¡ Hola de nuevo!
Aquí el capítulo 2. ¡Disfrutad!
Capítulo 2 Recuerdos.
Sakura entró en la cafetería con un hambre voraz. No tardó demasiado en ver una Ino sentada en la mesa de siempre. La joven estaba algo cansada porque Ino llevaba toda la mañana detrás de ella una y otra vez porque tenía que contarle la maravillosa historia de, y en palabras de Ino, "Cómo conociste al chico del metro".
Su amiga estaba entusiasmada, podía verlo en su cara mientras se acercaba a su mesa.
Ino, dejo mi bolso aquí. - dijo soltándolo en la silla de al lado. - Voy a por algo de comer.
Sí, sí, aquí te espero ... con ganas de escuchar lo que me tienes que contar ... - dijo haciéndose la interesante. No te habrás olvidado
Sakura sonrió. Como para olvidarse con lo plasta que había sido.
Aquel día había para elegir dos menús distintos. Hamburguesa vegetal con patatas; Y por otro: macarrones con atún y tomate. El postre era el único y era unas natillas de vainilla.
Sakura cogió el primero, el de la hamburguesa, pagó y regresó a la mesa.
Muy bien, esta vez no tienes excusa, Sakura. ¿Quien es ese chico? ¿Cómo se llama? En qué trabaja ¿Lo conoces much...?
Ino! - la cortó Sakura. - Por favor, no me ha dado tiempo ni a posar el culo en la silla y ya estás en modo fangirl loca. - Ino soltó una carcajada.
Lo siento, lo siento ... Ya sabes cómo pongo con estas cosas. - Sakura se sentó.
No le sorprendía que Ino se pusiera así. Su amiga era una joven muy imaginativa y fantástica adicta a las novelas románticas. Cosas como la reacción de Sakura aquella mañana al ver un chico eran las que activaban su vena fangirl como ninguna otra cosa.
Muy bien, ya te has sentado ... ¿Empiezas ya a contarme?
Ino, eres incorregible. - la regañó su amiga entre risas. - Muy bien, lo que te voy a contar sucedió cuando estudié ...
Sakura cursaba su segundo año de carrera. Llevaba apenas tres meses de curso y ya tenía el doble de trabajo que el anterior. Por ello, a tan solo un mes de los primeros exámenes, siempre iba a la universidad con una enorme carpeta repleta de apuntes.
Ella, como era su costumbre, no perdía la tradición de ir corriendo a todas las partes, y una mañana llegó a la estación del metro sin aliento y acalorada porque estaba un punto de perderlo. La noche anterior se había quedado hasta tarde terminando un trabajo, pero en realidad ese no había sido el motivo por el que había salido mucho más tarde de su casa.
La culpa había sido de su vecina. La mujer pobre estaba ya bastante mayor y para colmo el ascensor estaba averiado. Estaba bajando las escaleras cuando había resbalado y se había caído al llegar a los últimos escalones ... Sakura la había ayudado al momento. Por suerte la mujer no se había hecho nada, posiblemente le saldrían un par de cardenales, pero nada grave.
En ese rato, había perdido los diez minutos que tardaban en llegar a la boca del metro y como consecuencia, tuvo que salir corriendo.
Y así, cargado con su carpeta enorme, sudorosa y con la lengua fuera, llegó al andén para coger el metro justo cuando las puertas se abrían.
Sakura, al no poder creer su suerte, se dispone de un entrar, cuando, de repente, choca con alguien y su carpeta cae al suelo. Como consecuencia, o mejor dicho, como infortunio del destino, todo lo que hay en su interior se cae y se esparce por todas partes.
Al alzar la vista puede ver con quién ha chocado. Se trata de un chico alto, rubio y esbelto, que la miraba a ella y ya sus apuntes esparcidos por todo el metro. Sakura, que tenía los nervios de una flor de piel, ya iba a increparle que en el lugar de quedarse mirando la ayudase, cuando, para su sorpresa, él emite una disculpa y se agacha y comienza a recoger los apuntes con ella.
