Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.
Introduje rápidamente la llave al seguro de la puerta y me senté dentro. Cerré con fuerza. Volví a mirar al estacionamiento… una última esperanza. Nada, no venía. No vino.
Apreté los dientes, y ahora, sin poder controlarlo un instante más, rompí a llorar al tiempo que daba un golpe al volante.
Cinco años de sueños e ilusiones a su lado, oficialmente se habían terminado.
Ojos Cerrados
Por Kuruma Chidori
Capítulo 1. I wish that I was looking into your eyes
Sujetó con fuerza su cabeza mirando el techo de su oficina, permaneciendo de pie. Sabía que lo que acababa de pasar había sido una locura absoluta que él había permitido y encausado, sin embargo, tampoco estaba seguro de si debía ir tras ella. El hombre de cabellos plateados dio un puñetazo a su escritorio, presa de la impotencia en la que él mismo se había sumergido. Acababa de perder a Rin para siempre y él los había sentenciado a eso. Había herido a la única mujer que había amado, y no haría nada al respecto.
Era un imbécil pues él lo sabía perfectamente... la extrañaría, se arrepentiría de no haber ido tras ella, y aun así no pensaba mover un pie de su oficina. Cuán patético era en ese momento.
Sesshomaru se sentía como una completa escoria.
La había perdido a causa de su pasividad, a causa de su poco deseo de formalizar una relación.
Tan pronto como logré recuperar un poco la compostura, manejé rumbo al departamento de Sesshomaru rápidamente.
Debía darme prisa, si bien yo nunca tuve una llave propia, sabía dónde guardaba la de respaldo, por lo que tenía que ir antes que él llegara para sacar las pocas cosas mías que había ahí, pues si de algo estaba segura, es que no quería toparme con él en ese momento.
Mi mano tembló la introducir la llave en el cerrojo de la puerta, y suspiré profundamente antes de abrirla.
Me dirigí directamente a su habitación y luego al cajón del guardarropa que yo misma había adoptado contra su voluntad y saqué lo que había dentro: desodorante, un cepillo de dientes y dos mudas de ropa. Observé la tira de pastillas anticonceptivas en el buró de su cama a lado izquierdo… el sitio donde usualmente yo dormía cuando pasaba la noche ahí. Tomé las píldoras y las aventé al tacho de basura de la esquina de la habitación, sabiendo que no las necesitaría más.
Me dirigí al cuarto de lavado, de donde saqué del bote de ropa sucia un sujetador y dos pantis mías y las guardé en una bolsa de plástico. Después noté que en un bulto en donde había sábanas para lavar, se encontraba una manta a cuadros naranjas y amarillos que yo misma le había tejido, años atrás, en un arranque que había tenido por aprender a tejer a raíz de varios video-tutoriales que había visto en internet.
Nuevamente sentí un nudo en la garganta al tomarla entre mis brazos. Dos semanas atrás, habíamos hecho el amor sobre esa manta. Era claro que Sesshomaru no había tenido tiempo siquiera para poder lavar ropa de tan ocupado que había estado. Limpié las dos lágrimas que comenzaban a asomarse en mis ojos, y guardé la manta en la bolsa de plástico.
Volví a su habitación, la cual observé a detalle por unos momentos. Sería la última vez que estaría ahí. Tomé la almohada de él y la abracé unos momentos, al tiempo que me sentaba en la cama. Aspiré profundamente el perfume de él aún impregnado en la almohada y me permití llorar el hecho de saber que nunca más volvería a sentir su aroma junto al mío.
Sentía que todo mi interior dolía y tras tranquilizarme un poco, me puse de pie y me quité el anillo de plata que lucía en mi dedo anular.
Años atrás, días después del baile de compromiso de Inuyasha y Kagome al que Seshomaru y yo habíamos asistido, él me había obsequiado dicho anillo. No era un anillo de compromiso, pero yo siempre quise pensar en él como un anillo que prometía el futuro para casarnos. Qué ingenua había sido.
Lo observé por unos segundos. Por tres años había sido un tesoro sumamente valioso para mi, como un simbolismo de lo que podríamos llegar a ser en el futuro; sonreí con mofa y lo dejé sobre el buró junto a la cama, justo en donde minutos antes habían estado las píldoras anticonceptivas. Vaya ironía.
Me dirigí a la salida del departamento, el cual había sido mi techo de manera esporádica por cinco años.
Suspiré.
Ahora lo veía… ¿Cómo era posible que no notara que él realmente no me deseaba ahí? Cinco años de relación, y lo único que me llevaba eran dos artículos de higiene personal y mudas de ropa que yo misma le había obligado a aceptar entre sus cosas, fuera de eso, únicamente estaba la manta, el único regalo a la vista que no le permitiría conservar.
Di un último vistazo y cerré la puerta tras de mí, nuestra historia había terminado.
Veinticuatro horas después, había enviado por correo electrónico mi renuncia formal a la empresa. Sabía que tenía que ir a recoger las cosas de mi escritorio, pero lo cierto es que lo último que deseaba en ese momento era encontrarme con Sesshomaru, por lo que opté por la opción "cobarde" de pedirle a mi amiga Sango que fuera en mi lugar, así que dos días después de mi ruptura con Sesshomaru, ella había llegado a mi departamento acompañada de una caja de cartón con mis posesiones.
-Creí que habrías dejado más cosas – Me dijo, limpiándose el sudor de la frente una vez hubiera dejado la caja sobre la mesa de la cocina.
-No… prefería tener lo necesario nada más. – Dije, mientras sacaba de la caja el primer objeto a la vista: el portarretratos con la fotografía de Sesshomaru y yo cuando llevábamos poco tiempo de haber empezado a salir.
Fruncí ligeramente el ceño y Sango observó mi reacción.
-¿Qué piensas hacer, Rin?
-¿Qué quieres decir? – Pregunté, y volví a dejar el portarretratos en la caja.
