"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."

2. Amy pierde el control

Comenzó en ese punto en que la soledad se volvió tan pesada y escalofriante que no se quería ser vivida. Buscaba con anhelo apagar la desesperanza. Se cansó de vivir así, tomó sus cosas y empacó para marcharse lejos, donde ya nadie pudiera seguirla lastimando. Ahora estaba en su casa, durmiendo plácidamente en espera del ansiado final ¿Qué más podía hacer? Ya no quedó nada. Se fue el amor, los sueños, las ganas de vivir y la ilusión.

- ¡Vamos! – y Joan golpeó con furia la pared – me pasé toda al mañana cocinando así que más vale vengas y te lo tragues

- No tengo hambre – musitó con los ojos cerrados

Como sucedía todos los días. Se levantaba a las siete de la mañana para cambiarse de ropa, volvía acostarse a las siete y quince y allí se estaba con la mirada fija en ese punto en la nada, a veces comía, otras prendía el televisor para en diez segundos recorrer todos los canales y volver a la cama, después llegaba la cena que casi nunca tomaba y al final ponerse de nuevo su pijama e intentar dormir… Otro día más en la vida de Haruka Tenoh

- ¡Y qué si te quedaste sola! – gritó un día Joan fastidiada

- Sí, y qué – musitó cansada de visitas

Si no era Joan era Mina contándole sobre algún artista, Serena llenándola de mimos, Rei hablándole de mil cosas que para ella dejaron de tener sentido, Lita llenándola de ese amor tierno y dulce que solamente una niña como ella puede dar y al final anhelaba mudarse de casa para poder estar sola con su tristeza.

- ¿No es día de visitar a Michiru Cabeza de bombón?

- No – tartamudeó la niña nerviosa – ella se ve mejor que tú… Mucho mejor… De hecho el otro día nos gritó y nos dio con la puerta en la nariz – se quejó – pobre Kared – rió recordando lo gracioso que fue verlo gemir por el golpe

- Qué mal educada – cerró los ojos – no hables voy a dormir

- ¡!

Una semana. Y pudo haber seguido así eternamente hasta que llegó ese día, ese momento en que despertó dándose cuenta que ya nada le quedó… Momento de resignación, hora de reasignar a su vida un nuevo sentido. Fue un sábado cuando le sucedió. Abrió los ojos y su mirada cambió, se vio en el espejo dándose cuenta qué tan mal se veía ¿podía sufrir más? No, pero sí podía seguir causando más lástimas ¡Qué patética era! Rió a carcajadas pensando que ni Michiru se veía en ese estado tan deplorable y por primera vez en siete días su rutina cambió.

- "Hoy no estoy aquí… Fui a comprar una nueva moto. Gracias por su visita vuelvan pronto" – escribió en un papel que pegó en la puerta de entrada

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Si comía ya era ventaja para la familia, excepto para Isaac pero él nunca contó mucho como parte de esa familia. Mientras la veía juguetear con la ensalada separando lo verde de lo no tan verde pensaba en ello. Ni siquiera se dio cuenta cómo dejaron de ser los Sinclair y se convirtieron en los Kaioh menos un único Sinclair (Melissa, Kared y Michiru menos él). Se quedó abandonado y apenas hoy lo notó. Sonrió y Michiru volteó a verlo con cierta arrogancia difícil de descifrar esa primera intensión

- Puedo remediar lo de tu brazo – la tomó con delicadeza

- No quiero – musitó enfadada

- Tienes muchos nervios lastimados y recuperarás sólo las tres cuartas partes de movilidad con dolorosa terapia ¡Qué fantástico! ¿No lo crees?

- Sí

- Pero yo puedo sanarlo

- No

- Mira – comenzó a generar un pequeño haz de luz que posó sobre el brazo derecho enyesado de la jovencita

- ¡No! – y con violencia retiró su brazo – no quiero tu ayuda… Cuando hiciste algo bueno por Melissa ella cambió, al punto que se convirtió en un ser sin vida ¡No lo permitiré para mí!

- ¿Cómo? Sólo se porta menos neurótica… ¿Eso tiene algo de malo? Como sea no te ayudaré si no lo quieres pero eso no quita te diga un par de sugerencias ve a un maldito psiquiatra… ¡Estás más loca que tu madre! Si te contara – rió animadamente – pero claro la culpa la tengo yo siempre… ¿Yo estuve en un sanatorio mental? ¡No!

