El Chico de Draco
Por Empathic Siren
Capítulo 2: Volaré.
Harry se despertó a la mañana siguiente y saltó de su pequeño catre, recordando que había sido invitado a comer panqueques con chispas de chocolate. Nunca había comido panqueques con chispas de chocolate, pero cualquier cosa con chocolate tenía que ser buena. Honestamente, nunca lo habían invitado a ningún lado, tampoco. Tenía miedo de arruinar todo, de no saber qué hacer, qué decir, y no ser lo bastante servicial. Decidiendo que no quería perder a su primer y único amigo tan rápido, Harry revolvió los cajones de su tocador de segunda mano para encontrar su mejor ropa.
Después de vestirse, salió corriendo de su pequeña habitación sin ventanas, que había servido a los anteriores dueños como bodega, y fue al baño. Se cepilló los dientes furiosamente. Luego pasó los próximos quince minutos tratando valerosamente de peinarse el cabello. Realmente no quería parecer un rufián. La Tía Petunia siempre decía que su pelo lo hacía parecer un rufián y que nadie quería ser visto con semejantes criaturas. Suspirando, vio como su cabello volvía a pararse y esperó contra toda esperanza que los Malfoy no lo echaran de inmediato.
Harry salió con dificultad del baño y empezó a bajar las escaleras cuando se detuvo. Regalos. Se había olvidado de los regalos. Desde la pequeña rejilla de la puerta de su amario, había visto a los invitados traer flores y botellas de algún tipo a su tía y tío cuando venían a cenar. Harry corrió rápidamente, a tropezones, hasta su cuarto y se zambulló directamente al piso, estirando su pequeño brazo debajo del catre en busca de una lata de café familiar que poseía su vasto tesoro. Rápidamente la volteó en el piso y empezó a escudriñar. Sus dedos se cernieron sobre una gran canica antes de seguir. Tocó la suave pluma de cardenal que había encontrado el invierno pasado y pasó rápidamente la foto que tan a menudo veía de él cuando bebé. Finalmente, divisó lo que sabía que sería perfecto para Draco –una piedra plateada, pequeña y suave, que había encontrado en el cauce de un arroyo que había explorado el último día de verano. Le recordaba un poco a los ojos de Draco.
Poniendo la piedra en su bolsillo, corrió las escaleras y se sorprendió al encontrar a Tía Petunia esperándolo, con una mochila de aspecto curioso en sus manos. Miró continuamente la puerta de la cocina mientras arrojaba la mochila a los brazos de Harry y siseaba-. Recuerda lo que dije. ¡Y no regreses antes de mañana!
Harry asintió y atravesó el umbral, sin atreverse a creer que era libre. Antes de dirigirse a lo de los Malfoy, sin embargo, se paseó por el jardín de los Dursley, decidido a llevarle algunas flores a la Sra. Malfoy. Harry no había llegado todavía a la parte trasera del jardín y recordó haber visto unos colores llamativos en la esquina más lejana. Le encantaban las plantas. Incluso había aprendido el nombre de muchas de ellas del hombre que hacía las entregas a su antigua casa. Era amable y le había dado paquetes de semillas a Harry de vez en cuando.
Cuando Harry sintió que tenía suficientes, trotó hasta la casa Malfoy y se paró en la puerta delantera. Estaba aterrorizado, se dio cuenta. Respirando profundo, se subió la mochila al hombro y golpeó. Segundos después oyó lo que parecía ser una manada de búfalos corriendo por la casa, sólo para ser casi arrojado hacia atrás cuando la puerta se abrió de golpe y Draco saltó al porche.
El rostro de Draco se partió en una enorme sonrisa-. ¡Está aquí! ¡Mamá, Harry está aquí! –empezó a gritar, mientras tomaba la mano libre de Harry.
Las cejas de Harry se levantaron hasta el nacimiento de su cabello y jadeó cuando Draco lo sujetó y empezó a jalar de él a través de la casa a velocidad suicida. Fue todo lo que Harry pudo hacer para evitar caer.
Narcissa se volteó de la cocina mientras Draco entraba hecho un huracán, con un Harry desconcertado a rastras. Negó con la cabeza ligeramente y sonrió-. Draco –amonestó livianamente-, no tan alto. Faltan unos minutos para el desayuno, creo –dijo.
