AN: Ultima parte del two shot. Sólo aclarar que dejé goldfish y fatty en inglés por si lo traducía al español se leería rarísimo y muy OOC (además me gusta cómo se leen en inglés :'v) De nuevo, no uso lectores beta así que pueden haber un par de errores ortográficos o de puntuación.
Desclaimer: No me pertenece nada más que el corazón shipper.
No estaba espiando. No, no. Lo que Sherlock Holmes estaba haciendo definitivamente no era espiar. Sólo estaba oculto en una esquina frente a Barts para asegurarse de que el saliente de Molly Hooper (y lo llamaba saliente porque si tuviera novio él sería el primero en saberlo) no fuera un psicópata como 'Jim de IT', un insípido como Meat Dagger o alguien con un coeficiente intelectual más bajo que el de John. Eso no era espiar, era hacer un favor.
¿Por qué se tomaba tal molestia? Por la simple razón de que su patóloga se merecía a alguien mejor. No mejor que ella -sería imposible encontrar a alguien con un corazón más bueno que el de Molly- pero mejor que los idiotas con los que había salido anteriormente. Además, quería saber quién era tan importante como para que Molly Hooper rechace salir a resolver un caso con él.
No la interrumpiría o la seguiría, ya había aprendido la lección. Una vez, hace años, había saboteado una de sus citas con la excusa de que necesitaba ver un cuerpo en la morgue y él podía jurar que nunca había visto tanta furia salir de una persona tan pequeña.
Es por eso que simplemente la observaría desde la distancia y si algo no le gustaba -que probablemente sería así- esperaría al día siguiente para decírselo.
O al menos ese había sido el plan antes de verla subir en uno de los autos de Mycroft. Eso lo descuadró.
Cuando Mycroft le dijo que sería él quien 'haría un movimiento' en cuanto a los deseos de su madre de tener nietos, Sherlock no creyó que fuera cierto y mucho menos que fuera a ser con su Molly.
Al ver el auto arrancar Sherlock salió de su escondite y paró el primer taxi que se le cruzó. No había necesidad de perder el tiempo preguntándole a Mycroft a dónde la llevaría, estaba claro que no se lo diría.
-Siga ese auto.
-¡Heyyy!Tú eres Sherlock Holmes, el genio detective de los periódicos ¿no es así? -dijo el taxista.
-Maneje ¡Ahora!
Sin necesitar más palabras el taxista comenzó a seguir el auto de Mycroft lo más rápido posible, tratando de no quedarse en los semáforos.
¿Por qué Mycroft invitó a Molly a cenar? -SH
Presionó enviar sin mucha esperanza. Ciertamente Anthea era muy fiel a su hermano y lo más seguro era que tuviera prohibido decir algo.
Sabe que no puedo decirle nada Sr. Holmes. -AW
Ugh.
De acuerdo. Pero no le digas que pregunté. -SH
Por supuesto que lo haré. -AW
Molly ingresó al restaurante y fue inmediatamente recibida por el maître, quien le informó que ya tenía una mesa y la estaban esperando; a penas le dio tiempo para admirar los detalles del salón.
Caminó entre mesas hasta llegar a una de las zonas más apartadas del restaurante. Ahí estaba Mycroft Holmes, sentado en una mesa para dos, guardando el teléfono en el bolsillo interno del costoso traje verde olivo.
-Su mesa, señorita Hooper -dijo el maître, jalando la silla para que tome asiento.
-Gracias -respondió Molly en voz baja.
Cuando estuvieron solos Molly tuvo breves segundo para observar al hombre que tenía al frente.
La última vez que lo había visto en persona fue la mañana siguiente a la caída, exactamente después de que Sherlock hubiera dejado su departamento sin despedirse para emprender un viaje de dos años desmantelando la red de Moriarty.
Molly recordaba haber abierto la puerta con los ojos enrojecidos y aún vestida en pijamas -a pesar de ser las cinco de la tarde-. Honestamente no había esperado recibir una visita de parte del hermano de Sherlock. Todo fue muy breve, Molly le ofreció café y él lo rechazó diciendo que estaba algo apurado. Rápidamente -aunque con evidente sinceridad- le dio las gracias por haber salvado la vida de su hermano y le dijo que su familia estaría eternamente en deuda. Además, le informó que a pedido de Sherlock, ella contaría con seguridad las veinticuatro horas hasta estar seguros de que no era vigilada. Después de entregarle su tarjeta y con un 'buenas noches' se marchó.
Eso había sido hace más de tres años, la verdad es que había cambiado poco. La misma expresión de seriedad y profesionalismo seguía ahí (acompañados de una botella de vino y dos copas a penas llenas).
-Buenas noches Dra. Hooper. Imagino que se ha preguntado por qué le pedí venir.
-Ciertamente. ¿Pasa algo con Sh… uhm con su hermano?