-¿Dejarás las cosas así nada más? Armaste una escena, terminaste con él, mandas tu renuncia por computadora, vas a su departamento a hurtadillas por tus cosas…
-¡Eh! No fue a "hurtadillas" – La interrumpí, ligeramente ofendida. Ella suspiró.
-Como sea… el asunto es ¿piensas terminar de verdad cinco años de relación de este modo? ¿no deberían hablar las cosas con calma?
Torcí la boca y bajé la mirada.
-¿Sabes? – Empecé a decir- Han pasado dos días y él no ha mostrado interés en buscarme, por lo que creo que por ahora él no quiere hablar y yo me encuentro en la misma postura.
-Pero…
-Es difícil ¿sí? – Volví a interrumpirla. Agradecía plenamente su apoyo, pero en el punto actual en el que me encontraba, Sango no podía ayudarme. – Como has dicho, han sido cinco años… Quizá tú lo ves como que sobre reaccioné, pero… tú no presenciaste el modo en que él me miraba – Coloqué una de mis manos sobre mi brazo por inercia- La lástima en sus ojos, el no saber qué decirme, la contradicción de sus palabras…
-Entiendo – Sango tocó mi hombro a modo de apoyo – Tienes razón, si es lo que has decidido, está bien.
-Ese es el detalle, Sango… A fin de cuentas, creo que no decidí sola, Sesshomaru deseaba que fuera yo la que terminara la relación porque él no era capaz de hacerlo.
-¿Crees que tuviera que ver esa mujer Kagura? ¿la que me contaste hace meses que mostraba interés en el?
-No – Comencé a sacar las cosas de la caja para ponerlas sobre la mesa – Si bien lo que Sesshomaru hizo fue cobarde, él no es la clase de hombre que sería infiel a su pareja. Él no tiene ningún interés en ella más allá de la relación profesional.
-Al menos – Suspiró – De haber sido una mujer la razón de todo, habría sido peor.
-No, Sango – Dije, y sonreí con tristeza – No lo prefiero…. Pienso que sería más fácil para mi asimilar el hecho de que ya no tenía interés en mí porque otra mujer lo cautivó. Para mí esto es peor… creo que estaba conmigo por lástima ¿sabes? o costumbre, llámalo como quieras… Esto me resulta más ofensivo e hiriente aún, si hubiera sido del otro modo, sólo le odiaría y ya. Odiar hace las cosas más sencillas que el dolor.
Ella me miró con tristeza y me devolvió la sonrisa.
-Estarás bien, Rin.
Asentí con la cabeza, sin creerlo realmente.
No me arrepentía de la decisión de haber renunciado, después de todo era lo que deseaba (aunado al hecho de que permanecer en la empresa con Sesshomaru habría sido un tormento para mi), pero tenía que admitir que no sabía en los problemas en los que me había metido. No era tan sencillo encontrar un empleo nuevo que reuniera los requisitos que deseaba, pero por menos me quedaba la tranquilidad de que contaba con el dinero de la liquidación… cinco años trabajando en el mismo sitio traía por lo menos esa recompensa.
Dos semanas habían pasado desde que había terminado con Sesshomaru, y él no había hecho ningún intento por buscarme, lo cual reforzaba mi teoría de que lo que lo había mantenido conmigo era lástima y costumbre. Todo aquello hacía que me cuestionara un sinfín de cosas, partiendo por la duda de hacía cuánto que él se sentía de ese modo… ¿semanas? ¿meses?... ¿años? El simple planteamiento de que fueran meses o años, me hacía sentir realmente terrible.
Fuera como fuera, la verdad es que estaba llevando todo el asunto con la mayor dignidad posible. Hasta ahora yo no había tenido intenciones de buscarlo (aunque era consciente de que se podían presentar esas ganas cuando menos lo imaginara), pero me daba cuenta que había adoptado un modo de sobrellevarlo quizá no muy sano; cada que alguien me preguntaba cómo estaba, o quería que hablara del tema, yo no podía hacerlo, necesitaba cambiar el rumbo de conversación de inmediato… e incluso, cuando mi propia mente comenzaba a atormentarme con las dudas que tenía respecto a él, era como si mi ser entero se concentrara de inmediato en alguna tarea para mantenerme distraída.
¿Mecanismo de defensa? Quizá.
Recordaba bien que en alguna ocasión había leído en una revista que cuando un suceso nos impacta demasiado de forma negativa, y no se le puede dar solución, nuestro cerebro lo bloquea con tal de que podamos seguir adelante. Habíamos evolucionado de tal modo que las cosas que nos podían matar ya no sólo eran parte de nuestro entorno, sino de nuestra propia mente.
No era una solución real, lo sabía…. Pero por lo menos, mantenerme distraída, o cambiar el tema, me permitía ser capaz de salir de la cama cada mañana y no desplomarme… porque ciertamente sentía que si me permitía pensar demasiado tiempo en él, o hablar largo y tendido el asunto con alguien, empezaría a llorar y jamás sería capaz de parar.
Extrañaba a Sesshomaru de forma desquiciada, pero el ser consciente de que si yo no hubiera terminado la relación, él seguiría conmigo, sintiéndose del modo que había dicho, me desquiciaba… mi salud mental y emocional se hallarían comprometidas, no importaba la decisión que hubiera tomado, por lo menos me quedaba el consuelo de que sentía que había hecho lo correcto.
Pasado un mes, pude encontrar empleo en otra empresa, y gracias a la experiencia que había adquirido en la compañía de los Taisho, fui capaz de aspirar y tomar un puesto bastante decente, por lo que sentía que había dado un gran paso.
Poco a poco, había empezado a reestructurar mi vida, y tras haber encontrado ese nuevo empleo, había tomado la decisión de mudarme a un departamento más cercano a este, por lo que una vez hubiera encontrado el sitio que más me había gustado, había empezado a empacar.
-Me alegra que encontraras un departamento tan pronto, muchos no tienen suerte a la primera – Me dijo Sango, quien había llegado para ayudarme con la mudanza.