Draco soltó la mano de Harry mientras se sentaba a la mesa con dificultad, listo para sus panqueques. Eso dejó a Harry parado en el medio de la cocina, sosteniendo su mochila en el hombro y con un pequeño manojo de flores en mano. Harry se mordió el labio inferior, inseguro de qué hacer.
- Buenos días, Harry –dijo Narcissa, relevándolo así de tener que comenzar la conversación-. Espero que tengas hambre. Hice muchos panqueques.
Harry se iluminó ante eso y dio un paso hacia delante. Empujó las flores contra la Sra. Malfoy y trató de recordar qué decían siempre los invitados cuando iban a la casa de su tía y su tío-. Muchas gracias por invitarme –empezó formalmente-, éstas son para usted –dijo, meneando las flores.
Narcissa sonrió. Qué niñito tan raro, pensó. Tan formal y bien hablado que le daban ganas de hacerle cosquillas hasta que llorara de risa-. Vaya, Harry, son encantadoras –dijo, tomando las flores-. Gracias. Las hortensias son mis favoritas.
Los ojos de Harry se iluminaron-. Ésas son entrelazadas –dijo emocionado mientras señalaba la forma especial de la flor-. Y, creí que le gustaría este anís rojo que encontré. Y agregué el pito-spo-ro va-var-varieg-var-ie-ga-do para darle un poco de verde –dijo, orgulloso de haber tartamudeado sólo con la palabra 'variegado'. Recordaba esa del hombre del vivero. Había delirado acerca de la belleza del pitosporo variegado. Harry disfrutaba la forma en la que sonaba cuando lo decía. Lo había practicado una y otra vez hasta poder decirlo bien.
- Vaya, Harry, ¡sabes muchísimo sobre plantas! –exclamó Narcissa, tanto honestamente sorprendida de que supiera tanto como sabía, así como contenta por tener algo de lo que charlar con este recatado niño. Se volteó para encontrar un jarrón para su pequeño ramo y preguntó-, ¿Cómo aprendiste tanto? –Se sorprendió al voltearse y encontrar a un Harry pensativo, con una expresión casi cansina en el rostro.
- Paso bastante tiempo afuera –dijo suavemente-. Trabajo… Me gusta trabajar en el jardín –dijo, enfatizando la palabra 'gusta', como si recitara de memoria. Se encogió de hombros-. Me encantan las plantas –dijo honestamente.
- Bueno, ¡eso ciertamente explica tu ropa, entonces! –dijo Narcissa brillantemente, mientras señalaba la ropa de Harry, feliz de haber resuelto el pequeño misterio de porqué su ropa era demasiado grande y estaba rota. El niño obviamente quería estar cómodo y no quería ensuciar prendas mejores mientras cavaba en el jardín. Narcissa misma tenía todo un ropero de ropa 'de jardín' y era similar al de Harry.
- Err, sí –dijo Harry, alisándose sus mejores pantalones tímidamente.
Draco, desagradándole el hecho de que lo estaban ignorando, golpeó su pequeño puño contra la mesa, demandando panqueques-. Mamá, queremos nuestros panqueques, ya –dijo Draco con un pequeño olisqueo-. Harry, tú siéntate aquí –demandó Draco, dándole una palmadita al asiento al lado de él.
- ¡Draco! –reprendió Narcissa mientras llevaba todo a la mesa, excepto por los panqueques. Harry se subió a su asiento y le sonrió a Draco, mientras ponía la pequeña piedra plateada en la mano de su amigo.
- ¿Qué es esto? –susurró Draco, emocionado, mientras Narcissa se ocupaba con las preparaciones finales.
- Un regalo –dijo Harry simplemente-. Ya sabes, por invitarme.
Draco dio vuelta la piedra una y otra vez sobre su mano, con el ceño fruncido en intensa concentración.
- ¿Dónde la conseguiste?
- La encontré el verano pasado. En el cauce de un arroyo, detrás de la casa de los Dursley.
El rostro de Draco se levantó de golpe, con los ojos brillando-. ¿Crees que sea un tesoro? ¿Crees que un pirata lo haya dejado allí?
Harry observó a Draco cuidadosamente antes de responder. No hacía mucho que conocía a su amigo, pero sabía que Draco estaba obsesionado con tesoros escondidos y piratas y otras fantasías. Harry se encontró a sí mismo renuente a destruir eso, incluso cuando él ya sabía que no había cosa tal como un tesoro escondido. No para él, al menos.
