InuYasha ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi
Kagura escucho a la perfección la multitud de comentarios que hacían los periodistas, aunque no lo quisiera estaba en el juicio y su vida parecía expirar o al menos caer en un abismo. Y para colmo, Naraku convencía a todos de que ella lo amaba; la idea le revolcó el estómago. Si no hubiera sido tan curiosa podría estar sentada en su casa mirando todo desde la comodidad de su cama, comiendo palomitas. Por un momento pudo escuchar el cuello roto de nuevo, el disparo y la carcajada de Naraku ¿Por qué las cosas habían tenido que ser así?
Ella solo quería saber que tramaba su hermano, aunque podía darse por bien servida al saber que le había quitado Naraku el privilegio de accionar el mecanismo que destruiría una vida, al menos podía disfrutar en recordar esa hazaña por el reto de sus días. No importaba que él le estuviese mintiendo a todos, ambos sabían que él solo se había quedado viendo como ella le robaba el triunfo.
—Entonces, resumiendo lo que usted declaró —Dijo el fiscal, caminando pesarosamente delante de todo el público—. Solo entró, él saco un arma, forcejaron y usted no recuerda lo demás.
—No.
¿Qué diablos pasa por la cabeza de este joven?, se repitió por lo bajo el fiscal, mirando a los ojos de Naraku, buscando en algún rincón una muestra de arrepentimiento, piedad, miedo, ansiedad, ¡Lo que fuera!, pero él no demostraba nada, tan vació, frió e indolente como una figura de porcelana. Tal vez si había algo detrás de todo eso, placer, disfrutaba de todo el escándalo que protagonizaba.
—Está usted diciendo que ¿no sabe cómo le doblaron el cuello a la víctima, mientras le disparaban al corazón, y después le descargaron todo el cartucho?, además de que tampoco se acuerda como su orina llego al cadáver.
—No, no sé.
Kagura no lo aguanto más, soltó una carcajada involuntaria. No se había reído en días y la forma en que Naraku estaba jugando con todos se le hacía muy graciosa, casi demencial. Su hermano los embaucaba, les hacía cambiar de parecer, simplificaba sus acciones para confundirlos y nadie notaba nada. Hasta empezaba a sentirse orgullosa de su hipócrita forma de comportarse, también un poco culpable por no haberlo dejado hacer nada.
Por otro lado, estaba convencida de que todo eso era inservible, irían a la cárcel de una forma u otra, no iban a escapar solamente pensándolo, el fiscal tenía las pruebas suficientes para hundirlos a ambos. Su última esperanza era ver un meteorito estrellarse sobre la tierra.
— ¿Hay algo más que desee preguntarle al testigo?, señor fiscal —Cuestiono Naomi, mirando con dulzura el rostro abatido de la jovencita frente a ella.
—No, señoría —Aclaro Inu no Taishō, reparando en la mirada de la jueza—. Pero me gustaría llamar al estrado a la señorita Kagura Itami.
—A lugar —Alego por primera vez el defensor, un viejo y pequeño hombre, de cualidades cuestionables, pero con un amplio conocimiento de las leyes—. Mi clienta, la señorita Kagura, aún se encuentra bajo los efectos de varios sedantes, su declaración podría ser sugestionada por estos.
—El señor Tōtōsai tiene toda la razón —Declaro la jueza, dando pie a una nueva disputa verbal entre las partes.
El calor iba en aumento y, aunque la sala era amplia, el alambrado en cruz que recubría las ventanas atascaba el aire de manera sofocante, respirar quemaba las fosas nasales. El juicio no llegaba a ningún lado, se atascaba en la prueba fehaciente de que ninguna de las partes podía avanzar por sobre la otra, aunque Kagura sintiera irreversible el destino al que se sujetaba.
Naraku, por su parte, aun no tomaba enserio la demencial película que protagonizaba, tenía todo planeado, cada frase y contestación; cada movimiento estaba milimétricamente controlado. Dentro de la pequeña celda, en la que se había cortado el pelo, tuvo el tiempo suficiente para preparar la defensa y su argumento con cuidado, igual que lo había hecho con el asesinato. Quería tener muy en cuenta la frase de: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Esta vez no podían haber errores ni improvistos, y mucho menos casualidades como Kagura, ya había estudiado cada posibilidad al límite del detalle, nada se le escaparía. No podía fallar una vez más, saldría de allí victorioso.
Las cavilaciones se detuvieron ahí, toda la sala desvío la mirada ante un único sonido. Tacones deslizándose con ímpetu sobre la cerámica del piso, dos altos y delgados tacones de aguja, pertenecientes a una atractiva mujer. Yura Sakazagami entró con decisión, marcando el ritmo de sus pasos con el bamboleo de su trasero, muchos lápices cayeron al piso mientras caminaba, cosa que no la importuno en lo más mínimo, solo estaba allí para hacer una examen y rendir una declaración, no tenía ningún otro objetivo en esa reunión. Ya se había acostumbrado a atraer la atención de los hombres de esa manera, no la sorprendían en lo más mínimo.
