Segundo capítulo de esto. Espero que les guste, sí no, también.
CAPÍTULO UNO
A veces, los padres creen que sus hijos son los mejores en lo que se trata de la escuela, a veces.
Se levantó justo un minuto antes de que el despertador lo hiciera, pudo quitarlo a tiempo para que Quinn no se despertara con el ruido y que, tal vez, le dijera de cosas. ¿O tal vez lo hizo para que siguiera dormida? Es difícil saberlo, Anette la odiaba aunque apenas la haya conocido, el compartir el mismo cuarto era un verdadero tormento: Quinn no se dormía hasta las doce de la noche, por lo que en ese tiempo no la dejo dormir, o hablaba en el teléfono o miraba la televisión, riendo de los chistes que no daban gracia. ¿Era una verdadera tortura? Lo era sí tenía que ser siempre así. En fin, Anette fue directo a su armario, sacando el nuevo uniforme de la nueva escuela privada a la que iría: una camisa blanca con manga corta, un suéter color negro sin mangas, una falda azul con cuadros mediana, calcetines largos y zapatos color negro, se puso todo, se peino el cabello con un cepillo que había traído, se puso una flor de plástico blanca en el cabello y se fue a desayunar, dejando a su hermana sola y sus ronquidos.
Ya en la cocina, su madre preparaba el «típico desayuno americano»: Huevos, tocino y pan sacado del horno con mantequilla. Anette se sentó, le dio los buenos días a sus padres y comió de su plato. Ya cuando casi había terminado, cuarto para las ocho, su hermana se levantó gritando. Anette no pudo reprimir una risa pequeña, casi atragantándose con sus huevos, tal vez, solo tal vez ella había puesto una hora más en el reloj de su hermana. Así que, daba a creer que faltaban quince minutos para que el timbre de la escuela sonara, aunque faltaba una hora. Sus padres, se sobresaltaron de inmediato y fueron a preguntar que le pasaba, no respondió. Cinco minutos después, Quinn tenía el mismo uniforme que su hermana, solo que a su talla y con el suéter rosa, además de que tenía su cabello rubio atado en una coleta. Cuando miró a todos, comiendo tranquilamente, sólo pregunto:
—¿Qué hora es?
—Diez para las siete —contestó su madre.
La mirada de Quinn mostraba confusión y furia, mirando a Anette, sabiendo de inmediato que había hecho.
—¿Donde esta mi desayuno, mamá? —dijo con calma, mientras con una sonrisa le daba un beso en la mejilla a cada uno de sus padres, y mostraba la lengua a su nueva hermana menor. Se sentó y empezó a comer.
—No lo olviden niñas —dijo su padre, tomando café mientras leía el periódico—, van a la misma escuela, por lo tanto, Quinn, ayudaras a Anette en lo que necesite.
—Ni loca.
Después de eso, todo siguió naturalmente, hasta que era hora de irse, las dos pusieron todo lo que necesitaban en sus mochilas y emprendieron el viaje, la madre de Anette le había dado un papel doblado donde decían las aulas y los horarios que le tocaban, al igual que el número de su casillero y la combinación de esté. En veinte minutos, cinco minutos antes, llegaron a la escuela, se despidieron de su madre y Anette miró todo el lugar: una escuela con pintura dorada, dos edificios, según el papel, primaria era el edificio más pequeño, y el más grande eran la secundaria y la preparatoria juntos. Se abrieron paso por el camino de pavimento, Anette miró todos los árboles que la rodeaban. Sonrió, mientras entraba a la escuela. El piso era reluciente, las paredes eran limpias y había casilleros de izquierda a derecha, junto con puertas con números, un mar de gente también invadía el lugar.
—Adiós ilusa, que te atropellen los peatones.
Su hermana camino por el mar de gente como si nada, como un campo de fuerza, todos los chicos se le quedaron viendo, embobados. Las chicas tenían que resignarse, mirando a los chicos. Hasta que Quinn fue directo a una amiga y se fueron, en su camino, más chicos embobados caían a su poder y menos caían en el hechizo. Anette rodó los ojos, mientras buscaba su primera aula que era la 103, ciencias. Fue en busca de la sala, tres minutos le tomaron ir a tal salón, donde ya había empezado la clase.
—¿Y usted quién es? —preguntó el profesor, levantándose de su escritorio.
—Soy la nueva alumna... Anette...
—Anette... Anette... Ah, sí. Preséntate.
Anette se fue directo a el centró del lugar y, se aclaró la voz y dijo:
—Hola... Me llamo Anette y soy nueva en esta escuela... Me gustaría hacer amigos aquí... y... —notó que ningunos de los niños le hacían caso, todos estaban mirando a otro lado, hablando con su compañero, pasando notitas o haciendo oídos sordos— Eso es todo, gracias...
Se sentó, repitiendo que era una tonta en su cabeza, en el primer banco que encontró libre, el primero de la fila del centró. Dado eso, empezó la clase. Todo ocurrió con normalidad, iba de aquí para allá y siempre pasaba lo mismo con los alumnos, creía que nadie le habría hecho caso, y así era, a la hora del almuerzo nadie se le acercó a decirle si necesitaba algo. Pero ya conocía el camino, así que fue fácil llegar, tenía almuerzo, por lo que comió en un asiento, sola. Nadie se le acercó, absolutamente nadie, comió tranquilamente, después de que sonara la campana de vuelta a clases, también fue tranquilamente. Pasaron otras dos horas de aburrimiento, poniendo todo lo que el maestro escribía en la libreta y termino las clases a las tres. Su mamá y su hermana le estaban esperando para volver a casa.
—Te estábamos esperando —dijo con mucho cariño la mamá de Anette, esta sonrió.
Y, así fue su primer día, totalmente patético, vaya que tenía esperanzas de que eso no volviera a pasar, nunca. Era el primer día, pensó, todo estará bien pasada unas semanas. Todo... Todo estará bien.
Bueno, así es el primer día, espero que les haya gustado, dejen reviews, favoritos... Seguidores... Lo que sea esta bien.
Space Eridan, out!