- ¿Y bien? –preguntó Draco.
Harry sonrió-. Sí, quizás –dijo en un susurro-. Hay un, er, río no muy lejos de allí. Quizás los piratas la, uh, dejaron caer de camino a enterrar su otro tesoro.
Draco asintió con entusiasmo, olvidando por completo su rabieta.
Por supuesto, el olor a panqueques calientes habría logrado lo mismo, pensó Harry. Tan pronto como la bandeja estuvo en la mesa, Draco puso la piedra en su bolsillo y atacó con deleite, sirviéndose tres, no, cuatro, mullidos y enormes panqueques en su plato con un tenedor. Harry observó cómo la Sra. Malfoy se sentaba y tomaba, graciosamente, dos panqueques para sí misma. Draco y su madre empezaron a charlar sobre algo, dejando a Harry por su cuenta. Inseguro de cuántos le eran permitidos, Harry estiró un brazo vacilantemente y tomó uno. Era bastante grande, en realidad. Inseguro de qué hacer después, observó cómo Draco enmantecaba generosamente todos sus panqueques antes de ahogarlos en jarabe. La Sra. Malfoy les puso un poco de jarabe a los suyos también y empezó a cortarlos prolijamente mientras escuchaba el parloteo de su hijo acerca de la Sra. Figgs y sus sospechosos gatos.
Harry decidió que no debía pedir manteca ni jarabe, ya que ninguno le había sido ofrecido, y vacilantemente tomó su cuchillo y tenedor, tratando de imitar los prolijos cortes de la Sra. Malfoy. Ojeó los pedazos antes de finalmente tomar un bocado. ¡Oh, maravilla! ¡El gusto era magnífico! Harry soltó inconscientemente un gemido de apreciación, causando que la charla terminara y Draco y Narcissa lo miraran. Harry se congeló. Claramente había hecho algo mal. Tragó cuidadosamente.
- ¿Nunca habías comido panqueques con chispas de chocolate, amor? –preguntó Narcissa, divertida por la reacción de Harry.
Un rubor profundo se difundió por las mejillas de Harry, mientras tragaba saliva, bajaba la vista y negaba con la cabeza, con miedo a que lo echaran.
- Son muy buenos, ¿verdad? –susurró Draco al oído de Harry –con olor a chocolate y jarabe en el aliento-. Mejor que un tesoro, creo.
Harry sonrió, contento de que su amigo y la Sra. Malfoy no fueran a sacarlo por la oreja. Todavía no, de todas formas.
Narcissa bajó la vista al solitario panqueque de Harry, sin jarabe-. Sé que parece extraño, cariño, pero saben bastante bien con manteca y jarabe. Pruébalo –dijo, mientras ponía el platito de la manteca y el jarabe frente a Harry.
Harry asintió. Rápidamente enmantecó lo que quedaba de su panqueque y se vertió una generosa cantidad de jarabe antes de que la Sra. Malfoy cambiara de opinión. El sabor era incluso mejor ahora. No podía creerlo. Saboreó cada pedazo de su panqueque, triste cuando se acabó. Luego tragó su leche, saboreando cada gota también. Cuando hubo acabado, levantó la vista y vio que Draco se había servido dos panqueques más y los estaba comiendo con igual deleite. Harry le sonrió a su amigo, hallando divertidos sus hábitos.
- Harry, ¿quieres más? –preguntó Narcissa, preocupada porque sólo había comido un panqueque. Era un chico en crecimiento, después de todo, y un panqueque no podía ser suficiente.
- Er, no, gracias –dijo Harry suavemente, con temor a sobrepasarse. Luchando por recordar el orden de los modales a la mesa, Harry apoyó sus cubiertos cuidadosamente y le agradeció profusamente a la Sra. Malfoy por una comida tan maravillosa.
Narcissa no estaba segura de qué pensar sobre el pequeño niño sentado frente a ella. Era tan serio y formal y… raro. Era tan tímido como un infante pero tenía el porte de alguien mucho mayor que Draco. Era ridículamente pequeño y delgado-. Harry, ¿cuántos años tienes? –preguntó de pronto. Había asumido que era un poco más joven Draco basándose en su tamaño, pero ahora no estaba tan segura.
- Sí, Harry. ¿Cuántos años tienes? –preguntó Draco mientras se relamía y limpiaba las últimas migas de panqueque.