-Sí, es un cuarto piso y no hay ascensor, pero la verdad es que, por el precio y el lugar, vale la pena tener que subir escaleras – Le contesté mientras guardaba una lámpara en una caja.
-Ah… ¿qué debería hacer con esto? – Preguntó Sango y yo me giré a mirarla.
En sus manos, Sango cargaba un sobre grande color amarillo que tenía escrito con mi propia letra "Sesshomaru". Sentí un vuelco en el corazón al verlo pues había olvidado que lo tenía.
Años atrás, durante una temporada, Sesshomaru había tenido que viajar a América por asuntos de la empresa, y dado a que en ese entonces yo tenía poco tiempo de haberme graduado y llevaba conmigo todo el peso del romanticismo de estudiante, le había sugerido que me escribiera cartas, las cuales había guardado en ese sobre.
-¿Pero te das cuenta que sería más rápido si te mando correos electrónicos o mensajes al celular? – Me había dicho cuando yo había sugerido lo de las cartas.
-Claro… pero realmente me parece encantadora la idea de escribirnos cartas de modo tradicional. Piénsalo, como en las películas. – Le respondí mientras hacía un puchero, al cual Sesshomaru no reaccionó.
-Está bien, te escribiré tanto como pueda, tú ganas. – Dijo mientras me abrazaba, sabía que no nos veríamos en al menos seis meses y yo era consiente que ese tiempo nos ponía a prueba como pareja, después de todo hacía poco tiempo que habíamos empezado a salir.
-Perfecto… pero de todos modos escríbeme correos electrónicos y textos al celular – Dije, estrechándolo con fuerza.
-Pero si voy a escribirte cartas como has dicho…
-¡Pero tardarán mucho en llegar! – Me quejé. Sesshomaru me dio un golpecito cariñoso en la cabeza y después nos besamos.
-Adiós, Rin.
-Buen viaje, Sesshomaru. – Dije, al tiempo que lo veía marcharse e ingresar a la sala privada del aeropuerto.
-¿Rin? – La voz de Sango me sacó de mi ensimismamiento.
-Ah… sí, lo siento. – Me acerqué a ella y tomé el sobre.
-¿Qué piensas hacer con eso? son todas las cartas que te escribió cuando estaba en América, ¿no es cierto? ¿piensas tirarlas?
Sostuve entre mis brazos el sobre en silencio un momento, y luego me dirigí a las cajas en donde estábamos guardando todo, y lo dejé en una de ellas.
-Rin… -Comenzó a decir ella, lista para darme un sermón.
-Aún no estoy lista, ¿sí? – Sonreí lo más entusiasta posible, y ella suspiró.
-Está bien.
Sabía que tenía un problema en poder seguir adelante con mi vida cuando sin importar qué, seguía pensando en Sesshomaru, por lo que después de meditarlo varias veces, decidí seguir el consejo de Sango: buscar ayuda profesional, y quién mejor si no su ahora esposo Miroku para eso. Sabía que todo lo que le diría no saldría de ahí dado su ética profesional, y por alguna razón me sentía un poco más cómoda si era alguien conocido con quien hablaría.
Las primeras sesiones, sin embargo, no fueron tan fructuosas como hubiera querido, principalmente debido a que me era casi imposible cooperar. Me resultaba difícil contestar las preguntas que Miroku hacía, en parte, porque no quería reconocer las cosas a las que él me estaba conduciendo, y por otro lado, porque estaba aferrada a Sesshomaru aún, y si bien sabía que debía dejarlo ir… entre saber y querer, hay una gran brecha.
-Lo idealicé – Dije, con la mirada perdida en ningún punto fijo. Aquel día, era mi cuarta sesión – Soy consciente que idealicé a Sesshomaru. Deposité en él todas mis fantasías, planes y sueños.
-¿Y por qué hiciste eso?
-Porque realmente quería que él estuviera conmigo durante todo el trayecto que había de recorrer para cumplir mis metas.
-¿Metas? Es la primera vez que mencionas esa palabra, háblame de ello.
Dudé un momento, intentando aclarar mis ideas.
-N-no lo sé… - Titubeé – Es decir, sí lo sé… o creo que lo sabía, con todo lo que ha pasado las cosas son distintas para mi ahora.
-Eso quiere decir que las metas que tenías han cambiado ahora que tú y Sesshomaru se han separado, ¿o me equivoco?
-No, es verdad.
-¿Y cuáles eran?
-Yo… quería una vida a su lado… - Noté como Miroku me observaba con curiosidad- Sé que suena absurdo…
-No, para nada.
-…me refiero, decir que "quería una vida a su lado" debería tener una definición más amplia, ¿no? Quizá hablar de mudarnos juntos, casarnos eventualmente, hijos… qué se yo, lo que se espera de una relación larga, pero cuando digo lo que digo, no era eso lo que se me pasaba por la cabeza.
-¿Entonces qué era? ¿a qué te refieres cuando decías que "querías una vida a su lado"? ¿qué significado tiene esa oración para ti?
-No lo sé… - Dije, y cubrí mi boca con las manos. Era la primera vez que notaba ese hecho. En mi cabeza, las palabras se habían formado como frases huecas, sin significado. – Creo que es lo que uno dice, sólo por decir.
-Entiendo – Miroku anotó en su libreta algo que yo no pude leer. -Entonces, con lo que dices, me queda claro que dejaste en Sesshomaru todo el peso de cumplir una meta que ni tú misma tenías bien definida.
-S-sí, así parece. - Cubrí mi rostro con las manos. Estaba descubriendo cada vez más cosas, cosas que dejaban claro que yo había sido increíblemente irracional. ¿Cómo podía esperar tanto de Sesshomaru cuando yo ni sabía lo que realmente quería?
-Tranquila – Dijo Miroku, y me tendió un vaso de agua. Tomé el agua lentamente. - ¿Mejor?
Yo asentí con la cabeza.
-Creo que por hoy es suficiente, hemos hecho un gran avance, mañana seguiremos si así lo deseas.
