Skip Beat no me pertenece
Capítulo 2:
Al día siguiente al salir de LME, Kyoko esperaba a Ren en el estacionamiento.
-Perdón, ¿te hice esperar?-
-Para nada, acabo de llegar-
-Bien, entonces vamos-
Estaban a punto de entrar al auto cuando escucharon que alguien la llamó.
Kyoko reconocía perfectamente esa voz.
Sin siquiera voltear, Kyoko se aferró a la camisa de Ren y enterró su rostro en su firme pecho. Ren la abrazó.
-¿Qué haces aquí, Fuwa?-le preguntó amenazadoramente.
-Quiero hablar con Kyoko-
-No. No puedes hablar con ella-
-Por favor…-
-No, ¿acaso no ves cuánto daño más le has hecho?-A Ren no le importaba en lo más mínimo que el siempre orgulloso Fuwa Sho pidiera un favor; su prioridad siempre sería Kyoko.
-Por eso quiero hablar con ella-
-Será mejor que te vayas Fuwa-
Kyoko quién escuchaba todo, suspiró y se alejó un poco de su sempai.
-¿Kyoko?-
-Tsuruga-san, voy a hablar con él-
-Pero…-
-Déjeme hacerlo, si no nunca voy a superar este miedo, pero…no se aleje por favor-le pidió.
Ren no quería, pero suponía que era necesario.
-No me moveré de aquí-
-Gracias-
Kyoko le tomó tímidamente la mano, antes de avanzar hacia Sho. Ren se la sostuvo hasta que las puntas de sus dedos ya no se tocaban.
Kyoko llegó hasta Sho y se paró frente a él.
Aún tenía un poco miedo, pero Ren estaba muy cerca, así que ¿a qué le temía?
-¿Qué quieres?-
-Perdón-le dijo en verdad arrepentido.
Kyoko lo miró extrañada, nunca había visto tal expresión de arrepentimiento en ese chico.
-Sé que no hay excusas válidas para haberte hecho tal cosa, pero quiero que sepas que nunca volveré a tocarte-
-Shoutaro no sé si pueda perdonarte esto, te mentiría si te dijera que sí, odié totalmente lo que hiciste, nunca me esperé que pudieras hacerme tal cosa, pero por el momento es mejor no vernos. Sigue tu camino, yo seguiré el mío-
-Soy un real imbécil, mira que haberte hecho algo así a ti…me merezco todo tu odio Kyoko… ¿él te está protegiendo?-le preguntó refiriéndose a Ren.
-Sí, él ha estado a mi lado todo este tiempo-
-Me alegro, espero que sean felices-
-¿Eh?-
Shou no le dijo nada más, solo se dio la vuelta y se retiró. Aunque lo que Kyoko no sabía era que el rubio dejaba atrás el nombre Shou, para volver a ser Shoutaro en su ciudad natal.
Kyoko un poco intrigada, regresó con Ren.
-¿Cómo te fue?-
-Bien-
Ren la encontró un poco pensativa. No le preguntaría que fue lo que pasó, esperaría a que ella se lo contara cuando estuviera lista.
-¿Entonces, nos vamos?-
-Claro-
Más en la noche Kyoko se encontraba en una encrucijada. Si ya todo estaba arreglado con Shou, ¿qué hacía allí aún?
Salió de su habitación y encontró a su sempai en la sala, leyendo un libreto.
-¿Tsuruga-san?-
-Ren le prestó atención, dejando el libreto en la mesita frente a él.
-Dime-
Kyoko hizo una gran reverencia.
-Creo que es mejor que regrese al Darumaya, le he molestado por más de una semana y ya no hay motivo para seguir aquí, así que muchísimas gracias por todo. Le agradezco de corazón todo lo que hizo por mí-
Kyoko se levantó una vez que terminó con sus agradecimientos.
Se iba. Kyoko se iba. Era obvio que pasaría. Se había acostumbrado tanto a su presencia y ahora sería difícil enfrentar su ausencia.
-¿Te vas tan pronto?-
-¿Pronto? ¡Fue más de una semana!-
-Fue muy poco-
Oh, él piensa que fue muy poco. Ella pensaba lo mismo. ¿Pero qué otra excusa tenía para quedarse? No era su esposo… ¡ni siquiera su novio!
-En serio gracias por todo-
Sin mirarlo, se dirigió a su habitación para guardar sus cosas. Él la siguió. Mínimo tendría que aprovechar esos últimos momentos juntos.
Pero al llegar a su habitación, encontró a Kyoko sentada en su cama con su maleta vacía a su lado. ¿Y estaba llorando?
