Capítulo 2
Dientes Feos y Armadura Gris
Eran dieciséis guerreros los que nos habían emboscado. Yo no podía creerlo, no debíamos llevar ni cuatro horas desde que SAO se convirtió en nuestro mundo y ya había grupos como éste que se encargaban de robar armas, vida, o cualquier cosa que les viniera en gana.
Me había resistido a entregar a Nintendo, pero me golpearon entre tres y mi barrita de vida bajó hasta el treinta por ciento. No tuve otra opción. Al menos Kishimoto se lo tomaba mejor que yo. Entregó sus cosas con tranquilidad, y fue con los otros sin decir ni pío. Supongo que, como yo, entendía que pelear contra tantos quizá significara la muerte.
Nos amarraron de las manos, y nos obligaron a ir con ellos. El camino que recorríamos estaba bastante lejos del sendero y ya comenzaba a preocuparse. Bien es sabido que enemigos peligrosos aparecen cuando alejas de las zonas iluminadas. Normalmente no sería un problema, pero sin Nintendo y con las manos atadas…
-¡Ya es suficiente! –Dijo de repente Kishimoto.- no pienso seguirlos a dónde sea que nos estén llevando.
El tipo más alto y feo de todos se acercó a ella mostrando sus feos y desiguales dientes.
-Pues a mí no me interesa lo que quieras, niña estúpida. –Sacó su espada, la cual posó sobre el cuello de Kishimoto.- Si vuelvo a oír otra palabra de tu fea boca, no dudaré en acabar contigo.
Parecía que la niña replicaría, pero me dio una mirada y yo negué con la cabeza.
-Eso pensé –dijo Dientes Feos.- Y para que sepan, los traemos aquí porque necesitamos de su ayuda.
-¿Ayuda? –No quería más problemas, pero no podía creer que tuvieran el descaro de pedirnos algo.- ¡¿Qué está mal contigo, idiota?! ¡No te ayudaremos en nada!
Dientes Feos chasqueó los dedos, y sus amigotes nos amordazaron de los pies y boca para que no pudiéramos movernos o hablar. Entonces nada más nos dejaron allí.
No entendía nada, hasta que lo vi.
Un sujeto con armadura Gris se notó a cierta distancia. No se podía saber mucho de su apariencia, pues iba completamente vestido. Pero sí que era alto. Y tenía una espada más grande que yo mismo. Se dirigió hacia nosotros marcando cada paso. Mientras más se acercaba más miedo provocaba, aunque no pudiera ver su rostro, no dejaba de tener una sensación de miedo. Y entonces lo entendí: la ayuda que quería Dientes Feos es que fuéramos carnada.
Armadura Gris se nos acercó como Terminator al momento que alzaba su espada gigante sobre nuestras cabezas. Sin pensarlo, me giré como pude y salté sobre Kishimoto con todas mis fuerzas. Casi pude sentir como la espada gigante pasó rozando mi cabeza.
-¡Maldita sea! –gritó una voz.
Armadura Gris también la oyó y entonces todo se volvió una locura. Al parecer, yo y Kishimoto, atados e indefensos no parecíamos dignos de ver todo su poder, pero al encontrarse con el grupo de Dientes Feos se lanzó corriendo y asestando estocadas a todo el que se cruzo frente a él. Los cuerpos caían sobre la fría tierra en destellos de lucecitas cuando toda su vida llegaba a cero. Al final sólo quedo dientes feos.
-¡Maldito, Monstruo! .gritó y se abalanzó sobre él con su espada que aumentaba de nivel por cada golpe que trataba de asestarle en la cabeza, pero Armadura Gris también era rápido. Logró bloquear cada golpe y parecía hacerse más fuerte por momentos.
-¡Aldy! –Kishimoto estaba libre a mi lado. Comenzó a cortar mis cuerdas y la mordaza de mi boca. –No te quedes ahí mirando, ¡hemos de irnos!
No tenía idea de cómo se había liberado, pero no había tiempo para pensar. Comenzamos a correr lejos de allí. Cuando me giré, lo único que logré ver fue como Armadura Gris rompía la espada de Dientes Feos por la mitad.
Me detuve.
-¿Qué te pasa? –Kishimoto se veía alterada.- ¿No entiendes que si ése nos encuentra estamos perdidos? No tenemos el nivel para enfrentarnos a alguien así.
-Pero todos esos han muerto, digo, realmente han muerto, y yo…sé que trataron de matarnos, pero no puedo sólo irme. Tengo que hacer algo.
La chica me dio una mirada que bien podría decir "Ok, te dio demencia virtual", o "Are you fucking kidding me?", pero se contuvo, levantó la vista completamente seria y asintió lentamente.
-Ok, voy contigo. Salvemos al idiota que trató de matarnos.
Corrimos lo más rápido que nos permitían nuestras piernas y alcanzamos a ver como Armadura golpeaba con su espada a Dientes Feos en el pecho. Al verlo caer creí que habíamos llegado tarde, pero su barra de vida se detuvo justo en el catorce por ciento.
-¿Qué hacemos? –Preguntó Kishimoto en un susurro.- Ni siquiera tenemos armas.
-Improvisemos.
Salté de nuestro escondite con una rama que había recogido del suelo. La tome a modo de espada y me detuve frente a Armadura Gris.
-¡En guardia! –le grité como un tonto.