- Siete –dijo Harry-. Pero tendré ocho pronto –agregó a toda prisa.
Narcissa estaba sorprendida. Harry sólo tenía unos meses menos que su hijo, entonces. Qué fascinante que pudieran ser criaturas tan diferentes, incluso a esa edad. ¿Quizá era delicado? ¿Tal vez por eso comía tan poco? Ciertamente explicaría su tamaño y su complexión pálida. Tendría que vigilar y asegurarse de que Draco no le exigiera mucho.
Harry pretendió no notar que la Sra. Malfoy lo estaba estudiando-. Harry, ¿estás seguro de que no quieres comer un poco más? Estás muy delgado. Tenemos que poner carne en esos huesos.
Familiarizado con este tipo de escrutinio, Harry decidió que era mejor preparar el terreno ahora para las mentiras que eventualmente tendría que decirles-. Estoy bien, Sra. Malfoy. N-no me da hambre –dijo Harry muy silenciosamente-. Me enfermo mucho –continuó-, y me pierdo muchos días de escuela.
- Estás… Quiero decir… Tiene un nombre… ¿qué hace qué te enfermes, Harry? –tartamudeó Narcissa, sin estar enteramente segura de cómo hacer su pregunta.
Harry se encogió de hombros y bajó la vista a su plato. Había una miga bastante grande del lado izquierdo del plato que era difícil de ignorar-. No sé. Sólo me enfermo –mintió-. Resfríos, gripes y cosas. Generalmente sólo duran unos días –murmuró.
Draco frunció el ceño. No le gustaba que su chico, su Harry, se enfermara tanto. Estar enfermo no era divertido. Él odiaba estar enfermo. Estar enfermo significaba tener que quedarse en la cama bajo demasiadas mantas y tomar medicina fea. Puso su mano pegajosa en el hombro de Harry-. Te haré compañía cuando te enfermes, Harry. Podemos jugar adentro tanto como afuera –dijo solemnemente.
- Sí –dijo Narcissa, tomando el hilo y queriendo quitar la expresión de desamparo que se había adueñado del rostro de Harry-, y te llevará hielos de limón y sopa para que te sientas mejor. No hay nada malo con enfermarse, Harry, nos pasa a todos. Sólo te pasa a ti más a menudo, por lo que parece.
Harry la miró, sus ojos verdes brillando con intensidad. Narcissa casi jadeó-. Sí, así es –dijo suavemente antes de sacudir la cabeza y murmurar un agradecimiento. Viendo que todos habían acabado con su desayuno, saltó de su asiento y empezó a llevar los platos al lavabo.
- ¿Y qué crees que estás haciendo, jovencito? –dijo Narcissa juguetonamente, esperando eliminar el sombrío humor que se había apoderado de la mesa.
- Limpiando –dijo Harry, desconcertado.
- Eres el niño más cortés del mundo, ¿no es verdad? –dijo Narcissa, levantándose y tomando los platos de las manos de Harry-. Lavar los platos no es tarea de niños pequeños. Ahora ustedes dos váyanse y diviértanse jugando –dijo con una sonrisa y una palmada gentil al trasero de Draco.
Draco tomó la mano de Harry una vez más y lo arrastró por la puerta trasera-. ¡Ven, Harry! ¡Es hora de jugar!
Los chicos pasaron todo el día jugando –cavando agujeros, haciendo mapas del tesoro, y espiando los gatos de la Sra. Figgs. Harry hacía lo que Draco quisiera. Esto, por supuesto, le venía a Draco perfectamente. Y Draco se ponía secretamente contentísimo siempre que podía hacer que Harry riera, o corriera, o hiciera cualquier tontería. Mientras el sol empezaba a bajar en el cielo, la melódica voz de Narcissa Malfoy llamó a los chicos a cenar. Harry comió tanto como se atrevió, pero se dio cuenta de que la Sra. Malfoy se estaba conteniendo de poner más comida en su plato.
- Draco, eres un desastre –dijo, divertida por su cabello despeinado y su bigote de salsa alrededor de sus labios. Tenía manchas de tierra en los codos y ropa. Harry, notó, estaba en el mismo estado, excepto por la salsa del spaghetti. Él comía prolijamente, casi delicadamente. Parecía saborear su comida-. Creo que es hora de que ustedes dos se bañen y se vayan a la cama –dijo con una ceja arqueada.