-Ya hablaremos de mi hermano más tarde. Primero hábleme de usted.
Molly abrió mucho los ojos, hablar de ella era lo último que esperaba hacer al llegar.
-¿De mí? ¿Por qué?
-Tengo la intención de conocerla mejor. ¿Está bien si le hago un par de preguntas?
-Eh… Supongo que sí.
Adoptando una actitud profesional -como si fueran a hablar de negocios- y mirándola fijamente preguntó:
-¿Está soltera?
-Lo estoy -respondió firmemente.
-Bueno saberlo. Y dígame… ¿Ha pensado en tener hijos?
Ante esta pregunta Molly se atoró con el vino que había empezado a beber. Tuvo que cerrar fuertemente los labios para que ni una gota escape. Limpió unas pocas gotas que habían amenazado en salir de su boca con la servilleta que tenía sobre las piernas y se disculpó, evidentemente avergonzada.
Las pocas esperanzas de salir de esta cena con dignidad se habían esfumado.
-Ah… Eh… Bueno, sí. Tal vez cuando tenía doce, ja ja -una risa nerviosa escapó de sus labios- Mi carrera profesional siempre ha sido mi prioridad. Terminé mis estudios a los veinticuatro, luego el internado y la especialización a los treinta, no es que haya tenido mucho tiempo para pract- No! Quiero decir… No. No es algo que haya pensado realmente.
Molly podía sentir sus mejillas calientes, tanto que el calor le llegaba hasta los ojos. No quería ni imaginarse cómo se veía.
-Ya veo... ¿Pero ahora? El tiempo pasa en abrir y cerrar de ojos y usted no se está volviendo más joven ¿Cuántos años tiene? ¿Ya treinta y seis?
-¡¿Disculpe?!
El rostro de vergüenza fue reemplazado por uno de indignación. ¡¿Cómo podía haberle dicho algo así?! Definitivamente no había mucha diferencia entre ambos hermanos. Ninguno tenía tacto al hablar.
-¿La he ofendido?
-Dios, y las personas creen que usted es el más inteligente -rodó los ojos con exasperación.
-Perdone -respondió Mycroft con una falsa sonrisa.
-¿Por qué está preguntándome esto? Mi vida personal no es algo que le importe.
-Aún.
-¿De qué habla?
-Déjame preguntarle algo, Dra. Hooper ¿Mi hermano es importante para usted?
-Por supuesto que sí, es mi amigo.
-Ah sí, su amigo. Y sabe que usted es muy importante para él ¿Verdad?
-¿Lo soy?
-Dra. Hooper le he dicho a mi hermano muchas veces que preocuparse por los demás no es ventajoso, todo lo contrario; aun así la observó desde fuera del hospital porque usted le dijo que tenía una cita. Luego le envió un texto a mi asistente personal preguntándole la razón de este encuentro. Probablemente llegue aquí en cualquier momento… Y bien, ¿qué nos dice eso acerca de sus sentimientos?
Mycroft retuvo las ganas de reírse al ver el rostro estupefacto de la mujer que tenía en frente. Él no era un experto en sentimientos, de hecho era el menos indicado para hablar de ellos, pero podía reconocer que los de su hermano hacía su patóloga no eran de simple amistad. Qué ironía que un hombre tan inteligente como Sherlock fuera un completo ignorante en algunas cosas.
-Sr. Holmes, me siento muy halagada por lo que intenta decir per-
No pudo terminar la oración porque una voz bastante familiar resonó en el restaurante, interrumpiendo.
-Molly Hooper, ¿qué crees que estás haciendo? Ponte de pie y vámonos. Ahora.
Sherlock, bastante agitado -y algo despeinado por haber corrido las dos últimas cuadras debido a la incompetencia del taxista que se quedó en un semáforo- llegó hasta la mesa en la que su hermano y su patóloga estaban sentados. Tomó la pequeña mano de Molly y tiró de ella, haciéndola parar torpemente.
-Qué maravillosa sorpresa, querido hermano. Creí que tenías asuntos más importantes que atender -respondió Mycroft.
-Silencio, traidor -dijo el detective de una manera casi infantil.
-Sherlock ¿me seguiste? ¡¿De nuevo?!
-Tal vez.
-¡No puedo creer que lo hicieras de nuevo!
Molly se soltó del agarre de Sherlock y puso una mano en la cintura mientras la otra la pasó por la frente.
-Y yo no puedo creer que mi hermano sea tu misteriosa cita. Por lo que veo tus gustos en hombres no han mejorado ni un poco, Molly. Y tú -Sherlock volteó mirar a su hermano- Cuando dijiste que ibas a 'hacer un movimiento'. No creí fueras a hacerlo con mí patóloga. Por si no lo sabías Molly no puede tener citas y mucho menos establecer una relación amorosa, no es muy buena con esos temas. Además, la necesito concentrada en la morgue y a mi lado al momento de resolver casos; si de por sí ya es un poco despistada estando sola, imagina lo que sería estando en pareja.