-Sí, gracias.
Aquella fue la primera sesión fructuosa de varias que se llevaron a cabo por cuatro meses.
Habían pasado diez meses desde que Sesshomaru y yo nos habíamos visto por última vez. Y tras varias sesiones con Miroku, había tomado la decisión de que no volvería más con él, lo cual influyó hasta cierto punto a que yo me distanciara un poco de Sango… siendo exactos unos seis meses. Sabía que era momento de que yo tomara las riendas de mi vida sin asesoramiento, y me sentía lista en términos generales.
Aquella mañana, había despertado particularmente de buen humor, incluso, había decidido pasar a la florería cercana a mi departamento para comprar algún adorno para mi casa. Siempre me habían gustado las plantas y flores, pero nunca me había dado el tiempo de comprar algo.
-Rin, buenos días, cuánto tiempo sin verte. – Me saludó Sango y yo me sorprendí de verla ahí. Me había olvidado por completo de que ella había abierto esa florería meses atrás.
-¡Sango! Cuánto tiempo ¿cómo estás? – Me acerqué a ella con una gran sonrisa.
-Muy bien, esperando. – Dijo, y salió de detrás del mostrador para dejar ver su notoria figura de mujer embarazada.
-¡Wow! No puedo creerlo, ¿cuándo pasó esto? – Exclamé sorprendida.
-Ya lo ves… no fue nada planeado, pero Miroku y yo estamos muy contentos. Nacerán en tres meses, a principios de junio – Dijo, con una felicidad notoria. La atmósfera entre nosotras era como si nos hubiéramos visto el día anterior, aquellos seis meses de distanciamiento entre ambas eran como si no hubieran existido.
-¿Nacerán? – Repetí, al notar el plural en su oración.
-Gemelas, Rin – Sonrió aún más al dar la noticia.
-¡Cielos! ¡Felicidades! – Dije con franca alegría y la abracé.
-Y bien, ¿qué te trae por aquí? ¿buscas algo en especial?
-Sí, quiero unas flores para mi casa – Expliqué.
-¿Alguna en particular? – Preguntó Sango, y yo miré a mi alrededor, buscando algo que llamara mi atención.
-Te recomendaría las margaritas, se ven muy bien en el interior de las casas. – Escuché que alguien decía atrás de mi, y volví la mirada para encontrarme con un hombre de unos 27 años, alto, de complexión delgada pero musculosa, piel ligeramente morena y cabello alborotado y castaño.
-¿Ko-kohaku? – Pregunté asombrada y él me sonrió.
-Hola, Rin, cuánto tiempo sin verte.
-¡En verdad, mucho tiempo! – Exclamé con alegría. Hacía seis años que no había visto a Kohaku Kobayashi, hermano menor de Sango y compañero de universidad. - ¿Cómo has estado?
-Bien, regresé hace unos días del extranjero. Voy a volver a trabajar en Tokyo. – Dijo con una sonrisa muy segura.
-Eso es genial – Dije devolviéndole la sonrisa, justo al tiempo que una persona entraba a la florería y llamaba poderosamente mi atención.
-Kohaku, sé que dijiste que esperara fuera pero el calor es insoportable – Dijo un hombre de cabellera larga y negra, piel morena y ojos verde-azulado. A simple vista, resultaba sumamente atractivo.
-Oh, lo siento, me entretuve un poco… Rin, te presento a Kouga Nakamura, trabajamos juntos en el extranjero y aprovechó a regresar también junto conmigo.
-Oh, mucho gusto – Me apresuré a decir, haciendo una ligera reverencia por cortesía.
-El gusto es mío – Respondió Kouga, mirándome fijamente y con una sonrisa de oreja a oreja que transmitía muchísima seguridad. Sentí que mis mejillas se sonrojaban y eso me sorprendió.
En ese momento, no noté que Kohaku apretó un poco los labios con ligera impotencia.
Él acaba de presentarme al hombre con quien, después de Sesshomaru, habría tenido el mejor sexo de mi vida.
Sí, lo cierto es que había dejado que las cosas se desarrollaran de forma muy rápida, similar al modo en que se dio con Sesshomaru. ¿Qué si aquello era un error? Honestamente no lo sabía, lo único que tenía por seguro era que Kouga era el primer hombre con el que había salido tras la ruptura con Sesshomaru, había sentido una química enorme con él, y una apabullante atracción sexual.
No estaba enamorada de él, y para ser francos, tampoco estaba segura de que él lo estuviera de mí, pero nos llevábamos bien y me gustaba en demasía. Todo había empezado con citas sin compromiso: ir al bar por una cerveza saliendo del trabajo, salir a bailar fines de semana… nada demasiado serio, sin embargo, poco a poco empezamos a frecuentarnos más, y sin nunca definir las cosas entre ambos y nunca utilizar la palabra "novios", terminamos saliendo juntos cerca de cinco meses.
-Para ser honestos, no comprendo cómo pudo permitir que te marcharas – Dijo Kouga en tono pensativo al tiempo que exhalaba el humo del cigarrillo. -Yo en su lugar hubiera ido tras de ti.
Lo observé en silencio un momento. Se hallaba acostado boca abajo en la cama de su departamento, con los brazos recargados en la almohada y observando la cabecera. Las sábanas cubrían únicamente la parte inferior de su cuerpo, dejando ver su espalda desnuda y sus brazos sumamente tonificados, mientras que yo estaba cubierta por completo, desnuda bajo las sábanas.
Si había algo que me agradaba de Kouga, además de lo ya mencionado, era el hecho de que podía hablar el tema de Sesshomaru con él sin que se molestara, lo cual me recalcaba el hecho de que lo más probable es que no estuviera enamorado de mí.
-Supongo que tienes razón – Dije, con la mirada fija en el techo – Pero lo cierto es que desde ese día no he vuelto a saber de él. Jamás me buscó de nuevo.
Kouga se acostó de lado, ahora sosteniendo su cabeza con una mano, recargando el codo sobre la cama y mirándome con curiosidad.
