CAPITULO II (2/10)

El sentir la suavidad de la moqueta en la planta de mis pies es realmente extasiante, nunca antes le había dado importancia al contacto de mis pies descalzos con una moqueta. A pesar de que todavía mi cuerpo está dolorido la cama simplemente se me hace insoportable, demasiados días sin levantarme de ella y sin poder poner mis pies sobre el suelo. Con mucha cautela, con precaución, levanto levemente la planta de mi pie derecho y lo adelanto levemente, el primer paso después de haber nacido por segunda vez. Los pasos que preceden al primero son dados con el mismo cuidado, con la misma fragilidad y suavidad. La sensación del roce de la moqueta contra mis pies descalzos sigue resultándome especial, mágico podría decirse incluso.

Libros de Artes Oscuras, libros de Encantamientos, pero sobretodo libros de Pociones es lo que veo que Snape tiene en una de sus estanterías. Mi vista se pasea por las hileras de libros de la estantería, mis dedos rozan los lomos de los libros y se detienen en uno pequeño y fino. Al sacarlo del lugar en el que estaba colocado puedo ver el título. Pociones curativas del Nepal. Ojeo el breve libro que no llega ni a las 50 páginas aunque por lo gastado que está parece que a Snape le resulta muy interesante.

— Los gryffindor siempre tocando cosas que no son suyas, ¿verdad?

La pregunta retórica formulada por el adusto director de Hogwarts me asusta, no lo había escuchado entrar en sus propios aposentos. Snape está bajo el marco de la puerta, me mira con tranquilidad, no parece enfadado aunque a decir verdad tampoco parece contento. La expresión "estar contento" en la cara de Snape no creo que sea posible, no se la he visto nunca y tampoco creo que llegue a vérsela jamás.

— Lo siento, Snape— me excuso volviendo a dejar el libro en el sitio de donde lo he cogido, no quiero que él se enfade conmigo por mi curiosidad— No ha sido mi intención el parecer maleducada y tocar algo sin tu permiso. Lo único que quería hacer era poderme levantar de la cama, poder encontrar algo de buena lectura para pasar las interminables horas

Snape se mueve, abandona su posición bajo el marco de la puerta y con unos cuantos pasos se aproxima a mi. No dice nada, únicamente ojea los libros de su estantería, toca unos cuantos y finalmente saca uno de tapas moradas con letras doradas. Derechos de criaturas mágicas. Cuidadosamente coloca el libro sobre las palmas de mis manos, después de hacerlo coge la silla que está cerca del escritorio y me hace sentarme. A pesar de tener 25 años en presencia de Severus Snape sigo sintiéndome como una niña de 11.

— Siempre tan sabelotodo, Granger— comenta con un tono irónico que me hace sonreír levemente— Supongo que este libro le gustará si todavía sigue con sus ideas de lucha por los derechos de los elfos domésticos

— ¿Cómo sabes eso?

Mi pregunta lo hace alzar levemente sus labios, parece que le causa gracia el verme confundida al no saber como se ha enterado.

— Kreacher la odia, Granger— dice con simpleza— La odia por ser hija de muggles y también por intentar convencerlo de que podría recibir una retribución por hacer lo que él consideraba su deber. Si no contamos que Kreacher refunfuñaba también puedo decirle que los elfos de Hogwarts la tienen miedo, todos temían a la muchacha que daba discursos y tenía la intención de dar prendas de ropa. Siempre intentando ser una idealista, siempre siendo la misma Granger de buen corazón

Un slytherin como Snape, el prototipo de la casa de Salazar por su astucia, acaba de alabarme. Parpadeo un par de veces, de nuevo centro la mirada en el director de Hogwarts. Sentada frente a él, frente al hombre que me ha cedido su cama y que está pendiente de mi recuperación, abro el libro y leo el prólogo. El conocido abogado mágico Robert F. Cahill, defensor de los derechos de todas las criaturas mágicas, escribe en el prólogo que el libro que comienza en la siguiente página debería hacer reflexionar a muchas personas sobre la igualdad inexistente. Al terminar de leer el prólogo cierro con cuidado las cubiertas del libro, deseando comenzarlo y ver que me aportará la lectura del mismo.

