Fragmento por Cait

[Imperio de Lyzeille. Por la costa, al sur de Atlas City]

Las olas acariciaban la blanca arena de las costas de Lyzeille.

Un pequeño tigre con alas jugaba a esquivarlas, acercándose lo máximo posible. A su lado, un chico joven caminaba con la mirada perdida en el horizonte. Atrás quedaba la ciudad de Atlas, el lugar dónde había pasado gran parte de su vida y lo más parecido a un hogar que le quedaba. Suspiró recordando, e inconscientemente llevo la mano al arco que llevaba, como si se sintiera más seguro sabiendo que sigue ahí.

-Dime Akira, ¿cómo crees que serán los famosos Clanes Libres? – dijo al final rompiendo el silencio.

El pequeño tigre se paró al escuchar la pregunta, lo cual provocó que una de las olas lo alcanzara. Gruñó levemente y se agitó de un lado a otro provocando una lluvia de miles de gotitas a su alrededor. Y luego, sorprendentemente, habló:

-No tengo ni idea. – dijo con un tono que sugería que si hubiese podido se habría encogido de hombros – Se están volviendo bastante famosos, ¿no?

-Eso parece – respondió apartándose un mechón rubio de la cara – Pero la fama no lo es todo.

-Bueno, hasta que no lleguemos a Saillune es pronto para decir nada. – dijo antes de darse impulso y ponerse a planear rozando la superficie del mar con las patas traseras.

-Supongo que tienes razón.

No las tenía todas consigo. A primera vista los Clanes Libres parecían aquello que había estado deseando desde hace tiempo. Un ejército que luchaba contra los demonios, y que cada día parecía hacerse más fuerte con cientos de reclutas acudiendo desde todo el continente. Eso era lo que decían. Pero Cait Valzhak había aprendido a no fiarse demasiado de los rumores. Tal vez eran exageraciones y los llamados Clanes Libres eran un puñado de exaltados saillunenses que probablemente no iban a llegar a ninguna parte. Pero puede que sí que fuera verdad, y solo por eso valía la pena hacer el viaje y comprobarlo.

Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que fue Akira el que lo avisó. Las olas del mar comenzaron a moverse de forma extraña y errática. De repente el suelo empezó a temblar, como si las mismas entrañas del mundo estuvieran moviéndose.

-¡Allí, allí! – exclamó el pequeño tigre alado revoloteando y señalando con una de las patitas mar adentro.

Lo que vio sin duda era impresionante. Un sinfín de torretas de piedra blanca comenzaban a emerger de en mitad del mar. Éstas rodeaban a una enorme cúpula del mismo material que parecía ser el centro de la edificación. Otras cúpulas comenzaron a emerger también, más pequeñas, como si fueran anexos. Estaban conectadas por unos puentes soportados por arcos apuntados y aunque en general todo tenía el aspecto de unas ruinas antiguas, se veía que el conjunto aún poseía una gran resistencia y estabilidad.

Si hubiese tenido que darle un nombre, habría dicho que se trataba de una antigua fortaleza.

-¿Pero qué…?

-¿Estás viendo lo mismo que yo? – preguntó el tigre.

-Eso creo, aunque no sé muy bien que estoy viendo.

-¿Crees que habrá alguien dentro?

Cait se mordió el labio. Era muy probable que algo o alguien hubiese activado alguna clase de mecanismo o que hubiese usado a saber qué conjuro para provocar que esa enorme mole de roca emergiera del fondo del mar.

-Apostaría algo a que sí. – dijo al final.

-¿Y crees que serán de los buenos?

-Eso ya es más difícil de saber. – dijo volviendo a acariciar el arco.

Se quedaron un momento en silencio, Akira revoloteando a su lado. Si aquellas ruinas eran de los Clanes Libres, genial. Se ahorraba el viaje a Saillune y todas sus dudas quedarían disipadas. Con semejante fortaleza podía darles un voto de confianza, eso por descontado. En cambio, si resultaba ser de alguien con propósitos más turbios, o peor aún, de los demonios… eso era malo. Muy malo. Y posiblemente, nadie se daría cuenta hasta que no fuera demasiado tarde.

-Igual deberíamos hacerles una visita. – dijo con una media sonrisa.

-¿A qué estamos esperando pues? – ronroneó Akira batiendo sus pequeñas alas con fuerza.

-Dame un momento - antes fue a ocultar en un matorral cercano el pequeño fardo que llevaba con una muda, y varios víveres básicos para la supervivencia. No pesaba mucho, pero valía la pena ir más ligero por si acaso. Una vez oculta, Cait volvió junto a Akira. - ¿Vamos?

El tigre asintió saliendo el primero. Cait se dio impulso.

-¡Alas de rayo! – exclamó.

Su capa ondeó al viento mientras surcaba el mar con Akira a su lado. La fortaleza se acercaba cada vez más y los detalles y ornamentos de aquella arquitectura antigua se hicieron más claros.

No sabía por qué, pero tenía un mal presentimiento.