-¿Lo echas de menos? – Dijo, escrutándome con la mirada. Aquello me tomó por sorpresa y no supe qué responder – …Uhmm… ya veo – Se llevó el cigarrillo nuevamente a los labios. No había sido necesario decir una palabra para que él entendiera las cosas.
-…No, no me malinterpretes, no quiero que pienses cosas que no son, yo estoy contigo y…
-Así es – Kouga dejó el cigarrillo en el cenicero que estaba en la mesita de noche a lado de la cama y se colocó sobre mi, mirándome con intensidad- Tú estás conmigo ahora y no te dejaré ir – Su voz era firme y dominante, lo cual me resultaba increíblemente excitante.
Sonreí levemente y él me devolvió la sonrisa… aquella sonrisa siempre repleta de seguridad. Me besó y sentí que una de sus manos se deslizaba por debajo de las sábanas y apretaba uno de mis muslos con lascivia para después dirigirse directo a mi centro, empezando a jugar con mi clítoris.
Suspiré.
-Rin… eres mía. – Susurró a mi oído, y con esas palabras, toda mi excitación se esfumó de golpe.
Me hice a un lado y me senté sobre la cama, quitándomelo de encima.
-¿Qué sucede? ¿te lastimé? – Se apresuró a decir con preocupación.
-N-no… está bien, es solo que de repente me sentí un poco mal. Será mejor que me dé una ducha y me vaya a mi casa, dormiré un poco.
-Si quieres puedes dormir aquí.
-¡No! – Grité, y él me miró con sorpresa – Ah… lo siento… quiero decir… no, así está bien, Gracias por todo, te llamo mañana.
Me levanté y comencé a vestirme rápidamente. En menos de diez minutos ya estaba en la puerta de su departamento. Kouga no se inmutó, ni se movió de la cama, limitándose a observar mis movimientos.
-Creí que habías dicho que tomarías una ducha – Dijo finalmente. Le miré, estaba completamente desnudo, con una de las almohadas cubriendo únicamente su hombría.
El sujeto era ridículamente candente, pero no podía permitirle decir esas frases… y sabía que incluso si se lo hacía saber y él dejaba de pronunciarlas, la idea de que era desagradable para mí que él pensara que era suya, estaría plantada en su cabeza y en la mía.
-Cambié de idea. Me iré así. – Dije, y le sonreí mientras tomaba mi bolso y las llaves de mi auto que estaban sobre la mesa de su sala.
Kouga me sonrió, pero esta vez de modo distinto, era como una sonrisa a medias, sin la seguridad acostumbrada.
El hombre de piel morena y cabellos oscuros encendió otro cigarrillo y se lo llevó a sus labios.
-Sí. Has cambiado de idea.
Le miré por un momento, sin comprender.
Kouga se puso de pie y se colocó el bóxer que horas antes se había quitado para después caminar hacia mí y abrazarme con fuerza. Me quedé helada, sin saber cómo reaccionar, únicamente sosteniendo mi bolso con mis brazos pegados a mis costados completamente rígidos, mientras que los suyos rodeaban mis hombros y podía percibir el olor al cigarrillo cerca de mi rostro.
-Eres una mujer increíble, hermosa… y no debes volver a permitir que nadie te haga sentir como ese sujeto lo hizo. -Dijo a mi oído y pude sentir que mis ojos se humedecían ante sus palabras.
-Kouga, yo…
-Pero no soy idiota. Sé que lo nuestro no se compara ni un poco a lo que sientes por él… así que…
-Kouga…
-Esta será la última vez que estemos juntos. -Concluyó - Cuida de ti misma. – Él soltó el abrazo y besó mi frente.
-No llores, sonríe. – Ordenó, y yo tallé rápidamente mis ojos para después dedicarle una sonrisa de lado. No podía creer que las cosas estuvieran sucediendo así de rápido, pero tampoco podía negarle nada de lo que decía.
-Gracias Kouga… Adiós. – Dije, y abrí la puerta del departamento para marcharme cuando de pronto sentí una nalgada y solté un grito ante la sorpresa. Me giré a verlo ahora con enfado y él rió.
-No me culpes, tenía que hacerlo una última vez.
Me sonrojé fuertemente y suspiré, cerrando la puerta tras de mí.
-¡Eres hermosa Rin! ¡No lo olvides! – Escuché que gritaba desde su piso, mientras yo bajaba las escaleras rumbo a la salida del edificio. Sonreí de oreja a oreja, sumamente halagada.
Habían sido cinco meses muy excitantes y divertidos para ambos. Kouga era un gran tipo definitivamente, pero no era para mí.
Dos meses más habían pasado desde aquella noche en que Kouga y yo habíamos perdido contacto, y quince desde lo de Sesshomaru. Había decidido que era momento de tener un cambio de aires, por lo que había enviado por correo electrónico una solicitud de empleo a una empresa en Kyoto, y fortuna la mía, había sido contratada, por lo que partiría dentro de unos días.
Aquel día había decidido pasar a visitar a Sango a la florería pero para mi sorpresa con quien me encontré fue con su hermano, al parecer era el día libre de ella.
-Rin ¿qué tal? – Me saludó Kohaku, con la misma sonrisa amable que le caracterizaba.
-Hola Kohaku – Saludé, por alguna razón siempre que me encontraba con él, me embargaba una sensación de calidez y comodidad muy agradable.
-Escuché que te mudarás ¿es cierto?
Asentí con la cabeza.
-Trabajaré en Kyoto, deséame suerte.
-No la necesitarás – Respondió mientras hacía un ademán con la mano ofreciéndome sentar en el pequeño sofá de la recepción- ¿Pero Kyoto? Me parece una elección peculiar… no sabía que te gustaba ese ambiente tan tradicional y folklórico de Japón.
-Bueno, no es que vaya a trabajar en las zonas turísticas, pero sí, me entusiasma la idea. ¿Y tú? ¿ahora trabajas aquí? – Dije sorprendida, después de todo era curioso que alguien tan talentoso como Kohaku dejara su carrera para dedicarse al oficio de las ventas en una florería.