Al parecer, mi estúpida y poco genial aparición había dejado pasmados a ambos, ya que se quedaron ahí sin hacer nada. Pero no le duró mucho al monstruo, que se recompuso y camino hacia mí con la espada en alto. En ese momento recuerdo sentir la rama en mi mano tan inútil como mi vida lo había sido hasta ahora. ¿Pero no amaba yo mi vida?
Armadura Gris alzó la espada, pero una piedra golpeó su cabeza y éste se giró. Entonces reaccioné y lo golpeé con la rama en la cabeza. Ni siquiera se molestó en darse vuelta.
Kishimoto salió de su escondite y comenzó a tirarle piedras con todas sus fuerzas. Pero nada servía, el monstruo caminaba hacia ella tal cual un monstruo final de Resident Evil haría. Pero yo no me quedaría sin hacer nada. Di un saltó y me agarré de su cuello, trataba de tirarlo hacia abajo, pero giró la cabeza con tanta rapidez que me lanzó unos cuantos metros por sobre el lugar de batalla.
Caí con un ruido sordo y mi barrita de vida bajó, pero ni me molesté en ver cuánto. Tenía que ayudar a mi amiga.
Ella estaba atrapada entre dos árboles gigantes sin posibilidades de escapar. Pero al verme, se dirigió hacia mí. Yo estaba por hacer un ataque kamikaze cuando oí una voz agonizante.
-… ¡Toma! –Dientes Feos tiró a Nintendo que cayó a la mitad del camino entre yo y Armadura Gris. Sin tiempo para nada más, corrí hacia mi espada. Podía sentir como el monstruos corría hacia mí con la espada levantada. Y aunque parezca raro, no tuve miedo, sino todo lo contrario. Sentía una emoción que nunca antes había visto en toda mi vida.
Como si viera en cámara lenta, observé como la espada se dirigía hacia mi cuello, lista para acabar con mi vida. Pero me arrastré bajo ella en el último segundo, al más puro estilo de Matrix tomé a Nintendo y dándome una vuelta, salté y logré ensartarle mi espada en la nuca.
Armadura Gris cayó, dejando un pequeño charco de sangre sobre las tierras. Entonces se disolvió en pixeles y ya nada más quedo de él. Sólo sus guantes grises seguían allí.
-Tómalos –dijo Dientes Feos que se había levantado con esfuerzo. –Son tu premio por vencer a tu enemigo.
Alguien me golpeó en el hombro amistosamente. Kishimoto estaba allí, sonriéndome. Me animó con sus ojos para que los tomara. Me arrodillé y me puse los guantes en las manos. De inmediato salió un aviso frente a mí.
Guantes de los caballeros del bosque
Aumento de la potencia en cinco niveles
Puntos de experiencia al 7%
-¡Genial, Aldy! –dijo Kishimoto.
-Chicos…yo –Dientes Feos parecía no encontrar las palabras.- Lo siento…no debí usarlos como carnada para esto. Y, bueno, gracias por salvarme, estaría muerto de no ser por ustedes.
-Pues se necesitará más que una disculpa para que te perdonemos –le dijo Kishimoto sin abismo de simpatía.
-Saben, quizá podríamos ir juntos hasta el siguiente pueblo –sugirió el chico que levantó lo que quedaba de su espada de fuego.- Digo, podríamos ayudarnos mutuamente.
-No lo sé…-comencé a decir.
-Está bien –dijo Kishimoto.
Yo y Dientes Feos la miramos incrédulos.
-¿No estabas enojada conmigo? –preguntó.
-Claro que sí. –Su mirada seguía siendo muy seria.- Pero bueno, aquí tienes tu oportunidad para hacernos cambiar de idea. Ayúdanos a llegar al siguiente pueblo.
Me sentía un poco reacio a la idea, más que nada porque deseaba que Kishimoto y yo camináramos a solas por el bosque. Pero bueno, supongo que mientras más seamos, más seguros estaríamos, ¿no?
Antes de partir, Dientes Feos (que resulto llamarse Danielito), se arrodilló y dijo unas palabras por sus amigos caídos. Su rostro se veía algo descompuesto mientras hablaba así que le dimos un momento antes de partir.
-¿Estás segura que esto es lo correcto? –le pregunté a Kishimoto.
-Tú querías que lo salváramos, y, no sé, después de ése de la armadura, no quiero ni pensar que otros monstruos pueden haber aquí. –Me dio una mirada muy cansada.- Mientras más seamos, más seguros estaremos. Yo…no quiero morir. Quiero volver a mi casa, quiero ver a mis amigos, a mi familia…a todos.
Asentí en silencio y miré hacia el vacío cielo para que no se me viera el rostro. Por alguna razón, escuchar que ella tenía amigos me hizo darme cuenta de que Kishimoto tenía toda una vida esperándola afuera. No como yo. Para mí, esto seguía siendo lo que quería; había estado a punto de morir, pero la sensación que tuve al enfrentarme a Armadura Gris fue increíble. Nunca me había sentido tan, tan vivo como en esa pelea. Quizá Kishimoto querría volver a su vida normal junto a sus amigos y familia, pero ésta es mi verdadera vida. Aquí, luchando contra enemigos y viviendo aventuras épicas.
Si algo había entendido para el momento en que los tres comenzamos a caminar por el viejo sendero, es que nunca volvería a mi otra vida; SAO es mi verdadero lugar.
y ese es el siguiente capitulo disfrutenlo y dejen sus comentarios