— Gracias por la recomendación, parece un libro muy interesante

— Lo es, Granger. El libro de Cahill resulta muy inspirador y consigue hacer ver a quién no sea tan obtuso como el Lord Oscuro, obsesionado por la limpieza de sangre, que las diferencias son la esencia de nuestro mundo y de las criaturas que lo habitan. Todos cumplimos una misión aquí, desde los elfos domésticos hasta los centauros, pasando por los gigantes o los licántropos.

La vena de predicador que acabo de descubrir de Snape me gusta, me parece interesante. Siempre he sabido que el actual director de Hogwarts era un hombre erudito, apasionado de las artes oscuras y las pociones, lo que nunca había pensado es que le interesara o tuviera conocimiento del tema de los derechos de las criaturas mágicas. Harry y Ron cuando tuve mi época del PEDDO me miraban como si estuviera loca, como si pensar en los derechos de algo como los elfos domésticos solamente lo hicieran las personas a las que les falta un tornillo. Para mis dos mejores amigos pasarse la vida hablando de quidditch era normal, un deporte estúpido que consiste en tener una escoba entre las piernas y estar al tanto de cuatro pelotas, pero preocuparse porque alguien tenga las condiciones básicas que tenemos cualquier mago no lo era.

— Tengo que irme, Granger— dice Snape— Solamente venía a decirle que Minerva y Hagrid me han pedido poder verla, antes de darles una respuesta he dicho que se lo consultaría por si le resultaba un problema. Potter y Weasley son sus amigos, el "Trío Dorado"— comenta con mofa—, ellos tenían derecho a visitarla pero el resto de las personas solamente la verán si usted quiere, Granger.

— ¿Dónde podría ver como estoy?— pregunto con lentitud, queriendo ver después de medio mes el estado físico de mi cuerpo

La mano de Snape se coloca sobre mi espalda, sus ojos indican a la puerta. Me levanto de la silla con dificultad, tengo que terminar apoyando una de mis manos en el brazo de mi salvador. Una vez en pie, él con el contacto de su mano en mi espalda me indica que tengo que caminar hacia la puerta. Un pasillo con otra puerta al final, eso es lo que veo antes de observar que a mitad de camino en la pared de la izquierda hay una segunda puerta. Paso a paso, mis pies descalzos dejan de notar la moqueta para notar la madera bajo ellos, llego hasta la puerta del medio del pasillo. Un cuarto de baño. Mi mirada recorre cada centímetro del amplio lugar, me sorprende ver que el hombre de negro tiene un cuarto de baño integralmente blanco. La bañera, la ducha, los armarios, las toallas, la moqueta, completamente todo es blanco. Tuerzo levemente la cabeza para poder mirarlo unos segundos, él está mirando al frente con la mirada perdida. Snape reacciona y deja de mirar a la nada para mirarme a los ojos, para obligarme a que de unos pocos pasos más y me mire en el pequeño espejo que hay sobre el lavamanos. Respiro profundamente, mi garganta y mis pulmones se resienten doloridos, camino hasta el sitio con la cabeza levemente agachada.

— No puedo— digo cerrando los ojos y agachando más la cabeza

— Pensé que los gryffindor aparte de caracterizarse por romper normas también lo hacían por su valentía, Granger

Snape ha entrado al baño, está detrás de mi y me apoya en la dura tarea de verme en el espejo por primera vez después de lo que me hizo Draco. A pesar de sus palabras sarcásticas, a pesar de intentar molestarme dejando en entredicho mi valentía como antigua gryffindor, está apoyándome e interiormente se lo agradezco.