-No, en lo absoluto. Hoy es el día libre de mi hermana, así como el mío, por lo que decidí ayudarla para que ella pudiera cuidar de las niñas.
-Ya veo, entonces tu día libre lo usas para trabajar más – Le miré con admiración. Definitivamente Kohaku era una persona muy bondadosa.
-No me molesta en realidad, disfruto de estar aquí y es bastante tranquilo. No suele haber muchos clientes este día por lo que prácticamente puedo ver televisión, leer o pasar el tiempo en el celular sin mayor problema– Me dirigió una sonrisa nuevamente, y se sentó a lado mío. – Es una pena que te marches ahora.
-¿Ahora? ¿a qué te refieres?
-Sí… ahora que Kouga y tú han terminado. -Noté que desvió la mirada de la mía, pero no le presté mucha atención a eso. - Supongo que realmente te afectó.
-Ah… en realidad no es nada de eso, estoy perfectamente bien. – Dije mientras reía – Hace tiempo que quiero salir de Tokyo, probablemente sea temporal, aún no lo sé. Lo único que tengo por seguro es que nada me ata realmente a esta ciudad y es momento de conocer más cosas.
-Entiendo – Volvió a mirarme y de pronto entre los dos reinó el silencio. Su mirada sobre mi llegó al punto en que me sentí ligeramente abochornada, y decidí que era momento de marcharme.
-Salúdame a Sango, Miroku y las niñas – Dije antes de marcharme.
-Suerte en Kyoto. -Me dijo con una sonrisa, pero en sus ojos, al menos por un instante, me pareció percibir cierta tristeza. ¿Cuánto tiempo pasaría para que lo volviera a ver?
-Adiós Kohaku.
Una vez llegada a Kyoto, me había encontrado con la sorpresa que el departamento por el que había pagado aún estaba en remodelación, por lo que me había visto obligada a pasar la primera semana en un hotel.
Sentía que las cosas evolucionaban para mi con el cambio de ciudad. Nunca había estado en Kyoto pero sin duda la ciudad me resultaba preciosa y el trabajo era mucho mejor que el último que había tenido en Tokyo.
La semana había pasado más rápido de lo que esperaba, y aquella sería mi última noche en el hotel, por lo cual solté un profundo suspiro en la recepción, tras anunciar que me retiraría a la mañana siguiente.
-Oh, lamento escuchar eso señorita -Dijo tras de mi un muchacho que lucía apenas un año mayor que yo, de ojos verdes y cabellos ondulados y pelirrojos atados a una coleta que caía larga por sobre su hombro. Era un hombre alto, de tez blanca con un semblante que expresaba amabilidad y calidez.
Por un instante, me quedé completamente abstraída al observarle. Había que admitir que era atractivo y lucía muy bien en la yukata tradicional que portaba.
-¿Le conozco? – Pregunté, era evidente que no pero no sabía cómo más reaccionar a lo que acababa de decir.
-Oh, lo lamento, debí sonar muy impertinente. -Se apresuró a decir e hizo una reverencia respetuosa – Mi nombre es Shippo Kaneda y soy el dueño de este hotel.
-¡Ah! Mucho gusto, mi nombre es Rin Sanada – Realicé la misma reverencia que él y al levantar la mirada, me encontré con la sonrisa más agradable que había conocido hasta ese instante. Parpadee confundida – Luce contento ¿sucede algo?
-En realidad sí, aunque admito que también estoy apenado. – Dijo llevándose una mano a la barbilla ahora con gesto pensativo. Me resultaba muy peculiar presenciar a alguien tan expresivo – Confieso que desde el primer día que llegó a hospedarse aquí llamó poderosamente mi atención, lamento escuchar que esta sea su última noche en Kyoto.
-¿En Kyoto? – Pregunté confusa y después entendí- ¡Oh, no! Yo vivo aquí, lo que sucede es que recién me mudé y mi departamento estaba en remodelación, simplemente ya está listo y puedo mudarme.
-¿En verdad? – Sus ojos verdes parecieron iluminarse y yo me sonrojé ante tanta expresividad. Su personalidad tan extrovertida me resultaba algo abrumadora, en un buen sentido. -¡Eso es maravilloso! Entonces… si no la importuno ¿le gustaría cenar conmigo mañana por la noche?
Me sorprendí por completo, definitivamente aquello era inesperado. Noté como la recepcionista y uno de los empleados del hotel nos miraron también con sorpresa y luego intentaron disimular una risita. Volví a sentir que me sonrojaba.
-Eh… pues… - Dudé.
-Vamos, una cena nada más – Insistió con una sonrisa. Me sentí ligeramente intimidada - ¿o acaso tiene usted novio?
Levanté la mirada y me quedé muda un instante.
¿Novio?
De cierto modo, escuchar aquello me había resultado doloroso. Con Kouga ese término jamás fue usado y pronto serían dos años desde que me hubiera sentido "novia" de alguien. Titubée un instante… pero…. ¿tenía algo que perder?
-No, para nada. Está bien, una cena. – Dije, y sonreí levemente. Él pareció sumamente complacido por mi afirmación.
-Excelente, mañana a las ocho entonces.
-Sí.
El tiempo pasó y las cosas se fueron dando naturalmente entre Shippo y yo, hasta finalmente convertirnos en una pareja de novios muy envidiada entre el círculo de empresarios en Kyoto.
Shippo resultaba ser el heredero de toda la fortuna de su padre, quien recientemente había fallecido a causa de un asalto violento en el cual había sido asesinado… una tragedia que había marcado profundamente a Shippo, quien no obstante no había perdido la sonrisa y el buen humor que siempre le caracterizó.
Él pertenecía a una familia sumamente adinerada y antigua en Kyoto, por lo que pronto me acostumbré a vestir kimono en la mayoría de las reuniones familiares a las que él me invitaba, o las cenas de trabajo a las que me llevaba y parecía presumirme frente a sus conocidos.