-Molly… Dra. Hooper, le prometo que todo esto es un malentendido de parte de mi hermano. Esto no se trataba de mí. Y- Yo trataba de…
Mycroft se apuró en disculparse ante la mirada de indignación de la mujer castaña (que, si era honesto, le resultaba algo intimidante) pero nuevamente, Sherlock interrumpió:
-Ella no quiere escuchar tus palabras, fatty. Ahora, escúchame bien por diré esto una sola vez. Tienes prohibido salir con la Dra. Hooper. ¿Quieres un goldfish? Ve y consigue a otro. Vamos Molly, hay un caso que necesita ser resuelto.
Sin esperar alguna respuesta Sherlock tomó de la muñeca a Molly y la llevó a través de todo el restaurante hasta la puerta.
Molly estaba avergonzada, acababan de realizar una escena y todos los comensales, sin excepción, los observaban. En los breves veinte segundos que les tomó llegar a la puerta su cabeza estaba dando vueltas en una velocidad impresionante lo que acababa de acontecer. Sherlock la había seguido -de nuevo- en lo que él creía era una cita. Y no sólo eso, también se había mostrado algo... en contra a que ella tuviera una relación con… Bueno, con cualquier persona. Luego estaba la conversación con Mycroft, todas esas preguntas acerca de sus planes a futuro y sobre todo las que tenían que ver con su hermano se complementaban como rompecabezas con el extraño comportamiento que había desarrollado el detective durante el último año -desde que Tom había desaparecido de su vida para ser exactos-.
Al llegar al parqueo de autos, Molly se detuvo en sus pasos y liberó la mano que estaba siendo sujetada por el hombre que tenía en frente.
-¿Sherlock? -dijo en una voz casi inaudible.
-¿Hmm?
-¿Por qué siempre me sigues en mis citas?
Sherlock la miró sobre el hombro y se detuvo también. Dio la media vuelta y la miró fijamente.
-No quiero que salgas con otro psicópata como Moriarty. No quiero que vuelvan a mentirte o a hacerte daño, tú no mereces eso. Me preocupo por ti, quiero que estés a salvo.
Con los ojos muy abiertos y los labios medianamente partidos, Molly le sostuvo la mirada, procesando lo que acaba de escuchar.
-Además, como ya dije, te podrías distraer y te necesito concentrada -sonrió.
Después de un silencio breve y sin recibir respuesta Sherlock volvió a voltearse con el fin de llamar un taxi.
-Eso es... lo más dulce que hayas podido decir. Gracias Sherlock.
-Ok. Pero que no se te haga una costumbre.
Molly no pudo evitar sonreír. Oh Sherlock Holmes. Podía aparentar no involucrarse pero su comportamiento siempre demostraría lo contrario.
-¿Tienes hambre? -´preguntó.
-Mucha, sí.
Un taxi había parado frente a ellos. Sherlock abrió la puerta trasera y la sostuvo, indicando a Molly que entre primero. Una vez que ambos estuvieron dentro el taxista preguntó la ruta.
-Angelo's, por favor. Trate de ser rápido, mi patóloga está algo hambrienta.
-Okie Dokie -respondió el taxista.
-Pensé que tenías un caso.
-Tenía.
-Ya lo resolviste ¿no es así?
Sherlock estaba mirando por la ventana pero aun así ella pudo ver reflejarse en la luna una amplia sonrisa.
-Claro que lo hiciste.
-Iremos a un lugar cerca de Baker Street. Nada elegante. No tolero esos.
-Bien.
-¿Bien? -volteó a mirarla.
-Sí, bien -Molly respondió con una pequeña y dulce sonrisa.
Durante la cena hablaron de todo y nada. Recibieron unas cuantas miradas de asco cuando empezaron a hablar de cadáveres y autopsias, un par de personas los llamaron 'raros' en voz baja y otros apartaron sus sillas para alejarse de ellos.
Ellos conversaron, rieron y debatieron, ignorando todo lo que los rodeaba.
Sherlock le enseñó unas cuantas técnicas de deducción y la puso a prueba con un par de comensales, aplaudió sus aciertos y corrigió sus errores. Señaló que tenía la manía de arrugar la nariz cuando pensaba y ella le contó que aquella noche después de 'la caída' lo había escuchado roncar levemente cuando descansaba en su habitación.
Sherlock muy muy en el fondo sabía que si él tenía la suerte de merecer un goldfish entonces ya lo había encontrado hace mucho, usando una bata blanca e inclinándose a diario sobre cadáveres en la morgue de Barts.
Eso es todo. Honestamente no me siento en condición de andar pidiendo reviews pero un 'me gustó' o un 'fue un asco' me ayudaría a saber si hago las cosas bien o si ya debo retirarme de mi breve carrera como ficker. Gracias por los follows y favs.