-¿Kyoko, qué sucede?-
Asustado llegó a su lado. Ella enseguida notó su presencia.
-Nada-le dijo quitándole importancia-lo siento, no me ocurre nada-
¿Estaba triste? ¿No quería irse? ¿Por eso lloraba?
-¿No te quieres ir?-le preguntó sin rodeos.
-¡¿Qué?!-gritó escandalizada.
-Parece que no quieres irte-
-¿Cómo puede creer algo así?-río nerviosamente.
-Tu risa nerviosa te delata. ¿Te acostumbraste a vivir aquí tal y como yo me acostumbré a tu presencia?-
-Yo…-¿qué cosas le decía? ¿qué podía responder ante aquello?
¡Esperanzas! ¿Riesgos? ¿Se las jugaría de una vez por todas?
-Yo soy Kuon Hizuri-
¡Oh! Pero qué forma de arriesgarse se le ocurrió.
-¿Eh? ¿Kuon Hizuri?-
-Ese es mi verdadero nombre-
3, 2, 1…
-¡¿Qué?!-gritó sumamente asombrada.
-¿Hijo de Kuu oto…Hizuri?-
-El mismo-
-Pero…pero…-
-Y yo soy Corn,..-
La pobre ni se había recuperado del primer ataque y ya le había lanzado la segunda bomba.
-Co…Co… ¿Corn? ¿Mi Corn? ¿El Príncipe de las hadas?-
-Exacto-
-No puede ser… Corn es…-
-¿Es rubio? ¿Con ojos verdes?-terminó él la frase-no te puedo mostrar ahora mismo mi cabello rubio pero sí mis ojos verdes-
Ren fue por su objeto para guardar sus lentillas y regresó rápidamente para quitárselas frente a ella.
Verdes. Tsuruga Ren es Corn.
-Oh-fue lo único que salió de la boca de Kyoko, aunque solo por el momento.
¡Esperen! ¡Detengan todo! ¡Él es Corn! Los mini Kyokos trabajaban a mil por hora, aunque en realidad ellos ya lo sabían, pero su ama necesitaba pruebas sólidas.
Ren casi pudo ver como en la cabeza de Kyoko se formaba una especie de película con los recuerdos que tenía de Corn.
¿Eres un hada? ¿Puedes volar? ¡El reino de las hamburguesas! La piedra Corn. Tsuruga Ren encontrando la piedra Corn. Tsuruga Ren diciéndole que Corn podía volar libremente. Guam. ¿Guam? ¡Guam!
El rostro de Kyoko se fue tornando rojo hasta volverse un tomate.
Ren comprendió enseguida qué fue lo que ella había recordado.
-¡Tú! ¡Tú me…! ¡Corn me…!-le gritaba nerviosa y tan escandalizada que ni cuenta se dio que le llamaba de tú.
-¿Corn te besó? ¿Yo te besé?-terminó de decir él.
-¡Kyyyyyaaaa!-Kyoko se cubrió la cara ardiente con sus manos.
-¿Te puedo decir la razón por la que te besé?-
¿Estaba bien eso? ¿Podía decírselo? ¿Se arriesgaría? Bueno, ya había corrido algunos riesgos, qué más daba algunos más.
-¿Tuvo una razón?-le preguntó sin destaparse la cara.
-No soy tan playboy cómo crees. Te besé porque quería hacerlo. Te besé porque deseaba tus labios. Te besé porque te amo-
A Kyoko prácticamente se le desencajó la mandíbula.
-¿Qué?-
-Lo que oíste-
-Pero usted no…-
-¿No puedo amarte? ¿Crees que hay una razón válida para que no pueda hacerlo?-
-¡Claro que sí!-
-Una razón que no sea menospreciándote y alabándome, por favor-
-Pues…-lo meditó.
Ren se lo había dicho todo, pero ¿podría interpretar que ella no quisiera irse como una esperanza? Si ya se había arriesgado hasta este punto, podía hacerlo aún un poco más.
-Y tú no te quieres ir de aquí por la misma razón, porque me amas-
Kyoko no pudo decir nada. Aquello la dejó sin habla.
-¿Puedo interpretar tu silencio como un sí?-
-¡Yo no he dicho eso!-
-Pero tampoco lo has negado. ¿Por qué dejaste que te cuidara de esta manera? ¿Por qué no deseas irte? ¿Por qué gritaste mi nombre ese día si no sabías que estaba ahí?-
-Eso es porque…yo…-
¡Dios! ¡La había puesto contra la espada y la pared! ¡No tenía ni idea de cómo defenderse!