Pronto me adapté a su modo de vida y aparentemente yo había resultado ser muy agradable para sus familiares, quienes se mostraban encantados conmigo para mi sorpresa.
Shippo era maravilloso sin duda alguna, me hacía sentir amada todo el tiempo y por lo tanto yo me esforzaba para que él sintiera lo mismo; sin embargo, había detalles, como en todo, que no eran tan alentadores en la relación. El sexo dejaba bastante que desear, pues si bien no tenía absolutamente ninguna queja por su anatomía, su desempeño no era precisamente bueno, mientras que por otro lado, era un hombre muy sentimental y eso en ocasiones me hostigaba.
Aún así, nada de eso realmente me parecía un impedimento para estar con él. Lo cierto es que era consciente de que él me amaba más de lo que yo a él (si es que a lo que yo sentía se le podía llamar realmente "amor"), pero realmente me esforzaba por corresponderle tal y como él se merecía.
Finalmente, los meses pasaron y pronto había pasado más de un año en Kyoto.
Aquella noche se celebraba uno de los tantos festivales anuales en la ciudad, por lo que Shippo y yo habíamos decidido ir, y una vez los fuegos artificiales hubieran comenzado a iluminar la noche, él me había apartado de la multitud hasta llevarme a un pequeño puente, completamente solos.
El paisaje era sin duda alguna precioso y yo sonreía de oreja a oreja ante las luces de los fuegos.
-Rin – Shippo llamó mi atención y yo la aparté de los fuegos artificiales para mirarle, sintiendo que él me soltaba la mano.
-¿Sí? – Observé con curiosidad que Shippo lucía nervioso y sonrojado, parpadee confundida - ¿Sucede algo?
-Tú y yo llevamos juntos un buen tiempo… en un par de meses serán dos años. -Comenzó a decir y yo alcé la mirada, intentando sacar la cuenta en mi cabeza. Tenía razón. – Nunca había sido tan feliz en mi vida, nunca había estado con una mujer como tú… - Desvió la mirada, realmente estaba sonrojado. Yo comencé a ponerme nerviosa del mismo modo... ¿acaso él estaba a punto de…? – y realmente quisiera que esto que tenemos nosotros no terminara nunca. No sé si esto te parece apresurado y entenderé si deseas pensarlo, pero yo quisiera una vida entera contigo, formar una familia y deseo ser el indicado para ti…. Entonces – Shippo sacó una pequeña cajita de entre su yukata azul oscura, y la abrió ante mis ojos dejando ver una sortija con un diamante más grande de lo que ni en mis más descabelladas fantasías hubiera imaginado – Rin Sanada ¿me darías el inmenso honor de ser mi esposa?
Cubrí mi boca con ambas manos ante la sorpresa. No podía creer que eso estuviera pasando. Tragué saliva. ¿Qué debía hacer? Shippo era increíble, no podía pedir nada más, cualquier mujer en mi postura sabría que era la más afortunada de todas… era casi irreal.
Quizá era hora de dejar de torturarme, sabía que era justo darme la oportunidad de formar una vida estable con alguien que me amara…
-Sí, acepto – Susurré al tiempo que una risa nerviosa salía de mi garganta y él con rostro de completa felicidad, tomaba mi mano para introducir el anillo. El diamante brilló ante los fuegos artificiales que seguían sonando a lo lejos y yo le miré a los ojos antes de que el me besara con ternura.
Todo era perfecto, salvo por mis pensamientos.
Si Sesshomaru se enterara que acababa de comprometerme… ¿qué pensaría?
Sentí que las lágrimas se colaban por mis mejillas ante la idea, y rodee el cuello de Shippo con mis brazos sin romper el beso para que él no lo notara. Acababa de comprometerme y yo estaba pensando en él.
…Era tan estúpida
Mi estancia en Kyoto duraría dos años exactamente, en los cuales no visité en lo absoluto Tokyo.
La etapa de mi vida en la presente ciudad habría sido la misma que mi relación formal con Shippo Kaneda: el noviazgo y después el compromiso, finalmente interrumpido por un "¿Cómo estás?" de Sesshomaru en mi teléfono celular, el cual había llegado una noche anterior, tras casi tres años y medio sin saber de él. Era como una jugada sucia involuntaria por su parte.
Aquel simple saludo desencadenó en mi una oleada tremenda de sentimientos que sirvió en mi interior como escarmiento a lo que estaba a punto de hacer.
No podía seguir con Shippo, no podía efectuar el matrimonio… ¿a quién quería engañar? Siempre lo supe, no lo amaba, era una persona maravillosa pero no lo amaba y dentro de mí, sentía que él era consiente de mis sentimientos y se negaba a aceptarlo, y sin importar cuántas veces lo hubiéramos hablado, mi postura no podía cambiar. ¿Y cómo lo haría? Recordaba perfectamente el momento en que Shippo me había dicho por vez primera "te amo"… había sido después de haberme presentado a su familia, cuando tras la cena me había llevado hasta mi departamento y nos despedimos en mi puerta. En ese instante me sorprendí tanto que no le respondí, y una vez a solas en mi habitación, había llorado por horas ante la frustración de que Sesshomaru jamás me hubiera dicho esas dos palabras. Al día siguiente yo le habría dicho a Shippo mi propio "te amo", el cual, no era cierto.
Sí, él también se engañaba, pero no podía culparlo… ¿qué no acaso yo había hecho lo mismo con Sesshomaru? Querer ver un futuro en donde no lo había, alargar una relación llenándola de ilusiones y buenos momentos.
Me horrorizaba el hecho de que yo estaba a punto de hacerle a Shippo lo que Sesshomaru me hizo a mi: Le había dado esperanzas (pero en este caso reales al haber aceptado la sortija) de una vida juntos cuando en realidad no la deseaba, y le había hecho perder dos años de su vida.