—Señorita Yura —Saludo el fiscal, algo mejor de semblante—, es un alivio que haya llegado. No sabe lo mucho que he esperado tenerla aquí.
Ella respondió al saludo con una ligera inclinación, dándole una ligera observación al entorno.
Kagura aspiro fuertemente a verla entrar, no quería saltar y matar a alguien más. Las mujeres como ella le fastidiaban, siempre exhibiendo sus cuerpos más de la cuenta y desmigajando cariño entre miles de pretendientes con una desdeñes imperceptible. Era como sí no pudiesen vivir libres de la adulación continúa de los hombres, daban asco. A ojos de Kagura, la nueva invitada era una víbora de la peor calaña.
— ¡Que atrocidad! —Exclamo la mujer, ni bien había puesto los ojos en Naraku— Debe haberte costado bastante hacerlo —Le dijo cariñosamente, acariciando los mechones desiguales que enmarcaban su rostro—. Yo también lo considero un crimen. ¡Imagínate! Tu bien más preciado fue arrancado por la única persona que lo protegía ¡Tú!
Los reporteros anotaron todo con sumo cuidado, con unos retoques, un cambio de formato y un argumento más romántico podían vendérselo a cualquier productor de telenovelas en México.
Esta atención no fue desapercibida por Naraku, quien dio el visto bueno a la fémina que se apresuraba a cuestionar su idea de cortarse el cabello. Parecía más alterada por eso que por el caso y el muchacho la tacho de psicóloga por descarte. Tenía por cualidad sobresaliente la visión de rayos X con la que deducía las cosas, todas las cosas.
Nada mejor que un loco para curar a otro. Se dijo Naraku con sarcasmo.
— ¿Me podría decir quien es ella? —Pregunto la jueza amablemente, después de dar varios golpes y calmar a los hombres de la prensa que lanzaban chiflidos a la nueva invitada.
—Ella es la Psicóloga que lleva el caso de los acusados en el orfanato donde vivieron varios años, después de la muerte de sus padres —Explico Inu no Taishō, haciéndola pasar al banquillo para interrogarla.
La caminata del estrado a su silla fue en cámara lenta, Naraku analizo la posición de cada persona en la habitación, sentía sobre él la vista de alguien en especial, pero no pudo detectar de quien. Había tantas cámaras al frente que apenas se lograban divisar a los hermanos de la víctima, todos sentados en orden en la primera banca, justo detrás del fiscal. En ese momento dejaban de parecer temibles, eran como borregos a merced del lobo, habían perdido a su líder. Pobrecillos, pensó con sarcasmo, dejando resbalar una sonrisa en su boca.
Al sentarse noto a Kagura molesta, sus ojos casi echaban llamas y mantenía el labio inferior apretado con sus dientes, hacía ese gesto cada vez que deseaba abstenerse de golpear o insultar a alguien, seguro sabía que no era el mejor momento. Su hermano mayor detallo su mirada y busco la causa de la ofuscación, Yura, la psicóloga que se apresuraba a exponer sus títulos a la audiencia.
—Quita esa cara hermanita —Dijo con socarronería al oído de su hermana, provocándole que temblara. No lo esperaba, estaba demasiado distraída.
—No hagas eso —Le recrimino por lo bajo, manteniendo su mirada en la psicóloga—, eres molesto.
La sensación de tener el aliento de Naraku en su nuca se mantuvo unos momentos más. Era raro. Igual que no quería sentirlo, también deseaba que no se fuera, era adictivo, de una forma extraña. Bajo su mirada, a las esposas, y dejó escapar un largo suspiro, no quería más esas cosas.
Razonando de verdad, las pastillas la llevaban fácilmente de un extremo a otro, ahora empezaba a deprimirla. Sentía ganas de llorar y no encontraba el porqué, era posible que los calmantes la pusieran bipolar, o algo así. De todas maneras no tenía intención en averiguarlo, solo quería terminar con el juicio de una vez por todas y aceptar su destino, ya se había resignado, sabía muy bien que no tenía salvación.
—Vamos quita esa cara, mira que si sigues así te arrugaras.
—Ya deja de joder Naraku —Le recrimino pesarosa, un dolor violento cruzo su cabeza en ese instante.
—Creo que sería posible que ambos matarán a alguien —Dijo Yura, chocando su vista con ambos jóvenes—. Su sentido de la moral es casi nulo, sobre todo en Naraku. Estas son varias de las secuelas producidas por una vida familiar inestable, hace mucho que ellos no conocen los limites, aunque, de allí a matar a alguien, es una afirmación algo dudosa, quizá solo buscan protagonismo, encontraron un cuerpo, pusieron su ADN allí, eso explicaría la orina, y ahora solo quieren protagonizar las noticias.
En acto reflejo el mayor de los hermanos tapo su boca con ambas manos, que ilusas podían llegar a ser las personas cuando creían saberlo todo. Podía atestiguar que nunca en su vida había tenido tantas ganas de reír como en ese momento, cuando la verdad se asomaba a los ojos del mundo sin que este lo notase, era solo una mancha que ensombrecía la verdadera realidad. Unos verdaderos tontos.