-Eso es porque me amas y confías en mí-
¿Tan obvia había sido? Había sido descubierta.
-Yo…-
-Kyoko, no tenemos que apresurar las cosas, sé perfectamente que tienes miedo, pero por favor, solo seamos sinceros con nuestros sentimientos-
¿Qué hacer ahora? Él no la estaba presionando, solo quería y necesitaba saber la verdad. ¿Pero por qué se veía tan desesperado por saberlo?
-Tsuruga-san-le habló con todo su valor reunido-usted es mi héroe-
-¿Qué?-
-Es cierto que confío en usted, por eso dejé que me cuidara, por eso no me quiero ir y por eso lo llamé, pero lo más importante, fue porque lo…amo-terminó susurrando.
Ren simplemente puso la más bella de las sonrisas al escucharla.
-No sabes lo feliz que me hace escuchar esas palabras de tus labios-
Ren se acercó a ella con intención de besarla, pero Kyoko al percatarse de ello, se alejó lo más que pudo.
-¿Qué hace?-
-Intento besarte-le dijo señalando lo obvio.
-¡¿Qué?!-gritó aún más escandalizada-¿no fue usted quién dijo que no debíamos apresurarnos?-
-Ya sé, pero quería probar tus labios otra vez-le confesó con un tierno puchero.
-¡¿Qué?!-volvió a gritar.
-Lo siento, solo dije la verdad y como fui yo quien dijo eso, me contendré, pero ahora hay otra cuestión más importante-
-¿Cuál?-
-Tú no te quieres ir y yo no quiero que te vayas, pero supongo que no tenemos otra opción-
Kyoko lo pensó. Era cierto que no quería irse, pero ¿en verdad estaría bien quedarse? ¡No! ¡No podía hacer eso! Vivir juntos tan pronto…sería algo precipitado, pero…hablando con honestidad, no tenía ni la más mínima gana de irse.
-¿Sería algo malo que me quedara?-decidió probar terreno.
-Se nota que no quieres irte. No podría catalogarlo como algo malo, pero tendríamos que hablarlo por lo menos con los dueños del Darumaya, para las demás personas podríamos dejarlo como un secreto, si así se te acomoda mejor, pero el mayor problema, es que si vives conmigo no puedo prometerte que no te tocaría-
Diferentes tonalidades de rojo cubrieron el rostro de Kyoko. Él estaba siendo muy sincero. Pero, ¿ella estaba en contra de que la tocara? No. ¿Estaba lista? Ni idea. ¿Podría intentarlo? Seguro que sí. ¿Lo deseaba? ¡Pero por supuesto!
-Me quiero quedar-confesó al fin.
-¿Estás preparada para ello?-
-Honestamente no lo sé. Esto es nuevo para mí y nunca se me había cruzado por la cabeza-
-Pero quieres intentarlo-terminó él la frase, al parecer la comprendía un poco más-No te preocupes, haré todo lo que esté en mis manos para que lo disfrutes y no te arrepientas-
-Pase lo que pase no me arrepentiré-le afirmó con una sonrisa.
-¿Y a quiénes se lo decimos?-
-Solo a okami-san y a taisho, si se lo decimos a alguien más, no nos dejaran en paz, en especial el Presidente Lory-
-De acuerdo-
Una vez cerrado el trato, un silencio extraño los envolvió.
Pasaron unos minutos así, ¿o solo fueron segundos?
Kyoko lo miró. Ren la miró. Ambos se echaron a reír por la extraña situación.
Ren se acercó nuevamente a ella.
-Creo que deberías cerrar los ojos-
-¿Por qué?-
-Bueno, si lo quieres también puedes dejarlos abiertos mientras te beso-
-¡¿Qué?! ¡No que iba a ir lento!-
-También dije que me iba a ser imposible no tocarte-
-Pero…pero es que…-
Kyoko observaba detenidamente la mirada que le dedicaba.
Era una mirada tan dulce y llena de amor que le infundaba tanta confianza.
Nerviosa, cerró los ojos. Eso fue más que suficiente para Ren.
Unió lentamente sus labios a los de ella, apenas probándolos. No quería asustarla. Duró apenas unos segundos y se separaron.
Kyoko enterró su rostro en su camisa, totalmente avergonzada.
-Pero yo seguiré durmiendo en este cuarto-sentenció.
-Ok, ok. Lento, intentemos ir lento-
-Uffff, esto será una gran tortura-pensaba Ren.
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Próximamente: Pocky game