- No quiero tu ayuda – comenzó a sollozar presa de sus sentimientos encontrados

- No quieres olvidar que es otra cosa… Cuando estés lista te ayudaré… No lo olvides, siempre estaré para ti – besó su cabeza en un acto más que tierno

No volvería a pintar ni a tocar el violín, dejaría que la vida siguiera su curso pero sin ella. Intentar explicar su repentina decisión resultaba imposible, se sentía traicionada, dolida, olvidada y sobretodo demasiado sola. Nada valía la pena ya. Se quedó sentada en el sillón observando el paisaje por la ventana.

- ¡Está Nevando! – gritó Kared descendiendo las escaleras – anda – y era tal su ánimo que sin quererlo la tumbó

- ¡Bruto! – chilló la joven, la tomó desprevenida y ahora estaba en el piso

- Vamos a fuera, está nevando, jugaremos a lanzarnos bolas de nieve ¡Y te dejaré ganar! ¡Te dejaré ganar!

- Qué mala manía tienes de repetir frases. No gracias – tomó la mano del chico que le ofrecía ayuda para incorporarse

- Sabes, no me interesa si quieres o no jugar conmigo… Lindsay no me habla así que – y sin más la cargo – vamos a jugar tú y yo

- ¡Bájame bruto! – gritaba sintiéndose mareada por las vueltas que el niño le daba – Nos caeremos

- Que va… ¡Afuera! ¡Nieve! ¡Nieve! ¡Qué emoción! ¡Está nevando!

- ¡Bájame! – pataleaba

Su euforia y alegría era equiparable a la de Serena. Apenas estuvieron a fuera la soltó para correr despavorido y refugiarse entre unos árboles. La guerra de bolas de nieve había comenzado. Michiru cansada de sus niñerías se encaminó de vuelta a la casa pero él no parecía querer aceptar un no como respuesta. Corrió con toda la velocidad que sus piernas debiluchas le dieron y con el impulso la tumbó en un montículo de nieve

- Mira – agitaba sus piernas y manos haciendo un ángel de nieve en el piso – me encanta esta época

- A mí también – sonrió con melancolía

- ¿Y si te invito a patinar?

- No quiero, por favor Kared ya déjame en paz – suplicó la muchacha viendo que la fuerza bruta con él no funcionaba

- ¡Ya sé! – gritó rompiéndole el tímpano – es que no sabes patinar. Pero no te apures no es difícil aprender

- No es eso – musitó molesta

- No te apenes Hay cosas que no sabemos hacer y eso no tiene nada de malo

- ¡Qué es de familia no escuchen! Sé patinar

- Entonces vamos – y no pudo resistir esa encantadora sonrisa llena de alegría y optimismo. Asintió con la cabeza

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Regresó noche a casa montada en su nueva moto. Se sentía extraña y su energía hacía resplandecer al cristal del tiempo con tanta fuerza que empezó a temer algo malo le sucediera. Se bajó y entre jugueteos lanzó al aire una y otra vez el pequeño objeto brillante. Miró extrañada a la joven que le esperaba en la puerta y soltó una risita traviesa. Estaba sentada, recargada en la pared y con la cabeza en las rodillas durmiendo

- Bu – le susurró a la jovencita

- ¡Haruka! – gritó Joan cayendo al piso por el susto – estaba, yo… te esperaba… ¿Fuiste de verdad a comprar una moto?

- Mírala – sonrió por primera vez en semanas – ¿Quieres dar una vuelta?

- Es preciosa – gritó. Sabía mucho sobre vehículos y motocicletas así que de inmediato aceptó – ¿Y me dejarías conducirla?

- No, la puedes estrellar – reía estrepitosamente – eres mala conductora ¿o crees no lo he visto?

- Mala

Dieron una vuelta corta por los alrededores. Joan la abrazó con fuerza sintiendo el poder del viento sobre su ser. Ansiaba la libertad tanto como la rubia, entendía el susurro de ese elemento y comprendía la velocidad. La dejó conducir una vuelta, le enseñó algunos trucos y regresaron a casa.

- ¿Tenías mucho esperándome? – se quitó el casco

- No, sí… No importa – tartamudeaba nerviosa entrando a la casa

Y sucedió. Los ojos de Haruka destellaron un tono azul intenso. Joan no podía esconder cuán enamorada estaba. La rubia la sujetó con ternura del mentón y en ese silencio buscó sus labios para besarlos con dulzura. Se separaron lentamente pero Joan no quería el amor se desvaneciera tan pronto. Se aferró a ella dando rienda suelta sus instintos.