Draco suspiró, pero luego recordó que él y Harry podían jugar en la bañera con sus crayolas de jabón y botes a cuerda-. Vamos, Harry –dijo Draco, tomando la mano de Harry-. ¡Podemos jugar a los piratas! Tengo muchos botes para compartir.
Harry trató de librarse del agarre de Draco-. Adelántate. Yo ayudaré a tu madre con los platos.
Draco le dio a Harry una mirada rara-. Pero tengo juguetes de baño. ¿No quieres jugar?
Harry respiró hondo. De ninguna forma podía bañarse con Draco. Requeriría muchas explicaciones –explicaciones que nunca, nunca daría si no tenía que hacerlo-. N-No me gusta… Sólo me baño solo –dijo suavemente.
Draco se encogió de hombros y soltó la mano de Harry-. Está bien –dijo, claramente sin perturbarse por el anuncio de Harry-. Te haré saber cuando haya acabado.
Harry soltó un suspiro de alivio y asintió.
Harry observó como uno de los botes navegaba por la jabonosa superficie del agua. Se rió suavemente cuando empezó a dar vueltas en círculo y golpeó a los otros botes en su camino. Esta era por lejos la mejor parte del día. Usualmente, sólo le permitían una ducha corta y tibia por la noche –sólo lo suficiente como para quitarse la mugre, pero nunca lo suficiente como para sentirse limpio. Aquí, había jugado con juguetes y se había enjabonado ya dos veces, regocijándose ante la sensación del agua caliente y el aroma del jabón.
- ¡Harry! ¡Date prisa! ¡Tengo una sorpresa! –La voz de Draco era ahogada por la puerta, pero seguía siendo entusiasta. Harry se estiró una vez más y salió de la bañera con cautela. La Sra. Malfoy le había dado una toalla gigante y mullida junto a un pijama que nunca antes había visto. Asumía que habían salido de la extraña mochila que la Tía Petunia había puesto en sus manos esa mañana. Después de secarse, Harry se miró críticamente. Los moretones no estaban tan mal. Eran unos pocos, en su mayoría alrededor de la parte superior de su brazo y algunas otras dispersas. Los podría haber explicado, suponía. Pero no había querido. Hoy había sido perfecto. No iba a dejar que nada arruinara eso. Harry se vistió rápido, sorprendido de que el pijama fuera nuevo, de buena calidad, y le quedaran relativamente bien. Sentía que había caído en otro mundo.
Sintiéndose soñoliento por los juegos del día, varias buenas comidas y un largo baño caliente, Harry salió a tropezones del baño anhelando una noche de sueño en una cama suave. Por lo tanto, fue con consternación que halló que el dormitorio de Draco había sido transformado en algún tipo de tienda beduina hecha de sábanas, mantas, chales, sillas y un palo de escoba creativamente ubicado.
Una pequeña cabeza rubia salió por la portezuela de la "tienda"-. ¡Harry! ¡Mira lo que hicimos mamá y yo! Es una tienda para que durmamos esta noche. Podemos pretender que somos gitanos vagando por la tierra en busca de tesoros. ¿No te parece divertido?
Harry miró anhelantemente la cama suave y suspiró. Después de haber pasado varios años en el armario de debajo de las escaleras en la anterior casa de los Dursley, no podía ver el encanto de dormir en el piso dentro de un lugar pequeño y cerrado. Negó con la cabeza y le sonrió suavemente a Draco-. Suena divertido –dijo.
Draco brilló-. Ven entonces –dijo, volviendo a entrar a la tienda, esperando por Harry.
Harry entró y encontró el lugar colmado de almohadas mullidas, sábanas, mantas, juguetes, libros y pequeñas linternas. Incluso había una pequeña radio en la esquina, pasando algún tipo de música popular en tonos bajos. Lo mejor por lejos, sin embargo, era el hilo de luces colgado del techo de la tienda. Era una hebra corta –sólo lo suficiente como para alumbrar débilmente. Harry levantó la vista, paralizado.
- Mamá ayudó con esa parte –admitió Draco, viendo dónde estaba mirando Harry. Draco le dio una palmada a la línea de almohadas al lado de las suyas-. Esa es tu cama. Mamá la hizo extra suave –dijo Draco, acomodándose debajo de sus propias mantas.
