Disclaimer: Black Lagoon y sus personajes no me pertenecen...Dios, como olvide continuar el manga, sin internet y tiempo es imposible. Bueno, aquí está la continuación a pesar de literalmente los nulos reviews. Pero como mi inspiración en el mundo olvidado de los fics ha vuelto, decidí seguir de todas formas. "Disfruten". (Porque creo que una sola persona lee este fic)
Advertencias: Historia y lenguaje adulto, tosco y como se esperaría de Black Lagoon.
Eso había sido decepcionante, si fuera hombre, ya estaría con una molesta erección desantendida entre sus piernas. Tuvo la maldita oportunidad de tomarla en su propia habitación, y el hijo de puta no la había aprovechado. Quizá ella no fue lo suficientemente obvia, lo suficientemente...Sexy. ¿Sexy?, por Dios...No necesitaba de eso cuando ya tenia un cuerpazo de infarto. No era engreída en ese plano, el que abandonaba a las pistolas y abordaba al sexo, pero se tenia cierta fe. Haber sido violada por su padre, no había degenerado en ningún problema de esa índole, si no ramificado en una incontenible violencia. Puede que el único defecto sexual, es que nunca se tomaba las cosas con calma, las caricias previas no existían y los sentimientos muchos menos.
Nunca conoció la ternura en un hombre.
Todos de armas, de negocios y suciedad hasta en el alma, si es que eso existía. Y no se quejaba, no conocer un roce con cariño no era algo que la tenia en vela por las noches. Pero quizás, aunque no la necesitaba, aunque ella se valía por si sola, necesitaba un poco esa sensación de protección. Nunca lo había notado hasta que conoció a ese estúpido. Y es que hasta se empezaba a preguntar si era gay. Porque aunque ella no le atrajera, no podía vivir en abstinencia sobre una lancha todo el tiempo, ¿Verdad?
—¿Con tus camaradas en busca de tragos?— Preguntó la rubia monja, llegando hasta ellos en la barra del bar.
Al final todos habían ido a tomar y celebrar, aunque dos caras estaban mas apáticas que las otras, y con la presencia de una rubia, una de ellas logro acentuarse mas en su disgusto.
—¿O en busca de tiros?— Añadió a las dudas.
—Si vienen para eso vayanse de aquí o les dejare un agujero en la cabeza de recuerdo.— Comentó el ex-militar dueño del bar que ya tantas veces habían destrozado por culpa de Black Lagoon.
—Deja de joder, Eda.— La pistolera pidió otro vaso de alcohol e hizo un fondo blanco absorta en otro mundo.
—Oh, perra, ¿Problemas en la cama aún?
—¿Quieres un bonito agujero en el cuello de adorno?— Revy comenzó a rozar con cariño una de sus Beretta 92.
—Vamos, calma, que si Romeo es inexperto yo puedo enseñarle para que se divierta ya luego contigo...
No sabía que le molestaba mas. Pero decidió no prestar atención, el alcohol estaba haciéndole mejor compañía que todos sus compañeros. Si todo continuaba asi, le iba a regalar a ese japonés en solo unos segundos. Tomó otro largo trago y apoyó el vaso sobre la mesa con una fuerza que casi resquebraja el vidrio que lo componía, o casi astilla aquella barra de madera en donde todos parecían disfrutar de negocios y demás suciedades usuales en Roananpur. Tanteó un poco sus bolsillos, quería de esa estúpida adicción llamada nicotina, que mezclada con aquel Whisky la hacían adormecer y no tener que pensar en nada problemática hasta la tan poco ansiada hora de la resaca. La rubia comenzó a jugar con su presa, el tal "Romeo", como siempre llamaba a Rock. Mas que Romeo, la pistolera lo estaba catalogando de Julieta, pues nunca avanzaría el hasta ese maldito balcón, o lo que sea que fuese, conocía muy levemente el mundo de los libros como para haber leído a Shakespeare. Suspiró pesadamente, mientras en su campo de visión un hombre guapo y de buen porte se acercaba en el asiento de al lado. Benny en una punta de la barra, Dutch, Rock y Revy en la otra punta, dejando asientos libres al lado, eran las posiciones en aquel entretenido bar de mala muerte lleno de mujerzuelas, alcohólicos y la peor calaña de personas. De saco negro, largo, una camisa roja de seda fría y piel clara como porcelana. Parecía un hombre delicado, mas comprobó lo contrario al ver una Glock 17, insinuante pero discreta en el cinturón de su refinado pantalón de vestir echo en sastrería, ya que estaba bastante ajustado a sus piernas.