- No me gusta verte así – musitaba entre suspiros sintiendo esos labios en su cuello

- No hables –susurraba mientras sus manos recorrían su cuerpo

- Te amo – se aferró a su espalda anhelando nunca olvidar

Entre juegos y besos Joan cayó en la cama. Haruka con un brusco movimiento tiró las fotos que allí había dejado esa mañana.

- Ella te ama – musitó la jovencita observando esa fotografía de la rubia y Michiru

- Bésame – cerró los ojos mientras su mente gritaba pidiendo por más

Entre risas la corredora se detuvo, se tendió a un lado de su compañera. Cerró los ojos y ella se recargó en su pecho.

- Tu corazón está muy acelerado Haruka – se separó de ella observando por tercera vez esa fotografía – te ama – musitaba casi para sí

Pero la conversación terminaba. La puerta se abrió y Haruka levantó la mirada encontrándose con los ojos de su amante. Sonrió y se tendió de nuevo en la cama mientras Michiru volvía a cerrar la puerta. Cerró los ojos sintiendo la cama moverse pues Joan emprendía la retirada. Sujetó a la joven antes que se fuera de su alcance

- No te vayas – le suplicó

- ¿Y Michiru?

- No sé – bajó la mirada – yo creo ya se va…

- Te veo después – se soltó de su mano

Se levantó con parsimonia. Escuchaba ruidos en la cocina por lo que supuso su sirena seguía allí. Recogió sus fotos y las acomodó en el cajón del buró.

- No es lo que piensas – rió Haruka con cierta burla

- ¿Y qué crees pienso? – se sirvió el café que acaba de preparar – Siento haber interrumpido… Venía a disculparme por lo que pasó, no debí ser tan malcriada

- Es mi amiga, es todo – volvió a sonreír

- ¿A quién pretendes convencer? ¿A ti o a mí? – respondió encogiéndose de hombros

- Quédate conmigo esta noche – pidió pero ella negó con la cabeza – está bien, lo entiendo. Iré a dar una vuelta en el Ferrari ¿Quieres venir?

- ¿Me llevarás? – levantó la ceja divertida pues siempre que se sentía mal conducía ya fuera la moto o el auto sin rumbo y sin compañía – eso es raro en ti

- ¿Y tiene algo de malo? En realidad – se rascó la nariz inquieta pues el flirteo con su amante siempre resultaba en catastrófico – en realidad quiero hacer tiempo para convencerte – la abrazó por detrás para susurrarle al oído – quédate conmigo… Ámame… Ámame Michiru Kaioh

- Eres mala conquistándome

- Lo sé – se separó de ella. Tomó las llaves del auto

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Amy gritó encolerizada y las chicas saltaron del susto pues ella venía atrás leyendo el periódico para darse cuenta de su existencia. Serena exhaló un suspiro y Rei vio la hoja que tanto hizo enfurecer a su amiga. Se trataba de un nuevo club nocturno, tal parecía que podía ser más prometedor que Insomnio y hasta tenía noche de Karaoke para compositores. La morena de inmediato saltó de gusto, ella tenía ya varias canciones y aunque su voz no era tan prodigiosa como la de Mina bien podía conseguir el premio de la noche por su composición

- ¡Quieren dejar de ignorarme! – gritó como nunca la peliazul

- ¿Cuál es el problema?

- Ese chico pretende retarme – musitó mostrando la fotografía del galante jovencito – quiere apoderarse de la ciudad

- Eso no es algo exagerado – musitó la niña de coletas a su amiga – creo a Amy se le botaron las tuercas

- ¡Es mi vida la que va en juego!

- ¿Qué no dijiste que solamente les ayudabas con un sistema de cómputo? – intervino Lita, se acaba de unir al grupo

- Eh, sí… pero me siento parte del equipo, hay que ser parte de algo

- Que tal de las Sailor Scouts – contestó Orión con tono irónico saliendo de la mochila de la joven alta – digo si hay que ser mosqueteros, uno para todos y todos para uno, que tal de tus propias amigas porque ¡nunca vas a las juntas!

- ¡Tengo trabajo! Y ahora más… por ese estúpido – musitó arrugando las hojas

No lo entenderían. Se marchó para ver con Melissa una nueva estrategia de campaña. Pero no solamente sus amigas no comprendían la importancia de Insomnio, hasta su propia jefa se rió de su paranoia, se trataba solamente de sana competencia sin mucho problema

- ¡Sana competencia! – gimió

- Te estás tomando muy en serio lo del antro… ¡Tómate unas vacaciones! – le sugirió

- ¡Nunca!