—No es una crítica apresurada señorita Yura —Intento corregir el rumbo Inu no Taishō, sin poder sacar de su mente esa primera impresión que había tenido de los muchachos—. Usted misma, anteriormente, en sus informes, dijo que el Señor Naraku Itami tenía tendencias psicópatas.
—Y lo reafirmo, pero él es algo voluble y sus patrones de comportamiento no son siempre los mismos, por lo que es difícil. Así que simplemente puedo decirle que, en la situación y momento correcto, él pudo cometer ese crimen. De su hermana no puedo decir mucho, pero creo que bajo presión lo haría. Tiende a ser manipulable.
El fiscal despidió a la señorita unos minutos después.
Naraku y Kagura se miraron, quizá había algo de verdad allí, pero no toda. Porque, quién diría que no era eso más que un simple y desdichado malentendido del que, inicialmente, solo Naraku sabía.
Todo parecía un macabro juego de poderes. De una manera extraña ambos se burlaban del poder y las personas que lo representaban, no se necesitan muchas cosas para conmocionar al mundo, solo un pequeño detalle inusual que despierte la curiosidad innata del ser humano, más allá de eso el subconsciente y la imaginación se encargaran de rellenar los espacios con cosas sacadas de algún otro lado.
La verdad se estaba volviendo tan manipulable que al final solo podrían constatar que era así gracias a sus recuerdos.
—Quiero irme —Dijo Kagura con pesadez, sacudiendo su cabeza imperceptiblemente—, quiero ir a la cárcel y no quiero volverte a ver.
— ¿Por qué tan pesimista hermanita? —le pregunto Naraku amigablemente, dirigiendo su mirada al otro extremo de la sala, donde por fin había encontrado el objeto que lo tenía tan preocupado.
—Esto ha sido, todo, culpa tuya, no hay vuelta atrás y lo sabes. Pronto dictarán sentencia, tu, iras a tu lugar, y yo, al mío. Nunca jamás tendré que ver tu cara de idiota.
—Estas precipitándote, aun podemos volver a casa, juntos y felices.
La suposición se le hizo más risible que la forma descarada en que había tratado a fiscal, pero esta vez no se rió, ya no quería hacerlo más, empezaba a cansarse de ese lugar.
De entré la audiencia alguien se levando, con delicadeza salió de la sala, había visto suficiente, también empezaba a cansarse. Era Kikyō, la misma que fue espiada por Naraku antes del asesinato. Su profesión, restauradora, y su único delito, y motivo de esta rápida vista al juzgado, era el de conocer al asesino y a la víctima. Mejor dicho, conocía tanto a Naraku que estaba allí solo para constatar lo que ya sabía.
Él la siguió con la mirada. La mayor obsesión de su vida le daba la espalda con tranquilidad y confianza. Algunas personas tenían como obsesión la pintura, el arte, lo deportes, dándoles el sencillo adjetivo de "hobbie", él prefería algo más complejo, más emocionante y peligroso, él prefería acosar mujeres.
—Espero muchachos que tengan una idea —Dijo Tōtōsai, sentándose junto a ellos—, la jueza nos está dando un ultimátum.
Naraku tomo uno de los vasos y bebió toda el agua, le hacía falta, deseaba descansar. Ya estaba lo suficientemente loco, no necesitaba más presión para argumentarlo.
—Pidamos un aplazamiento —comento enseguida, su propia fatiga le estaba dando ideas. Muy buenas ideas—. Creo que puedo planear algo para cuando regresemos.
Kagura lanzo un gruñido —otra vez su bipolaridad a flote— sabía bien que tendrían más y más problemas, consideraba las ideas de su hermano como bolas de nieve que crecían y crecían. En poco tiempo habría una mentira más, algo más grande, seguro. La prensa querría una entrevista, Naraku se las daría; alguien insinuaría que era una conspiración para ocultar algo turbio, Naraku diría que es verdad. No esperaba que fuese diferente, solo quería dar por terminado todo.
— ¿Qué dice usted señorita? —le pregunto el defensor, pidiéndole con la mirada qué pensará bien la cuestión. Ella desecho la idea rotundamente, ya sabía que debía hacer, ir a la cárcel, pero incluso esa idea ya no le era tan tentadora, quizá aún podía escapar.
El efecto de las pastillas empezaba a desvanecerse.
—Creo que… — ¿Qué creía en realidad? Miro al abogado, estaba inseguro, pero le pedía que continuaran. Miro a Naraku, desprendía la mayor seguridad del mundo y solo quería que ella asintiera, nada más—. Creo que deberíamos pedir un tiempo, igual no importa si termino en la cárcel.
Hola :3
Aquí les traje la segunda entrega de este fic —que tiene tanto sentido como la existencia—.
Creo en cuanto a esclarecer los hechos no avance mucho desde el capi anterior (XD), pero sembré mas intriga —eso creo (?)—. Así que en realidad no se que sensación les deje a ustedes.
Les aclaro que no se cuanto me tarde para subir el próximo capitulo, ya se que escribir (en realidad ya lo comencé , pero he tenido problemas con mi computadora, entonces no se que podría pasar :P
Muchas gracias por leer, les envió un beso.
Sayonara.