Lo más gracioso de esto es que ambos pierden el metro y cuando han recogido todos los papeles, ya hace mucho que se ha ido sin ellos. Sin otra palabra, el chico le devuelve todos los apuntes que ha recogido para que los devuelva a la carpeta.
Ambos se sonríen incómodos.
Lo siento una vez más. - volvió él a disculparse con una leve sonrisa.
Soy yo la que debería hacerlo ... es decir ... soy yo la que no miraba por donde iba - lograba articular mientras metía los folios en su carpeta evitando mirarle.
Él emitió una pequeña carcajada.
Sin problema, en serio.
¿Estás seguro? - Preguntó ella mirándole - Quiero decir, hemos perdido el metro los dos. - las últimas palabras de las palabras casi riendo.
De verdad, no importa. - volvió a repetir él. - Al menos lo he perdido por ayudarte.
Te lo agradezco. - dijo ella con una sonrisa tímida. No sabía por qué le costaba hablar con él. No se le daba mal socializar.
En fin, voy a esperar al siguiente. Hasta luego. - dijo despidiéndose con la mano.
Sakura lo vio sentarse en uno de los bancos y sacar su móvil. Por lo que dedujo después estaba escribiendo un mensaje.
Lo que siguió los siguientes minutos de espera se hizo un silencio abismal en el andén. En el que poco a poco llegó algo más de gente. Sin embargo para Sakura fue como si solo estuvieran él chico y ella. Sakura estaba sentada a un par de asientos de distancia de él y consciente de que no llegaría a su siguiente clase.
Por una extraña razón que desconocía sin poder evitar mirar de soslayo a aquel chico. Él estaba mirando a la nada ajeno a todo.
De repente le sonó el móvil haciendo que ambos dieran un respingo. Ella porque lo estaba mirando, y porque estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se lo esperaba.
Ah, tío, ha visto rápido el mensaje. - dijo nada más descolgar.
Sakura continuó con su trabajo de ordenar apuntes sin poder evitar poner la oreja en la conversación.
No, no ... Tranquila, llegue en veinte minutos como mucho. - dijo mirando su reloj. - No ... ¡Qué va, hombre! - dijo riendo. - Bueno, que vaya grabando su parte Gaara ... Sí, sí, vale. Venga, hasta ahora.
Y colgó. El siguiente tren llegó en ese instante. Sakura, sin perder tiempo, se levantó y corrió a entrar en él. Se sentó en el último vagón con su carpeta apoyada en el regazo y cerró los ojos. Se sentía bastante mal por haber escuchado la conversación de aquel chico tan amable. En realidad era algo inevitable no escucharla, pero la cosa era bastante ya que era su privacidad. Y tampoco es que lo conociera. Por el amor de dios, ¡si ni siquiera le había preguntado su nombre!
Y le inquietaba mucho ese chico que había preferido ayudar aún un riesgo de perder el metro, que había perdido, en el lugar de simplemente disculparse y subir sin ayudarla siquiera.
" Supongo que no estoy acostumbrado a que la gente sea tan buena." Pensó en el metro y ponía en marcha.
La cosa podría haber acabado ahí, ese día, en el momento en el que Sakura se había subido al vagón del metro ... Pero no, ni mucho menos. Porque al día siguiente se volvieron a encontrar a la misma hora. Hubo un par de sonrisas y saludos con la mano. Y alguna otra mirada que ninguno de los dos que le había dedicado el otro.
Que se repitieron durante menos un mes entero. Porque un día, sin previo aviso, y después de levantarse con la ilusión de verle como cada día, se llevó la desilusión de que él no acudió a coger el metro como cada mañana.
Y así fue como acabaron sus encuentros y no volvieron a verse.
Con el tiempo Sakura se olvidó de él, pero no pudo evitar pensar que se había pillado por ese chico con el que había habido una vez. No sabía su nombre, su edad ni qué estudiaba o lo que se dedica ... Pero sí que le gustaba. En las ocasiones llegó un pensamiento que era algo estúpido que le gusta una persona con la que solo había intercambiado una conversación minúscula en un andén de metro.