Así que esa noche se coló a la inauguración del famoso Nocturno Light. Nadie le robaría a sus clientes, su gloria y la energía que tanto le costaba reunir. Pero para su sorpresa había algo más en es sitio. Otra máquina que absorbía las energías de los seres humanos. Cuando pasaba ya de la media noche comenzó una lluvia ligera de colores y pequeñas esferas de luces comenzaron a encenderse absorbiendo cualquier vestigio de vitalidad de aquella multitud

- ¡No te lo permitiré! – gritó convertida en sailor Mercury

- Vaya pero si son las famosas Scouts – salió de las sombras el elegante y sofisticado jovencito – mi nombre es Kio. Veta ya tengo trabajo, esta noche te perdonaré la vida

- ¡Sueñas! – gimió furiosa – Chicas – encendió su comunicador – ahora probarás la furia de Sailor Mercury

- Entonces saldrás de mi club por la fuerza – y una sonora carcajada resonó en todo el sitio

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Él perdido en esa oscuridad y en sus pensamientos. Su aroma la delataba, estaba allí como siempre, tal vez cuidándolo, o vigilando solamente. Se declararon la guerra hacía tanto que olvidaron la razón real para hacerlo, hoy sólo importaba el odio, la venganza y el deseo de sobrevivir al otro. Ella mirando en esa penumbra en espera de su fin, aguardando por un milagro para salvar aquellos a quien se ama y hasta lograr llegar allí donde nadie puede hacerlo. Se contoneó en un acto sensual innecesario.

- ¿Y cómo sigue nuestra niña?

- Se fue – rió Melissa

- A qué mal… Ya regresará… siempre lo hace… Te pertenece ¿lo sabes?

- Sí – musitó en su oído provocándole un fuerte escalofrío

- El otro día Kared me preguntó por qué él no podía heredar el trono – hizo un ruidito con la lengua que denotaba disgusto – ¿acaso fue idea tuya?

- No

- Hasta Michiru quiere "abdicar" a su favor… Dijo " Pues no decides tú… yo no lo quiero y él sí a ver cómo nos detienes a los dos" se oía igual que tú mi bello ángel

- ¿Y qué contestaste Isaac?

- Nada… Yo qué sé de eso – la tomó entre sus manos

Y con una ternura sin igual comenzó a besarla. Anhelaba volver a ser parte de ella, sentir de nuevo ese corazón vivo y así entregarse sin recelo, sin venganzas o la crueldad aún latiendo. Ella respondió con amor, siguió besándolo para rogarle entre susurros la amara como cuando se conocieron.

- Nunca te dejé de amar – musitaba sin detenerse en su romance

Se recostó en la mesa dejándolo saciar su instinto. Le desabrochó la camisa y él jugó con su blusa. Buscó en medio de la oscuridad sus labios, la besó con toda esa descarga de energías que se quedaron suspendidas. Una pequeña chispa surgió de sus labios. Melissa soltó una carcajada quejándose de la descarga y él se sobó los labios renegando por sus besos mortales. Un segundo intento. Esta vez el beso fue más intenso y la energía penetró en ambos cuerpos.

- Cómo te amo mi ángel

Sentía cómo por su sangre corría un lento veneno que lo quemaba. El fuego se expandió hasta llegar al corazón. Dejó de latir. Y segundos después se apoderó de su cerebro. Dejó de pensar, sentir, vivir. Una leve energía roja brotó de su espalda para viajar a través del espacio hasta ese joven que enfrentaba a Sailor Mercury

- Libérame – musitó Melissa

Sintió esa cálida energía que la abandonó. Su cuerpo saltó presa de una convulsión y sus ojos se desorbitaron para quedarse fijos en esa nada. Se asió a la mesa con furia pues sus brazos comenzaron a partirse al igual que su espalda. El dolor era tan intenso que hubiera gritado como nunca pero sus cuerdas vocales acaban de mutar dejándola en el silencio. La sangre corrió a través de su cuerpo tiñéndolo.

- ¡Dios! – gimió convertida en el Ángel Negro

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Estaba por ganar. Ya había destruido dos de las cinco esferas flotantes y la máquina principal. Se felicitó a sí misma. Su mirada se desvió al joven Kio. Sintió lástima por él pero siempre había ganadores y perdedores. Hoy Sailor Mercury lo superaba por mucho.

