NI ONE PIECE NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN. SON PROPIEDAD DE EIICHIRO ODA, SÓLO HAGO ESTO CON EL FIN DE ENTRETENER.
Colección de drabbles: Fictober 2017
Día: 5
Número de drabble: 2
Palabra: Serpiente
Número de palabras: 412
El aroma de la serpiente
—Vamos, Nami. Si no me ayudas no terminaré nunca —rogó Usopp cansado de que los demás chicos no hicieran su parte para terminar el día de lavandería.
La navegante suspiró y se irguió en el camastro donde tomaba el sol junto a sus mandarinos —Bien, te ayudaré y cómo hace tan buen clima, serán sólo mil berries —Le guiñó un ojo al tirador que sólo resopló resignado—. ¡Sanji-kun, nadie comerá hasta terminar de lavar la ropa! —exclamó demasiado fuerte.
—¡Cómo desees, Nami-swan! —respondió el cocinero justo bajo sus pies.
En menos de lo que le tomó recostarse, Luffy venía ya con un cesto repleto de ropa sucia del cuarto de los hombres y alguna que, Usopp juraría estaba colgada y limpia.
Le entregó el cesto atiborrado a más no poder y con una palmada en la espalda de Usopp dio por terminada su labor. El narizón por otro lado, avanzaba sin balance con la montaña de ropa impidiendo su vista, tirando prendas por doquier.
—Luffy, ayúdalo con lo que va tirando— pidió Nami, cuando una prenda a sus pies llamó su atención. Una capa de mujer blanca, con manchas cafés en la capucha.
—¿De dónde salió esto, Luffy? —preguntó curiosa al no reconocer la capa.
Luffy reconoció la pieza de ropa, pero era incapaz de recordar cómo es que la tenía. En un esfuerzo monumental, se concentró todo lo que pudo y llegando a ponerse rojo de tanto pensar, finalmente respondió —Es de Hancock me la dio para ocultarme cuando llegué a Shabondy.
Nami seguía escudriñando la capa, y Luffy no entendía la razón, hasta que llegó a una extraña conclusión —ah, sí. Huele raro, ¿no?
A Nami le sorprendió aquéllo, el aroma que desprendía era exquisito, envolvente, pero no podía equipararse con nada que ella conociera.
Era sin dudas el aroma de la emperatriz pirata —¿No te gusta cómo huele? —Luffy encogió los hombros, no tenía interés.
—No es como si habláramos de carne o una de tus mandarinas —respondió finalmente.
Nami se enterneció ante tal respuesta, ¿por qué? Sólo ella sabe. Se levantó del camastro y se dirigió a los mandarinos, cortó el mejor fruto que vio y se lo entregó al capitán.
—Aún falta para que podamos comer —dijo volviendo a su lugar.
Luffy le dedicó su característica gran sonrisa, se sentó en el piso junto a ella y comenzó a disfrutar del sabor y el aroma de una de las mandarinas de Nami, perfectamente madura.