Lo siguiente fue el rostro, bien parecido, de cabellos castaños y ojos verdes...Unos buenos ojos verdes. Se sintió sin chance, era muy masculina para alguien tan delicado. Sin embargo lo miró, una y otra vez, recordó las frustraciones que la estaban haciendo beber de más ese día, las consecuencias que eso conllevaba al sentir el liquido en sus venas haciéndole perder la razón y lógica de sus acciones. Suspiró ¿Que había que perder?, y si era rechazada por ese de pintas de mafioso, no iba a ser nada comparado con su dañado orgullo de "poco femenina" en una cama ante Rock.
—Pues, quédate con tu Romeo, que yo me voy con mi moderno Christian Grey.— Sonrió altiva recordando que vendían esa puta trilogía de masoquismo barato en todas partes. No podría poner un mejor referente literario por mas que quisiera. Los libros se le daban fatal.
—Dos tragos, otro Whisky para esta mujer, y uno doble para mí, cantinero.— Dijo el hombre con seguridad levantando el dedo índice de su gran mano contrastante con su delicada figura en una forma de llamar la atención de quien atendía en aquel lugar.
—¡Pero que buena suerte! hombre, ¿Eres nuevo por aquí?— Sonrió altiva, la única sonrisa que le salía, y tomó delicadamente del vaso, este no debía consumirlo tan rápido como los otros.
No sabría explicarlo, no podría identificar esa mirada penetrante que sentía en la nuca. Eda, chiflaba desde atrás asombrada, era un buen espécimen aquel hombre. Por un momento dudo de estar haciendo lo correcto, flirtear no era su hobby favorito y con intentarlo sentía que iba a cagar su verdadera meta, un asiento al lado de ella que estaba ignorando totalmente a la monja. Apoyó sus pechos sobre la barra y frente a esta, miró de reojo al morocho. No lucia nada alegre, e incluso la miraba ofendido. ¡Já!, tenia las agallas para mirar justo a Rebecca de tal modo. Se regocijó ante la ira que le estaba causando al japonés, a la mierda las dudas, sus armas la hacían libre, ella era un arma libre en si misma, si perdía su meta ya no importaba, al carajo con todo, hoy, frente a las narices de Rokumura Kashima, iba a llevarse a ese tipo de estilo italiano a la cama. A toda costa, por un capricho quizás, por algo similar al despecho, tal vez, pero lo haría.
—No te contengas, me agradan las mujeres que toman como hombres. Tiene la personalidad que busco.
—¿Ah, si?— Preguntó haciéndose la coqueta y entonces, rompiendo ese poco tiempo de aparente mujer que brindó, se echó un largo trago terminando de matar toda bebida existente en el vaso. —Si me alientas te fundiré la billetera.
—Oh nena, eso sería imposible.— Observó a aquel hombre, que tomó el vaso y clavó su mirada penetrante en los ojos de la pistolera. —A tu salud.— E hizo un sonoro fondo con el Whisky doble.
—Jo, tenemos a un buen bebedor aquí, no como otros.— Y miró de reojo al ex-empresario.
—Y dime, muñeca, ¿Cual es tu nombre?
—Rebecca, pero me dicen dos manos ¿Y tu niño nuevo?
Notó reír al nombrado nuevo con cierta melodía pegadiza, extranjera por los acentos inusuales que le brindaba a cada letra, silaba y oracion que pudiera brindar en voz alta. Ella rió con el por cortesía, pues las risas no eran parte de su repertorio a la hora de comunicarse con alguien, y entonces se miraron nuevamente. Era claro que ese tipejo quería emborracharla y llevarla a la cama, ella se dejaría con resignación, despues de todo era una cara bonita para poder pasar bien una noche aunque sea y encima pagaba los tragos. No era usual, a Revy los revolcones de una noche no le apetecía muy seguido, y realmente teniendo a grandes jefes de la mafia y demás negocios turbios detrás suyo, nunca había optado por ninguno. Su tipo era mas bien...De presencia fuerte, pero nadie de renombre. No quería traer líos a la compañía Lagoon y que Dutch le patee el trasero.
—Un muy bonito nombre, es fuerte, con presencia.— Acercó una mano a su cabello suelto y entonces los pasó por entre las violetas hebras con delicadeza. —Una extraña suavidad contrastante con tu imagen y nombre, Rebecca.
—¿Ah?, ah, si...— Miró a Rock, este estaba pidiendo un trago mas, y excediendo su imagen decente al casi revalsarse el vodka de la comisura de sus labios cuando bebía desesperado. —También me llaman Revy.
—Bueno, Revy, soy Renatto, un placer.
—Si, si, un placer.— Suspiró.