- ¡Rapsodia Acuática de Mercurio!

Y cuando el poder de la joven Scout se desvaneció quedó frente a ella la poderosa bestia infernal. Retrocedió espantada observando esos ojos rojos ardiendo con colosal furia. Con paso firme absorbió lo que quedaba de energía del joven y sus garras se clavaron sobre el hombro de la jovencita

- ¡Saeta llameante de Marte! – interceptó el golpe

- ¡Mercury! ¿estás bien?

- Sí Sailor Moon – se levantó del piso aún aterrada por el odio descomunal de la bestia

- ¡Se supone lo derrotamos! – gritaba enloquecida Sailor Júpiter – ¡Y ahora!

La poderosa bestia infernal expulsó dos bocanadas de fuego. Las jovencitas apenas logran esquivarlo. Él reía regocijándose por su sufrimiento

- ¡Dioses del inframundo! – gritó el Ángel Negro

- ¡Quítate! – musitó la temible criatura aventando lejos a Sailor Moon

- ¡Esto es entre nosotros! – agitaba sus alas mientras las energías que emanaban de ellos causaban turbulencias en el ambiente

- ¡No te lo permitiré! – gritó Sailor Moon – no harás daño a nadie más

La luz de su cetro lunar simplemente lo traspasó. La bestia rió a carcajadas llamándola ingenua él era parte de esas energías. Marts hizo un gesto de interrogación sin entender bien a qué se refería. Sailor Mercury no permitiría más daños de lo que podía contener, así que hizo que su niebla los cubriera dándoles oportunidad a sus amigas de escapar. Excepto que Sailor Moon no quería hacerlo, defendería al Ángel con su vida

- ¿Y eso a cuenta de qué? – bramó la dama del fuego

- No lo puedo explicar – balbuceó

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Hotaru iba de regreso a la cama cuando fue capturada por sus hermanastros que cansados de sentirse aterrorizados y viviendo a los deseos de la niña pensaron en darle un buen susto, la dejarían durmiendo en la calle. Pero Hotaru de un golpe se quitó a todos de encima, gritó enfurecida y los chiquillos asustados se echaron a correr.

- ¿Qué haces Hotaru? – saludó Setsuna

- Juego con los tontos – reía viendo cómo corrían

- No los tortures así

- Ellos empezaron

- ¿No los provocas todos los días?

- A veces – renegó la niña

- Bueno piensa en cómo te sentirías si tu fueras un juguete, si alguien abusara de su fuerza física o su inteligencia para hacerte miserable y así te ves tú, ahora de eso puedes decir muchas cosas a tu favor y yo te digo la superioridad está en no rebajarse al nivel de las bestiecitas como los llamas ¿O eres una?

- No – y la niña se enfadó

Movió con cuidado a Artemis a su lado de la cama. Se acostó y echó la cabeza hacia atrás pensando lo que Setsuna le dijo, si tendría razón y sería una pequeña bestia humana como sus hermanastros. Estaba en ello cuando un gato le saltó sobre el abdomen

- Tenemos que hablar niña – dijo Orión mirando fijamente sus ojos

- Te dije no entraras a mi casa

- ¡Y como te aviso entonces!

- Ya te dije – gritó despertando a su gato – Mails, cartas, invitaciones, teléfono, señales de humo, telégrafo, etc…

- Como sea ya vine y lo siento, ahora ¿La señorita podrá acompañarnos en nuestra importante junta?

- No sé – sonrió con burla – le preguntaré a mi gato guardián – miró a Artemis que se limpiaba la baba con la garra aún adormilado

Orión salió enfurecido, tener que suplicar a Artemis no era su idea de una buena noche, pero un día la niña perdería su don de nuevo y entonces él se las cobraría todas. Volvió a gruñir para encaminarse a la salida. Vio a lo lejos a Setsuna y Tomoe en el jardín. Negó con la cabeza y si su curiosidad por saber qué sucedía entre ellos no hubiera sido tanta se hubiera perdido el evento del año: Un beso. Frunció el ceño.

- Tonto – le golpeó Artemis echando a correr – yo llegaré primero – reía encantado el animalito por la ventaja que adquirió

- ¡La pagarás! – Apenas pudo alcanzarlo y cuando pretendía cobrar venganza tuvo que desistir pues Hotaru ya estaba allí

- Qué bueno viniste – expresó Andrómeda y contoneándose coquetamente acarició al gato blanco

- Hotaru necesitamos que nos digas qué pasó en esa nave… Antes que digas algo escucha, tenemos motivos para creer que el Heredero es nada menos que Michiru Kaioh… Ella subirá al trono de Dios y con su poder traerá el silencio y la oscuridad a nuestro mundo

- ¿Por qué haría algo así?