La imagen que me devuelve el espejo me deja petrificada, mucho más de lo que cualquier basilisco podría hacerlo. Tardo unos segundos en procesar que la que estoy frente al espejo soy yo, que a pesar de que llevar unos quince días un hematoma adorna uno de mis ojos y algunos rasguños todavía son visibles en mi rostro. Al salir de mi estado de sorpresa, de shock, doy un paso para atrás como si el Sauce Boxeador me hubiera golpeado y me hubiera dejado sin respiración. El cuerpo de Snape evita que pueda dar otro paso atrás, que pueda caer y hacerme más daño todavía.

— No quiero que nadie me vea así

El director de Hogwarts asiente, no dejará que McGonagall y Hagrid me vean mientras todavía se noten las secuelas de lo que Draco me hizo. Ahora que me he visto, que he podido contemplar el estado de mi cara, pienso en como estaría cuando Snape apareció en mi casa y me salvó. El pensar en mi antiguo profesor de pociones y de DCAO viéndome así, Harry y Ron viéndome en semejante estado, lo único que hace es avergonzarme más y querer desaparecer.

— Granger debe de volver a la cama y descansar— murmura Snape a escasos milímetros de mi— No está suficientemente recuperada y la impresión de verse por primera vez la ha terminado de agotar

Sin responder nada dejo que él me guíe de vuelta a su habitación, de vuelta a la cama que es suya pero que ahora ocupo yo. Una vez acomodada, tumbada y tapada con el edredón verde y plateado, espero a que Snape se marche. El director de Hogwarts antes de volver a su despacho, a seguir desarrollando las tareas propias de su cargo, me acerca el libro de criaturas mágicas.

— Descanse y duerma

Asiento con la cabeza posada sobre la almohada deseando que Snape se marche y yo pueda llorar en soledad. Pocos segundos más tarde mis deseos se cumplen y me quedo a solas en la habitación. Un torrente de lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Dolor pero sobretodo vergüenza son los sentimientos que expresan las lágrimas que resbalan desde mis ojos color miel. Poco a poco me calmo, muy lentamente voy dejando de llorar y me vuelvo a quedar dormida.

OOOOOOOOO

— Draco, ¡NO!

Me despierto sobresaltada, otra vez he soñado con mi ex. Intentando normalizar mi respiración y controlar mis temblores me incorporo levemente en la cama. Mi mirada recorre la habitación con miedo, casi esperando que Draco aparezca en cualquier momento a pesar de que mi mente sabe que es imposible. Todo está en orden, todo excepto Snape que no está durmiendo en su cama. Miro mi reloj de pulsera marca las tres y veinte de la madrugada, una hora en la que considero mi antiguo profesor de pociones debería ya estar en la cama. Con mucho cuidado me siento en la cama y me pongo en pie, mirando a todos lados para comprobar otra vez que no esté Draco. Lentamente camino hasta la puerta, necesito encontrar a Snape porque con él cerca siento que nada malo me va a pasar, que él me protegerá. Recorro el pasillo y al llegar al final miro por la puerta entreabierta que separa los aposentos privados del director de Hogwarts del despacho donde atiende tanto a profesores como a alumnos.

— Snape, ¿está aquí?— pregunto en un susurro que no me es respondido

Abro la puerta con cautela y me adentro en el despacho, descalza y en el pijama que Harry me trajo hace un par de días de mi casa. Sobre el escritorio del despacho hay diversos papeles, todos ordenados y bien organizados en tres montones. El despacho, igual que la habitación y el baño, tiene lo justo y necesario nada de más como en la época de Dumbledore. Snape está sentado en el sillón de detrás del escritorio, su cabeza recostada y sus ojos cerrados. La imagen de Snape, el director de una institución tan longeva como Hogwarts, dormido en el sillón de su despacho y sin la mueca de seriedad característica me resulta divertida. Intentando no despertarlo me siento en la silla frente al escritorio y lo observo con tranquilidad. Resulta extraño que verlo dormir resulte algo tan interesante, quizás es porque dormido se observa que es humano y que no es el castigado hombre que ha sufrido más de lo que debería. Al verlo relajado, sus marcadas facciones resaltan todavía más. La nariz de Snape, su rasgo más característico, se alza señorial en su rostro enmarcado por el pelo negro.