Sakura terminó su historia justo cuando terminó la hora de comer. Ino se quedó unos minutos pensativa. Había estado callada mientras Sakura hablaba, algo que le pedía mucha fuera de voluntad.
Vale, - dijo al fin la rubia tras el silencio breve. - ¿Entonces no lo veías desde hace tres años? - Sakura asintió. - ¡Madre mía, Sakura, esto tiene que significar algo! El destino ha querido que os reencontréis en el mismo lugar donde los separatiles. - comentó entusiasmada.
Por favor, Ino, déjate de tonterías y baja a la tierra. No estamos en una de tus novelas. Además, muévete, ya has acabado la hora de comer. - le dijo levantando de la mesa.
Aguafiestas ... - la acusó su amiga. - Aunque no fuera así, ¿no crees ni un poco en las casualidades? Una mínima posibilidad hay, ¿verdad? - continuo por ambas salieron de la cafetería.
¿Te refieres a que volvamos a encontrarnos casi todos los días como antes? - Ino afirmó con una sonrisa de lado. - Ino, - dijo conteniendo la risa. - te lo repito, deja de leer tantas novelas. Esto es la realidad
Lo sea o no ... - la interrumpió Ino. - no puedes negar que te encanta la idea de volver a verle.
Sakura se quedó muda. Odiaba que Ino la conociera tanto como para saber que lo único que pensaba en ese momento era que ojalá volviera a verlo al día siguiente. Ino era una chica que siempre estaba en las nubes soñando con amores imposibles y escribiendo sus fantasías. Si seguía tan persistente no tardaría en publicar una novela del género que tanto le gustaba.
Pero el caso es, que como la conocía tanto, Sakura no podía fingir que su amiga tenía razón y quería verle. Pero no solo eso, quería hacer lo que los años atrás no se había atrevido a hacer: hablar con él, entablar amistad ... Por el amor de dios, si ni siquiera tuvo el valor de presentarse. No sabía ni su nombre
¿Qué? He acertado, ¿no? - le dijo su amiga con una sonrisa triunfante. - ¡Sí, sin duda! Rió - Te encanta la idea. No te veía así ... desde ... - se quedó un momento pensativo y luego abrió los ojos como cuando encuentras algo que se encuentra perdido. - Desde hace unos tres años que llegabas a clase como en las nubes. Jojojojojojo ... ¡esto es un bombazo!
Sakura prefirió dejar de escuchar a su amiga. Había entrado en un bucle infinito y lo único que hacía era imaginarse situaciones irreales y que solo tenía sentido en su imaginación. "No si una soñadora no la gana nadie".
Si es que Sakura estaba segura de que Ino ya se había montado su historia en la cabeza. Una novela cuya protagonista era Sakura y la trama giraba en torno al chico del metro. No lo dudaba en realidad. Con solo mirar a su amiga estaba claro, si es que lo llevaba escrito en la cara.
Y para colmo no sabes ni como se llama. En realidad no sabría si matarte por no preguntar o hacerte un altar ... ¡Y él tampoco sabe cómo te llamas tú! - gritó con demasiado entusiasmo.
Ino! - la acalló Sakura intentando que se calmase. Por suerte el pasillo en el que se encontraban estaba vacío.
Ay, lo siento, Sakura.
La joven negó con la cabeza.
Ino, ya es tarde, - comentó mirando la hora. - me encantaría seguir charlando contigo, pero hay que volver al trabajo.
Sí, sí ... Nos vemos luego. - se despidió mientras se alejaba por el pasillo hacia el ascensor. Cuando Sakura se iba escuchó como su amiga le gritaba: - ¡Y no te creas qué te librarás tan fácilmente, luego seguiremos hablando! - y las puertas del ascensor se cerraron.
Sakura se llevó una mano a la frente. No tenía remedio, Ino no tenía remedio. El día menos pensado las echaban a las dos por su comportamiento tan explosivo.
