellos se la pasarían otra vez. Alfred alzó sus brazos para atraparla. Tal vez si la atrapaba, ellos lo dejarían en paz.
El muchacho fingió lanzarle un tiro pero Alfred fue a por ella, demasiado nervioso como para detenerse a sí mismo. El bully agarró aire, estimulándolo en una risa. Pero no iba a abandonar. Alfred tenía que quedarse aquí y demostrar que no se echaría hacia atrás. Como Kiku. Fingió una sonrisa, pretendiendo reírse con los otros muchachos.
—Bien —dijo sin mucho entusiasmo. Nadie estaba escuchando.
Algunos de los chicos habían regresado a las cestas de tiro y más y más gente se deslizó dentro del gimnasio. Alfred siempre se preguntaba por qué, cuando había otros tantos chicos como él, él era el único que era tomado como objetivo. Bueno, de alguna forma lo sabía. Siempre era Ivan, y por alguna razón el imponente chico lo tuvo para él. Ivan era cool. La gente gustaba de él, y si no, entonces le temían. De cualquier forma, tenía el mismo efecto. Y si él era un malnacido con alguien, ellos también serían unos malnacidos con el mismo chico.
—¡Muy bien, todo mundo! —una voz estruendosa resonó en el gimnasio.
Los chicos que estaban por el aro de básquetbol dejaron la bola, girándose a la puerta. El Entrenador entró, con una sonrisa salvaje y un balón rojo escondido bajo el brazo. Nadie usaba su nombre real; él era sólo Entrenador. Y estaba loco. Certificadamente loco. Como hablarse-a-sí-mismo-sin-importarle-la-santidad-de-la-vida-humana, ese tipo de locura. Desde su random y puntiagudo pelo y los caninos que se veían como si fuera a morder a alguien en el cuello, hasta el hacha que él llevaba todo el tiempo.
—Kickball! Tú, tú, tú y tú fuera de campo, tú y tú plato… —continuó hasta que los equipos se formaron. Su dedo se posó en Alfred —. ¡Jones! ¿Por qué estás usando jeans?
Alfred abrió la boca para responder, a pesar de que debería haberlo sabido.
—¡Está esperando a su novia! —gritó alguien.
Alfred los miró ferozmente.
—¡Seguro, lo que sea! —respondió el entrenador, encogiéndose de hombros —. ¡A patear!
Caminó hacia la línea formada detrás del plato. Miró hacia el frente, sin mirar a ninguno de los chicos que estaban a sus costados. Ellos eran poco importantes de todos modos y de paso no quería animarlos a hacer ningún comentario.
Sin embargo, en el momento que sonó la campana, Alfred estaba fuera. Agarró sus cosas fuera de la puerta, agradecido de que no les hicieran nada. Al menos no que él pudiera ver, y eso ya era suficientemente bueno. Su próxima clase de hoy era estudio libre, un respiro maravillosamente bienvenido.
OXOXO
La sesión de estudio se llevó a cabo en la cafetería, y cuando Alfred entró fue feliz al ver que estaba poco poblada. Algunos días estaba llena hasta los topes de gente trabajando en proyectos o hablando, pero ahora él tenía casi todo el lugar para sí. Aun así, se sentó en la esquina trasera, hasta llegar al final de una de las largas mesas usadas para el almuerzo.
Vio el trozo de papel cuando abrió su cuaderno.
A medida que sus ojos caían en la pequeña nota doblada de papel rayado, su corazón se sintió elevarse. Una sonrisa se formó lentamente mientras la desdoblaba, sus ojos deslizándose sobre la escritura. Kiku tenía razón. Casi se sentía reír.
"Alfred:
Lo siento. De ninguna manera mi intención era lo que provocó mi mensaje. Es mi culpa. Trataré de encontrar la manera de arreglarlo. Si no quieres que te moleste más está bien. Pero si está bien, he incluido algo especial aquí. Espero lo uses."
Alfred releyó la nota dos veces. Quien fuera que la escribiera firmó esta con las palabras "Con amor, Girasol". Eso era nuevo. ¿Quién rayos era Girasol? ¿Era ese un apodo o algo? Él no conocía a nadie llamado así.
Desplegó el resto de la nota y al final encontró un pequeño texto. Era una serie de números seguidos por las palabras "envíame un mensaje si quieres".
Inhaló con fuerza y miró a su alrededor, sacando su móvil. Nadie parecía estarle poniendo mucha atención, había muy pocas personas ahí. Lo abrió, el corazón le golpeteaba como loco. Con cuidado introdujo los números, los ojos muy abiertos.
Ahora tenía que decidir qué decir. Si esto era una broma y ese era algún número random, el mensaje tenía que ser modesto, random, algo que sólo la persona que escribió la nota pudiera entender. Se dio cuenta que esto era un riesgo real. Pero después de los eventos de la mañana, decidió que ya no estaba muy lejos de todo lo bajo que podría caer.
Así que, con un tembloroso pulgar, escribió una sola palabra y pulsó enviar.
"¿Girasol?"
OXOXO
Konnichiwa, genki desu ka?, genki desu: Hola, ¿cómo se encuentra? Estoy bien.
Dissidia: videojuego perteneciente a la saga de los hermosos Final Fantasy. Aunque si no verifico qué es ni me entero XD
Josita llorando con la escena del gimnasio… qué se le va a hacer. ¡Oh, un paso más cerca! ¡Y emo Kiku hace su aparición! Gracias a sus reviews y a mi danna por betearme J
¿Pueden adivinar quién es el entrenador? ¡La autora le regalará pegatinas a quienes adivinen!