Aquella noche lluviosa, empaqué mis cosas frente a la mirada vidriosa de él, y al tiempo que contemplé su siempre sonriente semblante, esta vez deshecho y marcado por el dolor, le devolví el anillo de compromiso.
-Lo siento. – Le dije, y tomé mis maletas rápidamente, saliendo de ahí.
Aquella noche lloré demasiado… pero era más por lo mucho que me odiaba en ese instante al saber lo que había provocado en un hombre que nunca hizo mas que amarme y desear darme todo en la vida, que por mis propios sentimientos.
Esta vez, la que no era para él, era yo. Shippo merecía a alguien que le amara del modo en que el me amaba a mí.
Dentro de mi, secretamente siempre pensé en Sesshomaru como un monstruo por haber hecho lo que hizo conmigo… y me desgarraba por dentro darme cuenta que yo no había sido tan distinta de él.
Miré mi celular y abrí el mensaje de Sesshomaru. Horas antes yo le habría respondido tras mucho meditar un simple "Estoy bien, ¿y tú?", y ahora descubría que él había leído el mensaje, pero no había respondido.
Pasaron varios días y yo volví, derrotada, a Tokyo.
Sesshomaru jamás respondió el mensaje.
Nunca pude quitarme la idea de que ambos éramos unos monstruos.
Continuará…
He kissed my lips I taste your mounth
He pulled me in I was disgusted with myself
'Cause when I'm with him I am thinking on you
[…] Oh I wish that I was looking into your eyes.
(Thinking on you – Katy Perry)
N/A
Tenía planeado, como dije en el primer capítulo, que este fic no pasaría de aquí, pero este capítulo salió más largo de lo que creí, y dado que aún faltan más cosas, decidí dividirlo en tres, así que tendrán que ser un poco más pacientes conmigo para leer el final jaja
Puedo imaginar que a muchos les debió molestar ver a Rin relacionada sentimentalmente con otro personaje que no fuera Sesshomaru, sobre todo siendo Kouga y Shippo, pero dadas las personalidades de estos dos, me parecieron los más adecuados para lo que quería plantear. Pasaron casi cuatro años en este capítulo, así que Rin cada vez se acerca más a los treinta años.
Como había dicho antes, el punto de este fanfic es plasmar algo más realista y cotidiano … tras una ruptura con alguien que realmente te importaba y amabas, la etapa de la superación y el poder seguir adelante para algunas personas es más difícil que para otras, y en el camino, no es raro que terminen llevándose entre los pies a terceros. Mi intención nunca ha sido hacer una Rin perfecta y angelical, sino una mujer real, confundida, con aspiraciones y sueños, con errores y metidas de pata. A veces una se encuentra con la persona que tiene todas las características que siempre ha querido en una pareja, pero simplemente no es "la persona" que se quiere, y por lo tanto, no importa cuánto te esfuerces, no puedes amarla, mientras que por otro lado, puedes encontrarte a un compañero con el que tienes mucha química en todo sentido, pero no se logran ver con ojos de enamorados, la vida es así.
La canción Thinking on you de Katy Perry es la inspiración original para esta historia, por si gustan escucharla.
Espero les haya gustado el capítulo y quieran seguir leyendo el fanfic. Gracias infinitas a todos los que me dejaron reviews y me mandaron mensajes privados apoyando esta loca idea.
Dreamficgirl: Muchisimas gracias por tu review, espero te agrade este capítulo!
Abigz: Hola nena! Muchísimas gracias por todas tus palabras, me apresuré más con este capítulo para que pudieras leerlo, gracias por tu apoyo, un abrazo.
Angely: Gracias por tu review! Creo que aquí te puedes hacer una idea más clara de a donde va todo, saludos.
Catcrime: A estas alturas puedes descartar lo de la idea de Kagura jaja. Sobre lo de Paulo Cohelo, sí, conozco ese texto, no soy para nada fan de él, pero admito que ese pequeño texto en particular cuando lo leí me marcó profundamente, y admito que de él me he inspirado mucho para este fic, mas algunas vivencias personales. Muchas gracias por tu review, me gustó mucho leer tu opinión, un abrazo.
Mia Liebheart: Muchas gracias por poner mi fic en tus favoritos! Un abrazo fuerte.
Milly Taisho : Jajaja definitivamente con esto ya puedes quitarte la idea de lo de Kagura, no fuiste la única que lo pensó y cuando leí que decían eso me sorprendí porque no era la idea que quise dar, pero luego lo pensé y tenía sentido. Espero te gustara el cap, un beso.
Paloma cucurrucucu : Muchas gracias por tu review, espero te guste este capítulo y sigas leyéndome, un saludo!
Yarisha: Muchas gracias por tu review, exactamente todo lo que has dicho, es como veo las cosas yo, exactamente así. Espero te guste este capítulo, un abrazo chica!
Indominus Dea: Muchas gracias por compartir tus pensamientos en el review, yo igual he pasado por una situación similar, así que imagino te podrás identificar también en alguna que otra cosa de este capítulo. Espero sigas leyendo el fic y te guste, un saludo y un abrazo.
Cataratas : Antes que nada… Actualiza tu fic! Jajaja, bueno ya entrando en tema: muchísimas gracias por tu review, me halaga mucho que alguien tan talentosa como tú le gustara mi fic. Todo lo que mencionaste respecto a Rin y sus altas expectativas, es lo que intenté transmitir en la escena con Miroku, todo lo que mencionas estoy completamente de acuerdo contigo. Espero el capítulo haya sido de tu agrado, un abrazo afectuoso.
HasuLess : Uy, yo creo que con este capítulo las cosas que esperabas quizá se fueron al suelo, pero espero igual te siga agradando la historia. Aún faltan unos cuantos giros, muchas gracias por tu review!
Guest: No pusiste nombre así que no sabré como llamarte, pero muchísimas gracias por leerme. Respeto al fic de Muñeca… aún no sé si lo continuaré, pero es algo que tengo presente. Gracias por el review, un saludo!
Nos vemos el próximo capítulo!
Kuruma Chidori