Las dos amigas trabajaban cada una en una planta distinta y en ocasiones, como esa por ejemplo, Sakura lo agradecía. De llegar a trabajar en la misma planta, estaba segura que Ino le pondría la cabeza como un bombo porque no pararía quieta ni un segundo.
Alrededor de las seis y media, y a sólo hora y los media para acabar de trabajar, Ino abrió el chat para hablarle. ¡Aquello ya era el colmo! Como las pillsen las ponían de patitas en la calle a las dos. Intentando disimular, Sakura abrió la ventana y la hizo lo más pequeña posible. Luego, hizo como que seguía trabajando en su ordenador.
Ino:
Sakura, no puedo trabajar. Y tú tienes la culpa
Sakura:
A mi no me culpes, idiota.
Ino:
Te culpo porque no me concentro pensando en todo lo que me ha contado.
Sakura aguanto la carcajada que iba a soltar. En realidad sabía que algo así como pasaría, pero no que se pusiera a contárselo en medio de la jornada laboral.
Sakura:
Bueno, ¿por qué no te concentras exactamente?
Ino:
Pues porque no dejo de darle vueltas a algo, Sakura. Si no te pregunto ya me moriré.
Sakura:
Ino ...?
Ino:
¿Por qué nunca le preguntaste su nombre o volviste a hablar con él? Es decir, no te quiero por una chica tímida ni nada de eso ...
Sakura se tomo unos minutos para pensar. Ino tenía toda la razón para hacer esa pregunta. ¿Por qué nunca ha habido una conversación entablar con él de nuevo?
Sakura:
Yo también me hice esa pregunta muchas veces Ino.
Ino:
Y...?
Sakura:
Sigo sin tener respuesta.
Ino:
Bueno, Sakura, me encantaría seguir charlando, pero estoy viendo a Yamato y como me pille hablando y no trabajando se me va a caer el pelo.
Sakura:
¡ Pero si me ha Hablado tú!
Ino:
Ya, ya ... Venga, adiós.
Y se desconectó dejándola con la palabra. "Será la muy ..." Y para colmo de males ahora era ella la que no consiguió concentrarse en el trabajo. No se podía evitar pensar en él. Estaba otra vez igual que hacía tres años, pensando en un tío que veía a menudo y con el que solo había hablado una vez en toda su vida. Se suponía que una tenía ya una edad para estar pensando como una adolescente en amoríos. Un segundo, ¿amoríos? No, no puedo llamarlo así. La definición no podía de ser esa
Sakura maldijo en todos los idiomas a su amiga por hacerla pensar de nuevo en el mismo tema y mandar a la porra su concentración.
Sakura esperaba a Ino en la entrada del edificio donde trabajaban ambas. Era un ritual, juntas venían, juntas volvían. Las dos vivían en la misma calle, Sakura compartieron el piso con, Sasuke, un amigo suyo de toda la vida e Ino vivían con su novio Sai desde la hacía aproximadamente un año.
Aquel día era jueves, lo que significa "noche de comida india en casa de Ino y Sai". Era un plan que había comenzado hacía unos meses. Una noche a la semana, compraban tipo de comida: chino, japonés, indio... Y cada jueves tocaba en una casa distinta. Aquella semana era el turno de la de Ino.
Vámonos ya que Sai va a pedir. - le dijo Ino nada más salir y tirando de la manga de su cazadora.
Ino, no hace falta que tires de mí, ya voy. - se quejó Sakura soltándose.
En la trayecto del trabajo en casa, Ino volvió a sacar el tema, sí, otra vez, del chico del metro. En realidad Sakura no podía quejarse, era el tema del día, y ella misma era la causa de que Ino no hablase de otra cosa. Su amiga estaba entusiasmada con la idea de que al día siguiente él volviera a aparecer de nuevo. ¡Si en el metro hay pasado los cinco minutos de espera entre tren y tren mirando en todos los recovecos por si aparecía! A Sakura casi le da un infarto cuando por un momento pareció verle bajar las escaleras mecánicas. Pero por supuesto no era él. Ya veía hasta espejismos. Estaba claro que aquello no hay ser bueno.