Un leve ruido rompe el ambiente de mi momento de observación. Me giro rápidamente buscando la procedencia del sonido, tardo unos segundos hasta que me doy cuenta que proviene de la chimenea. Los rescoldos, las cenizas, del fuego chisporrotean con suavidad del ya apagado fuego. Al haber comprobado que el sonido no era nada vuelvo a fijar mi mirada en Snape. Un grito escapa de entre mis labios al encontrarme con unos ojos negros, esos que hace escasos segundos estaban cerrados, durmiendo.

— No estabas en la habitación, yo tuve una pesadilla y me asusté— explico sin que él me haya dicho todavía ni una palabra, no sabiendo porque lo hago— Al salir de la habitación y verte dormido no he querido despertarte, Snape

— ¿Un té?— pregunta tranquilo con una voz más profunda y ronca de la que le he escuchado hasta el momento, realmente parece que se acaba de despertar— Le ayudará a tranquilizarse, Granger

Acepto en silencio, si él dice que un té me ayudará a estar más serena entonces lo hará. Esperamos sin hablar hasta que un par de tazas de té aparecen en el escritorio frente a nosotros. Después de un mes es la primera vez que comparto con Snape una taza de té, nunca en los treinta días que llevo él había decido acompañarme a la hora de las comidas.

— ¿Puedo hacerte una pregunta?— cuestiono en un tono bajo, esperando a que mi té se enfríe y viendo como él da un leve sorbo al suyo

— Es gryffindor aunque le dijera que no me haría la pregunta, Granger

Su respuesta me hace sonreír levemente, su toque sarcástico de slytherin es muy diferente al que Draco tenía. Snape puede ser muy sarcástico e irónico pero es un hombre serio y responsable, Draco simplemente era un niño consentido que nunca supo lo que era la responsabilidad porque desde pequeño lo endiosaron.

— ¿Por qué me proteges?. Quiero decir, estoy encantada de que no me llevaras a San Mungo y que todo el mundo mágico se enterase de que Draco estuvo muy cerca de terminar con mi vida, pero no comprendo porque lo hiciste.

— No soy tan mala persona como piensa, Granger— dice volviendo a beber un sorbo de su té— Lo único que tiene que entender es que al acudir a mi en búsqueda de ayuda me depositó una confianza que me impedía poder hacerle eso. Llevarla a San Mungo hubiera significado filtraciones por parte de alguno de los medimagos a periodistas, dinero por información, y eso simplemente hubiera sido traicionar su confianza. Los malditos periodistas la hubieran acosado, hubieran tomado su trágica historia como la noticia del año y de la que hacer la mayor carnaza. Todavía recuerdo como durante mi estancia en San Mungo, por lo de la mordedura, sacaban patraña diaria sobre mi estado y sobre si era justo o injusto que un asesino como yo hubiera sobrevivido. Será gryffindor pero no deseo que pase por eso y menos con el tema de Draco

Sus palabras transmiten la misma intensidad y la misma convicción que sus ojos negros. Es tan palpable que llega a marear, tan real que consigue erizarme la piel porque se que Snape lo está diciendo de verdad. Las palabras "confianza" y "deber" son unas que para el director de Hogwarts son sagradas, todo lo contrario que para cualquiera de los slytherin que he conocido a lo largo de mi existencia. Los Malfoy, los Black, los Lestrange, Voldemort y muchos más nunca conocieron lo que es que alguien depositara su confianza en ellos, lo que significa tener el deber de hacer algo por alguien. Snape por el contrario sabe lo que son ambas cosas, la confianza por la cual tuvo que asesinar a su máximo defensor y el deber de siempre cuidar a Harry desde las sombras. Toda la vida del actual director se ha basado en esas dos palabras aunque él las intente ocultar bajo capas y capas de ironía, sarcasmo, crueldad e incluso visceralidad.