- Que tal venganza

- Nosotros no le hemos hecho daño ¿o sí?

- No – musitó contrariado Orión – pero es algo complejo de explicar, el universo ha sufrido cambios brutales por un desequilibrio, la naturaleza intenta restaurarlos… y…

- En pocas palabras creemos que alguien puede pretender engañar a Michiru y convencerla que ascender al trono ayudará al mundo

- ¿? – Artemis se quedó en la parte tenemos que juntar los cristales

- Gato tonto – lo golpeó el gato pinto – pon atención porque no lo volveré a explicar: Los cristales son el poder de Dios. La nave los guarda para abrir la tumba y pasar el poder al nuevo Dios, el Heredero… así que cuando Michiru suba al trono ¡El mundo se destruirá!

- ¿Y la niña a la que vigilaban?

- ¿No lo entiendes? Hay personas malas que resguardan al actual todopoderoso Dios y gente más mala que pretende apoderarse del trono… Pero nadie puede tocarlo, ni usar los cristales hasta que el Heredero no los active ¡A fuerzas necesitan de Michiru!

- Gasté muchas energías – lamió su pálida mejilla Andrómeda – para averiguar quién era el Heredero Artemis… Así que necesitamos lograr encontrar los cristales y tal vez tu niña pueda no sé… ¡Detener la destrucción! No he tenido una cita en mucho tiempo y no tuve la oportunidad de conocer Paris ¡No quiero morir! No sin conocer Francia antes – sonrió regresando a su compostura

- ¡Yo también! – gritó emocionado

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Un café a la luz de la luna, violines que se escuchan a lo lejos, unas flores y unas velas. La noche romántica perfecta. Pero Michiru parecía ausente, quizás pensara en lo que vio esa tarde o en la muerte. Ella lo hacía. Pensaba en morir cada día que despertaba. Sonrió. Se alegraba de verla levantada y le hablara. Pasó tres horribles semanas envueltas en el silencio y la soledad, cuando Michiru decidió encerrarse en su propio mundo olvidando ella también sufría… la amaba. Emitió un suspiro y tomó sus manos entre las suyas

-¿No comerás?

- No tengo hambre – contestó regresando sus pensamientos a ese bello momento

- ¿Has pensado?

- ¿El qué?

- Lo que sucederá con nosotros – musitó a su oído – es hora de continuar nuestro plan… Si tú y yo fingimos nada sucedió el mundo entero se volcará contra nosotros…

- ¿A qué te refieres? – soltó lentamente sus manos

- A ascender al trono… Terminar nuestra misión

¿Y exactamente cuál era esa misión? Michiru frunció el ceño como si supiera ella la manipulaba. Haruka rió alegremente. El razonamiento era tan fácil que no necesitaba de mucha lógica para entender que el mundo sería pronto devastado por la bestia… Mientras no hubiera un nuevo Dios, aquel que ocupara el trono e impusiera un orden perfecto

- ¿Te refieres a que la bestia se originó por el caos?

- Por algo mejor que eso – ahora se comía el platillo de su amante – piensa y dime ¿Quién sabía del bebé?

- Con tu gran bocota creo medio Japón – musitó enfadada

- Bien – rió animadamente – como quieras – se incorporó de la mesa para hincarse a su lado – cásate conmigo… No es cuestión de razonar es cuestión de amar… Te amo y no hay nada ni nadie en este mundo que quiera más… Quiero estar siempre contigo

- Yo también – besó sus labios

- Sube conmigo al trono… sabes que la ausencia de un Dios obliga al Heredero a ocupar su sitio… Debo ocupar el lugar que me pertenece

- ¿Debes? Yo sigo sin entender eso – rió alegremente – tú misma buscaste desequilibrar el orden deshaciéndote de uno de los dioses ¿O crees puedes mentirme? Eres transparente para mí

- Entonces mírame preciosa – buscó sus ojos verdes – No quiero esta misión pero no tenemos más salidas… El universo colapsará muy pronto… Y necesitamos subir al trono ¿O crees que le haría daño a Serena?

- No – besó su mejilla – pero yo no cuido a la princesa – musitó a su oído – te protejo a ti…

- ¿A mí? ¿De quién? – cerró los ojos saboreando el beso que acaba de recibir

- De ti misma