Sakura, sabes de sobra que puedo ponerme seria, y ahora mismo lo estoy. - le dijo Ino cuando subían al piso de la rubia. - Si vuelve a aparecer, habla con él.
Sí, sí ... - dijo ella como quitándole importancia.
Sakura, es en serio, ya dejando a un lado lo increíblemente genial que es la coincidencia ... ejem - carraspeó dándose cuenta que estaba perdiendo el tono serio. - Llevas todo el día pensando en él. Y no me lo niegues porque sabes que es verdad. - la censuró en cuanto vio que iba a negarlo.
Esta bien, Ino ... Si en realidad creo que es lo mejor.
Lo ves, tonta, cómo no era tan difícil. Quién sabe, lo mismo es un capullo y tú estás haciendo ilusiones - dijo riendo.
Ino, por favor!
Ino continuó riendo.
Ya, ya, que era una bromita de nada. No creo que sea un capullo después de que te ayudase a recoger los apuntes y perdiera el metro.
Sakura sonrió tranquila. Sí, esa era una de las razones para pensar que no hay ser un capullo. Lo pensó el día que sucedió lo de los apuntes y lo pensó en ese momento. Y además, Ino tenía razón, era una tontería no intentar mantener una conversación con él. Ahora era más mayor, más madura y estaba más decidida a no cometer el mismo error que hace años.
Hola chicos - saludó Ino muy animada cuando entraron por la puerta.
Sasuke y Sai, que estaban sentados en el sofá de la sala de estar, las saludaron con la mano. Al entrar se olía a la ansiada comida india que su estómago quería, pues rugió en cuanto llegó el olor a sus fosas nasales.
Las chicas soltaron sus cosas y se acomodaron en el enorme sofá de la sala. Ino se sentó junto a Sai que le dio un pequeño beso en los labios como saludo.
La sala de estar no era demasiado grande. En ella había un único sofá, que era lo bastante grande como para que pudiera sentarse los cuatro sin apretar, un pequeño mueble pegado a la pared y el cual había una TV de plasma de tamaño medio y una mesa en la que ahora había un par de manteles con cuatro tuppers de comida, vasos y bebidas.
¿Qué tal el día? - preguntó Sasuke abriendo el tupper donde venía la comida.
Bueno, podría haber sido aburrido. - comenzó Ino. - Pero pasó una cosa qué ...
Nada interesante en realidad. - la cortó Sakura dedicándole una mirada asesina que decía "callada estás más guapa, Ino".
Ino captó el mensaje enseguida y se calló. Sasuke y Sai se miran sin entender nada y con una expresión de "las chicas están como cabras".
La noche avanzada deprisa. Cenaron rápido, estuvieron charlando un poco de lo qué había hecho durante el día en sus trabajos posteriores, vieron un rato la tele y poco más. Al día siguiente tocaba madrugar de nuevo y Sasuke y Sakura no se marcharon demasiado tarde.
Oye, Sak, mañana llegaré muy tarde al piso, por si ves que no llego y te preocupas. - le dijo Sasuke cuando llegaron a su piso.
Sin problema.
Bueno. Pues hasta mañana.
Por la mañana sí te veré, ¿señor ocupado? Bromeó ella
Sasuke la fulminó con la mirada.
Descuide, señorita melodramática, saldré tarde de aquí. - le respondió en el mismo tono.
Oh, bien, pues buenas noches. - se despidió entrando en su cuarto.
Se puso el pijama, se lavó los dientes y se metió en la cama. Pero tardó un buen rato en dormirse pensando en si tendría el valor de hablar con el chico. "El chico" ... Sí, tenía que hablar con él aunque fuera solo por ponerle nombre porque no podía seguir así. Era como mentar a Voldemort cada vez que hablaba de él.
Al final se durmió con la idea hecha de que debía hablar con él.
Espero que los comentarios y que haya gustado. Hasta la próxima