Como "mujer", era una enorme satisfacción llevarse semejante trofeo de hombre, y aún así se sentía sumamente insatisfecha. Miró hacia la nada, aquel hombre había comenzado a hablar sobre lujosos viajes y mucho dinero, típico de cuando alguien ostenta lo mejor de si para ligar con otras personas. Con ese atuendo, podría creerle que tenía muchos yates, putas por doquier y alguna que otra ciudad bajo sus pies, controlando ese margen clandestino de lo ilegal para hacer los tan conocidos negocios sucios. Pero no le interesaba, no necesitaba un yate para conocer el mar, cuando tenia una lancha llena de aventuras y agujeros de balas en el que viajar, como piratas del océano. Tampoco quería viajar en coches lujosos cuando Benny se encargaba de conducir con la velocidad necesaria en cada situación en las que de no ser por el acelerador, les hubiesen agujereado esa chatarra y sus traseros. Nada servía, su arma podría guiar su destino hacia todos esos lujos si lo hubiese querido, sin embargo, ganarse el pan dia a dia y vivir entre el constante margen mínimo que daba la vida y la muerte, eran sus placeres de dia a dia, su forma de sentirse libre. Apoyó la cabeza sobre su mano, que parecía sostener todas sus ideas no dichas. Ahora, algo bueno hubiese sido para ella una pelea de cantina. Si, un par de tiros. Ni siquiera eso, con usar sus puños y poder sentir los huesos de alguien quebrarse bajo sus nudillos, hubiera bastado para liberar aunque sea el cinco por ciento de su estrés.
—¿Otra ronda preciosa?— Preguntó seductor el de nacionalidad italiana mientras agitaba su vaso vacío de Whisky. —Hoy hay que celebrar que he encontrado una belleza como tu, "Dos Manos".
—Si...— Podría frenar allí mismo he irse, reflexionó. Pero en verdad ya no quería pensar en nada mas, analizar las cosas no era su fuerte y no tendría porque serlo precisamente aquella noche. —¡Otra ronda!— Gritó asustando al bartender.
Los tragos fueron y vinieron hasta las trancas. Nunca contó el numero de vasos ingeridos en su vida, y esa noche menos que menos. Precisamente, tenia que beber tanto al punto de no tener siquiera una idea estimativa de cuanto había consumido. Varias bebidas de diferentes gustos y nacionalidades surcaron su boca, hasta que lo ocurrido a cada minuto se le olvidaba al siguiente. Y así estaba bien, así se olvidaba en Roananpur una pena, o en su caso, una frustración. Porque su cama estaba vacía, porque el trofeo llamado Rock nunca llegaría a su estantería junto a sus queridas armas. Entonces otra vez se situó pensando en él, en el maldito y marica negociante. El vaso volvió a impactar contra la barra en un sonido de ira creciente.
—¿Y si...Vamos a algún lugar mas privado a continuar nuestra charla?
"Claro, charla", pensó con la cruda realidad que repercutía para sus adentros junto con el mareo. Un brazo se hizo sentir rodeando sus hombros y espalda, el gesto sutil de quien ya no quieres esperar mas para meterla en algún hoyo. Desesperó, realmente no se sentía ni un mínimo de excitada y es que abrir las piernas aun sin querer le era fácil, mas no dejaba de ser tedioso. Intentó recordar cuanto tiempo había pasado desde que aquel hombre empezó a pagarle tragos, y aunque fue a propósito, se empezó a reprochar y cuestionar su baja tolerancia al alcohol aquel dia. ¿Sobre que habían charlado en todo ese tiempo? Ni ella lo sabia maldita sea, quizás solo se dedico a escuchar toda la pose de chulo que ese hombre vendía a cada frase y gesto.
—Paga un buen cuarto.— Mas que oferta sono a demanda, y así puntualmente lo quiso. La sonrisa aprobatoria de aquel hombre no hizo mas que bajarle las ansias de compartir cama. Podría haber sido algo mas difícil, suponerle un reto mas atractivo. Pero claro, para reto ya estaba ese empresario que aun no se colocaba su maldita camisa Hawaiana. Se levantó de su asiento y apoyada en la barra para no parecer una damisela delicada y ebria se cruzó de brazos tamborileando sus dedos y pies sobre el suelo en señal de pocas pulgas. El hombre procedió a pagar todo y tomarla del brazo suavemente, guiándola por el bar hacia la puerta de calle, como si fuera un extraño caballero en esa isla de cerdos. Eso la hizo tambalear en sus decisiones. "Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía", pensó, o quizás dijo sin querer en voz alta, no supo determinarlo debido a todo lo que había tomado.
Llegaron a la entrada de un motel, de apariencia fina, higiénico y de esos que seguro no escatimaban en espejos por toda la habitación. Seguro muebles relativamente imitación fina y cómodo. No estaba mal, debía admitir, pero...Algo, su instinto de animal sanguinario quizá, le decía que frene. Ya se había divertido los suficiente. No quiso creer que era remordimiento, cargo de consciencia o sentimientos lo que la frenaba a abrir las piernas, y por eso, como método de corroboración, decidió entrar primera. Quizá todos esos tragos la hacían sentirse perseguida de cosas que no eran.
—Bien, buen botín el de hoy.
Autora: Migli-Chan
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