Harry se acostó y hallo que la pequeña cama de almohadas era sorprendentemente cómoda. Las mantas eran suaves y cálidas y creyó poder ver el encanto de la pequeña tienda. Por un momento, no era Harry Potter, la ruina de la existencia de los Dursley. Era Harry, el gitano, vagando las tierras con su amigo y camarada, Draco.
- ¿Listos, chicos? –preguntó Narcissa desde la puerta.
- Sí, mamá.
- Sí, señora –murmuraron los chicos en respuesta.
- Muy bien, dulces sueños mi pequeño dragón. Dulces sueños a ti también, Harry. –Con eso, Narcissa apagó las luces y cerró la puerta.
Harry se sonrojó. No recordaba que nadie nunca le hubiese deseado dulces sueños. Se hundió más en su mullida cama de almohadas, desesperado por sujetarse a su pequeña fantasía tanto como pudiera. Por un buen rato, Harry miró las luces y escuchó la débil señal de la radio. Estaba empezando a dormirse cuando la voz de Draco lo volvió a despertar.
- Harry –dijo Draco-. ¿Sigues despierto?
- Sí.
- Me divertí mucho hoy.
- Yo también –dijo Harry, sintiéndolo.
- Ojalá pudieses pasar todas las noches aquí.
- Ojalá.
El silencio se extendió. Estaban pasando un anuncio de pasta dental ahora. Harry sólo podia distinguir la alegre canción publicitaria.
- ¿Harry?
- ¿Hmm?
Draco vaciló-. ¿Por qué vives con tu tía y tu tío?
- Mi mamá y mi papá murieron cuando era pequeño –dijo Harry suavemente.
- Ah. ¿Los extrañas?
Harry lo pensó. Nunca nadie se lo había preguntado-. N-No lo sé. En realidad no los conocí
- Ah.
- Creo… creo que extraño tener padres –dijo Harry suavemente, recordando algunas de las cosas maravillosas que la Sra. Malfoy había hecho por él en solo un día.
- Sí. –Draco se giro y apoyó la cabeza en su mano-. ¿Por qué tu tía está siempre tan enojada?
Harry palideció-. No es tan mala –dijo evasivamente, esperando que Draco no hiciera más preguntas sobre sus parientes.
- Extraño a mi papá –dijo Draco-. Fue un hombre valiente. Era el mejor. Odio que haya muerto. Hombres malos lo mataron cuando él trató de detenerlos, iban a lastimar a alguien.
Harry tragó saliva. Quizá él no había conocido a sus padres, pero entendía el dolor de su pérdida-. Lo siento, Draco.
Draco esnifó un poco-. Yo también. Por tus padres, quiero decir.
Había algún tipo de programa de llamadas pasándose en la radio. Una risa metálica sonaba cada pocos segundos, aunque lo que se suponía que era gracioso se perdía con los murmullos de la radio y la estática.
- Me alegra que seamos amigos, Harry. Podemos cuidarnos el uno al otro. Evitar que el otro se ponga triste.
Harry asintió, esperando que Draco lo hubiese visto. Debió hacerlo, porque Draco sonrió brillantemente antes de volver a girar y enterrarse en sus mantas-. Buenas noches, Harry.
- Buenas noches, Draco.
Continuará…
¡Sorpresa de nuevo! :D No creyeron que continuaría este, ¿ne? Pues bien, en vista de que Problemas de Herencia Veela se acerca al Hiatus y de que no quieren El Camino de Entrada (joder, sólo 5 reviews? ;O;), decidí probar suerte con éste, a ver si es más querido que el otro. De modo que, si quieren que continúe, hagan clic en el puñetero botón y dejen unas palabritas, sí? :3 Lo mismo va para El Camino de Entrada, que es definitivamente mucho trabajo para que lo traduzca si nadie quiere leerlo. Si no lo has leído, hazlo. Si lo haz leído y no has dejado review, muere. No, no mueras, nada más retráctate y corre a dejar aunque sea una palabrita para mi disfrute personal, sí? xD Es una pena que muera!
Muchas gracias a los que dejaron review en esta historia :3 Definitivamente se ganaron este capítulo (hace tiempo, pero su traductora es una floja bastarda insensible). Sigan así y la historia vivirá, lo prometo!! X3
Review! (anda, que el botón es más grande y atractivo que nunca ;D).