— Gracias por todo lo que estás haciendo, de verdad que estás siendo muy amable conmigo permitiéndome estar aquí. Puedes creer que soy una tonta sentimental pero en Hogwarts me siento segura, en tus aposentos realmente siento que todo está bien y que nada malo me puede suceder

— No creo que sea una tonta sentimental, simplemente creo que es una gryffindor que ha perdido su valor por culpa de un slytherin endiosado. Ahora que todo ha terminado, que Draco no volverá a acercársele nunca más, tiene que recuperar ese valor que le ha sido arrebatado aunque ello signifique tener de nuevo a la sabelotodo Granger, la que si lo desea se puede quedar bajo la protección de Hogwarts como ayudante de Minerva

Mi boca se abre ante las últimas palabras de Snape, la sorpresa de su propuesta me embarga. ¿Ayudante de McGonagall?. Lo miro realmente sorprendida e ilusionada por lo que puede significar vivir en Hogwarts, vivir en el lugar en el que me siento protegida, en el que está él para protegerme.

— ¿Me lo estás proponiendo realmente?

— Minerva quiere jubilarse, este año he logrado convencerla pero el próximo ya me ha comunicado que no seguirá. Realmente ha sido ella quien me propuso que fuera su ayudante, que se fuera aclimatando al puesto de profesora de Transformaciones para el próximo curso escolar. Se que se lo tiene que pensar, que no me dará una respuesta ahora pero quiero que sepa que si le interesa el puesto es suyo

Sale del despacho en dirección a sus aposentos y me deja con la palabra en la boca, Snape simplemente ha dicho lo que quería decir y me ha dejado sola para evitar que le responda sin pensar. Se que él piensa que valoraré los pros y los contras de trabajar en Hogwarts pero esta vez no lo haré, esta vez no estudiaré meticulosamente todo y simplemente aceptaré la oportunidad que me está siendo dada. Ayudante de McGonagall, profesora de Transformaciones en el próximo curso escolar. Profesora Granger, suena extrañamente bien.

Sonriendo me levanto de la silla del despacho de Snape y camino de nuevo a la habitación, mis pasos son más seguros. Al tumbarme en la cama, antes de cerrar los ojos y pensar en mi futuro, dirijo una última ojeada a Snape que ya está descansando en su pequeña cama.

— Buenas noches

El silencio más absoluto es lo que obtengo por mis palabras, un silencio que me agrada y que me induce a cerrar los ojos lentamente y quedarme dormida. Mis últimos pensamientos son para la gran oportunidad que me está siendo brindada de manos de Snape y gracias a McGonagall. La última imagen que acude a mi mente es la del rostro de Snape completamente relajado al descansar profundamente en el sillón de su despacho. Al final me dejo caer en un cómodo estado de duermevela en el que Draco no vuelve a aparecer y en el que el miedo deja paso a la seguridad que me aporta estar en Hogwarts.

TBC...

Segundo capítulo terminado, aquí ya se empieza a ver como Severus con Hermione se comporta de una forma "normal", como se comportarían dos adultos que se respetan. También se ha podido ver como nuestra sabelotodo va a ser ayudante de McGonagall, así que podrá seguir disfrutando de la protección de Hogwarts.

Agradezco los comentarios que me fueron dejados en el primer capítulo, un capítulo que por el tema dudaba si iba a tener buena acogida o no (la ha tenido). Ahora responderé al único comentario que me han dejado de persona sin registrar, a los usuarios registrados les he contestado por PM.

Ayra16: Me alegro que te gustara el primer capítulo. Lamentablemente el tema de los malos tratos hoy en día está muy presente, no lo comprendo como la gente puede decir que quiere a una persona y después hace eso. Gracias por lo de que soy una gran escritora, la verdad no creo que sea para tanto. Este fic lo tengo ya escrito así que las actualizaciones están aseguradas, no como con algunos de mis otros fics. Gracias por el comentario y un saludo.

Deseo que este segundo capítulo os haya gustado, que os esté gustando el rumbo de como va todo.

Muchas gracias por el apoyo y nos vemos en el capítulo 3.